INf~ hRREDONDO VIDA VALERO y ALEJANDRA HERRERA- in duda, uno de los grandes cuentos de la litera- tura mexicana del siglo xx es "La Sunamita" de Inés Arredondo. Independientemente de su con- tenido profundamente religioso y significativo, que se abordará más adelante, la estructura de esta obra muestra el manejo ma- gistral de este género por su autora. Desde el incipit: "Aquél fue un verano abrasador. El último de mi juventud." ("La Sunamita", p. 88), empieza a operar la intensidad del cuento. Julio Cortázar define la intensidad como: "[ ... ]la eliminación de todas las ideas o situaciones interme- dias, de todos los rellenos o fases de transición que la novela permite e incluso exige." ("Paseo por el cuento", pp . 335, 336) Así, pues, sin preámbulos, el lector se ve envuelto en la trama y se enfrenta a una serie de interrogantes: ¿Quién cuenta?, ¿qué pasó?, ¿por qué ese verano se señala como un punto sin retor- no?, ¿en dónde ocurre la historia que será relatada? Estas pre- guntas son resultado de la efectividad de la línea ya citada . Inés Arredondo, como sólo los grandes escritores, atrapa a su lector y no lo dejará ir, sin antes terminar el cuento y contestar las preguntas iniciales, resultado de una tensión que, mediante la dosificación de datos y claves, irá in crescendo. A veces, dice • Departamento de Humanidades, UAM-Azcapotzalco. 27 Cortázar "[ ... ]la intensidad es de otro orden, y yo prefiero darle el nombre de tensión. Es una intensidad que se ejerce en la ma- nera con que el autor nos va acercando lentamente a lo contado. Todavía estamos muy lejos de saber lo que va a ocurrir en el cuento, y sin embargo no podemos sustraemos a su atmósfera." (lbid. , p. 336) En el caso de este cuento, Inés Anedondo se vale de estos dos aspectos estructurales, para crear el clima que rodea a sus personajes y envuelve a sus lectores . Así es como aparece la imperturbable Luisa, protagonista de esta historia, en el segun- do párrafo de l texto. Ella es la narradora, ella es quien, desde su modo sereno de estar en la vida, relata la necesidad de acudir al llamado de un tío moribundo. Las fra ses sueltas, dichas como sin importancia apuntalan la tensión narrativa: "[ ...] ningún es- tremecimiento, ningún augurio me hi zo sospechar nada." (Anedondo, loe. cit.) Las palabras "estremecimiento", "augu- rio" y "sospechar" generan, en el lector, pues nada es gratuito, la certeza de que algo extraño, desagradable e incluso trágico ocurrirá. Pero, ¿qué es? La siguientes páginas describen el encuentro de Luisa con su pasado infantil y con el tío -quien fue casi un padre para ella-, ahora moribundo. A su llegada al pueblo, las voces lejanas, oÍ- das en su infancia, se escuchan nuevamente, propiciando así un ambiente de ensoñación y nostalgia, que trasc iende el espacio narrativo, para envolver al lector en una articulación de pala- bras, plena de significados en donde las imágenes animan los recuerdos, a tal grado que los vuelven realidades. Este es ellen- guaje que da cuerpo y materia al texto de Inés Arredondo: No, no recordaba, viv ía a medias, como entonces. 'Mira, Licha están flore- ciendo las amapas.' La voz clara, casi infantil . 'Para el dieciséis quiero que te hagas un vestido como el de Margarita I barra. 'La oía, la sent ía caminar a mi lado , un poco encorvada, li gera a pesar de su gordura, alegre y vieja; yo seguía adelante con los ojos entrecerrados, atesorando, mi vaga tierna angusti a, dulcemente sometida a la compañía de mi tía Panchita, la herma· na de mi madre. (Loc. eir .) 