EN El CINEMA " PALACIO'" Alejandro Oreiz Bullé Goyri' Avances y cortos sin comerciales / unas consideraciones previas ~ uede uno acomodarse en el " li ving" del apartamento ubicado en céntrica avenida y con apoyo de la tecnología zambullirse de lleno en el mundo de ensoñación que el OVO de películas como El señor de los anillos, El laberinto de Fauno o la última revisión de la célebre y ya clásica Elade runner. Pero puede uno también sumergirse en otro mundo de ensoñación y empeñarse en ver una vieja película clásica mexicana y, en vez de alucinar con los efectos especiales y con las visiones de mundos fantásticos o apocalípticos y a . Departamento de Humanidades, UAM - \ . I Sanla (1931) , Prod: Cia. Na!. de Películas. Dir: Antonio Moreno. Arg. sobre. la novela de Federico Gamboa. Adap. Carlos Noriega Hope . Foto: Alex Phillips . Mús: Agustín LaTa, diT. Mus.: Migue l Lerdo de Tejada . Sonido: Hennanos Rodríguez (Joselito y Roberto). Ese: Fernando A. Rivero. Edic: Aniceto Ortega. Intérpretes: Lupita Tovar (Santa), Carlos Dre llana (H ipó lito) , Juan José Martínez Casado (El Jarameño) , Danie l Reed (Marcelino), Antonio R. Fraustro (Fabián), Mimí Derba (Doña Elvira), el . al. Fi lmada en los estudios de la Nacional Productora a partir de 3 de noviembre de 1931 y estrenada el 30 de marzo de 1932 en e l c ine Palacio. 2 El presente texto es una versión resumida de un trabajo más extenso próx imo a publicarse. 169 partir de la "mexicanada" -como dicen en Sudamérica- dejar que las imágenes filmicas fluyan una tras otra, secuencia tras secuencia, para finalmente encontrar en esos juegos de luces y de sombras restos de una ciudad, de una vida, de una cultura, de maneras de ser, pensar y sentir. Le aconsejamos esto últi- mo y procure observar que mucho de lo que la película deja pasar, desde la configuración del lenguaje cinematográfico refiere a una realidad concreta; una realidad de la que inexcu- sablemente provenimos y que muy a nuestro gusto o nuestro pesar nos ha confonnado. Estamos hechos de pasado - ¡qué duda cabe!, somos má- quinas nutridas por la historia y el invento del cinematógrafo puede constituirse en una poderosísima fuente para la histo- ria, para otear en esos restos frágiles, a veces intangibles de lo que fue la vida de los otros que nos antecedieron. Tratemos pues, cobijados con estos buenos deseos, ir al cinema Palacio y ver lo que hacia los años 20 y 30 el cine proyectaba como espacios reconocibles para el espectador de entonces, con las que debía identificarse y que, a cerca de ochenta años, nos siguen interpelando en nuestro tiempo. ¡Corre película' Rollo uno La versión cinematográfica de Santa de Federico Gamboa realizada en (1931) por el actor director Antonio Moreno re- sultó ser uno de los primeros grandes éxitos de taquilla del ci- ne mexicano, aunque tampoco tiene elementos como para considerarla, desde un punto de vista estético y fonnal, como un clásico del cine nacional. Incluso, como sabemos, no fue como se llegó a decir, la primera película sonora mexicana); 1 Esta versión de Santa (/931) es la primera realizada bajo el siste- ma de "Sonido directo" desarrollado por los hermanos Roberto y Joseli- lO Rodriguez. 170 Tema y variaciones de literatura 28 sí, en cambio resulta ser la primera película mexicana pro- ducida por un equipo y un sistema de producción holly- woodense, la primera película realizada por una empresa mexicana recién fundada, la Compañía Nacional Productora d.e Películas y sobre todo en esta versión de Santa se inau- gura una de las presencias más prolíficas e importantes del cine mexicano: la música cinematográfica , así como la aparición cinematográfica de bailes y coreografias, con lo que evidentemente se inaugura también en la cinematografía mexicana el género de cabareteras, rumberas, ficheras, etc. La película tuvo también por consecuencia de su éxito en taquilla una pronta recuperación