Recreación un caso de estudio La Ciudad de México 1930-1969 Humberto Rodríguez García Ma. de Lourdes Sandoval Martiñón ReRecreaciónun caso de estudio un Lca c a Ci rudeso daaced de Mióéxinco 19e3s0t-u19d6io9 Humberto Rodríguez García Ma. de Lourdes Sandoval Martiñón Departamento de Medio Ambiente para el Diseño UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA Dr. Luis Mier y Terán Casanueva Rector General Dr. Ricardo Solís Rosales Secretario General UNIDAD AZCAPOTZALCO Mtro. Víctor Sosa Godínez Rector de Unidad Mtro. Cristian Leriche Guzmán Secretario de Unidad M. en C. Héctor Schwabe Mayagoitia Director de la División de Ciencias y Artes para el Diseño Ing. Juan Manuel Nuche Cabrera Jefe del Departamento de Medio Ambiente para el Diseño Humberto Rodríguez García y Ma. de Lourdes Sandoval Martiñon Recreación-Un caso de estudio, la Ciudad de México de 1930-1969 Primera edición, 2002 ISBN: 970-654-963-3 D.R. © Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco División de Ciencias y Artes para el Diseño Av. San Pablo 180, Col. Reynosa Tamaulipas Del. Azcapotzalco 02200 México, D.F. Impreso en México. Printed in Mexico Portada y formación: Daniel Gallegos Cupil Viñetas: Claudia Montiel Romero Correción de estilo: Betty Ramírez Fuentes Para Yolanda, mi amor Para Humberto, Guillermo y María Bárbara, mis amores Para Pablo Emilio, María Daniela, Jordi Miguel, y Anna, mis pequeños amores HUMBERTO RODRÍGUEZ GARCÍA A Víctor, mi esposo A Diego Emilio, mi hijo A mis padres, hermanos y tíos A mis sobrinos MA. DE LOURDES SANDOVAL MARTIÑÓN C o n t e n i d o Agradecimientos 9 Prólogo 11 Prefacio 19 Capítulo 1. Ciudad de México, el país y sus antecedentes A. Introducción 43 B. Desarrollo en el tiempo 47 1. La Colonia 47 2. La Independencia 48 3. Entre la Reforma y la Revolución 57 4. El grito de la revolución 59 5. La Revolución 65 6. La Constitución de 1917 67 7. El periodo de ajustes y transición 76 8. Las distancias: en kilómetros, en objetivos, en metas 83 9. El despegue. Hacia el México moderno 86 Capítulo 2. Ciudad de México, corazón de la República A. Después de las tinieblas 95 B. Las formas de recreación: 1930-1969 96 1. Introducción 96 2. El juego 97 3. El juego, el objeto 104 4. El juego y el juguete 113 a. Las canicas 114 b. Los títeres 115 c. El trompo 118 d. Conclusiones 122 5. La historieta 123 6. Los medios de comunicación: eléctrica, mecánica y electrónica 127 a. Introducción 127 b. El radio 128 c. El cinematógrafo 135 d. La televisión 154 7. Las Bellas Artes 159 8. El Deporte 166 a. Introducción 166 b. El deporte en la Ciudad de México 168 c. La dimensión del deporte como forma de recreación a principios de 1930 169 d. El espacio para el deporte 179 Conclusiones 209 Comentarios 219 Bibliografía 227 Agradec imientos Para mi señor: mi fortaleza, la roca mía y castillo mío, mi libertador. Mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio SALMO 18:1-3 Para el Prof. Ramiro Aréchiga (†): mi gratitud permanente al otorgarme el apoyo sustantivo para descubrir el extraordinario mundo de la recreación Para el arquitecto Otto Papis (†): mi amado Otto. Cuánto te extraño y cuanto voy a extrañar tus excelentes comentarios críticos acerca del mundo que nos vinculó y que tanto nos unía: la recreación Para el M. en C. Héctor Schwabe, quien hizo posible esta edición Humberto Rodríguez García P r ó l o g o Dr. Carlos Vera Guardia* En momentos en que el empleo positivo del tiempo libre de los seres humanos de todas las edades, en especial jóvenes en for- mación y personas de la tercera edad, es una auténtica preocu- pación de la sociedad, la recreación como experiencia y/o acti- vidad para satisfacción del hombre, en libertad, es la respuesta más adecuada. Actualmente los servicios de recreación entendida esta en su aceptación más amplia, comprendiendo, desde el juego hasta el deporte profesional espectáculo; desde la actividad diaria hasta el turismo de temporada; desde el calzado hasta las vestimentas más sofisticadas; desde la recreación escolar hasta los spas de salud; es el sector en más rápido crecimiento y de mayor enver- gadura en los países industrializados, en que la población desti- na el 25% de sus ingresos anuales, en la búsqueda de satisfac- ción a través de ella. Por otra parte, no solamente los educadores o educadores físi- cos, sino también los sociólogos y los psicólogos investigan los efec- tos de la recreación en la vida y el desarrollo del hombre y de la sociedad, llegando a predecir que en el futuro, ésta nuestra época será considerada como la época de la recreación –leisure age. La obra: recreación, un caso de estudio, es un aporte significa- tivo a ese interés por la recreación, enfocado desde el punto de vista fundamental, de la necesidad y la búsqueda de un hombre nuevo en sus dimensiones de mente, cuerpo y espíritu. * Doctor en Filosofía en la Universidad de York, Inglaterra. En 1993, le fue otorgado un reconocimiento en el XVI Congreso Panamericano de Educación Física, Deporte y Re- creación en Quito, Ecuador. ICSSPE. Medalla de oro de honor. Berlín, Alemania. En 1979, obtuvo un reconocimiento especial por la Asamblea General de ICHPER, Tel Aviv, Israel. De 1987 a 1997, fue presidente de los Congresos Panamericanos de Educación Física, De- porte y Recreación. También fue presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Educación Física, Deporte y Recreación para el Estado de Zulia, Maracaibo, Venezuela de 1991 a 1993. En 1997, participó como miembro del Jurado Internacional de la Asocia- ción Internacional para el Deporte y la Recreación. Como deportista, en 1947 obtuvo la medalla de plata en salto triple en el Campeonato sudamericano de pista y campo en Río de Janeiro, Brasil, y años después, en 1985, obtuvo la medalla de oro en salto de longitud, medalla de plata en el salto triple y medalla de plata en salto de altura en el Campeonato mundial de pista y campo, cate- goría masters, efectuado en Roma, Italia. 11 El autor, con seriedad y profundidad, ha destinado años en un esfuerzo meritorio y bien logrado, a estudiar la recreación con este enfoque comprensivo y se remontó a la antigüedad para encontrar con justeza, la relación entre recreación y la na- turaleza humana, mostrando los vínculos con la ciudad y el es- pacio dentro de ella, que entonces en comparación con nues- tros días ocupaba un lugar más preponderante y una mayor pro- porción. Enseguida el estudio se vierte a México, empezando con la conquista y la colonia, estableciendo los vínculos entre libertad, religión, política y el hombre; y sus conquistas del tiempo libre a principios de siglo que cambió la relación temporal y social de la recreación. Con justeza el autor señala la importancia de algunos docu- mentos fundamentales de principios de siglo entre los cuales la Carta de Atenas, producto de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna, reconoce como uno de los cuatro facto- res principales de la ciudad y de la vida del hombre: la recrea- ción, junto con: habitar, trabajar y circular. En su estudio del México moderno, la obra señala esperan- zas en la libertad del hombre e incursiona con detalles en las formas de recreación entre los años 30 y los 60, a través del juego, las historietas, los medios de comunicación eléctricos, me- cánicos y electrónicos y las bellas artes. Señalando con cierto orgullo los logros alcanzados por los artistas nacionales en la época que aún son motivo de respeto y admiración nacional e internacional. En su análisis de los medios de comunicación el autor, ade- más de dar a conocer los intereses nacionales por sus artistas y sus expresiones a través de ellos, analiza muy bien las conse- cuencias de los hábitos recreacionales y la influencia en el se- dentarismo de parte importante de la población. El deporte merece un capítulo aparte por su influencia en la vida de las personas y como fenómeno social que culminaría una época, con la realización de los eventos de México 68, en mo- mentos de intranquilidad social y México 70. El análisis de los espacios e instalaciones para las diferentes manifestaciones desde el deporte diario en la comunidad has- ta los excelsos Juegos Olímpicos permite así mismo estudiar la evolución del reconocimiento a esta actividad como recrea- ción, que se convierte en obligación y profesión, pasando de participación de todos a espectáculos para los interesados. En fin, una obra de alto valor e interés que ciertamente mo- tivará positivamente a muchos dedicados a la recreación, al de- 12 porte, al desarrollo humano, a los valores importantes en la so- ciedad, ya que la búsqueda y la construcción del hombre nuevo como el autor lo reclama, es una necesidad y una responsabili- dad de todos. En momentos parece haber desesperanza en la búsqueda, lo que es natural ya que el autor en su camino encontró esperan- zas en documentos, legislaciones y propuestas que lamentable- mente no se han materializado positivamente por razones so- cio-económicas, pero principalmente culturales. El propio hombre parece no estar totalmente consciente de sus verdaderas necesidades y se deja llevar, con frecuencia, por sus in- tereses del momento, influenciados por los medios de comunica- ción y su realidad ambiental inmediata y como consecuencia no exige de su sociedad los medios y programas para satisfacción y desarrollo humano integral. Exigencias que deben tener caracteres particulares en los países de desarrollo, en que un alto porcentaje de la población no puede pagar por servicios o instalaciones y que en las gran- des metrópolis suelen ser particularmente difíciles de obtener para las necesidades de todos. El autor, arquitecto Humberto Rodríguez García, hace con su obra: Recreación, un caso de estudio; una contribución impor- tante al estudio de la recreación, como derecho fundamental del hombre reconocido por la Naciones Unidas y como factor de desarrollo de un hombre satisfecho de vivir, capaz de ser un mejor padre, un ciudadano ejemplar y cabeza de una familia bien constituida. La arquitectura que es el continente en que vivimos, debe ser un factor importante en la posibilidad de la recreación en respuesta a las necesidades humanas más importantes, en rela- ción con su ambiente que debe amar y respetar. Por ello el he- cho que un arquitecto haya emprendido la tarea de estudiar el tema con dedicación y verdadero cariño es un paso más hacia la interdisciplinaridad necesaria para que la recreación llegue a ser el factor de desarrollo y de bienestar físico, social y emocional del hombre. Confío en que el ejemplo del autor llevará a otros profesio- nales mexicanos, de la educación, la sociología, la psicología, la actividad física, el ambiente y la salud, a unirse en torno a la causa del mejoramiento del hombre a través de la recreación y establecerá las bases para un amplio campo de investigación y variados temas de enseñanza a nivel superior. 13 P r ó l o g o Víctor Manuel Ortiz** El hombre es una criatura que No sólo trabaja y piensa, sino que canta, Baila, reza, cuenta historias y festeja. HARVEY Cox (Las fiestas de los locos) No es frecuente encontrarse, en el caso mexicano, con arquitec- tos que elijan, para su tema de estudio e investigación, la recrea- ción que, como es evidente, involucra todo aquello que tiene que ver con la diversión, con lo placentero, con lo festivo, con el juego y, en última instancia con lo lúdico, con la felicidad y con la expresión gestual más contundente de tales experiencias: la risa. Humberto Rodríguez ha decidido hacerlo y proporciona, con ello, un material riquísimo para una exploración que, cuan- do se ha llegado a hacer en nuestro país, ha sido realizada más bien desde las ópticas del antropólogo o del sociólogo, lo que excluye, en general, los énfasis en la relación espacial, la concre- ción material, física, que la recreación requiere para que pueda ocurrir en un lugar determinado, en un tiempo específico y con una atmósfera particular. Como en el cuento de Alicia en el país de las maravillas, Hum- berto nos transporta a ese mundo mágico en el que, no sólo acu- de a la historia, sino a un material poco manejado entre nuestros investigadores universitarios y que supone la referencia insustitui- ble de los propios recuerdos: de los sitios que en un determinado momento de la vida propia, y de la vida de su ciudad, contaron como verdaderos espacios existenciales. Nos hace pasar, con él, del otro lado del espejo, allá donde, por la rendija diminuta, se vislumbra el jardín de delicias más maravilloso que pudiera imagi- narse y que él ya probó alguna vez. Relato, pero también testimo- nio. Reflexión e historia de vida. Se asume en este trabajo, a cabalidad, que una de las nece- sidades básicas del ser humano es tener la experiencia de situa- ciones vivenciales significativas y que una de las razones del jue- ** Es profesor de tiempo completo de la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Xochimilco en la Ciudad de México, D.F. En 1990 obtuvo el Premio Nacional otorgado por la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana por la Casa Ortíz Maciel; fue seleccionado para ser incluido en el libro La casa en la arquitectura mexicana. Ha publicado los siguientes libros: La Casa. Una aproximación, UAM-X, 1984; El Barrio bravo de Madrigal, (Premio Nacional “Francisco de la Maza” del INAH, 1989), El Colegio de Michoacán, 1990; y Pueblo en vilo, la fuerza de la costumbre. El Colegio de Jalisco. El Colegio de México, 1994. 14 go, como de la recreación en general, a semejanza del arte, es, como bien ha señalado Umberto Eco, la posibilidad de poten- ciar la vida, vivir realidades simultáneas, olvidarnos por momen- tos de la conciencia abrumadora de la desventura cotidiana, del dolor y de la muerte. Sólo los hombres, entre todos los seres vivos, sabemos que moriremos, pero sólo nosotros sabemos reír, y a este aspecto fundamental del comportamiento humano se dedica este texto de Humberto que toma a la recreación, en su relación con la arquitectura, como un caso apasionante de estudio. La risa, aun- que parezca lo contrario, aunque se entienda como algo banal y superficial es, en su sentido profundo, una manera de luchar contra la continua vulnerabilidad de la existencia: es poder, aun- que sea efímeramente, salir del drama: es un modo de proteger- nos de la esencia abrumadora del dolor y de la muerte. Las conductas se comprenden a partir de su sentido. La suspensión de la seriedad convencional, que va aparejada al momento del recreo y del juego, supone, como en toda crea- ción que de verdad lo sea, la invención de una realidad otra, deseada como más intensa, como menos opaca. Se lucha, se protesta contra una realidad con muchos defectos, pero tam- bién contra la soledad: el espacio donde los divertimentos ocu- rren está acotado, además de por las dimensiones, por la co- munidad de los presentes, por los miembros de una cultura que construyen ladrillo a ladrillo una tradición. Es casi inimagi- nable que el juego pueda ocurrir en torres de marfil o en ermi- tas cerradas al mundo. La diversión obliga a pensar en actos comunitarios, en gozosas complicidades compartidas. El pre- sente texto, resultado de una investigación minuciosa, confir- ma que si la civilización contemporánea galopa hacia el indivi- dualismo aislante, el ser humano debe recuperarse a sí mismo buscando el encuentro del otro, reconstruyendo el sentido de lo público y lo compartido. Todos sabemos que urge revertir la connotación de miedo y de inhabitabilidad que ahora padecen las ciudades mexicanas. Los espacios del horror, los recorridos cotidianos de la incerti- dumbre, deben transmutarse en los sitios para re-crear el mun- do. Sólo así se vuelve significativo el entorno edificado: si se lo- gra que la mitología que acompaña a la fiesta se empalme con la utopía que la sustenta, y que una megalópolis como la que aquí padecemos, ahora informe y rígidamente codificada, rescate su sentido de gran teatro exhuberante: de espectáculo que enno- blece y vuelve poético el hecho de habitarla, a pesar de sus con- tradicciones y complejidades. 15 He citado antes a la Alicia de Lewis Carroll y es que ella, como en todo juego que de verdad lo sea, puede pretender no sólo vivir otra realidad, sino transformarse ella misma, de verdad, en otra. Juego-capullo. Juego de las metamorfosis. Juego regenera- dor de ojos rosados, en lugar de lamentarse, advierte: De nada les servirá que metan sus cabezas por el pozo y me digan, “sube acá arriba cariño”, me limitaré a mirar hacia arriba y a replicar, “a ver, ¿quién soy?” “decidme eso primero y luego, si me gusta serlo, subiré, y si no me quedaré acá abajo hasta que sea otra persona que me guste más…” Juego de máscaras, pero juego también de personalidades. Cambio de piel: el tiempo ordinario desgasta, el del recreo rejuvenece. Como pasa con el niño, Humberto nos ayuda a rescatar el he- cho de que lo lúdico es lanzar puentes entre la fantasía y la realidad a través de la eficacia mágica de la propia líbido. A la manera de la fiesta, toda la recreación lleva aparejada una nueva propuesta de cotidianidad: se construye el modelo alternativo con un sis- tema de símbolos por el simple hecho de que el recreo, organi- zado en deportes, en juegos o en espectáculos, requiere de re- glas que significan un universo creado por la fantasía con nue- vos códigos, nuevas distancias y, por supuesto, nuevas realida- des. Nada tan tristemente conmovedor como ese pueblo, des- crito magistralmente por Agustín Yañez en Al filo del Agua, que vive en perpetua cuaresma, en el luto desgarrador de un pueblo sin fiestas. Julio Cortázar recuerda, incrédulo, cómo a los once años le prestó a un amigo su copia muy querida de El secreto de Wilhelm Storitz, de Julio Verne, donde el extraordinario fabulista francés proponía, como siempre, una realidad nada semejante a la coti- diana. Cortázar, el “cronopio” ya en ciernes, intentaba compar- tir con el condiscípulo su tesoro, el deslumbramiento que a él le había provocado la lectura. Pero la reacción del compañero fue la otra, la inesperada: la incomprensión, el rechazo. Y Julio se lamenta: Mi amigo me devolvió el libro: “No lo terminé, es dema- siado fantástico”. Jamás renunciaré a la sorpresa escandalizada de ese minuto. ¿Fantástica, la invisibilidad de un hombre? Entonces, ¿sólo en el fútbol, en el café con leche, en las primeras confidencias sexuales podíamos encontrarnos? Humberto Rodríguez se toma el trabajo, en este texto, de hacernos un recuento no sólo de sus vivencias infantiles, sino de la trayectoria histórica del sentido y de las formas, de las variadas sintaxis que ha tenido la recreación a través de las distintas épocas y culturas. Desde los primitivos hasta nuestros días. Nunca pier- de de vista su esperanza de contribuir, con su visión que es en sí 16 misma una propuesta, a la construcción simultánea de una ciu- dad nueva y un hombre nuevo. De hecho, su reflexión histori- cista se apoya en su convencimiento de que en los pueblos más diversos ha habido esa búsqueda. No trata de inventar el hilo negro, pero si nos recuerda que lo festivo ha sido posible en todas las épocas y que de esa actitud lúdica nace el sentido del existir. Advierte, con su recuento y su reflexión, que la pérdida de la capacidad festiva tiene profundas consecuencias negativas en la medida en que encierra al hombre en su reducto animal. Rememora, en síntesis, que el recreo es diferente a la simple diversión: el hombre, saturado de alienación, busca en la dis- tracción un olvido. El otro, el que aún siendo urbano rescata de las culturas rurales el sentido de la fiesta, convierte al recreo, en cualesquiera de sus modalidades, en un canto a la vida, en poe- sía encarnada en la vida cotidiana. En Tlalpan, el 11 de enero del año 2000. 17 P refac io No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo. JN. 3:7 Recreación: palabra misteriosa, concepto maravilloso. Una de las característica que se da sólo en el homo sapiens, es su interés por el desarrollo y evolución del mismo y en sus avances en primer lugar en su relación con la naturaleza, luego con la ciencia y tecnología. Indudablemente que el trabajo le es muy gratificante, pero le es necesario tiempos de recreación, de abstraerse de las faenas rutinarias, este tiempo le será útil para recobrar bríos, reencontrarse en su cuerpo con el hombre inter- no, capaz de reflexionar con la mente clara; sin distracción, tiem- po de palpar su grado de espiritualidad, todo esto se logra sólo en los momentos de ocio. El hombre nuevo: nuevo en su cuerpo, en su mente y espíritu. El anhelo del hombre a través de los siglos y en el caminar del tiempo y sobre todo en el momento actual; ha sido una búsqueda incesante del momento extraordinario, que trascien- de en sus propósitos, objetivos, pensamientos y aún más, en su entendimiento, hasta llevarlo a lo sobrenatural, a la perfección, es a lo que aspira el género humano. Estadio Olímpico. Munich, Alemania Federal Museo Guggenheim. Nueva York, EUA Frei Otto, Behnish, 1972. Frank Lloyd Wright, 1960. (Las cien maravillas, t. 12, 1981:157).* (Las cien maravillas, t. 5, 1981:157). Nuevo en su cuerpo. Nuevo en su mente. Iglesia de Taivallahti. Helsinki Finlandia Timo y Tuomo Suomalainen, 1969. * Estas citas corresponden sólo a las fotografías e (Las cien maravillas, t. 5, 1981:148). ilustraciones y su bibliografía se encuentra al final de la obra. Nuevo en su espíritu. 19 Bien sabemos que desde hace miles de años, religiones, re- yes, gobernantes, líderes de diferentes tendencias o simples hom- bres, han dejado por escrito o bien pregonado su propósito úni- co y sustantivo de hacer posible el hombre nuevo, de lograr la recreación del ser humano. En el transcurrir de los años, pero sobre todo en el siglo XX; grandes pensadores han sido atraídos por esta inquietud, por esta filosofía, de recreación para alivio del trabajo y volcar toda su inte- ligencia y talento hacia el desarrollo y elaboración de profundos y significativos estudios acerca del gozo del cuerpo, de la mente y del espíritu, cuya conjunción se manifestará en el estado integral del hombre. Sin embargo, es evidente, y así debemos comprenderlo; que esta condición de privilegio del hombre no sale a flote durante el tiempo dedicado al trabajo remunerativo –el tiem- po del negocio– esto es, el dedicado a los bienes materiales cuyo carácter principal y desarrollo es una contraposición al tiempo del ocio. Durante este tiempo libre, consagrado a aquellas ocupa- ciones en las que el hombre, cualquiera que sea su edad o sexo, condición económica, credo o raza, es cuando se desa- rrolla con libertad, lleno de dignidad y alegría, alcanzando así la plenitud. Esta búsqueda incesante, extraordinaria, ideal de conseguir ser un individuo digno; un hombre nuevo, obliga a detenerse y hacer una introspección acerca de cuál es el horizonte científico, cultural, físico, social y ecológico del mismo no debemos desco- nocer, cerrar el entendimiento o simplemente ignora la impor- tancia trascendental, que es el desenvolvimiento del ser. La re- creación es una actividad sustantiva, cuya relevancia queda com- prendida en el articulado de la Declaración universal de los dere- chos del hombre que en una de sus partes dice así: “Toda perso- na tiene derecho al descanso y el ocio y especialmente a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones pagadas” […] ”toda persona tiene el derecho de participar li- bremente de la vida cultural de la comunidad, de gozar de las artes y participar del progreso científico y de los beneficios que de él resulten”. Con esta declaración se manifiesta de hecho: el derecho a la libertad, a la felicidad, el derecho a la recreación. Toda esta teoría, condición y búsqueda ideal; contrasta, como caso real y verdadero, en lo que solemos ver en nuestro caminar cotidiano por la Ciudad de México, y por extensión, tal vez ya no volvamos a disfrutar de la ciudad por la mancha 20 conurbada que rodea a ésta. El ecosistema cultural más gran- de del mundo, a la que a diario y a cada momento se le van integrando nuevos elementos: hombres, mujeres, niños, jó- venes, adultos y ancianos; vehículos, industrias, comercios, oficinas, calles, avenidas, casas, etc., cuya participación e in- tegración provoca un sistema ecológico humano en constan- te movimiento. Esta carencia de tranquilidad por el incesante cambio, se torna cruel se eleva la miseria, el vicio, la mentira y la corrup- ción, mismas que se han enseñoreado de tal forma, que pare- ciera ser que no hay manera de soslayarse de ella. Los planes y programas oficiales, generalmente dirigen sus contenidos con un propósito eminentemente político y demagógico, manifes- tándose un contraste radical entre la intención y la realidad, siempre hacia el tiempo consagrado al trabajo remunerativo, esto es, al neg-ocio. Y es cuando nos preguntamos, ¿a quién le interesa hoy, cómo debe ser el hombre de la futura sociedad?, desafortu- nadamente concluimos sin temor a equivocarnos, que a na- die o casi a nadie. En nuestro idealismo nos resistimos a acep- tar como un hecho casi consumado que hay grupos, perso- nas y organizaciones a quienes sí les interesa cómo debe ser este hombre del futuro; un ser sin pensamiento, ni criterio, lleno de desaliento y sujeto al engaño sin saberse engañado; inmerso en la corrupción sin saberse corrupto. Prueba de esto y tomando en cuenta una sola variable como es la televisión, en esta aparente libertad nuestra, la recreación –el tiempo La televisión, un medio de formación y del ocio– ha sido manipulada, distorsionada, llena de perver- distracción “pasivo”. (Enciclopedia de la mujer, vol. 6, 1973:161). sidad en aras del lucro; asestando al hombre, principalmente al individuo de la ciudad, en lo más profundo de su ser; en el alma misma. Conforme a lo anterior, debemos de comprender que la pro- blemática de este gran ecosistema no es un problema de tama- ño, de industrialización o de modernización sino de principios, de honestidad y veracidad; de propósitos, cuyo continente sea la limpieza de acciones para dar cabida; con los riesgos que esto pudiera propiciar –un cambio físico, mental y espiritual del hom- bre– a una actividad sustantiva del ser humano: la recreación en su sentido amplio e intenso, y de cuya ignorancia conceptual dan respuesta los contenidos de los planes y programas de de- sarrollo del gobierno. Este desconocimiento es una agresión al habitante de la ciudad, al hombre metropolitano en la integral conformación de su ser: el hombre físico, el hombre mental, el hombre espiritual. 21 Desarrollo en el tiempo Es en la ciudad de Ur de los caldeos, en la Mesopotamia, y más propiamente en Al´Úbaid, lugar que se localiza a unos 6 km de ésta, en donde fueron encontrados “gran cantidad de objetos de alfarería fina hechos a mano y pintados, así como notables restos de decoración arquitectónica primitiva”.1 Las ruinas y objetos encontrados en Al´Úbaid datan de una fecha mayor a los 3,500 años a. C., por lo tanto, estamos ha- blando de edificaciones y objetos elaborados hace más de 5,500 años, en los cuales observamos con singular interés, el que den- tro de los descubrimientos realizados –alfarería fina hecha a mano y pintada, así como notables restos de decoración arquitectóni- ca primitiva– es evidente e incuestionable que son manifestacio- nes cuyo carácter principal tiene un fondo eminentemente re- creativo. Esto denota como caso innegable, que la presencia artístico- recreativa; es inherente al hombre desde su origen mismo, de tal manera que estamos seguros que el impulso a pintar que movió a los hombres de múltiples regiones del planeta hace tan- tos años, puede encontrarse en el estímulo que en sus sentidos fue producido por la dinámica y el desarrollo de las costumbres, tradiciones e ideologías ¿qué otro estímulo diferente a la recrea- ción –en su manifestación más pura– puede provocar esta pre- sencia tan significativa? [...] parece improbable que una cosa tan original, tan extraña, tan mágica, exponente de un progreso intelectual como el arte, se originase en cualquier otra esfera que no fuese la de una revolu- ción moral. [...] No cabe duda que la pintura prehistórica se ejecutó para ser uti- lizada, y que se utilizó para un fin determinado, se ha dicho que la religión es en su origen una técnica para obtener éxito.2 Es así como el hombre primitivo, el que la ciencia denomi- na como el hombre de la era paleolítica, muestra a través de una iconografía que se presenta con extraordinaria belleza y talento, tal como se observa en las múltiples y diversas mani- festaciones en las cuevas del suroeste de Francia y norte y este de España –por mencionar algunas–, cómo la recreación surge 1 Wooley, Leonard, Ur la ciudad de los caldeos, México, FCE, 1956, pp. 11 y 13. 2 Lhote,Henri, Hacia el descubrimiento de los frescos del Tasili. La pintura prehistórica del Sahara, Barcelona, Ediciones Destino, 1975. 22 en sus diferentes formas de manera paralela al origen mismo del ser humano. El arte esquemático, estilizado que surge de la pintura naturalista del paleolítico, también se utilizaba [como magia]… y el arte toda- vía es magia o no es nada, puesto que nos transforma al revelarnos el espíritu del artista. [...] a los hombres se les representa saltando, brincando como bailarines de ballet, corriendo, bailando3 El carácter del sujeto primitivo, aquellos “de un nivel consi- derablemente bajo consiguieron, pese a su espíritu rudo, reali- zar obras de tanta belleza, como para despertar las dudas de los especialistas; y en un primer momento, fue discutida su autenti- cidad” 4, el tiempo libre, el tiempo de distensión se desarrolla en su manifestación más simple, diáfana, genuina; a través de las expresiones más profundas de la recreación. Pinturas rupestres Arriba: Dos caballos. Las grandes e innumerables culturas que van surgiendo a Izquierda: Bisonte. través de los siglos en múltiples lugares de nuestro planeta pue- Derecha: Bisonte, cabra montés y caballo. den confirmar que la esencia de su desarrollo potencial se debe (Historia de la pintura, t. 1, 1989:16, 17). sin lugar a dudas a la intención primaria, fundamental de lograr la recreación integral del individuo; esto es: el gozo del cuerpo, de la mente y del espíritu. De este desarrollo potencial que ha hecho posible la creación de innumerables y extraordinarias cons- trucciones –y como muestra de la grandeza en su edificación y propósito, la cual aún ahora despierta nuestra profunda admira- ción–, surgen como testimonio, solo por nombrar algunos: el templo de Karnak, las pirámides de Egipto y las ruinas de la es- pléndida ciudad de Babilonia, la cual despertó la admiración de 3, 4 Ibidem. 23 quienes tuvieron la oportunidad de contemplarla y el privilegio de vivirla. Las limitadas reseñas que existen, muestran un lenguaje sin- gular, cuyo sello principal es que estas edificaciones, su entorno inmediato y el medio en el que fueron localizadas despertaban en quienes las vivían y gozaban, un deleite profundo. La he hallado en muy buena situación, un hermoso distrito, sin par… La residencia es de vida grata; su campo está lleno de todo lo bue- no; está henchido de suministros y alimentos a diario, sus estan- ques con peces y sus lagos con aves. Sus prados verdean de hierba; sus orillas dan dátiles; sus melones abundan en las arenas… uno se alegra de vivir en ella. (El elogio de la Ciudad de Ramsés).5 La ciudad antigua. Podemos dejar asentado que estas breves descripciones, evi- Arriba: Reconstrucción panorámica de la dentemente no limitan nuestro entendimiento, por lo contra- ciudad de Babilonia. rio, nos permiten comprender el profundo sentido artístico, cul- (Arquitectura de los orígenes, 1989:59). tural, religioso y por sí mismo recreativo de estos extraordinarios Abajo de izquierda a derecha: Escalinata que edificios de la antigüedad. Estas obras en su escueta especifica- conduce al apadana de Darío. Persépolis, Irán. ción, nos acercan a llevar a cabo múltiples reflexiones acerca de (Las cien maravillas, t. 1, 1981:62). los propósitos, de los fines para los que fueron construidos, en- Persépolis, palacio de Jerjef. tonces, podemos mencionar que, conforme a la abundante des- (Arquitectura de los orígenes, 1989:71). cripción, bella, detallada, sorprendente y profunda; contenida Templo principal de la ciudad de Karnak. (Historia de las Artes, vol. 1, 1972:4). en Las Sagradas Escrituras, el Templo de Salomón en Jerusalén fue un edificio construido con el fin único y específico de practi- car la recreación espiritual (El Templo de Salomón fue construi- do hacia el año 970 a.C. y destruido en su totalidad en el año 70 de nuestra era). De esta obra, cuyo carácter fundamental era el de ser un es- pacio de adoración, comunión espiritual personal con Dios en la 5 Pitarch, Antonio José, Arte antiguo. Fuentes y documentos para la historia del arte, edición a cargo del autor, Barcelona, Gili, 1982. 24 búsqueda de la transformación al hombre nuevo, se escribe en el libro Fuentes y documentos para la historia del arte lo siguiente: Pocos textos de oriente próximo antiguo describen tan extensa- mente y en todos sus detalles la construcción… A pesar de su gran extensión, el texto (la Santa Biblia) muestra de forma excepcional, la evolución desde la construcción del altar (la era de Ornán), en lo que posteriormente sería el solar del Templo, hasta la soberbia cons- trucción de Salomón.6 Así, en ese temple universal del hombre, sustentado en su libre albedrío, surgen en distintas regiones, en múltiples sitios, edificaciones cuya presencia artística y cultural aún en la época que ahora vivimos, provocan admiración al contemplar lo que ha sido capaz de hacer el ser humano. Reconstrucción del estadio de Atenas, Grecia, 1896. (Historia de las Artes, vol. 1, 1972:37). Grecia, la Grecia antigua ha dejado una huella y herencia singular a la humanidad y, dentro de aquella, adquiere principal relevancia para el estudio que nos ocupa; la ciudad de Olimpia. Es en esta ciudad en donde por primera vez, en forma ex- traordinaria, y en la búsqueda obsesiva por lograr “El Hombre Perfecto”, dentro de la dinámica de honrar a sus dioses, concre- tan en sus espacios: no sólo el templo y las esculturas de sus deidades de gran tamaño e indiscutible hermosura, sino tam- bién con el propósito de llevar a cabo un culto religioso cuya búsqueda y objetivo esencial era el de recrearse espiritualmen- te. Se manifestaba incluso por medio de la música, escultura, pintura y poesía; actividades cuya intención era el de recrear la mente, sino que, y esto es un hecho extraordinario, fundan nue- vos espacios como son el Gimnasio y el Estadio en donde se procuraba la recreación corporal a través de diferentes eventos competitivos de carácter físico-deportivo para los que se entre- naban muy profesionalmente. 6 Ibidem. 25 Verdaderamente la cultura griega ha trascendido dejando para la posteridad para que las generaciones futuras pudieran gozarse, analizar, estudiar reflexionar y vivir (aunque sea por re- señas históricas), el evento extraordinario, único, como lo son los Juegos Olímpicos7; entendidos éstos en su esencia misma como la culminación de todo un proceso, fueron planteados, comprendidos y ejercitados, por los griegos en el Monte del Olimpo: el gozo del espíritu, de la mente, del cuerpo: el hombre nuevo, la recreación en un nivel perfecto, de excelencia, cuya sentido e importancia lograban que aún las guerras fueran sus- pendidas. La influencia de esta gran civilización, aunada a la fuerza de los Juegos Olímpicos, su impacto, su vitalidad y su presencia en el mundo de la antigüedad; se observa a través del influjo que tuvo el helenismo sobre el judaísmo, por tomar un ejemplo, fun- damentalmente en el período intertestamentario.8 Una sociedad helénica que adoraba a múltiples y diferentes dioses, tuvo el poder de cambiar la fe en algunos del pueblo de Israel cuyo carácter singular se manifestaba por la adoración al único y verdadero Dios. Fue suficiente presentar a los judíos tan- to de Jerusalén como a los de la diáspora, la posibilidad de con- vertirse en hombre nuevo a través de la transformación de su cuerpo; esto es, un cuerpo de formas bellas, armoniosas hasta el deleite mismo, a fin de poder participar en las diferentes con- tiendas de carácter físico-deportivo sin importar para ello que el pacto hecho entre Dios y el padre Abraham –la circuncisión– fuera transgredido debido a que, los atletas judíos “que querían normalmente correr desnudos sobre la pista, se hacían incircun- cisos mediante una leve operación quirúrgica, para evitar las burlas de la multitud”.9 Pudo más en ese momento para los judíos, la fuerza inconte- nible de la recreación física que toda su tradición, cultura y reli- gión; cuyo peso e influencia trascendía ya en esa época por siglos de existencia, pero lograron trocar su esencia en la búsqueda de una nueva alternativa de ser hombre nuevo. Así como en Olimpia, ciudad religiosa localizada en el Pelo- poneso; a miles de kilómetros y tal vez con diferencia de cientos de años, se desarrolla en lo que ahora se conoce como América; 7 Los Juegos Olímpicos de la antigüedad fueron fundados en el año 776 a.C., y abolidos en el 394 d.C. por el emperador Teodosio por ser considerados como manifestaciones de carácter idolátrico. 8 La etapa intertestamentaria comprende un lapso de tiempo de 300 años aproximada- mente: del 200 a.C. al 100 d.C. 9 Economon, Harry. Competiciones de los Antiguos Griegos, México, Ed. Botas, 1970. 26 un vasto número de culturas en todo lo que se ha denominado Mesoamérica. Es en esta gran región en la que se asientan en forma esplén- dida y sabia, grandes conjuntos de edificios como son, por nom- brar algunos en México: Monte Albán, Copán, La Venta, Tula, Manzanilla, Xochicalco, Cobá, Chichen Itzá, Uxmal, Yagul, etc. cuyo carácter principal se manifestaba por ser núcleos por exce- lencia, religiosos. Ciudades o Centros religiosos para adorar a sus deidades. En estos centros, por su disposición, orientación, proporción y adecuación a su medio ambiente; podemos indicar al hacer un análisis de su diseño, la presencia del urbanismo en el pleno y absoluto sentido del término. La ciudad antigua. Y es en este quehacer urbanístico, por el carácter que se da en Arriba: Ángulo noroeste del Templo de Kukulkán. la relación y disposición de los diferentes espacios, como pode- Abajo izquierda: Templo de los Guerreros, mos comprender que el diseño y planeación de estas ciudades, Chichén Itzá, México. en algunos casos grandes centros poblacionales, obedecían a mo- (El arte mexicano, Arte prehispánico, t. 2, 1986:181,179). tivos mucho más sensibles, a discernimientos más profundos por parte de quienes los crearon, que al simple estado de relacionar Abajo derecha: Plano de la parte central de espacios o edificios. Palenque, México, según Ignacio Marquina. (El arte mexicano, Arte prehispánico, t. 1, 1986:130). La plaza, la pirámide, el templo, el altar y las habitaciones para los sacerdotes, tenían un sentido cuya esencia iba más allá de lo terrenal; eran ciudades creadas para adorar, y estimular en el hombre en general la presencia de sus dioses; eran ciudades altar con un carácter recreativo por excelencia. En la macro escala de la ciudad, la presencia recreativa es un hecho evidente, tan claro, que se hace indiscutible; así mismo, se significa con la misma trascendencia que a nivel de la arqui- tectura, escultura, pintura, cerámica, orfebrería, mosaico, plu- maria y en aquellas otras manifestaciones consideradas como 27 artísticas, propias de las diferentes culturas mesoamericanas y que, en “lo que hoy consideramos como arte prehispánico no fue, acaso, realizado como tal por sus creadores. Surgió respon- diendo a una necesidad primordial de concretar profundas ex- periencias religiosas”10 Como anteriormente se anota, al igual que en Grecia y par- ticularmente en Olimpia, existe un lugar específico en que con un carácter religioso permite la recreación física como es el caso del estadio y gimnasio; así también en todas las culturas mesoamericanas –excepto en la Teotihuacana– se da el espa- cio, el denominado juego de pelota, cuyo carácter, también re- ligioso, nos sorprende y verdaderamente nos maravilla por lo que significa el disfrute del hombre en la búsqueda de un de- sarrollo íntegro de su ser. Desearíamos comprender las viven- cias de aquellos hombres que como actores en forma activa o pasiva, participaban de estos momentos de excepcional forma Escultura, cerámica, arquitectura. de recreación. Teotihuacán, México. Dos culturas diferentes, con distancias y tiempo considera- Arriba: Detalle de los cuerpos de la pirámide ble de por medio, pero cuán espléndido paralelismo en la esen- de Quetzalcóatl. Abajo izquierda: Máscara de piedra con restos de cia de sus actividades en la búsqueda plena del gozo del cuer- mosaico. Periodo clásico. po, de la mente y del espíritu: en la búsqueda del hombre Derecha: Patio y pórtico del palacio de nuevo. Quetzalpapalotl Todo este esplendor (Historia Verdadera de la Conquista (El arte mexicano, Arte prehispánico, t. I, 1986:36,11, 31). de la Nueva España, Bernal Díaz del Castillo, hace una narra- ción excelente) se apaga explosivamente cuando se consu- ma la conquista por parte de los españoles sobre el territorio mexica. 10 El arte mexicano. Arte prehispánico, México, SEP-Salvat, 1986, t. I, p.16. 28 Dentro de toda la brutal dinámica que implica la imposi- ción –también cruel– de una nueva cultura y forma de gobier- no es incuestionable que el hecho que singulariza esta con- quista sobre todo lo demás, es la destrucción que se lleva a cabo en todos y cada uno de los Centros Ceremoniales, de sus centros religiosos; destrucción o desaparición que no en pocos casos fue total. Izquierda: Juego de pelota, Con esto se exhibe como motivo de fondo, la intención so- Monte Albán, Oaxaca, México. (Arte prehispánico, vol. I, 1986:76) cavada de terminar con la fe del nativo, negar la existencia, la Derecha: Plaza central, Tingambato, veracidad de los dioses autóctonos e imponer una nueva creen- Michoacán, México. cia. Exterminar una herejía, que como tal se consideraba el poli- (El arte mexicano, Arte prehispánico, t. 2, 1986:198). teísmo existente en toda la amplia región mesoamericana a cam- bio de presentar un nuevo dogma de creencia, politeísta tam- bién, encubierta por la excelencia del cristianismo. En su tremenda atrocidad que envuelve el carácter singular de la conquista, subyace en su esencia el propósito primigenio que tenían algunos varones sinceros (los menos), que formaban parte de las diferentes órdenes religiosas al presentar el Evange- lio de Jesucristo; esto es, se observa la intención sustantiva de, a través de la predicación ofrecer al nativo mesoamericano una nueva fe encaminada a lograr un nuevo hombre. La realidad, llena de ambiciones materiales, desvirtuó esa esencia y los resul- tados fueron completamente diferentes. En los años cercanos al descubrimiento de América y a la consumación de su toma, surge en Europa un movimiento cu- yos resultados logrados durante su desenvolvimiento, hacen que el tiempo en el que se lleva a cabo se le denomine como el “siglo de oro”, y cuyo rasgo fundamental es la de haber sido una reacción en contra de las condiciones predominantes du- rante la Edad Media; esto es, contra el espíritu teológico de esa época, en una búsqueda por el descubrimiento del hombre, del mundo que le rodeaba y la manifestación de la libertad del indi- 29 viduo y, por consecuencia: la propiciación de un nuevo espíritu, un espíritu crítico. Este movimiento extraordinario, al que se le ha aplicado en forma notable el término de Renacimiento: por su carácter, con- tenido, mensaje, por su propósito y por su dimensión. De tal forma que su impacto político, económico y técnico pero sobre todo el artístico, ha trascendido a través de los siglos como un momento de esplendor del hombre. Efectivamente, las diferentes manifestaciones artísticas den- tro del campo de la arquitectura, escultura, pintura, música, poe- sía, etc., muestran la presencia coincidente de grandes talentos; que si bien es cierto fueron creadores, de inconmensurables obras de arte, es evidente que fueron motivados por hondas y diversas causas que la sola creación artística. El término por sí solo lo explica: Renacimiento; un volver a nacer. Arquitectura, escultura, pintura. Es en el siglo XVI, cuando se manifiesta este renacimiento y Izquierda: Basílica de San Pedro, Roma, Italia. que lo reviste como un movimiento –cuyos orígenes se ubican Centro: El rapto de las sabinas, Giovanni Bologna. un siglo antes y cuyos gestores fueron reprimidos hasta la muer- (Historia de las Artes, vol.1, 1972:116, 260). Derecha: Virgen de las rocas, Leonardo de Vinci. te– singular en su esencia, carácter y propósitos y que de no (Historia de las Artes, vol. 2, 1972:81). haberse desarrollado, dudaríamos en aceptar como integral y universal el renacentismo. Nos referimos al cisma religioso ope- rado en el año de 1517, al cual se le conoce como la Reforma Protestante, cuyo peculiaridad carácter quiso ser apagada y, acu- sándose como al principio de nuestra era, esto es en los orígenes del cristianismo; de que formas heréticas de la fe religiosa se estaban presentando. Sin embargo, es evidente y la historia no miente y así lo demuestra, que por desconocimiento, ignoran- cia y obviamente por así convenir a los múltiples y poderosos intereses de carácter económico y político, –aceptando que pu- dieran además existir otras causas– se negaba la esencia de lo 30 que ya muchos siglos antes se ofrecía como el carácter propio y sustantivo de la fe cristiana: el nacimiento del nuevo hombre, cuya declaración se observa con suma claridad en el Evangelio según San Juan, Capítulo 3, verso 7, (Jn. 3:7 –No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo–)11, en el cual se patenta el interés sustancial del cristianismo; el ofrecimiento del hombre nuevo. Reforma protestante. Prosiguiendo en el tiempo; grandes obras y eventos en for- Izquierda: Farel exhorta a Calvino. Derecha: Juan Knox predicando en la ma sorpresiva se muestran a los ojos del hombre y muchas de catedral de San Andrés. ellas, en su creación misma nos dejan ver toda su trascendencia, (L. González, t. 6:113, 141). el impacto que su contenido mismo habría de provocar. Así en la explosión maravillosa del siglo XVI, durante el cual se manifiesta como ya antes se mencionó; una revolución de conceptos y obras de carácter artístico, filosófico, político y religioso entre otros y que, ante nuestros ojos, muchos propósitos, resultados e inten- ciones, que pasan desapercibidos. Un documento que habría de tener un profundo impacto en las nuevas tierras conquistadas, corresponde a Felipe II, rey de España; interesado por un mejor funcionamiento, por lo que ahora podríamos llamar desarrollo urbano de las nuevas ciuda- des de las tierras conquistadas, recopila una serie de leyes, que tal vez, se encontraban vigentes desde la época de los reyes ca- tólicos y cuyo propósito esencial era el de aplicarlas y llevarlas a efecto, para sustentarse en ellas durante la creación de las ciuda- des hispanoamericanas. Leyes importantes que aún ahora, sorprenden a los estudiosos del urbanismo y que se conocen hasta la fecha como “La Real Or- denanza de Felipe II” y que fueron expedidas en San Lorenzo del Escorial el 3 de mayo de 1576. 11 Santa Biblia, versión 1909. 31 Al hacer un análisis acerca de este documento, podemos manifestar que parte del contenido de estas leyes, para el caso de estudio al que se aboca este trabajo, es verdaderamente im- pactante y, como anotamos en líneas anteriores, es evidente que sus creadores nunca imaginaron la trascendencia del mismo; tanto en el marco físico-espacial como y sobre todo en el orden social y sustantivamente recreativo. Efectivamente, en estas ordenanzas, su articulado enseña siempre, pensando en el hombre que hará uso de los sitios y pueblos, intención –cuya eficacia, a través del tiempo, ha sido estudiada pero sobre todo vivida y comprobada– que se funda- menta principalmente en el sentido de la proporción, de las dis- tancias de recorrido, de la preocupación por la volumetría de los edificios y el propósito que esto conlleva; uso, distribución y orien- tación de las calles, sobre todo el uso del espacio, y de su distri- bución, aún más, de la reserva territorial para el mejor manejo de las actividades del hombre tanto de trabajo como de recrea- ción. Cabe señalar que, dentro del articulado de esta ley, es a un espacio en particular, al que se le da una importancia significati- va, alrededor del cual se desenvuelven todas las demás activida- des aunque en la ley, no sea manifiesto el propósito. Este espa- cio es La Plaza y conforme a ella, se observa en el Artículo 113 lo siguiente: “La grandeza de la Plaza sea proporcionada a la canti- dad de los vecinos...”. El mismo artículo, encubre este mandato e indica el dimensionamiento de las plazas conforme a su im- portancia. En el Artículo 115, se anota una palabra que por sí misma y al analizarla dentro del contexto en que se ubica, manifiesta la dimensión y el propósito y que por extensión, la disposición señala: “Toda la Plaza, a la redonda, y las cuatro calles principa- les que de ella salen, tengan portales, por que son de mucha comodidad para los tratantes que aquí suelen concurrir...”. Se preocupaba fundamentalmente este ordenamiento por la mucha comodidad, y esto evidentemente se refiere a el hom- bre; a que estuviera cómodo, ejemplo sustantivo es este artículo y que ahora, 400 años después, nos maravilla y sorprende por su profundo contenido. El haberse hecho realidad esta ley en múltiples ciudades de nuestro país, nos hace pensar en miles de niños , jóvenes y adultos; hombres y mujeres, quienes a través del tiempo y aún ahora han comprobado por medio de su pro- pia y particular vivencia, lo acertado de ese propósito; estar có- modo, a modo, a gusto, recreándose bajo el espacio tridimen- 32 sional de su portal, bajo su sombra, pero sobre todo del ambien- te grato del mismo. Igualmente, en esta ordenanza se observa el sentido común que guarda la misma al preocuparse y visualizar el proceso de crecimiento –ahora llamado el Proceso de Urbanización– de las poblaciones y disponer para ellas reservas territoriales, dentro de las cuales se hace particular énfasis en la recreación, tal como se asienta en el Artículo 129 que a la letra dice: “Señálese ejido a la población, en tan competente cantidad que aunque la pobla- ción vaya en mucho crecimiento, siempre quede bastante espa- cio a donde la gente pueda salir a recrearse y salir los ganados sin que hagan daño”. Sin embargo, además de la belleza de contenido de los artí- culos antes mencionados; es el Artículo 118, el que observa un peso mayúsculo en la planeación de los asentamientos de la Nueva España y que como se verá más adelante, es el genera- dor, el detonante; el que habrá de funcionar como el corazón de todo un proceso y desarrollo urbano: En su diseño, funciona- miento, vivencia y sobre todo conformación de las nuevas ciu- dades, de los nuevos centros de población, la bondad de este artículo podía aún observarse en su plenitud, particularmente en la Ciudad de México a principios de siglo XX, aún en la déca- da de los años cuarenta, el artículo en cuestión dice: “A trechos de la población, se vayan formando plazas menores en buena proporción a donde se han de edificar los templos de la Iglesia Mayor, parroquias y monasterios, de manera que todo se re- parta en buena proporción para la doctrina”. Varios motivos de profunda sabiduría –la cual no podemos ni deseamos soslayar, sino darle el justo peso y reconocimiento– se observan en estas disposiciones al aglutinar, formando el co- razón de una comunidad, a la plaza y el templo; esto es, buscar allegar al ser humano el espacio propio para la recreación espiri- tual –el templo– integrado a otro espacio completamente dife- rente, cuyas funciones son también esencialmente recreativas: la plaza. Es en este contexto que llama la atención a la observa- ción que al respecto hace Domingo García Ramos, “por donde quiera que se mire a la ciudad, su origen estará en donde se asiente el Templo Mayor”12, y nosotros por extensión, decimos, la plaza que integrada al templo conforman el espacio sustanti- vo en donde la comunidad ha de fortalecer sus lazos de tradi- ción, de cultura, sociales, recreativos, etc., y habrá de dar origen 12 García Ramos, Domingo, Iniciación al urbanismo. Real ordenanza de Felipe II, México, UNAM, 1961. 33 a sus costumbres comunitarias, todas ellas con un propósito re- creativo por excelencia. Resultado de la aplicación de este mandato es el desarrollo de las nuevas ciudades de la Nueva España que se vieron com- plementadas con decisiones llenas de audacia por un lado, y de manifestaciones de poder por otra; a fin de conseguir los propó- sitos contenidos en La Real Cédula y que para nuestro caso de estudio, habrán de impactar a través del tiempo –hecho que se observa aún en el momento actual– esto es, la disposición y lo- calización de los templos: “en nuestro medio, en las ciudades precortesianas establecidas en torno a un templo de religión autóctona, el templo católico sustituyó a aquel en el mismo emplazamiento”13; acción que se ha repetido en múltiples oca- siones a través de la historia de las ciudades del mundo: “y bajo la advocación del santo patrono o del símbolo católico se vino dando origen a esos nombres compuestos de nuestros pobla- Sucesión de plazas. dos: Santiago Tlatelolco, Santa Cruz Meyehualco, San Antonio Distintos ejemplos de la sucesión de plazas en Tomatlán, etc.”14 la Ciudad de México al finalizar el siglo XIX. (García, 1961:285, 286, 70). Y es conforme a esta composición, que de ninguna manera podríamos considerar como una simple yuxtaposición de ele- mentos arquitectónicos o de nombres sino que es todo un pro- ceso de conformación e integración de formas de vida, con los cuales la ciudad o el poblado se fortalecen en un sentido o bien dan origen a una nueva cultura, nuevas costumbres y tra- diciones, cuyo meollo, epicentro en donde se desencadena toda 13,14 Ibidem. 34 esta forma de vida, son el templo y la plaza, en su integración, la plaza, se ve conformada por extensión, de acuerdo a las pro- pias necesidades de los habitantes, los nuevos y los coloniza- dos; hacia un espacio comunitario sustantivo, cuyo impacto en la vida cotidiana del hombre que hace uso de él, aún ahora, cuatro siglos después, sigue formando parte de su vida y se manifiesta en su diario vivir y convivir: nos referimos al ámbito espacial denominado comúnmente como Barrio –cuyo ante- cedente es el Calpulli–, área de gran trascendencia, cuya esen- cia, y origen, es el religioso por excelencia, y conlleva a los habitantes que en él viven, se vean conformados en un mismo espíritu, en anhelos comunes; cuya presencia material se hace viva de una manera extraordinaria, a través de sus muy parti- culares y propias manifestaciones, expuestas por medio de múl- tiples formas y eventos, como son las danzas, cantos, juegos, competiciones, etc, todas ellas de gran colorido en su vesti- menta e iconografía, así como la utilización de máscaras como objeto singular lleno de esoterismo. Motivos y sucesos todos ellos hacen que el sujeto, el ser humano que habita el barrio lo haga suyo, como de su propie- dad y parte integrante, fundamental de su ser, de su persona, de su idiosincrasia, de su historia individual, familiar y del nú- cleo social que lo conforma; esto quiere decir: el templo, la plaza, sus calles, sus motivos simbólicos los hace de su perte- nencia; se goza y se enorgullece de “su barrio”. El barrio, una extensión del hogar, de la calle; es suyo, forma parte esencial de su ser, sus raíces –las del habitante– están en él. Es el ámbito dentro del cual ríe y se goza, se desenvuelve y se desarrolla en un solo pensamiento: Es el espacio en donde él vive y convive; es donde se recrea. Maravillosa proporción y disposición del espacio, a una es- cala tal –y de allí la sabiduría en cada uno de los artículos de la Real Cédula de Felipe II– que el hombre es su principal genera- dor; de tal manera que todo se dispone: templos, plazas, casas, altura y disposición de los edificios, calles y sus orientaciones, para que camine y disfrute cotidianamente, de todo lo que le rodee. Gran verdad, hecho relevante, obra construida, ejecutada, vivida y que aún ahora en nuestra inmensa y desequilibrada ca- pital de México y otras ciudades de provincia pueden dar fe sus habitantes, sobre todo, los que gozaron de la década del treinta y el cuarenta; fueron testigos fieles de la importancia de la calle, del barrio y su centro como el territorio cuyo carácter funda- mental era el recreativo. 