1 SOCIOLOGÍA RURAL PUEBLOS MÁGICOS Y EXCLUSIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO EN VILLA DEL CARBÓN RAÚL RUIZ CORIA 2122008380 ASESORA: Dra. MICHELLE ESTHER CHAUVET SÁNCHEZ PRUNEDA SINODALES: Dra. ROSA LUZ GONZÁLEZ AGUIRRE Dr. ARMANDO SÁNCHEZ ALBARRÁN MARZO/2021 2 ÍNDICE Introducción 4 Capítulo I Conceptos teórico-metodológicos. 16 1.1. Turismo, patrimonios y espacio público. 16 1.2. El Neoliberalismo. 17 1.3. Neoliberalismo y el medio rural. 18 1.4. Nueva ruralidad. 22 1.5. Turismo. 23 1.6. Patrimonio. 30 1.7. Espacios públicos. 33 1.8. El comercio ambulante y el tianguis. 37 1.9. Programa Pueblos Mágicos. 43 1.10. Exclusión y despojo del espacio público. 45 Capítulo 2 Villa del Carbón, pueblos mágicos y espacio público patrimonial. 54 2.1. Villa del Carbón. 54 2.2. Villa del Carbón y el programa Pueblos Mágicos. 56 2.3 El Cambio en el espacio público con el PPM en Villa del Carbón. 59 Capítulo 3 Conflicto por el espacio público patrimonial: El caso de los productores-comerciantes. 64 3.1 Comerciantes- Productores de Villa del Carbón. 71 Conclusiones. 83 Reflexiones finales. 85 3 Bibliografía. 88 Índice de Fotografías Fotografía 1. Villa del Carbón: Plaza Central 9 Fotografía 2. Villa del Carbón: Puesto de productora-comerciante. 10 Fotografía 3. Ubicación de Villa del Carbón. 55 Fotografía 4. Placa de Pueblo Mágico en Villa del Carbón. 57 Fotografía 5. Cascada en Villa del Carbón. 58 Fotografía 6. Villa del Carbón: Plaza central sin comerciantes. 59 Fotografía 7. Comerciantes en la plaza central de Villa del Carbón. 64 Fotografía 8. Croquis de la ubicación anterior y la reubicación del tianguis en Villa del Carbón. 67 4 Introducción El medio rural ha sufrido un claro deterioro en la era neoliberal. En esta época el campo de los países en vías de desarrollo fue el más afectado, ya que, se eliminaron o redujeron los subsidios y los programas de apoyo a la producción primaria, se abarató el precio de los productos agrícolas con la apertura comercial y estos precios ya no cubrían el costo de producción, el Estado dejó de acopiar granos, se aceleró la concentración de la tierra y la asistencia técnica se privatizó. Como consecuencia los países industrializados acapararon la producción de los alimentos básicos. (Rubio,2001). Por este motivo, autoridades e instituciones buscaron alternativas para disminuir el impacto de las políticas neoliberales en el medio rural de los países más pobres. Una de las propuestas que tomó más fuerza como una posible solución para dicha crisis fue el turismo (Santaana, 2003). Pero en esta ocasión no se pensaba en el turismo de masas tradicional de sol y playa, sino en un turismo alternativo en el que se sacara provecho de las particularidades de los pueblos rurales. Esto con el fin de insertar a estas comunidades al proyecto globalizador después de haber quedado excluidos como los productores de alimentos. En el caso mexicano, en el año 2001 se crea el programa de pueblos mágicos. El programa pueblos mágicos (PPM) fue creado con el fin de detonar la economía de una región a partir del turismo. Pueblos Mágicos es un Programa congruente con los ejes de la Política Nacional Turística, los cuales de manera integral establecen como prioridad nacional, impulsar a México como destino turístico de clase mundial mediante la promoción de la riqueza patrimonial, material e inmaterial de nuestro país. Además de potenciar el desarrollo social y económico en beneficio de la comunidad receptora. (Cámara de diputados, 2014). 5 Las poblaciones candidatas a ser pueblos mágicos deben tener un patrimonio único, ya sea cultural o natural, que será el atractivo para los turistas. Un Pueblo Mágico es una localidad que tiene atributos únicos, simbólicos, historias auténticas, hechos trascendentes, cotidianidad, que significa una gran oportunidad para el aprovechamiento turístico atendiendo a las motivaciones y necesidades de los viajeros (Cámara de diputados, 2014). Para que una comunidad sea nombrada pueblo mágico, además de tener este patrimonio único que le dé la “magia”, debe cumplir una serie de requisitos para recibir los beneficios del programa. Para cumplir estos requerimientos los pueblos aspirantes, en algunos casos, deben modificar elementos que los pobladores y visitantes consideran que contiene o contenía la “magia” del pueblo. Estas políticas públicas pueden modificar los patrimonios de las localidades. Para el sexenio del 2018- 2024, el PPM se mantendrá. “El titular de la Secretaría de Turismo (Sectur) del gobierno federal, Miguel Torruco Marqués, anunció para los 121 Pueblos Mágicos del país dos estrategias: la creación del programa Barriendo y Pintando, que ayudará a la mejora de infraestructura, y una bolsa de recursos totales por 302.5 millones de pesos”. (El economista, 2019) Con el afán de “atender las necesidades del viajero” para generar derrama económica, los pueblos mágicos deben sujetarse a las dinámicas del mercado, adaptando su paisaje, su cultura, sus monumentos, etc. para la creación de atractivos turísticos. En el llamado “turismo alternativo” que engloba al “turismo cultural”, “turismo rural”, “ecoturismo” etc. que es el modelo del PPM, los atractivos turísticos son aquellos “atributos únicos” que poseen las localidades. Este tipo de turismo si se hace enfocado al mercado puede modificar la forma en que una comunidad reproduce su cultura y puede mercantilizar la cultura. El turismo cultural, predominantemente busca reproducirse bajo formas de renta cultural monopólica, es decir, encontrar y controlar atributos únicos y singulares que puedan ser transformados en mercancías para el consumo turístico, ya sea que se vendan como productos materiales o como 6 experiencias, y en dicho proceso, lo que se efectúa es una enajenación de los bienes culturales de una comunidad, ya que un medio de reproducción social queda reducido a un activo comercial, cuya realización dependerá de su capacidad de acumulación (González Luna, 2015: 215). Con la implementación de este tipo de políticas públicas es inevitable que exista una modificación en las dinámicas locales a distintas escalas. Hay diversos estudios (Quiroz, 2007, Baños,2014, Velarde y Sandoval, 2014, Gonzales Luna, 2015) que así lo prueban, y demuestran también que estas políticas públicas son, además de potenciales generadoras de desarrollo, potenciales generadores de conflicto: “Si bien el programa pretende promover la identidad de los pueblos y la revalorización de lo rural en términos del fomento de sus tradiciones y valores, con este tipo de afluencia masiva de turistas las comunidades locales tienen que reconfigurar el desarrollo de sus actividades “tradicionales” hacia las actividades enfocadas principalmente al servicio turístico” (Quiroz, 2014:40). En Tapalpa, Jalisco “Pese a contar con el reconocimiento como pueblo mágico, se percibe que el poblado no ha obtenido beneficios significativos ni se ha logrado un desarrollo comunitario suficiente. Por el contrario, se arrastran problemáticas como la saturación de visitantes, gentrificación urbana y exclusión social; estas dos últimas alentadas por la construcción de cabañas turísticas utilizadas como vivienda secundaria por propietarios de clase media alta de Guadalajara y su zona metropolitana” (Baños, 2014:63). En Tepotzotlán, Estado de México “Es evidente que en pos del desarrollo turístico de algunos pobladores se legitiman prácticas que sólo favorecen a unos cuantos, gastando recursos del erario público, para promoverlas y que logren su consolidación, ello en el marco de una sociedad empobrecida y desencantada” (Valverde y Sandoval, 2014:111). En el estado de Veracruz, “En Coatepec lo que parece estar en disputa es si la caficultura continúa siendo un eje de articulación y reproducción social o queda 7 reducida a una mercancía totalmente subordinada a los procesos de valorización mediante la generación de rentas monopólicas culturales, conflicto en el cual las prácticas materiales y simbólicas del turismo pueden ser de alto impacto.” en un sentido u otro. (González Luna, 2015:223) En el caso del municipio de Villa del Carbón, Estado de México sus pobladores vieron modificada su dinámica de diversas formas. En visitas exploratorias los habitantes manifestaron que tenían un conflicto por la reubicación del tianguis local contra la voluntad de los comerciantes y con uso de fuerza pública. Dicho tianguis, formaba parte de las tradiciones locales, pero se instalaba en un espacio público considerado (por el PPM) “patrimonio” del pueblo (Testimonio de habitantes de Villa del Carbón, Edo. de México, 2019). El PPM tiene como objetivo sacar provecho a los patrimonios de las localidades. Uno de los requisitos para todos los pueblos mágicos es mejorar la imagen urbana de los centros históricos, por considerarse patrimonio de los pueblos, y mantenerlas limpias de vendedores ambulantes. Sin embargo, en Villa del Carbón esta medida parece que no fue bien recibida ni por los pobladores ni por los visitantes y ha desencadenado afectaciones que incluso se contraponen con los objetivos del programa. En los sitios donde se plantea que existen tradiciones, prácticas y una cotidianidad que vale la pena ser mostrada a los visitantes, es importante ser cuidadoso con las modificaciones que se hacen en los usos del espacio público y a la cotidianidad, sea considerado patrimonio o no. Ya que es el espacio público el escenario de estas cotidianidades que hacen que valga la pena visitar el lugar. Se observan los efectos que tuvo en los productores del campo que venden en el tianguis local la implementación del PPM en Villa del Carbón y el cambio en el imaginario del espacio público con la reubicación del tianguis. 8 Justificación Esta investigación cobra importancia para la sociología rural porque hace visible una injusticia que se está cometiendo con estos comerciantes. Se han visto empobrecidos y despojados de un patrimonio que ellos construyeron a lo largo del tiempo junto con todos los habitantes del lugar. Fue importante ver si la modificación en el uso del espacio generó contradicciones entre los objetivos de un programa que por un lado pretende realzar lo tradicional y por otro lado es capaz de deshacerse sin más ni más de las expresiones de la cotidianidad de los pueblos por considerarlos no estéticos. O quizá porque estas expresiones afectan los intereses económicos o políticos de quienes promueven el programa. El municipio de Villa del Carbón es pueblo mágico desde el año 2015. Es de los últimos pueblos en ser incluidos en el proyecto. Al tener relativamente poco tiempo de contar con el título, es interesante observar los cambios generados en el presente y pasado. 9 Fotografía 1: Villa del Carbón: Plaza Central Ruiz, 2019 Villa del Carbón Fue importante saber la opinión de los pobladores y visitantes sobre cómo perciben el espacio público patrimonial con los cambios implementados para el PPM. En este caso, el cambio en el espacio público que significó la exclusión del tianguis de la plaza central. Los tianguis en México son una tradición que se mantiene viva desde la época precolombina y considero que hasta nuestros días siguen siendo una forma auténtica de apropiación social del espacio público. Además, es una expresión del 10 lugar que los contiene porque en él se encuentra lo que el lugar produce y consume. En el tianguis de Villa del Carbón existen comerciantes que se dedican a la venta de productos del campo como son: frijol, maíz, miel, pulque, flor de calabaza, calabazas, nopales etc. En entrevistas, estos comerciantes de productos del campo afirmaron que la mercancía que venden ellos la producen en su mayoría, es decir, son productores y vendedores. Fotografía 2: Villa del Carbón: Puesto de productora-comerciante. Ruiz, 2019 Villa del Carbón Creo que es importante analizar estos casos por los fenómenos que se pueden estudiar en ellos. Primero sustento que el tianguis contaba con legitimidad entre pobladores y visitantes, siendo el gobierno municipal quien toma la decisión de reubicarlo de forma unilateral. La reubicación del tianguis constituye una modificación en el uso social del espacio público y un cambio en su percepción. 