de la inversión e incluso ganancias nada desdeñables, de las que el autor de la novela obtuvo por concepto de regalías el cinco por ciento. (Cf. Gar- cía Riera, 1969, pp. 25-27). Desde el punto de vista formal e ideológico la película se aparta de lo que lógicamente pudiera haber sido un discurso vinculado a los avances revolucionarios o con una cierta ten- dencia nacionalista en el cine mexicano de entonces. Sobre esto nos dice Aurelio de los Reyes lo siguiente: Hasta cierto punto, Santa significaba una ruptura; no encontramos en ella, por ejemplo, la preocupación paisajista y es que tal vez se im- puso el criterio de Antonio Moreno, del fotógrafo Alex Phillips y del adaptador Carlos Noriega Hope, que aunque había participado en la producción argumental muda, compartía el anhelo de crear una obra ligada a la narrativa norteamericana. ~:1tre los pocos elementos de raigambre nacionalista encontramos algunas vistas de la capital que son como fotografías insertas: de la plaza de Chimal istac al principio de la película, de los leones de Chapultepec, de la columna de la Independencia, de la fuente del Sa lto del Agua, de la Plaza Popocaté- petl en la colonia Condesa y de la fachada del Colegio de las vizcaí- nas; incluye asimismo una vista de tipos nacionales (unos tlachiqueros atraviesan un puente sobre el río San Ángel) (De los Reyes. 1991. pp. 121-122). Alejandra Ortiz Bullé Goyri 17 1 A ello podemos añadir que este apartarse de las tendencias artísticas e ideológicas revolucionarias tiene qué ver por una parte con la idea evidente de hacer un cine que industrialmente compitiera con las producciones norteamericanas, siguiendo su modelo, pero -como siempre ocurre- a la mexicana; es decir, recuperando tomas, formas o mitos propios. Un espectador avispado con pretensiones de superespec- tador encontrará que en ella se contienen todos los elemen- tos que después no solamente circularían en el llamado género del cine de rumberas, sino también en la genial industria de las telenovelas mexicanas. La película no puede ser un testimonio fílmico exacto de la realidad social, en la medida en que nunca su director Antonio Moreno se preocupó por realizar un filme documental, que proveyera de materiales a los historiadores de toda ralea. Sin embargo, si como espec- tadores nos orientamos a hacer una lectura, digamos "sesga- da" de la película y no nos encandilamos con la trama; lo que surgen son preguntas que vienen desde un horizonte de ex- pectativa personal; -el cual es mi caso- y que no necesa- riamente tienen qué ver con el discurso hegemónico sobre la mujer y la prostitución que nos vende la película. Lo que Santa ofrece es como producto cultural de una época, un conjunto de reflejos que reproducen determinados valores, ideales, es- pacios, objetos, modelos y paradigmas de lo que entre 1929- 1931 (circa), se manejaba como parte de la vida cotidiana y de los que, ni el gestlls de los actores, ni la manera de hacer cine ni de vivir y relacionarse con los objetos podrían ser iguales o idénticos a los de nuestro tiempo, pero que sin lugar a dudas nos anteceden y nos pueden, si es nuestro deseo, ex- plicar algunos porqués de este aquí y ahora. En Santa (1931) se enuncian distintos discursos no nece- sariamente concientes en el director y su equipo, relaciona- dos con una serie de ideas de modernidad en el México posre- volucionario, que están relacionadas con muchas de las ideas y de las prácticas discursivas que se manifestaban tanto en otras artes, como en ciertos espacios de la vida cotidiana como 172 Tema y variaciones de literatura 28 las modas, las diversiones públicas, la casa, la vivienda, los barrios, la música y el baile. Creo que se pueden hacer evidentes algunos aspectos que se relacionan entre los espacios sociales y culturales de los a.