35 –Pero al habitante actual le robaron el barrio, y no sólo el barrio, sino que también la calle le ha sido sustraida–. Ley importante y sustancial Las Ordenanzas de Felipe II, que trascendieron mucho más allá que las simples líneas escritas, la bondad de esta ley que, aún sin haberse plasmado en el papel, sin manifestarse, subyacía en ella, significativo propósito de pro- porcionar al hombre un ámbito en el cual él pudiera desarro- llarse plenamente, una vez más en la búsqueda del hombre nuevo. Así, en ese carácter universal del pensamiento del hom- bre, en su lucha continua de presentar a cada acción una re- acción cuyo principio e interés sea el de hacer posible un cam- bio en la estructura física, mental y espiritual del mismo, sur- ge un movimiento sustantivo enmarcado en los campos de la filosofía, de la historia y de la economía principalmente; que es conocido universalmente como el materialismo dialéctico que de manera incuestionable en su contenido, aglutina y resume experiencias que en el devenir histórico del ser hu- mano ya se manifestaban en múltiples formas, pero siempre con un mismo objetivo. Templos y plazas indígenas. Como una respuesta a la explosión que se da en la vida Centro de la Ciudad de México, cotidiana del hombre al ser éste objeto de una explotación (García, 1961:269). mayúscula, resultado de la dinámica que surgía ese hecho sus- tantivo que se dio a fines del siglo XVIII, y que con la máquina de vapor como detonador principal a principios del siglo XIX, había de modificar sustancialmente la estructura individual, familiar y social de la gran masa de la población. Efectivamen- te, ante el peso que en la vida cotidiana del hombre represen- taba el inicio y desarrollo de la industria hasta conformar un hito, un parteaguas conocido mundialmente como la Revolu- ción Industrial –cuyo origen se dio en Inglaterra–, la cual, en su esencia, su carácter significativo se identifica en una separa- ción abismal entre el dueño de la empresa y sus empleados, el capitalista y el obrero; la explotación del proletariado llevada a cabo hasta llegar a la modificación sustancial de las formas de vida: propiciado por una excesiva carga de trabajo enfatizada por el abundante número de horas de labor y por lo tanto dar como resultado el limitar o bien desaparecer el tiempo libre del hombre. Haciendo énfasis en el tiempo del negocio en contraste y un sobrepeso hasta la desaparición del tiempo del ocio; ocasión en el que el hombre busca, desea y requiere un encuentro constan- te consigo mismo y con el medio ambiente, el entorno físico que le rodea; la familia y el grupo social del que forma parte. El 36 momento consagrado al desarrollo personal a través de activi- dades y en participaciones sociales múltiples que le ayuden a elevar su progreso integral. La carga de trabajo y el trabajo mismo, se manifiestan en toda su intensidad más que nunca como el cumplimiento de la sentencia escrita que indica: “Con dolor comerás de ella (de la tierra) todos los días de tu vida”. El deterioro del hombre hasta confundirse como bestia, cier- tamente podía comprobarse simplemente con observar, la car- ga de trabajo; el individuo siendo joven en edad, tenía aparien- cia de viejo: viejo de cuerpo, de alma y de espíritu. Conforme a esta realidad, y en la búsqueda de un cambio en las condiciones del trabajador, Engels escribe: [...] finalmente, cuando todo el capital, toda la producción y todo el cambio estén concentrados en las manos de la nación, la pro- piedad privada dejará de existir de por sí, el dinero se hará super- fluo, la producción aumentará y los hombres cambiarán tanto que se podrán suprimir también las últimas formas de relación de la sociedad.15 Y qué quiere decir Engels acerca de: ¿y los hombres cambia- rán tanto? No se puede entender esto de otra manera sino única, extraordinaria y bellamente como la búsqueda, otra búsqueda, diferente búsqueda del hombre nuevo. Esto se confirma al obser- var el siguiente párrafo del mismo documento en el que indica: “...y el nuevo progreso de dicha producción que resultará de ello necesitará de hombres nuevos y los formarán.” En esta nueva religión, en su doctrina, en confrontación directa en contra de la clase dominante queda asentado lo si- guiente: [...] donde quiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Las abigarra- das ligaduras feudales que sujetaban al hombre a sus ‘superiores naturales´ los ha desgarrado sin piedad para no dejar substituir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, ‘el cruel pago al contado´. Ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño bur- gués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dig- nidad personal un simple valor de cambio16 15 Engels, Federico, Principios del comunismo, México, Ed. Progreso, 1990. 16 Marx, Carlos y FedericoEngels, Manifiesto del parido comunista, México, Ed. Progreso, 1990. 37 Hacemos énfasis acerca de este contenido, respecto al he- cho de considerar como un simple valor de cambio a la digni- dad personal, nada más ni nada menos; que trastocar con ello el carácter, la naturaleza misma. Dentro del mismo manifiesto comunista, se plantea como una gran interrogante la siguiente cuestión: “¿acaso se necesita una gran perspicacia para comprender que con toda modificación en las condiciones de vida, en las relaciones sociales, en la existencia social, cambian también las ideas, las nociones y las concepcio- nes; en una palabra, la conciencia del hombre?” Es evidente el profundo interés en esta enseñanza de buscar la transformación del hombre: conformarlo, educarlo, adoctri- narlo hacia nuevas posibilidades cuya manifestación suprema es el materialismo dialéctico. Oponer a la muchedumbre solitaria, producto de la Revolución Industrial, una nueva sociedad de masas, hacia una dictadura del proletariado en donde se obser- va con profunda insistencia como el propósito fundamental, el hecho de que “de cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades”. En esta nueva doctrina, en una reacción en cadena se suce- den fundamentados en los principales textos doctrinarios co- munistas, múltiples documentos de profunda fe, creyentes, convencidos de las bondades del comunismo, de su verdad; de entre ellos, por su sugestivo título y por la relación temática con el caso de estudio –recreación– que nos preocupa, entresaca- mos el siguiente párrafo: El verdadero problema no consiste, por lo tanto, en las aptitudes de las personas para asimilar la cultura humana, para hacer de ellos adquisiciones de su personalidad y contribuir a su enriquecimiento. El verdadero problema consiste en que cada hombre, en que todos los hombres y todos los pueblos, obtengan la posibilidad práctica de tomar el camino de un desarrollo ilimitado. Tal es el objetivo glorio- so que ahora la humanidad, encaminada hacia el progreso se pro- pone. Este objetivo puede alcanzarse. Pero sólo es posible en condi- ciones que puedan realmente liberar a los hombres de la carga de la necesidad material, suprimir la mutilante división entre el trabajo manual y el intelectual y crear un sistema de enseñanza que asegure su desarrollo multilateral y armonioso, que de a cada cual la posibi- lidad de participar, de un modo creador, en todas las manifestacio- nes de la vida humana. Y así ha de ser el hombre de mañana.17 ¡Más fe es imposible pedir! 17 Kosik, Leontiev, Luria, El hombre nuevo, México, Ediciones Martínez Roca, 1973. 38 Los Juegos Olímpicos Altius, citius, fortius: más alto, más veloz, más fuerte. Lema que en una actitud simbiótica con los cinco círculos que se trasla- pan y que se identifican con los cinco continentes; habrían de manifestar el objetivo sustantivo de un evento que durante 1,502 años (del 394 al 1896), había permanecido mudo; tal vez ignorado y seguramente ajeno a los propósitos y dinámica del mundo que esencialmente correspondía en ese entonces (fines del siglo XIX) a la presencia en todos o casi todos los países del orbe, en donde se daba el fenómeno de la Revolu- ción Industrial, cuya influencia se dejaba ver y se manifestaba en los diferentes aspectos de la vida cotidiana del ser humano, alterándolo mediante la utilización y manipulación hasta la es- clavitud a través del neg-ocio, su propio e íntimo núcleo funda- mental; la familia, cuyo impacto se reflejaría en un sinnúmero de movimientos político-sociales (revoluciones armadas) como consecuencia de la inconformidad. Efectivamente, las condiciones que prevalecían a fines del siglo XIX, mostraban a un hombre profundamente limitado en su accionar; un hombre explotado, segregado y cuyas posibili- dades de hacer que su vida cotidiana se acercara e hiciera suyas otras actividades diferentes a su trabajo, eran casi nulas confor- me a estas condiciones, en el año de 1896, en Atenas; como resultado de múltiples reuniones y acuerdos entre personajes de diferentes naciones, habría de renacer un evento mayúsculo, cuya esencia en sus orígenes, lograba que las guerras fueran suspen- didas, y que el propósito fundamental quedaría plasmado en la siguiente idea: Lo más importante de los Juegos Olímpicos no es ganar, sino par- ticipar en ellos, así como en la vida lo que más importa no es triun- far sino luchar. Lo verdaderamente esencial no es haber obtenido algo, sino luchar para lograrlo, entender estos preceptos es crear una fuerte, valiente y sobre todo más escrupulosa y más generosa humanidad. Con este objetivo, y haciendo participar entrelazados a los cinco continentes, en donde las razas, religiones, idiomas, distancias, ideologías, condiciones económicas, etc. no serían motivo suficiente para evitar que todos los hombres del mun- do pudieran reunirse, trasladándose de múltiples maneras para gozarse de una gran fiesta: Los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. 39 Una vez más, el ideal del hombre que a través de la historia, su historia se hace patente una y otra vez, vuelve a manifestarse no importando que este ideal se vea limitado conforme a la bús- queda esencial del espíritu olímpico a través de su lema Altius, citius, fortius. La inquietud del individuo en cuanto a que aun en las condiciones más adversas busca transformarse en un hom- bre nuevo: ser el más alto, el más rápido, el más fuerte tal como se concibe en el propósito génesis de los juegos olímpicos; un hombre diferente. Diferente para satisfacer su propio gozo, para llenar también el gozo a todos aquellos que lo ven y aprecian en sus cualidades y aptitudes físicas. Sin embargo, se ha podido comprobar que, aún y cuando los ideólogos que hicieron posible el resurgimiento de este evento tan hermoso, espectacular, intenso en sus emociones; lo visuali- zaron conforme al propósito olímpico de manera pura, ideal, bella, para lograr el beneficio y nada más que el beneficio del ser humano tanto en su carácter de hombre participativo –el atle- ta–, como en su vertiente de hombre receptivo –el espectador– en una esencia limpia y desinteresada se constata que el carác- ter del espíritu olímpico es limitado: la búsqueda del hombre nuevo en el sentido puramente físico –más alto, más veloz, más fuerte– no es suficiente. Los años han pasado y a pesar de que, a diferencia de los Juegos Olímpicos de la antigüedad, sólo por motivos de las dos guerras mundiales en que han sido suspendidos, los Juegos Olím- picos y sus postulados: Altius, citius, fortius están vivos: el reloj, el metro, la báscula dan fe de ello pero... a diferencia de sus oríge- nes, ahora lo importante no es competir sino ganar; y en este ganar, el negocio reina hoy sobre aquella lejana esencia, y no sólo a los de la era moderna, sino también a los de la antigüe- dad: el ocio. La búsqueda del hombre nuevo, restringido al gozo del cuer- po, y cuando éste es el principal actor del negocio, se ha distor- sionado, deformado, perdido: ¡a nadie le importa ya! Conclusiones Arriba: Cermonia de inauguración. Múltiples formas de manifestarse ha desarrollado el hombre a tra- Abajo: Encuentro de lucha. vés del tiempo. Su participación en las bellas artes desde aquella (Sports..., [s.a.]:15, 13). pintura que ha quedado plasmada en la pared de una cueva, o aquella otra vasija o escultura que ha sido admirada por la poste- ridad, hasta llegar a la excelencia del templo o pirámide y concluir en obras cumbre como han sido las extraordinarias obras de pla- 40 neación y construcción de ciudades asentadas en diferentes re- giones y climas y cuyas culturas, con sus grandes diferencias – como puede ser la Acrópolis de Atenas y Teotihuacán– tenían el carácter significativo, manifestaban el propósito sustantivo de ser ciudades para la adoración de dioses; esto es, ciudades creadas con el objetivo mayúsculo de hacer propicio al hombre nuevo a través de la recreación. Así es, la tenaz, poderosa, audaz, ambiciosa y sincera pre- sencia del hombre en el transcurrir de los siglos, en el cual ha sido testigo y actor principal, dan testimonio de que, así como en las bellas artes, el ser humano ha sido capaz de, además de crear grandes y espléndidas ciudades, también se ha confor- mado como el génesis y propiciador de extraordinarios movi- mientos artísticos, políticos, culturales, sociales, religiosos, eco- nómicos, etc., y cómo estos movimientos han sido la causa de cismas significativos, de brutales represiones pero, con re- sultados maravillosos. Se han cimbrado tronos, atravesado mares y recorrido tierras; cruzado fronteras; se crearon, im- plantaron e impusieron leyes, no se puede negar que todos estos eventos: llámense las pinturas rupestres de Altamira, el Templo de Karnak, la espléndida Ciudad de Babilonia, el sur- gimiento del cristianismo, el Renacimiento, la Reforma Pro- testante, el Manifiesto Comunista, la Real Ordenanza del Rey Felipe II, los Juegos Olímpicos, etc, que han trascendido hasta la raíz misma del hombre son aquellos cuya esencia se mani- fiesta, se hace presente en la búsqueda de un cambio sustan- cial del ser humano. Ciertamente, de una manera simple, sintética, se ha escrito acerca del hombre y su presencia desde sus propios orígenes; de las ciudades antiguas, de los espacios significativos y que a su vez las significaban a ellas; del carácter, en sus diferentes niveles, que las singularizaban, hacían únicas; de hechos, movimientos, escritos y leyes que revolucionaron al hombre en su mente, en su alma y en su espíritu, y que en todo ello surge clara, coinci- dente y poderosamente, un concepto fundamental que se des- encadena con un propósito único y sustantivo: la recreación a fin de lograr el hombre nuevo. El anhelo del hombre; sea éste material o espiritual, es el de verse trasformado; el de poder escalar estamentos en la bús- queda de llegar a la perfección como ser individual y como principal agente de la sociedad de la que forma parte. De tal manera que: ¿Cómo separar la historia, el arte, la antropología, la cien- cia, la guerra, la política y la economía de la recreación del 41 hombre si todo lo que él hace e intenta se circunscribe alrede- dor de ella? ¿Cómo negar la importancia de la recreación siendo que es ella la que está presente cotidianamente en el ser humano desde su forma más simple a través del juego hasta llegar a la presencia sobrenatural, gloriosa del hombre nuevo? Un hombre fuerte, bello; cuya vida se manifieste en condi- ciones de igualdad social y económica; un hombre honesto; sin- cero; libre, y en su condición suprema; un hombre justo. Todo “¿Cómo negar la importancia de la lo que se ha acumulado en lo anteriormente descrito, marca la recreación sabiendo que es ella la que está presente cotidianamente en el ser humano necesidad y fundamenta el porqué del profundo interés en la desde su forma más simple a través del recreación como “Caso de Estudio”, la búsqueda incesante, his- juego hasta llegar a la presencia sobrenatu- tórica del Gozo del Cuerpo, de la Mente y del Espíritu; en sínte- ral, gloriosa del hombre nuevo?” sis, la búsqueda del hombre nuevo hace preciso –y lo señalamos (Enciclopedia de la mujer, t. 6, 1973:174). (Janus, 1966:138). con énfasis– de primera necesidad poner nuestros ojos en ese objetivo, estudiarlo y desatar las múltiples alternativas de acción que haga posible ahora, en los umbrales del siglo XXI, ese proto- tipo, el ideal de siempre. 42 1 C i u d a d d e M é x i c o ,e l p a í s y s u s a n t e c e d e n t e s Y de que vimos cosas tan admirables no sabíamos qué decir, o si era verdad lo que delante parecía... BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO A. INTRODUCCIÓN Ciertamente, el México anterior a la conquista se encontraba re- vestido de gran sabiduría y como consecuencia, de grande esplen- dor. La planeación y diseño de sus magníficas y múltiples ciudades estructuradas conforme a resultados que fueron producto de innu- merables observaciones y cálculos desarrollados a través de mu- chos años, por medio de estudios minuciosos relacionados funda- mentalmente con la posición de los astros; particularmente el sol, y nuestro satélite la luna, y su relación teológica entre éstos y los demás elementos naturales (tierra, agua y viento), dieron como resultado una ejemplar disposición de los ejes geométricos en sus calzadas, así como el agrupamiento de cada una de sus pirámides y edificios y de cuya vivencia cotidiana pero sobre todo en las múlti- ples y mayúsculas festividades religiosas; permitieron que quienes usaban estos extraordinarios espacios –Centros Ceremoniales– fue- ran objeto de grandes emociones y, evidentemente, llenos de una mística profunda. El diseño de las ciudades, de las calzadas, sus plazas y sus calles, de las pirámides y los abundantes y diversos espacios de- dicados a sus edificios y casas; la pintura y escultura en sus múl- tiples y variados caracteres, daban a aquellas ciudades pero so- bre todo a la ahora Ciudad de México, un tipo único, singular, majestuoso, diferente y cuya descripción y la primera impresión viva, extraordinaria, de grande sorpresa y sobre todo escrita por 43 una persona ajena en todos sentidos a la intención fundamen- tal, al propósito esencial de esta ciudad religiosa, [...] y algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían si era entre sueños, y no es de maravillar que yo escriba aquí de esta manera, porque hay mucho que ponderar en ello que no se como lo cuente: ver cosas nunca oídas, ni aún soñadas, como veía- mos... digo otra vez lo que estuve mirando, que creí que en el mundo hubiere otras tierras descubiertas como estas [...]18 Y prosigue, maravillándose de este encuentro: “... y de que vimos cosas tan admirables no sabíamos que decir, o si era ver- dad lo que delante parecía...” Al referirse a las construcciones: casas y edificios que a su vista iban apareciendo, manifestaba su gran sorpresa al anotar que las edificaciones estaban hechas a cal y canto y que: “todas blanqueaban, que era cosa de admiración, las casas y azoteas”. Esta admiración que comparte con los demás personajes que le acompañaban, refiere: “... y entre nosotros hubo soldados que habían en muchas partes del mundo, y en Constantinopla, y en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien compasada y con tanto concierto y tamaño y llena de tanta gente no la habían visto”. No deseamos, no debemos aumentar nada; la descripción es contundente por parte del escritor, su reseña es inobjetable, no deja lugar a dudas acerca de lo que encontraron aquellos primeros hombres blancos y barbados. No nos resta ahora sino imaginarnos, y en las limitaciones propias de nuestro entendi- miento, tratar de comprender lo que este grupo de varones es- cuchó y vio cómo este maravillarse, esta gran sorpresa y admira- ción se terminó, y por decirlo con más propiedad, se exterminó a corto plazo evidente, pues el propio Bernal Díaz del Castillo escribe: “...ahora todo está por el suelo, perdido, que no hay cosa”. Y nos preguntamos: ¿Por qué? No es de negar ni de dudarse que bajo la máscara y supuesta premisa, llena de mentira, de predicar un evangelio cuyo carác- ter único, singular y principal, era el de hacer partícipes a los habitantes de las tierras conquistadas acerca de las buenas nue- vas; esto es, el Evangelio de Cristo –un evangelio de amor–. Aque- llos conquistadores, que más bien invasores, manifestaban su 18 Bernal Díaz del Castillo, a su llegada a México por el camino de “Estapalapa”(Iztapalapa) en Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, México, Fernández Editores, 1961. 44 verdadero propósito, ¡enriquecerse! –así lo certifican las cróni- cas: “tomaron mucha voluntad y codicia los vecinos y soldados que no tenían indios en la isla (Cuba) de venir a estas tierras (México)...”19 Y fue así que trocaron los ídolos de piedra por las pinturas de imágenes y símbolos de madera.20 El cambio de fe: de una falsa doctrina por otra no menos falsa y cuyos predicadores (salvo unos cuantos –los menos– varones dignos, santos, testimonios vivientes de la presencia del único y verdadero Dios) por medio de sus hechos mostraban lo ajenos y alejados que se encontra- ban del Dios que se decían predicar. El trueque del oro por cuentas de vidrio en lo material y el ídolo de piedra por la pintura y el leño en lo espiritual precisamente en ese orden fue el verdadero motivo del porqué de las grandes matanzas, las brutales perse- cuciones hasta llegar a la ignominia de la esclavitud. El propósi- to lleno de maldad, de perversidad de llegar al exterminio de una raza, el exterminio de una cultura, el de una fe; el extermi- nio de un todo... “ahora todo está por el suelo, perdido, que no hay cosa”. Una cultura que contenía en toda su plenitud la integración plástica –arquitectura, pintura y escultura– en todos los niveles de diseño y éstos, realizados con grande sabiduría y contenien- do en ellos los gráficos, espacios abiertos y construcciones, que si bien es cierto realizados con un propósito fundamentalmente religioso, hacían posible en ellos la intención principal de que el hombre, el usuario de todos estos elementos, pudiera vivir en forma integral; puesto que en esas condiciones podía satisfacer el gozo del espíritu, de la mente y el cuerpo. La recreación en toda su plenitud. Gran intención, inmensa sabiduría que a nivel mundial solamente la cultura griega y particularmente la Ciu- dad de Olimpia, podrían compararse en un todo a los múltiples y abundantes Centros Ceremoniales, grandes y majestuosos, lo- calizados en lo que ahora es nuestro país y partes de Centro y Sudamérica. Y es a esta cultura a la que los conquistadores se encomien- dan en arrebatar y destruir: arrebatar los tesoros y destruir las pirámides, los edificios y todo su contenido; enterrar una cultu- 19 Díaz del Castillo, Bernal, op.cit. 20 (... y luego -Cortés- mandó llamar al cacique y a todos los principales, y al mismo Papa, y como mejor se pudo dárselo a entender con aquella nuestra lengua, les dijo que si habían de ser nuestros hermanos que quitasen de aquella casa aquellos sus ídolos, eran muy malos y les hacían errar, y que no eran de dioses sino cosas malas, y que les llevarían al infierno sus ánimas. Y se les dio a entender otras cosas santas y buenas; y que pusieren una imagen de Nuestra Señora que les dio, y una cruz, y que siempre serían ayudados y tendían buenas sementeras, y se salvarían sus almas...) subrayados del autor. 45 ra, una tradición, una doctrina y así transformar su mística: la cruz de madera por el ídolo de piedra; la reina Tonantzin por la Virgen de Guadalupe; la inteligente y sagaz interposición en los pueblos y barrios del nombre español con el autóctono, y todo esto con el aparente propósito, la intención de hacer posible, de lograr un hombre nuevo, hombre renovado por medio de una forma; una estructura distinta de recreación para el indígena. Hombres también, que a través de sus alejadas formas de re- creación le sustituyeron y transformaron al indígena sustancial- mente el gozo del cuerpo, de la mente y del espíritu de su raza. Sus orígenes le fueron arrebatados y desmembrados; se impuso a la fuerza –como si no hubiese habido otra alternativa– lo que de- bió ser con amor; se le obligó a creer en algo que debió ser adop- tado con libertad, en ese libre albedrío que es inherente al ser. Arriba: Celebración del Hueytozoztli, dedicado al ciclo agrícola, los primeros frutos. Abajo: Jugadores de patolli, (C. Magliabecchi). (Soustelle, 1984:125, 164). Derecha: Maqueta de Tenochtitlan, del Arq. Marquina. (México 68, bol. 8, [s. a.]:47). Aquí es el inicio de una distinta manera de recreación en él, a partir de ese momento, país subyugado, engañado, invadido, conquistado, menospreciado, esclavizado, envilecido... aborda- do y desbordado por la mentira y corrupción de los invasores. Obviamente se desencadenan las diferentes formas de abstrac- ción en su cuerpo, mente y espíritu, el país confundido y despo- jado al cual se le usurpó su tierra y mancillado su territorio; le fue arrebatada su religión e impuesto una nueva, fue enterrada o casi enterrada su cultura, se le impuso olvidar sus orígenes, ig- norar su mística y perder el sentido de la recreación. Nuevas formas de recreación se habrán de manifestar en este territorio –La Nueva España– México. 46 B. DESARROLLO EN EL TIEMPO 1. La Colonia Trescientos años habrían de transcurrir en los cuales y durante los mismos se crearían profundas brechas entre los indígenas locales y los conquistadores. Esta etapa se caracteriza particular y significativamente por- que se hace patente la toma del poder por parte de los españo- les de todas formas, esto es: el poder económico, el poder polí- tico y administrativo pero sobre todo el poder espiritual; y por esto, no se observa durante esos trescientos años alternativa al- guna para que el indígena pueda sobreponerse a la dura esclavi- tud de tres siglos, y por lo tanto ninguna posibilidad de cambio sustancial en todas y cada una de las estructuras que prevalecían en aquella época. Las distintas formas de diversión que se hacían patentes en ese lapso de tiempo se conformaban en una mixtura resultante de las dos culturas; una, a la que se buscaba a toda costa darle muerte y la otra, la hispánica con todo su peso europeizante impuesto y cuyas expresiones recreativas se presentaban princi- palmente a través de la música y la pintura. Es así, en esa mezcla cuyo sentido esencial se manifestaba fundamentalmente con un propósito religioso: el tradicional autóctono y el nuevo –el im- puesto–, el católico apostólico y romano, como surgen (siempre alrededor de un santo patrono y también alrededor del recinto que servía de albergue a la imagen correspondiente –ambos, casi siempre superpuestos a los que en la época precortesiana se adoraban y servían de adoratorio respectivamente–), múltiples formas de diversión confundidas y supuestamente recreativas Época colonial. como fueron y siguen siendo en innumerables zonas de la repú- Arriba: Cocina del convento de Santa Rosa blica y barrios de la Ciudad de México, la feria (con sus loterías, Puebla, México. ruletas, puestos de comida, juegos mecánicos, etc.), las peleas (El arte mexicano. Arte colonial, t. 6, 1986:804). de gallos, el jaripeo de yeguas, caballos y principalmente toros, Abajo: Hacienda agrícola de Xalpa Huehuetoca, Estado de México las danzas y bailes (las autóctonas y las mezcladas), así como (El arte mexicano. Arte colonial, t. 7, 1986:986). misas, aportación de limosnas y pago de penitencias para obte- ner indulgencias. La organización de estos innumerables eventos –la adora- ción tanto de santos como de vírgenes– recaía en las autorida- des del lugar y, por supuesto, en primer lugar en las de carácter religioso –el clero católico apostólico y romano–; en seguida las autoridades civiles (los caciques) y finalmente, para conformar una estructura indeformable, las autoridades políticas y admi- nistrativas. 47 Esa fue –y sigue siendo– como gota que orada la roca, la forma tenaz y persistente de cómo las autoridades en el poder trataron de menguar y limitar (en su intento de hacerlas des- aparecer) las formas de recreación autóctonas a cambio de otras maneras de divertirse –pero que no de recrearse– del habitan- te de la Ciudad de México; el ofrecimiento del pan y circo, que si bien, supuestamente se otorgaba a todos, es evidente que sólo gozaban, participaban y tenían acceso a estas formas de divertirse la minoría en el poder (españoles, criollos y unos cuan- tos mestizos); el indígena, por falta de recursos económicos y las propias limitaciones de carácter racial, no tenía acceso a éstas pero... él seguía gozando del cielo, la tierra y toda su plenitud. 2. La Independencia El anhelo constante y de siempre e inherente al hombre mismo en su búsqueda del hombre nuevo, permitió después de tres- cientos años, que varones criollos (hijos de españoles) y mesti- zos, líderes surgidos del mayor poder que en ese momento exis- tía, esto es, el poder eclesiástico, se inconformaran con la raíz misma del acontecer cotidiano de esa época o sea contra la co- lonización, el ultraje y la esclavitud; y en escudriñar por dignifi- car al individuo una vez más en la historia, propiciar la recrea- ción a través de hacer posible una convivencia sometida sola- mente a los más puros y elevados valores de la independencia, de la libertad y de la democracia; de tal manera que para salvar todos los obstáculos que se fueron construyendo a través de tantos años no quedaba para aquellos varones limpios, dignos e idealistas nada más que una salida, una forma de declararse a fin 48 de que su objetivo esencial, la búsqueda ansiada; lograr que la felicidad del habitante de la Patria Mexicana, se cumpliera. Fue así como se desencadena la lucha armada que habría de desembocar en la Independencia de México. El día 22 de octu- bre de 1810 se formula el Decreto Constitucional para la liber- tad de la América Latina cuyo carácter en su contenido hace énfasis en los conceptos de Libertad, Patria, Nación; la elimina- ción de la dominación extranjera y sustitución de la monarquía española. En este Decreto Constitucional es de llamar la aten- ción de cómo el Capítulo I es todo él acerca de la religión y en el cual, en su Artículo I° dice a la letra: “La Religión Católica Apos- tólica Romana es la única que se debe profesar en el Estado” por tanto, esta esencia es contradictoria con el contenido del Capí- tulo II, Artículo 9°, en el que se indica: “ninguna nación tiene derecho para impedir a otra el uso libre de su soberanía” –la Reli- gión Católica Apostólica Romana controlada por y desde Roma era evidente que seguiría influyendo de tal forma que limitaría la soberanía del Estado Mexicano. La Independencia. Cuatro años más tarde, el 23 de octubre de 1814, se signa Izquierda: José María Morelos y Pavón. en el Manifiesto de los diputados de las provincias mexicanas a sus Derecha: Batalla de Las Cruces. ciudadanos lo siguiente: (Enciclopedia de México, vol. 7,1977:179, 178). La profesión exclusiva de la Religión Católica Apostólica Romana, la naturaleza de la soberanía, los derechos del pueblo, la dignidad del hombre, la igualdad, seguridad, propiedad, libertad y obligaciones de los ciudadanos, los límites de las autoridades, la responsabilidad de los funcionarios, el carácter de las leyes: he aquí mexicanos, los capí- tulos fundamentales en que estriba la forma de nuestro gobierno.21 21 El Santo Oficio condenó por estas causas, con la nota de herético a Don José Ma. Morelos y Pavón. 49 Conviene reflexionar en este momento acerca del Articula- do y del Manifiesto con respecto de cuales eran las posibilidades en ese momento de real y verdaderamente conseguir la libertad del hombre; lograr su igualdad y de crear de hecho la mística de Patria y Nación cuando la esencia misma del hombre, esto es, el hombre espiritual, la recreación espiritual del hombre, el hom- bre nuevo en el espíritu, seguía sujeto a la esclavitud, dogmas, vicios, tradiciones, leyes, reglas del juego y profundas limitacio- nes fundamentadas en los trescientos años de sujeción a la Igle- sia Católica Apostólica Romana. El cambio de ninguna manera podría ser sustancial, y tal como ocurrió puesto que era evidente que un poder como el eclesiás- tico no podía permitir que el pueblo fuera consciente acerca de lo que significaba libertad, igualdad, patria, nación, restricción de los poderes, el uso y aplicación de los derechos individuales, etc. ¡imposible! Para entender mejor de qué manera los conceptos antes mencionados podrían comprenderse y sobre todo vivirlos, bas- te con acercarnos a observar las condiciones que guardaba la distribución de la riqueza en los principios del siglo XIX represen- tados en el contenido de los planos correspondientes al docu- mento: Estructura urbana y distribución de la propiedad de la Ciu- dad de México hacia 1813.22 Búsquedas importantes se manifiestan en favor de las per- sonas –ciudadanos– en este Decreto Constitucional puesto que su contenido tiene como propósito lograr la felicidad del pue- blo y de cada uno de los ciudadanos a través del goce de la igualdad, seguridad, propiedad y libertad así como el recono- cimiento de la soberanía e independencia a fin de dar cuerpo al verdadero patriotismo. Sin embargo, en múltiples artículos y fragmentos de ellos se hace énfasis acerca de respetar, y como la única a profesar, a la Religión Católica Apostólica Romana, y en caso de oponerse a ella se perseguirán a quienes así lo hicie- ren por los delitos de herejía y apostasía; se involucraban y daban contenido en una Constitución Política de un país a con- ceptos propios de la Edad Media y del Renacimiento y que, evidentemente ya habían sido superadas en toda Europa y Norte América. La Constitución de 1824, no muestra en este sentido gran- des avances salvo que, de ser el Artículo Primero el referente a la 22 “Los sectores de propietarios más importantes en los primeros años del siglo XIX eran la Iglesia y los particulares. Representan respectivamente el 47.08 % y el 44.46% del valor total de la Ciudad.” en Morales, Maria Dolores. Estructura urbana y distribución de la propiedad de la Ciudad de México en 1813. México, DDF. 1988. 50 Tomado del libro de María Dolores Morales, op. cit. 51 Características de la propiedad. Padrón del año 1813 Total de rentas anuales y valor total de las casas Propietario Número de Número de Número de Valor total Propiedades Casas rentas anuales de sus casas Convento de monjas 20 1,001 $468,825.00 $9,376,500.00 Convento de monjes 24 560 $249,061.00 $4,981,620.00 Clero regular 44 1,561 $717,906.00 $14,358,120.00 Clero secular 26 341 $130,918.00 $2,618,360.00 Comunidades civiles de seglares asociados 32 114 $51,470.00 $1,029,410.00 a la iglesia Total: 102 2,016 $900,294.00 $18,005,890.00* Grandes propietarios de la iglesia (de $610,000.00 A $1,248,400.00) Propietario Número de Valor total Porcentaje casas de las casas % Convento de la Concepción 123 $1,248,400.00 6.9 Otros conventos de 790 $7,258,870.00 40.3 monjes y monjas Total 913 $8,507,270.00 47.2 Grandes propietarios de la Iglesia (de $315,000.00 a $600,000.00) Propietario Número de Valor total Porcentaje casas de las casas % Conventos de monjas y monjes 412 $4,001,400.00 22.2 Clero secular Mediana propiedad de la Iglesia (de $96,000.00 a $310,000.00) Propietario Número de Valor total Porcentaje casas de las casas % Conventos de monjes y monjas, Clero secular, Comunidades de 437 $3,726,320.00 20.7 civiles asociados a la Iglesia Pequeños propietarios de la Iglesia (de $720.00 a $91,000.00) Propietario Número de Valor total Porcentaje casas de las casas % Conventos de monjes y monjas, Clero secular, Comunidades de 254 $1,770,900.00 9.9 civiles asociados a la Iglesia * Los $18,005,890.00 representan el 47.08% del valor total de la ciudad, distribuidos como se indica en las tablas. Esta era la propiedad de la Iglesia en 1813. Datos tomados del libro de María Dolores Morales, op. cit. 52 Constitución de 1814, ahora lo encontramos en el Artículo Ter- cero y en el cual, su contenido limita profundamente el libre albedrío del individuo y lo saca de la esencia misma del ser hu- mano; esto es, en su ser espiritual debido a que: Cómo podría- mos entender e interpretar dicho Artículo Tercero que a la letra manifiesta lo siguiente: “La Religión de la Nación Mexicana es y será perpetuamente la Católica Apostólica y Romana. La Nación la protege por leyes sabias y prohibe el ejercicio de cualquier otra”. Podemos inferir, en el discernimiento primero de este artícu- lo que toda ley que impida el libre ejercicio de los sentimientos, pensamientos y voluntad, es ley que esclaviza. Así es como se observa el comportamiento de los conteni- dos de esa ley fundamental y que fue el resultado de grandes y múltiples movimientos armados, de muchas muertes, de un sin- número de exposiciones de motivos y búsqueda de grandes idea- les a fin de trasformar una nación, una sociedad, un hombre, recrearlo en su todo. Sin embargo, cuando lo aparente podría representar cambios, lo esencial en el hombre lo continuaba es- clavizando; y esa condición no distinguía clases sociales, ni ra- zas, ni cargos políticos o administrativos. Ciertamente las diversiones, y algunas de ellas de innega- ble carácter recreativo, formaban parte de la vida cotidiana de una parte de los habitantes de la Ciudad de México de aque- llos tiempos. Múltiples reseñistas y escritores así como artistas en general, nos presentan en sus trabajos el carácter delicioso de la ciudad, sus alrededores, calles, edificaciones, así como el paisaje a través de eventos varios –teatro, ópera, música– que en ella se desarro- llaban y que aún y cuando es obvio decirlo eran para el goce de una población minoritaria –la del poder económico, político y sobre todo el eclesiástico– y cuyo contenido tenía en una buena dosis un propósito recreativo. La gran masa del pueblo y evidentemente el mestizo, pero sobre todo el indígena, no tenían acceso a estos eventos; sin embargo, a cambio podían disfrutar, al igual que cualquier otro, del paisaje natural de aquellos tiempos y que Madame Calderón de la Barca nos narra: [...] es pintoresco siempre, pero cuando se asoma la luna o se pone el sol, se ofrece una visión de los tiempos clásicos. [...] después se oculta el sol con un rojo de furor detrás de las montañas coronadas de nieve, cubriéndose sus majestuosas faldas de un rosa encendi- do, [...] pero las visitas se marcharon y en el patio abierto brilla el 53 sedante astro de la noche. Se fueron todas las nubes, y el azul del cielo es tan azul, que los ojos se deslumbran aún en el claro de la luna. Cada estrella fulgura, dorada y distinta, y parece pecado irse a dormir y perder una noche tan hermosa... aunque para gozar de una verdadera vista de noche tendréis que subir a la azotea, y con- templar a México dormido a vuestros pies; todo el valle y la ciudad misma flotando en el plenilunio, la altísima bóveda azul engastada de estrellas y mientras las montañas se bañan de plata, los blancos volcanes parecen unir tierra y cielo... 23 Así, a la vista de todos y para el goce de todos la Recreación Física y la Recreación Mental, cada una con sus propias caracte- rísticas, se daban en la Ciudad de México y sus alrededores en los años cuarenta del siglo XIX. Este disfrute de los paseos, las fiestas, las abundantes fiestas religiosas, etc., y el tiempo (1841) podría hacernos pensar en que el habitante de la Ciudad de México y por extensión el del propio país gozaba de una plena y absoluta libertad; la realidad no era esta, pues, como resultado del contenido del articulado de la Constitución de 1824, había algo que a la sombra y en la oscuridad de las tinieblas se desarrollaba y cuyo temple y esen- cia limitaba profundamente esa búsqueda libertaria; esto es : la esclavitud de la recreación espiritual. La misma Señora Calderón de la Barca, en esa facilidad y genio descriptivo que le es muy propio nos narra un evento sin- gular pero que seguramente era común en la época y las que le precedieron, acerca de la acentuada necesidad de la búsqueda del ser humano por lograr el hombre nuevo: Más la otra noche presencié una escena mucho más extraña: la penitencia de los hombres. Pudimos presenciarla gracias a ciertas influencias, “privadas pero poderosas”. En consecuencia, a las pri- meras sombras, envueltas en grandes capas y sin la menor idea de lo que iba ha suceder, nos fuimos a pie por las calles que conducen a la iglesia de San Agustín... la escena era curiosa. Cerca de ciento cincuenta hombres, envueltos en sus capas y sarapes, embozados los rostros, se habían congregado en medio de la nave. Un fraile acababa de subir al púlpito. La iglesia permanecía casi a oscuras, salvo el sitio ocupado por el fraile, cuya figura surgía en atrevido relieve con su hábito gris, echada a sus espaldas la capucha, descu- briendo una frente amplia y calva y una expresiva fisonomía. 23 Calderón de la Barca, Madame, La vida en México, 1840-1841, México, Ed. Porrúa, 1970. pp. 68-69 54 Su prédica fue una descripción cruda, pero ardorosa y elocuente, de los tormentos que les aguardan en el infierno a los pecadores contumaces. La escena empezaba a revestirse de una gran solem- nidad; como si dispusieran a bien morir a una caterva de crimina- les condenados a la última pena. Terminó la predica y se arrodilla- ron todos, y unidos en fervorosa oración, dabánse golpes de pe- cho y tocaban con la frente el suelo. Otra vez se levantó el fraile, y con voz muy clara leyó algunos pasajes de la Escritura que relatan los sufrimientos de Cristo. Irrumpió el órgano con el miserere, y de súbito se hundió el templo en las tinieblas profundas, menos un monumento del Calvario que, como suspendido en el aire, quedó- se iluminado. Empecé a sentir cierto temor, y de buena gana hu- biera salido de la iglesia, si la obscuridad me lo hubiese permitido. De pronto se dejó oír una terrible voz en las tinieblas: ‘¡Hermanos míos! Cuando a Cristo le ataron a la columna, los judíos le azota- ron!’. Dichas que fueron estas palabras, desapareció el monumen- to que había permanecido encendido y se hizo noche cerrada. Oímos al instante los golpes de centenares de disciplinas azotar las carnes desnudas. Me es imposible imaginar nada más horrendo. No habrían pasado diez minutos cuando a los golpes secos sucedieron otros más blan- dos; eran los que batían la sangre que ya brotaba. He oído decir de penitencias semejantes que se practican en las iglesias de Italia, y también que la mitad de los disciplinantes no se azotan de veras; pero aquí, en donde se hace en el más absoluto secreto, creo que no puede uno llamarse a engaño. “Y si supiéseis que significa: misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes” (Ev. según San Mateo 12:7). Parecerá increíble, pero esta inaudita penitencia siguió durante media hora sin parar. Si ‘unos a los otros’ se dieran con las discipli- nas, quizás su energía causaría menos asombro. No podíamos salir de la iglesia, pero aquello era sencillamente nau- seabundo, y sólo cuando estreché entre mis manos las de la seño- ra... y sentí la compañía de un ser humano, se desvaneció la impre- sión que yo tenía de haber sido transportada a un aquelarre de espí- ritus diabólicos. Se escuchaba de cuando en cuando, aunque bien pocas veces, un lastimero ¡ay! y también la voz del fraile que les daba ánimo con sus jaculatorias o con cortos mensajes de la Escritu- ra. Dejaba oír sus notas el órgano, y aquellos pobres infelices trata- ban con voz desfallecida de seguir el canto del miserere. Oír los golpes de las disciplinas es algo indescriptible. Al cabo de media hora sonó una campanilla, y se oyó la voz del fraile exhortándoles a que templaran su rigor; pero era tal su frenesí, que los horribles azotes continuaron más fuertes y más despiadados que nunca. 55 En vano les pedían que no se mataran, y que era inconcuso que el cielo estaba ya satisfecho y que la naturaleza humana no puede resistir más allá de cierto límite; el recio zumbido de las disciplinas, de hierro muchas de ellas con agudas púas que penetraban en las carnes, fue la única respuesta. Por fin, como si estuvieran al cabo de su fuerzas, el ruido de los golpes se fue apagando, y poco a poco cesó del todo.24 Mayor sinceridad no se puede requerir de quien anhelosa- mente busca ser transformado, de quien pide desde lo más profundo de su corazón ser trasformado en un hombre nuevo; pero es evidente que también ese acto penitente mostraba un gran desconocimiento acerca de cuál era la voluntad de ese Dios por el cual se ofrecía ese sacrificio, por el cual se sacrifica- ba: “Mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” –Romanos 6:23–. Sin embargo, lo que es de llamar la atención sobre todo esto es la gran y aguda perversidad que se manifiesta en aquellos que propiciaban en el nombre de Dios, aquel sacrificio humano y gran derramamiento de sangre –tal como ocurría en las ceremonias religiosas en el ahora territorio mexicano en el período anterior a la conquista ¿o hay alguna diferencia? En la escrutación por la libertad, la transformación en lo más íntimo del mexicano; las peticiones, requerimientos y ne- cesidades de personas y núcleos sociales inmigrados de otros países por motivos de carácter político y económico, pero so- bre todo debido a las pretensiones y exigencias que en materia política y económica, aunada a su presencia e influencia en la vida espiritual por parte del clero romanista, motivan al pueblo liberal, una vez más; a formular –contra toda la furia clerical y los grupos conservadores– a través de acciones manifestadas de múltiples maneras: la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma de 1860, en donde se universaliza la pretensión sus- tantiva y fundamental de la libertad de culto que posibilita la búsqueda de ser una nación libre en toda la extensión de la palabra. El hombre mexicano trascendía la esclavitud de su ser espiritual y era ¡por fin!, apoyado en las leyes sustantivas, libre de elegir el culto religioso que a él le llenara, en el anhelo per- manente de ser convertido a un hombre nuevo. La incesante necesidad de solaz espiritual y que por ese simple y extraordi- nario hecho, tendría repercusiones en la recreación de su ser físico y mental. 24 Ibidem, pp. 198-199. 56 Provincia mexicana. Cuánta dignidad, cuánto respeto, con qué sobriedad mani- (Enciclopedia de México, t. 10, 1977: 367, 71). fiesta su reverencia la Constitución de 1857 al Ser Supremo. En el lugar preciso a la persona justa. Por esto y nada más que por esto, esta ley y quienes la generaron y apoyaron, ocupan un lugar tan ilustre y respetable ¡y cómo no habría de ser así! pues- to que su preocupación primera era la de poner al alcance de todo ciudadano mexicano la alternativa de convertirse al hom- bre nuevo. ¡El nuevo hombre ya era posible! 3. Entre la Reforma y la Revolución Grandes expectativas se presentaban para el pueblo mexicano con la integración de la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma de 1860. El hecho de su existencia de que en las leyes fundamentales de nuestro país y desde luego para la Ciudad de México, en su contenido; contuvieran letras que al aplicarse modificaban, revolucionaban sustancialmente la estructura eco- nómica, social, y sobre todo la liberación absoluta del espíritu, 57 alentaba a cambios profundos, de raíz, hacia un nuevo estado del sujeto. La sinrazón limitó, tanto en el tiempo como en el espíritu mismo ese gozo –la alternativa de modificar en su esencia la estructura del país–, debido a que, era evidente que el grupo de poder, y no el poder político o el poder económico; sino aquel que a través de los siglos –y en nuestro país desde la conquista misma había tenido esclavizada la inteligencia y la razón–, no había cejado de luchar para recobrar lo que transitoriamente había perdido, y tal vez este verbo esté mal aplicado y cabría mejor decir que aún y cuando lo material se le había arrebatado, lo sustancial lo conservaba; esto es, el control de la inteligencia y de la razón del habitante de este país, en su gran mayoría segui- ría bajo su potestad. Lo material habría de recuperarlo en el tiem- po ¡y con creces!. La alternativa de posibilitar una nueva criatura habría de esperar, ciertamente habría de esperar. Los diferentes regímenes de gobierno posteriores a ese varón ilustre; don Benito Juárez, quien poseía una mente universal, pro- motor de la Constitución de 1857 y de las Leyes de Reforma de 1860, a la muerte de éste, se sientan en el trono político mexica- no, varones ajenos totalmente a lo que las leyes fundamentales manifestaban en su contenido como mandato. La manipulación, el control, la subyugación del hombre cam- pesino, del hombre empobrecido a través de la máxima –y ésta sagazmente enseñada– de que el reino de los cielos estaba pre- parado para los pobres, los sujetaba a una profunda esclavitud sobre todo la esclavitud del espíritu; esto es, la esencia misma de su ser. En 1876 se inicia una etapa dictatorial que se prolongaría hasta los primeros años del siglo XX (1910) y cuya singularidad puede resumirse en los siguientes párrafos: Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, 1857. Arriba: portada, abajo: página 5. Es indudable que en la época porfiriana, el clero mexicano recobró fuerza: acrecentó sus propiedades, multiplicó sus escuelas, hospi- tales peregrinaciones, diócesis. [...] en el norte y en el occidente del país prosperaba una nueva clase de rancheros, pero en la región central, asiento del México viejo, del México indígena y colonial, los pueblos libres sentían el avance cada vez más agresivo e impune de las haciendas que se apoderaban de sus tierras comunales.25 25 Krauze, Enrique, Porfirio Díaz, Místico de la autoridad, 1a. ed., México, Fondo de Cul- tura Económica, (Biografía del Poder, t. 1), 1987. p. 41. 58 Pero, lo que identifica con absoluta contundencia el carácter de este régimen que se mantuvo en el poder durante 30 años es lo que se señala en la parte final del libro “Porfirio Díaz, místico de la autoridad ”.26 Hay un agravio del que el General Porfirio Díaz fue responsable por entero y que aún ahora, a 70 años de su muerte, sigue pesando dolorosamente sobre la vida moral de México. Es aquel que más de una vez deslizó en su oído, en tono de profecía, la voz sabia y prudente de Justo Sierra, voz que aquel místico de la autoridad, padre incapaz de formar nuevos padres, se negó siempre a escuchar: [...] esa nación que en masa aclama al hombre, ha compuesto el poder de este hombre con una serie de delegaciones, de abdicacio- nes si se quiere, extralegales, pues pertenecen al orden social, sin que él lo solicitase, pero sin que esquivase esta formidable responsa- bilidad ni por un momento y ¿eso es peligroso?, terriblemente peli- groso por lo porvenir, porque imprime hábitos contrarios al gobier- no de sí mismos sin los cuales puede haber grandes hombres, pero no grandes pueblos [...] toda la evolución social mexicana habría sido abortada y frustránea si no llega a ese fin total: la libertad. 4. El grito de la Revolución En el año de 1909, aparece en nuestro país un clásico dentro de la investigación política, social y económica de México, y cuyo contenido elaborado con un profundo conocimiento de las con- diciones y la situación que prevalecía a nivel nacional, marca un hito que seguramente habría de influir en las decisiones y estra- tegias que se tendrían que desarrollar en los años inmediatos La Reforma y el Porfiriato. posteriores a su publicación y que, desde luego, esa influencia aún permanece viva entre los estudiosos de la problemática de Arriba: Benito Juárez. Abajo: Porfirio Díaz. nuestra nación. (Krauze, Porfirio Díaz, 1987:8, 46). Nos estamos refiriendo a ese documento visionario, exce- lente, profundo y patriótico denominado: Los Grandes Proble- mas Nacionales,27 de don Andrés Molina Enríquez. Un concepto que a través del documento, ya sea como ele- mento sustancial o bien referido y tratado en forma comple- mentaria, aparece en múltiples ocasiones; el “territorio”; su pre- ocupación, énfasis e interés que muestra acerca de este contor- no denominado territorio, variable fundamental dentro de los 26 Ibidem, p. 152. 27 Molina Enríquez, Andrés, Los grandes problemas nacionales, México, Ediciones del INJUMEX, 1964. 59 Época porfiriana: Grandes Problemas Nacionales y particularmente dentro de la Arriba: Trapiche. célula que sustenta el gran concepto Patria; esto es: la familia. Derecha: Entre cañas. (Krauze, Emiliano Zapata, 1987:26, 32). Sin embargo es relevante y prudente observar que el origen de la importancia de lo que conforma el territorio es tan antiguo como la creación misma y, como un sustento, como un apoyo a esta afirmación y como un paréntesis breve para llegar a nuestro objetivo, podemos acercarnos a lo que dicen las Sagradas Escri- turas en este sentido: “Tomó, pues, Jehová al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Géne- sis 2:15), así como le fue otorgado este territorio primero al hom- bre, así también, por su desobediencia le fue arrancado. “Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre...( )”. Así como Dios quitó, así también Dios prometió un nuevo territorio; esto es, La Tierra que fluye leche y miel: “La Tierra Prometida”. Es así como el “territorio”, aquella tierra que fluye leche y miel, manifiesta una parte sustantiva del hombre y en este caso del pueblo de Israel. Necesitarían transcurrir, después de la primera diáspora, aproxi- madamente 2,500 años para que “el territorio”, aquella tierra pro- metida volviera a sus manos (de Israel); este hecho se da en el año de 1948 de nuestra era, y es el momento en que se reconoce a Israel como Estado y es el tiempo en que se conforma como Na- ción; es el tiempo también en que este pueblo pudiera recobrar para sí el concepto “Patria”, duramente arrebatado, pero siempre anhelado con afán. empero, es importante observar cuál era (es) el propósito fundamental del Creador y Dador del pueblo de Is- rael: En la Profecía que se asienta en el Libro de Ezequiel (Ez.36:24- 26, 580 a.C.) se escribe: “Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país, os daré corazón nuevo, y pondré Espíritu Nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un cora- zón de carne”. 