11 El tianguis fue reubicado porque se instalaba en la plaza central del pueblo. La plaza central del pueblo es considerada (al igual que el centro histórico de muchos lugares), como un espacio público patrimonial de Villa del Carbón que debe ser recuperado como atractivo turístico, sin importar el uso real que la población le dotaba. Al ser reubicados, ellos afirman tener una reducción en sus ventas y modificaciones en sus formas de vida. Aquí se documentan estas modificaciones y analizan sus efectos. Me interesó saber en qué grado estos productores sufrieron un cambio en su dinámica social, actividades económicas y su calidad de vida. Me parece oportuno este estudio tomando en cuenta que la mayoría de la población del municipio vive en un medio rural, pero la mayor ocupación está en el sector terciario de la economía. “En cuanto al tipo de localidades, el municipio de Villa del Carbón registra una proporción de población en comunidades rurales superior al 60% y un porcentaje de población en comunidades urbanas menor al 40%” (PDM, 2019-2021:44). Aunque su población es mayor en el medio rural, la mayoría se dedica al sector terciario (46.1%), y el sector primario sea el que menos ocupantes tiene (24.31%) (PDM, 2019-2021:44). Fue importante analizar si estas políticas públicas están cumpliendo las funciones para las cuales fueron diseñadas o, al contrario, están provocando y agudizando los problemas de los habitantes villacarbonenses. Es innegable que el PPM tiene un gran potencial como detonador económico de una región, pero debe estar bien enfocado; debe tomar en cuenta a todos los actores de la región que se verán involucrados en las acciones del programa y buscar que se beneficien los más posibles sin exclusión. En este texto se estudió si habitantes y visitantes de Villa del Carbón perciben de forma diferente el espacio público “patrimonial” a partir de la integración al programa. También se analiza el caso de los comerciantes que aún subsisten mediante el trabajo del campo, que ya no pueden usar el espacio público 12 que habían usado por años y que sin duda su presencia ayudó a construir el imaginario del lugar. Planteamiento del Problema Con la implementación del PPM en Villa del Carbón pudieron ocurrir fenómenos que ya se han observado en otros sitios con más tiempo dentro del programa. Fenómenos asociados con políticas turísticas. En esta investigación se buscó saber qué fenómenos sociales se desencadenan como efecto de esta política pública que modifica la utilización del espacio público con valor de patrimonio y la revalorización que se le da. En acercamientos con pobladores, afirmaron que a Villa del Carbón le habían quitado la magia. Afirman también que los visitantes cada vez son menos porque ellos notaron un cambio en el encanto de Villa del Carbón. Ellos asocian este cambio con el desplazamiento del tianguis. Fue importante saber cómo perciben ahora el pueblo y que tanto tiene que ver con los nuevos usos del espacio. Es decir, se demuestra que al incorporarse al PPM el gobierno municipal emprendió acciones para mejorar la imagen del lugar, pero con esto también modificó la imagen de un auténtico pueblo que tenía la gente sobre Villa del Carbón. Se plantea que el tianguis en la plaza central era considerado como una tradición para locales y visitantes y la reubicación de éste representó un cambio en el significado del espacio público. En este caso, la plaza central. Además, como se muestra en el estudio de caso, la reubicación afectó de manera directa la calidad de vida de algunos pequeños productores del campo de Villa del Carbón que veían en este tianguis un buen mercado para colocar sus mercancías. En dicho tianguis, los fines de semana se encuentran muchos puestos de comida para los turistas, varios puestos de ropa y novedades y otros tantos de productos 13 locales del campo. Entre semana también se instala, pero con menor número de puestos de comida, los puestos de productos locales del campo son los que a diario ofrecen sus mercancías. Todos los comerciantes de este tianguis se vieron afectados, pero mi atención se enfoca en los comerciantes de productos del campo (maíz, frijol, calabaza, nopales pinole, pulque, flor de calabaza etc.) por su condición de productores y vendedores. Me llamó la atención el caso de estas personas por una primera visita hecha a Villa del Carbón con fines de investigación. En esta visita se tenía la intención de explorar y encontrar algún tema de relevancia que estuviera ocurriendo en la localidad. Al provocar charlas con cinco personas diferentes, y tocar el tema de los pueblos mágicos, noté que todos, tuvieran una percepción negativa o positiva del programa, hablaban de la reubicación del tianguis como un acontecimiento importante. Todos coincidían que el tianguis era una tradición en la plaza del municipio y que se siente el cambio desde que ya no está en la plaza central. En esa visita platiqué con una persona que era productora del campo y vendedora del tianguis que despertó mi curiosidad por su testimonio sobre las modificaciones sufridas en su vida y su visible molestia con la reubicación. En esa ocasión la visita fue el miércoles. La siguiente visita fue un domingo, por ser el día en que se instalan todos los comerciantes del tianguis. Esta visita se hizo con el fin de sondear a los demás comerciantes que vendieran productos del campo, y saber si ellos también eran productores. Esa ocasión entrevisté superficialmente a cinco personas, todos vendían productos del campo, y todos producían sus mercancías parcial o totalmente. En esta investigación se visualiza hasta qué grado afecta la calidad de vida de estas personas una política pública que no los contempla y que los excluye. Se pone sobre la mesa si las estrategias basadas en el turismo en verdad buscan corregir el daño 14 ya hecho al medio rural o es la fórmula del capitalismo para aprovechar el patrimonio de los pueblos. En el Plan de desarrollo municipal 2019-2021 de Villa del Carbón se menciona que existe un tianguis en la plaza central pero que parece necesaria una reubicación, aun cuando la reubicación ya se hizo: “Cabe hacer mención de la necesidad de reubicar al tianguis ya que actualmente representa un problema de accesibilidad e imagen urbana; lo cual representa una oportunidad para ordenarlo, de tal forma que se integre al diseño de Pueblo Mágico” (Plan de desarrollo económico 2019-202: 127). Además, menciona que es importante mantener una buena imagen urbana por ser pueblo mágico. “Al respecto cabe resaltar que el municipio de Villa del Carbón, siendo considerado como Pueblo Mágico, lleva a cabo acciones coordinadas para conservar la imagen urbana; esto con la participación del Consejo de Imagen Urbana de Villa del Carbón y el Comité de Pueblo Mágico” (Plan de desarrollo económico 2019-2021, 126). Para esta investigación se plantearon las siguientes preguntas: ¿Cómo perciben los visitantes y pobladores de Villa del Carbón el espacio público de la plaza central con la reubicación del tianguis? ¿Qué efecto tuvo en la vida de los productores del campo que venden su mercancía en el tianguis de Villa del Carbón la reubicación provocada por la integración al PPM? Hipótesis El turismo es visto por empresarios, autoridades, instituciones académicas, y paradigmas teóricos como una opción para insertar al medio rural a la economía. Uno de estos paradigmas es la “nueva ruralidad” que sostiene que el turismo está 15 llamado a ser una actividad que promueva el desarrollo del ámbito rural. Sin embargo, el turismo y los programas que lo promueven distan de cumplir los objetivos de beneficiar a los más afectados de las poblaciones rurales y terminan siendo mecanismos para que autoridades, empresarios e intermediarios se apropien del patrimonio y se modifique toda la cotidianidad de los pueblos. Objetivo general. *Resaltar los cambios en el espacio público patrimonial que provocó en locales y visitantes la integración de Villa del Carbón al Programa Pueblos Mágicos. *Analizar los efectos provocados por la reubicación en el caso de los productores del campo que venden sus productos en este tianguis. Objetivos particulares. *Observar la percepción del espacio público patrimonial en los pobladores y visitantes con la inclusión de Villa del Carbón al PPM. * Analizar la percepción del espacio público patrimonial y cuánto influyó la reubicación del tianguis. *Analizar, a través de los testimonios de los comerciantes, el proceso para la reubicación de sus puestos y saber si existió un despojo o exclusión del espacio público, qué lo provoca y qué otros fenómenos se generaron. * Investigar cómo afectó la reubicación del tianguis a los productores que venden ahí sus productos, si existieron cambios importantes en sus dinámicas sociales, actividades económicas y calidad de vida. Metodología La metodología utilizada en esta investigación fue del tipo cualitativa con el objetivo de conocer la percepción de las y los habitantes de Villa del Carbón. Para ello, se realizaron entrevistas semiestructuradas a las vendedoras de productos del campo, buscando conocer los efectos que ha tenido la implementación del PPM. Así mismo, se aplicaron entrevistas a visitantes y habitantes de Villa del Carbón, con el objetivo 16 de conocer cuáles fueron los cambios que han percibido en el pueblo una vez que fue adherido al programa. Debido al confinamiento ya no fue posible regresar a hacer más entrevistas. Estructura del trabajo Esta investigación consta de tres capítulos. En el primero se abordan los conceptos teórico-metodológicos tales como: el neoliberalismo y su impacto negativo en el campo, luego el surgimiento del concepto de “nueva ruralidad” y cómo éste termina proponiendo al turismo como una solución a los problemas del medio rural. A continuación, se analiza el concepto de espacio público y el patrimonio. Se relacionan estos dos conceptos dando como resultado los espacios públicos patrimoniales. Después se profundiza en el concepto del turismo. Continúo poniendo en perspectiva la importancia de los tianguis y el comercio informal en México, así como analizar las formas en que el turismo es excluyente con el uso del espacio público. Posteriormente se hace una descripción del Programa Pueblos Mágicos. En el capítulo dos se ubica la zona de estudio y se vierten parte de los resultados del trabajo de campo. En el capítulo tres, se da cuenta del conflicto que se generó tras la reubicación del tianguis a raíz de las exigencias de PPM. Finalmente, en las conclusiones planteó los hallazgos del trabajo y proporcionó algunas recomendaciones. Capítulo I Conceptos teórico-metodológicos 1. Turismo, patrimonios y espacio público. Para analizar la situación en la que se encuentran los productores y vendedores del tianguis tradicional de Villa del Carbón, es necesario comenzar por entender las razones por las que el medio rural mexicano atraviesa una situación tan difícil y por qué los pueblos mágicos fueron introducidos como una solución a esta crisis. 