28 Temo y vorioClones 22 En esta cita destaca la fra se "vivía a medias, como entonces", porque evidencia una falta de satis factores que tiene que ver con la infancia vivida por la narradora, una niña recogida por la caridad de los tíos, por tanto, sometida a sus deseos y normas de conduela. Parece que es ahora, en el momento del regreso, cuan- do ella se encuentra segura de si mi sma. De ahí su tranquilidad al recibir el telegrama que anuncia la cercana muerte del tio. La ensoñación generada por los recuerdos, se interrumpe al toque de campanas de la iglesia que termina con la siesta, es el fin de ese momento en el que el calor agobiante sepulta a la gente en sus casas, los comercios se cierran y el tiempo se detiene. La protagonista abre los ojos y cae en cuenta de que ya nada es igual , aunque así lo parezca . Es el conflicto del viajero que re- gresa y si bien reconoce 10 que ve, hay una sensación de extra- ñamiento que le empaña los recuerdos. Es el borde del cuchillo que separa el ser del no ser: El zaguán se encontraba abieno, como siempre, y en el fondo del palio estaba la bugambilia. Como siempre. Pero no igual. Me sequé las lágrimas y no sentí que llegaba, sino que me despedía. Las cosas aparecían inmóvi- les, como en el recuerdo, y el calor y el silencio lo marchitaban todo. Mis pasos resonaron desconocidos. (lbid., p. 89) Llama la atención la frase con la que la narradora describe el reencuentro con la casa familiar: "[ ... ] no sentí que llegaba, sino que me despedía" (Loc. Cil .), la cual nos remite al illcipil : ·' EI último [ ...] verano de mi juventud." (lbid. , p. 88) Al parecer en esta historia hay una despedida, un dejar de ser, una renuncia a la vida y, por tanto, una espera de la muerte. Pero, el lector toda- vía no sabe en qué términos se dará tal cambio, únicamente se encuentra seducido, atrapado en el río de palabras que Inés Anedondo desborda. Así , el lector que ya ha intuido que no se augura un buen final , se olvida de él y se deja llevar por un ambiente relajado y \ranquilo en el que Lui sa reencuentra un pasado del que casi ya no hay memoria, el de su niñez y adolescencia. Las converS3- Vida Valero y Alejandro Herrero 29 ciones con el tío, los cuidados que la sobrina le prodiga, las ta- reas domésticas revelan a una Luisa serena, alegre, que com- parte y revive los lejanos recuerdos a través de diálogos que podrían darse entre "[ ... ) los abuelos con sus nietos." (Loe. Cil.) De esta forma, la protagonista reconstruye la historia familiar, los objetos cobran vida: [ .. .] este anillo de montura tan antigua era de mi madre, fijate bien en la miniatura que hay en la sala y veras que lo ¡jene puesto [ ... ] Vol vían a hablar, a respirar aquellas señoras de los retratos a quienes él había visto, tocado. Yo las imaginaba, y me parecía entender el sentido de las alhajas de la familia. (Ibid., p. 90) Así, pues, los objetos testigos de la historia infanti l de Luisa renuevan su significación, la atmósfera de ensoñación creada por la autora abre una puerta para que el lector con sus propios recuerdos transite por ese espacio propicio para la memoria, por la evocación de épocas pasadas, por todo lo que conforma su historia. Y así el cuento rompe sus propios limites para que el lector participe en la experiencia estética. A diferencia de la tragedia o la épica, el cuento no habla de héroes, sus temas pueden ser cotidianos, lo que ocurre en las vidas cada día, sin embargo: "Un cuento es significativo cuando quiebra sus propios limites con esa explosión de energía espiri- tual que ilumina bruscamente algo que va mucho más allá de la pequeña y a veces miserable anécdota que cuenta." (Cortázar, op. Cil., pp. 33 1, 332) Por otro lado, el ambiente es de un calor agobiante, parece como si el calor fuera para Inés Arredondo una obsesión que presenta de manera diferente en sus cuentos. En su análisis de "Estío", Antonio Marquet sostiene: {. .. J al