60 Es evidente que el tema central se refiere a la conversión y restauración futura de este pueblo puesto que, conforme a lo antes escrito, esta profecía es contundente en cuanto a manifes- tar el propósito central que es el de hacer posible una nueva criatura, un nuevo hombre asentado en su tierra, en su territo- rio, en su país, en su Patria. Así, al cerrar el paréntesis y retomar el camino que había- mos iniciado acerca del documento Los grandes problemas na- cionales relativo al territorio, encontramos con sorpresa y ad- miración una descripción que, además de abundante es suma- mente singular acerca del tema y lo que significa y conlleva ese concepto. En su “Apunte Crítico”, don Andrés parte desde el origen más simple de la vida; esto es, las células y a través de los orga- nismos conformados por ellas y de sus funciones primordiales – la respiración y la alimentación– haciendo un recorrido en la escala de los organismos, desde la amiba rudimentaria hasta el hombre, observa cómo éste no es un ser completo y, por lo tanto le falta el complemento, la mujer, cuyo carácter funda- mental es el de la reproducción y que, indica, la mujer está for- mada de la misma masa del hombre. Estos dos organismos que se conforman en uno para efectos de la reproducción, generan uno nuevo: el hijo, y es hasta este mo- mento cuando ocurre el hecho maravilloso, el de quedar constitui- da la estructura extraordinaria denominada familia. Continúa la descripción anotando: “los padres y los hijos en la necesaria separación de la lucha por la vida, acaban por des- conocerse. Así tuvo que suceder ...hasta que la agricultura per- mitió el aseguramiento de la vida común, e hizo posible el man- tenimiento, y por consiguiente el fortalecimiento y la dilatación de los lazos familiares”. Esta multiplicación de los hijos permitió que se conformaran las tribus y, conforme ”a las mismas condi- ciones orgánicas de la familia, se encuentran los orígenes, orgá- nicos también de la sociedad”. Desde su origen, la característica del hombre de tener una superioridad física y material, genera una serie de funciones relacionadas con el organismo total, por ejemplo la protec- ción, amparo y defensa del sistema propio y así es como “...el hombre tiene así mismo en su calidad de sistema de los órga- nos principales, y poseedor de las funciones generales de rela- ción, la carga de la alimentación propia y la de la alimentación de los sistemas mujer e hijos (la célula familiar). De su función primordial directora, se deriva la autoridad que el derecho ro- mano formuló y definió tan acertadamente con el nombre de 61 Patria Potestad, autoridad que subordina a la mujer y a los hi- jos al poder del padre”. Continuando con esta excelente descripción se manifiesta que al debilitarse la Patria Potestad primitiva, ésta se fue convir- tiendo en una deidad y la cual, en el perfeccionamiento psíqui- co de las unidades sociales generan “el concepto de la divinidad superior, creadora de todo, todopoderosa y protectora de todas las criaturas humanas a las que tenía a la vez que sustentar y que defender”. Así, agrega don Andrés: “tal es la razón del altar” y apunta: “El altar significa, pues, en conjunto nuestro origen, nues- tro sentimiento de unión al principio creador que nos dio el ser, nuestra subordinación absoluta a ese principio, nuestra súplica del pan de cada día, nuestra esperanza de defensa en todas las luchas”; esto es, El Padre Nuestro. Y así, ante estas dos palabras de una oración sencilla pero profunda agrega: “nótese que Jesús indica desde las dos primeras palabras de su oración, el concep- to de la Divinidad como Padre, y la noción de la sociedad como formada por los hijos de una familia, es decir, por hermanos. Eso es la sociedad original en efecto, una dilatada sociedad de her- manos”, e inmediatamente agrega: “la Patria es una ampliación de la sociedad original. La palabra Patria se deriva de la latina patria, que se deriva, a su vez, de la griega patros, que significa padre, lo cual supone la misma concepción del agregado social, como una familia derivada de un padre común, o sea una fami- lia de hermanos unidos por la misma religión”. Conforme a todo este proceso concluye: “La Patria, pues, es en resumen, desde el punto de vista sociológico en que la venimos considerando, la unidad del ideal común”. Así mismo escribe y define “la palabra Patria no es sinónimo de raza, de pueblo, de sociedad, ni de estado. La palabra PATRIA, como venimos diciendo, responde a la idea de agrupación familiar”; y aclara a su vez, “una Patria puede ser una raza, un pueblo, una sociedad, un Estado; pero un Estado, una sociedad, un pueblo, una raza, no son siempre una Patria... sin embargo la Patria y la raza casi se confunden”. En este análisis, a grandes saltos y sólo refiriéndonos evidente- mente a lo que nos interesa en relación del concepto sustancial que nos atrae, se concreta el ámbito de competencia o el carácter más bien acerca de la Patria y la raza como sigue: “por el mismo proceso evolutivo por el que una familia al dilatarse se convierte en una Patria, se convierte en una raza; en ese proceso, la raza es el resultado material; la Patria –llamémosle así– moral”. Finalmente, dentro de esta disertación se llega a lo que es nues- tro propósito, dice el documento ya mencionado: “una Patria, un pueblo, una sociedad, un Estado, formas todas de vida humana 62 colectiva, necesitan ante todo, el dominio del territorio que ocu- pen –estar sujetos al suelo, como todo ser del reino vegetal. ”La relación entre la vida de una comunidad humana y la ocupación de un territorio determinado es tan estrecha, que aquella no puede existir como tal sin esta última ...de tal manera es íntima la relación entre la colectividad Patria y el Territorio”. Así, concluimos en este momento que sin el territorio no puede conformarse la Patria. Los judíos de la diáspora no tenían territo- rio por lo tanto tenían ausente de su vida la Patria. De tal manera que la Patria de una persona es el territorio en que ha nacido. En esta síntesis de un proceso descriptivo en el que paso a paso se ha desarrollado un análisis hasta llegar a definir el con- cepto Patria, se observa la extraordinaria importancia de todo lo que conlleva a formular el amado concepto denominado terri- torio. Este extraordinario y sabio campo descriptivo –y habremos de abusar al transcribir aquellas partes que por su importancia para nuestro caso así lo requieran del documento que es nuestra referencia– don Andrés Molina Enríquez concluye de la siguien- te manera: Lo que es en suma la unidad del ideal Patria. Todo lo que llevamos expuesto acerca de la Patria, nos autoriza para formular las siguientes conclusiones: Primera. Las condiciones orgánicas de la vida humana conducen en todos los agregados humanos, a cierta identidad de hechos, de sentimientos y de ideas que generan lo que hemos llamado el ideal; Segunda. El ideal responde en sustancia, a la unidad de origen, de religión, de tipo de costumbres, de lengua, de estado evolutivo y de deseos, de propósitos y de aspiraciones; Tercera. No puede existir la comunidad social Patria, sin la plena comunión del ideal; Cuarta. La fuerza interior de la organización social, la fuerza exte- rior del conjunto, y la fuerza de resistencia contra los impulsos so- ciales extraños, dependerá siempre de la integridad del ideal, por lo que la pérdida de algunos de los varios componentes del ideal, debilitará correlativamente dichas fuerzas; Quinta. En un pueblo, en una sociedad, en un Estado, pueden coexistir algunos agregados patrios completos, y algunos grupos de agregados patrios divididos, pero aquellos agregados, mientras conserven su cohesión propia, conservarán su propio ideal, y estos grupos, mientras conserven también su propia cohesión, tendrán la orientación del ideal correspondiente al ideal de su Patria res- pectiva; y 63 Sexta. Un pueblo, una sociedad o un Estado, no llegarán a ser en conjunto una Patria, sino hasta que entre todos los grupos y unida- des componentes, exista la unidad ideal”. Familias mexicanas. Terminamos este análisis extraordinario acerca de la Patria (Krauze, Lázaro Cárdenas, 1987:61, 132). retomando del escritor lo que originó su magistral disertación: “definición de la Patria: ...la Patria, ha dicho el Señor Licenciado Don Justo Sierra, actual Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, es, en substancia, el altar y el hogar” y agrega nuestro escritor: “La definición es exacta pero es demasiado profunda” por lo tanto se concluye que la Patria es también el hogar y que éste es el corazón, el centro de todas las actividades fundamen- tales, esenciales de la familia. Puesto que ella se reúne, transmite de múltiples formas sus tradiciones, su cultura, sus vivencias al- rededor del fuego, del fogón, del hogar, en el hogar; por tanto, cuando en el hogar “cuanto más perfectas son las condiciones de la vida orgánica familiar, tanto mayor es el bienestar de los hogares, y tanto más dulces son el calor de ese bienestar, los sentimientos de cariño que atan a los organismos componentes de la familia. Una Patria por lo mismo, es tanto más sólida, cuan- to mayor número de hogares contiene y cuanto mayor bienes- tar confronta la vida en cada hogar.” Al igual que don Andrés pido también perdón por toda esta disgresión acerca del concepto Patria pero, invitamos a hacer un alto y observar lo siguiente: Es importante tener en cuenta el tiempo, el momento y las circunstancias que prevalecían en el México de 1908-1909, etapa en que, como ya antes se ha men- cionado surge de la edición “Los Grandes Problemas Naciona- les”, que tanto nos ha llamado la atención en lo general como 64 en la parte que apoya al contenido y búsqueda del documento que ahora se escribe. La reflexión que sobre este particular inci- so, descrito –y discúlpese la insistencia en el reconocimiento– tan magistralmente, se debe de hacer y sobre todo comprender el propósito sustancial que subyace en todo lo descrito. Ante las condiciones miserables que en ese momento prevalecían en nuestro país (la esclavitud, la dictadura, las condiciones hege- mónicas que sobre el patrimonio nacional tenían países extran- jeros, la brutal división de clases, etc.), esta descripción, este análisis tenía un solo propósito: la búsqueda de una nueva cria- tura, la intención sustantiva de hacer comprender y promover, propiciar tanto en lo individual como en lo colectivo (la familia, el hogar) al hombre nuevo. 5. La Revolución Pocos años después, en aquel movimiento explosivo que surge y se expresa como el movimiento armado de 1910, la Revolu- ción Mexicana; surge también un grito que habría de darle un carácter fundamental, un propósito principal a aquel movimien- to social armado y cuya esencia, tal vez no comprendida en lo fundamental pero sí, desde luego, como el satisfactor inmediato a los requerimientos primarios de carácter material del pueblo, sobre todo la masa campesina mexicana. Estamos haciendo mención con esto, a la frase que habría de ser la bandera que enarbolara ese insigne mexicano que fue don Emiliano Zapata; esto es: “Tierra y Libertad”. Estas palabras combinadas pareciera ser que en su conteni- do, en el análisis profundo que ello manifiesta abarca todo aque- llo que intelectual y racionalmente se habría de definir como patria, como hogar. Ciertamente, al hablar de tierra no se puede suponer o en- “Tierra y libertad” tender como la simple propiedad y la producción que de ella se Emiliano Zapata, foto mítica. obtenga, sino más bien se comprende como el territorio en don- (Krauze, Emiliano Zapata, 1987:50). de se asienta la familia; el espacio físico-espiritual en el que se ubica el hogar y éste, lleno de libertad, no sujeto, en donde las tradiciones, aquellas trasmitidas de padres a hijos, las costum- bres, la ideología, la religión: es decir la patria íntegra: Territorio- Hogar-Patria-Libertad, propiciarán en todo ello la Nueva Criatu- ra en su propio territorio y con una nueva mentalidad. Cuánto deseáramos poder describir en toda su excelencia, su profundidad, lo que descubrimos en esas palabras –Tierra y Libertad–. Llenas de rencor ¡sí! pero también llenas de deseo, 65 de búsqueda: el hombre nuevo en el cuerpo, en la mente, en el espíritu. Ese fue el grito sustantivo de la Revolución Mexicana en 1910. Un breve paréntesis Es importante resaltarlo; esta manifestación no es única, ni pro- pia y menos aún privativa de nuestra nación; de nuestros próce- res, pues de serlo así, el ser humano sería un ente limitado y ajeno a su esencia misma que lo presenta como un ser universal. Efectivamente, muchas acciones armadas que desembocaron en un movimiento revolucionario tuvieron su origen, fueron con- cebidos en la mente de seres humanos cuyo espíritu ardía en la búsqueda de la “Nueva Criatura” y que, sabían bien, por lo que la historia misma les declaraba, que a costa de lo que fuera –aún la vida misma– había que lograrlo. Revolución mexicana, Francisco Villa. Ese espíritu ardiente tendría que manifestarse en unas cuan- (Krauze, Francisco Villa, 1987:36, 52). tas palabras que conformaran una frase sencilla, simple y que a la vez fuera lo suficientemente poderosa para que al gritarla, no sólo fuera el despido del aire acumulado en unos pulmones por reventar sino también la exhalación de ese viento sublime que conforma el espíritu del hombre anhelando ser libre. –Tierra y Libertad– –Patria o Muerte– –Por el Pan, Por la Paz, Por la Tierra– 66 Ciertamente, en nuestro siglo hemos escuchado entre otros gritos demandantes, además del “Tierra y Libertad”, el “Patria o Muerte” y el “por el Pan, por la Paz, por la Tierra”, en donde se puede observar que predomina las palabras “Tierra” y “Patria” que en sus definiciones y profundo contenido, es la razón del ser humano en su incesante búsqueda del hombre nuevo. 6. La Constitución de 1917 Las diferentes fuerzas de poder, las múltiples ideologías sin ex- cluir los grandes y variados intereses aún vivos después de una dictadura de casi 30 años por una parte, y por otro lado 6 años de derramamiento continuo de sangre de miles de mexicanos y de algunos de sus principales líderes, era el espectro, el cuadro real que proporcionaba las variables fundamentales para formu- lar la estructura legal que permitiera ciertamente los cambios sustanciales del Estado y la sociedad. Es claro que el pueblo mexicano, el cual a pesar de momentos y tiempos ciertamente muy cortos, como fue la promulgación de la Constitución de 1824, así como las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857, vivía aún en condiciones miserables y deseoso de terminar con tantos años de oscuridad y oscuran- tismo. Las expectativas que ahora se presentaban eran muy diferentes a las que prevalecían como antecedentes a los dos movimientos armados ocurridos entre los 1800 y 1899; los primeros años del siglo XX, presentaban condiciones de gran singularidad con res- pecto al siglo anterior, lo que marcaba grandes necesidades de integrarse a la dinámica mundial con sus grandes inventos, nue- vas tendencias e innovaciones, así como movimientos sociales y económicos. Esta era la gran preocupación de hombres visiona- rios cuya mente universal no podían aceptar el seguir sujetos a condiciones de dependencia y esclavitud tales como se vivían en la edad media, así como ajenos a todo el desarrollo político, social, cultural y económico que se observaba en múltiples re- giones y países del orbe. A esta gran visión tendríamos que agregar por razón de jus- ticia, que a tales varones –en su gran mayoría– habría que reco- nocerles el carácter singular que permitía que se identificaran unos con respecto de otros esto es, ¡eran verdaderos patriotas! El concepto Patria en ellos, era algo tan arraigado que evidente- mente estaba anidada en la parte más íntima e importante de su ser, de su carácter, de su personalidad, de su razón de vivir. Y en 67 esa verdad y convicción, se hacía viva una esperanza: la posibili- dad de que, al formular la estructura jurídica que formalizara las acciones del hombre en lo individual y como ser social en una colectividad, permitiera llenar todos los vacíos y convertir al hom- bre en un ser activo, participativo; nueva criatura. Con esa vi- sión, el objetivo fundamental de propiciar la igualdad del hom- bre no importando razas, ni condiciones económicas, ni credos, es que se estructura y formaliza en todo su contenido la Consti- tución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, cuyo carácter fundamental es el de ser un documento doctrinal con una esencia particularmente socialista en donde el cuidado del ciudadano mexicano, su libertad y el impulso al desarrollo de su libre albedrío en su mente y en su espíritu, son sellos, marcas visibles que se señalan enfáticamente en los diferentes articula- dos de la Carta Magna. Es un avance sustancial en la mentalidad de los constituyen- tes y como no habría de ser así después de casi 400 años de estar sujeto el pueblo –con breves paréntesis– a condiciones de poder ajenos a la esencia del ser mismo: esto es, ser un ente esclavizado: esclavizado en el cuerpo, en la mente y lo más gra- ve: en el espíritu puesto que, como ya se ha mencionado con anterioridad, en el Decreto Constitucional de Apatzingán de 1814 en el Capítulo I y en su Artículo I° (el único por cierto) se mani- fiesta que: “La Religión Católica Apostólica Romana es la única que se puede profesar en el Estado”. Así mismo, en la Constitu- ción de 1824 en el Título I, Artículo 3° dice que: “La Religión de la Nación Mexicana es y será perpetuamente la Católica Apostó- lica y Romana. La nación la protege por leyes sabias y justas y prohibe el ejercicio de cualquier otra”. La Constitución de 1857 de manera respetuosa, solemne, digna; solamente asienta como introducción fundamental: “En el nombre de Dios y (agrega) con la autoridad del pueblo mexicano”. Al recobrar de estos documentos la porción de ellos que con- sideramos es la que otorga el carácter fundamental de ellos, es con el propósito de observar así mismo cuál es el carácter sus- tantivo, esencial de la Constitución Política de los Estados Uni- dos Mexicanos que se promulgó el 5 de febrero de 1917. En el Capítulo I observamos con sorpresa que se manifies- ta desde sus inicios el carácter que habrá de predominar en todo el documento: La Libertad, la Razón, el Respeto, la Justi- cia y sobre todo la Dignidad. Porque de qué otra manera se puede interpretar el Título “De las Garantías Individuales” de este Capítulo. 68 Rápido hemos de tener la respuesta a lo anterior, pero así mismo (y esto es lo importante, lo que nos interesa), encontrar la razón, el vínculo entre el contenido de esta Constitución y lo que es el propósito base del documento que se elabora. Ciertamente hemos mencionado en innumerables ocasio- nes la razón de ser de la recreación; en el cuerpo, mente y espí- ritu, explosivamente sin mayor preámbulo, en el Capítulo I en sus Artículos 1 y 2, nos da una respuesta sorpresiva, contunden- te, brillante y extraordinaria a nuestra inquietud de análisis y formulación de la necesidad de “la nueva criatura” ya que en tales porciones de la Carta Magna quedó asentado así: Este Artículo presenta con soberbia claridad y contundencia nada más ni nada menos que ¡la libertad del cuerpo! Una enseñanza libre, cuyo motivo e intención básica es la de hacerla posible y conveniente para todo ciudadano, no impor- tando edad, sexo, religión, ni raza, libre mentalmente; y así se da ¡la libertad de la mente! En el Artículo 3°, en su segundo párrafo anota: Artículos tomados del original Constituciones de México, Secretaría de Gobernación. 69 De este párrafo sacamos que, la corporación religiosa en su quehacer, su propósito esencial, su razón de ser, es lo relaciona- do con la “Recreación Espiritual” por lo que en este artículo ya se insinúa lo que categóricamente habrá de asentarse en otros subsecuentes; ¡La Libertad del Espíritu! Sorprende y apasiona que en tan breve espacio, tan inme- diato, con tan pocas letras y frases, se deja ver la visión futurista; casi de videntes de ese núcleo extraordinario de varones que conformaron el Congreso Constituyente. Efectivamente, si bien la palabra suprema Dios, elemento que es y conforma la sustancia y la razón de ser de la recrea- ción espiritual, no forma parte ni está contenida explícitamen- te en el lenguaje que encierra la “Constitución de 1917”. Claro está que manifiesta un avance sustantivo en los múltiples asun- tos que trata acerca de posibilitar las diferentes maneras de recreación. Para entender y confirmar lo que se ha querido expresar este artículo, hay que leerlo palabra por palabra y cuidadosamente. El interés de observar el articulado de la Constitución Políti- ca de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 en relación con nuestro Caso de Estudio, crece e inquieta una vez que se presen- ta a nuestra vista el Artículo I°, “De las Garantías Individuales”, título significativo y que por ello se considera conveniente llevar a cabo el análisis de los diferentes artículos relacionados con la recreación: bien sea en una relación directa o bien derivada del concepto o problema del que traten las diferentes partes de ar- tículos o incisos de la Carta Magna. Artículos tomados del original Constituciones de México, Secretaría de Gobernación. Una vez más es digno de observarse el énfasis que con res- pecto al carácter del hombre –en su presencia total– se mani- 70 fiesta en una porción del Artículo 5°, en él se hace mención al cuerpo (lo relativo al trabajo), la mente (en cuanto al ámbito de la educación) y el espíritu (lo más íntimo del hombre) y es esta la condición que debe procurarse para que el hombre in- tegro, sea libre. Al hacer el análisis de este articulado se observa que es in- cuestionable y que tiene su fundamento en el proceso histórico de nuestro país, por ello es que se recalca en aquella área que se refiere al hombre espiritual. Las cadenas que durante tantos años habían apresado al mexicano en su ser espiritual se rompían definitivamente; o mejor dicho: ante la continua acechanza, tal vez, tal vez para siempre. Artículos tomados del original Constituciones de México, Secretaría de Gobernación. El grupo constituyente estaba conformado por prestigiados conocedores de la historia de México, por lo tanto, reconocían en este postulado; que al proclamar la libertad del hombre, se requería como elemento sustancial la autonomía también de su fe; el uso del libre albedrío del hombre en esa área que es la más profunda de su ser, la que nada ni nadie, en las condiciones cualquiera que éstas sean, le pueden arrebatar. Así mismo, en esta independencia, se deja bajo la responsa- bilidad de cada ciudadano, en su personal potestad las conse- cuencias que como resultado de aquella se hicieran manifiestas. Era claro, por lo tanto, que en la conciencia de cada hombre libre en el cuerpo y en la mente; recaería su libertad o la atadura de su espíritu. No se tendría el pretexto de las presiones o amena- zas y tampoco el de las costumbres y tradiciones. Era evidente que se formulaba y ciertamente en forma contundente, la posibi- lidad dentro del derecho con el propósito de que fuera un hecho la recreación del hombre. 71 8:00 h 16:00 h Art. 123 de la Constitución Política de 1917 16:00 h 8:00 h Situación que Logro de la generalmente Revolución: prevalecía Jornada diaria de trabajo D í 1 2 3 4 5 6 7 1 2 3 4 5 6 a d e Art. 123 de la d Constitución Política e de 1917 s c a n s o Situación que generalmente prevalecía Logro de la Revolución Artículos tomados del original No se duda del propósito sustancial al generarse este artícu- Constituciones de México, lo de ley, como resultado a un análisis sencillamente racional, Secretaría de Gobernación. evidentemente que es una respuesta a los cientos de años de intolerancia de la clase en el poder y la esclavitud física de la que había sido objeto casi todo el resto de la población de México. El propósito eminentemente socialista –el beneficio de los muchos– que se observa en estos cuantos renglones del Artículo 123 de nuestra Constitución, queda de manifiesto de tal manera, 72 clara y contundente que limita la jornada de trabajo así como ofrecer al operario paralelamente, una proporción de tiempo por cada seis días de trabajo, y aquí aparece una frase que en la con- jugación de su verbo observa el universo del carácter de este inci- so; “deberá disfrutar” goce de un día de trabajo. Dos aspectos se evidencian de manera sobresaliente: En pri- mer lugar, el derecho a disfrutar. Cuántos siglos se habían cami- nado en la oscuridad; sin aliento, sin esperanza y así, en un mo- mento de grande brillantez, se abre el universo y se ofrece al mexicano, un propósito de libertad absoluta, la opción a gozar- se, a disfrutar de las garantías logradas. En segundo lugar, y como resultante verdaderamente mara- villosa de tal facultad, surge una variable cuyo impacto se hacía manifiesto en los países altamente desarrollados como una res- puesta a las grandes necesidades de las masas y de los sindicatos que las agrupaban debido a la enorme intolerancia con la que había desencadenado la Revolución Industrial. Ciertamente, esta porción de la Carta Magna, como resultado inmediato de tal disfrute de horas y días, dejaba el paso abierto a una variable que permitía acercarse a todas las formas de disfrute, particularmente a aquellas relacionadas con el cuerpo y la mente, nos referimos en esta alargada disertación, al “tiempo libre”. Por fin, aún y cuando no estuviera escrito con toda precisión, es evidente que la limitación en las horas de la jornada de trabajo cotidiano, así como gozar de cuando menos un día de asueto y extendiendo esta alternativa a dos a la semana, dejaban abierta la posibilidad de que con claridad el hombre de México encontrara la razón de ser de su existencia y acercarse así al motivo funda- mental de la lucha armada iniciada en 1910, y de la Constitución Política emanada en 1917; el hombre nuevo, la nueva criatura 73 1 2 3 4 5 6 7 8:00 h 1 2 3 4 5 6 7 16:00 h Art. 123, inciso IV Constitución Política 8:00 h de 1917 8:00 h 8:00 h Jornada de trabajo diaria-semanal Jornada de trabajo diaria-semanal Conquista del trabajador Tiempo libre cotidiano Tiempo libre semanal 1 2 3 4 5 6 7 8:00 h 1 2 3 4 5 6 7 16:00 h Art. 123, inciso IV Constitución Política 8:00 h de 1917 8:00 h 8:00 h Jornada de trabajo diaria-semanal Jornada de trabajo diaria-semanal Surgimiento del tiempo libre Conquista del trabajador diferente a la que por siglos había permanecido en la oscuridad, esclavizada, limitada, marginada; en la ignominia. Ciertamente, el tiempo libre del que podría gozar todo traba- jador cotidianamente y los fines de semana, abrían la disyuntiva por primera vez en nuestro país, de aproximarse a las múltiples formas de distracción, y que éstas en su mayoría, formarán parte esencial del hombre mexicano en su vida diaria. Para integrar y satisfacer esta necesidad sustancial, el Artículo 123, inciso XIII, consigna que deben preservarse espacios de terre- no para que se localicen y construyan “Centros Recreativos”. La ley, visionaria ciertamente, ofrece “El Remedio y El Trapi- to”; esto es, posibilita el “Tiempo Libre” y exige: Deberá reser- varse un espacio en el que se ofrezcan modos de recreación para el goce y disfrute de los trabajadores. 74 Se puede observar que estas son las intenciones primeras, sustantivas, innovadoras y desde luego revolucionarias al intro- ducir a la recreación de una manera franca y ciertamente con- tundente dentro del campo de la planeación física urbana. Lo más importante de todo esto, es que se le da una jerarquía a la que con toda seguridad –y desde luego incuestionable– rebasa- ba los propósitos conceptuales que los legisladores pudieran te- ner al elaborar la ley acerca de la necesidad de satisfacer este requerimiento sustancial del hombre. Así se plasmó en el año de 1917 en el documento funda- mental que habría de regir todas las acciones del pueblo de México y sus múltiples y variadas instituciones a partir de ese momento. Y así como sorprende que este concepto se haya con- siderado no solamente como tal, sino que además era merece- dor de otorgarle un espacio para desencadenar una dinámica con el único propósito de lograr el gozo del trabajador –pocas palabras, pero de cuánta trascendencia en su objetivo–. Tal como sorprende lo anterior, así también sorprende que a 75 años, aún subsista tan profunda ignorancia en nuestra ciudad y en nuestro país del concepto en cuestión, dando como resultado el olvido, distorsión manipulación y más aún, la irresponsabilidad de cum- plir de parte de quienes tienen la obligación de otorgarla: sean instituciones del Sector Público o Privadas. En el Artículo 130 en el Segundo Párrafo se consigna: La experiencia que históricamente se había tenido en cuan- to a pretender que una sola religión se abrogara el derecho de disponer el camino a seguir del hombre –su espíritu– no tenían ninguna autoridad moral de sustentar tal intención. Los Congresistas, conscientes de esta situación, y en una actitud patriótica responsable, manifiestan con contundencia que no será el Congreso quien dicte las leyes para establecer, limitar o prohibir cualquier religión. Con esto, escrito de manera tan sencilla y escueta, rompen las ataduras y otorgan al ciudadano mexicano la libertad plena de seguir, desde el punto de vista religioso, lo que consideren más sano para el desenvolvimiento de su vida espiritual; esto es, posibilitar que el pueblo en plena Artículo tomado del original Constituciones de México, libertad se acerque, si así le place, a aquellas doctrinas que le Secretaría de Gobernación. ofrezcan la posibilidad de transformarse. 75 La libertad en la decisión de escoger la Recreación Espiritual, seleccionar el camino que le permita verdaderamente, conver- tirse en hombre nuevo.28 Subyace un propósito en la Carta Magna, y está inspirada para lograr la mayor felicidad política, social, económica y espi- ritual de los hombres cuyo sostén es la patria mexicana. 7. El periodo de ajustes y de transición La ley madre del Estado Mexicano se había construido, ya esta- ba edificada en el nivel de profundidad que era propio de ella y cuyo objetivo fundamental, como ya lo hemos anotado, era el de propiciar un mejor nivel de vida a las personas tanto en lo político, jurídico, administrativo, económico pero sobre todo y principalmente en lo social con una prolongación visible, sus- tancial hacia lo espiritual; esto es, a lo más profundo del ser hu- mano que habitara suelo mexicano. Finalmente, parecía ser que aquello que se había construido a costa de miles de vidas producto de innumerables contiendas 28 La Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos consultada es la edición fasci- milar del original de 1917, editada por la Secretaría de Gobernación. 76 con el propósito único y final de hacer una nueva criatura en el suelo mexicano, es decir, formular lo que parecía inalcanzable por tantas y profundas limitaciones y abismos que habría que traspasar y cuyas edificaciones de éstos era el producto de mu- chos siglos de tinieblas. Al fin, la Patria se sentía que estaba al alcance de la mano debido a que el carácter principal de aque- llos que habían participado en la construcción de la Constitu- ción Política era la de ser verdaderos patriotas; amaban sin lugar a dudas a su Patria. Con todas estas maravillosas expectativas en la que supuesta- mente comienza un ciclo en que los mexicanos tendrían un sin- número de libertades y a la vez haber ganado espacios laborales, se inicia la época posrevolucionaria no sin antes, como una viven- cia brutal cotidiana; traiciones, asesinatos y muertes a mansalva entre 1917 y 1928, con etapas de ajuste, reflexión y superación de situaciones. La nueva Constitución en su estructura, fue de tal manera revolucionaria; que cayó de peso, fue un sobrealimento que por no tener los elementos suficientes para soportarla pro- dujo –metafóricamente hablando– diarrea en todo el país. Hubo necesidad de tiempos de ajuste de los extremos que eran manifiestos. Ciertamente, las múltiples circunstancias, los más variados y trascendentales escritos se habían elaborado; la sangre de innu- merables místicos de la Revolución se había derramado; las men- tes más lúcidas y patriotas se habían manifestado y el terreno era campo fértil para que en nuestra República y particularmente en la Ciudad de México, se desencadenara lo por tantos siglos espe- rado: ¡Un hombre libre, diferente, igualitario! pero… las ambicio- nes no estaban guardadas, el ansia de poder desgarraba pechos y afloraba de diversas formas y actitudes; y habría que entender que este poder, por un lado obedecía a las tentaciones, debilida- des y ambiciones propias de un nuevo estado de las cosas y las situaciones, pero, así mismo, también era una respuesta a poner en su justo lugar condiciones que históricamente habían limitado el desarrollo de los connacionales, consecuentemente al propio país. Había una tercera intención –oscura, guardada– en la toma del poder, aquellos a quienes las nuevas leyes se lo habían arran- cado; los que escudados en un nombre Santo y universal habían esclavizado a la gran mayoría del pueblo y lo tenían sumergido hasta estar en una condición miserable a través del engaño y la mentira en cuanto a las promesas divinas y, por lo tanto, agazapa- dos aguardaban el momento preciso para dar el zarpazo, apoya- dos en la inocencia, fe y tradición de las mayorías de los hombres y mujeres que habitaban el suelo mexicano. 77 Esta situación de búsqueda o más bien de recobrar el poder que prevalecía en el México posrevolucionario, dejaba a sus ha- bitantes –aquellos que eran el objetivo sustancial por transfor- mar– en una condición de indefinición e incertidumbre. Así es, al crearse las nuevas leyes empiezan a aparecer las instituciones que tendrían como propósito fundamental el cumplir y hacer cumplir el nuevo marco legislativo cuya esencia, era conformar un hombre diferente al que históricamente había prevalecido. Entonces, al crearse las primeras centrales obreras cuyo ca- rácter, entre otros; era la protección del trabajador al hacer efec- tivo el cumplimiento del tiempo cotidiano de trabajo y el des- canso del séptimo día, es evidente que el patrón, el empresario, tendría que manifestar su rechazo inmediato a la aplicación de estas leyes; sin embargo, a pesar de todas las dificultades que esto conllevaría, a fin de cuentas se habrían de cumplir, no ca- bía, no había otra alternativa. Pero no era en ese articulado –el que hacía posible el “tiem- po libre”, principalmente para el goce físico del hombre– no, era en aquellas porciones de la ley mayor que sustentaba la li- bertad de la mente y la libertad del espíritu. El primer régimen post-revolucionario, resultado del pri- mer intento democrático de elegir Presidente de la República Mexicana recae en el General Alvaro Obregón; este varón crea –en un intento sincero de modificar tradiciones y conceptos que tanto daño habían hecho a nuestro país– la Secretaría de Educación Pública (SEP) y pone al frente de ella a otro varón, patriota también, lleno de talento; exacto para ese cargo y lle- var a cabo, desencadenar tal vez, el evento más trascendental en la historia del pueblo de México; la aplicación del Artículo Tercero Constitucional: la enseñanza, la educación, las prime- ras letras para todo aquel que estuviera sobre suelo mexicano, y nos preguntamos: ¿por qué tanto enfatizar este acontecimien- to? pues, porque simple y llanamente se daba por primera vez, en forma masiva y sin distingos, el quitar las vendas que duran- te siglos habían mantenido cegado el entendimiento de la mayoría de las personas. El hombre nuevo en la mente era una realidad. Artículo tomado del original Constituciones de México, El conocimiento de las letras ponían al alcance de todo ciu- Secretaría de Gobernación. dadano la lectura de cualquier libro y, en ese momento se hacía énfasis en los clásicos pero también hacía posible acercarse a un libro que desentrañaba –para todo aquel que en él creía– mu- chas verdades y promesas y que aún y cuando todavía se prohi- bía su lectura, estaba allí, casi al alcance de todos para escudri- ñarlo, descubrir “sus cosas grandes y ocultas” y, así poner en su 78 lugar para quienes en ello tenían fe, todas las cosas visibles e invisibles. Nos estamos refiriendo a la Biblia. Ciertamente el proceso de alfabetización, el conocimiento de las letras, estaba haciendo posible al Hombre Nuevo en la Mente; aún y cuando en proceso lento ya se estaba desarrollan- do por fin, para multitud de hombres y mujeres podríamos de- cir: ¡Y se hizo la luz!. Espléndido momento que por su grandeza es merecedor de una profunda reflexión, las tinieblas, la oscuridad que guardaba al conocimiento empezaba a desvanecerse: ...En 1933, Frank Tonnenbaun, de la Universidad de Columbia, que estudió las escuelas pasando en ellas largas semanas, escribió sobre el movimiento educacional mexicano: se trata del más mo- derno, y a la vez más delicado y sensible movimiento en gran esca- la, de estímulo cultural y despertar social que puede registrarse en América y quizá en el mundo entero29 Algunas personas mal intencionadas, no cejaban en su em- peño de constriñir o hacer desaparecer de la Carta Magna, el articulado que al aplicarse, les afectaba, limitaba y obstruía en su El consejo general de educación religiosa de la Iglesia Metodista de México. propósito hegemónico que sustentaron por siglos. Es por esto (Josephus, 1949:210). que el siguiente cuatrienio, en el período que se conoce como aquel que desencadena el México Moderno (1924-1928), se aplican y amplían las leyes a fin de limitar la participación de aquel organismo. Se limitó en esa ley el número máximo de ministros de culto y se exige en ella que fueran mexicanos de nacimiento; de igual forma se procedió a clausurar conventos y escuelas confesionales.30 Artículo tomado del original Constituciones de México Secretaría de Gobernación. En la aplicación de estas nuevas leyes, habría de tener una reacción, y así fue, la recreación espiritual de un gran sector del pueblo mexicano, el mayoritario; se estaba trastocando. La fe sincera de unos, pero el fanatismo de otros muchos, estaba sien- do afectada en múltiples áreas, todas ellas de carácter material, mundanas, de manera significativa y, ante la ignorancia casi to- 29 Josephus, Daniels, Diplomático en mangas de camisa, México, Talleres gráficos de la Nación, 1949, p.157. 30 Enciclopedia de México, t. 2, México, Enciclopedia de México, S.A., 1977, p. 487. 79 tal del contenido de las Sagradas Escrituras “Toda Escritura es inspirada por Dios” (2ª. Timoteo 3:16), nuevamente pusieron su mirada y neciamente escucharon, una vez más, a quienes los habían mantenido esclavizados; estaban –el pueblo: hombres y mujeres– evidentemente escuchando palabra de hombre y no palabra de Dios, referida y que describe en forma detallada y de manera singular el carácter de aquel hombre, aquel varón santo por el cual aparente o sinceramente se rebelaban. El resultado fue que la Iglesia Romana, como una respuesta a las medidas locales restrictivas de las actividades religiosas, crea la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) que habría de ser el origen de aquel grupo militar propiciado, alen- tado y sacralizado por el Clero Católico Apostólico y Romano, contraviniendo la ley divina, su propia, supuestamente; Regla de Oro. Aquellos que promovían en el nombre de Jesucristo y que se manifestaban como sus representantes en este mundo, eran los primeros que desobedecían los mandatos contenidos en el “Libro de libros” en el cual había quedado escrito desde siempre y para siempre: ¡no matarás! y ¡amarás a tu prójimo como a ti mismo!. ¡Nunca estuvo en peligro la recreación espiritual del pueblo mexicano!, muy al contrario, se trataba quitarle las vendas de los ojos y acercarlo a la posibilidad de reconstituirse; lo que sí estaba en peligro –y he allí la respuesta– era la hegemonía cleri- cal, a la que fue fácil lanzar a un puñado de hombres –de cre- yentes sinceros–; a una lucha armada ciertamente sin ninguna posibilidad de triunfo; en este punto, parece particularmente importante referirse a lo que Blanco Moheno escribe: “...los que mandaron a los pobres cristianos a la muerte después de calzar- les escapularios con la leyenda, seguramente muy eficiente de detente bala, el Sagrado Corazón de Jesús está contigo...”31 Cuánta inocencia, pero también cuánta ignorancia; querían convertirlos en los nuevos Macabeos, desconociendo los propósi- tos esenciales que llevaron a éstos a la guerra contra los romanos. Continuando con Blanco Moheno: [...] y los católicos –convertidos– en soldados de una ‘Guerra santa’, que es la más diabólica que puede encontrarse en la historia. Y nues- tra mujeres, víctimas del catolicismo que las hizo esclavas, se hicie- ron más católicas que nunca para mandar a los maridos y a los hijos al frente de combate, a morir estúpidamente, sangrientamente, en 31 Blanco Moheno, Roberto, Crónica de la Revolución mexicana, t. II, México, Diana, 1959, p. 297. 80 nombre de aquel, pobre entre los pobres, flor de la humanidad, que trajo la Buena Nueva de paz a los hombres de buena voluntad. Pero ¿Qué buena voluntad cabe esperar en los zopilotes que han traicio- nado su doctrina y en los santurrones hipócritas que hicieron un negocio, y la posibilidad de alcanzar situaciones políticas, de La San- ta Religión que nos enseñaron nuestros padres?32 Muy claro está en esta breve reseña la esencia del movimien- to, la tradición sobre el fundamento de la verdadera religión. Mucha diferencia hay entre el grito cierto, verdadero, surgido del hombre y de sus líderes como fue: “Tierra y Libertad”, pero en el grito: “Dios, Patria, Libertad”; su propósito es difuso. Con los fusiles y la fe. (Krauze, Plutarco Elías Calles, 1987:71). Tal vez quede claro hasta dónde, la ignorancia hace presa del ser humano, en la búsqueda incesante a través de los siglos de “La Nueva Criatura”. Si observamos y leemos cuidadosamente limpios de todo prejuicio el siguiente párrafo, nos ayudará : Voy a copiar (dice Blanco Moheno), ahora la dedicatoria que el sacerdote jesuita Joaquín Cardoso dedica de su libro “Los Mártires Mexicanos” al venerable Episcopado Mexicano: “Excelentísimos y Reverendísimos Señores: Tengo el altísimo honor de dedicaros, como homenaje filial y res- petuoso, estas semblanzas de las gloriosas víctimas de la persecu- ción religiosa en nuestra patria, los años de 1925 a 1928. “Varios de vosotros, excelentísimos señores, fuisteis también vícti- mas, aunque incruentas, de aquel furor insano de los conspirado- res contra el orden cristiano de las sociedades; otros, amigos, com- pañeros, maestros, directores y pastores de los que cayeron en la 32 Ibidem. p. 298. 81 tierra, con el grito sublime de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe! en sus labios moribundos, para continuar en el cielo el Tedeum eterno de los justos. “Yo pienso que no sin emoción, recordaréis aquellos hechos y aque- llos amigos y ovejas, que forman la parte heroica y ya premiada de la grey mexicana, que os ha encomendado el Señor para conducir- la como buenos pastores a la eterna bienaventuranza. “Por eso no he apartado ni un momento mi pensamiento de vues- tras excelencias reverendísimas, al ir bosquejando estos retratos de nuestros héroes cristianos con las reverendísimas, cuando las cir- cunstancias lo permitan y la viva y fundada esperanza, de que vues- tras excelencias juzguéis prudente, interpongáis vuestra sagrada autoridad, en la iniciación y desarrollo de los procesos canónicos conducentes a la glorificación en la tierra por nuestra Santa Madre la Iglesia, de los que ya gozan en el cielo de aquella corona inmor- tal, que Dios les había preparado, y que conquistaron con su san- gre generosa vertida por la mejor de las causas. El reinado de Jesu- cristo Rey, en nuestro México.33 Como quien esto escribió, así eran todos los demás que ha- bían enviado a la muerte a tantos miles y miles de inocentes igno- rantes que pensaron, o más bien les hicieron creer, que se les estaba arrebatando la parte sustancial de su ser, aquella área fun- damental de su vida: ¡La Recreación Espiritual!, y en el clímax de este movimiento –El Cristero– primero uno: –el Padre Pro–, cuyo trabajo principal, y que se supone el único, era el de predicar el Evangelio de Cristo, sin embargo intenta asesinar, contraviniendo todo el mandato divino,34 a una autoridad. Y más adelante, un hombre fanático, aconsejado por diferentes personas pero sobre todo por una mujer –La Madre Conchita– cumple el mandato de ellos y asesina al General Alvaro Obregón –candidato para gober- nar nuevamente a nuestro país– con una pistola que había sido, ¡En el colmo de la perversidad!, bendecida por un cura: “...la mayoría de los hombres harán todo y cualquier cosa por su reli- gión, hasta luchar por ella; no hay, en realidad, sacrificio que no estén dispuestos a realizar por su fe. Pero hay algo que no harán por su religión: vivir conforme a su credo”.35 Tan claro como lo que anteriormente se anota, es lo que había ocurrido en la Revolución Cristera. Pero también es im- portante reflexionar acerca de la máxima que dice: “Dadme la 33 Ibidem. pp. 312-313. 34 “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay por Dios han sido establecidas”. Rom. 13:1, Santa Biblia. 35 Josephus, Daniel, op. cit. p. 239. 82 libertad o dadme la muerte”. Los fieles cristianos romanistas deseaban, ellos, ciertamente ellos, en lo que creían que estaban perdiendo, su libertad en la recreación espiritual, o a cambio la muerte. Las expectativas al término de la revolución armada y la formulación y aplicación del derecho contenido en la Carta Magna; con el propósito sustantivo de hacer propicio el “Hom- bre Nuevo”, se tuvieron que enfrentar, por un lado a la insen- sata búsqueda del poder y por otra, a la necia intención de retenerlo. El maximato, la reelección y el continuo e insistente pretender de volver a detentar un poder ya limitado por la ley madre del estado mexicano en sus artículos 3, 5, 24, 27 y 130 constitucionales. –Período de ajustes y transición–. 8. Las distancias: en kilómetros, en objetivos, en metas Entre tanto, a muchos kilómetros de distancia, cercano en el tiempo a los acontecimientos que antes fueron descritos, se da el contraste de situaciones, de propósitos, de niveles en los obje- tivos, de búsqueda, ¡una vez más!, de hacer posible ese propósi- to excelso de escribir en este documento acerca de ¡el hombre nuevo! En un barco (1933), en el Mar Mediterráneo, se desarrolló un evento de máxima importancia dentro del campo del Urba- nismo. El propósito central y las conclusiones, fueron cómo re- cobrar de una manera ordenada, los espacios que el ser humano habita. Tal vez los concurrentes no lo planearan ni imaginaron que la trascendencia de sus conclusiones rebasaría sus objetivos. En el año 1933, se lleva a cabo el Cuarto Congreso del CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) en Atenas, Grecia, de dicho Congreso resulta un documento que conforma un cuerpo de doctrina urbanística que se conoce como: La Carta de Atenas. Por el interés propio y particular para el documento que se escribe, entresacamos del libro de Domingo García Ramos, Ini- ciación al Urbanismo, aquellas partes relacionadas con el propó- sito de este texto: En noviembre de 1933, los anales técnicos, órgano de la Cámara téc- nica de Grecia, consagraban un número especial a los trabajos de la Cuarta Reunión del CIAM (...) celebrado en Atenas. Bajo el título de ‘Comprobaciones‘ se encontraba allí el texto de las resoluciones del 83 Congreso. Son esas ‘Comprobaciones‘ publicadas en forma de artícu- los separados y numerados, los que constituyen la ‘Carta de Atenas‘”. El conjunto comprende 95 artículos separados en tres partes: Iª. Parte. Generalidades; La Ciudad y su Región”36 De hecho, es la segunda parte del documento, es la que particularmente nos llama la atención, por su carácter innova- dor, revolucionario, visionario y coherente, en tanto contiene un propósito sustancial como satisfactor de las necesidades fun- damentales del ser humano, en la que hallamos valiosos puntos y conceptos. “2ª. Parte. Crítico estado de las Ciudades. Habitación; Recreación; Trabajo; Circulación; Patrimonio Histórico.” Ideas Generales “1. La Ciudad no es sino una parte de un conjunto Económico, Social y Político que constituye la Región.” “2. La vida no se desenvuelve sino en la medida en que concuer- dan los dos principios contradictorios que rigen la personalidad humana; lo individual y lo colectivo.” “75. La Ciudad debe asegurar, sobre el plano espiritual y material, la libertad individual, y el beneficio de la acción colectiva.” “95. El interés privado estará subordinado al interés colectivo.” “84. La Ciudad definida desde entonces como unidad funcional, deberá crecer armoniosamente en cada una de sus partes dispo- niendo de espacios y enlaces en que podrán inscribirse equilibra- damente las etapas de su desarrollo.” “77. Las claves del Urbanismo se hallan en las cuatro funciones: Habitar, Trabajar, Recrearse (horas libres), Circular”37 Para resaltar de qué manera, durante el Congreso de CIAM , en Atenas, la recreación ocupa el lugar justo, como gran concepto y también es una actividad relevante, sustantiva, ineludible y por lo mismo considerada como inherente al hombre mismo. En la Carta de Atenas, dice: “79. El ciclo de las funciones cotidianas: Habitar, Trabajar, Recrear- se (recuperación), será regulado por el Urbanismo...” “89. Es a partir de esta unidad de alojamiento (una célula de habita- ción) que se deben establecer las conexiones entre la habitación, los lugares de trabajo y las instalaciones consagradas a las horas libres”38 36 García Ramos, Domingo, Iniciación al urbanismo, México, UNAM, 1961, p. 173. 37 Ibidem. p. 114. 38 Ibidem. p. 115. 84 Cuando a sólo 16 años de haber entrado en vigor en Méxi- co, la Carta Magna, aparece también este egregio documento. Las condiciones que prevalecían en nuestro país en el año de 1933, propiciaban una casi nula atención a la Carta de Atenas, ya que el México posrevolucionario apenas estaba despertando de sus múltiples pesadillas –la dictadura, la esclavitud, la revolu- ción armada, el maximato, entre otras. En la Carta de Atenas, en el punto exacto de nuestro interés dice: “Recrearse” Es preciso exigir: “35. Que todo barrio de habitación incluya desde ahora la superfi- cie verde necesaria para el acondicionamiento racional de los jue- gos y deportes para niños, adolescentes y adultos”39 Amplias reflexiones permite la brevísima introducción al Ar- tículo 35 en la cual se manifiesta una frase, “Preciso exigir” y ciertamente, en esta aparente utopía; la búsqueda, el propósito que en sí misma lleva la frase, no consiente desviarse ni distraer- se en otra dirección o camino que no sea el que contiene el párrafo mismo. El ser humano, en ambos sexos y edades (niños, adolescentes, adultos y ancianos), requiere del espacio adecua- do para el desarrollo racional del juego y del deporte y, una vez más, con el propósito fundamental de acercarnos al hombre nuevo y es por esto, que para lograrlo, la Carta de Atenas deja asentado: Es preciso exigir; y agrega para que el planteamiento urbanístico fuera coherente e integral, no dejar cabos sueltos: HABITAR CIRCULAR TRABAJAR RECREARSE Gráfico de las actividades principales de la ciudad. 39 Idem. 85 “36. Que las manzanas insalubres sean demolidas y reemplazadas por superficies verdes, los barrios limítrofes se encontrarán así sa- neados.” “37. Que estas nuevas superficies verdes sirvan para fines neta- mente definidos: contener jardines para infantes, escuelas, centros de juventud...” “38. Que las horas libres semanales transcurran en lugares apro- piadamente preparados: parques, terrenos para deportes, estadios, playas, etc.” “40. Que se tomen en cuenta los elementos existentes, ríos, bos- ques, colinas, montañas, valles, lagos, mar, etc.”40 ¿Cuál era el propósito fundamental de todos aquellos seres inquietos y talentosos que crean y estructuran la Carta de Ate- nas?, a no dudarlo: ¡Una gran preocupación!, dadas las condi- ciones que prevalecían, y que no presentaban buenos augurios en las múltiples ciudades de todas las otras partes del mundo. Por lo que estaba ocurriendo, era necesario formular un do- cumento que pudiera convertirse en un dogma; en el que se establecieran las reglas del juego; generales y universales, que ordenaran especialmente las ciudades con el propósito único y sustantivo de hacerlas coherentes con las necesidades del usua- rio de ellas; que respondiera a los requerimientos del hombre que las habitara. Esto es, dignificar las ciudades y sus espacios para quienes en ellas vivieran; ofrecerle al habitante una diferen- te, bella, amable, ordenada y justa distribución espacial de la ciudad para el goce del cuerpo, de la mente y del espíritu y posibilitar así, una vez más en el tiempo y en la historia una nueva criatura. 9. El despegue Para todas las cosas hay sazón, y para todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; ECL. 3:1 Y 3 Hacia el México moderno. [...] no me imaginé que hablaba al hombre destinado a heredar el manto de Benito Juárez como libertador del yugo de las clases privi- 40 Idem. 86 legiadas, que por siglos sujetó a millones de mexicanos con las cade- nas de la pobreza y de la ignorancia41 Sin dejar de reconocer los esfuerzos llevados a cabo por los diferentes regímenes gubernamentales que se sucedieron de 1920 a 1933, y también aceptando que fue un tiempo en el cual afloraron grandes limitaciones, justificadas tal vez, sin embargo, es evidente que muchas otras fueron ajenas totalmente al senti- do patriótico. En 1934, año en que se derraman como cascada diferentes, múltiples factores que se conjugaron para llevar a cabo cambios sustanciales en nuestro país; entre éstos y desde luego de suma importancia es el Decreto del “Plan Sexenal”. La extensión del tiempo del régimen de gobierno no tan sólo permitía la posibilidad de ampliar las aspiraciones al formu- larse los múltiples planes y programas particularmente en aque- llas áreas en donde el pueblo mexicano lo requería para alzar el vuelo, sino también para y por lo tanto librarse de atavismos, descubrir verdades, sustentar sus caminos, exigir posiciones, buscar su transformación; dejar de ser el esclavo subyugado; limitado en sus aspiraciones; encerrado en tinieblas para pasar a ser transformado en un hombre cuyo espíritu, mente y cuerpo fueran el resultado de los nuevos tiempos que se le presentaban como la gran posibilidad y a la vez esperados con una profunda expectación. General Lázaro Cárdenas del Río. El primer reto, el fundamental, abrir las puertas para hacer (Krauze, Lázaro Cárdenas, 1987:37). posible un hombre diferente, un hombre nuevo que conforma- ra el pueblo mexicano y que posibilitara el despegue, requería de un gobernante, un líder visionario; tal vez no el más inteli- gente y brillante, pero sí el más patriota; aquel que ciertamente pudiera comprender en lo más profundo los grandes problemas nacionales, uno de ellos, el problema de la calidad de vida del pueblo en su totalidad. Realmente el renovarse física, mental y espiritualmente se daba como una alternativa emocionante y cercana, a corto pla- zo, y para ello se requería el líder que comprendiera que estos tres aspectos integrados y una vez satisfechos; darían como re- sultado ese nuevo hombre cuyo esfuerzo y trabajo, pensamien- to e inteligencia tanto en lo individual como colectivamente, harían posible ese país tan esperado. 41 Josephus, Daniel, Diplomático en mangas..., op. cit, p. 67. 87 En 1934, toma posesión como presidente de los Estados Uni- dos Mexicanos el General Lázaro Cárdenas del Río42 y de inme- diato fija su vista de una manera universal en todo el pueblo mexicano. En él, era seguro que no movería su voluntad aquel articulado que primero de hecho y después de derecho mani- festaba que la religión Católica Apostólica y Romana sería la que perpetuamente predominara en nuestro país; pero, también conforme a su propia declaración “…El Gobierno no incurrirá en el error cometido por administraciones anteriores, de consi- derar la cuestión religiosa como problema preeminente”43. Y así mismo recalca: “No compete al Gobierno promover campañas antirreligiosas”.44 Para él, como visionario, le interesaba penetrar a lo más re- cóndito del pueblo, particularmente en aquellos sectores que durante cientos de años, habían permanecido en la ignorancia y en la pobreza. Ciertamente que al gobernar el país tenía delante un cumplir; la gran esperanza depositada en él y para él, lo cual se traducía en una oportunidad muy especial y significativa; traer consigo lo pertinentemente justo para que un pueblo se trans- forme positivamente, una de las prioridades se trataba de elevar a todos el grado de educación. “En materia de educación, el Gobierno de Cárdenas hizo planes en gran escala, mucho más amplios que los realizables en un período de seis años. Muy probablemente lo hizo así conforme a la teoría de que ‘no el fracaso sino una aspiración pobre es criminal’”. “En 1936, había 27 escuelas de internado para indígenas. El seten- ta y cinco por ciento de las escuelas rurales establecidas ese año se ubicaron en zonas indígenas. Se instalaron trescientas quince bi- bliotecas públicas para los trabajadores. En ese año había 10,596 escuelas y 15,347 maestros rurales, habiéndose aprobado un pre- supuesto de poco más de cincuenta millones de dólares. “En 1940, la administración de Cárdenas gastó trescientos sesenta y tres millones de pesos en escuelas públicas. En 1910, cuando inicia la Revolución, el setenta por ciento de los mexicanos eran analfabetos. Este sólo dato es la peor acusación que puede hacerse en contra de quienes tuvieron a su cargo la educación antes de la Revolución. Para el año de 1940, se había reducido el analfabetis- 42 En su propia campaña visitó los lugares más recónditos a fin de observar la realidad de las condiciones de vida que imperaban en las múltiples regiones de un país de tan grande extensión territorial como lo es la República Mexicana. 