17 El neoliberalismo juega un papel central en el declive de la calidad de vida de los pobladores rurales (y de la población en general) y de una u otra forma es parte de las causas de la creación del Programa Pueblo Mágico. Pero también el PPM es una respuesta del neoliberalismo hacia el propio neoliberalismo. Las políticas neoliberales trajeron pobreza en el campo porque los dejó fuera de la economía, y se pusieron soluciones neoliberales que trajeron aún más exclusión. En el caso de Villa del Carbón queda claro que el fuego no apaga al fuego, y más adelante se verá por qué. 2. El Neoliberalismo. En la década de los 80, la crisis de endeudamiento afectó a los países en vías de desarrollo. Esta crisis representó la oportunidad para instituciones internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) de presionar hacia “Programas de Ajuste Estructural (PAE)” (Kay, 2016). Estos ajustes estructurales contenían los elementos claves de las políticas públicas neoliberales. Los neoliberales proponían estas políticas con el fin de “reducir drásticamente el rol del estado en la economía y dar reinado a las fuerzas del libre mercado a través de la remoción de las medidas proteccionistas y la apertura de la economía a las fuerzas competitivas del mercado mundial” (Kay,2016: 3). A finales de la década de 1980 estas políticas neoliberales fueron denominadas como “El consenso de Washington”. El neoliberalismo persigue la estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal, libre comercio, liberalización fiscal, privatizaciones, desregulación, liberación del mercado de trabajo y derechos de propiedad, seguros, entre otras políticas (Kay, 2016) “ En América Latina, a partir de la crisis de la deuda externa en 1982, los gobiernos tuvieron que aceptar las reglas del juego del modelo neoliberal, toda vez que fueron orillados a: a) sustituir su estrategia de desarrollo basada en la agricultura, por la 18 apertura de las economías nacionales a los mercados mundiales; b) la reducción del gasto público; c) el aumento de la competitividad; d) la promoción de las exportaciones; e) la subordinación de las políticas públicas a la regulación supranacional (Palafox y Martínez, 2015: 143)” “Ya no se discute la viabilidad del modelo; se parte de la idea de que, se quiera o no, todos deben trabajar y producir dentro de este esquema. La modernización y globalización económica representan los nuevos determinismos del capitalismo internacional “(Monterroso y Zizumbo 2008) Considero que la importancia del neoliberalismo es que significó la entrega de sectores muy delicados e importantes de la vida pública a los capitales privados y sus leyes del mercado. Es decir, salud, alimentación, educación, vivienda, trabajo etc., fueron transformados en mercancías y como tal, tendrían acceso a ellas quienes pudieran pagarlas. Ahora el mercado gobierna y el control del mercado lo tienen las grandes empresas internacionales. Los Estados de cada país tienen la obligación de mantener el orden con el “uso exclusivo de la fuerza”, la legislación y sus sanciones para permitir que el capital se siga reproduciendo sin contratiempos . 3. Neoliberalismo y el medio rural. No todos los cambios que ocurrieron en el medio rural deben ser atribuidos al neoliberalismo, pero es muy cierto que si se aceleraron gracias a este. El principal impacto fue la revocación de algunas reformas que se habían hecho anteriormente, como la reforma agraria, derechos laborales y medidas que apoyaban la agricultura campesina. Pero la realidad es muy compleja para que los diseños neoliberales puedan implantarse en su totalidad.; nunca se logró una liberalización total de los mercados de la tierra, del trabajo y del capital, tampoco el comercio exterior fue completamente liberalizado. Sin embargo, el neoliberalismo provocó grandes cambios en el medio rural. (Kay, 2016) 19 Los países desarrollados mantuvieron sus políticas proteccionistas de la agricultura, mientras predicaban la liberalización del mercado para el resto del mundo. Es decir, la intervención del estado en la agricultura ha disminuido en algunos países, pero no ha desaparecido. Paso a un “nuevo intervencionismo” neoliberal (Kay, 2016). En las políticas de ajuste estructural impulsadas en los países en desarrollo se impone eliminar el subsidio a la agricultura (entre otros sectores), para promover la dinámica del libre mercado. Sin embargo, los mismos países promotores del neoliberalismo no acatan estas reglas y siguen dando fuerte subsidio a su sector agrícola. Los países desarrollados tienen grandes ventajas comparativas en la producción y explotación de productos primarios. En este proceso, los productores, de todos los países, tienen una fuerte presión a mejorar su eficacia, o no lograrían mantenerse competitivos en los mercados internacionales. Los agricultores de los países que sí cortaron los subsidios tuvieron que cambiar su producción por lo que ahora fuera rentable en el mercado de exportación y con ello fueron transformados todos sus patrones tradicionales de producción (Kay,2016). Con la liberación del comercio exterior, los países en desarrollo incrementaron la importación de productos básicos, porque eran más baratos que los producidos a nivel local. Por esta razón los agricultores de los países en desarrollo debieron detener o reducir el cultivo de los productos que se volvieron menos rentables debido a la competencia extranjera. Los productos llamados no tradicionales como la horticultura, floricultura, fruticultura, acuicultura y nuevos cultivos como la soja se volvieron más rentables. (Kay, 20016) Esto provocó que los países desarrollados tuvieran el monopolio de la producción de los alimentos básicos como el maíz, el trigo, el arroz, etc. Y también significó la pérdida de la soberanía alimentaria de muchos países en desarrollo. Con las nuevas reglas los beneficiados fueron los grandes capitales, la agroindustria y los productores que pudieron incorporarse a las dinámicas competitivas del mercado internacional. Los campesinos y los trabajadores agrícolas encontraron el mercado de exportaciones sumamente arriesgado. 20 En cuanto a la tierra Kay explica que con la entrada del neoliberalismo se revirtieron las reformas agrarias dirigidas por el Estado y en su lugar se pusieron unas dirigidas al mercado, o ninguna en absoluto. Se dio la privatización, des colectivización, registro de tierras y título de las mismas. El fin era fortalecer la propiedad privada de la tierra para tener un mercado de tierra más transparente, flexible y activo. El cultivo de tierra debía ser privada, la agricultura colectiva era ineficiente por la falta de apoyo, la corrupción y la burocratización. El fin fue facilitar la individualización de los derechos de propiedad de los miembros de las comunidades indígenas, para que fuera más fácil comprarle las tierras a aquellos que las deseaban vender o arrendar sus parcelas (Kay, 2016). Esta medida, sumada a que los campesinos sin capital de inversión no tenían oportunidad de competir en el mercado, terminó por obligarlos a venderles sus tierras a quienes sí tenían capital, incluso a extranjeros. La globalización económica que promueve la atención de aquellos productores que poseen el capital para la inversión, dinamizó la privatización de tierras a través de las reformas agrarias que, prácticamente obligaron a los campesinos a vender sus parcelas para superar la pobreza a la que fueron expuestos (Monterroso y Zizumbo, 2009). Muchas tierras tenían títulos dudosos y permitió que grandes terratenientes obtuvieran derechos sobre ellas de forma ilegal y a través de la corrupción. “En general la titulación de tierras ha tenido un resultado mixto. En algunos casos, permitió a los campesinos obtener títulos legales sobre sus tierras, mientras que en otros casos llevó a la “modernización de la inseguridad” (Jansen y Roquas, 1998) y más conflictos, si no al despojo de tierras campesinas por las fuerzas más poderosas de los capitalistas (Kay, 2016: 7). En las cuestiones de precarización del trabajo, Kay dice que se ha fomentado una diferenciación socioeconómica entre el campesinado y cambió la estructura de la fuerza de trabajo rural. Muy pocos campesinos podían ser capaces de aprovechar las nuevas “oportunidades” del neoliberalismo. Los demás campesinos se volvieron 21 semi- proletarios, ya que su mayor fuente de ingresos proviene de la venta de su fuerza de trabajo y no en actividades productivas en sus tierras. Una porción grande se convirtió totalmente en proletario perdiendo el acceso a la tierra y buscando trabajo asalariado en áreas rurales o urbanas (Kay, 2016). La migración de los hombres en el medio rural ha provocado una feminización de las actividades agrícolas. También la agroindustria ocupa la mano de obra femenina por considerarlas más cumplidoras, cuidadosas y por poder pagarles menos. La mayor participación de la mujer en el trabajo rural ha ocasionado conflictos en el hogar, y violencia contra las mujeres, así como aumento en su carga de trabajo. El neoliberalismo también generó cambios geográficos en el trabajo y la división rural-urbano. Aparece una “nueva ruralidad” consecuencia de la desagrarización (Kay, 2016). “Los hogares rurales se volvieron “multifuncionales”, desarrollando diversas actividades económicas, a veces referidas como “pluriactividades”, con el fin de ganarse la vida. En la búsqueda de sustento, una creciente porción de los ingresos se deriva de las actividades no agrícolas en la granja, tales como el turismo rural, el procesamiento artesanal de los productos derivados de la agricultura, o poniendo un pequeño comercio” (Kay ,2016: 15) En el caso mexicano, con los fundamentos neoliberales se dejaron de lado los esquemas centralizados en el Estado que se venían aplicando en el país. Ahora es evidente que las acciones impulsadas desde el gobierno para el desarrollo rural, ya no se sustentan en las políticas agrarias, agrícola y rural que se usaban en las épocas anteriores. En épocas anteriores a partir del reparto de tierras se daba paso a la asistencia técnica y crediticia para que productores y campesinos que eran rentables en su producción, como los que usaban formas tradicionales, pudieran desarrollar actividades agrícolas (Monterroso y Zizumbo, 2008). 22 Antes los campesinos eran ayudados por los programas de desarrollo en los aspectos que mostraban deficiencias. Hoy casi todos han quedado excluidos de la nueva política agrícola, la cual solo promueve la atención a productores con condiciones competitivas, y potencialmente productivos. Monterroso y Zizumbo (2008) dicen que, en el caso de México, desde que se conduce bajo esta lógica, el medio rural ha disminuido notablemente su nivel de bienestar. Desde que se aplicó el modelo neoliberal radical, como ahora, que se han incorporado propuestas para aminorar sus efectos negativos, la pobreza y la exclusión han crecido en zonas rurales. En México: “Los pobladores rurales han enfrentado esta situación de exclusión desde diferentes perspectivas. La más común es la representada por los que, al no contar con los apoyos crediticios y técnicos de antaño, vendieron sus tierras a empresarios privados y se integraron a las filas de los nuevos pobres rurales o bien a las corrientes migratorias hacia las grandes ciudades de México y los Estados Unidos. Los que lograron mantener su tierra, que recuperaron las tierras comunales o que se encuentran asentados en tierras municipales o estatales son los que están desarrollando las alternativas que les propone la nueva ruralidad; entre ellas, la organización de servicios turísticos y recreativos para las poblaciones urbanas” (Monterroso y Zizumbo: 2008: 2). 4. Nueva ruralidad La nueva ruralidad es una expresión utilizada por instituciones académicas, instituciones internacionales e instituciones gubernamentales para referirse a los cambios provocados por las políticas de ajuste neoliberal de la década de los 70 y 80 en el medio rural de todo el mundo. La expresión nueva ruralidad se refiere a la existencia de cambios importantes en el campo. Estos cambios pueden marcar una nueva etapa en la relación campo- ciudad y en la sociedad en general tanto a nivel social, político y económico (Grammont, 2004). 