intenso calor corresponden cambios profundos, no sólo en la casa, sino en el cuerpo y en la mente. El calor promueve un momento de intensa corporalidad, de ofu scamiento y por ello de comprensión y, por último de conclusión. Aparentemente resulta absurdo el encadenamiento del ofusca· miento como precondición para comprender y sin embargo, el calor como 30 Tema y variaciones 22 una especie de coartada remite al erot ismo, que permite percibi r pasiones ocultas , marcadas por el tabú del incesto. (" El hombre araña y Edipo a través de Inés Arredondo, Angelina Muñiz~Huberman y Mayra M ontero", p. 3 13) En "La Sunamita" el calor se equipara a la vida, son los días luminosos durante los cuales la gente trabaja y canta, sale de sus casas y se integra a las labores cotidianas. (Cfr. Arredondo, op. cil ., p. 94) Como se verá más adelante en el cuento, es también el clima que propicia los deseos carnales y graves trans- gresIOnes. Por otra parte, los días de lluvi a en este pueblo - cuya ubica- ción geográfica se desconoce- , son días de retiro, ya que nadie sale de sus casas, días espirituales porque: "[ ... ] todos se reco- gen y esperan a que la vida vuelva a comenzar. Son días [ ... ] casi sagrados." (lbid., p. 93) Así, los días de lluvia son prácticamen- te muertos y el frío también se relaciona en este contexto con la muerte, es un frío que viene del cuerpo del moribundo y que hace necesaria la salida al corredor para poder respirar el aire caldeado. Parecería, entonces, que el calor es igual a vida, llu- via y frío , igual a muerte . Pero no es así de esquemática esta división, durante los días lluviosos una rosa acompaña lejana, pero sol idariamente el sufrimiento de Lui sa: [ ... ] ahora comienza a amanecer y en el cic lo limpio veo, ¡al fin! , que los días de lluvia han terminado. Me quedo largo rato contemplando por la ventana eómo cambia todo al nacer el so l. Un rayo poderoso entra y la agonía me parece una mentira; un guzo injustificado me llena los pulmo~ nes y sin querer sonrio. Me vuelvo a la rosa como a una cómplice, pero no la encuentro: el solla ha marchitado. (lbid ., p. 94) De modo que el sol, fuente primigenia de calor y de vida, marchita la rosa, ésta muere con sus primeros rayos, metáfora que augura el destino de la propia Luisa, tan joven y bella como la efimera flor. Otro augurio que deja verdaderamente angustiada a Luisa es el trueno que anuncia inútilmente una lluvia que no se desata : Vida Valero y Alejandra Herrera 31 "Una tarde oscurecida por nubarrones amenazantes [ .. .] Me quedé quieta, escuchando aquel grito como un trueno, el primero de la tormenta [ ... ] Nadie sabe como yo lo terribles que son los presagios que se quedan suspensos sobre una cabeza vuelta al cielo." (Ibid. , p. 90) Y efectivamente, empieza el via crucis de la protagonista. Es el momento en el que Don Apolonio está agonizando, pero, ¿por qué tanta alteración, si precisamente iba a acompañar al tío a la hora de su muerte? Inés Arredondo da la respuesta a través del sacerdote, quien pide a la narradora, a nombre de su tío que se case con él in articulo mortis para here- darle su fortuna; y es aquí donde ella pierde el control de si mi sma y de su entorno. En un ambiente fantasmagórico, muy propio de la literatura gótica, en el que las sombras se contraen y se dilatan por las llamas de las velas, la protagonista cede a la presión de los otros: parientes, criada y sacerdote, que a toda costa quieren que el matrimonio se efectúe. Apenas razona: "¿Por qué me quiere arrastrar a la tumba? [ ... ] Senti que la muerte rozaba mi propia carne ." (Ibid., p. 91) Esther Avendaño tiene razón cuando vislumbra en esta esce- na los tintes de una danza macabra. (Cji: Dialogo de voces. ell la