43 Krauze, Enrique, Lázaro Cárdenas, General misionero, México, Fondo de Cultura Econó- mica, 1987, (Biografía del poder, t. 8), p. 103. 44 Idem. 88 mo hasta quedar únicamente el 45 por ciento de la población anal- fabeta. El número de niños que asistía a las escuelas era de un millón ochocientos mil”.45 Las cifras, los logros obtenidos en seis años; seguramente no satisfacían conforme a los planes originales, sin embargo, en ese momento la transformación hacia una criatura diferente estaba en un proceso ciertamente significativo; ¡un impulso, potente impulso a las formas de recreación mental por medio del abati- miento del analfabetismo!. Tal era el impacto y resultados de ese programa, que por tal motivo en el libro Diplomático en mangas de camisa, se anota lo siguiente: “…se trata del más moderno, y a la vez más delicado y sensible movimiento en gran escala, de estímulo cultural y despertar social que puede registrarse en América y quizás en el mundo entero”.46 Luego agrega: “...no existe en el mundo un movimiento edu- cacional que presente un espíritu más íntimo de unión entre la escuela y las actividades de la comunidad, que el que se encuen- tra en las escuelas rurales mexicanas”.47 Así mismo, este programa sexenal enfoca de manera sustan- cial el desarrollo físico del hombre de México, debido a que es durante este período que se crean las bases en las que habrán, a muy corto plazo, de sustentarse los programas relacionados con la Recreación Física y para ello se crea la Escuela Normal de Edu- cación Física; así como también, se lleva a cabo, y esto es muy relevante, los aspectos de Planeación y construcción de los pri- meros Centros Deportivos de la Ciudad de México, cuyo carác- ter deja ver de manera sorprendente, aún y cuando limitados en su análisis técnico-programático, la intención de ofrecer parti- cularmente a los jóvenes mexicanos de una manera masiva, dis- tintas formas de recreación física enfocadas al deporte recreati- vo y competitivo amateur en casi todas las disciplinas. Estimulación a la recreación física VS Libertad de recreación espiritual. […] ha difundido los deportes, no tanto por lo que favorecen al desarrollo físico, cuanto por alejar a los que lo practican del cum- plimiento de los deberes religiosos del domingo y para que las mujeres pierdan pudor.48 45 Josephus, Daniel, op. cit. p. 157. 46 Ibidem. 47 Ibidem. 48 Krauze, Enrique, op. cit. p. 166. 89 A través de este pensamiento, Lázaro Cárdenas deja marca- da su preferencia por el deporte. Pero también, su amplio es- pectro, comprende como muy pocos; que la oportunidad que se presentaba ante sí era única e histórica, por lo que promueve otra serie de acciones que conformarían con las ya antes citadas, el propósito primero y fundamental de su gestión; como por ejemplo, la libertad de expresión espiritual. La asistencia de los niños a las escuelas públicas y privadas, se elevó considerablemente, por ende se redujo el analfabetis- mo; la fe religiosa era respetada. En la época de Trosky, Rusia, intentó restringir la fe, pero descubrió que el instinto religioso es inmortal. “El Secretario de la Sociedad Mexicana de la Biblia declaró: El Presidente Cárdenas ha combatido los vicios del alcohol y el juego.“ 49 Y se complacía de que gracias a eso: “Por primera vez entra en México la Biblia, sin pagar derechos aduanales y de que, gra- cias al Presidente Cárdenas la libertad de expresión y religiosa son una realidad en México.”50 ¡Claro! La Recreación Física y Mental pero sobre todo la Re- creación Espiritual son inherentes al hombre mismo. Una cita de extraordinario contenido y que describe en toda su plenitud el propósito primero de esta administración –el des- pertar de cada hombre– y que se le reconoce a don Jaime Torres Bodet, Ministro de Educación, es la siguiente: La unidad de un país digno y próspero no puede basarse en los elementos que tienen como únicos eslabones con la humanidad, una fraternidad de angustia, miseria y sufrimiento. Este programa está haciendo despertar en cada hombre la prome- sa constante de independencia, honor y felicidad que esperamos cuando pensamos en el futuro de México. Este ha sido y continua- rá siendo el propósito unificado de esta Campaña Nacional Contra el Analfabetismo.51 Si el Presidente de la República, era un visionario e ideólogo, no lo eran menos aquellos que estaban como parte de su equipo de trabajo, la gran responsabilidad de transformar al hombre mexicano, transformarlo en la esencia misma de su ser, con amor patrio, con amor; por aquellos a los que históricamente a través de los siglos se les pedía resignación, tal como lo señala la Pastoral 49 Josephus Daniels, op. cit., p. 174. 50 Ibidem. 51 Ibidem. p. 175. 90 del Arzobispo Orozco y Jiménez, de Guadalajara, y la cual transcri- bían a menudo los líderes revolucionarios con el propósito de dar a la iglesia (la romanista) el viejo poder del cual disfrutó : Como toda autoridad se deriva de Dios, el trabajador cristiano debe santificar y hacer sublime su obediencia, sirviendo a Dios en la persona de sus amos. De esta manera, la obediencia no es humi- llante ni difícil. No servimos al hombre; servimos a Dios; y quien sirve a Dios no dejará de ser recompensado […] Vosotros los pobres amad vuestra humildad y vuestro trabajo; vol- ved la mirada hacia el cielo; allí encontraréis la verdadera riqueza. Sólo una cosa pido: a los ricos amor; a los pobres resignación.52 Como muestra vasta esta Pastoral, breve pero cuán perversa, a la cual se estaban enfrentando los diferentes regímenes posre- volucionarios, y el de 1934-1940 no podía ser la excepción; sin embargo , y como ya antes se mencionó, “la fe religiosa no puede ser crucificada”, Lázaro Cárdenas lo entendió cabalmente ya que él tenía también su propia y particular fe religiosa, aquella que se basa en la máxima de que: “todo lo que el hombre sembrare eso también segará”, y que mejor forma de comprobarlo cuando, después de haber llevado a cabo la ahora histórica “Expropiación Petrolera” en el año de 1938. El Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica, don Josephus Daniels, escribe en el libro Diplo- mático en mangas de camisa, la respuesta única, singular, excelen- Manifestación de apoyo. (Krauze, Lázaro Cárdenas, 1987:157). te acerca de hombre nuevo que estaba en proceso de formación en nuestro país, en la Patria Mexicana: […] El 22 de marzo, en acto organizado por la Confederación de Trabajadores de México, unas doscientas mil personas desfilaron en apretadas filas ante Palacio Nacional, aclamando al Presidente Cárdenas… los más viejos residentes de la capital afirmaron que en toda la historia del país jamás se había visto una manifestación de unidad del pueblo semejante a la que se observó entonces en apo- yo a la Constitución y para hacer respetar la soberanía de México... Varios millares de estudiantes de la Universidad de México tam- bién organizaron una manifestación llena de entusiasmo. El Rector de la Universidad, dirigiéndose al Presidente Cárdenas dijo: “La Universidad ofrece a usted su apoyo cabal en este momento en que la Patria necesita la unidad de sus hijos; ha venido a ofrecerle que la juventud de México estará con usted, porque usted está en el honor de México. 52 Ibidem, p. 181. 91 Cuando varios centenares de miles de hombres se reunieron para patentizar su adhesión a Cárdenas, poco después de la expropia- ción petrolera, muchos millares de mujeres salieron de sus casas para expresar un sólido apoyo a los líderes que habían hecho ver al pueblo que los explotadores del petróleo eran enemigos del país.53 Lo antes descrito presenta dentro de la historia de nuestra Pa- tria verdaderamente un momento significativo: El trabajador, el La medida , “verdadero símbolo de unidad estudiante y el Gobierno Mexicano unidos en un solo propósito: nacional”. (Krauze, Lázaro Cárdenas, 1987:198, 60, 152). preservar lo que de suyo era de México para México; empero, aún faltaba por ocurrir uno de los eventos más profundos de manifesta- ción de solidaridad del pueblo para con el Gobierno, al respecto, don Josephus Daniels escribe: Algo que rara vez se ha visto que ocurra en ningún otro país, suce- dió el día 12 de abril. Muchos miles de mujeres llenaron el Zócalo y otras plazas públicas de la ciudad; en masa se dirigieron al Pala- cio de Bellas Artes para entregar todo lo que poseían de valor a fin de salvaguardar el honor del país. Ese fue en realidad un espectá- culo inolvidable… se despojaron de sus anillos de matrimonio, sus brazaletes, sus aretes, todas sus pequeñas y grandes joyas, y los entregaron en lo que para ellas era un Gran Altar Nacional. Al llegar la noche, todavía esperaba una gran multitud en el exterior del Palacio de Bellas Artes para depositar sus aportaciones, que se compusieron de todo lo inimaginable, desde oro y plata hasta ani- males y maíz, pero la entrega que hacían las mujeres de todo lo que les era requerido fue resultado del gran fervor patriótico que las em- pujaba. Cierto es que el sacrificio, a pesar de su grandeza, quedaba muy atrás de la meta apetecida; pero fue inestimable para cimentar el espíritu de México, que sentía que la medida adoptada por el General Cárdenas era verdadero símbolo de unidad nacional.54 53 Josephus, Daniels, op.cit., pp. 301-302. 54 Ibidem, pp. 302-305. 92 Se toma también como complemento a lo anterior, un pá- rrafo de Enrique Krauze: “…nadie puede negarle (a Lázaro Cár- denas) su obra principal: haber acentuado el cambio moral del pueblo humilde. Con Cárdenas muchos parias han sabido que eran hombres.”55 Todo un proceso hacía posible este momento culminante patriótico, solidario; de fervor patrio, después de cientos de años de esclavitud, levantamientos sangrientos, traiciones, hegemo- nías oscurantistas, maximatos, asesinatos viles, estructuras legales en continuo cambio y desarrollo, invasiones, etc. Todo –parecía– había tocado a su fin; no había sido en vano todo el esfuerzo. Esta etapa gloriosa daba fe de ello; finalmente un nuevo espíritu se manifestaba en el pueblo mexicano. El objetivo que se había perseguido a través de tantos años era una realidad, el hombre nuevo, la nueva criatura en cuerpo, mente y espíritu ya caminaba en casi todos los lugares del territo- “Todo un proceso hacía posible este momento culminante, patriótico, solidario...” rio mexicano, y la Ciudad de México era el centro motor de tal (Krauze, Lázaro Cárdenas, 1987:80). gestación. Los ideales de un pueblo libre, sano, responsable, solidario, patriota finalmente se alcanzaban. Cuántas expectativas; qué nuevos horizontes se presentaban al hombre, al nuevo hombre mexicano, expectativas diferentes, justas formas de recreación, estaban al alcance de todo niño, joven, adulto y anciano. 55 Krauze, Enrique, Lázaro Cárdenas..., op. cit, p. 174. 93 2 C i u d a d d e M é x i c o ,c o r a z ó n d e l a R e p ú b l i c a A. DESPUÉS DE LAS TINIEBLAS Cielo Nuevo y Tierra Nueva 56 Así como la promesa contenida en la Santa Palabra, era la realidad material que se manifestaba en el país y desde luego en la Ciudad de México y sus alrededores a fines de los años treinta; el grito de tierra y libertad surgido durante el período armado se cumplía vivamente, y aquellas expectativas se em- pezaban a conformar de tal manera que como un torrente surgían ideas, se manifestaban hechos y sobre todo se levan- taban líderes y personajes de grande relevancia en todas las actividades que conformaban la vida cotidiana de “La muy noble y leal Ciudad de México”; intelectuales, artistas, depor- tistas, educadores, profesionistas, etc., influían profundamen- te en el hombre citadino para su solaz, su diversión, su educa- ción, su formación y desde luego; para recrearlo. Los días de Izquierda: Templo de la Santa Veracruz (siglo ) la decena trágica, de las persecuciones y asesinatos y hambru-XVIII Centro: Torre Latinoamericana, 1950, nas eran ya parte de la historia, del pasado; la pesadilla de la Arq. Augusto H. Álvarez. religión única había sido eso, una pesadilla que nunca, nunca Derecha: Edificio La Nacional, 1930, más habría de retornar; la libertad del hombre mexicano era Arq. Manuel Ortiz Monasterio. México D.F. (Fotografía de Armando Salas Portugal. La plena. Lo que se miraba hacia adelante con las vivencias del Arquitectura Mexicana del Siglo XX). momento, era ¡una gran esperanza! 56 Como una respuesta a esta tierra nueva asentamos el siguiente dato: en el período del Presidente Lázaro Cárdenas del Río fueron repartidas 18,352,275 ha entre 1,020,594 campesinos, Enciclopedia de México, p. 728. 95 En una ciudad habitada hacia el año de 1940 por 1,560,000 personas, se proponían los primeros planes de desarrollo urba- no: la vialidad, el transporte, la educación, la salud y sobre todo la vivienda; conformaban los principales problemas a resolver; y ciertamente no era la recreación, en su concepción esencial una de las necesidades fundamentales a satisfacer. Pero, en su extraordinaria bondad y sustentada en el ingenio del hombre, de aquel hombre que se asía a sus tradiciones pero sobre todo al don creativo que es inherente a él mismo, la Recreación en sus diferentes modos en cuanto su carácter y temporalidad y dentro de éstas la cotidiana, estalla en un sinnúmero de mane- ras en el diario vivir y convivir del hombre. En esta etapa, es cuando el concepto patria, llenaba en todo su ser al mexicano, el habitante de la Ciudad de México era sobreabundado por las múltiples formas de recreación que se presentaban delante de él en una gran variedad de maneras y en infinidad de alter- nativas para todo nivel social y económico. A continuación ve- remos cómo vivía y convivía aquel hombre nuevo surgido de la revolución. El hombre nuevo posrevolucionario de las décadas trein- ta a la sesenta. B. LAS FORMAS DE RECREACIÓN: 1930-1969 1. Introducción Pueblo y Gobierno en una hermosa relación simbiótica, goza- ban en lo general del reposo que ofrecía esta nueva etapa del México nacionalista y patriótico. El hombre nuevo en proceso de gestación empezaba a manifestarse lleno de ingenio, ple- no de una libertad cierta y verdadera; ante la oportunidad maravillosa de desarrollarse en plenitud. Este ingenio, libertad y plenitud se hacían patentes en la gran diversidad de formas de recreación que se le ofrecían al habitante de la Ciudad de México, sin distinción de género; al hombre e igualmente a la mujer. Ciertamente, el juego, el juguete, el cine, la radio, el tea- tro, la carpa, las historietas, las estampas, las revistas, el de- porte amateur, el deporte espectáculo, la música y desde lue- go “aquella televisión” –la de los orígenes–, eran de las múl- tiples y variadas maneras de recreación en las que el hombre de la ciudad ocupaba su tiempo libre. Contagiados por la algarabía, el talento de aquellos hom- bres y mujeres a quienes las condiciones del período posrevo- 96 lucionario, en un extraordinario despertar, como creadores en todas las gamas, brindaban la gran oportunidad de desarro- llarse en libertad, característica única y singular, propia del nuevo hombre, fortalecido y animado a ser: nuevo en el cuer- po, en la mente y en el espíritu. 2. El Juego El niño y el joven de ambos sexos que habitaban los barrios y las colonias de la Ciudad de México, en toda su plenitud ha- cían uso de su tiempo libre –en la libertad que ciertamente se ofrecía en ese tiempo, debido al hecho de haberse desatado tantos nudos, caído tantos velos y desbaratado multitud de murallas– y desarrollaban de manera singular y significativa el talento e ingenio muy propio y particular del habitante citadi- no; de tal forma que disfrutaba de manera sustantiva de un sinnúmero de diferentes y variadas formas de recreación, ha- ciendo que éstas y de manera fundamental la recreación coti- diana –la que diariamente además de estar a su alcance, se ofrecía de manera espontánea– se desarrollara efectivamente como tal; ajena a cualquier forma de manipulación, de una manera libre y sin ningún otro provecho que no fuera el de satisfacer esta necesidad fundamental. Sin embargo, para llevar a cabo el recrearse física o mental- mente a través del juego simplemente, o bien por medio del juego y su complemento el juguete, se requiere de una varia- ble fundamental sin la cual, y esto es obvio, no puede desarro- llarse el juego; no hay juego; simplemente no se puede jugar. Esta variable es el espacio. Y aquí merece que se haga un pa- réntesis especial; requiere que se subraye de que manera tan singular, particular, propia y no nos equivocamos al decir con cuánta sabiduría el hombre de la Ciudad de México –el hom- bre universal– se dota del espacio para el juego; y aun más, de manera extraordinaria, singular, inteligente, regia, –ciertamen- te como rey– y sabio, se adapta al espacio y lo que es más, ¡se lo adopta!, lo hace suyo para llevar a cabo sus actividades re- creativas y lograr su objetivo: que ese espacio por más simple que sea, forme parte de su ser; lo conforma de la manera más elemental y sencilla y se lo apropia temporalmente, y se lo otorga como su ¡territorio! Los conceptos: adaptabilidad, identidad y territorialidad, entre otros; desaparecen como tales y se hacen vivos. El niño, el adolescente y los adultos, se apropian del espacio y lo ade- 97 cúan cada uno de ellos para llevar a cabo la actividad de ma- yor excelsitud del mundo de la recreación: ¡El juego! La traza precolonial estaba conformada por múltiples ba- rrios (calpullis); y éstos, transformados en su carácter espacial formaban junto con los nuevos barrios la Ciudad de México de la época colonial la cual, ciertamente en un relativo lento crecimiento poblacional y territorial, era lo que estaba a la vista en los orígenes del siglo XX. La Ciudad de México en el siglo XVI. (García Ramos, 1961:267). Era el barrio, el territorio sustantivo, el motivo de orgullo con el cual de manera profunda se identificaban sus habitantes; y la plaza era el espacio en donde se aglutinaban ellos de manera significativa para realizar múltiples actividades dentro de las cua- les era la recreación, la que ocupaba el lugar preponderante. El diseño del barrio y el diseño y la proporción de la plaza, en verdad, nos maravilla y nos sorprende. Su tamaño, su esca- la, y los diferentes materiales y colores aparecen justos para el uso y disfrute del hombre, el usuario de la plaza, el habitante del barrio. Conceptos que se hacen reales en el diario vivir y 98 Izquierda: La plaza mayor. convivir como una respuesta llena de sabiduría a sus necesi- (García Ramos, 1961:266). Derecha: La vecindad. dades de carácter comunitario. (Dávalos, 1996:59). Y si bien es cierto que estos espacios, en su planeación y diseño nos sorprenden y agradan hasta amarlos y hacerlos nuestros, no es menos sorprendente la vecindad. Es en esta zona en el que se integran dos áreas de manera extraordina- ria: Por un lado el techo, espacio para el ser humano en sus diferentes edades y sexos en el que habrá de vivir; pero existe otro, el complementario, en el que no sólo habrá de vivir sino ¡convivir!... el patio. El patio es ese espacio complementario en el que el niño y el joven tendrán como estancia, la mayor parte de su vida; el espacio descubierto en el que habrán de soñar, transformarse; re-crearse. Los períodos de las vacaciones por una parte y los períodos marcados por las diferentes estaciones del año, se- rán los que signifiquen y determinen las diferentes activida- des de esparcimiento. El primer patio, el segundo patio..., el quinto patio, habrá de ser el territorio en el que niños y niñas, jóvenes hombres y mujeres ocupen en forma abundante su tiempo libre, activi- dad amada que permite ciertamente de manera transitoria, transportarse a otro mundo. Otra área que conforma la vecindad (no en todas ellas) y que así mismo, aún y cuando la actividad que en él se realiza es de trabajo y que éste es transformado en un mundo recrea- tivo, es el lavadero. 99 La paradoja, no es el tiempo libre el que propicia el tiem- po de recreo sino que es un tiempo de trabajo el que es apro- vechado –no siempre, claro está– en tiempo de distracción, de convivencia, no se puede negar que durante este tiempo, se da una buena dosis de recreación. La sabiduría –tal vez casual, admitimos– con la que se di- señaron estos espacios, en los cuales la relación padres-hijos se observa de manera mayúscula y singular: El espacio para el niño, el espacio para el joven, el espacio para el adulto está allí para su disfrute pero también para lograr la relación e in- terrelación hacia otras familias; otros vecinos. Patios de vecindades de los años treinta. (Tello, 1998:105, 103). Patio de vecindad de los años treinta. (Tello, 1998:120). 100 El crecimiento poblacional de la Ciudad de México a par- tir de los años veinte, habría de obligar en su planeación a la necesidad de crear nuevos fraccionamientos y colonias; algo que sorprende y no logramos entender, es la manera tan la- mentable en que se hace desaparecer el barrio y la plaza. Así es, en esta década, aparecen nuevos fraccionamientos a los que se les asigna el nombre de Colonias, principalmente hacia el sur y el poniente del centro de la ciudad, en las cuales, en el mejor de los casos en la parte central de ellas, se localiza un parque. En otras, en la mayoría de ellas, podemos indicar que la dotación del espacio para la recreación es limitada y poco propicia o bien no existe. Ejemplo de las colonias en que existe un parque son las siguientes: Portales, San Pedro de los Pinos, Alamos, Narvarte, Vértiz-Narvarte, Tacubaya, Del Valle (el parque “Mariscal Sucre” y cuantas cosas más –innumerables– quedaron sepultadas bajo la aberración más grande que en Programas de Planeación Físi- ca para solucionar problemas de vialidad vehicular se ha dado en esta ciudad como fueron los ejes viales). De las segundas, en las cuales no cuentan con espacios adecuados y dignos para las actividades recreativas, están las colonias Obrera, Postal, y Nativitas, y otras, hasta la fecha no lo tienen. Pero, nada podría limitar el desarrollo de la recreación, en muchas nuevas construcciones, la vecindad, si bien es cierto con otro carácter, siguió siendo dotada del patio, pero evi- dentemente no de “aquel patio” –el Señorial, el aglutinante– sino simplemente de un patio. Y es en esta limitación que una vez más el ingenio, la libertad y la plenitud del hombre para Zona centro de la Ciudad de México. dotarse espacios, para adecuarse y adaptarse a ellos y confor- (Tello, 1998:125, 120). mar “su territorio”, se da de manera sorprendente. 101 En consecuencia, la calle conformada por los espacios para que caminen los peatones –la acera– y el de circulación de vehículos, se utilizaba por ausencia de un espacio adecuado para llevar a cabo el juego, en el área idónea para jugar y desarrollar actividades recreativas. De tal forma que la recreación cotidiana tendría que ade- cuarse al espacio existente: Al patio, a la acera, a la calle, (y esta realidad realidad nos manifiesta que es imposible sus- traerse al avance tecnológico por lo que deseamos hacer no- tar que a muy corto plazo, la calle también le habría de ser arrebatada al hombre en forma irreflexiva para dar paso al Arriba: Calles de la Ciudad de México. objeto transformador más brutal del medio ambiente cultural Abajo: Interior de una privada. y natural: el automóvil) al parque y a la plaza. La planeación (Tello, 1998:110, 121, 102). para satisfacer esta necesidad, convertida en un problema ur- bano, se habrá de dar con grandes limitaciones y deficiencias. Estos eran los espacios en los cuales niños y jóvenes de ambos sexos, llevaban a cabo una gran variedad de juegos en los cuales en algunos utilizaban juguetes y otros, los más; sin ellos. El tiempo libre, claro y definido –evidentemente era otra la dimensión y el carácter de nuestra amada ciudad– no era suficiente para llevar a cabo tantos y tantos juegos . Aquel tiempo libre se iba “como agua”, y como no, puesto que es indudable que todos y tantos juegos tenían una motiva- ción por excelencia recreativa; una esencia que los distraía y permitía que se olvidara todo lo que a su alrededor pudiera existir: ¿hambre, dificultades, problemas, limitaciones econó- micas?… ¡todo se olvidaba durante ese tiempo! El juego y el juguete eran el todo durante ese tiempo, por medio del cual 102 no se manifestaba un provecho aparente alguno, pero… ¿qué más podría pedirse que lograr un tiempo de felicidad plena? Los nuevos tiempos eran un hecho irreversible, y el juego y el juguete formaban parte sustancial de ellos. Múltiples variables se conjugaban en el ejercicio del jue- go, pues éste era organizado en función de las edades de los participantes; y así como la edad era una limitante que dife- renciaba el juego, también lo era el género. Así mismo el jue- go se organizaba de tal forma que se podía llevar a efecto con una responsabilidad que recaía sobre un individuo o bien el juego por equipo con una responsabilidad compartida: De igual forma esta participación se ubicaba dentro de las formas de recreación física o recreación mental, lo cual determinaba, conforme a las preferencias y habilidades y destrezas, así como al carácter de los niños y jóvenes, si esa participación era acti- va o bien pasiva. La colonia Santa María la Ribera, hacia 1925. (Tello, 1998:50). El juego tradicional, aquel que se había transmitido de ge- neración en generación a través de los años, era ciertamente significativo; sin embargo, el ingenio de los niños y jóvenes (facultad inherente al hombre), hacía factible la creación o adecuación de otros innumerables y nuevos juegos y objetos que resaltaban la distracción y recreación de ellos en aquel tan deseado tiempo libre. Y si bien todas las variables anotadas anteriormente, aglu- tinadas conformaban la gran diversidad de un sin fin de jue- gos, nos permitimos mencionar una más: tal vez la más im- portante, la más significativa; y es por ella por la cual cierta- mente hemos diferenciado de manera tan especial este perío- do de la vida de la Ciudad de México: El niño y el joven: hom- bre o mujer participaban en estas actividades lúdicas eminen- 103 temente ¡como actores! Ellos eran el personaje sustancial y cen- tral del juego; el objeto, el juguete era el complemento justo exacto para crear las múltiples formas de recreo pero siempre –y ésta es la gran diferencia con el momento que actualmente vivimos– el hombre, como especie, era el actor principal. La carrera y el salto; la fuerza física; la astucia y la sagaci- dad; la inteligencia y la razón; las habilidades y destrezas; el talento; el equilibrio; el ingenio y la coordinación; la memoria y el conocimiento; el compañerismo; la puntería y el pulso; el sentimiento de la proporción y la distancia; el liderazgo y la unión; el ingenio y la improvisación; la paciencia y la pruden- cia… entre otras, habrían de ser características y cualidades que se conjugaran en el juego individual y en el juego colec- tivo, para el mejor desempeño del mismo entre niños y jóve- nes; hombres y mujeres en ese propósito único y singular que es la recreación y cuyo resultado final se manifestaba a través de: el gozo del cuerpo, de la mente y del espíritu. Y es así, que al conjugar un sinnúmero de las característi- cas anotadas, se desarrolla esa actividad lúdica, singular, pro- pia e inherente al hombre mismo: el juego. El juego se manifiesta en primer lugar, así, simplemente de una manera natural, sin ningún requerimiento, sólo y única- mente de la voluntad de quienes quieran participar en él; ajus- tándose en múltiples casos a las reglas que tradicionalmente se han establecido, pero en otros, abundantes también, inventán- dolos, creándolos y por lo tanto generando nuevas reglas. Otros juegos se llevan a cabo con objetos –que no jugue- tes– los más simples y sencillos: piedras, huesos de frutas, cor- cholatas, palos, papeles, etc. son el apoyo suficiente para con- formar el juego y desde luego ¡el deleite de todos!. Finalmente, en una dinámica de la acción más estructura- da, más formal, pero de ninguna manera, y deseamos recalcar esto, ¡nunca!, nunca limitando la imaginación de quien lo lleva a cabo, aparece el juguete como elemento sustancial del juego. 3. El juego, el objeto El juego, el juego y el objeto, el juego y el juguete, llenan el tiempo libre del ser humano de la ciudad. la recreación física y la re- creación mental se manifiestan espléndida y esplendorosamente en el propósito –no escrito, no evidente, no planeado, no diri- gido y menos manipulado– exquisito de conformar una nueva criatura, en la que se sustentará la nueva patria mexicana. 104 El avión ¿Quién no ha jugado el avión?, cómo no recordar de qué manera se daban los orígenes y cómo a partir de ellos desenca- denar este amado juego; pero… ¿nos hemos puesto a reflexio- nar acerca del carácter de las múltiples facetas contenidas en este simple y universal entretenimiento? Y he aquí que, al hacer el análisis de él, encontramos tan grandes y extraordinarias bondades que, dado el propósito de este documento, bien vale la pena diseccionar este juego y exten- derlo hacia aquellas distracciones con características similares. La edad. Los rangos de edad en que se lleva a cabo esta 10 acción es entre los 7-8 años hasta los 14-15, y es evidente que dentro de estos límites, se establecen rangos a fin de que el 9 juego ofrezca características de competitividad entre iguales.Su composición. Un juego colectivo pero cuyo resultado de- pende del esfuerzo individual y con resultados también indivi- 7 8 duales (el 1°, el 2° lugar). A la iniciativa de jugar al avión, viene a nuestra memoria el recuerdo tan grato de los brincos, los sal- 6 tos de alegría de todos aquellos; los que estaban dispuestos a jugar, que respondían al líder; a aquel del cual surgía la idea de 4 5 entablarlo y cuyo número de participantes normalmente era de entre 5 y 7 personitas, por parejo niños y niñas. 3 Primer talento:Observación. Se requería de un líder del cual surgiera la iniciativa. 2 El diseño. Había que allegarse un gis o un pedazo de paredde yeso para dibujar “el avión”, y este trazo se realizaba pro- porcionando los cajones del uno al 9 y el círculo del 10 a las 1 medidas de los pies de los que participaban. Observación. Se necesitaba del más apto para trazar el mejor “avión”, hombre o mujer en el cual el manejo de la proporción Figura de El avión. y del dibujo eran inherentes a él mismo. Segundo talento: El objeto complementario. “La teja” era el objeto esencial como complemento de este juego. Cómo jugar sin teja, ¡imposible!; y aquí también se manifiestan diversas cualidades de los partici- pantes debido a la preparación de la teja; que también tenía “su chiste”. De ella dependía una buena parte de la posibilidad de obtener éxito en él. Había para quienes la teja era una simple corcholata –malo, muy malo–, para otros era la cáscara de na- ranja –mejor–; otros preferían la corcholata rellena con la cáscara de naranja –una buena teja–; otra, mejor, era un pedazo de pe- riódico hecho bolas y mojado, pero este corría el riesgo de que dejara “hijos”; y no cabe duda de que la mejor, era la que se “fabricaba” con un pedazo de algodón mojado. 105 Observación. Un sentido común se manifestaba en cada niño y niña en la preparación de la teja, pero también la astucia y sagacidad para sacar el mejor provecho de ella. Tercer talento: ¡Todo listo! El grupo conformado, dispuesto para llevar a cabo el juego: Trazado en el piso el avión, las tejas listas. Ahora el sorteo para definir quién habrá de empezarlo: Quién prime- ro, quién tras… quién al último. Y ordenados conforme al resul- tado del sorteo se inicia el juego: uno tras otro, en su corres- pondiente turno, los niños y jóvenes habrán de demostrar to- 8 9 das sus aptitudes... “y corre que corre y... salta y aterriza”. Al 7 10 principio del juego esto es fácil, pero conforme se van llenando las casillas habrá de ser más rápida la carrera, más potente el 6 salto y mayor el equilibrio, “no se vale mano sucia” para que- 5 dar en el sitio correspondiente; y es aquí en donde se pueden 4 observar otras, múltiples capacidades, aptitudes de los partici-3 2 1 pantes hombres y mujeres: La habilidad para correr, la capacidad para saltar, y la fuer- za para equilibrarse. Y es así, saltando con un solo pie o con los dos que habrá de regresar hasta el punto de partida con el 8 7 9 último salto, el cual lo hará prácticamente sin vuelo. Y así enel correr de los minutos, de las horas –en su tiempo libre y mu- 6 chas veces trascendiendo éste– se declarará un ganador, el5 4 que haya hecho primero el recorrido. Ciertamente, el niño y la niña; el joven, la joven llevan a 2 1 3 cabo una gratísima forma de recreación: “El avión”; pero, y esto es verdadero, de este juego podemos deducir y observar muchas otras capacidades, talentos así como habilidades que, Figuras de El caracol y El cuadro. atentos a los participantes es posible dirigirlos, encaminarlos hacia ellas, lentamente, paso a paso… de la calle a la pista atlética, de la calle a la fosa de saltos –por poner un ejemplo– así, en ese orden para que el sentido recreativo no se pierda …¡y todo empezó en un simple juego!, en una simple, sencilla forma de recreación y a un costo económico mínimo pero con una proyección de costo social extraordinario; con la inmensa posibilidad de un costo beneficio físico-social. El caracol, el cuadro, la roña (las Trais), los encantados, el burro fletado,57 cuando alguno fallaba ¡tenía que fletarse! y se le pre- 57 y como no recordar el Burro fletado: Uno por mulo; dos patada y cos; tres y litro y litro; cuatro jamón te saco; cinco desde aquí te brinco; seis otra vez; siete te pongo el bonete; ocho te lo remocho; nueve copita de nieve; diez elevado lo es; once caballito de bronce; doce la vieja coce con su carrete del número doce; trece el rabo te crece; catorce la vieja tose; quince el diablo te trinche y dieciséis tres pasos y a correr… 106 guntaba: siguen pasan o comienzan... (él decidía), de alguna manera, con características muy similares manifestaban en su jugar descubrir las habilidades y destrezas de carácter físico esencialmente. Formas de recreación física amadas, sencillas, simples, al alcance de todos, ciertamente de todos. Otros juegos de carácter físico para niños mayores y jóvenes –8 y 12 y entre 13 y 18 años– en donde la participación colec- tiva se traducía a la competencia de equipo contra equipo y en la cual se hacía evidente el líder de uno y otro bando: aquellos que habrían de conformar los “equipos”. Y aquí, ese liderazgo tendría que tener, además del don de mando otras capacida- des tales como: astucia, sabiduría, prudencia, fuerza, inteligen- cia, don de compañerismo, tal vez el más hábil y el más diestro para el juego. Tantas cualidades y características tendría que tener tal niño o tal joven, en ese instante eso no era lo sustan- cial, ni lo sustantivo, simple y sencillamente se daba así; lo im- portante era el juego; lo importante era recrearse. La Tamalada. Juegos, juegos, diferentes juegos: Las tamaladas; brusco, fuerte, con un buen grado de dificultad y por lo tanto múlti- ples habilidades se habrían de manifestar en aquellos niños mayores y jóvenes que se aglutinaban por bandos para jugarlo; un bando se fletaba y el otro brincaba: tomar vuelo y brincar lo más lejos posible y lo más cerca de aquel que servía de cabeza y sostén de los contrarios, guía y apoyo de los que se encontraban culimpinados: Cabeza entre piernas; cabeza entre piernas para soportar a aquellos que después de una corta e impetuosa carrera se lanzaban sobre los fletados... y ¡puf! caer sobre éstos. Y así los primeros empezaban su vaivén para tirar al que había caído sobre ellos en tanto no se lanzara el otro ... y el otro .. y el otro como catapultas que iban cayen- do uno por uno sobre los que se encontraban fletados bus- cando al más débil, a fin de hacerlo flaquear hasta doblarlo y caer al suelo todos: ciertamente entre innumerables risas pero también entre dolores, lastimaduras y algunas veces hasta llan- to, aun así, se era feliz. 107 De igual manera, otros juegos que conformaban la vida cotidiana de niños y jóvenes eran las “cascaritas”, de patear y apalear la pelota (futbolito y beisbolito); cualquier tronco, cual- quier palo, y la mano misma eran buenos como “bat” y cual- quier piedra o trapo eran usados como los límites de la “por- tería”. La pelota, ¡Ah, la pelota!: de trapo, de hilaza; hecha por ellos mismos, horas y horas enredando el hilo de la media o la hilaza alrededor del trapo o el papel. El tiempo libre no alcan- zaba, ¡cómo se pasaban las horas! Era en estos tipos de juegos donde se recreaban físicamente los niños y los jóvenes; parti- cularmente varones. Las niñas, claro, ellas también participaban, algunas, las menos, ciertamente en los juegos arriba mencionados, pero la verdad es que ellas se encontraban sumamente entreteni- das en otras actividades recreativas, e igualmente de carácter físico propias de ellas en los que no faltaba el varón que se integrara a ellas. Tal era el caso de “La reata” –¡carne, chile y mole!–, lento, medio, rápido, más rápido hasta que las fuerzas del que brincaba o echaba la reata menguaba hasta desfalle- cer. “La maquinita” –otro juego–: esperar el momento ade- cuado, con astucia, con oportunidad cronométrica y... entrar ¡uno, dos, tres! y salir sin reposo... inmediatamente la que si- gue y ¡uno, dos, tres! y salir y así sucesivamente. Y aquella o aquel que perdiera: ¡a echar la reata! “Las alturas”, “Las an- churas”, eran otros juegos que se llevaban a cabo con el mis- mo objeto: “La reata”; juegos de conjunto que al desarrollar- se se manifestaban múltiples, innumerables líderes: hábiles, diestros. Ahí estaban, no hacía falta nada más que observarlos y… orientarlos; los niños y los jóvenes sabían hacerlo, ¡claro! en el vivir cotidiano era inherente en ellos esa sabiduría, la que de- pendiendo del juego que habría de jugarse, escoger al mejor, al más apto; seleccionar a los mejores de una manera sagaz y natural. Cuántos otros juegos de carácter físico compartían aque- llos niños de manera abundante: “Las cebollitas”, “Los listo- nes”, “Los pajaritos”, “El pan y queso”, etc.; algunos franca- mente agresivos pero en donde la rapidez y la astucia adqui- rían un sello singular como ocurría en el “Parque liga o ligazo”, “El cuero escondido”, “Las escondidillas”, “Los quemados”. Ingenio y astucia; fuerza y valor; habilidad y destreza; agi- lidad, rapidez y control; inteligencia y razón; obediencia y pru- dencia; etc., se hacían presentes en la multitud de juegos que se conformaban dentro del mundo de la recreación física para 108 niños y adolescentes; hombres y mujeres; en forma individual, colectiva y por equipos. Otros juegos, con un carácter diferente, pero muy amados también, se conformaban con actores eminentemente niños y niñas de entre 4 y 12 años, eran los que se jugaban a manera de ronda. Juegos dulces, exquisitos, de gratísimos recuerdos, inocentes y que no por ello dejaban de tener un carácter edu- cativo –como es implícito en todo juego–. Es innegable que la educación forma parte de la recreación; ¡oh recreación, cuán- tas e innumerables son tus bondades! Así es: “Naranja dulce”, “A pares y nones”, “Doña Blan- ca”, recuerda... “A banca... a catatillo”, “Comerás patada”, “Amo a to”, “La víbora de la mar”, “La rueda de San Miguel”, “La gallinita ciega”, etc. Juegos de ronda, tomados de las manos se recreaban de la manera más extraordinaria, humana, inol- vidable; una fraternidad en donde la recreación adquiere con- diciones de sublimación. ¡Todos actores! ¡Nadie receptor! Naranja dulce, limón partido, dame un abrazo que yo te pido Si fueran falsos mis juramentos, en otros tiempos se olvidarán. Toca la marcha mi pecho llora adiós señora, yo ya me voy a mi casita de sololoy. La rapidez de reflejos, pensamientos, conocimiento, agili- dad mental se requerían cuando en coro se cantaba: Este es el juego de Juan Pirulero, que cada quien atienda a su juego... –el violinista, el trompetista, el guitarrista, el tamborilero..., grato, Paciencia, sagacidad, talento, astucia, muy grato–, o bien, cuando puestos en círculo y con sus re- memoria, el mundo de la recreación mental. glas del juego propias y prendas de por medio, se participaba (Enciclopedia de la mujer, t.6,1973:115). en: “Un navío, vío, cargado de... (a, b, c,)”. Juegos de conjun- to, con participación individual estos dos, pero, había un ter- cero con características similares: era el que se dividía en dos equipos y... a echar a volar el ingenio, el talento y muchos otros dones al recrearse en el “Dígalo con mímica”. Estos eran juegos en los que, lo único que se requería era la disposición del niño, del joven y en no pocas ocasiones de los adultos y ancianos, para hacerlos vivos y en los cuales el ser humano se divertía y actuaba de una manera extraordinaria, en libertad absoluta, sabiendo que él era el personaje central. La paciencia, la sagacidad, el talento, la astucia, la memo- ria eran cualidades y características que debían contener y aglu- 109 tinar aquellos niños y jóvenes que preferían el mundo de la recreación mental; esto es, aquellos juegos pasivos, pero no por ello de menor importancia, así es, “El coyote”, “Serpien- tes y escaleras”, “Las damas chinas”, “La lotería”, “Las damas españolas”, “La oca”, “El parkasé”, “Timbiriche”, “El gato”, “Las tripas de gato”. Otros se jugaban entre dos o más, de- pendiendo del juego, y si bien el placer era diferente no por ello los niños lo rechazaban, ¡de ninguna manera! puesto que, así como en la recreación física se distinguía al mejor, de igual forma en estos juegos se hacía un reconocimiento especial al que era el jugador sobresaliente. Juegos con sus propias reglas, y ellas muy respetadas, tan- to como “reglas de honor”: “los mirones son de palo”. En su propio espacio: el patio, la casa; entre amigos o entre familia- res; con su propio tiempo y casi siempre en el ocaso del día; con sus particulares emociones y cumpliendo con el gran pro- pósito: recrear al hombre en su tiempo libre. Durante los primeros años de vida el niño siente con gran intensidad la actitud afectiva de su madre, necesita su cariño y dedicación. (Enciclopedia de la mujer, t.6,1973:79). El juego pone a prueba el ingenio del niño para resolver problemas, explorar el mundo fìsico y ganar destreza. (Enciclopedia de la mujer, t.6,1973:136). Y para los pequeños: niños y niñas de 2 a 4 años, los padres habrán de dejar en ellos para siempre, en lo más profundo de su ser este juego: “Éste se robó un huevo, éste lo puso a asar, éste le echó la sal, éste se lo comió y este chismoso lo fue a acusar” juego relacionado con los cinco deditos de su mano. “Esta barba, barbará; esta boquita, comerá; esta nariz, nariguete; este ojito, pajarito; este su compañerito; perla, coral, y azaba- che; tumba pa´ta´che; así “las pipis y gañas”, “el niño chiquito y bonito”, “el riqui-rán”; juegos ciertamente universales pero cuán bellos, cuán amado ver de qué manera tan dulce, pacien- te; se gozan los pequeños hasta la carcajada. ¡imágenes que quedarán grabadas por siempre! para aquellos padres, abue- 110 los; familiares. El juego-recreación; comunión sublime, extraor- dinaria, entre quienes lo hacen posible, las edades no marcan la diferencia. El tiempo, el espacio, ¡cualquiera! Por lo tanto, el patio, la acera de la calle, la calle misma, es el escenario en el que un sencillo, insignificante objeto; por ejemplo el hueso de una fruta, era el elemento preciso del juego; sin él, ¡imposible jugar! Nos referimos al “Huesito de chabacano”. Todo un rito este juego: desde la preparación del hueso. En primer lugar degustar la fruta, luego limpiarla, lavarla, secarla y finalmente pintarla. ¡Sí, pintarla con congo amarillo, rojo, o azul!, nuevamente puesto a secar, y luego... ¡todo listo para usarlo!, pero guardados ¡claro! en su bolsa es- pecialmente diseñada y fabricada. Juegos diversos en los que se apostaban docenas y grue- sas de huesitos. Algunas veces regresar a casa con la bolsa lle- na de ellos; en otras, cabizbajo lamentándose: ¡me pelaron! o ¡me dejaron pelón!. con el “A pares y nones”, “Garambullo”, “El hoyito”, “El caballón parado”, “La calavera”. ¡Cuánta inocencia y simpleza! pero también un sinnúmero de reflexiones acerca de las bondades de estos juegos, veamos: Desde luego llevar a cabo un método, ciertamente elemen- tal, pero complejo a la vez –su exigencia así lo manifiesta– el hecho de preparar el “huesito”; aprender a contar; distinguir el par del non; saber lo que es una docena y cuantas de estas conforman una gruesa. El desarrollo del “pulso”, del equili- brio, de la puntería y cuando “la plaza” era muy grande, el control de uno mismo, el control de los nervios para no dar ventajas. Juegos activos, dinámicos, simples, pero, insistimos, en los cuales, una vez más el niño y el adolescente son emi- nentemente ¡actores! No hay niño que se pierda el gozo y la chispa de vivir. (Enciclopedia de la mujer, t.6,1973:122). 111 Otro juego, que reconocemos no se caracterizaba por ser un portento de higiene, era el que se denominaba: “La cárcel de moscas”, con otro hueso, el de aguacate, se realizaba este juego de carácter individual: se partía el hueso a la mitad y se empezaba a raspar éste con una corcholata hasta que quedaba una oquedad en donde la pared del hueso fuera lo más delga- da posible; una vez terminada esta etapa se procedía a atrave- La cárcel de moscas. sar las paredes del hueso con popotes de escoba a manera de que éstos conformaran los barrotes de la celda que era el hueso de aguacate rebajado, una vez terminado, se procedía a cazar, sí ¡a cazar moscas con la mano y encarcelarlas! Insistimos, nada higiénico para muchos; sucio, pero era una forma de recreo que implicaba desde luego algunas ha- bilidades: cuidado en la construcción de la celda; creatividad ciertamente, rapidez en los reflejos –cazar moscas vivas no era fácil– pero finalmente cumplía su cometido; participación ac- tiva, dinámica del niño y el adolescente. Así, sencillos como éste, múltiples juegos se desarrollaban con objetos de desecho; todo era útil: el tacón, el teléfono con botes, el balero y los zancos (botes pequeños de lámina de acero), el acitrón, los barcos, aviones y sombreros de pa- pel, las matatenas; simples piedras. De entre estos juegos men- cionados, es de llamar la atención aquel que se hacía con la faja central (el aro resistente de las llantas de automóviles), Barquito construido de deshechos. que al separarse, con el uso de charrascas, quedaba conforma- do un aro, una rueda; era barato, casi los regalaban en las huaracherías, vulcanizadoras, lugares donde se hace este tipo de labores. El propósito de poseer uno de estos aros era el de echar “carreritas” o simplemente rodarlo con la mano o con un pe- dazo de palo pero, los más diestros, los más duchos, los ex- pertos se ingeniaban su gancho de alambre para rodarlo me- jor, más rápido y elegantemente. Había que sostenerlo en equilibrio, y una vez aprendido esto, ¡a rodarlo, a rodarlo y a rodarlo!; hacer malabares con él y recrearse; propiciar que el tiempo pasara divertido. Juegos individuales o colectivos, crea- tivos, activos, participativos, dinámicos, muchas habilidades; sobre todo físicas. Una de la serie de juegos que propiciaban el deleite de los niños, jóvenes y de muchos adultos, claro está, sobre todo en los niños-niños y en los niños y adolescentes, y que requirieren de un buen grado de templanza, de valor, es el columpio, el sube y baja, la resbaladilla, el caracol (tobogán), los volantines. 112 En el columpio, los niños más pequeños, casi siempre auxi- liados por una persona mayor, quien les empuja; les da el vue- lo, en pleno movimiento pendular determinan el grado de vuelo, según las palabras del infante: “más”, “más” hasta el nivel de altura el cual se sientan seguros. En el caso de los niños mayores y adolescentes –desde luego que no todos, sólo los más audaces– sentados o parados se impulsan por sí mis- mos hasta querer “tocar el cielo”. Retratar esas caras, tenerlas en el recuerdo, haberlas vivido personalmente, haber sido uno mismo, son recuerdos inolvi- dables. La risa abundante hasta llegar a la carcajada al ver las caras de susto de aquellos que gritaban “ya no”, “ya no” o bien otras caras, pero estas de felicidad de aquellos “primeros astronautas”, audaces, valientes y cuya audacia y valentía se transformó en innumerables ocasiones en piernas y brazos frac- turados. Pero ciertamente, en estos juegos, los niños se arries- gan y “les agrada correrlo”. Los juegos, sustentados en objetos prefabricados, resisten- tes, ciertamente seguros y evidentemente necesarios, son los que posibilitan que el tiempo libre “se pase como agua” y que el deleite, el gozo, “la recreación” se da en su sentido más puro. ¿Qué habilidades o destrezas tienen que poseer los niños y jó- Subirse al columpio es sin duda alguna, de venes que hacen uso de estos objetos?, no importa, lo que sí es lo que más agrada a los niños. cierto es que tales juegos los acercan al mundo de la plena (Enciclopedia de la mujer, t.4,1973:208). imaginación. La recreación en toda su plenitud. 4. El juego y el juguete Como parte inherente y sustancial de la recreación y en particular de la recreación de la Ciudad de México, para llevar a cabo un juego; aparece como elemento necesario y funda- mental: el juguete. Este objeto nos permite trasladarnos al mundo de la fanta- sía; instrumento real, sin el cual no es posible realizar activida- des complejas que proporcionan solaz, recreo, sean de carác- ter individual o grupal dentro del mundo de la recreación de toda persona. Múltiples variables se han conjugado para el diseño de “nuestros juguetes”: La riqueza y abundancia de las tradicio- nes, el color, el material, la textura y la forma por un lado; por otra, el clima, los elementos naturales –lluvia, viento por ejem- plo– combinados con los períodos de descanso vacacional, las fiestas religiosas y las fiestas cívicas, son los generadores y 113 los que dan vida y enriquecen la variedad del juguete mexica- no hasta hacerlo universal y el cual adquiere un carácter pro- pio y particular. La gran variedad de ellos, así como las diversas alternati- vas que cada uno proporcionaba para acometer el juego, lle- naban ¡y cómo no! el tiempo libre de aquel niño, joven, adul- tos y ancianos de las décadas de los treinta a los sesenta de la “muy noble y leal Ciudad de México”. Descubramos juntos o, mejor dicho recordemos algunos de los juegos y su juguete, que nos brindaron momentos inol- vidables; gratos: el juguete y yo; el juguete y tu; el juguete y usted; el juguete y nosotros: a. Las canicas Un juego que normalmente se realizaba entre dos o más ni- ños y en donde las niñas era común que se acercaran y parti- ciparan. Algunas canicas eran de barro pero el problema se daba porque se rompían fácilmente debido a que este material es muy sensible al impacto por lo cual comúnmente se desecha- ban a las primeras de cambio, no eran competitivas, inmediata- mente eran sustituidas por las que estaban hechas de vidrio. De entre las canicas, podían distinguirse fácilmente: “las agüitas”, “los ponches”, “las ágatas” y de manera singular, aquella que era “mi tirito”; la esfera de vidrio, muy personal, con la cual cada quien “se acomodaba” mejor; fuera por su tamaño, por su color y también por su diseño (formas extra- ñas y de múltiples combinaciones de color que se daban en el interior de la misma), pieza que por motivos muy explícitos se consideraba la que “daba suerte en el juego”. ¡cómo se cui- daba “el tirito”! aun y cuando se empezara a “cascar” se le seguía consintiendo. Así, con una canica que representaba algo especial o bien con múltiples de ellas, se daba el juego –siempre en grupo–: “La Rueda Chica “ y “La Rueda Grande” eran juegos que, como dato complementario; antes de iniciarlo se dictaba una regla significativa: “Con Vida o sin Vida”; esto es, poder “matar al enemigo” –el otro o los otros jugadores– habiendo sacado de la rueda grande o chica, alguna “vida” (canica que se encuen- tra dentro de la circunferencia) o bien “sin vida”, significa que podía “matar” al enemigo, al contrincante, con vida o sin vida lo que, evidentemente requería mayor astucia y ser más “vago” en el juego. 114 Éste se llevaba a efecto con tal concentración y de manera tan absorbente, que el tiempo se pasaba “sin sentirlo”. Un tiem- po de competencia con el propósito de ganar la mayor cantidad de canicas pero, en donde ciertamente el tiempo era un tiempo de recreo y en el cual, en su relación simbiótica con el espacio para el desarrollo exquisito de la recreación, se daba de manera abundante: El primero en el tiempo libre –el que quedaba des- pués de ir a la escuela, de hacer la tarea, a veces “robándole” dedicación a esta última–; cualquier lugar era bueno; en la calle, en el patio de la escuela o de la vecindad, en el pavimento que podía ser de cualquier clase; hasta en la tierra. Otras variantes de juego que se emprendían con las cani- cas: el hoyito, los tres hoyitos, el rombo, o bien aquellos que combinándolos con diferentes juguetes, por ejemplo los sol- daditos de plomo, eran el deleite de chicos y grandes los cua- les en la búsqueda de ganar, hacían gala de múltiples estrate- gias en el acomodo de los mismos. Todo esto se jugaba con las canicas hasta “agotar” el “dedo opuesto” o el “dedo corazón” –dependiendo con cuál se tira- ba– y en donde los más “avezados” lanzaban de “huesito” habiendo dejado para la historia “tirar de uñita”. Los costos, las posibilidades para hacerse de este objeto y la dinámica propia del juego, se encontraba al alcance de to- dos. El tiempo ocupado en éste, era un tiempo de recreación por excelencia en donde, si bien es cierto que existía una bús- queda de ser ganador, había, sin comparación, el propósito mayúsculo de jugar y por extensión recrearse. Se distinguía quiénes eran los “vagos”, los de mayor pun- tería, de mayor tino, los de mejor pulso pero, en contraste con Títere con estandarte de la compañía de otros juegos, las cualidades y destrezas que pudieran obser- Rosete Aranda. varse sólo eran puestas a los pies de la recreación, sin otro (Juegos y ..., 1993:127). propósito ni otra búsqueda futura alguna. b. Los títeres Famosos titiriteros mexicanos presentaban sus obras en aque- lla época, de los cuales y de manera sobresaliente, se distin- guían “Los Títeres de Rosete Aranda”; muy profesionales; con títeres que poco faltaba para que tuvieran vida y de los cuales aún ahora se les recuerda con gran cariño y emoción. Este espacio lo deseamos ocupar para aquellos que, de manera extraordinaria se presentaban en las vecindades y en los cuales los niños pequeños y mayores eran los principales protagonistas. 