ños que rodean a la producción, distribución y consumo de Santa (1931) Y lo que la propia película representa de esos espacios. Por ello antes de seguir adelante me permito dejar en claro que puede significar en este caso el término espacio. Daniel Meyran hace algunas consideraciones al respecto in- corporando algunas reflexiones de Lalande, de Lotman, de Lyotard y de Peirce a su propia visión del concepto de "Es- pacio" como lenguaje y como el espacio donde se manifies- tan los signos del lenguaje, si asumimos que todo periodo histórico es también un conjunto de signos por desentrañar. Hoy hemos decidido juntos -dice Meyran- someter a di scusión el espa- cio en sus representaciones con relación a la hi storia y a lo imaginario. ¿Escapa dicho espacio a la historia? El espacio en calidad de objeto cultural construido ¿será sólo el lugar de las prácticas imaginativas? ¿sólo el reflejo de 10 imaginario social? Si el hombre es el tiempo, interviene sobre y dentro del espacio que construye y moldea; el espacio es entonces el lugar y el signo de las relaciones humanas. ( ... ) Como imagen, como modelo, como signo cul- tural, el espacio es lenguaje y se manifiesta mediante los signos del lenguaje (lingüísticos y extralingüísticas) en una interesante puesta en signos o puesta en escena. Entonces. para delimitar y articular la experiencia espacial ( ... ) elijo la represen .ación porque la representación es un acontecimiento espacial. (Meyran, 1992, pp. 1 Y 2) y si bien el término representación está vinculado con el concepto de puesta en escena teatral, se hace evidente y necesario extrapolarlo para nuestros fines a la función que cumple el cine como "arte de representación" también y en general lo que los objetos y los espacios representan dentro de un ambiente extracotidiano como lo es el cinematográfico, Alejandro Ortiz Bullé Goyri 173 en donde todo lo que se presenta ante nuestros ojos significa algo más que lo que en una primera lectura representa. Más adelante observaremos como de manera digamos "ca- sual" aparecen acontecimientos sociales y culturales en los años de 1931 y 1932, fechas de la filmación y proyección de la Santa que hemos escogido para nuestra búsqueda, que aún cuando no estén manejados de manera objetiva por el director Antonio Moreno, influyen de manera muy poderosa en su discurso o al menos en sus matices. Esto es, el espacio filmico está representando' lo que está ocurriendo en los otros espa- cios de la realidad de donde surge. Por tanto iremos haciendo reflexiones y correlacionado los distintos espacios sociales, políticos, religiosos o culturales que se representan en la película. Rollo dos En los estudios que ya se han hecho en profundidad en torno de la novela y las versiones cinematográficas de Santa (1907, 193 I Y 1945)', se hace patente que junto con la novela de Gamboa y el imaginario social en que está inmersa, se plantean valores, contradicciones sociales e incluso arquetipos de be- lleza con los que el espectador se sentía identificado. Pero también se hace necesario reiterar la pregunta: ¿Por qué tuvo tanta importancia la novela de Gamboa, ¿por qué fue tan grande el éxito de la novela para que haya sido adaptada al cine en al menos tres versiones importantes, sin que se 4 Los subarayados son míos. s Hay un trabajo realizado por Álvaro Vázquez Mantecón Orígenes literarios de un arquetipo ji/mico, adaptaciones cinematográficas a Santa de Federico Gamboa, (Vázquez Mantecón, 2005) dedicado a la primera versión y sus vínculos con la novela de Gamboa y otro dedicado precisamente a comparar las tres versiones cinematográficas de Adriana Sandoval , Tres Sonlas cinematográficas y una literaria. (Sandoval, s.f.). 