narrativa de fllés Arredondo, p. 84) En primer lugar, habría que destacar la plasticidad de la descripción del ambiente, puede afirmarse que se trata de un cuadro expresionista que el lector tiene frente a sí, en el que la iluminación se da a través de la luz producida por las velas que hacen más dramático el claroscuro de las sombras de objetos y personajes. Además, el contenido ideológico del poema medieval, La dallza de la muerte, alude a la igualdad entre todos los seres humanos, a la hora de morir. Este poema anónimo se estructura a partir del diálogo que se da entre la Muerte con diferentes tipos de personas, que van desde el más alto clero y la nobleza, hasta los de los más bajos estratos soc iales; incluso con los que profesan diferentes religiones. "A todos lo que aquí non he nombrado,! de cualquier ley e estado o condición,! les mando que vengan muy toste priado,! a entrar en mi danza sin excusación [ ... ]" (La da liza de la muerte, p. 96) 32 Temo y variaciones 22 Luisa y su tío se igualarán, ella seguirá siendo joven, pero su alma, después de vivir la experiencia del matrimonio, se tomará tan decrépita como el cuerpo de Apolonio . El miedo que el matrimonio le provoca a Luisa se irá acre- centando frente a los acontecimientos por venir. Como poseída, como si otro actuara por ella, entre arcadas generadas por la náusea y repulsión hacia el anciano, Lui sa pronuncia un lacóni- co "sí ", con el cual la boda se realiza. El lector no puede olvidar la frase de la prima que tratando de convencerla le dice: "-y luego te quedas viuda y rica y tan virgen como ahora." (Arre- dondo, op. cit ., p. 92) Pareciese que su condición virginal hu- biese sido tan notoria que hasta su prima subraya la convenien- cia práctica del matrimonio: la herencia sin perder la virginidad. y aquí es donde ocurre que después de la paz que encontró los primeros días en la casa familiar, seguirá el infierno. Luisa se siente profundamente amenazada, la pregunta, dadas las condi- ciones, podría ser ¿de qué? Todo indica que el tío morirá, pero la actitud y conducta zozobrantes de Luisa envuelven al lector en una atmósfera de horror. A tal grado es el sufrimiento de la joven que en la cuarta noche nupcial se suma a la respiración estertórea del tío, como un juego que la atrae porque su final habrá de ser fatal : la muerte de los dos. Ella prefiere morir a sentirse atada al viejo. El ambiente tampoco consuela el ánimo de la narradora, son aquellos días de lluvia en los que todo se detiene, pero la mente de Luisa no descansa, el horror la ronda constantemen- te, ahora es el terror de la muerte no consumada: "La muerte da miedo, pero la vida mezclada, imbuida en la muerte da un horror que tiene muy poco que ver con la muerte y con la vida [ ... ) y esto no, el pacto terrible entre la vi da y la muerte que se manifestaba en ese estertor inútil , podía continuar eternamen- te ." (lbid., p. 93) Así, pues, el conflicto de este cuento es el lazo conyugal que se establece entre el tío y la sobrina, pero se desconocen mu- chos datos de Luisa ¿por qué se viste de negro antes de acudir al Vida Valero y Alejandro Herrero 33 llamado de su tío?, ¿qué pasó con sus padres?, ¿por qué vivió la infancia y la adolescencia en casa de los tíos?, ¿por qué se fue de ella?, ¿a dónde se fue?, ¿a qué se dedica? Probablemente Inés Arredondo podría conocer todas las respuestas, pero no las explicita, pues sabe que en un cuento es innecesario dar santo y seña de lo que no atañe directamente al conflicto. No importa, pues en el espacio ficticio del cuento aparece Luisa sin historia previa, lo que el lector verá es su desvanecimiento frente a una determinada situación en la que la autora logra: "[ ... ] ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aisla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. " (Cortázar, op. cit., p. 335) Como se mencionó al inicio de este ensayo. "La Sunamita" presenta un alto contenido religioso. La transgresión a las nor- mas de la doctrina cristiana, pecados, aparece en varias ocasio- nes. Quizá el pecado más grande y castigado por todas las reli- giones es la soberbia, pues consiste en sentirse por encima de los demás e, incluso, equipararse con Dios; Luisa cae en él, aun- que aparentemente de manera inconsciente . En primer lugar, ella tiene en alta estima el valor de la virginidad, por lo menos no hay indicios de que no sea virgen, en cambio, sí hay claves que aluden al rechazo de Luisa para relacionarse con los hom- bres; por ejemplo, cuando recuerda que en su adolescencia su tia Panchita le decía: "-Bueno, hija, si Pepe no te gusta ... pero no es un mal muchacho." (Arredondo, op. cit., p. 88) Y más aún cuando la narradora se describe a sí misma: Tensa, concentrada en el desafio que precede a la combustión , la ciudad ard ía en una sola llama reseca y des lumbrante. En el centro de la llama estaba yo , vestida de negro, orgullosa, alimentando el fuego con mis cabe- llos rubios, sola . Las miradas de los hombres resbalaban por mi cuerpo sin mancharlo y mi alt ivo recato obl igaba al saludo deferente. Estaba segura de tener el poder dc domeñar las pasiones, de purificarlo todo en el aire encendido que me cercaba y no me consumía. (Loe. cit.) 34 Tema y variaciones 22 Puede verse en esta cita que Luisa no sólo aleja a los hom- bres con su "alti vo recato", sino que su pureza la hace capaz de pemlanecer en el fuego sin quemarse, también tiene el poder de mantenerse por encima de las pasiones; se siente bella y satisfe- cha de laj uventud de su cuerpo, es casi como una diosa ¡ntocada por los bajos instintos. Muy pronto Luisa verá que no está tan exenta de desencadenar pasiones de manera irreversible. Contra todo lo esperado, Don Apolonio mejora, ni el médico mismo se explica cómo. Sin embargo, Inés Arredondo sí lo ex- plica, es otro pecado el que hace que el viejo repare las fuerzas: la lujuria. Lo que enciende la pasión del viejo es justamente aquello que había ensoberbecido a Luisa, la juventud de su cuer- po, su rubia belleza y quizás sobre todo esa virginidad que ella esgrimía como un escudo que hacía que los hombres se mantu- viesen a distancia. De ahí el miedo al lazo conyugal que implica el deber y obligación de la entrega. La desesperación de Lui sa es tal que no acepta la realidad del matrimonio, continuamente piensa que ese infierno no puede continuar: El miedo, el horror que me producían su vista, su contacto, su voz, eran injusti ficados porque el lazo que nos unía no era real, no podía serlo, y sin embargo yo lo sentía sobre mí como un peso, y a fuerza de bondad y de remordimientos quería desembarazarme de él. (Ibid., p. 94) En este contexto, surge otro pecado: el quinto mandamiento de la ley de Dios ordena: "No matarás". Evidentemente Luisa no va a ahogar a su tío ni encajarle una navaja, pero no puede soslayar su creciente deseo de que ya se muera: "Yo lo seguía cuidando, pero ya sin alegría, con los ojos bajos y descargando en el esmero por servirlo toda mi abnegación remordida y exa- cerbada: lo que deseaba ya con toda claridad, era que aquello tenninara pronto, que se muriera de una vez." (Loc. cit.) Quizá pocos escri tores, como Inés Arredondo, para transpa- rentar e l alma: siempre debatiéndose en la contradicción , entre hacer y no hacer, entre decir y no dec ir, entre el deseo y el deber, en suma : entre el bien y el mal. Vida Va/ero }' Aícjundro Herrerc, "'j5 Luisa, conocedora de las trampas que el ser humano y la religión