115 El recorrido de todo este espectáculo, inicia físicamente con la elaboración de: El foro: Una caja de madera de aquellas que servían para guardar los jabones “los panes de jabón corriente”; el de le- jía. Esta caja se reformaba a través de algunos cortes por aquí otros por allá, resultando finalmente, el foro. Éste se forraba de papel de china, o de manila o bien cartoncillo pero… evi- dentemente coloreado, y si no, así nomás con algunos ele- mentales gráficos, en donde al creador, al “artista”, le parece- ría el mejor diseño. Se fabricaba también la tramoya – consis- tente en diferentes motivos que servían de fondo a la obra a representar y se iluminaba con algún foco– o bien con velas o veladoras para dar la iluminación requerida. Bien… ¡El foro estaba listo! y es evidente que para ese momento ya estaba en poder del “Director” la colección de títeres que habrían de dar vida a las historias; las obras, las posibles vivencias cotidia- nas a representar: Los toreros, el toro, el charro, la china poblana, el borracho, el Cantinflas, los boxeadores, etc., etc. eran los personajes sobre los cuales se sustentarían. Es claro que en toda esta construcción, fabricación, crea- ción; del foro, la tramoya, la elección de los personajes, el di- bujo, el diseño y pintura de cada una de las partes existía un pequeño joven –el “Director”– el cual era el que se encarga- ba de tener sobre sí, toda la responsabilidad; sin embargo, con cuánto esmero, de qué manera tan deliciosa, con cuánto gusto se realizaba este trabajo. Ciertamente no era un traba- jo, sino un placer, por lo cual este hecho extraordinario se convertía en un tiempo de recreo singular y dentro de él el gozo de la mente se transformaba en una forma de recreo sustantiva. Es seguro que desde el instante mismo de “La Pla- neación” hasta la culminación de la obra misma, él o los res- ponsables de llevarla a cabo, estaban inmersos en el mundo maravilloso de la recreación ¡solamente crear y recrearse! no puede observarse otro motivo, porque si hablamos de costo, éstos eran mínimos. ¡Ah... pero... y el espacio, ¡claro está!: ¡El Patio de la Vecin- dad!, de preferencia en una zona cubierta y en donde al grito de: “La función va a comenzar” se veía desfilar a un buen nú- Títeres y sonaja de palma. mero de niños y niñas, algunos cargaban con su propia sillita (Juegos y..., 1993:121, 85). para estar más cómodos hacia donde se localizaba la caja de jabón; ¡perdón!, el foro. Si bien el foro listo, los artistas –títeres– listos, ¿y el argu- mento?, se daba naturalmente en el instante mismo de la fun- ción. Uno o varios niños mayores –mayores en edad– casi siem- 116 pre desarrollaban el argumento obviamente de acuerdo al carácter de los títeres que formaran parte de la obra. En el recuerdo queda la manera sorprendente, ágil y talentosa, cier- tamente talentosa con que se desarrollaba la función. Los cam- bios de inflexión en las voces –el llanto, la risa, el grito, la carcajada, etc,– eran verdaderamente de llamar la atención y las respuestas del público no se hacían esperar. Pero, ¿cuál era el público, quiénes lo conformaban?... ¡los niños!: los peque- ños, los medianos y los mayores, todos, hasta los abuelitos. Reacciones maravillosas se manifestaban principalmente en todas los pequeños seres humanos; sorprendentes en su vivencia hasta llegar a situaciones, de meterse dentro del foro. Los gritos y algunas veces el llanto, eran las reacciones de los espectadores, los cuales en su mirada y en sus propios movimientos corporales; manifestaban en qué forma se en- contraban inmersos en el espectáculo que se les presentaba. Un modo más de recreación, bella, amada y en la cual, como en otras, el tiempo libre transcurría de tal manera, que aque- llos niños nunca hubieran deseado que se terminara. ¡Cuánto talento, iniciativa, destreza y disposición de aquellos niños! tanto por los que fabricaban y creaban el foro y la tramoya, así como aquellos que seleccionaban los títeres y hacían el argu- mento de la obra, desafortunadamente, en la mayoría de los casos pasaron desapercibidos; desaprovechados. El niño era el actor en toda situación, auténticamente el actor principal; por su entrega, vivencia en esta forma de jue- go, bien fuera como tramoyista, manejador de títeres, elaborador del argumento o simplemente como espectador, Títeres. (Juegos y..., 1993:2). 117 en todos los casos era un participante virtuoso, impetuoso, en esta exquisita recreación; los títeres tenían vida, casi seres or- gánicos ¡Estaban vivos!, claro, vivían en cada uno de los niños y niñas que presenciaban la función y que eran verdadera- mente transportados a otro mundo: ¡El mundo de la fantasía!. Una tríada de juguetes, todos de madera, en sus diferentes características, ciertamente muy diferentes: Estos juguetes y los juegos que de ellos se desprendían, eran cíclicos, una sola vez al año, por lo tanto la temporada era esperada con bastante anhelo y placer. Era una grata expectativa, ver venir el tiempo: del trompo, del balero y la del yoyo. A manera de un paréntesis y como una pequeña observa- ción; viene a la memoria del que esto escribe (Humberto Ro- dríguez), en que algunos juguetes, dependiendo de la época del año, adquirían relevancia, el tiempo y momento en que se convertían en juguetes clásicos y que se hacían presentes en la niñez y juventud. Al hacer una reflexión del por qué sucede así sólo en algu- nas épocas del año, reconozco ignorarlo y acepto que no he encontrado aún el motivo. c. El trompo Ciertamente, este juguete es el que presenta el “mayor grado de dificultad” para jugarlo, puesto que desde la adquisición misma, el trompo debe de cumplir con una serie de satisfactores para su uso correcto, para el correcto juego. La forma: Se daba “el panzón”, “el flaco” y finalmente el que contenía “la forma clásica”; esto es, aquel que presenta- ba el mejor diseño y desde luego la mejor proporción, siendo “todo de madera”. Los había con un acabado natural y barni- zados, pero también los otros; los pintados con franjas multi- colores y en donde se manifestaba la presencia extraordinaria de los colores propios de nuestra rica cultura, los rojos, los azules, los verdes y amarillos eran los colores predominantes. Toda una fiesta del color se presentaba delante de los ojos del niño y del joven cuando se acercaba al “puesto” en donde se El trompo. exhibían y vendían estos hermosos juguetes. Seleccionar uno, aquel que en su peso, consistencia, forma y color; llenara los requisitos, las exigencias de quien lo habría de jugar, porque esto es muy singular en el juego del trompo. Era común que cada niño o joven tuviera “su” propio trompo, lo cual obede- cía a la particularidad que presentaba cada uno de los dife- rentes juegos que con él se hacían. 118 Supervisar y elegir el trompo, principalmente revisar “la punta” (si es que se tenía) a fin de comprobar que ésta fuera “de tornillo” y no “de clavo”. Observaciones, que son evidentes para poder con mayor seguridad marcar la diferencia y determinar las ventajas de una y otra (clavo y tornillo), además de jactarse de que ya eran “los vagos”, los experimentados en este juego. Siempre exis- tían “los primerizos” que no discernían, no detectaban dife- rencias y por ello, a los primeros “puntazos” se quedaban… sin punta, puesto que ésta se había sumido debido a que era de clavo (y es que los que se vendían casi siempre tenían pun- ta de clavo –tal vez una trampa para incrementar la venta; la verdad nunca lo supimos–), y el sacarla implicaba una activi- dad ajena al juego mismo y por lo tanto, enojosa y que casi siempre terminaba en la compra de uno nuevo. Pero para aquellos que ya se las sabían “de todas todas”, quitaban la punta de clavo y colocaban el tornillo; éste de diámetro tal, que al penetrar en la madera no la estrellara, o bien que por la delgadez del diámetro del tornillo fuera có- modo para el juego por desarrollar, y sobre todo que quedara “derechita”, pues de otra forma no funcionaba, no servía. Ya se puso el tornillo, se apretó hasta desaparecer las cuer- das del mismo, y ahora a recortar la cabeza con una lima para fierro y, con esta misma a redondear la punta hasta que que- dara sin rebabas. Hasta este momento el “control de calidad”, la “calidad total”; había pasado su primera fase en manos del niño o del joven –y ciertamente era en sus manos– quedaba la responsa- bilidad de las siguientes etapas y dentro de ellas la selección de “la cuerda”, que también debía tener características pro- pias y adecuadas, para que ahora sí estuviera listo para llevar a cabo la acción más importante, de hecho la única, la propia, particularísima de este juguete: ¡bailar el trompo! Los principiantes en esto, iniciaban su experiencia lanzan- do el trompo por “abajo del hombro” los más duchos les de- cían: “tiras como viejita” y que era común o mejor dicho casi siempre, el trompo bailaba “de cabeza”; por lo tanto había que insistir, insistir e insistir, y solo así el jugador lograba que alguna vez, ¡la primera vez! el trompo “bailara de punta” co- rrectamente y que, en ese instante se manifestara en todo su esplendor: durante este proceso el usuario de este juguete, con prudencia y paciencia, había estado preparándolo, y él a la vez, reflexionando para que después de muchas, innume- rables y decepcionantes “zurradas” pudiera gritar lleno de 119 gozo: “ya lo bailé” ¡mira, esta bailando de punta! –¡por fin!, la recreación, se manifiesta en todo su esplendor. Múltiples formas de juego se intentaban con este extraor- dinario juguete: “la rueda”, o bien “el cuadro”, “los puntazos”, “el trompo corrido”, etc. en donde la competencia para reco- nocer a los más diestros se daba de manera incesante; bien fuera en aquellos en que de por medio estaba ganar unas monedas (este era el caso al jugar “la rueda” o “el cuadro”) o bien trompo contra trompo para sentir algo que es incuestio- nable en todo tiempo y en cualquier circunstancia, el placer de bailar el trompo: bien fuera éste de madera natural y barni- zado o bien pintado en múltiples colores o, en otra alternati- va, lleno de estoperoles. El sentirlo en la mano “bronco” o “normal” o “plumita” era un deleite y más aún, cuando aquel trompo que era una “pluma” se quedaba “dormido”. Escuchar como “zumbaba” al lanzarlo y este momento y todo el proceso anterior, cada uno de los instantes eran vivos, disfrutados como resultado de una práctica continua, cotidia- na, hasta aprender a lanzarlo; lanzarlo “magistralmente” como “hombre”, “por arriba del hombro” con toda la fuerza de lo que cada uno era capaz y así, una y otra vez, y otra vez, y una vez más, mil y mil veces más, al grado que el dedo con el que se enredaba la cuerda se llagara, y la palma de la mano sufrie- ra escoriaciones; hasta perforarse, ¡sí, perforarse la piel! y tener entonces que hacer uso de una buena dosis de habilidad para poder seguir viendo, viviendo y sintiendo el grato placer, la exquisita sensación de ver bailar “mi juguete”, embelesado en el ver rodar y rodar del mismo en la amada “época del trompo” y así, esperar hasta el año próximo. El balero. Con un objeto sencillo, juguete al alcance de todos, la re- creación, una vez más neciamente, se manifestaba de manera sin igual en los niños y jóvenes –más en hombres que en muje- res– y en los cuales el tiempo libre transcurría y trascendía mu- chas veces sobre el tiempo dedicado las tareas escolares o a otras propias y de acuerdo con las edades de los usuarios de este entrañable juguete. El hombre activo, participativo se daba de manera preponderantemente individual, transportado a otras galaxias en el observar el ritmo, la traslación o el simple dormi- tar del juguete de todos los tiempos y de todas las edades. Una nota: En el año de 1979, el que esto escribe (Humber- to Rodríguez) fue invitado a participar como Director de Re- creación en la Universiada México 79; evento mundial que habría de congregar a jóvenes universitarios de casi todas las partes del mundo. Este evento tenía como fin principal las com- 120 petencias deportivas competitivas, deporte de alto rendimien- to. Entre las múltiples actividades recreativas programadas con el fin de aligerar la carga nerviosa del atleta antes y durante las competencias, programamos una actividad a la cual denomi- namos “juegos y concursos” y la que en su descripción y conte- nido, entre otros eventos, se refería a llevar a cabo “el concurso de trompo” y “el concurso de balero” para lo cual y con el pro- pósito real de llevar a cabo tales concursos se les dieron a cada atleta (así como a los funcionarios de cada delegación deporti- va) un trompo y un balero. En el caminar cotidiano, durante el tiempo que duró el evento, era común y todo un espectáculo observar como hom- bres y mujeres que estaban dentro de la “Villa Universiada” andaban con su trompo o su balero haciendo múltiples inten- tos por “bailar” el primero o procurando insertar el “macho en la hembra” del balero. Nota acerca de la nota: Las autoridades correspondientes exigían al que programó estas actividades que fueran quita- das del Programa de Recreación so pretexto de que los atle- tas no eran retrasados mentales para jugar estos juegos, pero ¡fueron un éxito! Es incuestionable que al hacer un análisis del trompo y las maniobras con él desarrolladas, de todo el proceso, desde la elección del objeto hasta el tiempo del manejo pleno del mis- mo, podemos observar innumerables habilidades y destrezas como son: la paciencia, la técnica, el cuidado en un primer momento de la consistencia, la fuerza, la puntería. La tenaci- dad en una segunda etapa así como la presencia de una acti- Logo de la recreación para deportistas del tud social a través del juego en forma grupal o individual. boletìn de programa cultural, Universiada México ‘79 Bondades que se pueden observar, limpiar, perfeccionar para la planeación y programación de acciones Recreativo-Deporti- vas a desarrollarse en un futuro si ciertamente se diera el caso de que hubiera “interesados”, en la ilusión de un estado per- fecto de organización y de acercar posibilidades a los verdade- ros talentos en los campos de la recreación y el deporte. Toda esta descripción sería inconsistente si no habláramos del espacio requerido para el desarrollo de estos juegos: El Espacio, ¡cualquiera!; desde el cuarto redondo; la recámara; la estancia, y en todos estos casos con los riesgos inherentes, ¡claro!. por ejemplo: el romper los vidrios de las vitrinas, de las ventanas, las lunas de los roperos; todo esto por la falta de experiencia en el enredar la cuerda y en el lanzar el trompo. Otros espacios; la plaza o calle con piso de tierra, piso de asfalto y también o de concreto, los cuales si hablaran conta- 121 rían historias, anécdotas que llenarían hojas y hojas hasta con- formar un documento abundante pero grato, exquisito y cier- tamente amado, lleno de momentos de gran alegría y de no pocas frustraciones. Así mismo, el patio de la vecindad, la ace- ra de la calle, la calle misma –y no importando si era de tierra, mejor si este era el caso–, el patio de la escuela, la zona de acceso a la misma; cualquier espacio servía, pero todo inte- grado en el gozo pleno que proporciona esta manera de re- creación Un juguete inolvidable, un juego que así mismo para aque- llos que lo jugamos hasta el agotamiento, jamás podremos olvidar. Muchas cosas más podríamos reseñar sobre él. ¡Gra- cias trompo por compartir conmigo mi tiempo libre y el otro tiempo, el robado a otras actividades!. ¡Gracias por el gozo El yoyo. que me permitiste vivir!. d. Conclusiones Si bien no se puede negar ni sorprendernos, en todas las lati- tudes del mundo como ya con anterioridad lo hemos declara- do; el juego, el juego y el objeto y el juego y el juguete, de cierto son oriundos en correspondencia directa a la estirpe del hombre, en todas las latitudes del mundo. También es innegable que el momento posrevolucionario que de manera tan singular vivía el habitante de la Ciudad de México, era el tiempo propicio, el tiempo tan ansiosamente esperado para que en plena libertad, sin barreras políticas, sin riesgos, sin distinciones; con todos los derechos que la nuevas y magnas leyes le otorgaban, los niños y jóvenes de ambos sexos de manera sustantiva podían desenvolverse en toda su plenitud. La casa, su casa, la vecindad, el patio, la acera de la calle y la calle misma, suyas también; espacios territoriales propicio para desarrollar indistintas formas de recreación física y men- tal; en donde el juego, el juego y el objeto, el juego y el ju- guete, eran el motivo, la razón sustancial de su vida cotidiana; el uso de su tiempo libre. Los objetos y los juguetes, en su envolvente simpleza, en su abundancia; se encontraban al alcance de todos los usua- rios, en un contexto general, por sus bajos costos, mismo que hacían posible que por completo los niños y jóvenes, igual- mente adultos y ancianos, sin distinción de género, podían deleitarse conforme a las diferentes épocas del año, de una multitud de ellos. 122 La inocencia y creatividad que presentaban los juegos y los juguetes, hacían posible un vivir entre sueños en aquel tiempo libre, presentándose así, la nueva criatura, el hombre nuevo se hacía patente a cada instante; la recreación física y la recreación mental se manifestaban de una manera exquisita, singular, única y, por qué no decirlo, sublime. 5. La historieta El fenómeno de la historieta en México ha sido merecedor de diversos estudios, innumerables análisis, abundantes ciclos de conferencias y de no pocas reflexiones acerca del impacto de su penetración en la cultura del pueblo mexicano: y, de mane- ra singular en las grandes urbes de este país, preponderante- mente en la Ciudad de México. Por supuesto, así lo consideramos, que la intención dentro de este documento es procurar acercarnos al aspecto sustancial acerca de cuál fue el propósito sustantivo del desarrollo, desarro- llo explosivo de esta forma tan sencilla de comunicación. En este párrafo se encierra la esencia, motivo único y prin- cipal; la “recreación-un caso de estudio”. En el libro Puros cuentos. Historias de la historieta en Méxi- co, 1934-1950, se anota una frase que se le atribuye a don Gabriel Vargas. Es una corta reunión de palabras de un pro- fundo coherente, que dentro del universo de este magnífico libro histórico, marca el conjunto del propósito de lo que es la historieta, principalmente la hecha en México: Una frase por allá escondida pero que por su contenido determina la brillantez, el propósito sustantivo, profundo, cui- dadoso, delicioso, de esta forma de comunicación y por con- siguiente el objetivo mayúsculo de la historieta. Borola Tacuche, personaje de don Gabriel Dice don Gabriel Vargas: ”he realizado mi trabajo durante Vargas, uno de los personajes más destaca- cincuenta años con el único fin de llevar un poco de alegría al dos de la historieta mexicana. (Aurrecoechea, 1993:379, 378). pueblo... el pueblo ha sido el tema constante de mi labor” 58 Al discernir este corto mensaje, don Gabriel Vargas nos dice: “...el único fin”. Él no nos deja especular más allá sobre otros posibles propósitos; reiteramos “el único fin”, no socio- lógico, no antropológico, ni político; el único: “llevar un poco de alegría al pueblo...” 58 Aurrecoechea, Juan Manuel y Armando Bartra, Puros cuentos. Historia de la historieta en México 1934-1950, México, Grijalbo, Consejo Nacional de la Cul- tura y las Artes, 1993, p. 404. (Subrayado del autor). 123 En esta humildad se manifiesta el hecho extraordinario de buscar la alegría, y sin ninguna pretensión dice: “un poco”. Dos aspectos para comentar acerca del contenido de este pá- rrafo: en primer lugar, que para otorgar alegría, es innegable que el autor de La familia Burrón (entre muchos otros persona- jes), no nos cabe la menor duda, estaba lleno de alegría, se recreaba en el más puro sentido de esta palabra, de la defini- ción del concepto, de la actividad al trazar cada línea, al des- cubrir cada personaje, al manifestar la relación entre los dife- rentes miembros de “la familia” el propio “genial” carácter de cada uno de ellos y su posición tanto personal así como familiar con respecto al entorno del cual forman parte. El historietista, sentado frente a su mesa de trabajo, en ese instante, momento creativo; se apartaba del mundo mediato e inmediato que le rodeaba y creaba su propio mundo, se introducía en su cápsula, universo sin límites; se transformaba Izquierda: Don Jilemón Metralla, otro de los en una nueva criatura. Su trabajo tenía la singularidad de de- personajes de don Gabriel Vargas. jar de ser un trabajo y ese tiempo era convertido en recrea- Derecha: La Familia Burrón, personajes de una de las historietas de más tradición en México. ción. Un privilegio ciertamente. (Aurrecoechea, 1993:364, 3). En el segundo aspecto enfatiza el autor de La familia Burrón, Abajo: Don Gabriel Vargas en La Jornada, llevar esa alegría: “...un poco de alegría al pueblo... el pueblo No.166, 10 de Mayo de 1998, y algunos ha sido el tema constante de mi labor”.59 de sus personajes. Ha sido para mí, para usted; ciertamente ha sido para noso- tros, hacia donde el historietista fijó sus ojos, su labor: otorgar- nos alegría, acercarnos e introducirnos en el mundo de la re- creación, conformarnos en nuevas criaturas en el tiempo, ese tiempo amado, tiempo en el que compartíamos las locuras, las frivolidades de doña Borola y en gran contraste, la paciencia y la prudencia de su esposo “el chapatín” don Regino Burrón y para completar este cuadro, la actitud indolente y desinteresa- da de los hijos consentidos Macuca, Regino chico y Foforito el 58 Subrayado del autor. 124 hijo más pequeño. Pero si esto era delicioso no lo era menos, por supuesto, la descripción gráfica del entorno inmediato así como el entorno cotidiano en donde el generador de la histo- rieta nos presenta, para nuestro placer, espacios sustantivos de la cultura urbana como son: la vecindad, la calle, el barrio. La lectura de los “monitos” eran momentos pletóricos de deleite meterse en la vida, en la problemática de esta “singular familia”; sin lugar a dudas introducirse de la manera más ino- cente, simple y económica en el mundo de la recreación, en donde al igual que el autor, el historietista; el lector se introdu- cía en su cápsula, se apartaba del mundo que lo rodeaba, y se veía automáticamente inmerso en la vida de cada uno de los personajes, breve y entretenido relato, narrado con dibujos. La historieta un reflejo cultural. (Aurrecoechea, 1993:402, 403, 14, 379). La casa, la vecindad, el patio, la acera de la calle, el puesto de revistas, cualquiera de ellos, eran los espacios en donde tanto en lo individual así como en lo colectivo, la pandilla se sentaban, nos sentábamos a darle vuelo a la imaginación. Una forma de recreación cotidiana en la que se ocupaba el tiempo libre de manera diáfana y, como ya se ha manifesta- do, sin un espacio específico, ni formal: ¡Cualquier espacio! Una vez más esta actividad única del ser humano se hacía pre- sente en toda su plenitud. Pero no era sólo y únicamente La familia Burrón la que lo- graba ese milagro; no, la producción era fértil, muy fértil; esas décadas de los treinta a los sesenta, se singularizó por la ri- queza de la historieta en México. Los “monitos” abundaban y todos o casi todos con una gran riqueza de contenido aleja- dos de la inmundicia de la pornografía, de la bajeza, de la basura, de la vulgaridad. 125 Recordaremos como ejemplos clásicos a Los Supersabios Paco y Pepe, sus novias, el singularísimo Panza y su abuelo don Seve y su mamá y todos aquellos personajes que alrede- dor de éstos se movían, se relacionaban, se presentaban y sobresaliendo por supuesto, “los malosos”: “el sabio Solo- millo y el Médico”. Otro pasquín que nos muestra copiosa- mente la importancia de la camaradería, de la fraternidad, de la amistad es en Las aventuras de Memín Pingüín, y con una capacidad extraordinaria de representación gráfica, El prínci- pe valiente y con un paralelismo delicioso, pero contrastante; las locuras de Rolando el rabioso y su veloz, flaco, leal escude- ro Pitoloco. Arriba: Rolando el Rabioso, una historieta de Gaspar Bolaños. Derecha: Los Supersabios de Germán Butze. (Aurrecoechea, 1993:217, 259, 229, 279). El Pirata Negro, Wama el hijo de la Jungla, La pantera blanca, Tarzán, Mandrake el mago, Lorenzo y Pepita, La pequeña Lulú, Chicharrín y El Sargento Pistolas, El hombre de goma, Superman, Batman, Dick Tracy; así podríamos seguir enumerando muchas historietas que hicieron del tiempo libre un encanto en los niños, adolescentes, adultos y ancianos y, por supuesto, hom- bres y mujeres y en donde la espera del siguiente capítulo, y del siguiente, y del siguiente cuento de nunca acabar, forma- ba de manera indiscutible una parte sustantiva de la vida coti- diana del habitante de la Ciudad de México. Finalmente, a este capítulo indica sin temor a equivocar- nos, que el propósito esencial de la historieta era: Divertir, so- ñar, trasladarnos a otro mundo, a otro espacio a otra dimen- sión y, como dijera don Gabriel Vargas. “Con el fin de llevar un poco de alegría al pueblo”. 126 Una forma de recreación sencilla, inocente, económica que cumplía en plenitud, durante el tiempo libre de los lectores con su principal cometido. El dibujo, la caricatura y su relación exacta con el texto, quedaban para el recuerdo. El peso sustantivo que la caricatu- ra nos presenta y la simpleza del texto conformaban un mo- mento único, singular; de recreo. Izquierda: Don Jilemón y Cuataneta. Derecha: El Caperuzo y su hermana Caledonia. (Aurrecoechea, 1993:363, 388). 6. Los medios de comunicación: eléctrica, mecánica y electrónica a. Introducción La inclusión de los medios de comunicación para las masas, ciertamente llama la atención y sorprende de que así como el universo responde a un orden, de igual manera la ciencia y la tecnología, por lo que hemos meditado acerca de ello. Estos medios han acercado también al hombre de manera sorpren- dente; comprueban que la invención, por supuesto sin estar planeado, obedece a un orden: el telégrafo, el teléfono, el ra- dio, todos ellos unidimensionales así lo certifican y casi parale- lo a los dos primeros, surge el cinematógrafo como otro hecho extraordinario en un avance significativo pues de la primera dimensión casi en un abrir y cerrar de ojos, se salta a la bidi- mensionalidad, todo en su tiempo, el justo, el ordenado, una cosa precede (es el equilibrio maravilloso, sin dejar huecos, sin dejar vacíos) de manera espléndida a la otra en respuesta a la capacidad sin límites de la inventiva del ser humano. Y en esta explosión de las formas de comunicación a ma- nera de paréntesis se observa lo siguiente: El final del siglo XVIII, se caracteriza por el desarrollo de la industria y como an- 127 tes ya lo mencionamos se da la Revolución Industrial, cuya característica es la de ser una etapa colosalmente inhumana, atentatoria contra la vida cotidiana del hombre hasta casi con- vertirlo en bestia. Etapa de esclavitud con un sello, el de ser la más miserable del hombre, robándole su tiempo libre, todo él y separándolo hasta la negación absoluta de llevar y allegarse a formas de recreación aún las más simples. Igualmente a fi- nes del siglo XIX, se presenta otra revolución: la Revolución de la Comunicación a través del telégrafo, el teléfono, el cinema- tógrafo, la radio, la radiofonía y grabaciones sonoras y la foto- grafía, se exhiben en contraste maravilloso, puesto que estos inventos propician y acercan al hombre al ensueño, a “echar a volar la imaginación”, a transportarse “a otros mundos” dentro y fuera del propio planeta tierra a través de la recrea- ción en el uso del derecho al tiempo libre. En esa intención, es innegable que los genios que desarro- llaron los diferentes medios de comunicación, respondían a múltiples necesidades del ser humano y dentro de éstas de manera sustantiva; la recreación. Acercar eventos que no sola- mente en su tiempo libre fueran accesibles, sino también, en el tiempo de trabajo, formaran parte sustantiva de su vida cotidia- na y en algunos casos, de manera inmediata y forma explosiva transformarla en unos cuantos minutos hasta llegar a la locura y el pánico masivo; como ocurrió con aquella transmisión radiofónica en donde un programa –ficción– La invasión de los marcianos, (1938) trastocó los sentidos y se llegó a pensar por quienes escuchaban tal reseña, que se trataba de un hecho real. El genio del director del programa –Orson Welles– al cuidar y atender hasta el último detalle el contenido del mismo, logró en un instante explotar de manera singular, genial y extraordi- naria, esta forma de comunicación, hasta llegar a la magia de trastocar los sentidos de la población escucha hasta el terror y, provocar con ello; momentos de gran desorden en la ciudad y en sus vías de comunicación. Simplemente se propició dejar todo a la imaginación; a la imaginación de todos. b. El radio Un prodigio para la imaginación. El radio, dentro del universo tele y audiofónica de la recrea- ción mental, sorprende por su penetración, su impacto, su im- portancia en los grandes núcleos de población en sus diferen- tes edades, sexos, razas y credos y desde luego en cualquier latitud de este planeta tierra ese invento extraordinario unidi- 128 mensional en su forma de comunicación llamado radiofonía o simplemente radio. Ciertamente lo reconocemos como un pro- digio para la imaginación, puesto que nuestros sentidos, pen- samientos, imaginación; infinitos todos, son capturados para que de manera singular, insólita, llevarnos aún más allá del con- tenido del programa. Somos trasladados en nuestro ser para que de manera inocente, ingenua e intensa, vivamos cada per- sonaje, momento, instante; conforme a la sensibilidad del sen- tido del oído y éste, en un efecto multiplicador llenar todo nues- tro ambiente y transformalo milagrosamente hasta llevar nues- tra vida, a un tiempo de recreo. Es en el período que nos ocupa, esto es de los años 30 a los 60 dentro de la noble Ciudad de México, se da una época glo- riosa y cuyo sello distintivo fue el hecho de que ella fuera llena de talentos – verdaderos talentos particulares– en la música, el canto, la poesía, la actuación; de tal manera que han dejado para la historia un huella que se considera por los especialistas en estas áreas artísticas difícil de llenar en el futuro y cuya parti- Orson Welles en La invasión de los cipación en la radio en aquellos inicios y en tiempos inmedia- marcianos 1938, cuya verosimilitud produjo una especie de pánico colectivo. tos posteriores marcaron toda una época. El radioescucha era (Historia de las Artes, vol. 3, 1972:249). trasladado de una manera particular a momentos de nostalgia, de bohemia, de lo bravío a lo alegre; al campo, a la ciudad, al barrio y a la vecindad misma en una extraordinaria simbiosis entre los eventos de su vida real cotidiana y lo que escuchaba por medio de múltiples y excelentes intérpretes. Música y poesía, canto y actuación; se daban todo el día, y todos los días eran llenados por distintas formas de recreación mental sana, limpia y que de manera sobresaliente, confor- maba la identidad, personalidad y dignidad de un país cuyo anhelo fundamental era el de dejar atrás, para el olvido y éste para siempre, cientos de años de profundo desdoro. Intérpretes significativos, cada uno en su propia, particu- Pedro Infante y Jorge Negrete. lar personalidad, manifestaban a los jóvenes, adultos, ancia- (Ayala, 1993:57). nos; hombres y mujeres en su canto, los aconteceres del cam- po y de la ciudad: Pedro Infante, Jorge Negrete, Lucha Reyes en lo ranchero, lo bravío agregando la simpatía y simpleza a la inocencia campirana. Emilio Tuero y Fernando Fernández junto con Toña la Ne- gra, María Luisa Landín y Amparo Montes narrando la ciudad, el barrio y la vecindad con sus propios problemas, sus viven- cias –el sentido bohemio en todo su esplendor–. Alfonso Ortiz Tirado y Nicolás Urcelay y Ernestina Garfias acercando al pue- blo con la música clásica ligera, música universal y por supuesto la mexicana. 129 La abundancia de intérpretes era correspondiente a la de autores y compositores: los Agustín Lara, Ricardo Palmerín, Guty Cárdenas; las María Grever y Consuelo Velázquez y mu- chos otros más –aún los anónimos– eran quienes alimenta- ban con sus dulces y extraordinarias composiciones a aque- llos de tal manera que el radio se convertía en un objeto sus- tancial, de primera necesidad en la vida diaria y motivo de recreación en el habitante de la Ciudad de México. Los tríos, conformación grupal muy nuestra para interpretar la música popular, no cabe duda que colmaron toda una época de la vida romántica del mexicano: “Los Panchos”, pero por supuesto muchos otros tríos, se aglutinaban para conformar esa era singular en todo el territorio nacional y principalmente la Ciudad de México: “Los 3 Ases”; “Los Tres Diamantes”; “Los hermanos Martínez Gil”; etc. eran oídos atentamente, escucha- dos horas y horas a diario, en todo momento y lo más significa- tivo era que no cansaban y al igual que los intérpretes indivi- duales llenaban, y de qué manera la vida cotidiana de todos. Otros géneros de intérpretes se daban dentro de esta ex- plosión de genio e ingenio como los Xochimilcas y de manera muy singular, Chava Flores –el cronista musical de la ciudad– con sus Oye Bartola, Sábado Distrito Federal, entre otras muchas de una manera muy propia, muy singular pero a la vez llena de gracia e ingenio lograba fotografiar y reseñaba de manera espléndida la vida y obra que conformaba el diario vivir y con- vivir del mexicano citadino y lo transformaba a través de su letra y música en una forma deliciosa de recreación.60 Allá en la fuente había un chorrito se hacía grandote se hacía chiquito estaba de mal humor pobre chorrito tenía calor Ahí va la hormiga con su paraguas y recogiéndose las enaguas. porque el chorrito la salpicó y sus chapitas le despintó. Viñeta de Humberto Durán. 60 Nos apena y por ello nos disculpamos por nombrar sólo unos cuantos de todos aquellos que formaron parte sustancial de las delicias de la recreación del habitante de la Ciudad de México y más allá. 130 Hemos querido dejar para lo último, en este recorrido musical del radio a alguien quien por su propio carácter, por su propia personalidad, por conformar en plenitud de manera extraordinaria un todo universal la intención de este docu- mento: La recreación como un caso de estudio a Cri-Cri, el grillito cantor. Si tratáramos de significar el propósito de las composicio- nes (la letra) y la música de don Francisco Gabilondo Soler con respecto a la esencia de la recreación, podríamos concre- tarlo en dos palabras: espléndido y genial. Caricatura de La Jornada, No.397, 15 de octubre de 1994, por Helguera. Ciertamente, este personaje –Cri-Cri– que surge en la mitad de la década de los años treinta, no hay la menor duda que ha sido uno de los más importantes, mejor dicho el más importan- te generador y promotor de la recreación mental en su forma más simple, sutil, inocente, extraordinaria; que se haya dado no solamente a nivel del habitante urbano sino extendiendo su ámbito de riqueza recreacional a nivel nacional. Muchas generaciones dan fe, son testigos del gran delei- te, de las maravillosas vivencias, del trasladarse a otros mun- dos; conviviendo con múltiples personajes, animales y obje- tos que adquirían –como por arte de magia– una singular personalidad a través de la letra y la música en el universo de sus composiciones –fábulas y leyendas– que con su muy pe- culiar sello, Gabilondo Soler describía y cantaba. Desde el inicio del programa radial, cómo olvidarlo: Quién es el que anda allí, ¡Es Cri-Cri, es Cri-Cri! y quién es ese señor, ¡El grillo cantor! se daba toda una especie de ritual a nivel familiar: buscar el banco o la silla; arrellanarse en el sillón o en la cama 131 o simplemente en el suelo, y después, escuchar al que llenó, ciertamente sí llenó toda una época y a todas las personas, principalmente al niño. Compartir, simplemente escuchando, lo bello, lo excelen- te: dejarse llevar por la imaginación ¡sin límites! Bien con el ropero de la Abuelita tratando de descubrir sus secretos o ju- gando bajo el chorro de agua acompañando a la hormiga, la de las enaguas. De igual forma ponerse a marchar con las le- tras y relacionarlas de inmediato con lo que en la escuela se estaba aprendiendo. Y qué decir de ese chisme, contienda entre El comal y la olla: El comal le dijo a la olla oye olla, oye oye si tú te has creído que yo soy recargadera búscate otro que te aguante y la olla contestó muy enojada peladote, majadero... Y así, tarde tras tarde deleitarse niños y adultos, padres e hijos y desde luego los abuelos que eran trasladados al país de los ensueños en el momento extraordinario, en el tiempo ma- jestuoso de la recreación. Por supuesto, si en algún instante la nueva criatura, el nuevo hombre, aunque fuera en un abrir y cerrar de ojos, por que el tiempo se iba como agua, pasaba volando, se daba en plenitud era éste. El gozo de la mente con Cri-Cri adquiría niveles mayúsculos, dimensiones casi sobrena- turales de recreación en donde, desde luego en ese genio e ingenio de Francisco Gabilondo Soler, no aparece ninguna po- sibilidad de manipulación sino el único deseo de trasladar al escucha de la radio a un mundo excelso al ser transformado en una nueva criatura. Una recreación simple, sencilla, inocente, pero para lo cual se requería de que el creador del Ratón Vaquero fuera asimismo simple, sencillo, inocente; no lo concebimos de otra manera. Unas cuantas líneas, unas cuantas menciones, un simple contenido, una breve descripción y que todo esto sirva en este documento como un homenaje a ese ser especial que ha lo- grado sin lugar a dudas que todas las opiniones coincidan en cuanto a que fue un genio para ofrecer una forma singular de recreación: Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri. 132 Otros programas radiofónicos se daban en aquella época – la de oro– y que desde luego tenían su propio peso en el recreo y la diversión de aquel habitante de la Ciudad de México. Habían programas de tipo educativo, por llamarles de al- guna forma, como lo eran El doctor I.Q. (Jorge Marrón) “¡Abajo a mi derecha! ¡Aquí tenemos una dama Doctor!”, y Los bachi- lleres, con Álvaro Gálvez y Fuentes; programa de suspenso – ¡Cuidado Carlos! ¡Dispara Margot! que era la forma de iniciar Las aventuras de Carlos Lacroix. Los Aficionados, en donde la campana era el enemigo pú- blico número uno de los participantes la cual, al ser vencida – en unas pocas ocasiones– daba paso a intérpretes jóvenes, novatos, naturales, espontáneos quienes, por supuesto, sin ningún apoyo pero con el peso sustantivo de su talento se convirtieron más adelante en artistas famosos. Una forma na- tural, sin perversidades, cimentada en la verdad para abrir la puerta al talento, a la capacidad. Comicidad, como El Risámetro, guiado por cuentistas de gran capacidad narrativa, pieza fundamental ésta para eva- luar el chiste que les fue enviado por algún radioescucha y Caricatura de La Jornada, no.397, 15 de que al ser narrado provocaba la risa y el aplauso, variables con octubre de 1994, por Ahumada. las cuales se les otorgaba la calificación (se medía la risa) y premiar a quienes enviaron los chistes –siempre sobre temas comunes–, así era como se lograba el galardón. Un programa animado, sencillo, ingenuo, inocente; que permitía también echar a volar la imaginación. Estruendosos e insistentes, circulaban por el dial desde muy temprano, programas de carácter recreativo. Las estaciones de radio en forma cotidiana trabajaban y se las ingeniaban para invitar de manera amena y alegremente a través de aquel ban- do denominado La legión de los madrugadores, el cual, cierta- mente invitaba a los niños a ser responsables y llegar a tiempo a sus escuelas de tal forma que, por medio de llamadas telefó- nicas acusadoras, aquellos que eran presa de la pereza sim- plemente se les lanzaba ¡Una bomba!; así, diciendo el nombre del niño (eran muchos los que se citaban) que no se desperta- ba; porque si el propósito era el de no asistir a clases, se le bombardeaba; este programa por si mismo se convertía en un grato y simpático despertador. “Bomba” tras “bomba” era fi- nalmente despertado el pequeño perezoso y con él toda la familia. Momento grato, pueril, incauto pero del cual estamos seguros que una buena parte de la población, esperaba con placer –recreándose– todas las mañanas: La legión de los ma- drugadores. 133 Hemos deseado dejar para el final de esta breve descripción tal vez el mejor programa cómico-recreativo que se ha dado en el radio: aquel que era dirigido por ese genio de la comicidad y ciertamente poco reconocido como fue Arturo Manrique mejor conocido como El Panzón Panseco, el cual tuvo como cualida- des principales la capacidad y el talento para integrar dentro de su programa a otros personajes –hombres y mujeres– para que fuera de manera individual o bien conformados en parejas, ex- celentes todos ellos, Régulo y Madaleno, Camila y Ágata, Cuca la telefonista, el gallego, entre otros y cuya capacidad como cómicos hacían de su media hora –media hora de locura– un tiempo de continua risa. Un programa con el sello de esos tiem- pos; cándido para toda la familia, simple y de una gran dinámi- ca y continuidad. De ahí el genio de El Panzón Panseco. Por supuesto que este medio de comunicación conforma- ba de manera sustantiva la forma principal de recreación men- tal del habitante urbano – y más allá– todo el día, las 24 ho- ras, en una derrama de programas de diversas formas de re- creación: La música, los intérpretes musicales, los programas culturales, los de concurso, los de suspenso, los cómicos, los deportivos –“y la bola sigue, y sigue y sigue” con el sello sin- gular de El mago Septién– pero, lo que más llama la atención era el espacio en que se daba esta maravillosa forma de re- creo: En la estancia, en el comedor, en la zona de dormir, en la zotehuela, esto es en la vivienda pero de igual forma, en la vecindad: en el patio, en la zona de los lavaderos, ¡Cualquier espacio era el adecuado! y de allí lo extraordinario de esta forma de recreación individual-colectiva: cotidiana o bien en los fines de semana, no fallaba, allí estaba ¡Gratis! simplemen- te contar con energía eléctrica y aquel aparato que era capaz de captar la XEW, la XEB, Radio Centro, etc, etc. La recreación mental en todo su esplendor, a un mínimo costo; al alcance de todos. El trabajo cotidiano y de fin de semana se hacía mucho más agradable al son del radio: El lavar, planchar, cocinar; el hacer las tareas escolares; el trabajo en la oficina, en la fábrica se podían realizar siendo acompañados gratamente por esta forma de recreación –comunicación unidimensional. La música, el chiste, las letras de las diferentes formas mu- sicales, los juegos, los concursos, etc. Todos ellos tenían la sin- gularidad de que podían entrar al hogar, se les abrían las puer- tas de par en par, ser parte del hogar y con toda la confianza del mundo. Ese era el carácter de la Radiofonía y su esencia: ser un prodigio para la imaginación. 134 c. El cinematógrafo Introducción Prueba y error, prueba y error; así es la perseverancia y el ge- nio creador del hombre; su persistencia en la búsqueda de lo nuevo, lo desconocido, lo sorprendente; hasta llegar cierta- mente a lo sublime en el uso infinito de su imaginación ha- bría de hacer posible uno de los inventos más maravillosos de la humanidad; el Cinematógrafo. Es indudable que las reglas del juego que sobre la estruc- tura social, su conformación y la extraordinaria relación que se daba a fines del siglo XIX, en significativo contraste con lo ocurrido en la última etapa del siglo XVIII, entre el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio, tiempo libre, hacían posible que el hombre en lo general en cuanto a su edad y su sexo, se manifestara como una gran necesidad, en una verdadera y profunda reflexión acerca de lo que debiera ocurrir con él, cuáles habrían de ser sus expectativas a corto, mediano y lar- go plazo. Qué habría de ocurrir con aquel ser humano al que de una manera explosiva se le presenta la enorme posibilidad y ciertamente exquisita de reparar fuerzas de una manera co- tidiana, los fines de semana y en el goce de sus períodos vacacionales; y en este resarcimiento, tratar de comprender, de contener al hombre en su manifestación integral, no sola- El cine “uno de los inventos más maravillosos mente desde un punto de vista físico, sino también en lo que de la humanidad”. se refiere a su mente y tal vez, lo más importante sea recuperar (Historia de las artes, vol. 3, 1972: ) sus fuerzas en lo espiritual; vigor natural que fortifica y alienta al cuerpo. Todo descanso tras jornadas de trabajo, es el inicio del equilibrio a la voluntad de recuperar energías, condensar lo realizado y para que la imaginación perfile nuevos logros; de modo natural. El universo de posibilidades que se abría al ser humano de principios de siglo XX, era enorme y dentro de ellas el proceso inventivo del hombre se daba múltiple y abundantemente en este momento; como aquel otro llamado “El Siglo de Oro de Pericles” (siglo V a.C.), hacía posible ciertamente que el siglo XX fuera desde sus principios otro extraordinario; sin límites, Siglo de Oro. El cinematógrafo se presenta no como un invento más, sino como uno de los de más relevancia e impacto para la vida del hombre, como una variable sustantiva que coadyuvaría de manera trascendente en la recreación del ser humano. No aparece por azar, no fue casual sino que obedece, se da como 135 resultado de una permanente, incesante, intensa búsqueda por parte de la humanidad y ciertamente de toda ella. Los “Panoramas”, el “Taunatropo”, el “Fenaquitoscopio”, el “Teatro Praxinoscopio”61 (consistente este último en la coloca- ción de uno de dichos aparatos en el interior de una caja que no permitía más visión que a través de una ventanilla abierta sobre dos espejos y que con frecuencia se adornaban con decorados periféricos, con lo que aumentaban la sensación de realidad). Izquierda: el primer aparato al que pueda dársele con cierta propiedad el nombre de cámara cinematográfica, el Bio-Fantascopio de William Friese - Greene y John Roebuck. Derecha: El Praxinoscopio, obra de Emile Reynaud, era en esencia un aparato que En tanta prueba y error, se llega a la “Linterna Mágica”. Este daba movimiento a una serie de imágenes dibujadas y pegadas a un tambor giratorio. objeto se conformaba por un aparato óptico cuya finalidad era (Historia de las artes, vol. 3, 1972:195, 193). la de proyectar sobre una pantalla una placa transparente. Es en el período de 1894-1900 cuando aparecen finalmen- te los prototipos y patentes más conocidas y por supuesto en los países de mayor avance tecnológico como eran Alemania, Italia, Francia y Estados Unidos. Asimismo sorprende de cómo en un tiempo verdaderamente corto se manifiestan “nada menos que doce distintas formas con un mismo fin: La proyec- ción de imágenes en movimiento.”62 El cinematógrafo por fin se convertía en un hecho real. Los fines del siglo XVIII, se singularizan por la Revolución Industrial, etapa atentatoria contra la vida cotidiana del hom- bre, en ese momento y aun más allá; en contra de la vida to- tal, intrínseca del ser humano; insistimos: etapa de esclavitud del cuerpo, alma y espíritu. Sin tiempo libre en que pudiera desarrollarse, momentos sustantivos para la recreación del hombre en sus diferentes edades y sexo. 61 Historia de las artes, vol. 3, Barcelona, Marín, (Gran Biblioteca Marín) 1972, p .193. 62 Ibidem, p. 195. 136 En un significativo contraste el fin del siglo XIX, presenta como imagen otra revolución: la de la comunicación: la radiofonía, el telégrafo, el teléfono, las grabaciones sonoras, la fotografía y el cinematógrafo y éste como consecuencia de la foto; como un fruto del deseo del hombre de ver reproduci- das las imágenes captadas por las cámaras. Todos estos inven- tos del siglo XVIII (para esclavizar) los fines de siglo XIX (para libertar) han sido dispares en la vida del hombre. La inventiva de un círculo selecto de seres humanos, propician y acercan al homo sapiens a tiempos de ensueño, a echar a volar la imagi- nación, a transportarse a otros mundos dentro y fuera del pla- neta tierra; primero como una utopía y después como un he- cho, a través de la recreación en el derecho al uso de su tiem- po libre, la libertad en su plenitud. Muy pronto el cinematógrafo habría de ser motivo de di- ferentes corrientes de análisis y reflexión; por una parte por quienes lo definían como un ente económico y justificando con ello que era lógico –así lo veían– que tuviera mayores posibilidades de desarrollo en países de raigambre industrial y comercial; por otra parte manifestaba ser un suceso induda- ble; de que la mayoría de los habitantes de Europa y Nortea- mérica habrían de adquirir más cultura a través de la diversión La linterna mágica se trataba de un aparato y dentro de éstas la diversión colectiva. Una tercera posición, óptico, formado esencialmente por dos en la que estamos de acuerdo y de la cual participamos, es lentes y cuya finalidad estribaba en proyectar sobre una pantalla una placa transparente. aquella en la que se dice que el cinematógrafo es el gran ali- (Historia de las artes, vol. 3, 1972:190). mento del espíritu, definición que por sí misma califica al cine como una variable fundamental dentro del mundo de la re- creación y que reconocemos en tal definición que mayor y mejor calificativo no es posible otorgar al cinematógrafo. También se daba una contracorriente, por parte de algunos que se quedaron estacionados en el tiempo y no lograban cap- tar, ni comprender las posibilidades que brinda la proyección, el impacto inmediato y futuro del cinematógrafo. Este grupo de opinión calificó al cine simplemente como “El teatro de los po- bres”. Lejos estaban de entender que tenían enfrente de sí lo que muy pronto en su brillantez de contenido, que por sus pro- pios méritos habría de convertirse y ser reconocido como el sép- timo arte: la búsqueda de una síntesis de la Arquitectura, la Escultura, y la Pintura, de la Música, la Danza y la Poesía, y así en forma explosiva, en corto tiempo y de manera universal en el Arte, ser el más representativo del siglo XX. Al inicio de este documento mencionamos acerca de aque- llos hombres desconocidos (en Ur), que pintaron sobre las ro- cas esas maravillas de gráficos conteniendo animales estáti- 137 cos y en movimiento en una multitud de cuevas y que, de hecho se daba esta representación como el inicio de las bellas artes y que aquellos hombres primitivos se gozaban de una manera sustancial al ser transportados en su mente y en su espíritu al mundo de la recreación; así también, observamos que podíamos nosotros, comprender el cine como arte. Lo mismo le ocurría a cada director, cada fotógrafo, cada artista, todo el equipo de trabajo incluyendo al exhibidor y por su- puesto aquel espectador; para quien en realidad se ofrecía este espectáculo, no estaba exento de percibir tal situación. Todos se gozan, se recrean de este invento singular y maravi- lloso. “El público de cada país, deseoso de diversiones trans- formó (consideramos que por sí mismo de hecho así nació) el cinematógrafo de herramienta científica en un medio de es- parcimiento”.63 Arriba: Roscoe Arbuckle (1887-1933) actor Se deben armar historias con más Juego. La palabra juego es quizás norteamericano conocido con el sobrenom- la palabra mágica. Y que fuera un juego también la filmación; que se bre de Fatty (el gordo). notara que los cineastas se han divertido haciendo la película, como Abajo: El actor francés Gabriel - Maximilien se divirtieron Kelly y Donen haciendo Cantando bajo la lluvia.64Leuvielle hizo famoso a principios de siglo el nombre de Max Linder (1883-1925) protagonista de numerosas películas Para todos los que participan alrededor de una obra ci- humorísticas. (Historia de las artes, vol. 3, 1972:206,199). nematográfica y preferentemente para el espectador, debe ser Derecha: “(el cine) ...posibilita la transforma- un mundo de juego, un mundo de recreo. La recreación men- ción del auditorio en una nueva criatura por tal y seguramente trascendiendo a ésta la recreación espiri- medio de una realidad-ficción...” tual en toda su plenitud. (Dávalos, 1996:22). 63 Dávalos Orozco, Federico, Albores del Cine Mexicano, México, Ed. Clío, 1996, p. 10. 64 La Jornada Semanal, Nueva época No. 87, 10 de Febrero de 1991, entrevista con Emilio García Riera por Hugo Vargas. 138 El origen y desarrollo del cinema (arte y técnica de repre- sentar el movimiento por medio de la fotografía) presenta una gran variedad de contenidos en función de los usuarios, de las edades; esto es para quién habrá de presentarse la película durante el tiempo de recreo, tiempo que aunque ciertamente corto, posibilita a las personas abstraerse por medio de una realidad-ficción al verse trasladado a épocas diferentes –el pa- sado, el presente, el futuro–, a lugares distantes –ciudades, selvas, fondos del mar, fondos de la tierra, a las montañas, al espacio intergaláctico– con personajes singulares, el gladia- dor, el cómico, el deportista, el salvaje, los caballeros, la prin- cesa, el ama de casa, la abuela, la familia. La vista como sentido se presenta como el medio funda- mental para que la mente y el espíritu de quien asiste, viva y se traslade a instantes de ensueño y aún y cuando físicamente el espectador es un ente pasivo, seguramente –y así lo vivimos y sentimos– su mente y su espíritu participan activamente de todo. El maravillarse, el sorprenderse, el llenarse de gozo por lo que ve, se le presenta algo singular; que solamente el cine puede proporcionar. “El cine se convierte en un medio de viajar de un país a otro... por primera vez en la historia los hombres se pue- den observar sin que la distancia pueda impedírselo”65 Dentro de este universo que el cinema brinda a nuestro conocimiento; en sus orígenes, es la escuela cómica la que Charles Chaplin en Luces de la Ciudad. manifiesta el índice de máxima vitalidad artística; “el género (Historia de las artes, vol. 3, 1972:238). cómico determinó la aparición de grandes figuras y de pelícu- 65 Historia de las artes, vol. 3, op. cit, p. 207. 139 las inolvidables. En la cumbre de las primeras, y no sólo como un gran actor cómico, sino como un verdadero genio del sép- timo arte, figura con todo honor el inglés Charles Chaplin”.66 Pero no solamente este extraordinario varón habría de bri- llar y destacar sino que junto a él aparece una pléyade de cómi- cos; sobre todo estadounidenses. No se puede olvidar a Max Linder como el pionero y a quien el propio Chaplin reconoce como el cómico que ciertamente tuvo cierta influencia en él, entre otros figuran; Harold Loyd; Buster Keaton, Roscoe Arbuckle (Fatty); Stan Laurel y Oliver Hardy (El flaco y el gordo); Los herma- nos Marx,... etc. artistas a los que ciertamente podríamos po- nerles un sello, en cuanto a sus actuaciones por sus entregas gravadas de candor, como los de Un limpio corazón. Un breve recuerdo: Stan y Oliver Toreros Un par de Gitanos Había una vez dos héroes Stan Laurel Oliver Hardy (El gordo y el flaco) La ley de la hospitalidad El navegante Marinos de agua dulce Buster Keaton Max profesor de Tango Max toreador Max Linder La quimera de oro Tiempos modernos Charles Chaplin. Ciertamente todos poseían ese encanto que trasmitían a los espectadores: un sentido del respeto, un grado de senci- llez, de humildad, de inocencia, de simpleza, de honestidad, ¡de amor! que en su conjunto dejaban ver y trasmitir la limpie- za de su corazón de ahí que desde el niño más pobre, hasta el adulto más refinados; hombres y mujeres, encuentran en la Imágenes de Joseph Francis Keaton, que pantalla cinematográfica la manifestación exacta para recrearse popularizo el nombre de Buster Keaton (1896-1966), una gran figura de actor cómico. (Historia de las artes, vol. 3, 1972:219, 314). 66 Ibídem, p. 218. 