23 Procesos del pasado como la revolución verde, la reforma agraria y el reparto agrario, entre otros, desaparecen. Surgen procesos que cobran relevancia, por ejemplo: la etnicidad, la ecología, la plurifuncionalidad de la economía campesina, el género, la pobreza, etc. (Grammont, 2004). En la nueva ruralidad la agricultura ya no es la actividad predominante, pero sigue siendo muy importante. Surgieron diversos procesos políticos, económicos y sociales tan complejos que imitan las condiciones de vida semejantes a los espacios urbanos. Ya no es tan grande la diferencia entre rural-urbano, en cuanto a servicios y comodidades también en el medio rural se cuenta ya con luz eléctrica, agua, servicios de sanidad y telecomunicaciones. Pero esto a la vez hace que crezca su interdependencia. Se amplía el referente a la población rural, ahora se incluye en el término de campesinos también a los mineros, pescadores, artesanos, empresarios agrícolas y prestadores de servicios (IICA, 2000; Kay, 2009; Rubio, 2001 citado por Palafox y Martínez, 2015). Otros fenómenos observados en el medio rural bajo la lente de la nueva ruralidad son: I) la desaparición de los dos grandes campos geográficos, II) se urbaniza el campo y se ruraliza la ciudad y surgen procesos de hibridación, III) la población rural no agrícola adquiere mayor importancia, IV) la idea desarrollo y la integración nacional es sustituida por pobreza, desigualdad y migración y V) hay un fuerte problema de género (Grammont, 2004). La nueva ruralidad, le ha asignado nuevas funciones al medio rural y a los actores que lo habitan. Ellos son los destinados a ocuparse del manejo, uso y conservación de los recursos naturales, los servicios ambientales y el turismo rural. En la nueva ruralidad las comunidades necesitan procesos de democratización local de mayor valoración de los recursos propios, tanto humanos como naturales, en busca de una mayor participación local y la institucionalidad (Pérez, 2004; Gómez, 2008 citado por Palafox y Martínez, 2015). 24 Grammont menciona que la nueva ruralidad tiene dos enfoques, una que se centra en estudiar las transformaciones económicas, sociales y políticas de la sociedad y otro que estudia cuales deben ser las políticas públicas para resolver no solo las nuevas exigencias del campo sino también para que cumpla con las funciones que se le atribuyen, por ejemplo, la conservación del medio ambiente (Grammont, 2004). Organismos internacionales (como la FAO) hacen sus recomendaciones bajo el paradigma de la nueva ruralidad. Hay países como México, en donde la mayor parte de políticas y estrategias de desarrollo rural tienen sustento teórico en el paradigma de la nueva ruralidad (Monterroso y Zizumbo, 2008). Los planteamientos de la nueva ruralidad pueden ser vistos como una alternativa que intenta mejorar las condiciones de vida de las comunidades frente a la globalización. Pueden verse como una opción incluyente por el hecho de que no solo se centra en las actividades económicas, sino que reconoce el valor de las instituciones, la cultura, el patrimonio histórico y el uso del espacio rural para el ocio y la recreación (Rosas, 2013; Pérez y Farah, 2006 citado por Palafox y Martines, 2015). Otra forma de ver la nueva ruralidad es como un paradigma que sirve para sustentar y justificar procesos que, bajo la consigna de insertar al medio rural a la economía, dan lugar a las propuestas del modelo capitalista mediante la apropiación de los recursos a través de la creación de áreas naturales protegidas y la instrumentación de otras actividades económicas (pluriactividad) no relacionadas con el campo, entre ellas, el turismo (Palafox y Martínez, 2015) En esta investigación es importante este concepto porque, ya sea por un interés legítimo en solucionar los problemas del medio rural o por ser el instrumento teórico para despojar a las comunidades de sus recursos, es el concepto que plantea al turismo rural como una alternativa dentro de la pluriactividad que se presenta en el 25 campo. Políticas públicas como el PPM nacen a partir de los estudios y propuestas hechas bajo esta perspectiva. En la nueva ruralidad el turismo toma una relevancia importante, ya que se supone constituye una alternativa no agresiva para las cuestiones naturales y culturales y es una forma de entrada de capital para los pobladores rurales menos favorecidos con las reformas agrarias. Es por eso que el turismo rural se ha impulsado como un instrumento de desarrollo rural a partir de la participación activa de las comunidades, intentando fortalecer su identidad colectiva y regional, reducir la migración hacia ciudades y otros países y conservar su territorio, costumbres y tradiciones (Palafox y Martínez, 2015). “desde las perspectivas de la NR y la sustentabilidad, el turismo se plantea como actividad económica complementaria a las tradicionales, pero se ha terminado confiando en él como único conductor hacia el progreso (Santana, 2002 citado por Palafox y Martínez, 2015: 142). 5. Turismo Desde finales de la década de los ochenta aparecieron muchos “nuevos turismos”, que surgieron con las nuevas condiciones y exigencias del mercado. “El cliente busca una experiencia de lo auténtico en la naturaleza y la cultura.” (Santana, 2003:5). Es así como en la década de los noventa surge el turismo alternativo tomando mayor auge, entre otras razones, por el desgaste del modelo de masas, aparición de turistas más exigentes y experimentados etc. (Ibáñez, 2012). El PPM surge con la necesidad de ampliar la oferta turística más allá de la tradicional de sol y playa que predominaba en el mundo y también en México. El PPM es la apuesta del Estado mexicano por el “turismo alternativo” como forma de atraer visitantes a localidades rurales y explotar el potencial turístico del país. El concepto de turismo alternativo nos ayudará a entender el PPM. El turismo alternativo se define como “las formas de turismo que son consecuentes con los valores naturales, sociales y comunitarios, que permiten disfrutar positivamente 26 tanto a anfitriones como a invitados y hace que merezca la pena compartir experiencias". (Smith Eadington 1994, citado por Santana, 2003:6) Según Santaana (2013) El turismo alternativo es un concepto que puede englobar al turismo cultural, turismo ambiental y turismo étnico. Esta definición del concepto es la que se usa en los programas oficiales del gobierno mexicano: “El turismo alternativo se refiere a aquellos viajes que tienen como fin realizar actividades recreativas en contacto directo con la naturaleza y las expresiones culturales que le envuelven con una actitud y compromiso de conocer, respetar, disfrutar y participar en la conservación de los recursos naturales y culturales” (Semarnat, 2009:1) Sectur (2011) hace una división de tres modalidades de turismo alternativo: Ecoturismo, Turismo de aventura y Turismo rural. Ibáñez y Villalobos (2012) describen el turismo alternativo como una corriente de turismo que tiene como objetivo la realización de viajes donde el turista participa en actividades recreativas de contacto con la naturaleza y las expresiones culturales de comunidades rurales, indígenas y urbanas, respetando los patrimonios natural, cultural e histórico del lugar que visitan. Presupone que los organizadores están conscientes de los valores naturales, sociales y comunitarios, y que los turistas desean interactuar con la población local. Esta modalidad de turismo está conformada por actividades que en su nombre indica su característica principal: turismo cultural, turismo rural, agroturismo, ecoturismo, turismo de aventura, turismo cinegético, entre otros. Villa del Carbón tiene sitios en donde se puede practicar turismo en contacto con la naturaleza. Sin embargo, los visitantes de la plaza están buscando lo pintoresco del pueblo y los vestigios de una vida en peligro de extinción (Santana, 2013). Es por esto por lo que ahondaremos un poco más en los conceptos dentro del turismo 27 alternativo que describen las corrientes enfocadas en resaltar aspectos sociales y culturales de los pueblos. El turismo rural se define de la siguiente forma: Los viajes que tienen como fin el realizar actividades de convivencia e interacción con una comunidad rural, en todas aquellas expresiones sociales, culturales y productivas cotidianas de la misma. (Sectur, 2011). El turismo cultural y rural es aquel en donde se aprovechan, para atraer visitantes, las herencias identitarias y culturales, así como los edificios y monumentos históricos de las localidades. “El Turismo Cultural se define como aquel viaje turístico motivado por conocer, comprender y disfrutar el conjunto de rasgos y elementos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o grupo social de un destino específico” (Sectur,2015). Santana da una definición de turismo cultural basándose en las tipologías de turismo hechas por Smith en 1977 y lo define de la siguiente manera: Turismo cultural e histórico: “abarcaba en el momento de construcción de la tipología desde lo ‘pintoresco’ y el ‘color local’, los vestigios de una vida en proceso de extinción, hasta los circuitos de ruinas, monumentos y museos, pudiendo incluir ciudades o espacios donde se desarrollarán los acontecimientos a resaltar” (Santana 2003:). Además, el propio Santana dice que las actividades que se llevan a cabo para satisfacer las curiosidades del turista pueden consistir en la participación de eventos locales, encuentros cara a cara con gente exótica, con culturas distantes a la propia, en la observación directa de monumentos, edificios, pueblos o ciudades distintivos por su pasado real o híper- real... (Santana, 2013). 28 Humberto Thomé (2008) escribió un artículo llamado “Turismo rural y campesinado, una aproximación desde la ecología, la cultura y la economía” que usaré para ilustrar cómo las formas de turismo alternativo tienen figuras centrales que deben cuidarse por ser la motivación de los visitantes. Él define al turismo rural de la siguiente manera: “toda actividad turística desarrollada en el medio rural", pero esta simplicidad aparente requiere la complicación de definir lo rural como espacio y el turismo como la actividad que sucede en ese escenario (Thomé, 2008: 2). Thomé dice que para entender el turismo rural poniendo como figura central al campesinado, como él lo hace, se debe ver más allá de la perspectiva turística.” Es necesario atender las características específicas de América Latina y, a partir de ello, articular nuevos elementos enriquecedores de la definición como son: proceso turístico, aprovechamiento de recursos, motivaciones de viaje, necesidades del desarrollo local en comunidades rurales y la definición de los impactos de la actividad turística” (Thomé, 2008:2). Nos dice que, en este turismo, para insertar al mercado el medio rural ofrece su “excedente” de capital cultural y ambiental del medio rural a los viajeros citadinos. Lo cual significa que, ante el agotamiento del ambiente y la masificación de la cultura, se busca satisfacer la necesidad humana del ocio a través de la extracción del "excedente", si así puede ser llamado, de las culturas autóctonas y sus entornos conservados (Thomé, 2008:3). Humberto dice que existe en el hombre un sentimiento de fracaso de los valores de la modernidad y esto ocasiona un retorno a los orígenes. El visitante citadino expresa una apreciación por el ambiente y la cultura rural, pero es de una forma hedonista no revolucionaria (Thomé, 2008). Después Thomé sostiene que ante este esquema el campesino toma un papel marginal porque ahora no solo le transfiere a la ciudad su excedente de producción, sino también su excedente ambiental y cultural a cambio de un supuesto desarrollo. 