174 Tema y variaciones de literatura 28 observen en el discurso sobre la mujer pecadora que es a final de cuentas redimida por el dolor y el sufrimiento cambios sus- tanciales? ¿Por qué a pesar de tantos acontecimientos históri- cos y transformaciones sociales importantes, las adaptacio- nes tuvieron un gran éxito, del mismo modo en que la novela lo seguía teniendo en ese lapso de alrededor de cuarenta años. ¿Qué había en la sociedad urbana de la ciudad de México que pudiera vincularse con las versiones cinematográficas? No hay que ir muy lejos para responder. Ya Guadalupe Ríos de la Torre, en diversos trabajos, ha observado cómo el mundo prostibulario que refiere Gamboa en su novela, está cargado de verdad histórica; es algo más que ficción . La no- vela, fechada en 1903, expone un mundo de sobra conocido en la vida cotidiana del porfiriato, el de las llamadas "casas de tolerancia", las que al parecer mantuvieron su importan- cia en la vida social de la ciudad de México tanto en el por- firiato, como durante la revuelta armada y el período posre- volucionario, (Ríos de la Torre; 199 1 y 2004). De manera que el lector espectador encontraba en la novela y en las versio- nes cinematográficas, espacios reconocibles, tanto porque pudo haber oído hablar de ellos, como en el caso de las "seño- rítas decentes", o simplemente porque era un habitual usua- rio de los servicios de dichas casas de tolerancia. Por una parte el arquetipo de la mujer que cae, sufre y es redimida por el amor o por el arrepentimiento, es un lugar común en todo melodrama y herramienta propicia para el éxi- to; pero además la manera con que está condimentada tanto la novela como sus adaptaciones cinematográficas, está rela- cionada con un hecho bastante común en la vida cultural del México de entresiglos y de la posrevolución: Las hazañas de toreros y sus correspondientes amores tormentosos. Los tore- ros fueron durante muchos años lo que en nuestros tiempos resultan los boxeadores y futbolistas , razón por lo cual resul- taban un buen gancho argumental para su explotación en el incipiente arte del cinematógrafo, como ocurrió con el filme Susana que hacía uso precisamente de este recurso, al mismo Alejandro Drtiz Bullé Goyri 175 tiempo que reproducía en la pantalla faenas del diestro me- xicano Rodolfo Gaona y del español Sánchez Mejías. (Cf. Excélsior, 3a. secc. , 17 de junio 1923, p. 1). Los ambientes prostibularios y las vidas desgarradas de prostitutas, no eran sólo una ficción inventada por un novelis- ta mexicano pretendidamente imitador del naturalista francés Emile Zolá, sino que formaban parte de la realidad social de la ciudad de México y de sus espacios de diversiones públicas. Las diversiones públicas y en particular las de carácter "licencioso" o al menos las vinculadas con el "México de noche", están ciertamente correspondiendo casi a una tradi- ción cultural que proviene desde años antes del porfiriato y que explican quizás en algo el éxito de los consecutivos in- tentos de adaptación cinematográfica de esa novela, de po- co valor literario desde nuestro punto de vista, pero de extraordinario valor testimonial como lo es Santa de Federi- co Gamboa. A final de cuentas el discurso esquizoide de dar o imponer a contrapelo, al mundo de la prostitución valores cristianos vinculados con la castidad, la pureza de alma y la redención de la carne, tiene que ver con una manera de pen- sar o de concebir hegemónicamente la condición social de la mujer: O sirve para la reproducción de la especie o para el desahogo sexual del varón. Ello también explicaría quizás la prolífica secuela de películas mexicanas de rumberas, ficheras y señoras de la noche en donde la antinomia Puta-Santa es el eje de la acción. Último rollo (Vistas al espacio de la modernidad en la vida privada de Santa) Hay dentro de la banda sonora de la película otra canción más que, temáticamente, se acerca en mucho a la del tema origi- nal , en la secuencia en que Santita se nos manifiesta en toda su plenitud sensual, en ropa interior y vaporosa, contemplán- dose frente al espejo, mientras la mirada perdida de Hipólito 176 Tema y variaciones de literatura 28 ¡-------- l no acierta, - ies imposiblb qlie acierte!