140 en plenitud. El cine en su garbo, elegancia y altura de conte- nido, otorga al espectador vivencias durante su tiempo libre, una de las actividades que lo comprendían en todo su ser: la recreación. El cine cómico se presentaba como un gran concepto, como una corriente de suma importancia dentro de esta nue- va forma de distracción del ser humano, y, por supuesto, dado su carácter, mensaje, lenguaje tan particular –aún en el cine mudo–, su manera de ser interpretado –genial y simple– da como resultado que esta forma de uso del tiempo libre se con- virtiera rápidamente, en forma explosiva en una manifesta- ción popular, una recreación grata de todo y para todo el pue- blo y, como consecuencia natural se le reconoce de inmedia- to como “el Arte universal”. Poco tiempo después (en el período de 1931-1950) ha- brían de aparecer otros géneros de películas que conforma- rían y complementarían el gozo de la mente y del espíritu. Su propósito principal, era ofrecer nuevos argumentos, imáge- nes, música, artistas, personajes, color, espacios, paisajes, etc., dando curso así al género musical y al de dibujos animados, mismos que pasan a conformarse como el tipo de cine preferi- do del espectador; los ojos de los niños y jóvenes, adultos y ancianos se llenaban, se sentían rebasados ante tanto prodi- gio, junto con el cine cómico, gran época de los principios y mediados del siglo XX. El hallarse en un espacio de 50 x 70 cm (la butaca) y ser transportado al espacio infinito, diverso, bello, singular a tra- vés del cinematógrafo de tal manera que resulta inolvidable a nuestra mente y corazón, algunos como La quimera del oro, Tiempos modernos, Había una vez dos héroes, Los toreros, Bambi, La cenicienta, Blanca nieves, Cantando bajo la lluvia, Mi bella dama, El rey y yo, solo por nombrar algunos títulos. Todo este univer- so de comunicación bidimensional a través del cine cómico, el de los dibujos animados y el género musical dejaron para siempre a quienes les tocó vivir esta época; una huella indele- ble; profunda en sus corazones. El gozo, la alegría manifestada desde una simple risa hasta la estruendosa carcajada que se producía en el espectador, era el motivo esencial; el termómetro que daba una medición del acierto de estos géneros de películas. El hombre en pleno, en sus diferentes edades y sin distinción de sexos; se convertía Charles Chaplin en Luces de la Ciudad en 1931. en el motivo fundamental, propósito primero de todo un equi- (Historia de las artes, vol. 3, 1972:218). po de trabajo cinematográfico, fundamentalmente de los ar- tistas; ofrecer un espectáculo, como una forma de recreación 141 para las masas; de todos los niveles sociales y económicos, para todos los credos y todas las razas. Al momento de su consolidación, después del tiempo de prueba y error, para nadie, así es, para nadie podía ser ajeno esta forma de esparcimiento; por supuesto que rápidamente el cine se convierte en un fenómeno de suma importancia para el desarrollo de la infancia y de la juventud. El cine mexicano Cuántas veces, innumerables ocasiones, diferentes ámbitos y en forma personal, se ha comentado el hecho de que cuán grande privilegio tuvieron los habitantes de aquella bien lla- mada “muy noble y leal Ciudad de México” que vivieron y convivieron durante el período considerado de los años trein- ta a los sesenta, al gozar de manera abundante todos los lu- gares, espacios y espectáculos que se ofrecían y conformaban de manera exquisita un todo integrado, haciendo posible vi- vencias generalizadas a todos. Dentro de este universo de satisfactores, por sus caracte- rísticas, por el impacto que generan al estar al alcance y al servicio de la gran masa de la población; por derecho propio el cine ocupa un lugar principal en la vida urbana; era de tal manera su trascendencia, que se consideraba por los especia- listas del cinematógrafo como un altar, centro de culto, lugar de contemplación, singular; para congregarse y por extensión y para ser coherentes con el propio término (altar), un lugar de recreación. Una forma de recreación que ciertamente en lo general cumplía con su cometido, con la peculiaridad de que el tipo de películas trascendía más allá del cine cómico hecho éste que se da en forma inmediata y sorprendente, brillante; de tal manera que muy pronto tuvo su nacional identidad, su pro- pio sello a nivel universal; el cine mexicano. En este sentido, juzgamos importante acercarnos al texto La aventura del cine mexicano en la época de oro y después de Jorge Ayala Blanco que en una de sus frases califica y le otor- ga el justo lugar que dentro de la vida cotidiana, principal- mente del habitante de la Ciudad de México, se le dio al cine: “El Cine Mexicano empezó a explorar los terrenos del arte cinematográfico de manera brillante, tal vez demasiado bri- llante. Favorecido por el General Cárdenas”, (p. 16). “Actores de una sobriedad como nunca volverá a encon- trar el cine mexicano en lo sucesivo”, (p. 24). 142 En el tránsito de haber empezado con una simple caja has- ta llegar a convertirse en “el séptimo arte”, observamos una abundancia de películas mexicanas que al analizarlas en lo general y aún hasta observar del detalle de un recuadro, si algo las singulariza es su brillantez y; como consecuencia su gran y emotiva belleza. Las películas En sus diferentes géneros, múltiples películas en lo cómico, lo campirano, lo correspondiente a la ciudad y dentro de ella el barrio, la calle, la vecindad y la vivienda misma nos facultan para aseverar que ciertamente resalta dentro de ellas, lo bello; y bastarán unos cuantos ejemplos: María Candelaria, Tizoc, Ahí está el detalle, A toda máquina, Dos tipos de cuidado, Esquina ba- jan, Quinto patio, Allá en el rancho grande, Doña Bárbara, etc. Izquierda; Escena de la película Esquina bajan Ciertamente, al nombrar sólo unas pocas dentro de las con David Silva. decenas de películas de nuestra época de estudio, que confir- Derecha: Dolores del Río. (Ayala, 1993:95, 36). man el fulgor mencionado; escojamos de cada una de ellas un momento, una sola imagen y seremos testigos de la abun- dancia de lo hermoso y sensible en ellas: La belleza del espacio. En sus proporciones, en sus dimen- siones, en sus materiales, en la textura de estos y, aún y cuan- do la película fuera en blanco y negro, el mensaje del color es inherente al carácter mismo de dicho espacio. La pertinencia del objeto. Con cuánto cuidado, se selecciona- ron cada uno de los objetos, pero que contuvieran compleja simpleza y sencillez. Los propios, los que correspondían a la época, al ambiente, nada ajeno, todo en su justo lugar, propor- cionado y coherente, correspondiendo a la riqueza del diseño 143 artesanal, es así como podemos ver el soplador, las ollas, los jarros, las cazuelas, el cántaro, los molinillos, la canasta y el chiquihuite; y, dentro del mobiliario llama la atención en las películas campiranas el fogón, aquel mueble y el espacio que se da en torno a él. La plasticidad del vestido. En el charro, en el campesino, en la china poblana y también en la campesina, en el “pelado” (el del barrio), en el hombre y en la mujer del barrio y de la colonia, a todos ellos los distingue el atuendo, su limpieza y su correspondiente y justa relación con el ambiente dentro del que se desarrolla la película, un todo integrado de mane- ra inteligente seleccionado y en una excelente relación sim- biótica que sorprende. Todo se adecúa de manera precisa, se ha escogido con sumo cuidado; con sabiduría. Estampa y carisma del varón. Bravío, dicharachero, cómico, simpático, simple, humilde, rico, pobre, pelado, actitudes que en las películas debían corresponder y de manera exacta con el papel que desarrollaba: Ciertamente guapo, cautivador, ac- tor; artista. Arriba: Escena de la película Los tres García, Y como una confirmación a las características antes anota- del director Ismael Rodríguez. das, deseamos retomar una frase que se anota en La Jornada Se- Abajo izquierda: María Félix. Centro: Dolores del Río. manal, nueva época no. 88, que dice: “Las películas de Pedro (Ayala, 1993:59, 77, 187). Infante y Jorge Negrete se ven con gusto porque tienen frescura, Derecha: Katy Jurado. (La Jornada, julio 7, 1999:30) gracia, ritmo, tienen algo que todavía seduce”. El cine “uno de los inventos más maravillosos de la hu- manidad”. El símbolo y belleza de la mujer. Una época, la “época de oro” del cine mexicano, se sustenta de manera significativa en la extensa y variedad de las mujeres de gran belleza y talento. Actrices; artistas iluminadas que por su notoria y peculiar belle- za trascendieron más allá del cine nacional, señoriales; dignas, aún en la sencillez o humildad del papel que desempeñaban. 144 La belleza de la pareja, camaradería. Si en lo individual, hom- bres y mujeres hacían notoria su gran beldad; al conformarse como pareja, ésta refulgía de manera extraordinaria. Cómo olvidar parejas que nos dejaron huella a través de toda nues- tra vida, –por nombrar algunas– Jorge Negrete y Gloria Marín, Jorge Negrete y María Félix, Pedro Infante y Blanca Estela Pa- vón, Pedro Armendariz y Dolores del Río, Pedro Armendariz y María Félix, Pedro Infante y María Félix y también de grande hermosura por lo que significaban aquella admirable pareja formada por don Joaquín Pardavé y dona Sara García. Izquierda: Dolores del Río y Pedro La estética justa del entorno. ya fuera la choza, la casa de cam- Armendariz. po, el campo mismo, la hacienda, el pueblo, la ciudad, el barrio, Derecha: Sara García y Joaquín Pardavé en Cuando los hijos se van. la vecindad, el patio o la vivienda, todos estos espacios eran con- (Ayala, 1993:16, 43). seguidos magistralmente para que se pudiera mostrar en cada imagen de cada uno de ellos y de ellas; los valores propios de nuestra identidad nacional y más aún, de nuestra identidad pa- tria de tal manera que lo captado en la fotografía, la película misma evidenciaba el imperio del cine mexicano de esa época. Un mundo que a través de los sentidos de la vista y el oído, se mostraban de manera extraordinaria como recreación: la recreación de la mente y como majestad, el cine mexicano de esa época, la de oro, también la recreación del espíritu. Esta señorial y preclara forma de comunicación, contenía además un sello de inocencia y de emoción, de manera parti- cular para la población infantil; tal es el caso de las primeras películas de episodios de suspenso, sin embargo, se esperaba el siguiente con exaltación. Dentro de este género de pelícu- las, de manera particular, a La invasión de Mongo y Las calave- ras del terror, un deleite para los niños. 145 Así también, el niño era bombardeado para su gozo con una enorme variedad de cortometrajes de caricaturas que satu- raban las salas de proyección y no sólo esto, sino que también existían salas en donde nada más se proyectaban caricaturas para niños y por supuesto esta diversión se extendía a los adul- tos. Así es como El gato Félix, Popeye el marino con su singular y atlética compañera Rosario, El pájaro loco, las extraordinarias ca- ricaturas de Tom y Jerry (vivas hasta el día de hoy), llenaban la vida cotidiana de los pequeños. De igual forma atraían la atención hasta la emoción mis- ma El Llanero Solitario su compañero indio y su caballo Plata; Tarzán y Jane con Chita. Todo este mundo del cinematógrafo ciertamente en su sencillez, en su frescura, en su inocencia eran la fantasía de los niños y, sin ninguna disgregación de carácter filosófico, psicológico o social, simplemente se daba la recreación de manera trasparente. Los artistas Los artistas del cine mexicano de esta época, no importa cuál era el género de la película: cómica, ranchera, urbana, cam- pirana, drama o musical, en todas ellas; lo que es evidente, tanto en las actitudes, acciones, su risa y su tristeza expresa- da, transmiten con destreza y amor, un “limpio corazón”; esto es, transparencia de alma y de espíritu en sus actuacio- nes. Así lo podemos reconocer por poner unos cuantos ejem- plos en: Cantinflas y Medel en Águila o Sol, o bien a María Félix y Pedro Infante en Tizoc; cómo olvidar esa maravillosa actua- ción de Pedro Armendáriz y Dolores del Río en María Candela- ria, en donde se observa la fuerza de las almas de ella y de él en cada una de las partes de la película; la simpleza e inocen- cia en una supuesta contienda que tiene su fin en un lazo de hermosa fraternidad en A toda máquina, con Luis Aguilar y Pe- dro Infante; y en la misma línea de simpatía y frescura, gracia y apacibilidad, se puede observar un similar inicio y fin, con- tienda y hermandad en Dos tipos de cuidado, con Jorge Negre- Arriba: Dolores del Río y Pedro Armendáriz te y Pedro Infante. “Las películas de Pedro Infante y Jorge Ne- en María Candelaria. grete se ven con gusto porque tienen frescura, gracia, ritmo, (Ayala, 1993:147). tienen algo que todavía seduce...”67 ¿Qué podríamos agregar Abajo: Germán Valdés, Tin-Tan. a aquella belleza del alma y del espíritu que transmitían Don (El arte mexicano. Arte contemporáneo, t. 16, 1986:2346). Venancio y su esposa; Don Susanito Peñafiel y Somellera? El enorme Joaquín Pardavé y la no menos excelente artista y compañera de él en múltiples películas: la “Abuelita del cine 67 La Jornada Semanal , Nueva época, No. 88, 17 de Febrero de 1991. 146 mexicano” doña Sara García. A Tin-Tan –aquel pachuco sujeto singular–, el besucón simple, bonachón, simpático y que no por pocos está considerado como el mejor cómico del cine mexi- cano. Germán Valdez y su carnal Marcelo que hicieron innume- rables películas; a David Silva y Fernando Soto Mantequilla como los del barrio –así es, mostrando el carácter de aquellos barrios cuyo sello fundamental era el de ser limpios de corazón–, el chofer y el boletero con todo lo que alrededor de ellos se daba en Esquina Bajan. Así también a la bobalicona, hermosa, simple pero no menos brillante Silvia Pinal –la disfrazada de mujer aver- gonzada–. Excelente, limpia, llena de inocencia la actuación de ella y el mecánico, su compañero el incomparable Pedro Infante en la película que en su título lleva como ejemplo, como Sara García y Joaquín Pardavé en El baisano Jalil. (Estrada, 1993:36). un todo el carácter amado de aquel cine: El inocente. Así mismo El Chaflán, Antonio R. Frausto y Fraustita pareja sui generis en los mismos inicios del cine mexicano: los hermanos Soler. Todos, todos los artistas mexicanos, quienes de manera profesional trabajaban y a la vez se recreaban al participar como actores; orgullosos de su desempeño y que al sólo nombrar- los en las carteleras; colmaban los cines de aquella época, haciendo posible que el cinematógrafo se manifestara como un espectáculo, parte de la vida cotidiana y que entre otras posibilidades, llenaba el tiempo libre; o sea, formaba parte de las demandas que el habitante de la Ciudad de México re- quería; la recreación. El público “Las familias se arreglaban con sus mejores trapitos para pasar toda la tarde o toda la noche viendo epopeyas apabullantes...” 68 Cuando nos referimos a la calle, la plaza, el barrio; cuando hablamos del juego, del juego y el juguete y así de las múltiples y diferentes formas de recreación, de su abundancia y caracte- rísticas diversas que se ofrecían, se hacía hincapié en el amplio espectro de distracciones que se le presentaban no tan sólo al niño, al joven sino también al adulto para llenar su cuerpo, alma y espíritu. El cine era también coherente con esta regla de oro, la de hacer posible como propósito fundamental que el ser que Charles Chaplin. habitaba “la muy noble y leal Ciudad de México”, se recreara; 68 Alfaro Salazar, Francisco Haroldo y Alejandro Ochoa Vega, Espacios distantes aún vivos, México, UAM Xochimilco, 1997. 147 misma que se observaba en la relación biunívoca entre las eda- des de los usuarios, la dimensión masiva de ellas en congruen- cia con el número de películas que estaban en exhibición, su contenido y el número de cines que las proyectaban; de tal manera que, por ejemplo, en un muestreo llevado a cabo con- forme a los datos obtenidos durante diferentes meses y años de 1945 a 1969 en un total de 230 salas se obtuvieron los siguien- tes datos porcentuales. Películas únicamente para adultos 10% Películas para adolescentes y adultos 26% Películas para todo público 64% La Ciudad de México (1930-1960) presentaba en cuanto a la conformación de la pirámide de edades una gran masa de población infantil y juvenil a la cual era necesario satisfacer sus requerimientos de carácter recreativos y la época de oro del cine mexicano, no era ajena; sino todo lo contrario, era consciente de su compromiso y pertinente con respecto a lo que tenía y a quien satisfacer. El cinematógrafo coadyuvaba en forma relevante a llevar consigo el cometido, recrear cuer- po, alma y espíritu. A mayor población infantil, igual proporción de películas infantiles; para el gozo de la mente, asimismo por extensión, el gozo del espíritu por medio del cinematógrafo desde su más tierna edad, de los seres que habitaban, poblaban, vivían y convivían aquella grata, proporcionada, viva, alegre, gozo- sa, rica y ordenada Ciudad de México. La abundancia de pelí- culas mexicanas aunadas a un buen número de películas ex- tranjeras, principalmente del cine estadounidense, eran parte del mundo recreativo sano e inocente, inofensivo, fértil, rico conceptualmente; y de grato alimento mental, espiritual, mo- ral, educativo; se introducía a todos, –por que todos tenían acceso a él. Pero no únicamente el argumento y el contenido de las películas era la razón de ir al cine, no, era mucho más que eso, múltiples vivencias que se integraban a este mundo de fantasía, era el recreo total: la venta y compra de pepitas, garbanzos, habas, burritos, chitos, etc. a las afueras del cine; sin prohibiciones de por medio para introducirse a la sala y no sólo a las de los cines populares, no, a todos y llevar a cabo el consumo de estas golosinas, hasta dejar una “alfom- bra de cáscaras de las pepitas”, parte de la excursión de “ir al cine”. Ya dentro de la sala, cómo olvidar el papas, muéga- 148 nos, paletas que de manera insistente pregonaba el vende- dor de estas delicias y que aún a través de las butacas, apro- vechando el tiempo del intermedio y a veces sin respetar el mismo, esta pequeña incomodidad, a nadie le importaba, porque todo esto era parte del ambiente que implicaba “ir al cine”. Gratas tardes y noches de cine, mañanas de matiné; espe- radas anhelosamente por la chiquillería en los días domingo con programas exclusivamente para ellos. Interior del cine Balmori. (Alfaro, 1997:75). El “ir al cine”, el “vamos al cine”, se convertía en un mo- mento singular de alegría, de recreo; no era una acción mecá- nica o simplemente de pasar el rato, de ninguna manera, sino que la expectativa era la de ir al encuentro de situaciones y mundos desconocidos, de imágenes que llenaban el ser del espectador hasta llegar algunas veces; ciertamente a lo subli- me. Todo un rito, que “si bien todo se materializaba en una pantalla, no sólo en esto radicaba el encanto; también estaba en el lugar: calle, marquesinas, taquillas, color, espacios, de- coración, servicios, aglomeraciones, pláticas, oscuridad, silen- cio e imágenes; ir al cine nos transportaba a nuevos mundos, y nos hacía partícipes de una nueva travesía común con nues- tros vecinos, familiares... amores...”69 (Eso era el cine, el sépti- mo arte en la época de oro del cine mexicano). El espacio De una manera natural y sintetizada, hemos hecho un recorrido acerca de los artistas, las películas y el público que conformaban el porqué de la intención de ir al cine en esa añorada época de 69 Ibidem. 149 oro del cine mexicano y por extensión, conforme a lo que hemos analizado en otras formas de recreación, la época de oro de la Ciudad de México. La belleza que alrededor de todo lo que con- formaba el cine, –insistimos: las películas, los artistas, el ambien- te mismo–, se extendía al espacio físico construido que de hecho conformaba el género de edificio “Cine” o “Cinematógrafo”; el espacio del Cine. El cine afirmaba su categoría de arte, de expresión magnificada de los sueños y la pesadilla de la sociedad que lo producía. Y en un entendimiento mutuo e inesperado con el público, los empresarios de la exhibición en todo el mundo se dedicaron a construirle espa- cios a la medida de un medio más grande que la vida”.70 Izquierda: Fachada del cine Teresa. Recordamos cómo cada espacio, cada edificio cinemato- Centro y derecha: Foyer del cine Ópera, gráfico se convertía en un hito, en una referencia sustancial, interior del cine Mariscala. como parte de la vida cotidiana; de ensueño, de quienes mo- (Alfaro, 1997:110, 212, 129). raban la colonia o el barrio en donde se localizaba uno o más cine o cines; los que se ubicaban en las avenidas o bien en el interior de la propia colonia o barrio; todos estos espacios monumentales por cierto, ayudaban en forma magnífica a sustentar la imagen de la calle, de la avenida, de la calzada, con un propósito mayúsculo y de gran importancia; las embe- llecían y elevaban su atracción. Así es este género de edificios71 por su dimensión, diseño, carácter, distinción, fachadas marquesinas, por su “invitación 70 Alfaro Salazar, Francisco Haroldo y Alejandro Ochoa Vega, Espacios distantes aún vivos, México, UAM Xochimilco, 1997, Prólogo por Gustavo García, crítico de cine. 71 Para una mayor, mejor y más amplia información del género de edificios “Cine” recomendamos el libro: Espacios distantes..., op. cit. 150 a entrar”, por su forma en su conjunto de decir: “Bienveni- dos”. En un lenguaje no hablado pero sí evidenciado por todo este continente de imágenes que nos subyugaba, susurraba, gritaba: “Aquí se localiza un espacio de recreación”. Y si la envolvente la fachada nos enviaba este mensaje, el inicio del recorrido para llegar finalmente a la gran sala, confirmaba en plenitud ese llamado de atención puesto que el contenido era igualmente rico. El vestíbulo de entrada, la zona de taqui- llas, la entrada principal, el foyer (el vestíbulo de distribución) con sus áreas de descanso, las escaleras o escalinatas, en al- gunos casos con escaleras exteriores para subir a las galerías – a la “gayola”–, la dulcería, los sanitarios y de una manera muy particular, los pasillos que circundaban la sala y cuyo carácter, sobriedad, elegancia, privacidad; daban un toque casi miste- rioso, como preámbulo antes de penetrar en ella, antes de descubrir el gran espacio en donde se asentaba la pantalla, lugar máximo; el de la proyección en sí. Un todo majestuoso, un todo bello, elegante, singular. Por ejemplo, la elegancia y majestuosidad hasta el detalle del cine Metropolitan, locali- zado en el centro de la ciudad. Un cine barrial, del pueblo como el Titán y cuyo carácter lo evidenciaba su sobrenombre: El piojito. El Coloso y el Teresa; de amados recuerdos, todos ellos se singularizaban de una u otra manera, en su propio carácter como espacios gratos, en correspondencia con el es- pectáculo que se ofrecía, hacían posible a quienes les tocó morar en esta ciudad, distraerse sanamente; sitios en donde de manera inequívoca los asistentes se allegaban a éstos úni- camente a recrearse. Casi en la totalidad de las colonias y los barrios, se derra- maban los cines; eran edificios importantes, con personalidad significativa, puesto que desde un principio se ubican salas como las del cine Odeón, con 2,700 butacas y en esa explo- sión de este tipo de espacios; muy pronto se construirían salas con 5,000 y 5,100 butacas (cines Colonial y Coloso) y que debido a las funciones que ofrecían, era común que estuvie- ran llenos, sobre todo los fines de semana. En síntesis, una de las expresiones cabales de recreación singular, excelente y significativa que venía a sobreabundar, en la multitud de formas de recreación que se le ofrecían al Arriba: Cine Titán. habitante de la Ciudad de México y que por ello se confirma- Centro: Cine Odeón. Abajo: Cine Centenario. ra el sobrenombre de “la muy noble y leal...” ; era el cine (Alfaro, 1997:56, 22, 71). La planeación y diseño de los cines también tenía directa correlación con las preferencias de los usuarios a satisfacer conforme a sus edades. Los cines Avenida y Cinelandia –casi 151 Fachada de Cinelandia. (Alfaro, 1997:87). enfrente uno del otro– para niños; la proyección era de carica- turas, puras caricaturas, la diversión también se hacía extensi- va para los que hacían las veces de esclavos; los padres, abue- los, o quienes le acompañaran. El cine Estrella, edificio encla- vado en una calle aislada de donde salían los trenes para Por- tales y Coyoacán, su composición interior era sumamente be- lla, solemne, su lunetario grandemente sobrio y mejor aún los palcos en donde el diseño espacial de su butaquería eran sin- gularmente cómodos y elegantes, cuyo accionar se daba alre- dedor de películas que en su introducción proyectaban al león rugiente, el león de la Metro Goldwyn Mayer; películas esta- dounidenses de excelente calidad, en lo general para todo público. Cada cine, cada edificio en su composición, era en su rela- ción con la calle o avenida, el diseño de la fachada era des- lumbrante con rasgos distintivos; representaban su personali- dad. El cine era uno de los motivos fundamentales en la re- creación del hombre: la recreación a través del séptimo arte. Esta forma de recreación en su universalidad, tenía la par- ticularidad de desplazarse también a otros espacios como lo era en de manera informal en los salones múltiples de las es- cuelas primarias, no importando sus limitaciones en su dise- ño, la gran alegría y algarabía que armaban los pequeños es- colares, era inmensa; ¡funciones de cine, gratis!. Igualmente gratis, la presencia del cinematógrafo, la pro- yección de películas en el espacio cotidiano, el espacio de re- creo multifuncional, la “recreación al pie de la casa”; la calle. Así es, el cine le era acercado a las masas barriales, a la multi- tud. a quien quiera asistir, el único requisito para la proyec- ción, era simplemente “una pared lisa y blanca”; cualquier 152 pared blanca de vecindad o comercio, era el espacio necesa- rio, suficiente; para que se proyectaran películas: las de los cómicos de moda o bien de caricaturas, todos ellos cortometrajes, cada quién su banco, silla o de pie, lo mejor; gozarse de esta espléndida forma de recreo. Verídicamente una sorpresa; en mi calle, sí en mi calle, al pie de la casa, en mi barrio; a descubierto, a cielo abierto, la proyección cinematográfica, espléndida forma de recreación. El séptimo arte allí, en el lugar más propicio para el reconoci- miento pleno del pueblo, del habitante de la Ciudad de México de aquella época de oro. A continuación presentamos un gráfico, una caricatura que por sí sola, expresa el carácter del cine, de quienes lo hicieron posible y dentro de éste, por su mensaje; el cine cómico y den- tro del cine cómico, la esplendidez de los de “limpio corazón”72, el hombre nuevo. Dejamos el discernimiento de las múltiples reflexiones que a cada uno de los lectores pueda generarle este extraordina- rio gráfico de Palomo. Caricatura de Palomo en la Jornada, no. 3095, publicado el 22 de abril de 1993. 72 La recreación en su forma más sublime. 153 d. La televisión La radio, el cinematógrafo, la fotografía fueron los anteceden- tes que harían posible otro invento inmenso que sería de gran impacto en el mundo, en nuestro país, en la Ciudad de Méxi- co, en el período que sirve de análisis para este documento. La televisión surge en los años cuarenta y muy pronto se ha- bría de presentar y de convertir como un fenómeno de atrac- ción para las masas de población de todos los niveles sociales en la Ciudad de México. Es importante asentar que la primera presentación de un programa de televisión pareciera haber sido como una pre- monición de lo que habría de ocurrir al transcurrir el tiempo y, a muy corto plazo en la televisión mexicana, la relación sim- biótica entre gobierno y la iniciativa privada; un vínculo estre- cho entre el poder político y el poder económico cuya fortale- za no permitiría mover ni accionar libremente el talento ni la iniciativa nada más que un corto, limitado tiempo y esto ocu- rriría de manera principal en sus inicios. La televisión en sus orígenes tenía el maravilloso y singu- lar antecedente de la radio y el cinematógrafo, cuyos niveles de excelencia ya hemos analizado; de tal manera que en aque- llos primeros tiempos, la televisión verdaderamente surge con la misma inocencia, candidez, coloquial y amable, de gran calidad, tal como lo eran la radio y el cine. La influencia de la radio había ocurrido, aunque de mane- ra muy limitada en el cine, así también en la televisión a través de la transmisión de diferentes programas exitosos, confirman- do la buena intención del carácter que se procuraba para la televisión a mediados de la década de los cincuenta. Sin em- bargo, muy pronto habría de reconocerse que ambas tendrían Arriba: Cámara del canal 13, México. Foto Hnos. Mayo. que caminar con su propio sello, con su propia singularidad y Abajo: Equipo técnico. personalidad. El radio deja todo a la imaginación del escucha, (Adorno, 1976:235, 222). pero la televisión; se ve reducida, limitada a sólo el recuadro que presenta en la pantalla. En una primera acepción de la palabra utilizada “un en- canto”, la televisión cautivaba, verdaderamente causaba pla- cer, se manifestaba con gracia y elegancia; tenía un sello, el nuestro –el de la época dorada– en donde el programa musi- cal, en la vastedad de nuestra propia música, se combinaba con el cómico musical y así mismo con el teatro televisado y aún más: la atención a la población infantil era mayúscula por medio de programas que en verdad le seducían, todos espe- rábamos ansiosos la programación cotidiana. 154 Cómo olvidar, dentro de una multitud de igual calidad y características aquellos programas como Yate del Prado; o la Revista Musical Nescafé; el Estudio Raleigh, por nombrar sólo al- gunos, en donde se combinaba la gracia con el arte: lo sim- ple, lo sencillo, lo inocente y pícaro del cómico con la inter- pretación artística del cantante o del actor. Cómo olvidar tam- bién al Teatro Fantástico de Cachirulo –la delicia de niños y no tan niños.73 Izquierda: Club del Hogar, el programa más Cómo dejar de reconocer el talento en la conformación de antiguo de la televisión mexicana. la estructura del programa Club del hogar en donde de manera Derecha: Un programa de la televisión mexicana. (Adorno, 1976:186, 206). bastante inteligente se conjuntaba el propósito sustantivo que desde su origen ya vislumbraba aquella televisión –la del Sec- tor Privado– en su compre y venda con la comicidad simple y bonachona. Programa que a través del tiempo habría de per- durar, y esto como resultado de su carácter, amable, encanta- dor; por la capacidad de quienes lo estructuraban y desde lue- go, por el talento de quienes salían al aire: Un indio Tepuja – Madaleno– el desordenado, el cómico y en contraparte la su- puesta seriedad del que conformaba la mancuerna, su com- pañero –los tiempos nos dieron el privilegio de observar lo entrañable de su amistad– Daniel Pérez Alcaraz, la pareja du- rante muchos años en un programa que tal vez, sin buscarlo; se convertía en una etapa de comicidad singular. 73 “TV 5 incrementa su auditorio infantil”. El canal 5 de televisión esta encausando su programación hacia el auditorio infantil. Nuevas series dedicadas a la niñez están siendo incluidas en la programación diurna de la XHGC, estimulando al mismo tiempo a los autores de cuentos y fabricantes de películas de dibujos animados.” (Subrayados del autor). 155 Cómo olvidar aquellos inicios de la televisión cuando el número de aparatos era aún reducido, que solamente unos cuantos podían poseerla y que debido a esto, a nivel vecin- dad se daba un fenómeno que se convertía casi en un ritual, una delicia, momentos que dejaban recuerdos gratos de aque- lla vida de la vecindad en la Ciudad de México. El aparato se compartía y convertía al patio en un espacio de recreación alrededor de la televisión, especialmente en los eventos deportivos mayúsculos, como: El Box, pasión inobjetable provocada por el Ratón Macías. Lucha libre, de los Santos, de los Tarzanes López, los Caverna- rio Galindo. Fútbol, el del origen de la nueva cultura, la nueva religión. El fútbol americano –el colegial autóctono, el clási- co–, lo veíamos por la televisión en el patio, “Sala de Espectá- culos”, vigas sobre vigas y en el mejor de los casos sillas que hacían las veces de la butaquería. Se cobraba la entrada y se vendían refrescos, se reunían “los cuates”, “la palomilla” y desconocidos también. Una vivencia, un recuerdo; nostálgi- camente cálido. En el diario Excélsior del 16 de diciembre de 1955, se da la siguiente nota: El auge de la TV en México durante 1955 arroja las cifras más altas desde que fue instituido este espectáculo en nuestro país. Todos los proyectos de realización que se tenían fueron sobrepasados y exis- ten hasta el momento más realizaciones que se llevarán a cabo el próximo año. Y cómo no habría de ocurrir este fenómeno cuando los productores manifestaban el interés de ofrecer una progra- mación “para toda la familia” y de manera particular una abundante cantidad de programas para niños y adolescentes. La influencia del radio y el cine, como antes anotamos, se daba en forma profunda. Caricatura publicada en la Revista Nueva Política. Pero... de este sueño pronto se tendría que despertar, pues (Adorno, 1976:120). la televisión cambiaría sus propósitos, en tal sentido se da una observación muy significativa de parte del escritor Salvador Novo el cual indica en 1950: En vísperas de inaugurarse más estaciones de Televisión parece opor- tuno que el gobierno se preocupe por el desarrollo de la Televisión en México y provea, con un buen reglamento o con algún sistema de vigilancia un control de sus actividades, el efecto sin duda enor- 156 me que alcanzará en el pueblo este nuevo medio de penetración de las conciencias”.74 Al principio de este capítulo citamos que como una premo- nición del carácter de la televisión se dio la “primera salida al aire” de ésta, al transmitirse el IV Informe de Gobierno del Lic. Miguel Alemán Valdez, Presidente de México en aquel momen- to, 1950. Y es hasta 1955, cuando se inicia el arranque de la misma, como espectáculo coincidiendo los años de la Época de Oro en que ésta se encuentra en plenitud, pero pronto inicia su descenso; los gobiernos revolucionarios con propósitos sustan- tivos, con ideales significativos, pertenecían ya a la historia. El cuerno de la abundancia empezaba a desfondarse y, la TV esta- ba próxima a convertirse en un instrumento mayúsculo de per- turbación, de manipulación, ciertamente de corrupción. La posibilidad, la intención inicial de haber convertido a la televisión como una forma suprema de recreación; se vio limi- tada, se redujo a un simple medio de información con un cla- ro emisor binomio Sector Privado-Gobierno, encubierto en una máscara de supuesto comunicador hacia un receptor dúctil, Dibujo de Hermenegildo Sábat. fácil, transparente y el cual tardó años en comprender la farsa, (Adorno, 1976:185). el engaño; la posibilidad de allegar la televisión con el fin de hacer posible el hombre nuevo; se cerró muy pronto y aquí deseamos como apoyo a la confirmación anterior, anotar lo que Santiago Sánchez Herrero en su artículo “Comercialización e Interés Social” (revista Nueva Política, p. 221) anota: ...viendo a la vida comunitaria en la totalidad de un espectro, po- demos sostener legítimamente que aún los momentos de ocio y recreación forman parte integral de la conformación espiritual del ser humano. El aspecto lúdico es inseparable de las restantes mani- festaciones de la personalidad. En consecuencia, no podemos desdeñar el preocuparnos por lo que se ha llamado la función de entretenimiento de la Televisión. Más todavía: separar cultura de entretenimiento implica la suposi- ción de que la cultura es aburrida. “No debe buscarse limitar las La publicidad por televisión ha demostra- oportunidades en este campo, sino ampliarlas y elevar la calidad do su importancia en la determinación del consumo popular de todo tipo de programas... (Adorno, 1976:185). Pocos comunicólogos han estudiado y entendido el papel relevante de la televisión en la vida cotidiana del hombre y en 74 Adorno Alemán y otros, “El Estado y la Televisión”, en Nueva Política, vol. 1, no. 3, 1976, p. 224. 157 nuestro caso el de la Ciudad de México; tan es así que limitan, reducen la función de este invento maravilloso al denominar- lo y minimizarlo simplemente como “un medio de comunica- ción” dejando a un lado la posibilidad de su impacto sustan- tivo como forma de recreación que pudiera acercar al habi- tante citadino –y más allá desde luego– al logro del hombre nuevo, un volver a nacer. A cambio podemos manifestar que en muy corto tiempo la televisión se convirtió en una forma de anti-recreación y en el mejor de los casos en un medio de no-recreación, consideración que de manera reiterada hemos denunciado en este documento. La pronta penetración de programas de importación, por supuesto que no todos, tendrían que participar en la confor- mación del nuevo carácter de la Televisión Mexicana. Carac- teres diferentes, alejados de nuestra cultura, de nuestras tradi- ciones y, a contraparte del radio y del cine, la televisión se vio brutalmente envuelta por formas de cultura e información extraña y distinta. Alejada, contraria a los signos y emblemas de los ideales patrios. Era (es) tal el impacto, que la televisión generaría como forma de recreación que obviamente no convenía que siguie- ra los pasos de la Radio o el Cinematógrafo, porque sus inte- reses y tendencia era y es proclive a promover los ideales de las grandes potencias mundiales y no les atañe propiciar el elevar el espíritu del hombre, debido a que su influencia y su penetración en el hogar, en la familia, en el hombre indivi- dual y agrupado, propiciaba riesgos graves ante la posibili- dad de que ella fuera una promotora, la más importante tal vez, para propiciar un hombre nuevo: nuevo en la mente, nue- vo en el espíritu. El impacto en la economía de la población –la merma en el ¿Cuánto tiempo más tengo que aguantar salario mínimo cotidiano– y el crecimiento poblacional así como este insulto a mi inteligencia? el aumento del número de vehículos automotores, creó muy Caricatura de Handelsman. (Adorno, 1976). pronto (segunda mitad de la Época de Oro de la Ciudad de México) un fenómeno de gran impacto para la vida cotidiana tanto en lo familiar, como en lo individual: Las formas de re- creación –en la calle, en el barrio– se fueron reduciendo osten- siblemente, de tal manera que la televisión –como supuesta forma de recreación– tiene la oportunidad de oro para pene- trar a los hogares y convertirse en el nuevo altar de la familia: para el niño, el joven, el adulto y también para el anciano. La familia en lo general y cada uno de los miembros que la conforman se ven envueltos en la segunda acepción de la pala- bra “encanto”; así es, son encantados, hechizados; de tal ma- 158 nera que aquellos dulces juegos infantiles, “Las estatuas de mar- fil” y “Engarróteseme ahí”, se convierten en una realidad; verda- deramente engarrotados, estatuas frente al aparato enajenador. Este artefacto se convirtió en un delincuente, le robó el tiem- po libre al habitante de la Ciudad de México; lo atrapó, lo arran- có de su territorio, así es, lo arrancó del barrio, de la calle, de su patio y, le generó un nuevo territorio: la silla, el sofá. Esto fue lo que sucedió en muy corto plazo, de manera vertiginosa la televisión familiar, se transformó; se convirtió en un contaminante ante la pureza de la recreación: la mental y la espiritual. 7. Las Bellas Artes Pedro Páramo - Juan Rulfo Canek - Emilio Abreu Gómez Yo soy mi casa - Guadalupe Amor. Lola Álvarez Bravo. Crispopeya - Antonio Caso Manuel Álvarez Bravo. Huapango - Pablo Moncayo El laberinto de la soledad - Octavio Paz Silvestre Revueltas La región más transparente - Carlos Fuentes. Estrellita - Manuel M. Ponce. Amor Perdido - Carlos Monsiváis. Canto a la tierra- Carlos Chávez. El canto al Usumacinta - Carlos Pellicer. Ixamatl - Manuel Enríquez La Feria - Juan José Tablada Entre otros muchos más. El tiempo de recreación, el tiempo de re-crearse, henchido en el espíritu y culminar en obras maestras, bellas artes. Así sucedió con aquellos varones y varonas que pintaron en la roca desnuda de la caverna; y los que colocaron roca tras roca –de tamaños mayúsculos– creando espacios llenos de miste- rio y de sorpresa –aún en nuestros días–; y también los que Arriba: Diana Cazadora, del escultor Francisco diseñaron, labraron y construyeron objetos para la caza y para Olaguíbel. el hogar, allá por la edad primitiva. Abajo: Monumento a Obregón, Arq. Obregón ...Y pasó el crono, elemento que determina el orden, da- Santacilia y el escultor Asúnsolo. (El arte mexicano. Arte contemporáneo, t. 14, tos y fechas de sucesos principalmente históricos; sucedió en 1986:2045, 2041). aquella época gloriosa, ya descrita en su momento, del Rena- 159 cimiento; y antes, dos mil años antes de estos tiempos tam- bién en el llamado Siglo de Oro de Pericles (el siglo V a.C.) se conjugaron los músicos, los poetas, los arquitectos, los pinto- res y escultores, hasta llegar a momentos culminantes del ta- lento, para el gozo y admiración casi perpetuo en el tiempo de la obra realizada por estos –creadores-artistas, genios–; la generalidad humana les admira. De igual dimensión fue la Época de Oro de la muy amada Ciudad de México. Ciertamente fueron tiempos, décadas de estudio en los que se conciliaron múltiples factores y dentro de ellos tal vez el más importante ¡la libertad!, para que sur- gieran a la luz de manera brillante y numerosa, muchos y di- versos creadores, llegaron a lo sublime en su obra respectiva al nivel de excelencia; las Bellas Artes. El movimiento educativo poseía un carácter orgánico. No es la obra aislada de un hombre extraordinario –aunque Vasconcelos lo sea, y en varias medidas–. Fruto de la Revolución, se nutre de ella; y al realizarse, realiza lo mejor y más secreto del movimiento revolucio- nario. En la tarea colaboraron poetas, pintores, prosistas, maestros, arquitectos, músicos. Toda o casi toda la inteligencia mexicana. Fue una obra social, pero que exigía la presencia de un espíritu capaz de encenderse y de Arriba: Unidad Revolución. encender a los demás. Abajo: Edificio Basurto, Arq. Francisco J. Serrano. Filósofo y hombre de acción Vasconcelos poseía esa unidad de vi- Derecha: La Ciudad de México, Arq. Juan O’Gorman. sión que imprime coherencia a los proyectos dispersos, y que si a (El arte mexicano. Arte contemporáneo, T. 13, veces olvida los detalles también impide perderse en ellos. Su obra 1986:1912, 1918, 1818). –sujeta a numerosas necesarias y no siempre felices correcciones– no fue la del técnico sino la del fundador. 75 75 Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, México, FCE, 1994. 160 En esta época, en la que se desborda “la inteligencia mexi- cana” y consideramos aún más allá, un nuevo espíritu, el espí- ritu de la mexicanidad propiciada por el triunfo de un tipo de democracia, la posrevolucionaria, llena todos los ámbitos; al que crea como para el que se recrea, el que disfruta de lo crea- do, así surge la obra individual. La Ciudad de México, sirve de pie, de hogar, como un gran nicho de la integración plástica en donde se combinan en magna relación simbiótica obras de arte, extraordinarias todas ellas; Arquitectura, Escultura y Pintura y de las cuales los Poetas, los Prosistas y los Músicos dan fe, del gran movimiento de la Integración Plástica: El Diseño Urbano, la Arquitectura, el Espacio Arquitectónico, el claustro y nicho Arquitectónicos lo atestiguan. Y es así como vemos surgir obras de arte que sirven de símbolo, que se presen- tan como un hito singular en nuevos desarrollos –las torres de Ciudad Satélite– o en nuevos fraccionamientos como el del Pe- dregal de San Ángel que también se significa con una escultura – la serpiente; la emblemática–. También en unidades educativas como el “Centro Escolar Revolución”, significado como “Escuela Socialista” por el contenido de sus altos relieves y esculturas. En un derrame de integración plástica, la Ciudad Universi- taria, aquí se aloja la Universidad Nacional Autónoma de Méxi- Izquierda: Escultopintura Desarrollo del Deporte co, quien exhibe y resguarda tanto a nivel macro, como al de Diego Rivera. pequeño nicho o plaza, obras; bellas artes, resultando de esto, Derecha: Torre de Rectoría, Ciudad Universitaria, espacios símbolos como el Estadio Olímpico (el de la Ciudad México, Arqs. Mario Pani, Enrique del Moral. Universitaria), la Torre de Rectoría, la Biblioteca, la Facultad de Escultopintura: David Alfaro Siqueiros. (El arte mexicano. Arte contemporáneo, t. 14, Ciencias –por nombrar algunos– en los cuales como hecho 1986:1962, 2060). significativo se indica en su lenguaje iconográfico, el propósi- Abajo: Biblioteca Central de Ciudad Universi- taria, Arq. Juan O’Gorman. to sustantivo del espacio –una Ciudad Universitaria– la pintu- (El arte mexicano. Arte contemporáneo, t. 13, ra y la escultura: “El pueblo a la Universidad y la Universidad al 1986:1825). Pueblo”; “El hombre conquista la Energía”. 161 Así, en la misma magnitud que Ciudad Universitaria, dise- ñada y construida en la Época Dorada, se dan también los grandes Centros Hospitalarios como el Hospital de la Raza; con murales excelsos, significativos; como el llamado “La Medicina Prehispánica”, o bien las Aulas Escultura del Centro Médico Nacional de José Chávez Morado. La vivienda no podía quedar ajena a esta explosión de la Integración Plástica, lo demuestra el Conjunto de Vivienda denominado “Unidad de Habitación y Servicios Sociales In- dependencia” logro mayúsculo del concepto vivienda en la cual se exhibe un atiborrado trabajo de la integración plásti- ca, en su plaza cívica, en sus fuentes, en los teatros (al aire libre y a cubierto) en las fachadas de los edificios de departa- mentos, en los edificios complementarios como es la Sala Par- Izquierda: Salón de Convenciones del Centro Médico, Arq. José Villagrán García. lamentaria con su extraordinario Hidalgo del Centro Intera- Derecha: Aulas del Centro Médico, pintor y mericano de Estudios de Seguridad Social. escultor, José Chávez Morado. Espacios histórico-recreativos como el Castillo de Chapul- (El arte mexicano. Arte contemporáneo, t. 14, 1986:2064, 2065). tepec y la Secretaría de Educación Pública, albergan “El reta- Abajo: Instituto Nacional de Cardiología, Arq. blo de la Independencia” con esculturas y pinturas en sus muros José Villagrán García. y, nichos, respectivamente; entre otros muchos pasajes o per- (El arte mexicano. Arte contemporáneo, t. 13, sonajes representativos de la historia de nuestra patria son 1986:1924). también recintos de gran contenido artístico-pictórico. Los edificios para los sindicatos de obreros, teatros y hote- les, también sirven de foro en un compromiso único de la his- toria de México entre el sector trabajador y el sector empresa- rial. Para la Integración Plástica de las Bellas Artes, en el plafón y los elementos verticales de un área del Sindicato de Electri- cistas, en un uso genial de la perspectiva, se ubica el mural denominado “El retrato de la Burguesía”. En el Teatro Jorge 162 Negrete, el mural “La Represión” y, en una expresión también mayúscula, en el Hotel del Prado, se deja para la historia el mural “Sueño de una tarde dominical” dentro del cual, en un rincón de la obra, el autor escribe: “Dios no existe”, frase que habría de provocar el espanto de los hipócritas y de los su- puestos mediadores del omnipotente. Arriba: Sueño de una tarde dominical en la Alameda, del pintor muralista Diego Rivera. Abajo: El Banquete, del pintor muralista Diego Rivera. (El arte mexicano. Arte contemporáneo, t. 13, 1986:1961, 1815). La personalidad de los Tres Grandes. Descrita sin término y vuelta a describir, codificada, trabajada, reelaborada en discusiones y artí- culos y ensayos penetrantísimos y un tanto cuanto previsibles; Orozco, el misántropo y el huraño, el hombre angustiado de nues- tro tiempo, el cantor de protestas y rencores, la inmolación como hazaña; Diego Rivera, el conquistador de Europa, el fabuloso, el antropófago y el optimista, el bienamado del pueblo (Diego Rivera no existe, afirma un personaje del film Ustedes los ricos); Siqueiros, turbulento, contradictorio, monolítico, intolerante. Entre ellos, a partir de ellos, la vida a ocho columnas, las declaraciones y las retraccio- nes; son la voz de alarma, el oxígeno que necesita una cultura hartante y tediosa, el estruendo que organiza las variedades del mutismo. 76 Dueños de la noche, porque en ella soñamos; dueños de la vida, porque sabemos que no hay sino un largo fracaso que se cumple en prepararla y gastarla para el fin; corazón de corolas, te abriste: sólo tú no necesitas hablar: Todo menos la voz nos habla. No tienes me- moria, porque todo vive al mismo tiempo; tus partos son tan largos como el sol, tan breves como los gajos de un reloj frutal: has apren- dido a nacer a diario, para darte cuenta de tu muerte nocturna: 76 Monsiváis, Carlos, Amor perdido, México, Era, (Biblioteca Era), 1997. 163 ¿Cómo entenderías una cosa sin la otra? ¿Cómo entenderías a un héroe vivo? el cuchillo de jade es largo, y la noche te lo entregó con una boca sangrante y desdentada, ¿Cómo puedes rechazar las sú- plicas de la noche, que son los ruegos de tu imagen? largo es el cuchillo, cercanos los corazones, pronto el castigo que otorgas sin caridad, sin furia, veloz y negro, porque te lo pides a ti mismo por- que tú quisieras ser ese pecho herido, ese corazón levantado –máta- lo en la primavera de resurrecciones, la primavera eterna que no te permite contar las canas, las otras caricias, las señales, los tránsitos; mata a ése, igual a sí mismo, que eres tú, mátalo antes de que pueda hablar porque el día que oigas su voz, no lo podrás resistir, sentirás odio y vergüenza y querrás vivir para él, que no eres tú, que no tienes nombre: mátalo y creerás en él, mátalo y tendrás tu héroe: acerca, acerca el fuego a sus pies para que la carne ascienda hasta el polvo y tus restos vuelen sobre el valle, exactos sobre el meridiano de los nombres, nombres densos y graves, nombres que se pueden amasar en oro y sangre, nombres redondos y filosos como la luz del pico de la estrella, nombres embalsamados de pluma, nombres que gotean los poros de tu única máscara, la máscara de tu anonimato: la piel del rostro, sobre la piel del rostro, mil rostros una máscara Acamapichtli... Tizoc y tú sin nombre... 77 Izquierda: Nacimiento de nuestra nacionalidad, Este es el verbo, la palabra escrita de algunos personajes, Rufino Tamayo. escritores brillantes, artistas que formaban parte entre otros Derecha: Homenaje a Cuauhtémoc, David Alfaro Siqueiros. muchos, de esa pléyade que consolidaron la prosa y la poesía Abajo: Vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, como bella arte y, que nacieron, crecieron y se desarrollaron Arq. Adamo Boari. en aquella espléndida época de los años treinta a los sesenta. (El arte mexicano. Arte contemporáneo, t. 13, 1986:1893, 1908, 1884). La Época de Oro. “Creo en la poesía y en el arte como una creación fundamental de la conciencia. No estoy de acuerdo con las viejas teorías de que el poeta 77 Fuentes, Carlos, La región más transparente, México, Alfaguara, 1994. 164 capta las palabras en el aire. El poeta es un ser creador de sí mismo con la presencia del mundo entero, se expresa desde su interior hacia los demás. Cuando uno admira el paisaje, lo recrea de adentro hacia afuera. El arte es una creación del espíritu; en cierta forma, es el espíritu mismo manifestado, independientemente de aquello que representa. La poesía, además de sus sonidos y musicalidad, posee un contenido o un significado que está hecho por palabras que re- presentan algo. El poeta refleja lo más íntimo de él. Aunque diga que va caminando por las calles, está manifestando una posición personal, sin olvidar lo que existe a su alrededor. Alí Chumacero, entrevista por Javier Galindo Ulloa para El Financiero. Así también la Música, bella arte; con ejemplos como Huapango, Estrellita, Janitzio, entre muchas otras, explota y al- canza elevados niveles; al nivel de las Bellas Artes. En aquella época, la inolvidable, la singular y la de motivo de nuestro estu- dio y en donde aseveramos que la recreación, era el motivo principal de todo este universo de obras por excelencia en la arquitectura, la pintura, la escultura, la música y la poesía. Se recrea el artista, se llena su espíritu en el momento magno de su creación, se recrea de ella y en ella; se recrea quien la admi- Izquierda: Torres de Satélite, Arq. Luis Barragán. ra: el rico y el pobre, el profesionista y el obrero, el campesino y Derecha: La trinchera, José Clemente Orozco. (El arte mexicano. Arte contemporáneo, t. 13, el empleado, el estudiante y el político, el adulto y el anciano, 1986:2074, 1850). hombres y mujeres, el de la ciudad, el del país y el del mundo. Abajo: Detalle de la Unidad Independencia de Se goza en plenitud de sus sentidos: El oído, la vista, el los Arqs. Alejandro Prieto y J. Ma. Gutíerrez. tacto. Esto es otro universo de recreación que se ofrecía y por supuesto, traspasando fronteras llegando a todo el mundo; el mundo de las bellas artes libre, enraizada, fuerte, democráti- ca, nacionalista, propia y universalizada en la Época de Oro de nuestra muy Noble y Leal Ciudad de México. Las Bellas Artes como alimento del espíritu, ayuda a esculpir el hombre nuevo; la nueva criatura. 165 8. El deporte a. Introducción A través de los siglos –las reseñas históricas así lo manifiestan– el hombre, de una manera natural, en aras por satisfacer sus necesidades primarias, las fundamentales para su desarrollo tanto de carácter físico –el comer– así como de carácter espiri- tual –la meditación–; ha buscado sin cesar generar activida- des que permitan (si bien es cierto en un vínculo íntimo con su desarrollo espiritual) de manera singular y sustantiva, el fortalecimiento de su cuerpo a través de formas naturales, como son la carrera y el salto. Sin embargo en ese don que le es propio, en ser el hombre la especie clímax del planeta, el ser humano descubre que existe una inmensa variedad de posi- bilidades para que su cuerpo y por extensión su mente y su espíritu, puedan verse mejorados a través de múltiples alter- nativas, abundancia de posibilidades, más allá de lo que na- turalmente le es propio como el salto y la carrera; así es, como el hombre al ser un ente creativo y recreativo por sí mismo, va descubriendo a través del tiempo en algunas ocasiones en forma espontánea, explosiva la necesidad misma de subsistir. Pausada y racionalmente discierne el cómo una simple vara al lanzarla, le sirve en primera instancia como un objeto útil para la caza y la pesca, pero también se da cuenta, que a mayor fortaleza y habilidad propia, se le dan mejores y mayores posi- bilidades de éxito en el lanzamiento de dicho objeto. Tam- bién detecta que es capaz de diseñar y transformar aquella vara; posibilitándole lograr objetivos más certeros; es así como surge la lanza y más adelante la jabalina. Así, igualmente de manera natural al lanzar o patear un ob- jeto (fruto o piedra), cercano a la forma de un balón, en la ino- cencia del juego primitivo reconoce, que la esfera es un objeto que al correr tras de él, al tratar de “dominarlo”; hacerlo dúctil, y al compartir con otros miembros del clan o tribu, le genera un gozo profundo; le acerca, le hace propicio nuevas formas de recreación tanto de manera individual, como colectiva. Objeto de singular valor, lo encuentra primero con el simple rodar de la piedra o fruto de forma esférica, fabricándola con material ligero y de grande consistencia. Es así como la pelota era ya un hecho; muy pronto este balón primitivo, formaba parte de la vida cotidiana de aquellos primeros seres humanos. Los primeros objetos para llevar a cabo la recreación física; la lanza y la pelota en sus diferentes tamaños y diseños; tras- 166 cendían al salto y a la carrera, al combinarlos con éstos en lo individual o colectivamente, ampliaban las posibilidades del juego y por lo tanto multiplicaban las formas de recreación. A la inventiva propia, inherente al ser humano se debe agregar que en sí mismo, de origen el hombre es competitivo, de tal manera que en esa dinámica llena de inquietud, no tardó en que se crearan y llevaran a efecto innumerables even- tos: seguramente los primeros fueron domésticos, luego en- frentándose a diversas tribus y pueblos, la experiencia que iban adquiriendo también los orilló a que debían satisfacer otras necesidades como; ordenar las competencias, formular el cómo hacerlas, elaborar de hecho la creación de las Reglas del Juego, número de competidores, dimensiones de los es- pacios, características de los objetos a usar y así, a través de los siglos dar paso a las primeras canchas deportivas y más adelante al diseño de espacio que habrían de conformar para la posteridad un género de arquitectura singular, único: la ar- quitectura deportiva compuesta por estadios, arenas, gimna- sios, entre otros. Al reseñar de manera tan breve los orígenes del deporte, podemos asegurar que fue así como se dio el inicio y transcu- rriendo el tiempo, cada vez que competían, podían detectar asuntos que luego discutían y se pulían en conjunto, en armo- nía con las regiones, países del mundo; sin excepción se pre- senta este fenómeno, no importando cultura, religión, caracte- rísticas biotipológicas del ser humano ni su leguaje, etc. En to- dos los rincones del mundo se da la pelota, el palo, la jabalina, la carrera, el salto, las competencias, las reglas particulares y las reglas generales hasta llegar a conformar eventos que agluti- narían al mundo, eventos máximos a los que concurren multi- tud de competidores; aluvión de público: los actores y los re- ceptores en esa dinámica de contenido profundo y respuesta sencilla,: simplemente se reunían para recrearse, a disfrutar de la organización los Juegos Olímpicos de la antigüedad. En el territorio ahora conocido como México, La pelota mixteca, el juego de pelota (el Tlachtli); equipo contra equipo; jugadores-actores y público receptivo; conformaban todo un ritual con juegos diferentes; diferentes dioses, diferentes rituales pero un mismo sentido: el de la recreación espiritual –el reli- gioso– y es así como ya antes lo hemos mencionado, se crean múltiples espacios para llevar a cabo el juego formal. Este es el enorme antecedente del deporte y particularmente del De- porte en México. 