29 Pero para él, basado en el desarrollo multimodal que supone ofrecer el turismo, se puede afirmar que el campesino debe jugar un papel central en el turismo rural. Se les debe entender como un actor específico con sus propias problemáticas, “ellos no operan como una empresa en el sentido económico, pues imprimen desarrollo a una casa y no a un negocio” (Thomé, 2008:3). Finalmente dice que el turismo se ve beneficiado con los excedentes sociales producidos por los campesinos porque cuando ellos satisfacen sus necesidades, acumula los fondos ceremoniales que son necesarios y parte importante del atractivo turístico. “…su lugar en la sociedad se vuelve central, ya no tanto como proveedor de alimentos, sino más bien como el proveedor de un servicio en el que se busca la simplicidad de su identidad y su modo de vida, pero sin valorarlo completamente sino de manera intermitente como objeto de viaje” (Thomé, 2008:4). En síntesis, el turismo alternativo es una forma relativamente nueva de turismo en la que se incluyen los atractivos naturales y culturales de los destinos y se busca la forma de alterarlos lo menos posible. El turismo alternativo tiene modalidades basadas en la apreciación y valorización de las costumbres, tradiciones, lugares y cotidianidad de los pueblos que los contienen. Todos estos elementos son considerados patrimonios que pueden ser tangibles e intangibles. El turismo alternativo busca sacar beneficios de estos patrimonios incluyendo los patrimonios naturales y culturales de los pueblos. Pero el turismo alternativo debe hacerse cuidando la figura central de cada forma de turismo. Por ejemplo: el turismo de naturaleza debe hacerse cuidando los paisajes y el medio ambiente, el turismo cultural debe poner como figura central las manifestaciones de las localidades y el turismo rural debe valorar el estilo de vida del campesino. El lado negativo puede aparecer cuando los beneficios son excluyentes y sólo llegan a un sector de la sociedad y a veces es el que menos lo necesita. En estos casos, como veremos más adelante, el turismo puede volverse un instrumento para 30 la apropiación e inserción a dinámicas del mercado capitalistas de los patrimonios de los pueblos. 6. Patrimonio En la definición del PPM se menciona que los pueblos mágicos son los que a través del tiempo mantienen sus patrimonios tangibles o intangibles. Es decir, sus patrimonios culturales y naturales. La UNESCO define los patrimonios culturales en tres grupos diferentes: Los monumentos: que incluyen elementos de carácter arqueológico, obras arquitectónicas, de escultura o de pintura monumentales, cavernas, inscripciones y grupos de elementos, que tienen un valor universal único desde el punto de vista del arte, la historia o la ciencia. Los conjuntos: son los grupos de construcciones, juntas o aisladas, cuya arquitectura, integración con el paisaje y unidad les otorga un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, ciencia o arte. Los lugares: obras del hombre conjuntas con la naturaleza o del hombre, así como zonas que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista histórico, estético, etnológico o antropológico (UNESCO,2014). Otra definición con un enfoque más general del concepto de patrimonio cultural es la que nos proporciona Duran. Ella lo define como el conjunto de manifestaciones y bienes culturales inmateriales y materiales, que se encuentran en construcción permanente sobre el territorio transformado por las comunidades. Dichos bienes y manifestaciones conforman sentidos y lazos de pertenencia, memoria e identidad para un grupo o colectivo humano (Durán, 2009). La definición anterior es diferente a la que nos da la UNESCO porque liga el patrimonio cultural a la identidad del lugar que lo contiene, a diferencia de la UNESCO que lo sujeta al valor que tiene para la ciencia o el arte. 31 La siguiente definición incluye también los patrimonios naturales además de los culturales, y apunta que el patrimonio de una comunidad está ligada a su identidad. Venturini define el concepto de patrimonio como el “conjunto de bienes (naturales y culturales, materiales e intangibles) correspondientes a un espacio/ sociedad particular que, por las características de sus componentes, por su usos efectivos y potenciales, por su criticidad para los grupos sociales que a través de él se identifican o que dependen de él para su desarrollo, por el carácter y la importancia histórica que lo marcan, por su singularidad y / o escasez, posee un valor excepcional como capital social a proteger y conservar para su goce actual y futuro y para reafirmar la identidad de las sociedades con él vinculadas...” (Venturini, 2003:4). Otra aclaración importante es mencionar que no todos los recursos con que cuenta una localidad pueden ser considerados patrimonios. Los bienes materiales, culturales y naturales de una población pueden ser recursos utilizados y explotados para mejorar la vida de los pobladores, pero solo aquellos recursos que van adquiriendo un valor simbólico para la localidad puede ser considerado patrimonio. Edgardo Venturini (2003), escribe sobre esto en su artículo de “Patrimonio cultural, turismo y desarrollo local...”. Él sostiene que existen bienes culturales y naturales que, con las prácticas sociales y con las interpretaciones históricas de cada presente que hacen los hombres, trascienden de recursos (lo que tiene valor instrumental aplicabilidad) para tomar la calidad de patrimonio (Que tiene valor simbólico de significación e identidad) (Venturini,2003). Considero importante esta aclaración porque ayuda a entender las conexiones entre patrimonio e identidad. Gonzales y Sánchez (2016) en su tesina sobre el pueblo mágico de Malinalco utilizan la definición de patrimonio cultural hecha por Gilberto Giménez. Esta definición dice que el patrimonio cultural se entiende como obras con reputación 32 que son valiosas estéticamente, científicamente o espiritualmente. Es un patrimonio fundamentalmente histórico, con obras del pasado que son valorizadas en el presente. Además, agregan que el patrimonio cultural se constituye a partir de elementos tanto simbólicos e históricos-culturales, que a su vez se convierten en un sustrato de identidad y una base para la memoria colectiva a partir de la producción de valores (Gonzales y Sánchez, 2016). Una visión más crítica de los patrimonios dice que es una forma de apropiación del espacio o de los recursos. Fabián Luna (2012) dice al respecto que los procesos de patrimonialización en paisajes culturales y naturales implica un modo específico de apropiación espacial, esto produce prácticas y representaciones que se vuelven factores importantes en las formas de reproducción de la propia cultura. Luna menciona que el patrimonio como proceso de reproducción cultural, en los programas turísticos se pone en manos del capitalismo y el desarrollo de los pueblos y ciudades queda subordinado a las finalidades de crecimiento y consolidación de actividades turísticas (Luna, 2012). Es decir, puede ocurrir que, si la valorización del patrimonio se hace unilateralmente, por ejemplo: cuando los programas turísticos (autoridades) se apropian del espacio, los patrimonios pueden cambiar de significado para la población excluida. Y es probable que los elementos que son símbolos de la identidad para la población, las autoridades las usen para generar mercancías turísticas. Siempre será importante la intención con la que se va a valorar un patrimonio. El patrimonio puede ser fuente de ingresos económicos, puede ser motivo de creación de campañas de ventas, proyectos de puesta en uso, como recurso a ser estudiado científicamente, etc. No obstante, tomar el patrimonio como un fin en sí mismo, es erróneo, pues en ese caso, se corre el riesgo de la pérdida de los valores que lo definen como tal. Son importantes las cualidades, no solo físicas y objetivas, sino las subjetivas que se forman con la percepción y la conducta que las personas desarrollan en dicho patrimonio. Dependerá del marco socio cultural que modela el 33 comportamiento del individuo y de la comunidad, la actitud que se tenga frente al objeto, lo cual podrá variar entre un valor muy alto y que no valga nada (Cuadrado y Manavella, S/A). 7. Espacio Público El espacio público es un concepto que será importante tener claro en esta investigación. Es el espacio público (la plaza central), un patrimonio de Villa del Carbón y lo que se encuentra en disputa entre los tianguistas y las autoridades. También es importante entender los cambios en los usos del espacio público, porque es uno de los objetivos, saber si hay un cambio en la percepción (positiva o negativa) de dicha plaza central. La noción de espacio público aparece en Grecia con los llamados Ágora. Se van construyendo en torno a este espacio diversos edificios dedicados al bien público y al ejercicio democrático. Transformando al Ágora en el centro político de la ciudad (Goitia, 1970 cita en Berroeta y Vidal, 2012). El espacio público puede estar ligado a la identidad de las comunidades. Quizá porque es en donde se manifiestan los símbolos que representan el imaginario de la realidad que tiene una localidad El espacio público es definido como el medio en el que se sustenta la experiencia individual y colectiva de las personas. Ahí se materializan los sentimientos de pertenencia, participación e identidad (Soto, 2016). Kuri (2015), dice que el espacio público es “la construcción social y simbólica de la ciudad, el espacio público es un elemento fundamental del orden urbano, que, en su relación con el espacio privado, expresa la manera como los habitantes usan y tienen acceso a los recursos sociales, y la relación entre éstos la ciudad y las instituciones” (Ramírez, 2015 cita en Salazar, 2018:15). 34 Hay quienes ven al espacio público en dos dimensiones, la de la cotidianidad de la población y también la de un espacio regulado por normas jurídicas. Borja vislumbra el espacio público como uno jurídico y otro socio- cultural. Por el lado jurídico lo define como un espacio sometido a una regulación específica por parte de la Administración Pública. En la dimensión sociocultural lo define como “lugar de identidad de los ciudadanos, que propicia la interacción social y entre otros aspectos sociales se convierten espacio de expresión de manifestaciones culturales (Borja, 2000 visto en Salazar, 2018:15). A partir de lo descrito por Borja me parece claro que es posible que surjan diferencias y conflictos entre estas dos maneras de ver el espacio público. Se me ocurre la siguiente pregunta ¿Cuál de estas dimensiones tiene más derecho para decidir sobre el espacio? Parece innegable que habrá problemas si una excluye a la otra. El espacio público es importante en cualquier población porque es ahí donde se vive el día a día de la comunidad. En el espacio público es en donde se desarrollan las actividades que forman una cotidianidad y a la postre una identidad en los ciudadanos. Aunque podemos entender como espacio público todo lo que sea común (calles, plazas, parques etc.), debemos tener presentes que no en todo el espacio público se desarrollan las actividades que dan cohesión social a la población. Hay espacios públicos que pueden significar para la colectividad puntos de encuentros y de simbolismo. En lo que a este trabajo se refiere debemos tener claro que, al ser el centro histórico de Villa del Carbón del que se está tratando, hablamos de un espacio público patrimonial. Este espacio cumple con la descripción de lo que define un patrimonio. Luz Cecilia Sánchez Rodríguez (2012), dice