- a ~onterr\j}Qt1a -~a¡! : nitud de la belleza de esa' mujer,' Un aMfato ,de >IJIdio d¡;ja' , I . , '. ' , "-1.- '. '1". ' escapar las notas de una l añc\ón de la que'Santa alcanza a,:p\= plicarle a Hipo que se trata deu namelodia que alguien le ha dedicado. Sin duda es otra canción de Agustín Lara, que no aparece en los créditos de la película, y si nuestro oído no nos falla podría tratarse de una grabación realizada años antes por el propio Agustín Lara y Guty Cárdenas. Resulta curioso que no se mencione la canción que podría ser Pervertida aunque no se entiende con claridad en el sonido de la pelícu- la. ("Yo sé que tus amantes de una hora ... " alcanzamos a en- tender en algún momento). Se trata, en cualquier forma, de una redundancia al tema de la película. De esa breve secuen- cia se escapa precisamente un testimonio muy interesante pa- ra comprender algunos aspectos de la vida cotidiana de en- tonces y de cómo los cánones de modernidad en la vida privada se fueron introduciendo en el México posrevolucionario: la trascendencia que ya para entonces había cobrado la radio, no sólo como medio masivo de difusión de cultura, sino también su importancia en el interior de las casas. Las notas musicales fluyen, de acuerdo con lo que se observa en la pan- talla, de un lujoso mueble que ocupa un lugar preponderan- te dentro del decorado de la habitación de la hasta ese mo- mento, meretriz de fama y éxito. El aparato de radio aparece así, en la habitación de Santa, no sólo como un mueble más, sino como un emblema de la entrada a la modernidad en el ambiente prostibulario. ¡En la habitación de Santa, la que fue- ra "la mujer más hermosa de México" - según palabras del médico que la opera- hay un aparato de radio! Y no sólo eso, sino que por ese medio le dedican una canción, una canción que habla de su mundo de pecado y perdición, para que todo México se entere. Pero también observamos un hecho muy curioso que aparece en la misma secuencia y que está vinculado al mis- mo aspecto de la irrupción de la modernidad en la vida priva- da; se trata de la utilización de manera cotidiana de ropa íntima Alejandro O"iz Bullé Goyri 177 que a diferencia de la que usaban las mujeres en el siglo an- terior, resulta holgada y cómoda, sin que excluyamos su evi- dente función de realce de la sensualidad femenina. En anun- cios de los diarios de la época encontramos cómo los grandes almacenes proveen de este tipo de prendas a la mujer común. Es claro que no se trata de las mismas vaporosas prendas de Santa, mujer sin recato que deambula frente a los ignorantes ojos de un ciego mostrando ante una ignorada cámara sus rotundidades; pero sí podemos correlacionar los anuncios publicitarios y la ropa interior de Santa con el hecho de que la tendencia en cuanto a la concepción de las vestimentas y la vida íntima, familiar u hogareña se orientaba por entonces hacia el modernísimo concepto de confort. Había que estar a la moda, y la moda marcaba que la elegancia no estaba reñida con la comodidad, como ocurría con los corsets, los poliso- nes, calzados y demás prendas femeninas del siglo XIX. Es curioso cómo en la escena en que Santa guarda sus pertenencias para salir de la casa de doña Elvira a causa de su penosa enfer- medad, lo que guarda en su maleta es iOh, sorpresa!: iLenceria! como si eso fuese lo único que tuviera como vestimentas. y qué decir del mobiliario, particularmente el de la citada secuencia, en donde se nos muestra un ajuar moderno y confortable, también, en donde el diseño a diferencia del de la casa del Jarameño que aún mantiene ciertos resabios de épocas anteriores, hace patente el sentido práctico de lo que llegaría convertirse en el lugar común del prototipo de la mujer mo- derna, como lo podemos constatar en la publicidad de mue- bles y ajuares domésticos de los diarios de entonces. Así pues, no todo es pecado y perdición en el mundo que rodea