167 Igualmente, el juego deportivo en el México de principios del siglo XX, el Diseño Arquitectónico, el Diseño Urbano, la Planificación Urbana, la Planificación Regional del género de edificios exclusivos para que se practicara el deporte como una forma sustantiva de la recreación física con su particular dosis de recreación mental pero y, sobre todo en una búsque- da de la recreación espiritual a fin de lograr, de hacer posible la nueva criatura: el hombre nuevo. La importancia de este modo de recreación; la inquietud permanente por sembrarla e incrementarla en todo ser huma- no para que se la apropiasen en o por región, país; de tal manera que el hombre en pleno, ente imaginativo y visiona- rio comprendió las bondades del deporte a través de su histo- ricidad y es así como a fin del siglo XIX y principios del siglo XX, programa por medio de diferentes organizaciones ajusta e intercala en el tiempo, los espectáculos más importantes de este planeta nuestro, ¡claro está! estos eventos por analogía con carga y esencia misma del ser humano, tenían que ser de carácter ¡Recreativo! Así surgen los Juegos Olímpicos Modernos y el Campeona- to Mundial de Fútbol, eventos que por su carácter doctrinal han trascendido mares y continentes, ideologías e idiomas, razas y credos, colores, lenguas y que de ellos, por su efecto motivador, han surgido a su alrededor de manera abundante, campeona- tos y competencias regionales y continentales con el propósito de llenar tiempos sustantivos, más allá del tiempo libre del ha- bitante del mundo, del ser humano del planeta tierra. Y todo empezó con la carrera y el salto, con una lanza y una jabalina, con una esfera y una simple pelota. b. El deporte en la Ciudad de México Los antecedentes al triunfo de la Revolución Mexicana en las diferentes formas de recreación que se le ofrecían al habitante de la Ciudad de México, si bien es cierto que eran de una gran variedad, también es claro que se limitaban a atender a los estratos de población de mayores recursos económicos. También es cierto que, no importando la clase social, el mayor porcentaje de la población era presa fácil de lo que se le ofre- cía como recreación espiritual; esto es: la idolatría y el fanatis- mo que durante siglos identificaba al habitante del país y, por supuesto que para el hombre de la Ciudad de México, seguía éste, siendo su sello singular. Situación fácil de entender, pues- 168 to que la recreación física, el deporte moderno en su relativa novedad se encontraba todavía muy alejado de la gran masa de la población. Por otra parte el analfabetismo, aún predo- minante en el habitante común de la Ciudad de México, limi- taba las formas de recreación mental. A esta realidad era a la que se enfrentaba el Recreación nuevo gobierno surguidodel triunfo de la Espiritual Revolución Mexicana, y era la realidad que se trataba de arrancar, de transformar, de cambiar. Recreación Física Recreación Mental c. La dimensión y los obstáculos del deporte como forma de recreación a principios de 1930 Es incuestionable que las diferentes formas de práctica depor- tiva –el deporte– de una manera universal forma parte de la recreación; es una de las diversas vías de lograrlo y ciertamen- te en la época pre-revolucionaria, en sus inicios todavía no formaba parte de las actividades sustantivas del hombre; como una manera estructurada y pensada para la gran masa de la Otros población; se daba de una manera aleatoria y en espacios Otros El Juego y el cuyas características no eran las de ser precisamente diseña- Juguete dos con el propósito de satisfacerlo; simplemente se practica- Las ba en áreas cuyo diseño y conformación se encontraban total- Revistas mente ajenos, alejados de lo que estrictamente podría enten- El Radio derse como una cancha, como un espacio que verdaderamente El Cine permitiera llevarlo a cabo. Se daba en los llanos, lugares in- adecuados, tapizados de piedras y polvo, en el mejor de los El Deporte casos. Elementalmente acomodados para conseguir su hori- Las formas zontalidad y con marco en el caso del fútbol o bien significan- de Recreación do una pequeña loma en el caso del béisbol a los cuales con- currirían los deportistas –“Los llaneros”– y desde ahí, muchos habrían de sobresalir, luego irían a conformar y engrosar las filas de otros equipos, más complejos en todo su ámbito y ya no tan sólo como una parte de su recreación, sino también como su trabajo, su sustento económico. 169 Hablar de la planeación espacial en cualquiera de los dife- rentes niveles de diseño de los espacios deportivos, era de hecho manifestar un lenguaje ajeno, de otro universo. Es a raíz de esta realidad que los regímenes posrevolucio- narios entre las prioridades a satisfacer; manifestaban que la recreación y una de sus formas sustantivas –el deporte– re- quería de una pronta atención, y aún y cuando éste se vea como un área simple, de fácil satisfacción; es también cierto que este campo de conocimiento, conceptualmente de des- treza por parte del hombre, requiere constancia, entrega, asi- milación y comprensión. En sus orígenes la clasificación del deporte se daba de manera clara y contundente (nos viene a la memoria el caso de Jim Thorpe en donde lo amateur fue separado de lo profe- sional) aún y cuando fueran los primeros suspiros, por un lado el amateurismo dentro del cual de manera incipiente se invo- lucraban los orígenes del Deporte Olímpico, sustentado en que “lo importante no es ganar sino competir” y en su com- plemento del “Citius, altius, fortius” (el más rápido, el más alto, el más fuerte) y en donde todos los que participaban; su pre- sencia sustantiva era la de ser actores por excelencia. Por otra parte el deporte profesional (decir semi-profesional es más adecuado), debido a que los deportistas que en esa época participaban en las diferentes disciplinas tales como el Fútbol, Béisbol, Box y Lucha libre, actividades que desde el principio, se consideraban como las de mayor atracción para el público. Tenían a la práctica deportiva en la mayoría de los casos, como su segunda actividad; les allegaba ingresos, ciertamente com- plementarios. Aunque no parezca relevante mencionarlo, los actores –jugadores– obviamente que se diferencian de mane- ra muy clara del espectador –el público–; pero, lo bello e im- portante; dado el semiprofesionalismo, era común ver al actor y al receptor muchas veces intercambiar palabras cuando ca- sualmente se cruzaban en las inmediaciones de las canchas o en la calle. El acercarse a ellos y charlar, confundirse en un saludo cordial sin estar éste mareado por la gloria, era una práctica común. El gozar cómodamente de esos encuentros dependía un poco, al principio básico de las dimensiones de los espacios (asientos, gradas, butaquería) que para tal propósito se ha- bían diseñado. Muy pronto, en forma explosiva los medios de comunicación, el radio primeramente y después la televisión, se convertirían rápidamente en inimaginables imanes que atraerían al ser humano a dimensiones no previstas, pero sólo 170 como oyentes (oidores), y como espectadores pasivos (lejos, fuera, a distancia). Es durante los regímenes presidenciales de 1928-1934 y 1934-1940, cuando por fin se desencadenaría una planea- ción física primaria y elemental del género de espacios depor- tivos que francamente da respuesta en dos vertientes: Al auge, prosperidad repentina deportiva que se empezaba a desenca- denar debido a los Juegos Olímpicos de la era moderna –ini- ciados en 1894– y que contrariamente a los Juegos Olímpicos de la antigüedad, fueron suspendidos –los de la era moder- na– debido a las dos guerras mundiales y de las cuales Méxi- co no podía estar ajeno. Otros Otros El Juego y el Deporte 1234567 1234567 Juguete Amateur12345671234567 1234567 1234567 Las 1234567 Revistas El Radio Deporte El Cine Espectáculo Las formas El Deporte Deporte Olímpico de Recreación (Alto rendimiento) Y al propósito de cumplir aquella intención del presidente vi- sionario Lázaro Cárdenas, de ofrecer formas de recreación física que atrajeran principalmente al habitante de la Ciudad de México con la idea de abatir, menguar la práctica del fanatismo; alejar a los múltiples fieles de manera particular en los días domingos que asistían a los templos y cultos de la religión predominante (la Católica Apostólica y Romana), fue una de las razones por la cual se erigieron espacios recreativos-deportivos. Para poder llegar a estos objetivos, se construyen los pri- meros espacios denominados Centros Deportivos en la Ciu- dad de México tales como el Estadio Nacional (previo al régi- men cardenista), el Plan Sexenal, Venustiano Carranza, Plu- tarco Elías Calles, División del Norte, Lázaro Cárdenas, 18 de Marzo, entre otros. En este momento deseamos hacer dos ob- servaciones: Una, hacer notar que los nombres que se otor- gan a estos nuevos espacios son eminentemente nacionalis- tas: nombres de próceres de la Revolución o bien de eventos o acciones significativas relacionados con el nuevo país. 171 Dos, la observación que hacemos es acerca de la buena intención de toda la dinámica de ubicación y construcción de este nuevo género de espacios arquitectónicos, pero no obe- decía, no era una respuesta a formas de planeación científica, igualmente reconocemos que en ese momento no podía ser de otra manera. Plano del Deportivo “Venustiano Carranza” (Alfaro,1997:29). El contenido espacial de estos Centros Deportivos se estruc- turaba de manera singular con dos espacios sustantivos, que de hecho eran la parte central de los mismos, eran una respues- ta, la primera, de acercar al pueblo de la Ciudad de México a comprender mejor los dos magnos eventos mundiales; el cora- zón se componía de una pista de atletismo y la cancha de fút- bol: la primera como el área que identifica el primer evento deportivo mundial como son los Juegos Olímpicos y la segun- da acorde con el otro certamen mayúsculo, como lo es el Cam- peonato Mundial de Fútbol. Es importante mencionar que, en esa búsqueda de satisfa- cer las necesidades de carácter recreativo del habitante de la Ciudad de México, estos nuevos espacios contaban también con una gran variedad de áreas que hacían posible atraer a los habitantes de los barrios y colonias, no únicamente en las formas de recreación física sino que (y esto es sorprendente) también algunos Centros iban más allá y ofrecían instalacio- nes para satisfacer la recreación mental. Los antecedentes que la historia, la antropología y que otras ciencias nos ofrecían, se veían reflejados en este nuevo concepto de género espacial para satisfacer las necesidades de rasgo recreativo-deportivo. 172 Formas de Práctica Deportiva Deporte Amateur Deporte Espectáculo Deporte Olímpico Box Atletismo Atletismo Futbol Futbol Natación Lucha Box Otros Hipismo Box Beisbol Natación Beisbol Basquetbol Basquetbol DEPORTE DEPORTE OLÍMPICO DEPORTE ESPECTÁCULO AMATEUR (Alto rendimiento) Una nueva religión ‡ el Futbol Una nueva cultura ‡ el Futbol Deseamos subrayar que esto era lo inmenso, lo sobresa- liente, lo singular de las nuevas propuestas espaciales, arqui- tectónicas; y también podemos decir que si bien la intención de alejar al habitante de la Ciudad de México de los templos y de los cultos, tenía su sustento debido a que históricamente había ocurrido también es cierto, que en los orígenes posre- volucionarios se estaba muy alejado de comprender que se estaba dando pie a una nueva religión, a una nueva cultura. Así es, muy pronto el fútbol habría de desplazar a su com- petidor más cercano, el béisbol, y alejarse de manera sustanti- va del resto de las prácticas deportivas. Aquella buena inten- ción de colocar a la pista atlética como el corazón de los dife- rentes espacios deportivos quedó sólo en eso, una buena in- tención. El atletismo no era precisamente el deporte que en México habría de atraer multitudes; era –es– otra cultura, otra dimensión, otra disciplina, otro carácter no identificado con el individuo mexicano. Es en la década de los 50, cuando se da un nuevo y fuerte impulso al deporte amateur; con otro carácter. Cuando se cons- 173 truye la Ciudad Deportiva (localizada en la Magdalena Mixhu- ca, 220 hectáreas) y que si bien es contradictoria con respecto a las normas y cánones de la planificación urbana y a la planifica- ción para la localización de espacios deportivos al ubicarse este mayúsculo espacio como un significativo polo de atracción para la práctica del deporte al oriente de la Ciudad de México y cen- tralizar en él, un gran número de canchas para el ejercicio de- portivo, sobresaliendo desde luego el fútbol y después con un menor número canchas, el béisbol, basquetbol y voleibol, así como un pequeño estadio con pista de atletismo, y una gran pista para competencias de carreras de automóviles, etc.78 Es de entenderse que la creación de todo este gran espa- cio tenía, entre otras intenciones, el propósito de evitar la prác- tica del deporte llanero a través de otorgar espacios dignos. Con la creación de todos estas edificaciones en la Ciudad de México, deseamos señalar lo siguiente: muy pronto la esen- cia de la recreación a través del deporte se ha visto en grandes riesgos, debido a que múltiples actividades deportivas que se ejercen en estos centros, han sido motivo de una perversa manipulación y desenfreno y que han logrado en un alto por- centaje, restringir esta sana experimentación. Nos referimos a la creación de las ligas deportivas cuyos dirigentes casi desde el inicio mismo de ellas, han perseguido propósitos muy ale- jados de la esencia intrínseca recreativa con que fueron cons- truidos los espacios, debido a la creación de monopolios y organizaciones de índole política, provocando el corporati- vismo del deportista y por ende, frenando la práctica deporti- va conforme a su esencia: Una forma de recreación. Resultado de esto han sido un juego de corruptelas por los dineros que se manejan y el poder que se obtiene; además hay que agre- gar, que no pocas instalaciones sobre todo los frontones se han convertido –casi desde que se erigieron– en espacios do- minados por tahúres del deporte en los cuales un pequeño grupo de pseudo deportistas se han apoderado de los fronto- nes para llevar a cabo apuestas, transas y engaños. A pesar de todo esto y por supuesto sin que se hayan lo- grado los resultados deseables, la nobleza de la recreación y de la recreación física en particular una vez más se ha hecho patente: ha resistido a través del tiempo todos estos embates; sigue viva. Una causa noble, singular, se ve pervertida muy pronto pero, la recreación en su gran bondad resiste y subsis- te una vez más en la historia. 78 Que no funciona para tal fin desde hace muchos años. 174 Ciudad de México PRINCIPALES CENTROS DEPORTIVOS Dependientes del Departamento central - Acción deportiva Grupo No. Nombre Localización IV 1. Ciudad Deportiva M. Mixhuca 2. Lázaro Cárdenas Balbuena 3. Venustiano Carranza Balbuena 4. Puerto Aéreo Moctezuma 5. Moctezuma Moctezuma 6. Bondojito 20 de Noviembre 7. P. E. Calles Valle Gómez 8. 18 de Marzo Linda Vista 9. Miguel Alemán Linda Vista 10. 20 de Noviembre Azcapotzalco 11. Plan Sexenal P. E. Calles 12. F.Casas Alemán Pensil 13. Rosendo Arnaiz Mixcoac 14. Div. Del Norte General Anaya 175 Ciudad de México PRINCIPALES CENTROS DEPORTIVOS Instalaciones deportivas en los grandes centros de estudio Grupo No. Nombre Localización III 15. U.P. Politécnico Zacatenco 16. Instituto Politécnico Nal. Sto. Tomás 17. Cd. Universitaria San Angel 176 Ciudad de México PRINCIPALES CENTROS DEPORTIVOS II. Para asegurados I. Particulares Grupo No. Nombre Localización II. 18. Unidad Morelos M. Mixhuca I. 19. YMCA Polanco 20. Deportivo Chapultepec Polanco 21. Deportivo Hacienda Roma 177 El Espacio para el deporte. El deporte amateur EL DEPORTE COMO UNA Formas de recreación FORMA DE RECREACIÓN Deporte Deporte espectáculo Deporte de alto rendimiento Deporte Amateur Deporte Deporte de de masas Deporte Derechohabientes Recreativo Deporte Estudiantil Recreativo Recreativo Recreativo Alto rendimiento Alto rendimiento 7 2 1 4 1 3 5 7 1 7 6 2 1 2 4 6 4 3 2 5 37 Departamento del Sector Privado Instituciones Instituciones de Distrito Federal (DDF) educativas seguridad social 1. Ciudad Deportiva 1. Club Dpvo. Hacienda 1. SEP 1. Unidades Deportivas 2. Estadio Nacional 2. Club Dpvo. Chapultepec 1. UNAM IMSS: Morelos, 3. Plan Sexenal 3. YMCA 3. IPN Cuahtémoc 4. Plutarco Elías Calles 4. Club México 4. Otros 2. Unidades Habitacionales 5. Venustiano Carranza 5. Club Dpvo. Internal. IMSS: Unidad 6. 18 de Marzo 6. Club Venados Independencia 7. Otros 7. Otros 178 d. El espacio para el deporte Deporte amateur sector oficial , Departamento del Distrito Federal (DDF) A través de este escrito: Recreación-Un caso de estudio, hemos hecho énfasis acerca de la importancia de la recreación en la vida del hombre y, dentro de las múltiples formas de recreo, es indudable que el deporte desde sus procedimientos más ele- mentales, hasta las organizaciones más complejas; se ha con- vertido en la práctica recreativa de mayor impacto, de máxi- ma importancia para el desenvolvimiento del ser humano tan- to de forma individual así como en lo colectivo. El siglo XX, ha sido el período de tiempo en el que las diferentes actividades deportivas se han multiplicado de manera sustancialmente acelerada y, la Ciudad de México, sus barrios y sus colonias como parte de un país que había padecido muchos años de barbarie, no debía permanecer ajeno a este desarrollo explo- sivo del deporte de tal forma que, los regímenes posrevolu- cionarios y de manera singular los correspondientes los años treintas y cincuentas, se convirtieron en el pie base, en el sus- tento de la planeación y organización del deporte en casi to- das las diferentes prácticas y manifestaciones: el “como” el “dónde” en cuanto a la situación de los espacios y la organi- zación tanto en lo general así como la propia y particular de cada uno de ellos como una nueva experiencia –y soportan- do los vicios que se han mencionado y que tan pronto se die- ron– caminaba, seguía su rumbo hacia la búsqueda del hom- bre nuevo. Al nacimiento de estas nuevas criaturas –los Cen- tros Deportivos– sanas, diferentes, novedosas se les presenta- ba un reto: contestar a la pregunta de si ciertamente “el como” era lo correcto, lo sanamente complementario del “para quién”, esto es, si el contenido espacial, los espacios diseña- dos y construidos eran correspondientes, estaban acordes con respecto al usuario por satisfacer en cuanto a sus edades y sexos y sobre todo con respecto a sus preferencias. A manera de un pequeño paréntesis, deseamos poner un ejemplo que viene a nuestra memoria y que se presenta como una respuesta a lo anterior es el llamado “Estadio Nacional” cuya superficie era de 20 hectáreas aproximadamente, locali- zado en la Colonia Roma, su composición espacial contenía un estadio con un aforo de 10 000 personas con pista de atle- tismo y dentro de ella una cancha de fútbol;79 próxima a este 79 Este estadio fue desplazado por un conjunto de multifamiliares –conjunto Benito Juárez– el cual desapareció en el año de 1985 por el terremoto. 179 estadio se localizaba80 una espléndida superficie compuesta por juegos infantiles; (columpios, sube y bajas, resbaladillas y toboganes) y un área con pavimento de concreto, como posi- bilidad de uso múltiple: en primer lugar como pista de pati- nar, como cancha de fútbol (fútbol rápido) o como cancha para fútbol americano “tochito”. Todas estas instalaciones se encontraban rodeadas por áreas arboladas y zonas jardina- das, las cuales en conjunto, eran un verdadero deleite para la recreación cotidiana y sobre todo para la de fin de semana, y no solamente para los habitantes de la colonia Roma, sino también para las colonias colindantes como la Doctores, la Juárez y otras más lejanas como la colonia Obrera. Como este ejemplo, así respondían a las nuevas expectati- vas la mayoría de los Centros Deportivos, y no sólo esto, sino que algunos otros de ellos iban más allá en su respuesta a las necesidades del nuevo hombre, debido a que dentro de ellos se localizaban teatros, áreas de exposiciones, cines, etc: Una sorprendente relación de la recreación física y mental, cuyo diseño espacial respondía a los postulados de arrebatar al hombre y a la mujer también ¡por supuesto! de los cultos do- minicales, del fanatismo y la idolatría e interesarlos en otras formas de recreación con fines diferentes; que además que lo divirtieran, lo educaran pero siempre, aún y cuando no se ex- plicara, no se dijera o bien no se comprendiera ni se pensara, en la búsqueda de una nueva criatura, el hombre nuevo que tanto hacía falta, que se requería en ese momento crucial de la vida del país y de la ciudad. Una ocupación diferente del tiempo libre cotidiano y de fin de semana, con una búsqueda, un propósito, un interés diferente también. Distintas formas de recreación, con fondo similar, el hombre nuevo. Los Centros Deportivos-Recreativos acercaban a la pobla- ción capitalina a formas de recreación y de éstas la física prin- cipalmente, y de manera gratuita, de tal manera que todas las personas en sus diferentes edades y sexos y condiciones económicas, pudieran acceder a ellos libremente en las ma- ñanas, por las tardes y aún en las primeras horas de la noche con la única limitación que podría considerarse como tal: “el que quiera”; esto es, todo el que quisiera podía allegarse a estos espacios recreativos sin impedimentos; sin obstáculos. Era el impulso al deporte de masas el motivo principal que movía a la construcción de estos nuevos espacios y si bien las 80 Aún existe gran parte de esta área pero, muchos metros cuadrados fueron afectados ¡Desde luego! por los genios de la planificación física de la ciudad, con un ¡Estacionamiento para automóviles! 180 40 6 1 5 3.3 m 4 1.3 m 25 3 14 8 6 2 6 3 0 Población Rangos por edades Deporte de masas económicamente activa 1. Cancha de futbol 2. Pista atlética 3. Piscina y clavados 4. Cancha beisbol 5. Gimnasio 6. Otros diferentes instalaciones en sus dimensiones, en su normativi- El deporte dad, eran de carácter competitivo, las finalidades eran eminen- temente recreativas y ubicadas de manera principal dentro de La nueva religión la Recreación Física, como una respuesta a las conquistas de los El ser espiritual trabajadores consignadas en la Carta Magna: el derecho al sép- VS. timo día, el derecho a sólo ocho horas de trabajo diario, el de- El ser físico recho al descanso, a la recreación: el tiempo libre para su uso magno: todo esto sucedía en los años cincuenta. Dos variables significativas se presentaban en esta déca- da, el comportamiento del impulso al deporte amateur orga- nizado para satisfacer las supuestas demandas de la gran masa de la población, gente asentada en lo que conformaba la mancha urbana de la Ciudad de México, se consideraba en ese momento en aproximadamente 4 887 000 habitantes. Las 327.5 hectáreas que era la superficie que ocupaban los prin- cipales Centros Deportivos edificados en el lapso de tiempo aproximadamente de 25 años de gobierno posrevolucionario (1930-1954). De lo anterior podemos concluir desafortuna- damente que fueron muchos años y pocos logros. Durante este período la norma máxima alcanzada para es- pacios deportivos al dividir la superficie de ellos (327.5 ha) entre el número de habitantes (4 887 000) resulta de 0.67 m2/hab. Es de reconocerse que este coeficiente es verdaderamente baja, muy lejos de las que les asignaban en los países altamente desa- rrollados tales como Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Alema- nia y Rusia, países que, pese a haber sido actores principales en la Segunda Guerra Mundial y algunos de ellos haber sido 181 10. 2. 6. 9. 12. 5. 7. Deporte 1. Deporte 8. 11.Amateur 14 3. 15. 13. 4. Deporte Olímpico A.R. (Alta reducción) Formas de recreación Deporte Espacios-Centros deportivos Principales Centros Deportivos a fines de la década de los cincuenta destruidos casi completamente, a pesar de ello sus normati- vas para espacios deportivos variaban dentro de un rango de 4.5 hasta 12.0 m2/hab. Lo anterior nos permite observar y concluir que, a excep- ción de los regímenes posrevolucionarios de 1928-1934 y 1934-1940 en los que se construyeron poco más de cien hec- táreas de espacios deportivos, y en el sexenio excepcional para este rubro, 12 años después (1952-1958), en el que se cons- truye la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca con una superficie de 220 hectáreas, en los regímenes entre 1940 y 182 1952 y posteriores a 1958, no fue una prioridad fortalecer y satisfacer esta necesidad que era un requerimiento sustantivo para el habitante de la Ciudad de México; de tal manera que podríamos considerar que esto pudiera obedecer a varios fac- tores fundamentales: En primer lugar, bien fuera porque du- rante esas administraciones no les interesaba ni les era priori- tario satisfacer esta necesidad, o porque el concepto recrea- ción y el concepto deporte no formaban parte de los progra- mas gubernamentales. También es factible que ellos desco- nocieran la importancia y que a pesar de los esfuerzos, de los buenos deseos, no podían ofrecer una cultura deportiva y mucho menos una cultura recreativa bien estructurada. No puedo callar esta observación (Humberto Rodríguez), ciertamente se fundamenta en un discernimiento de muchos años; obedece a que existe un riesgo, ha existido siempre el riesgo que implica promover el deporte masivo a su máxima expresión, y conformar así un habitante, un ser humano –el deportista– activo y unido, pensante, reflexivo, con iniciativa, sano de cuerpo, de mente y de espíritu y esto considero no es conveniente para algunos. Lo insisto, es perverso pensarlo así. Instituciones educativas • La Secretaría de Educación Pública. Desde los orígenes de la década de los treinta, se com- prendía que la recreación y la educación; eran satisfactores fundamentales, necesarios y cuya vinculación se daba natu- ralmente. De tal manera que en esa dinámica principal se cons- truye un espacio educativo de gran significancia, como un ejemplo majestuoso, tanto por sus dimensiones como por su contenido, de hecho la primera edificación con esas caracte- rísticas en la Ciudad de México; el Centro Educativo “Revolu- ción” que albergaba dentro de él, espacios para la educación elemental (primaria) y para la educación media (secundaria) y que se venía complementado con instalaciones deportivas tal vez para ir acercando y preparando a los niños y jóvenes de ambos sexos para una práctica deportiva de mayores alcances o simplemente como recreación. El núcleo de este Centro Educativo, de hecho estaba com- puesto por una pista atlética que aún y cuando su diseño y sus proporciones se acercaban más bien a las dimensiones de las pistas de los Juegos Olímpicos de la antigüedad, podemos considerar abiertamente desde un punto de vista conceptual era lo menos importante; lo significativo era que una pista de 183 atletismo estaba allí, cercana, en el corazón mismo del Centro Educativo, al alcance de los niños y jóvenes con un propósito, buen propósito futurista. Una búsqueda de una nueva cultura deportiva y que para lograrlo, qué mejor que acercarlos al deporte rey, al que sustentaba a los Juegos Olímpicos de la antigüedad y que sustenta también hoy a los Olímpicos de la Era Moderna. Deporte UNAM Espectáculo Deporte Recreativo SEP IPN Deporte de Alto Otros Deporte Rendimiento Desde luego que sin los alcances mencionados en el ejem- plo anterior, todas las escuelas primarias y sobre todo las de enseñanza media, contenían a partir de esa dinámica –la crea- ción misma de la Secretaría de Educación Pública así lo confir- ma– espacios recreativo-deportivos básicamente dirigidos al juego y al deporte informal y en menor grado al deporte com- petitivo, y debido a que los esfuerzos que en este sentido se daban, requerían un apoyo económico mayúsculo y una es- tructura académico-administrativa alejada de nuestra realidad –problema éste, que aún ahora, fines del siglo XX no se ha podido salvar. • La Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional. Conocidas como la UNAM (1551) y el Poli (1937), estas dos insti- tuciones de Enseñanza Media Superior y Superior, la primera localizada (una vez que se integró como la Ciudad Universitaria a principios del año 1950) en el Sur de la Ciudad de México y el segundo en el extremo contrario; esto es al norponiente, prime- ro en lo que se conoce como el Casco de Santo Tomás, y des- pués en 1957, al norte de la ciudad (Zacatenco) dentro de su estructura general, ambas tienen áreas y direcciones de organi- zación para la recreación y el deporte. Es incuestionable que cada una de ellas y en su relación como instituciones de Enseñanza Media Superior y Superior, fueron en esa Época de Oro, las que de manera más abundan- 184 Plano de la Ciudad de México 1. Ciudad Universitaria 3 2. Casco de Santo Tomás 3. Zacatenco 2 1 te y bien cimentada; daban el mayor soporte y sustento al De- porte Organizado dentro de la Ciudad de México. La primera por su antigüedad, tradición, prestigio de muchos años y la segunda, como otro resultado más de los tiempos posrevolu- cionarios, novedosa, ligera, con grandes expectativas; eran las instituciones protagonistas fundamentales de los eventos de- portivos de mayor significado tanto a nivel urbano como na- cional. Los eventos al interior de cada institución así como entre ellas mismas son inolvidables, para recordarse siempre por todos aquellos que fueron testigos y vieron de manera inmediata nacer los “clásicos” entre escuelas o facultades de Instalaciones del Instituto Politécnico Nacional: cada institución o el “clásico” magno entre los “Pumas” de la Arriba: Unidad Zacatenco, Escuela Superior Universidad Nacional Autónoma de México en contra de los de Física y Matemáticas. “Burros Blancos” del Instituto Politécnico Nacional. Abajo: “Casco” de Sto. Tomás. Las competencias en el atletismo, el basquetbol, la lucha, (en http://www.ipn.mx) el fútbol y sobre todo el fútbol americano, dejaron en la me- moria de todos aquellos que participaron; tanto competido- res que como espectadores: Imágenes, fechas y eventos imborrables en el recuerdo; los “goyas” y los “huelum” –po- rras de la UNAM y del IPN respectivamente– se gritaban desde lo más profundo de los corazones de parte de los aficionados de cada equipo pero, y esto es lo más bello de aquella época en la que nació el encono deportivo entre estas dos institucio- nes: los partidarios de uno y otro, durante los encuentros sus preferencias eran evidentes y por lo tanto se manifestaban 185 como los grandes contrarios pero, una vez terminado el evento se convertían en los mejores amigos. Y si esto ocurría a ni- vel espectador entre los deportistas, el vínculo en un buen número de casos; era verdaderamente fraterno. Este encono, esta lucha fraterna acercaba a los deportistas, Instalaciones de la Universidad Nacional los atletas de aquella “época de oro” hacia una incipiente, pri- Autónoma de México en la Ciudad maria, elemental búsqueda del deporte de alto rendimiento y Universitaria. ciertamente en la pureza del amateurismo, el deporte era aún (México 68, 2, [s. a.]:109, 324). idealizado a su máxima expresión: sobre todo en aquel depor- te, el pie fundamental de los Juegos Olímpicos; esto es, el atle- tismo en el cual los enemigos crueles –que no permiten ningu- na duda y alejan cualquier posibilidad de manejo turbio– como lo eran (y lo son) el metro y el reloj se convertían en los evaluadores contundentes del nivel que guardaba en la época mencionada el Deporte Rey, el atletismo, cabe indicar también, como contraste con otros deportes, la cantidad de atletas que lo practicaban, las marcas logradas en la mayoría de las espe- cialidades (la carrera, el salto y el lanzamiento) por ellos, el pú- blico que formaba parte de todo este ambiente en aquellos orígenes de la época dorada, eran indicadores muy claros y que no requerían de un profundo análisis y discernimiento para demostrar que el atletismo como deporte no formaba parte sustancial de la cultura del pueblo de la Ciudad de México; sin embargo, para todos aquellos deportistas que hacían uso de la pista, de la piscina, de la cancha, no dudamos que al pisar o al meterse a cada uno de estos espacios, en ese instante era ale- jarse de todos los problemas, ocurría el hecho admirable de transformarse en un hombre nuevo. 186 No queremos dejar pasar este momento, tal vez la única oportunidad, el reconocimiento hacia algunos atletas que en lo general pasaron casi inadvertidos y que seguramente para algunos cuantos –pocos seguramente– son recordados como deportistas ejemplares, dignos representantes de la Universi- dad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional tanto en eventos internos, nacionales e internacio- nales, y que al nombrar sólo a unos pocos ampliamos nuestro recuerdo e invitamos a quienes lean este documento a regre- sar en el tiempo, en aquel tiempo, volver nuestra memoria a todo el universo de atletas de aquella Época de Oro del Atle- tismo y con ello hacia los demás deportes que se practicaban y se competía dentro de las instituciones educativas. Así es, fueron los Chito Souza, los René Ahumada, los José Manuel Luna, las Graciela Villalón por parte de la UNAM y por parte del IPN los Carlos Fajer, las Guillermina Peña entre otros muchos, representantes y competidores dignos que entrena- ron y compitieron con toda la fuerza y honestidad, ejerciendo en plenitud el deporte y dentro de éste a el atletismo como una de las formas sublimes de la recreación. Un ejemplo mayúsculo dentro del universo deportivo de aquella época era Omar Fierro y que tal vez para algunos sea motivo de un gran desacuerdo, es a este varón al que consi- deramos como uno de los atletas más completos surgidos de las instituciones educativas y al cual por su forma de actuar, por su forma de competir –y de ahí por que lo consideramos ejemplar– acercaba al deporte –el competitivo– a su forma más sencilla, más simple del deporte como recreación. Él prac- ticaba el deporte recreándose, él competía recreándose y, re- conocemos, que tal vez esto obedecía a sus grandes faculta- des pero... para el que esto escribe es, dentro del universo del deportista mexicano, lo singular, lo que ciertamente debería de ser en la práctica deportiva para el ejercicio de cualquier disciplina: sea en el deporte amateur –de masas– el deporte espectáculo, el de alto rendimiento; cualquier forma de prác- tica deportiva; esto es, considerarlo en su esencia: como una práctica recreativa, no como una obligación, como un traba- jo; como una actividad que angustie, sino como lo que es; forma única de recreación.81 Tanto en la UNAM como en el IPN, en los diferentes niveles educativos que los conformaban –preparatorias, escuelas y 81 Ejemplo máximo de esta afirmación es aquella selección de Brasil de los años 58 y 62 con sus Pelé, Garrincha, Didi, Zagalo, etc. a los cuales se les notaba de todas formas su deleite por jugar. 187 facultades en el primer caso y prevocacionales, vocacionales y Escuelas Superiores en la segunda–, se localizaban espacios, aunque no en todos los casos; tales como gimnasios, piscinas, como en el Casco de Santo Tomás del IPN, diseño simple pero de tan enormes recuerdos; en donde se confundían los estu- diantes comunes de los diferentes niveles educativos con los ídolos deportivos del momento resultado del diseño arquitec- tónico a una escala humana propia de aquella Época de Oro. Dentro del conjunto del Casco, se localizaba el Estadio Salva- dor Camino Díaz el cual por su rápido deterioro provocado por un brusco cambio de usos del suelo; habría de ser demo- lido y a cambio asentar una pista de atletismo con caracterís- ticas olímpicas. El campo en su interior, servía paralelamente para actividades propias del atletismo y del fútbol americano y, por supuesto, todos los espacios complementarios para un buen mejor desarrollo y aprovechamiento de las diferentes y múltiples especialidades del atletismo y del fútbol americano. Instalaciones de la Universidad Nacional La Universidad, la de México, la más grande y extensa en Autónoma de México en la Ciudad impartición de educación superior. El período gubernamental Universitaria. (México 68, bol. 2, [s. a.]:120). de 1946 a 1952 tuvo la visión y el privilegio de emprender el diseño y la construcción, en esta magna tarea, participaron más de 100 arquitectos, los más connotados de aquel enton- ces, incursionaron en los proyectos de conjunto y de cada una de las partes de la Ciudad Universitaria. Si bien la gran por- ción de la idea, propósito sustantivo para su creación era la académica; sin embargo, el área recreativa jugó uno de los papeles preponderantes tanto en el manejo del concepto re- creación así como las respuestas arquitectónicas que de él fue- ron resultantes. Prueba de ello es el que los frontones y el Es- tadio Olímpico, fueron y han sido considerados como las me- jores soluciones arquitectónicas, de las más hermosas dentro del conjunto que conforma Ciudad Universitaria. 188 Un salto grande, muy grande (y por supuesto todo esto dentro de la Época de Oro de la Ciudad de México) se dio en el aspecto educativo, en lo académico y desde luego habría de repercutir en lo recreativo-deportivo debido a que además de las instalaciones mencionadas, se construyeron otras para los mismos fines, tales como piscinas, estadios de entrenamien- to, canchas de fútbol y béisbol, gimnasios, etc. Un espacio educativo magno y complejo vinculado con espacios recreativos –y en esto hay que ser enfático– toda la Ciudad Universitaria es un singular, excelente, bello, muy be- llo espacio de recreación. Cada rincón, avenida, el campus, plaza, los materiales, las texturas, los colores, los elementos bióticos, la integración plástica de las bellas artes –arquitectu- ra, pintura y escultura–, se vinculaban en un todo. Ese fue el gran salto, otro salto, diferente salto en materia educativa pri- meramente, pero también dentro del mundo de la recreación. Así sentó bases la Universidad para que la recreación men- tal, física y la espiritual, se le allegara a los jóvenes estudiantes y a los educadores; con el propósito de una vez más, propi- ciar, hacer propicio el hombre nuevo, la nueva criatura. La Unidad Zacatenco, nace en 1959 debido a que el terre- moto de 1957, afectó a múltiples Escuelas Superiores del IPN. Es una Unidad Profesional cuyo carácter singular, cuyo pro- yecto contenía un crecimiento paulatino de edificios para la enseñanza superior. El planteamiento original sumamente ambicioso; si bien en cuanto a su capacidad de edificaciones para el desarrollo académico, lo era también para el desarro- llo de actividades recreativo-deportivas de gran impacto, por ejemplo, la localización dentro del conjunto, un estadio para más de 100,000 espectadores. Unidad Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional, Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura. (en http://www.ipn.mx). 189 Este proyecto, en su ámbito académico se fue cumplien- do, no así en lo que se refiere a la recreación y el deporte, puesto que los espacios se redujeron en aquel tiempo, a espa- cios limitados. Éstas fueron construyéndose paulatinamente; muy a la zaga de los espacios para la educación. Sector privado El sector privado no podía permanecer ajeno a toda la diná- mica que se desarrollaba en la multicitada Época de Oro de la Ciudad de México, desde el inicio de esta época, se constru- yen nuevos centros deportivos en algunos casos, en otros, haciendo uso de los ya existentes pertenecientes al Sector Público, cada uno de ellos con preferencias muy particulares. Así podemos reconocer al Club Deportivo Hacienda –localiza- do en la Colonia Roma– el cual dentro del universo de opcio- nes deportivas era la práctica del boxeo la que le daba el sello singular. De igual forma, la práctica del atletismo era la que singulari- zaba a los años veintes y treintas al Club Deportivo Internacio- nal, del cual salieron notables deportistas como Lucilo Iturbe sólo por nombrar uno. En años posteriores durante las décadas de los cincuenta y sesenta, surge el Club México cuya práctica única era el atle- tismo en sus múltiples disciplinas y él contaba con todas las instalaciones que este deporte requiere. Una de sus peculiari- dades, era que estaba conformado únicamente por mujeres de ascendencia japonesa. De este club, surgieron innumera- bles atletas que representaron a nuestro país en eventos inter- nacionales como: Esther Ozada, Amalia Yubi y Margarita Kabsh, entre otras. El Club Venados –aquellos verdi-blancos– que marcó toda una época, brillante, por el gran nivel alcanzado en el atletismo de las pruebas de fondo; 3,000 m con obstáculos, 5,000 y 10,000 m planos y maratón. Tenían su “guarida” en el Deportivo “Plan Sexenal” por lo que se manifiesta que no contaban con un es- pacio. La pista que utilizaban, siempre era prestada, empero esto no presentaba ningún impedimento, porque a pesar de ello, se lograron formar atletas de la talla de Alfredo Tinoco, el señor de los 3,000 m; con obstáculos durante muchos años a nivel nacional, Juan Martínez, cuarto lugar en 5,000 m planos en los Juegos Olímpicos de México 68; Fidel Negrete Campeón Panamericano en Maratón, y otros muchos de igual categoría como los antes mencionados. 190 Finalmente, dentro del Sector Privado, cabe mencionar al Club Deportivo Chapultepec. Un club dotado de excelentes instalaciones, usadas de manera particular por usuarios en ca- lidad de socios y éstos ciertamente de recursos económicos suficientes, de allí que los diferentes espacios recreativo-de- portivos con los que contaba; aún ahora en nuestra época de estudio, además de hacer posible la recreación familiar por medio del deporte informal posibilitaba también por todo lo que se daba al interior de dicho club y hacia lo que le rodea- ba, practicar a lo que ahora se le llama Deporte de Alto Ren- dimiento, de tal manera que en aquella Época de Oro tam- bién el Club Deportivo Chapultepec participa de manera sus- tantiva, pues de él surgen figuras de nivel mundial como El Pelón Osuna en tenis y Joaquín Capilla en clavados; éste, medallista olímpico en varias ocasiones. Deporte Espectáculo Sector Privado 3 1 Deporte 7 2 Amateur 6 4 5 Deporte Olímpico Alto Rendim iento Formas de Deporte Clubes Recreación 1. Club Deportivo Hacienda 2. Club Deportivo Chapultepec 3. YMCA 4. Club Deportivo Internacional 5. Club México 6. Club Venados 7. Otros. Muchos otros clubes conformaban el marco recreativo- deportivo de la época dorada con sus sellos particulares, al- bergaban a familias inmigrantes de diferentes países, el tipo de instalaciones cumplía el cometido sustantivo, dar alber- gue a las familias de ascendencia común, espacio adecuado para practicar de manera individual, familiar y grupal, la re- creación física y afectiva, recayendo en la recreación mental. Instituciones de Seguridad Social Hemos dejado para el final de esta parte, con toda intención; a las instituciones de Seguridad Social y de manera prepon- derante y singular, al Instituto Mexicano del Seguro Social. 191 Deporte Espectáculo Deporte Recreativo Competitivo Unidades Deportivas Deporte Unidades Amateur Habitacionales Deporte Olímpico Alto Rendimiento Formas de Deporte Instituciones de Recreación Seguridad Social El IMSS, institución descentralizada, nace el 19 de enero de 1943 y si bien es cierto que su propósito fundamental es la de acercar a la población espacios para atender la salud física (clí- nicas y hospitales); observa en sus antecedentes una preocupa- ción mayor que la de solamente proporcionar unidades médi- cas, como se patenta en los siguientes extractos de documen- tos de carácter y aplicación universal: Tratados internacionales “...Recomendación internacional núm. 21 Ginebra 1924 sobre empleo de los ocios del trabajador...” “...Recomendación núm. 37 del Comité Interamericano de Seguridad Social, Buenos Aires 1951... inversión de las reser- vas del Seguro Social en viviendas para familias económica- mente débiles...” “...Resolución núm. 50 del Comité Interamericano de Se- guridad Social, Caracas 1955... colaboración de las Institucio- Unidad de Servicios Sociales Morelos. (Folleto , [s. a.]). nes de Seguridad Social para solucionar el problema de la vi-IMSS vienda de interés social...” “...’Declaración México’ en la Declaración de Principios de la Seguridad Social Americana, México D.F. 1960... dar facili- dades para que las grandes mayorías disfruten... de una habi- tación digna...” “...Resolución VII Conferencia Americana de Seguridad So- cial, Paraguay 1954... aceptación de las prestaciones sociales como un recurso más de la Seguridad Social... modificar las condiciones negativas de la vivienda...”82 Con este sustento, conforme a estos antecedentes y cohe- rente con los mismos, el Instituto Mexicano del Seguro Social, 82 Subrayados del autor. 192 con una visión sustantiva de parte de los funcionarios que la dirigían, en un universo mayúsculo de lo que comprendía como Seguridad Social, crean Unidades Deportivas –con el propósito de promover el deporte competitivo– localizadas estratégica- mente –próxima a los grandes núcleos de población– a los cua- les tenían acceso no únicamente la población asegurada sino de hecho, todas las personas que desearan hacer deporte. Los propósitos que singularizan a estos núcleos deporti- vos –los cuales tenían como elementos principales: pista de atletismo, gimnasios y piscinas– era el buscar por excelencia, la recreación física y como segundo plano el Deporte Compe- titivo. Es así como se construyen la Unidad Morelos y la Uni- dad Cuahutémoc. Derecha.Unidad de Servicios Sociales Morelos. Izquierda: Unidad de Servicios Sociales Cuauhtémoc. (Folleto IMSS, [s. a.]). Paralelo a la construcción de estas unidades deportivas, el IMSS crea e implementa una de las doctrinas más avanzadas dentro del campo de la vivienda a fines de la década de los 50 y que a la letra dice así: Doctrina “Las Unidades de Habitación y Servicios Sociales están des- tinadas a señalar los nuevos niveles de vida que la revolución ha venido construyendo en beneficio de los trabajadores de México; social y humano nuestro movimiento emancipador, ve en cada trabajador y en cada campesino al hombre que busca y se esforza para realizar su bienestar y la felicidad a que tiene derecho.“ En épocas anteriores se crearon arquetipos de orga- nización social: Pequeñas comunidades ideales, ciudades coo- perativas y se concibieron ciudades jardines, que no fueron sino manifestaciones de efímera vida en las experiencias sociales. Ahora con los problemas de las grandes concentraciones hu- manas, supuesto indispensable de toda industrialización, se presenta a los gobiernos y a los pueblos, la necesidad de orga- nizar una vida humana para los trabajadores. 193 Fotografía aérea. Unidad de vivienda Independencia, Sn. Jerónimo, México, D. F. (Folleto, Unidad... [s. a.]). “Las Unidades de Habitación han nacido a la vida social como una realidad”. “El valor de las Unidades no debe estimarse por el monto de las inversiones realizadas, ni por la calidad de los materiales empleados en su fabricación sino por el espíritu que animó su edificación. Ellas aspiran a realizar una nueva manera de vida, tanto en lo individual como en su proyección social, para crear en los trabajadores los nuevos estímulos y los nuevos frutos que la Seguridad Social de México destina a su bienestar. El techo no ha sido ni será suficiente. Si es importante la habitación, lo es igualmente el conjunto de servicios sociales que los hombres reclaman para mantener la salud en su cuer- po y en su mente; y, para que sean realidad los principios que norman la vida pública y que se condensan en la libertad, en la dignidad y la Justicia Social”.83 Estamos seguros que con la misma intención que Tomás Moro escribe y concibe su “Utopía” y también como surge la “Ciudad Jardín” de Ebenezer Howard, conforme a los postu- lados doctrinales anotados arriba, así también nace –como la culminación de experiencias anteriores– la Unidad de Habita- ción y Servicios Sociales “Independencia”. 83 Subrayados del autor 194 Es este conjunto de viviendas, el que llena las aspiraciones de aquellos que pretenden realizar una nueva manera de vida, es el que confirma que el techo no ha sido ni será suficiente; es el que satisface los reclamos para mantener la salud de sus habitantes en su cuerpo y en su mente; es el que se acerca de manera significativa por su doctrina, por su diseño urbano, sobre todo y por el diseño arquitectónico del techo del hom- bre y de los espacios complementarios a propiciar la nueva criatura, de conformar el hombre nuevo. Un todo integrado del hombre y para el hombre: El espacio cubierto, el interno, el íntimo y su extensión a descubierto excelente; lo natural y lo artificial en una conjunción magnífica para el servicio del hombre y propicio para su transformación. Es en el año de 1960, que se inaugura este conjunto de vi- vienda como una conclusión de antecedente como lo fueron las Unidades de Habitación y Servicios Sociales: Tlatilco, Tlalnepantla, Legaria, Santa Fe entre otras. La composición espacial de la Uni- dad Independencia se organizó de la siguiente manera: sup/ha % Área construida a nivel terreno 9.5 25 Áreas libres y verdes 22.8 60 Circulación vehicular 5.7 15 Total 38.0 100 Los satisfactores que contiene son los siguientes: 2,235 Viviendas 1 Guardería infantil 2 Jardines de niños en dos turnos c/u 3 Escuelas primarias en dos turnos c/u 1 Centro de Seguridad Social 1 Taller de Artesanías 1 Cine 1 Teatro a Cubierto 1 Teatro a Descubierto 1 Clínica Hospital 1 Oficinas Administrativas 1 Talleres de Mantenimiento 3 Zonas Comerciales Barriales 1 Zona Comercial Central. Dentro del conjunto está localizado un Centro Deportivo que contiene las siguientes instalaciones: piscina y chapotea- dero (a descubierto), una cancha de fútbol, gimnasio, baños y 195 vestidores y oficinas administrativas y varias canchas de bas- quetbol y voleibol (a descubierto todas) y áreas verdes com- plementarias para zonas de descanso. Dentro del edificio prin- cipal alberga el gimnasio, se construyeron además mesas para boliche éstos eran tal vez espacios ajenos al tipo de usuario para el que fue diseñado el conjunto; obreros y jubilados prin- cipalmente.84 Unidad Independencia, Arq. Alejandro Prieto, México D.F. 1959, Murales de Francisco Eppens. Foto de Guillermo Zamora en La Arquitectura Mexicana del Siglo XX. (Folleto, Unidad... [s. a.]). Algo que deseamos enfatizar es el hecho de que tanto la piscina, como la cancha de fútbol y frontones, no respondían a ningún canon normativo para efectos de competiciones for- males; de tal manera que la intención primera en el diseño de estas instalaciones, era de que fueran espacios con el propósi- to de satisfacer fundamentalmente la recreación física a fin de hacer coherentes los postulados doctrinales hacia una nueva calidad de vida a través y sustentados en la recreación. Aquel propósito “...Lo es igualmente el conjunto de Servicios Sociales que los hombres reclaman para mantener la salud en su cuerpo y en su mente...” escrito a fines de los años 50´s y que se ve concretado con una edificación como lo es la Unidad Inde- pendencia, cuya ocupación se inicia en el mes de septiembre de 1960, pronto este germinado habría de tener su fruto, proceso lógico, racional y sobre el cual hemos insistido en este documento: Primero el juego, después la competencia selec- tiva y finalmente el alto rendimiento, este es el proceso lógi- co, no lo podemos entender de otra manera; descubrir la ca- pacidad, desarrollarla y explotarla al máximo. Así es, primero como un juego haciendo uso del agua, la cancha, el gimna- 84 La Unidad Independencia alberga a 15,000 habitantes y el Centro Deportivo ocupa una superficie aproximada de 4 hectáreas (40,000 metros cuadrados). 