que, para concebir el espacio público como patrimonio, se necesita tomar en cuenta elementos más allá de su ubicación, ya que sus particularidades son resultado de su historia y de quienes lo han habitado 35 a través de los años. Éste no es un espacio físico solamente, ante todo es un espacio simbólico que sirve como espejo de la sociedad. El patrimonio cultural es el cúmulo de elementos que heredamos de generación en generación. Dentro de este conjunto de elementos, se encuentra el espacio público, que también incorpora nuevas necesidades y aportes, implicando transformaciones, que refleja la cultura que lo genera. Al Patrimonio Cultural lo determina su función de ser la representación de la memoria histórica y que en muchos casos es el Patrimonio Arquitectónico la materialización de esa memoria. En esta línea, un bien cultural patrimonial tiene valor por su capacidad de hacer presente el pasado. Su función es materializar la historia de la comunidad y figurar las imágenes del pasado en forma sucesiva. En el espacio público se llevan a cabo acciones que están reglamentadas por normas de convivencias consensuadas por los habitantes. Entonces, el pasado histórico tiene diferentes valores, entre ellos, el Patrimonio como muestra de identidad. Como fuente de placer, el pasado y los objetos provenientes de aquel, en muchos casos, se comportan como “fetiches” del mundo moderno (Cuadrado y Manavella, S/A). Desde la visión urbanista los “centros históricos” como un concepto en sí mismo siempre serán espacios públicos considerados patrimonios, por este motivo es importante hacer una breve mención de estos espacios. Patrice Melé es un urbanista y geógrafo que en el año de 1988 publicó el libro “La construcción del patrimonio urbano”. En este trabajo su objeto central son los centros históricos de ciudades mexicanas. Melé, al igual que otros académicos , ve los espacios como productor y producto de lo social, contrariando “el paradigma que lo considera como resultado de las relaciones sociales pero no como determinante de las mismas (Ortiz, 2005). Melé se centra en los centros históricos porque son “lugares con una fuerte carga simbólica, razón por la que son objeto de una dinámica espacial constante y de un 36 proceso continuo de acción para el control y la explotación de sus potencialidades” (Ortiz,2015:349). Melé estudia las políticas públicas para identificar las imágenes que se perciben de los espacios que forman los centros históricos. Estas políticas públicas derivan en acciones urbanas específicas. Estas acciones emprendidas involucran a actores locales y externos. Mele (1988), dice que los centros históricos vistos como patrimonio es una construcción social relativamente reciente. Anteriormente fueron “Territorios, mayormente no amurallados, organizados a partir de un entramado en forma damero o plano cuadriculado, que mantenía una centralidad de poderes en torno a una plaza mayor o plaza de armas. Esta última reunía autoridades españolas, autoridades de la iglesia y el mercado indígena. Así, se pretendía integrar a los conquistados a la economía colonial y facilitar las conversiones” (Ortiz,2015:349). En el siglo XIX aparecen nuevas centralidades, como las grandes tiendas de artículos de lujo, boutique y bulevares. Estas centralidades son lineales. Se descentralizaron los mercados populares y se intentó limitar el impacto de la ocupación de vendedores ambulantes, “se valorizó la estética urbana parisina” (Ortiz, 2015:350). Después de la revolución algunas construcciones de la colonia se valorizaron, como búsqueda de una identidad nacional. Su valorización fue a los monumentos en los que habían ocurridos hechos importantes más allá del trazado de las ciudades (Ortiz,2015). Finalmente Melé comprueba la teoría que sostiene que las políticas públicas federales que aplican en los centros históricos son la manera en que el Estado controla estos territorios, a los cuales se les puede sacar beneficio. En América Latina, los centros históricos han concentrado durante siglos la diversidad de expresiones arquitectónicas, artísticas y culturales que cada sociedad produjo a lo largo de su historia (Ávila, 2018). 37 Más allá de estos usos tradicionales, también ahí se han concentrado las principales funciones y servicios de la ciudad, destacando el religioso, el político y el comercial. Este último atributo es heredado a los centros históricos desde su fundación en el periodo colonial, de modo que, a pesar de sus transformaciones, su labor como espacios de reproducción económica, centros de consumo o intercambio mercantil ha logrado extenderse hasta el presente manteniendo fuertes vínculos y continuidades con la sociedad actual (Ávila, 2018). En la actualidad, el comercio informal o ambulante sigue participando de manera natural en los centros históricos. 8. El comercio ambulante y el tianguis. “El comercio ambulante se encuentra profundamente enraizado en la historia de la económica de los pueblos” (Mendoza, García, 1994: 12 Visto en García, 2001:15) “la actividad del comercio ambulante es tan antigua como la historia de la urbe” (Contreras, Victoria: 1988:1 visto en García,2001:15). El comercio ambulante se enmarca en formas históricas de realizar intercambios que no tienen espacio específico destinado de manera directa por las normas económicas y socioculturales (García,2001). Desde su origen el comercio ambulante surge de forma natural por la necesidad humana de satisfacer sus necesidades, sin que nunca se haya dotado explícitamente un lugar para su realización en ninguna parte de las ciudades. Enfocándose primordialmente a las actividades comerciales parcialmente reglamentadas realizadas en espacios de uso público distintos de los mercados públicos, como calles y parques, núcleo básico del comercio ambulante. 38 “El “comercio ambulante”, se refiere estrictamente a “las actividades de venta en el espacio público por medio de un puesto fijo, semifijo, móvil o sin puesto” (Ávila, 2018: 2). El neoliberalismo ha significado altas tasas de desempleo y el consecuente deterioro y precarización de las condiciones materiales de vida de amplios sectores de la población. De tal manera que a partir de la década de los 80, la denominada economía informal comenzó a consolidarse como un sector refugio con la capacidad de brindar alternativas de subsistencia a los miles de desempleados que aparecían de forma masiva como efecto de la desindustrialización y de la consecuente incapacidad del aparato productivo incorporado a la economía formal de proporcionar empleos estables y bien remunerados (Ávila, 2018). Así se dibuja la red de relaciones económicas que en el caso de los vendedores ambulantes parece trascender por mucho el ámbito de lo estrictamente local. Su presencia es también una expresión de lo global, y particularmente de las transformaciones del mercado laboral y la marginalidad social que ha acarreado consigo el neoliberalismo (Ávila, 2018). Existen dos corrientes en la antropología urbana para observar el comercio informal o ambulante en la vía pública, una que lo ve como una crisis de las ciudades posmodernas y otra que las ve como una manifestación de la pluralidad que existe en las ciudades. La primera ve al comercio informal como una apropiación del espacio público por particulares con fines personales, que privan el uso del espacio público por todos los habitantes de la ciudad. Por la otra parte se ve el comercio informal como una manifestación de los habitantes de la ciudad que hacen uso del espacio público y lo comparten, ayudando a crear una identidad (Silva, 2017). En el caso de Villa del Carbón, no se puede decir que los tianguistas no obtenían un beneficio personal del uso del espacio público patrimonial, pero con base en las opiniones de los visitantes de la plaza, el comercio en ese sitio si era un generador de identidad y de convivencia. 39 Yo considero que el tianguis es una tradición heredada de culturas prehispánicas y en nuestros días sigue siendo muy importante. Ir al tianguis, para los mexicanos es un verbo. Hay uno cerca en todas las colonias y acuden a él gente de todos los niveles adquisitivos. Constituye en estos días una de las pocas formas en las que la comunidad se apropia del espacio público y lo comparte. “El tianquiztli, la forma de mercado de los aztecas abre el recorrido histórico del comercio ambulante. Los sujetos comerciales que se pueden aproximar a la concepción de comerciantes ambulantes son los nauhaloztomeca y los pochtecatlaloque en sus funciones de traficantes del comercio exterior del imperio azteca y como buscadores de mercados fuera de la ciudad capital azteca” (García, 2001: 19). Páscale Villegas en su artículo “Del tianguis prehispánico a lo colonial: lugar de intercambio y predicación (siglo XVI)” describe cómo los conquistadores no ocultaron su asombro cuando conocieron el tianguis de Tlatelolco, en el que ellos calcularon de 40.000 a 60.000 personas. Páscale retoma las descripciones hechas por Hernán Cortés en sus cartas de relación en las que menciona el asombro que le causó la cantidad de mercancías que se encontraba en los tianguis y su gran organización. Había métodos de intercambio complejos y justos y los robos y abusos eran sancionados. “Se podían encontrar en él animales vivos y muertos, así como piedras preciosas y metales (oro, plata, cobre). Allí se realizaba el trueque, pero también se utilizaban algunas monedas, que servían para mediar el intercambio: por ejemplo, el cacao (que era distinto al que se usaban en algunas bebidas), el algodón (lienzos), el oro (en grano o en polvo), el estaño y el cobre” (Bustamante, Rappo y Temple, 2016 :2). Páscale relata, basado en los documentos históricos, que, al asentarse los españoles en la capital de la Nueva España, el mercado de la plaza central de la 40 ciudad de México destronó al mercado de Tlatelolco de la vieja Tenochtitlan como el más grande de Mesoamérica. Sin embargo, en toda la ciudad se instalaban tianguis. Había mercado todos los días, pero el mayor y el general era cada 5 días. Los lugares poco distantes entre sí tenían este célebre mercado o feria en distintos días para no perjudicar el uno con el otro (Bustamante, Rappo y Temple, 2016). Los tianguis son una de las pocas cosas que sobrevivieron la conquista y en la época colonial fueron determinantes. Fue en los espacios en donde se instalaban los tianguis, en donde los españoles comenzaron a predicar su evangelio, por la cantidad de gente reunida en estos lugares. Además, muchas iglesias fueron construidas al lado de los tianguis para que los sacerdotes pudieran estar cerca de la gente (Villegas, 2010). Así fue como en las ciudades de las colonias de la Nueva España el mercado se colocaba cerca de las iglesias o catedrales, generalmente en el atrio y alrededor de una fuente o quiosco (Villegas, 2010). Esa organización sigue siendo la que se encuentra en centros históricos y plazas centrales de pueblos y ciudades de México. Aún en nuestros días es común que los fines de semana los tianguis se instalen en las plazas que están fuera de las iglesias centrales de los pueblos. Los tianguis significaron una forma de inserción al mercado de los productos de los campesinos que llegaban a estos mercados a vender e intercambiar los sobrantes de sus producciones .”Los mercados indígenas han cumplido, desde su inserción en la economía colonial, dos funciones principales: a) lanzar a la circulación en un ámbito regional productos que han sido producidos en el contexto de una economía campesina, no necesariamente mercantil; b) proveer a los individuos y sus comunidades de productos manufacturados, producidos con fines específicamente mercantiles; esto es, que han sido elaborados con el objetivo de obtener ganancias monetarias a través del intercambio” ( Villela 2013:77). 