a esta Santa. También confort y modernidad. En cambio, los decorados y el mobiliario que se presentan en el resto de las habitaciones y salones de la casa de doña Elvira se nos muestran si bien funcionales y prácticos, poco interesantes en cuanto a la idea que podríamos tener de un prostíbulo elegante de la época, como lo intenta mostrar en su 178 Tema y voriaciones de literatura 28 correspondiente caso el director norteamericano Forster en su versión pretendidamente "de época" en la Santa de 1945. En cualquier forma sí se nos muestra el contraste con el mobiliario que utíliza el pobre del ciego Hipólito, quien al ll~var a Santa a sus terrenos nos muestra una vivienda equi- pada con lo indispensable, - aunque con luz eléctrica- sin ningún alarde de elegancia, aunque todo perfectamente or- denado y organizado, permitiéndose el lujo de colgar cuadros en la pared; y con exteriores llenos de enredaderas y flores. Así como también es notorio el contraste con el cuartucho en donde Santa va a a parar como refugio de soledad en su caída al abismo, en donde lo que se destaca es un camastro, una mesa, una silla y una estufa. Así, si bien la secuela de adaptaciones cinematográficas de Santa no tienen que responder automáticamente a hechos significativamente reales, como puede ser la existencia "real" de una prostituta llamada Santa y de un burdel regenteado por una madrota de nombre Elvira, a donde un músico ciego, enamoradizo y músico poeta de nombre Hipólito laboraba con un profesionalismo a toda prueba. Sí, por lo menos el mito de Santa, de la puta-mártir, de una Santa María Egipciaca (la santa mererriz), podría estar vinculado con una cierta doble moral de diversas formaciones sociales en México. Para concluir estas reflexiones parciales una última pre- gunta ¿por qué particularmente la Santa de 1931 resulta interesante? En parte por gusto y apreciación personal, aun- que también hay una razón: La SO/:ta de Antonio Moreno procura referirse de manera más consecuente que las otras versiones al entorno inmediato de la película. No se busca, ni ambientación de época, ni recurrir a diseños fastuosos, sino directamente al contexto socio-cultural de su propio tiempo. Por tanto, considero que es de esa manera una fuente al menos más maleable que las otras cintas; es decir la imagen filmica no posee en especifico una intencionalidad esteticista, sino que está dada en función de contar una historia en imágenes Alejandra Ortiz Bullé Goyri 179 y sonido, partiendo de una ambiente y una época detennina- da; en este caso la saciedad mexicana urbana de la ciudad de México en el 'período posrevolucionario, entre los años vein- te y treinta. Por el momento es todo. Se acabaron los rollos. Muchas gracias. FIN Obra citada o consultada MEYRAN, Daniel , El espacio como ojo social: Organización cultural y/o representación de lo imaginario sociohistór;- ca: el caso del espacio teatral, Francia, Université de Per- pignan , Inédito, 1992, 13 pp. NEGRETE, Claudia, "Pictorialismo y fotografia: Alex Phillips en los años treinta", Luna córnea, núm, 24, 2002 . QUlRARTE, Vicente, Elogio de la calle, Biografía literaria de la ciudad de México, 1850-1992, México, Cal y Are- na, 2001. Ríos DE LA TORRE, Guadalupe, "Casas de tolerancia en la época porfirista", en Revista Fuentes Humanísticas, núm 3, II semestre, 1991, pp. 32-37. _ __, Sexualidad y prostitución en la ciudad de México durante el ocaso del porfiriato y la Revolución Mexi- cana (/910-1920) [tesis de doctor en Historia) Facultad de Filosofia y Letras, UNAM, 2004, 240 pp. SANDOVAL, Adriana, Tres Santas cinematográficas y una literaria, México, UNAM (I1F-Filmoteca de la UNAM), [s.f.) V ÁZQUEZ MANTECÓn, Álvaro, Orígenes literarios de un ar- quetipo fílmico, adaptaciones cinematográfica a Santa de Federico Gamboa, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, 2005 , 137 pp. 180 Tema y variaciones de literatura 28