196 sio; como el deleite de una forma de recreación física; des- pués como la práctica de una disciplina dentro de la que se conjugan la recreación y la capacidad. Finalmente, explotan- do en toda su intensidad la capacidad y transportándolo al deporte de alto rendimiento, al olimpismo, al campeonato olímpico, este fue el camino del “Tibio” Felipe Muñoz, exce- lente nadador. Y todo empezó en un espacio ciertamente el justo, el adecuado dentro de un conjunto de vivienda, que cumplía en plenitud con la doctrina que la sustentaba: PISCINA PISCINA PISCINA PISCINA El Espacio In form al El Espacio Forma l El Espacio Forma l El alto rendimien to OLIM PISM O DESCUBRIR DESARROLLAR EXPLOTAR Habilidad Habilidad Habilidad CULMINACIÓN Capacidad Capacidad Capacidad DEL PROCESO Talen to Talen to Talen to “...Si es importante la habitación, lo es igualmente el con- junto de servicios sociales que los hombres reclaman para man- tener la salud en su cuerpo y en su mente; y, para que sean realidad los principios que norman la vida pública y que se con- densan en la libertad, en la dignidad y la Justicia Social”. Fue lo que hizo posible que este atleta naciera como tal en la Unidad Independencia teniendo a la piscina como el espacio para lle- var a cabo la recreación por excelencia; después trasladado a un espacio formal, que cumplía con las normas correspondien- tes como lo era la piscina de la Unidad Deportiva “Morelos” para competir y finalmente concentrado en las instalaciones del Centro Deportivo Olímpico Mexicano (CEDOM). Ciertamente recreándose, caminando felizmente durante su niñez, en el agua, descubriendo sus habilidades, capaci- dades, talentos fue llevado paso a paso hasta convertirse en Campeón Olímpico en los Juegos de la XIX Olimpíada. Y una pregunta que surge de lo interno: ¿Y el resto de los deportistas o aspirantes a deportistas que sucedió con ellos?, la respuesta es: ¡Simplemente llevó a cabo la actividad madre, la actividad sustantiva: se recreó! Sin embargo, al hablar de este singular conjunto de vi- vienda y centrar sus bondades únicamente a la recreación físi- ca –al deporte– sería tanto como limitar las aspiraciones con los que fue sustentada, diseñada y construida: en primer lugar la Doctrina y en segundo lugar el Conjunto de vivienda mis- 197 CAM PEONATO OLÍMPICO La corona de O liva mo; puesto que el proyecto de conjunto lo conforma un vín- culo hermoso, ordenado y ciertamente excepcional entre vi- vienda y recreación; la recreación física como lo hemos men- cionado pero también la recreación mental y la recreación espiritual a través de inmuebles y espacios propios para la sa- tisfacción de ellas. Un acercarse después de muchos siglos, a la Ciudad Altar. En ese vínculo-vivienda-recreación, es importante distinguir, en relación a la superficie total ocupada, el peso que ocupa el área que corresponde a jardines, plazas, zonas arboladas, ca- lles peatonales y otras áreas libres (60%) con respecto al área total y de que manera influye esta proporción con respecto al cumplimiento de aquella parte de la Doctrina que manifiesta: “...Ellos aspiran a realizar una nueva manera de vida...” Superficie de desplante: vivienda y edificios varios 25% Áreas libres, jardinadas y arboladas, Estacionamiento y plazas y calles 60% circulación vechicular 15% Es indudable que los postulados se cumplieron y es más, consideramos que se rebasaron, fueron superados con creces puesto que: la calle, el jardín, las zonas arboladas, las plazas barriales y la plaza principal, se convirtieron para el habitante del conjunto de vivienda en espacios de recreación que llena- ron sus aspiraciones en lo físico, lo mental y lo espiritual. Ver- daderamente hasta el último rincón se respira (hoy todavía) una nueva forma de vida para el niño, el adolescente, el adul- to y el anciano; hombres y mujeres, en donde se pone al al- cance de cada uno de ellos la posibilidad de ser transforma- dos al hombre nuevo a la nueva criatura. El tiempo habrá de ser el mejor evaluador de esta aspiración, una nueva forma de vida. Varios proyectos de este tipo se desarrollaron durante la década de los 50, pero ninguno tan ambicioso, tan completo; algunos otros se quedaron inconclusos. El final de la Época Dorada a este respecto; estaba tocando su fin. 198 El concepto de vivienda en su vínculo extraordinario Vivien- da-Recreación en adelante habría de ser manoseado, manipula- do hasta llegar a remedos vergonzantes de supuesta vivienda y supuesta recreación. El deporte espectáculo Es la Época de Oro la que ha servido como referente al estu- dio de la Recreación en la Ciudad de México, en la que se da a través de todo un proceso íntimamente relacionado con el creci- miento poblacional de la misma y el desarrollo de los medios de comunicación; desde los eventos más sencillos emprendidos en espacios de capacidad ciertamente pequeña pero coherente con el tamaño de aquella Ciudad de México de los años treintas has- ta los eventos mayúsculos como fueron los Juegos Olímpicos del 68 y el Campeonato Mundial de Fútbol México 70. Desde aquel Estadio Nacional y Arena México 10,000 y 3,000 espectadores respectivamente, hasta llegar por ejemplo al Estadio Azteca, cuyo aforo es para 105,000 personas. Casi todos los Estadios, todas las Arenas, todos los Gimnasios, todos los Palacios Deportivos fue- ron construidos ciertamente en la Época de Oro. 10 000 Estadio Nacional 25 000 Parque Asturias 45 000 Estadio de la Ciudad de los Deportes Estadios de futbol 40 Años Crecimiento de los aforos en 40 años aproximadamente 70 000 Estadio de la Ciudad universitaria México 68 105 000 Estadio Azteca 199 Una nueva cultura - La cultura del fútbol Una nueva religión - El fútbol Deporte MUSICA Tiempo Radio DEPORTE Novelas Radio Novelas M úsica o i d aa r L Otros Deporte LAS FORMAS DE Deporte Beisbol COMUNICACIÓN FUTBOL Comics Revistas Tiempo Diarios Otros Comics LaTelevisión Deporte espectáculo Deporte DEPORTE MUSICALES Tiempo Musicales Y es en este mismo lapso de tiempo (aprox. 40 años) en el que somos testigos de un desarrollo sorpresivo y explosivo de los espacios para el fútbol espectáculo: desde la simpleza y sen- cillez en su diseño tal como podríamos considerar al Estadio Nacional y el Parque Asturias, pasando por el Estadio Olímpico de Fútbol de la Ciudad de los Deportes, de cierto, de mayor complejidad hasta llegar al Estadio Olímpico de la Ciudad Uni- versitaria –el México 68– de gran belleza y extraordinario dise- ño; con cupo de 10,000 hasta 70,000 espectadores y que tal como es su respuesta espacial de contenido arquitectónico, podríamos considerarlos como los que se ubican, los que aho- 200 ra se clasifican como los correspondientes a la primera genera- ción. Habrían de transcurrir casi 20 años para que se construye- ra un espacio propicio para el deporte espectáculo que alber- gara a más de 100,000 fanáticos y que por sus condiciones de funcionalidad y manejo de los espacios se considera como un receptáculo correspondiente a la segunda generación. En aquel tiempo (fines de los años sesenta) era evidente que el Estadio Azteca presentaba un avance proyectual y un nivel tecnológi- co, que ofrecía al espectador nuevas alternativas espaciales para lograr mayor comodidad para el goce del espectáculo, tal es el caso de los palcos a los cuales se puede acceder directamente en forma vehicular por parte de los tenedores de dichos espa- cios. Por supuesto que esta forma del disfrute era lo más avan- zado para esa época. Muy pronto el deporte espectáculo, bien fuera asistiendo a los estadios o palacios de los deportes, o a través de la tele- visión, habría de desplazar a las otras formas de recreación: el espectador –ente receptor– se enseñorea muy rápidamente sobre el actor; el que participa (el espectador) en forma pasiva sobreabunda al hombre activo; las formas de recreación diná- micas, creativas, activas sufren cambios sustanciales durante los últimos años de la Época de Oro. Y dentro de las primeras, ha de ser el fútbol, el que ocupe el trono, el que señorea. El Estadio El Palacio La primera La segunda La tercera generación generación generación El Estadio El Estadio Nacional Azteca ? La Arena El Parque Asturias El Estadio México 68 1930-1960 1969 201 El Béisbol, el Box, la Lucha Libre, que ciertamente también formaron parte sustantiva de los múltiples representaciones deportivas de le Época de Oro, sin embargo, rápidamente fue- ron desplazados por el fútbol. El fenómeno del fútbol, camina, por darle un origen como espectáculo, desde aquel Necaxa de los “once hermanos” – los Pichojo, los Chamaco García, los Loren, los ‘Moco’ López Izquierda: Los ocios se aprenden. etc., cuyo sobrenombre manifestaba por sí mismo cual era el (Janus, 7, 1966:142). Derecha: Equipo Necaxa, “Los once carácter del propio grupo de futbolistas así como el carácter hermanos”, del libro de Ángel Fernández. de aquel fútbol: un deporte fraterno, eminentemente recrea- tivo de hecho así lo eran todos los deportes– hasta aquellos primeros “clásicos” entre “los morenos” del Atlante –equipo del pueblo– en contra del España o del Asturias –equipos con- formados por aquella pléyade de extraordinarios jugadores exiliados de la guerra española– y que representaban a la cas- ta contraria a la de los morenos; pero, en ambos casos, aque- llos primeros ídolos deportivos –los Horacio Casarín, los Mar- tín Vantolrá, los Lángara– fueran nacionales o extranjeros; se encontraban en una cercanía, en una gran accesibilidad ante sus fans, ante su público, no resultaba difícil encontrarse con ellos en la calle, en el barrio o colonia una vez terminados los encuentros. La mercadotecnia estaba en pañales, su impacto aún no era trascendente. Era el génesis, era la Época de Oro. Dentro del deporte espectáculo de aquellas décadas no deseamos pasar por alto aquel evento que también marcó un hito dentro de la propia Época de Oro y que dejó una bien 202 formada y amada huella sobre todo en un público, en fanáti- cos singulares, como lo eran los estudiantes del Instituto Poli- técnico Nacional –los Burros Blancos del Poli– y la Universi- dad Nacional Autónoma de México –los Pumas de la Uni–. Todos los encuentros deportivos entre estas dos instituciones –las máximas casas de estudios de aquella época– quedaban opacados ante “El Clásico” de fútbol americano que una vez al año contendían entre ellas. Al aproximarse el evento y el día del evento mismo se des- bordaba la pasión –en todo este tiempo la recreación, en su extenso universo, se manifestaba de una manera espléndida: las prácticas de los futbolistas, las novatadas, la subasta de los novatos, el paseo de las madrinas, las porristas, los cohetes, el encuentro mismo, todo un tiempo delicioso, de ensueño–, pero, y esto es lo espléndido, y era lo común: no más allá de lo meramente deportivo y una forma de confirmar esto son las vivencias que se tuvieron de cómo las porras de uno y otro equipo repartían propaganda invitando a los estudiantes, al público de los dos bandos a comportarse como correspondía a su carácter de estudiantes –hubo excepciones para confir- mar la regla, no todo pudo ser perfecto. Inmensa pasión, dignidad y orgullo; no importando cual fuere la institución a la cual se apoyara con porras y gran en- tusiasmo. Todo un espectáculo, hermoso espectáculo que al recordarlo en detalle, cierto es que podrían escribirse varios libros alrededor de este tema. Este evento de colosal emotividad, culminaba cuando los fanáticos del equipo vencedor prendían sus antorchas –de papel periódico– como una señal conceptual, brillante, lumi- nosa del equipo que había vencido; el equipo vencedor res- plandecía; iluminado, el perdedor padecía en la oscuridad.85 Así como en la radio, en las revistas, la televisión, las Bellas Artes y el Cine se vivieron momentos culminantes, históricos dentro del mundo de la recreación, el Deporte Espectáculo tam- bién tenía que dejar en esta Época de Oro una huella única, histórica, amada, bella y singular, a través de los dos eventos máximos de carácter mundial: uno en su culminación plena y el otro en su etapa de preparación y de los cuales, en aquellos tiempos que ahora son motivo de nuestro estudio, no nos cabe la menor duda, aún y cuando la comercialización ya se mostra- ba en abundancia, pero de ninguna manera alcanzaba en ese 85 Esta práctica del prendido de las antorchas también se llevó a cabo durante la Ceremonia de Clausura de los Juegos Olímpicos México 68 para gozo, sorpresa y admiración de los asistentes y del mundo que lo presenció. 203 tiempo los niveles de brutal manejo de intereses que a muy corto plazo habría de llegar contra la recreación. Así es, toca a la Ciudad de México el ser sede de los XIX Juegos Olímpicos a realizarse en 1968 y conocidos como los México 68 y, lindando con esta etapa dorada, es que se con- cede también a nuestro país el organizar y llevar a cabo el Campeonato Mundial de Fútbol México 70. Izquierda: Inauguración de los Juegos Un privilegio concedido por primera vez a un país: Los Jue- Olìmpicos de México 68, Enriqueta Basilio porta la antorcha olímpica. gos olímpicos y la Copa Mundial de Fútbol. La vivencia de la Derecha: Estadio Olímpico México 68 recreación elevado a niveles sublimes por los eventos deporti- situado en la Ciudad Universitaria de la vos en sí mismos, por todo lo que alrededor de ellos se daba y, Ciudad de México. sobre todo, por lo que los Olímpicos representaban en su peso (México 68, bol. 2, [s. a.]:264, 108). histórico dentro de la recreación. Dejo a cada lector recordar los momentos máximos que se vivieron desde el día de la inauguración en donde vimos uni- dos, cumpliendo con el símbolo de los Juegos Olímpicos –los cinco aros entrelazados– las razas, los credos, los colores, las lenguas, los sexos de todos los atletas de los múltiples países del mundo, dando culto a la recreación. Se vieron inmersos en ella de manera sublime y este efecto, esta condición vivencial se extendió para todos, principalmente para aque- llos que tuvieron el privilegio de asistir a ambas ceremonias, inauguración y de clausura de los mismos. Todo, todo, hasta el último rincón, “olía” a recreación, se desbordaba ésta por todos los poros de atletas, público en el estadio y público te- levidente, el culto a la recreación física no era mayor que el culto a la Mental y a la Espiritual, debido a que esa experien- cia, vivencia, en absoluto, inmerso, extasiado estaba dentro del englobe de la recreación Los ganadores, los Campeones Olímpicos, los nuevos dio- ses, no importando del país que fueran, eran aclamados, so- bre todo si éstos eran mexicanos. 204 Los Bob Beamon con su marca extraordinaria (8.90 m) en salto de longitud, Vera Chaslavska en gimnasia y por supuesto los “Tibios” Muñoz, los Roldán, los Delgado entre otros mu- chos extraordinarios atletas, eran reconocidos así como en la Antigua Grecia, como los nuevos dioses. Era, sin haberse pensado en esto ¡desde luego!, el cierre, el Broche de Oro de toda una Época, la de Oro de la Ciudad de México, de México mismo. El Deporte de Alto Rendimiento Nos atrevemos a decir que de hecho el concepto –Deporte de Alto Rendimiento– era relativamente nuevo en nuestro país, de tal manera que con motivo de la organización de los Jue- Arriba:El sargento Pedraza. gos Olímpicos México 68, fue que al no existir la mayoría de Abajo: El “Tibio” Muñoz es felicitado. ellos o bien no cumplir con las normas requeridas para tal Derecha: Corredores de 5 000 m. evento, fue que se dio prioridad a la remodelación y construc- (México 68, bol. 3, [s. a.]:111, 355, 68). ción de espacios arquitectónicos, que hicieran posible el en- trenamiento y la competencia de las diferentes disciplinas de- portivas. Así es, una vez otorgada a la Ciudad de México la sede de los Juegos Olímpicos en el año de 1963, los directivos del deporte mexicano se avocaron a tal propósito. En ese tiempo, la Ciudad de México se encontraba con gran- des limitaciones de espacios deportivos capaces de satisfacer plenamente los requerimientos correspondientes y que, cierta- mente a excepción de los clavados en donde la figura de Joa- quín Capilla brillaba con luz propia en natación, al igual que Humberto Mariles en equitación, en los demás deportes, sobre todo en el más popular –el fútbol– la participación de México había sido pobre9 de tal manera que podríamos indicar que no existía una disciplina deportiva que se pudiera llamarse de alto 9 Las medallas obtenidas a través de los años en la participación de los Juegos Olímpicos así lo confirman. 205 Arriba: Velódromo Olímpico. rendimiento; era más bien una disciplina deportiva doméstica Centro: Palacio de los Deportes. y que por lo tanto no pretendía, ni podía en esos momentos Derecha: Mapa de la Ciudad de México lograr buenos resultados. Nos encontrábamos lejos, muy lejos indicando las instalaciones olímpicas. de introducirnos a la Cultura del Deporte de Alto Rendimiento. (México 68, bol. 2, [s. a.]:197, 89). Los niveles económicos, educativos, nutricionales, por nombrar algunos, no daban para más dentro de nuestro pequeño mun- do deportivo. Esta realidad, más que motivo de crítica o desencanto, nos permite confirmar que el verdadero mundo de la recreación física, mental y espiritual eran satisfechas en esta Época de Oro que el impacto, y claramente aún sin un gran desarrollo mer- cantilista de los Juegos Olímpicos, no pasaba de considerarse como un evento –como un espectáculo– bello, hermoso, signi- ficativo, pero que ocurría sólo cada cuatro años en el mundo y 206 en el país seleccionado previamente... la cultura de los Juegos Olímpicos nos llegó y no sólo esto, sino que nos inundó, y des- de luego, se tenía que hacer frente a tal compromiso. Así es como se construyen espacios propios para tal efecto, en algu- nos casos, se adaptan unos y se restauran otros. Como ya se mencionó, la cultura del Deporte de Alto Ren- dimiento, en esos tiempos de México 68 y Campeonato Mun- dial de Fútbol 70, no formaba aún parte de nuestra estructura deportiva, los espacios que había y que sirvieron como foro para llevar a cabo las diferentes disciplinas olímpicas fueron “flor de un día”. Su utilización posterior ha sido sumamente limitada en unos casos y en otros el cambio de uso de algunos de esos espacios ha sido totalmente ajeno para lo que fueron Arriba: Sala de armas. diseñados. La huella que dejaron todas aquellas edificaciones Abajo: Alberca Olímpica. se borró rápidamente y con esto queremos afirmar que la hue- Derecha: Estadio Azteca. lla de la Recreación es muy distinta a la huella del Sacrificio de (México 68, bol. 2, [s. a.]:99, 117, 94). Alto Rendimiento y cuya definición podríamos concretarla como sigue “Dolorosas sesiones de entrenamiento” y para aquella época de Oro no era la excepción a pesar de que como decimos al inicio de este capítulo: el Alto Rendimiento era to- davía una disciplina doméstica. La vida cotidiana de algunos de nuestros campeones olímpicos posterior a sus días de glo- ria confirman esa “huella del Alto Rendimiento”. Un reclamo Muchos y maravillosos recuerdos, vienen a nuestra memoria y que al echar nuestra mirada hacia atrás, nos llenan de gozo, pero también de nostalgia por aquella época de oro; y no es la tristeza o amargura las que nos mueve a recordar sino la maravillosa perspectiva que se daba en un país en pleno de- sarrollo y cuya grandeza estribaba en la búsqueda continua y constante del hombre nuevo. La efervescencia que vivía el pueblo de la Ciudad de Méxi- co a través de las múltiples formas de recreación que se le ofrecían todos los días, a todas horas; llenaban su vida coti- 207 diana. El pueblo crecía, se fortalecía, era lleno y esta forma de vida fue confundida por los gobernantes y por los líderes una vez más; se había olvidado la historia nuevamente, de tal ma- nera que a esa forma de vivir se le confundió: El pueblo vivía en plenitud, pero los que estaban en el poder político y eco- nómico se equivocaron y pensaron que lo que se estaba ofre- ciendo era “Pan y Circo”; creyeron que el pueblo inmerso en esa dicha y felicidad que se ofrecían en multitud de recreos se había convertido en un simple espectador, en un oyente, un ejemplar incapaz de discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo que le era conveniente y lo que le hacía daño. Esa maravi- llosa perspectiva se truncó: La grandeza del pueblo contra los apátridas, los corruptos, los líderes venales cuyo amor al dine- ro y al poder habría de ir sembrando poco a poco, paso a paso grandes males. Esta máxima era ciertamente el sello que des- de la misma etapa dorada, llenaba la vida y acción de los go- bernantes y los líderes hasta la locura misma; de aquellos que solamente vieron a México y a la Ciudad; a su patria como un botín y dentro de este universo, por su impacto, por su poder de convocatoria el deporte –como forma de recreación– ha- bría de convertirse en parte de ellos. Aquel “Cuerno de la Abundancia” con el que se identifica- ba la forma de la República Mexicana y que era la manera en que se les enseñaba a los estudiantes de educación primaria en el inicio de los años de la Época de Oro, habría de ser el botín mayúsculo y por consiguiente, la recreación en todas sus mani- festaciones también tenía que sufrir las consecuencias, y unas de ellas, las más importante fue el olvido y la manipulación. El divorcio entre pueblo y gobierno tendría resultados muy graves a fines de la Época de Oro. El movimiento del 68 era una respuesta, un reclamo a los que ostentaban el poder de- bido a que éstos, de múltiples formas y entre ellas usando seudoformas de recreación como instrumento de manipula- ción; atentaban contra lo más profundo del habitante de la Ciudad de México y del país: contra su espíritu. Es así como el sistema de Gobierno en solo treinta años se agotó, le basta- ron tres décadas –y ciertamente las de oro– para fenecer. Las consecuencias que habrían de venir sobre todo en el mundo de la recreación, serían notables en tiempos posteriores: otro hombre nuevo se estaba gestando. ..., y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Ap. 18:3b 208 C o n c l u s i o n e s La profusión en el presente documento, es acerca del de- cisivo papel de la recreación en los más diversos aspectos de la vida del hombre, desde las grandes decisiones de la humani- dad que lo llevan fuera del pragmatismo propio de toda espe- cie viva, donde logra la primera gran revolución moral y espi- ritual al maravillarse y atemorizarse de la multitud de fenóme- nos naturales que le rodean. En que aprecia las formas bellas de los animales en movi- miento, descubre la plasticidad de su propio cuerpo, paulati- namente halla variables como el ritmo, el color, la propor- ción; las adopta las admira y pule, mismas que surgirán para- lelamente como bellas artes, la pintura, la danza, la escultura; cuando de la observación y meditación de los fenómenos na- turales comienza a surgir la ciencia como un método; maravi- llado ve los fenómenos cíclicos –día y noche, sucesión esta- cional, época de lluvias; instancias que lo llevan a pasar de hombre nómada a sedentario. Con el descubrimiento de la agricultura, es cuando el ser primitivo toma conciencia y busca la forma de ofrecer tributo para dar gracias a su Dios, orar y pedir por el alimento. Aun con el desarrollo de la tecnología, no le es posible es- tar ajeno a las variables mismas de toda creación artística, ni le es propio negarse de forma alguna a los actos de Recreación, necesidad de evolución, de cambio, de entender y apropiarse del entorno; hambre, sed de conocimiento, necesidad del de- leite, del gozo de la mente, del cuerpo y del espíritu, momento supremo en la vida del clan, la tribu, sean nombrados como sociedad, y se dé comienzo a la gran revolución cultural que trajo consigo un sinnúmero de adelantos científicos, técnicos y tecnológicos, culminando en la aparición de las primeras gran- des ciudades –en la Mesopotamia, la llamada la “Cuna de la civilización”, como el espacio desde entonces hasta nuestros días donde germinan revoluciones morales, científicas y espiri- tuales para la humanidad. 209 La gran carga emotiva del portento creativo que le es in- herente al hombre desde su creación, alza un cúmulo de pie- dras –altar– con fines eminentemente de recreación espiritual, hasta la creación del templo, la plaza, el barrio y culmina en la gran escala espacial; y es como se enjambran las ciudades. Entonces, queda demostrado que no hay desarrollo sin la presencia de la Recreación, no hay justificación de la apari- ción de las ciudades, de las artes, de la tecnología, de la cien- cia, de las grandes revoluciones científicas, culturales, socia- les, si no es con el fin último de crear un nuevo hombre, una nueva sociedad. A cada período de decadencia, de desgaste del hombre, de su sociedad, la Recreación es la que usualmente coloca en alerta y predispone al hombre a razonar, pensar en una nueva forma de vida, aflorando triunfal con ideas frescas, utópicas, que muchas veces causan profundos cismas sociales que lle- van a cambiar el curso de las estructuras, rompen ghettos, li- beran a los esclavos, logrando casi siempre el objetivo princi- pal, ser un nuevo hombre, mejor. Desde la Mesopotamia, el antiguo Egipto, la Grecia clási- ca, los Mayas, los Incas, las tribus de África, es posible el en- tender cómo las formas de recreación han tenido un profun- do impacto en el desarrollo y estilo de vida de los pueblos: a través de sus bellas artes, en los templos, juegos, ritos, cos- tumbres, uso de la forma, del color, como una manera de iden- tidad y sentido del territorio. Numerosos eventos han transcurrido a lo largo de la his- toria de la civilización humana, como el Cristianismo, el Rena- cimiento, la Revolución Francesa, las constituciones política de los estados, las declaratorias mundiales de los derechos del hombre, que han dejado claramente asentado que la ne- cesidad de cambio, de reconstrucción del individuo y de sus estructuras sociales, política y económica, pueden romper con grandes inercias, injusticias, manipulaciones y mentiras. Ahora bien, como es natural a cada fin de siglo, y no está exento el actual, momento importante como lo es este recién pasado fin de milenio, surgen grandes reflexiones que en nues- tro Caso de estudio (Recreación) tienen una importancia vital para determinar el panorama que le aguarda al hombre en la centuria y milenio venidero. Al expirar el siglo XX, el llamado siglo de la Tecnología, sur- gen en todos los ámbitos numerosos cuestionamientos acerca del futuro del hombre: el cómo los recursos naturales podrán mantener a una cada vez más numerosa población humana, 210 cómo se combatirá el grave deterioro del medio ambiente, cómo convivirán en la tierra mas de 6,000 millones de habitantes y cómo se habrán de alimentar, trabajar, recrearse, vivir. A casi doscientos años de emprendida la revolución in- dustrial, y de grandes revoluciones científicas, tecnológicas y en todas las que han permitido ciertamente lograr considera- bles avances en el terreno de la medicina, la agricultura, la astronomía, la física, etc., empero, en muchos de estos cam- pos han propiciado otros fenómenos diametralmente opues- tos a la propia sobrevivencia del hombre sobre la faz de la tierra, desafortunadamente éste ha presentado negligencia, ha contaminado el agua, el aire, la tierra, ha agotado los re- cursos naturales, propiciando cambios climáticos, por solo hablar en cuanto a lo natural. El desmedido optimismo tecnológico característica del in- dividuo de la revolución industrial, está comenzando a ser cuestionado porque se ha dado cuenta que aun con el des- pliegue de grandes recursos tecnológicos, el funcionamiento de los ecosistemas naturales y sociales no permite trastocar sus propias leyes, sus propios ritmos, que cuando son altera- dos, se revelan. A poco más de la mitad del siglo XX, cuando parecía que el hombre había llegado a la cúspide de su inventiva tec- nológica, y que ya no se podrían crear más invenciones; ni los propios dueños de las grandes corporaciones de la com- putación daban crédito a augurar este prometedor futuro, lograr construir una computadora personal para el hogar, por ejemplo. En la segunda mitad del siglo, en ese incansable afán por descubrir e inventar nuevas cuestiones, la carrera tecnológica retomó impulso. Los resultados han sorprendido. El increíble poder de las telecomunicaciones modernas la computadora per- sonal y la famosa globalización han hecho que aquellos sue- ños plasmados en las novelas de ciencia ficción como 20,000 leguas de viaje submarino, o Viaje a la Luna de aquel visionario francés Julio Verne; se hicieron realidad, ésta ha superado la fantasía: los viajes espaciales no sólo a la Luna sino a Marte, al Sol, hacia fuera de nuestro sistema solar. En cuanto al estudio de los fenómenos naturales, en éstos se han dado revoluciones científicas inmensas en las ciencias básicas como la física, la química, la biología, ya son ciencias “clásicas”. Se han formulado nuevos campos del conocimien- to: la física cuántica, la física nuclear, la biología molecular, la microbiología, la genética, la neurociencia. 211 Y, en el estudio del hombre, se han adicionado a los tradi- cionales campos de la medicina, otras como la psicología, la sociología, la psicología social, las relaciones entre el hombre y su medio, la ecología, la ecología natural y humana. Se han dado avances en las ciencias política, económica, y se han establecido una serie de documentos de incalculable valor como las Constituciones políticas de las naciones, las declaratorias mundiales de los derechos humanos entre otras. ¿Pero el estado del hombre actual, todo lo que ha creado, innovado, le permite una existencia plena, satisfecha feliz? Quizá apretar un botón (Aldous Huxley, Un mundo feliz 1931), pulsar un botón se daría paso a una solución inme- diata a muchos problemas), es lo único que hubiera hecho falta para que comenzara una catástrofe nuclear; disparar bombas a poblaciones indefensas, accionar armas bacterio- lógicas. Con un botón prender nuestra televisión (observar impá- vidamente asesinatos diarios en los noticieros, en las teleno- velas, en las películas, en video). Por el gran poder de convo- catoria que posee, numerosos especialistas la han denominado el «cuarto poder», el famoso código de censura se ha hecho invisible, sin embar- go podría ser una excelente arma educativa. Aquel hombre del territorio estadounidense durante todo el siglo XX, pregonaba la entrada al mundo de la democracia y la libertad, el liberalismo económico, pero la verdad es que sólo ha arrastrado una serie de enfrentamientos como la xe- nofobia, el racismo, la descomposición social. La contraparte comunista gritaba por una nueva patria, por una reivindica- ción social, moral del proletariado emanado del capitalismo y, qué decir de la revolución industrial. El hombre nuevo, renovado de nuestra constitución políti- ca por la que se pagó con tanta sangre y fervor al grito «tierra y libertad”. El que rompe las cadenas de la opresión social, del analfabetismo, de la enajenación, aquel hombre de los lien- zos y murales de Rivera, Orozco, Siqueiros, acaso seremos real- mente la generación “UX”, la de la falta de identidad, la indo- lente, sin personalidad, desilusionada y desesperanzada a la que ya nada impacta, le asusta, ni le ilusiona. Al igual, ha sucedido con el profundo impacto de las ac- ciones del mundo industrializado en el medio ambiente, han ocasionado entre otras cosas la destrucción de numerosos hábitats naturales, acciones propias del mecanismo industrial, aunado al fenómeno del neoliberalismo económico, y la glo- 212 balización industrial, monetaria y política, todo esto ha incidi- do en el hombre, ha sufrido numerosos trastornos que alteran el frágil equilibrio que hay entre ellos. Las diferencias culturas, sociales y económicas se han acen- tuado, menos ricos más pobres, situación que ha permitido y promovido una descomposición social proliferando fenóme- nos como la delincuencia, la drogadicción, la violación, la desintegración familiar, la migración; ciudades enteras que hasta hace apenas unos 20 o 30 años eran espacios vivos, amables, hoy han sucumbido, y la vivimos como lugares don- de el miedo reina, la corrupción aflora y lastima a todos. Ante esta problemática, desde la segunda mitad del siglo XX, se han estado estudiando en primera instancia, el cuidado y la preservación del medio en aras de retornar al giro natural, elevar la producción de alimentos para evitar la hambruna que se vive en varios países. Sin embargo, una gran masa de po- blación centra todavía su confianza en la fe tecnológica. El dominio del hombre sobre sus propias invenciones pa- rece estar siendo fatalmente revertido en su contra. Por un lado, múltiples descubrimiento, invenciones y estructuras so- ciales que en un principio parecían superar leyes naturales y sociales –por ejemplo el uso de fertilizantes químicos en la agricultura, o la globalización– han tenido funestos resulta- dos para la consolidación de la cultura humana: los suelos se agotan, se envenenan los cultivos y los mantos freáticos. Con la globalización industrial neoliberal, se ha propiciado entre otros fenómenos la aparición de enormes cracks financie- ros debido a la especulación de los grandes capitales que obli- gan a los países pobres a abaratar los productos de exporta- ción y mano de obra, redundando en el drama en que los tra- bajadores migren a otro país bajo paupérrimas condiciones la- borales, resurgiendo un tipo de esclavitud del cuerpo. Con las impositivas y dañinas directrices económicas a ni- vel mundial y nacional, alarmantemente se percibe cómo los que se consideran dueños del mundo, han hecho un nuevo tipo de esclavitud. No sólo tratan de controlar los modos de producción, sino también el tiempo libre de la población, ofre- ciéndoles alternativas que disfrazadas bajo el nombre de for- mas de recreación, atentan contra el respeto a la dignidad humana: tienen atado al individuo dentro del maremagnum de la publicidad y la mercadotecnia, a un aparato de televi- sión, a una máquina de video-juegos, con programas que manipulan, distorsionan los sucesos. 213 Construyen imperios económicos en base al fomento del consumismo, promoviendo en forma subliminal el uso y abu- so del alcohol, las drogas, la violencia, la prostitución; pare- ciera que no saben que están atentando contra la niñez, la familia, la patria. Hay también otros padecimientos, algunos asociados al poco interés por realizar actividades físicas, dependencia a nuevas formas de adicción, a la computadora, al Internet, a los juegos electrónicos, desafortunadamente se han converti- do en un arma de sometimiento. La infiltración de la gran maquinaria publicitaria se ha vuel- to muy peligrosa para la dignidad del ser humano. Se venden de forma de arte y expresión, pero no tienen conciencia de la dicotomía entre cultura y entretenimiento, entre el conocimiento y la diversión, todo se reduce a una simple ecuación de pesos. El deporte en nuestros días es básicamente un concepto deporte-espectáculo. Igualmente se crean en él ídolos falsos: el dopaje escandaloso en las más importantes competencias a nivel local y mundial, ingesta de drogas, violencia intra fa- miliar y perversiones- con esto se pierde lo de mente sana en cuerpo sano, también aquí se inserta la funesta relación de la estructura comercial. El mal del campeonismo, es el que se ha hecho creer que de una medalla pueda depender la dignidad nacional, sosla- yando la famosa máxima de “lo importante no es ganar sino competir”, y alzando ahora “ganar no es lo más importante, sino lo único”. Ciertamente con este concepto mercantil, se ha permeado las formas del juego, las de considerar el valor de un espacio, llevando al hombre a hallarse perdido, desorientado, perder el piso, buscar donde asirse. Las alternativas de formas de re- creación para la gran masa de la población en nuestro país, y con especial énfasis en la Ciudad de México, se han ido redu- ciendo “convenientemente” según los intereses económicos de las grandes corporaciones. Ciertamente estamos lejos de alcanzar los índices espacia- les y calidad del equipamiento para las muy distintas y diver- sas formas de recreación del hombre que se presentan en los países del llamado primer mundo. Algunas obras son impactantes por su incalculable belleza y funcionalidad, sin embargo, aun en estos monumentos de belleza y comodidad del espacio, no garantizan la recreación plena del hombre, ya que la participación aparentemente febril y activa del asisten- te, ha sido descrita por muchos estudiosos como sólo una eva- 214 sión temporal que muchas veces lo lleva a actitudes de violen- cia colectiva, contrario al hombre activo, gozoso y pensante que la recreación ofrece. La realidad de nuestro país en la actualidad en función de los espacios para la recreación, deben ser el atender la natura- leza y carácter de aquellos espacios que tengan que ver con satisfacer las necesidades de recreación física, mental y espiri- tual, ciertamente toda la escala espacial, concebir un nuevo tipo de Arquitectura, una nueva Arquitectura recreativa. Las necesidades del hombre están estrechamente relacio- nadas con las actividades, es más, son las que motivan a éste a erigir una vivienda, a buscar un trabajo productivo, intelec- tual, así como a convivir con los demás a través del comercio, intercambiar productos, a utilizar un transporte, pero también necesita recreación y es en la Carta de Atenas, en donde se estampa precisamente que el carácter y diseño de los espa- cios concebidos como equipamiento urbano, tengan forzosa- mente que tomar en cuenta el fenómeno recreativo. No en balde la Arquitectura en su enorme bondad puede hacer pal- pitar el corazón, maravillarnos, recrearnos. La Planeación Urbana y el Urbanismo en general, no debe ignorar dentro de sus lineamientos a la recreación, y para con- cebir planes de desarrollo urbano y crecimiento regional, se tiene que tomar en cuenta las zonas de reserva ecológica en su entorno. Si los grandes conceptos filosóficos, políticos y económi- cos hasta el diseño de las estrategias de desarrollo, educa- ción, cultura y deporte, en las bellas artes, en el diseño urba- no, en la arquitectura, en el diseño del objeto, de la imagen; han considerado la recreación, no vemos la razón por la cual en México permanezcamos ajenos a ella. Los fenómenos de concentración de poder y riqueza en manos de unos cuantos, aunado a la incapacidad por admi- nistrar y distribuir las responsabilidades, causan un empobre- cimiento casi en todas las ramas, principalmente en lo que toca a la alimentación, educación y salud. Las ciudades de nuestro país sufren doblemente los pro- blemas del mundo industrial, por un lado, como cualquier sociedad moderna hay problemas por la contaminación y do- tación del agua, energía eléctrica y servicios de drenaje, y por otro, como ya lo mencionamos, no se destinan suficientes re- cursos económicos para dotar de los servicios y el equipamiento urbano que la población requiere, así también se nota la carencia de una rectoría para dictar, proteger y pre- 215 servar zonas de conservación ecológica y patrimonial. Debe- mos evitar que impere la fuerza del más poderoso y se haga realidad la mal llamada teoría del darwinismo social “sólo el más apto vencerá”. Los comentarios de numerosos personajes intelectuales, creen que el siglo venidero puede ser el siglo de la cultura, lo cual de ser así significaría una revalorización del hombre y su sociedad puesto que la cultura es eminentemente un reflejo de la vida humana. Si el siglo XX fue el siglo de la tecnología y la máquina, el XXI puede ser el del regreso del hombre a la naturaleza. En la actualidad ya se están dando algunos vislumbres res- pecto a ello, por ejemplo, ya hay tiendas donde se expenden solamente productos provenientes de cultivos orgánicos. El reciclaje de numerosos materiales, está comenzando a ser cada vez más usado. La investigación tiende a que los vehículos dejen de funcionar con combustibles fósiles altamente conta- minantes y varios fenómenos más nos hacen albergar espe- ranzas de que la grave contaminación del medio natural pue- de comenzar a disminuir su ritmo. Desafortunadamente, estas acciones se han tomado des- pués que se descubrieron los agujeros en la capa de ozono, que se realizaron estimaciones de los porcentajes de deforestación de las selvas tropicales, que se establecieron comparativos para determinar los cambios climáticos en la biosfera y que han provocado fenómenos especiales como los tornados, los huracanes. La propia naturaleza nos está enviando mensajes de aler- ta, severas lecciones. Ella sigue teniendo sus propios ritmos. Se deben modificar los modos de producción y desarrollo, evitar seguir con la explotación desmedida de los recursos naturales, respetar el equilibrio ecológico; asumir una postu- ra responsable. Pero, intenciones no son logros. Otro señal importante, es en la preservación del medio y los ecosistemas culturales, la fuerza bruta de los más moder- nos ejércitos como el imperialismo económico, o la tremenda corrupción que parece haberse enseñoreado en todos los ámbitos, afectan el patrimonio de toda nación; espacio cons- truido, formas de vida, tradición, lenguas, dialectos, estilos de vida, costumbres e ideologías algunas se han extinguido o están a punto de desaparecer. Si verdaderamente se logra el renacimiento de un hombre nuevo, se presenta una nueva oportunidad, no sólo es un nuevo siglo, es un nuevo milenio, él debe encontrar la clave 216 para lograr el equilibrio entre sus necesidades de apropiación del entorno y las leyes naturales y comunitarias, debe darse un tiempo para la recreación, la reflexión, de lo contrario ver- daderamente sus estructuras perecerán. 217 C o m e n t a r i o s Iniciar una lectura del presente escrito de Humberto Rodríguez García es sentirse imbuido de la curiosidad por las propuestas que este incansable pensador pueda desarrollar, y que nos tiene acostumbrados en su trayectoria como docente y maestro guia- do por un espíritu apacible, pero a la vez tormentoso por no saberse comprendido y siempre en busca de su verdad en el concepto de la recreación como uno de los efectos fundamen- tales en la vida de las personas. En muchos cambios de opiniones siempre ha prevalecido una fuerte y antigua preocupación de su tema, disintiendo con lo que nosotros hacemos por dejar un poco de preocupación de su tema, disintiendo con lo que nosotros hacemos por dejar un poco de lado su gran objetivo. Si bien en otros escritos podrían parecer sus manifiestos aven- turados, el transcurrir del tiempo y las proyecciones a futuro es- tán indicando para los próximos cincuenta años del nuevo mile- nio, se está planeando el uso del tiempo libre, como requeri- miento indispensable, que cada vez ha de ser mayor necesidad y preocupación. Esto está señalando que nuestro amigo, tuvo la serenidad reflexiva suficiente para indicarnos el camino correcto necesario en una de las acciones más importantes de las actitudes del hom- bre, adelantándose a su tiempo. En víspera del cambio de siglo parecen alteradas las circuns- tancias de vida, como si una fecha con el sólo transcurrir deter- minara nuevos rumbos, sin permitirnos retrotraernos al pasado histórico. Siendo éste la principal temática que el autor consigue por un momento detener el tiempo y señalarnos los tiempos que la hu- manidad ha vivido y en cada uno de ellos cual ha sido la participa- ción de la recreación en sus distintas manifestaciones. En este libro, el autor vuelve a sorprendernos porque la te- mática se ha generado con un estilo distinto, como si hubiere encontrado la concomitancia entre la paz de su espíritu y la ex- presión comunicativa para que se lo comprenda. 219 Sin lugar a dudas, que lo ha logrado por que este manifiesto es un claro documento con profundo sustento histórico, en una secuencia clara y profunda que le da todos los argumentos y fundamentaciones que su propuesta requiere para expresar con total claridad conceptual sus definiciones. Del análisis de sus páginas interpretamos como se especifi- can los conflictos entre la modernidad y sus consecuencias por una parte y los valores morales necesarios para configurar un ecosistema razonable vivible. Recorriendo la historia, donde comienza la actividad física dedicada alas Deidades, generando los espacios urbanos y de confrontación, sumergiéndonos en un gozo espiritual, donde se identifican los avances de la humanidad hasta llegar al hombre moderno. Es un recorrido en el tiempo que nos transporta de manera dúctil a recorrer y a comprender y recordar los acontecimientos que motivaron nuestra civilización, donde la independencia del espíritu ha permanecido en forma constante pese a sufrir las contingencias de cada momento. La segunda parte de esta entrega agrega una invalorable cantidad de información y las relaciones entre sí, que transfor- ma el presente en un texto de fundamentaciones históricas con un caudal de actuaciones de nuestra realidad actual, que para quienes tienen la responsabilidad proyectual en lo urbanístico como arquitectónico deberán consultar y tener en permanente consideración. Sin dudar, éste es un documento. Otto A. Papis Santa Fe, Argentina Es especialmente grato poder responder al pedido del amigo Humberto Rodríguez, con el cual nos une un profundo afecto por el tema de la recreación y el deporte, pero no deja de asom- brarme que estando en la misma profesión tengamos caminos tan diferentes, él en la investigación de este tema apasionante, y yo en la parte práctica del proyecto y la construcción Es también de destacar la profundidad del análisis que se hace tanto de la recreación en general, como la de México en particu- lar, y las importantes conclusiones a las que arriba. No es un tema fácil, pero esta muy bien manejado, documentado y clarificado con explicaciones que hacen imposible no entender su sentido. 220 Son muy importantes las conclusiones a las que llega en la página 32, y es en esa re-creación de los conceptos de recrea- ción donde radica la importancia del estudio. En el uso y disfrute del tiempo libre, más importante aún cuando se trata de niños y jóvenes, tiempo libre pero no ocio- so, tiempo de formación, tiempo de creación y de re-creación, fenómeno histórico social que comienza a penetrar el tejido comunitario y a incidir en el desarrollo personal y de grupo. Pero no todo son rosas. No estoy en un todo de acuerdo con la categorización y diferenciación del deporte. Entiendo que el deporte abarca un universo muy amplio, que parte del formativo escolar hasta lle- gar al alto rendimiento y pasando en el medio por toda la gama que nos involucra como amateurs, practicantes de fin de sema- na, integrantes de equipos competitivos o de amigos. El deporte constituye, en conjunto con la televisación de los encuentros deportivos, el mayor movimiento de esfuerzos, capi- tales e inversiones, sponsors y deportistas, de nuestros tiempos y como tal es un fenómeno digno de mención. Si decimos que en Argentina se televisarán al final de 1999 un total de 1,720 partidos de fútbol, nos acercamos al tema, sin contar con el rug- by, tenis, polo y otros eventos nacionales e internacionales. La recreación, como una forma del deporte (hermanita me- nor) es también objeto de la televisación y programas de re- creación de Alemania o USA son vistos en todo el mundo. Es recreación el tratar de subir por un trampolín enjabonado?, creo que sí, lo mismo que las pruebas de fuerza de los leñado- res o los que arrastran coches o los que levantan tronacos como pesas artesanales. Es recreación el caminar por puentes plásticos mojados y ves- tidos con absurdos vestidos?, creo que sí, tanto como jugar a las canicas, que nosotros llamamos “bolitas” y donde yo también tenía mi “cachuza” o el “bolón” que me daba ventaja. Es recreación también el jugar a las figuritas, tirándolas contra la pared; es recreación todo aquello que a alguien le haga pasar un buen momento, rodeado de amigos y con ple- nitud en su hacer. Pero tal vez me interesaría resaltar lo más importante del estu- dio de Humberto Rodríguez, partiendo de unas premisas que normalmente no están dentro de nuestro repertorio de elemen- tos de análisis, pero que no por eso son menos importantes. Hoy nos falta espacio físico para la recreación. Recientemente un estudio del Instituto de Estudios Estraté- gicos Internacional de Londres, con motivo de los análisis de la 221 guerra urbana, estimaba que en el 2020 el 70% de la población mundial vivirá en áreas urbanas, en las ciudades. El 12 de octubre de 1999 éramos 6,000 millones de habi- tantes y la proyección para el 2020 es de 7,160 millones, lo que aunado al número anterior nos dice que un total de 5,012 millo- nes estarán radicados en ciudades, de todo tipo y tamaño. Los países en vías de desarrollo representan más del 95% del creci- miento demográfico desde inicios de siglo. Y nos va a faltar más espacio para la recreación Y también es tiempo de los planificadores físicos, para que incluyan desde ya y permanentemente el concepto de reserva de tierra en los planes urbanísticos, dedicadas al tiempo libre y el deporte, como una consecuencia lógica del crecimiento de las ciudades: si vamos a tener tanto aumento de población, tam- bién debe crecer la ciudad en su calidad de viviendas, medio ambiente, espacios verdes y espacios recreativos. En el año 2050 según algunas proyecciones habrá 8,900 millones de habitantes en el planeta, tomando en cuenta que anualmente se suman 78 millones de personas. La expectativa de vida pasa de 46 a 66 años, y los medios de comunicación y la globalización, como dice el filósofo Fran- cisco Jarauta, “esta globalización determina una homologa- ción cultural del mundo, tanto en los modos de vida como en las formas del pensamiento”. Contra este movimiento están los fenómenos de resistencia territorial de la identidad. Es el momento de la posidentidad. Y nos va a faltar el espacio para la recreación. Si como dice Alvin Toffler en la “Tercera ola”, las mismas generan cambios transformadores en la historia humana, po- demos hacer un paralelo y decir que la primera ola en la evolu- ción deportiva fue el resurgimiento del concepto “deporte” a partir de Pierre de Coubertin y el comienzo de los Juegos Olím- picos modernos, en tanto la segunda (ya finalizada en algunos países), lo fue el afianzamiento como disciplinas con sus entes rectores. La tercera ola ya comenzó, es el negocio-deporte-espec- táculo. Y esta ola trae las complejidades de nuevas instalacio- nes y la utilización de nuevas y mejores tecnologías. No podemos ir en contra de esta ola: Lindsay Davenport al vencer recientemente a Martina Hingis en el Master femenino de tenis, ganó un premio de us$ 500,000; la Eurocopa 2004 en Portugal va a ser un negocio pues la Unión Radiofónica Europea va a pagar 432 millones de dólares por los derechos de transmi- sión de televisión; el Borussia Dortmund, equipo de fútbol alemán, 222 cotiza en la Bolsa de Valores y el ejercicio 1998/99 presentó un volumen de negocios record de 87 millones de dólares. La última: Pete Sampras al ganarle la final a Andre Agassi del Master masculino de tenis, se llevó un premio de $ 1,385,000 dólares, y eso que esta tercero en el ranking. El sociólogo Pierre Bourdieu, al hablar de que el mercado hace cultura, dice que “la búsqueda de máxima ganancia con la búsqueda del máximo público es exponerse a perder el pú- blico actual sin conquistar otro. Se trata de una lucha entre un poder comercial que intenta extender a todo el universo sus intereses particulares y los de los que lo dominan y una resis- tencia cultural, basada en la defensa de las obras universales”. Esto no lo vamos a poder modificar, es una realidad del mercado de hoy del deporte, pero nos hace falta más concep- to de espacio urbano, del equipamiento de las ciudades ver- des, más estacionamientos, más vías de circulación. Por eso debemos estar preparados. Y esta parte del deporte es parte de la globalización, parte de la televisión, parte del incremento de la importancia del deporte como negocio, parte de los sponsors. Pero hoy esta con nosotros para quedarse y entonces de- bemos vigilar que el confort y la seguridad en las instalaciones deportivas sea tal, que permita esa aglomeración de gente re- unidas para ver un espectáculo deportivo-recreativo-negocio- espectáculo. El trabajo de Humberto Rodríguez García llena una enor- me laguna en la cual se hunden a veces ilusiones y otras reali- dades. Pero en la medida que estemos dispuestos a luchar, siempre encontraremos que la recreación es al hombre lo mis- mo que la calidad al aire que respiramos. Arq. Aldo Barbieri Complacida de compartir un nuevo trabajo investigativo del maestro Humberto Rodríguez y haciendo un gustoso esfuerzo adentrándome en el pensamiento del hermano país de México, el Maestro Rodríguez hace honor a su formación profesional como arquitecto y utiliza el urbanismo como hilo conductor de esta notable última producción, en la que nos permite constatar que es tan sencillo recrearse a sí mismo al hablar de la recrea- ción; hecho este que, por sí solo otorga a su obra un valor ex- cepcional al demostrarnos la lucha activa del ser humano de 223 “superar, superándose” en el desarrollo de cada idea. La rique- za de detalles a lo largo de su narración facilita identificar al pro- pio autor como el “Hombre Nuevo”, idea central de la que gira alrededor, el desarrollo de su presente aportación, pero que, además significa uno de sus más sólidos objetivos. Como prototipo del espíritu de la mexicanidad, el arqui- tecto Rodríguez, se reconoce como testigo-espectador del pro- ducto resultado de la historia de su Patria y en especial de su ciudad capital de la que nos habla con una exquisita senci- llez, lo que nos permite conocer un poco más de su bello y muy querido país. Una obra ligera en su estilo y a la vez profunda y excelen- temente documentada tanto en su forma como en su fondo. Muchos y muchas se beneficiaran de ella y bien que puede internacionalizarse por su riqueza localista. El maestro Rodríguez seguirá produciendo para el regocijo de quienes lo conocemos fuera de su país y orgullo de sus com- patriotas. Maestro Rodríguez excelente obra para finalizar el siglo y entrar al nuevo milenio pensando en la recreación y el hombre nuevo. Lic. Clemencia Conejo Chacón Arq. Otto Papis. Santa Fe, Argentina. La trayectoria del estudio comienza en el año 1967 y si bien, la tarea ha incluído a todas y cada una de las temáticas posibles en el campo arquitectónico, su especialización en obras para el ámbito deportivo es simultáneo. En ese mo- mento comenzaron las primeras tareas proyectuales para el Instituto Nacional de Educación Física de la ciudad de Santa Fe. A través del tiempo se fue concretando la especialización mediante cursos de formación implementados por la IAKS en el marco de un Convenio de Colabora- ción Argentino-Germano con la organización e intervención en Congresos, Diser- taciones, Publicaciones y tareas profesionales específicas, incluyendo la participa- ción en la organización y/o la estructura deportiva de torneos internacionales. Algunas experiencias: Asesor Técnico de la Secretaría de Deportes de la Nación para la planificación de los programas de infraestructura deportiva 1994-1995. Coautor de la planifica- ción General de la Estructura Nacional Deportiva y Recreativa de Costa Rica 1994-1995. Cursos especiales de Arquitectura Deportiva en las Universidades de Buenos Aires y Santa Fe. 1988, 1989, 1992. Asesorías varias a nivel del Sector Público y Sector Privado en relación con la infraestructura deportiva 1969-1995. Arq. Aldo Barbieri. Buenos Aires, Argentina. Actualmente se desempeña como profesor titular asociado de la materia «Ma- terialización de espacios de alta complejidad en Arquitectura Deportiva». Tam- bién participa como profesor titular de la materia «Análisis de Proyectos De- 224 portivos» en la Universidad del Salvador (licenciatura en Deportes). Profesor en Seminarios especializados sobre instalaciones deportivas en la Universidad de Palermo. Presidente de la Asociación de Arquitectos en instalaciones deportivas, es miem- bro del grupo de deporte y recreación de la Unión Internacional de Arquitectos y Secretario coordinador Panamericano del mismo grupo de trabajo. Miembro del grupo internacional de trabajo para instalaciones Deportivas y Recreativas (IAKS) de Colonia, Alemania. Recientemente nombrado Presidente de la Sección Latinoamericana y del Caribe (IAKS-LAC) también participa como Coordinador Internacional de los Congresos Panamericanos de Educación Física, Deporte y Recreación del «Area de especial interés en arquitectura para el Deporte». Miem- bro del Grupo Internacional de Arquitectura, Deporte y Recreación (GIA-DREF); autor de libros y artículos sobre la especialidad; por ejemplo: Arquitectura Depor- tiva I, Arquitectura Deportiva II. Lic. Clemencia Conejo Chacón. San José de Costa Rica. Ha participado como académica en el Consejo de la Administración de la Edu- cación física, del Deporte y la Recreación . fundadora de la Escuela de Ciencias del Deporte y Directora de la misma en la Universidad Nacional. Exdirectora Nacional del Deporte de Costa Rica. Asesora de la Nueva Legisla- ción y creación del Instituto Costarricence del Deporte y la Recreación. Miem- bro de la Comisión de futbol femenino de FIFA, representante del CONCACAF. Vice-presidenta de la Federación costarricence de Futbol. Primera mujer expresidenta del Consejo Nacional de Deporte y recreación de Costa Rica. nos Aires y Santa Fe. 1988, 1989, 1992. Asesorías varias a nivel del Sector Público y Sector Privado en relación con la infraestructura deportiva 1969-1995. 225 B i b l i o g r a f í a Adorno, Alemán y otros, “El Estado y la televisión”, en Nueva política, vol. 1, núm. 3, julio-septiembre, México, FCE (distr.), 1976. 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Se terminó de imprimir en abril de 2002 en los talleres de la Sección de Impresión y Reproducción de la Unidad y el Taller de Offset de la División de CyAD. Av. San Pablo 180, Col. Reynosa Tamaulipas, Del. Azcapotzalco, 02200 México, D.F. El tiraje fue de 300 ejemplares.