católica imponen, sabe que el trabajo en penitencia hace resarcir el alma de la culpa, de una culpa que no corresponde a un hecho consumado, sino, como diría Freud, a una fantasía, mero mecanismo de defensa frente a la hostilidad del mundo real. La descarada lujuria del tío aparece con su notable mejoría, sin embargo, la invalidez causada por su edad lo hace depender absolutamente de Luisa, y mientras ella lo atiende, percibe su lúbrica mirada : Precisamente la mañana en que lo senté por primera vez recargado sobre los almohadones sorprendí aquella mirada en Jos ojos de mi tío. Hacia un calor sofocante y lo había tenido que levantar casi en vilo. Cuando lo dejé acomodado me di cuenta: el viejo estaba mirando con una fijeza eslrábica mi pecho j adeante [ .. .] (lbid., p. 95) La voz de aquel padre que regalaba a Luisa las joyas de las mujeres de la familia y que revivía los añejos recuerdos, ahora se vuelve dominante y regañona, demandante y exigente. En ese ambiente hostil y repugnante, llega la hora tan temida y pa- radójicamente negada por la protagonista, es el trueno que aho- ra no presagia, sino desata la tormenta: - Recoge el libro. Se me cayó debajo de la cama, de este lado. Me arrodi llé y metí la cabeza y casi todo el torso debajo de la cama, pero tenia que alargar lo más posible el brazo para alcanzarlo. Primero me pareció que había sido mi propio movimiento, o quizá el roce de la ropa, pero ya con el libro cogido y cuando me reacomodaha para sa lir, me quedé inmóvil , anonadada por aquello que había presentido, esperado: el desen- cadenamiento, el grito, el trueno. Una rab ia nunca sentida me estremeció cuando pude creer que era verdad aquello que estaba sucediendo, y que aprovechándose de mi asombro su mano temblona se hacía más segura y más pesada y se recreaba , se aventuraba ya sin freno palpando y recorrien- do mis caderas; una mano descamada que se pegaba a mi carne y la estru- jaba con de leite, una mano muerta que buscaba impaciente el hueco entre mis piernas, una mano sola, sin cuerpo. (/bid., pp. 95 , 96) 36 Tema y variaCiones 22 La eficacia de la descripción de esta escena sórdida, a través de una sinécdoque, causa, probablemente, más en las lectoras que en los lectores, una identi ficación con la protagonista, me- diante la cual se entra en una atmósfera de pesadilla donde no se puede menos que compadecer a Luisa y al mismo tiempo, tal como ocurría en la representación de una tragedia, surge el miedo de vivir una experiencia similar. La adjetivación que la autora da a la mano del tío: "temblona", "descamada", "muerta", "sola", en suma, "sin cuerpo" configura un ambiente de repugnancia y asco, y al mismo tiempo le confiere al relato un tinte irreal, fan- tasmagórico, gótico: oscuridad, muertos que reviven, miembros sueltos y autónomos. Todo esto hace dudar a Luisa de la reali- dad de este suceso. Después de esta escena, Luisa ya no tiene regreso ni posibili- dad de ser la misma de antes, en este momento cobra sentido la frase que señala aquel verano como: "El último de mi juventud." Ahora el tío le exige que sea su mujer: "-¡Qué! ¿No eres mi mujer ante Dios y ante los hombres? Ven, tengo frío caliéntame la cama. Pero quítate el vestido lo vas a arrugar." (lbid. , p. 96) Esta cita justifica plenamente el epígrafe del cuento: "Y busca- ron una moza hermosa por todo el término de Israel, y hallaron a Abisag Sunamita, y trajéronla al rey.! Y la moza era hermosa, la cual calentaba al rey, y le servía: / mas el rey nunca la conoció [en sentido camal]." (Reyes 1, 3-4, apud, Arredondo, p. 88) Sin embargo, se trata de una nueva versión del mito de la sunamita, la de Inés Arredondo, ·que se desarrolla en la provin- cia mexicana y probablemente corresponde a la