41 En la actualidad “con las transformaciones de la vida social, del crecimiento de las ciudades y sus demandas, los tianguis han cambiado sus caras remembrando sus raíces históricas. En una de estas evoluciones, la palabra tianguis actualmente se utiliza para nombrar a los mercados locales que se realizan de manera itinerante en un espacio geográfico específico, con cierta temporalidad y sin mantenerse fijos, en los cuales se comercializan diversos productos, alimentos (locales o no), productos manufacturado etc. “(Bustamante, Rappo y Temple, 2016 :2). Los tianguis ofrecen así dos oportunidades dentro de la evolución del modelo alimentario mexicano. La primera es la de ser una opción de abastecimiento alimentario en poblaciones urbanas, ofertando productos locales con valores ecológicos que disminuyen externalidades negativas sobre la salud o el medio ambiente del modelo consumo agroindustrial dominante actual. La segunda, por su parte, es la de diversificar los ingresos de pequeños productores locales, agrícolas y/o artesanales e incluso urbanos (Rastoin et al., 2010; Reardon et al., 2012). Hoy en día los tianguis son una forma en la que muchas familias obtienen su sustento. Los tianguis representan una importante derrama económica y una forma de auto empleo. Su forma de regulación, por los motivos que sean, los libra de pagar altos impuestos. Esto provoca que los tianguis no gocen del visto bueno de las autoridades en la mayoría de los casos, pero siguen existiendo a pesar de los intentos por desaparecerlos. Quizá por la legitimación que obtienen de los clientes que acuden a ellos, que no son pocos. A lo largo del tiempo diferentes dirigentes han intentado liberar los espacios públicos de estos mercados ambulantes. Les han construido mercados fijos, han usado la fuerza pública para desalojarlos, sin embargo, “la situación sigue siendo similar. Las personas siguen siendo desalojadas de sus pequeños negocios, pero no desaparecen los espacios, donde los ¨marchantes¨ además de comprar, lo 42 convierten en un lugar de convivencia donde los vecinos se encuentran e intercambian las novedades de la semana. Los mercados establecidos y ambulantes han cambiado un poco de forma, pero no de esencia” (Delgadillo M, 2017). Como ya se mencionó, en México los tianguis son tradición y están antes de la existencia de este país como Estado- nación y sus instituciones. Es importante mencionar que ahora se han convertido en lugares en los que se compran y venden mercancía robada o ilegal y eso ha deteriorado mucho su esencia. Además de que ahora la mayoría de los puestos son de mercancía que compra el comerciante y la revende, es decir hay intermediarismo. El tianguis funcionó como método para insertar al mercado la mercancía de productores pequeños que vendían sus sobrantes para cambiarlos por otros productos. Ahora el intermediarismo ha cambiado el motivo sustancial de los tianguis. (Delgadillo, M 2017) Pero esto no quiere decir que en los tianguis actuales no sigan existiendo comerciantes que acuden a vender su producción, ya sea agrícola o artesanal. El comercio informal siempre va a estar relacionado a los espacios públicos porque a diferencia de otras actividades pertenecientes al sector informal como la maquila domiciliaria o la prestación de servicios personales, el comercio en vía pública es una actividad que se desenvuelve en los espacios urbanos considerados públicos (Silva 2007). El espacio público va a estar siempre en disputa por grupos sociales que querrán hacer uso de él para satisfacer sus intereses. Es por este motivo que en el espacio público se están dando constantes procesos de apropiación y exclusión. 9. Programa Pueblos Mágicos. El objetivo general del PPM es “fomentar el desarrollo sustentable de las localidades poseedoras de atributos de singularidad, carácter y autenticidad a través de la puesta en valor de sus atractivos, representados por una marca de exclusividad y 43 prestigio teniendo como referencia las motivaciones y necesidades del viajero actual” (Sectur, 2014). Según la secretaria de turismo un pueblo mágico es “Un pueblo que a través del tiempo y ante la modernidad, ha conservado, valorado y defendido, su herencia histórica, cultural y natural; y la manifiesta en diversas expresiones a través de su patrimonio tangible e intangible” (Sectur,2014). En los diez objetivos específicos del PPM se buscan ofrecer actividades turísticas en contacto con la naturaleza y combinarlas con actividades culturales. Pero se entiende explícitamente su meta de generar mercancías turísticas que generen ganancias: “• Estructurar una oferta turística complementaria y diversificada hacia el mercado, basada fundamentalmente en los atributos histórico – culturales y naturales de las localidades. • Aprovechar la singularidad de las localidades para la generación e innovación de los productos turísticos para diversos segmentos. • Provocar un mayor gasto en beneficio de la comunidad receptora. • Alcanzar la excelencia de los servicios turísticos de las localidades. • Profesionalizar el factor humano de las localidades. • Fomentar la inversión de los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) y del sector privado. • Fortalecer la propuesta turística de México. • Impulsar la consolidación de destinos en crecimiento. • Apoyar la reconversión de las localidades maduras. • Constituir al turismo como una herramienta de desarrollo sustentable de las localidades incorporadas al Programa”. (Sectur,2014) 44 Para que una comunidad forme parte del PPM además de cumplir el requisito de la ¨magia¨ que le otorga poseer algún elemento auténtico, debe cumplir un proceso de incorporación. Son los pobladores del pueblo los que deben pedir a las autoridades municipales y estatales enviar la solicitud de incorporación. Por ende, será necesario que la localidad forme un Comité de Pueblo Mágico que será el medio de comunicación entre la sociedad y las autoridades. Son las autoridades municipales y estatales las que deben solicitar a las estancias federales la incorporación al programa. Además, deben comprometer una aportación económica durante mínimo tres años (Sectur, 2017). Para asignar este presupuesto, será importante contar con un instrumento de planeación que considere el desarrollo turístico de la región como una prioridad para el crecimiento del municipio. Para ello la localidad debe tener un programa de desarrollo turístico municipal, un reglamento de imagen urbana y plan de manejo en función del PPM y un programa de reordenamiento y de comercio semifijo y/o ambulante. Así mismo la localidad debe tener una oferta de servicios y atractivos y contar al menos con un atractivo turístico simbólico que lo diferencia de las otras regiones del Estado, o incluso del país (Sectur, 2009 visto en González y Sánchez 2016). Después de enviar la solicitud de incorporación al Programa Pueblo Mágico por parte de las autoridades municipales y estatales a la Secretaría de Turismo, se realiza una visita de valoración por parte del personal de la Dirección de productos turísticos y/o el Dirección general de programas regionales para analizar la potencialidad de la localidad candidata a incorporarse al PPM. 45 Los criterios que debe cumplir la localidad son calificados por las autoridades federales. Si cumple con dichos criterios, la localidad solicitante deberá iniciar la integración del expediente. Debe seguir los criterios de incorporación al Programa Pueblos Mágicos que se exponen en la guía de incorporación al PPM. Cuando las autoridades federales consideran que el expediente cumple con todos los criterios de incorporación, es otorgada la denominación de Pueblo Mágico. 10. Exclusión y despojo del espacio público patrimonial El neoliberalismo trajo con él proyectos de revalorización y reconversión del espacio público patrimonial, como el PPM. Estos proyectos pueden terminar siendo instrumentos para el desplazamiento y desalojo de los habitantes de estratos bajos y para que los espacios públicos patrimoniales sean explotados por inversionistas. El espacio público patrimonial, como las plazas centrales, terminan siendo para el beneficio de los comercios que rodean la plaza y los turistas y clientes con la capacidad de consumir en dichos establecimientos. Los espacios públicos construidos por lo colectivo, incluyendo a los comerciantes informales o ambulantes, fueron sometidos a modificaciones que solo benefician a un grupo selecto de personas. A continuación, se mencionan algunas formas de explicar y entender la exclusión y despojo de espacios públicos con algunos estudios de casos hechos por distintos investigadores. Esperanza Duarte Flores hizo una investigación en el pueblo mágico de Cuitzeo titulada “Cuitzeo, Michoacán La desapropiación social del patrimonio y espacio público”. La información encontrada en este texto sirve para explicar de qué se habla cuando se refiere al “imaginario” de la gente. También es un punto de vista para explicar los mecanismos de exclusión en el espacio público. 46 En esta investigación Duarte, sostiene que en Cuitzeo existió un “imaginario impuesto” usado para obtener el nombramiento de pueblo mágico y a partir de esta imposición se da la desapropiación del espacio público. Un imaginario impuesto y creado con una participación desigual de la población, es decir, una élite es la que determina los símbolos y valores contenidos en el espacio (Duarte, 2013). Ella usa el concepto de imaginario que parte de los estudios de Lacan sobre los tres registros de la experiencia humana: lo real, lo imaginario y lo simbólico. Estos registros parten de entender el concepto de sentido, el cual surge de la interpretación que le da el receptor al mensaje y no del contenido original, ya que las cargas simbólicas con las que se interpreta el mensaje nacen del receptor. El sentido en relación con el registro de lo real está fuera de la realidad. El sentido aparece cuando la realidad es interpretada y es a través de lo imaginario como el individuo interpreta la realidad. En lo imaginario se encuentra la carga simbólica con la que se le dan sentido a las cosas. Los símbolos es la manera en que expresamos la interpretación de la realidad- lo imaginario- y la forma en que se convierte en texto, mensaje o cualquier elemento que sea una creación cultural (Branstuein,2001:6 visto en Duarte,2015:167). Cada individuo crea sus propios imaginarios. Pero los imaginarios no sólo interpretan la realidad a través de los símbolos que contiene, sino que también la materializan. El espacio puede ser visto como un lienzo que está lleno de símbolos, significados y valores, asociados a las personas, los cuales pueden ser interpretados a través de los imaginarios (Duarte, 2015:168). Duarte dice que el imaginario puede ser estructurante de espacio. Además, también es a través del imaginario como el individuo concibe la relación entre “actor y “actor” y entre ‘actor `` y ''espacio``. A partir de estos referentes se materializa el espacio (Duarte,2015:168). 47 Después ella menciona que en esta carga simbólica de los individuos va implícita una dimensión política que es la que genera desigualdades. Esto es porque no todos los actores tienen la misma oportunidad e influencia en la participación política. “Respecto de la dimensión política de los imaginarios, Vergara (2007:110) plantea que al ser el imaginario un medio para explicar la realidad, en el que todos tienen posibilidad de participar, es entonces un espacio de disputa, de poder. Sobre ello se plantea la existencia de “imaginarios impuestos” que se caracterizan porque surgen de relaciones desiguales entre los actores que construyen y usan el espacio, se origina de la imposición de símbolos, valores, significados en la construcción material y simbólica del espacio, y se relacionan con la ausencia de procesos de participación bajo bases democráticas, a partir de las cuales se alcance un consenso sobre los símbolos, valores y significados que deben estar presentes en el espacio” (Duarte,2015:170). Finaliza con una reflexión en la que habla de una desapropiación del espacio generada por la ausencia de una participación social: “en la definición de valores y símbolos dados al espacio: los imaginarios conllevan una dimensión política que evidencia la participación desigual de los actores en la determinación de los valores y símbolos contenidos en el espacio, que son impuestos por medio de los imaginarios. La ausencia de participación social en la definición de los valores y símbolos contenidos en el espacio genera la desapropiación del espacio ya que no contiene cargas simbólicas con las cuales se identifiquen los actores” (Duarte,2015:170). Las élites se encargan de decidir qué símbolos determinan el espacio, claro que será bajo su conveniencia. Mientras que quienes no pertenecen a esas élites quedan excluidos de plasmar en el espacio su imaginario. Al no sentirse identificados con los símbolos plasmados en el espacio, no sienten que ese espacio sea suyo, sea propio. Duarte hace un análisis al PPM con este marco teórico que es muy valioso para mi investigación: 48 Cuando el PPM plantea “dar mantenimiento a la imagen urbana” se relaciona con la limpieza, que tiene un significado distinto para cada actor, según la posición que ocupe. Mientras para la elite y los presidentes municipales, implicaba la reubicación de los puestos ambulantes establecidos en la plaza central hacia lugares “dignos” y la regulación de determinadas actividades que pudieran ensuciar y dañar lo ya embellecido. Para los habitantes estas acciones se interpretaron como una afectación, en palabras mayores, como una manera de terminar con sus tradiciones, que disminuyeron la afluencia de los visitantes que compartían el gusto por el pueblo y afectaron a los comerciantes (Duarte,2015). “La intención de ocultar otras realidades de Cuitzeo, para alcanzar la imagen de “pueblo mágico”, se relaciona con un rechazo a la cotidianidad, a las formas de sustento económico, tradiciones y costumbres de los locales “(Duarte, 2015:176). Jaramillo utiliza los conceptos desarrollados por Bourdieu como herramienta para explicar el fenómeno de la lucha por el espacio La lucha por el espacio surge de reconocer que las prácticas sociales determinan el campo social al que pertenecen los individuos. La pertenencia a los campos sociales determina el interés en común por el cual se relacionan, buscando defender dichos intereses. Los comportamientos de los actores están determinados por el campo social que se relacionan, y las acciones y decisiones se tomarán en función de las posibilidades que éste les otorga. (Bourdieu, 1990 visto en Jaramillo, 2007) Mediante las interacciones sociales se recrean las representaciones que regulan y orientan las prácticas sociales. Las representaciones sociales crean sistemas de percepción, interpretación y acción, que se internalizan y se integran como formas subjetivas. Mediante estas formas las condiciones de existencia de cada grupo van imponiendo de forma inconsciente un modo de clasificar y experimentar lo real. Estas representaciones son adquiridas en forma de habitus: “Sistema de disposiciones adquiridas por aprendizaje implícito o explícito que funciona como un sistema de esquemas [schémes] generativos, es generador de estrategias que pueden ser objetivamente conformes con los intereses objetivos de 49 sus autores sin haber sido expresamente concebidas con este fin “(Bourdieu, 2000 Visto en Jaramillo, 2007:2). Los habitus son todas redes de interacciones sociales que se forman desde las representaciones e imaginarios que conducen a los individuos pertenecientes a un determinado campo social. El imaginario es el reflejo de cómo un grupo valora, concibe y clasifica su vida cotidiana, y cómo dan sentido a sus vivencias con base a lo que los rodea. Surge la disputa por el espacio cuando dos campos sociales buscan imponer su habitus para legitimar sus propósitos, en este caso el acceso al espacio (Jaramillo, 2007). Él usa este método para analizar el conflicto en el espacio de la alameda central de la CDMX. En el caso de Villa del Carbón los miembros del tianguis constituyen un campo social que desde sus “habitus”, desde hace mucho tiempo usaron la plaza central para la venta de su mercancía. Sin embargo, los promotores del PPM constituyen otro campo social con “habitus” diferentes que también buscan usar la plaza central para legitimar sus intereses. Víctor Delgadillo Polanco (2016) ha hecho investigaciones relacionadas a este suceso en distintas ocasiones. En su artículo “Ciudad de México, disputas por el patrimonio urbano y el espacio público” que habla sobre espacio público y patrimonios describe lo siguiente citando a diferentes autores: “... la actual concepción del espacio público como una ideología y una moda propia de los planificadores urbanos y gobiernos locales, quienes conciben este concepto como un espacio vacío que sirve a las construcciones y a los negocios que rodea, y que se “llena” de modo adecuado para los objetivos de los inversionistas y los gobiernos. Delgado demuestra que el espacio público es un concepto de uso reciente, utilizado fundamentalmente en los megaproyectos de reconversión urbana. Para él, este discurso sobre el espacio público sirve para la reapropiación capitalista de la ciudad que, bajo el argumento de la ciudadanía (cortés, consciente y bien portada), excluye y desplaza los comportamientos inapropiados de las clases bajas (vendedores ambulantes, indigentes, inmigrantes, prostitutas, sospechosos, etcétera). Por ello, las legislaciones y normativas “cívicas” a nombre de un “espacio para todos” pretenden ordenar y controlar el espacio público, y excluir los malos comportamientos. Se trata de ordenanzas del tipo de la 50 “cero tolerancias” que intentan construir un estado de excepción y excluir u ocultar la pobreza” (Delgado, 2011 visto en Delgadillo,2016 :143). En otro artículo del mismo Delgadillo (2009) titulado “Patrimonio urbano y turismo cultural en la Ciudad de México: Las chinampas de Xochimilco y el Centro Histórico” en el que toca el tema del turismo y cómo éste afecta las revalorizaciones del patrimonio, también acierta en la manera en que el turismo afecta a las comunidades locales y la forma en que son vistos por los impulsores de los programas turísticos. Distintas evidencias indican que varios programas de aprovechamiento turístico del patrimonio cultural y natural profundizan la inequidad y la desigualdad social; y que en algunos casos incluso se despoja de sus recursos naturales y culturales a las comunidades locales, quienes son vistas como obstáculo para el desarrollo del turismo (Castellanos y Machuca, 2008 visto en Delgadillo, 2009) Su análisis es oportuno para explicar lo que acontece en Villa del Carbón, donde es claro que la plaza central fue un despojo para los tianguistas desplazados. Además de que la gente que puede consumir los productos que se comercializan en dichos locales son de mayor ingreso que los que compran en un tianguis tradicional. Él explica también que el turismo no es una actividad para la que todos los sitios están preparados y al aparecer puede modificar la identidad de las localidades y, como ya se mencionó, las percepciones y usos de los espacios públicos: “El binomio turismo y patrimonio cultural es a menudo conflictivo. El turismo es una actividad creciente que incide en una ciudad con funciones y un tejido social que no fueron construidos para ello, por lo que se ha constituido en un gran desafío para autoridades y habitantes, y en un arma de dos filos. Por una parte, es una actividad que genera empleos y actividades económicas en la rama del alojamiento, el comercio de recuerdos y los alimentos; y puede incrementar el orgullo nacional y la autoestima de la población, y reforzar la identidad local. Por otra parte, constituye un riesgo: a) los 51 sitios patrimoniales carentes de infraestructura y de planes de manejo y gestión no están preparados para la sobreexplotación del bien cultural y para recibir cientos o miles de turistas; b) el patrimonio edificado se puede banalizar, museificar u homogeneizar, a través de los servicios que los turistas demandan o atraen: filiales de cadenas de comida rápida, hoteles y cafés, y c) los residentes de bajos ingresos y las actividades populares pueden ser desplazadas para destinar esos lugares para el consumo de actores con mayores ingresos. En este sentido, es evidente que el turismo dista mucho de ser una industria "sin chimeneas" o una actividad "no contaminante" (Delgadillo, 2009: 145). Estas afirmaciones de Delgadillo se acoplan a esta investigación de dos formas. La primera en lo que se refiere a la banalización y homogeneización del espacio público que, como se verá en el siguiente capítulo, la gente no percibe de la misma forma el espacio público con valor patrimonial que es la plaza central desde la entrada del PPM. El cambio de percepción es para mal porque se siente una pérdida de la esencia del pueblo. La segunda forma es, obviamente, cuando refiere al desplazamiento de residentes de bajos recursos, que es lo que pasó con los tianguistas y sus consumidores. Otra investigación la hacen Bonilla y Gómez (2015) en el centro histórico de Xalapa. Como se vio en el capítulo uno, los centros históricos son espacios peculiares que generan conflictos sociales por el privilegio de usarlos. Bonilla y Gómez dicen que, en México, con el afán de globalizar y globalizar sus centros urbanos, ha surgido en las últimas décadas un interés de sectores y grupos económicos fuertes por formar parte de la transformación y producción de centralidades urbanas históricas. En esta transformación hay una tendencia a mercantilizar el espacio urbano y traer nuevos residentes que desplazan a los sectores más populares y vulnerables. Por otra parte, se ha puesto mucho énfasis en los programas sociales dirigidos a la recuperación de los espacios públicos. Pero “la “recuperación de los centros 52 históricos” (Carrión, 2012) y/o el “rescate del espacio público” frecuentemente ha generado exclusión y desigualdad social para la población menos favorecida, al operar bajo una dinámica que capitaliza el suelo público para una minoría y descapitaliza de “ganancias” a la mayoría” (Bonilla y Gómez, 2015: 283) Como consecuencia, se ha dado el fenómeno de la gentrificación en la que se visibiliza el cambio radical sufrido en la zona histórica. No sólo se ha eliminado el vínculo entre el patrimonio y su historia pasado y presente, también se daña la cultura y al turismo se le muestra una realidad falsa (Rojas, 2012, p. 544 visto en Bonilla y Gómez, 2015) Bonilla y Gómez analizan el caso de Xalapa con el trabajo hecho por Duhau & Giglia (2008). Dicen que se identifica el centro histórico como un “espacio disputado “por la competencia que existe entre funciones, usos y percepciones. El centro se definió como un espacio público que es “objeto del deseo” que juegan un papel de encuentro para las personas, representación del imaginario y disputas sociales (Carrión, 2005 visto en Bonilla y Gómez, 2015).” Así, los centros históricos suelen considerarse como espacios de conflicto entre dos sectores poblaciones: un sector tradicional que vive en él y de él y un sector “moderno” que desea rehabilitarlo “(Hiernaux 2010, p. 39 visto en Bonilla y Gómez, 2015: 283). Al final un grupo social excluye y/o desplaza a otros, aumentan los conflictos y disminuye la