primera mitad del siglo xx. Así, pues, los mitos universales por su misma na- turaleza se narran y se repiten en diferentes modalidades y mo- mentos, pues siguiendo a Mircea Eliade: "Todo mito, indepen- dientemente de su naturaleza, enuncia un acontecimiento que tuvo lugar in iIlo lempore y constituye por este hecho un prece- dente ejemplar para todas las acciones y ' situaciones ' que, más tarde, repetirán este acontecimiento." (Tratado de historia de las religiones, p. 385) Vida Valero y Alejandro Herrero 37 Por lo tanto, el mito bíblico de la sunamita se repite cuando se establece la relación entre un viejo y una joven , claro que con sus variantes, por cierto este asunto ha sido un tópico en la pin- tura medieval , por ejemplo en las obras de El Bosco y Cranach. En este cuento, el tío Apolonio, además de que le caliente la cama - como la Sunamita al rey David-, sí, desea carnalmente a sujoven sobrina. De ahí el pavor que ha tenido Luisa desde el día del matrimonio . Ella sabe que éste es un vínculo sagrado y que por tanto no hay escapatoria, una vez dicho el sí, sólo la muerte del tío o de ella podrá separarlos, de ahí el deseo de que muera el tío, o incluso ella, ya que no puede con el vínculo, la única salvación es la muerte. El matrimonio es un acontecimiento trascendente que cambia todo para el creyente, el divorcio no es una posibilidad concreta y menos en esa época. Tomando en cuenta que el tío ha sido una figura paterna im- portante para Luisa, y aunque no hay lazos consanguíneos que los unan - pues él era el esposo de la hermana de su madre- , de todas formas, puede hablarse de otra transgresión: el incesto. Si bien no hay ninguna razón que explique la prohibición del incesto es un hecho que éste es un tabú tal como lo describe Roger Caillois: Se presenta como un imperativo categórico negati vo . Consiste siempre en una prohibición, nunca en una prescripción. No estájuslificado por ningu- na consideración de carácter moral. No debe ¡nfringirse por la única razón de que es la ley y que define de manera absoluta 10 que está permitido y lo que no lo esta. Se halla destinado a mantener la integridad del mundo organ izado y al mismo tiempo la buena salud fisica y moral del ser que lo observa. (El hombre y lo sagrado, p. 17) Así, el incesto, aunque no lo sustente ninguna razón, es una prohibición y transgredirla implica una violación al orden cós- mico y social. En "La Sunamita", el tío no tiene el menor reparo en abusar sexual mente de Luisa , aunque haya sido para ella un padre, un abuelo. Por su parte, la protagonista tampoco alude al parentesco como causa de la repugnancia que el viejo le produ- 38 Temo y variaciones 22 ce. Tal parece que ésta se debe a su deseo de mantenerse virgen, pues para ella "[ ... ] la lujuria [es] el más horrible pecado." (Arredondo, op. cit., p. 96); y, desde luego, al horror que le pro- duce la cercanía erótica y decrépita del tío. Por otra parte, el contexto social aprueba la unión, pues aparentemente es inofen- siva por transitoria, es una solución pragmática para que la so- brina reciba sin problemas la herencia del tío. No obstante, el tiempo pasa y, como ya se mencionó, el tío reclama sus dere- chos de marido. El trauma para Luisa es tan grande que pierde toda noción: "Todo continuó suspendido en el tiempo, sin futu- ro posible." (Loe. cit.) Ante este callejón sin salida, la protago- nista huye, pero el apremiante aviso de que el marido se muere la hace regresar, no sin antes acudir al confesor y relatarle el infierno en que vive . Sin embargo. a éste no le interesa ni el incesto, ni la lujuria de Apolonio: "Comprendo, pero si no vas será un asesinato. Procura no dar ocasión, encomiéndate a la Virgen, y piensa que tus deberes ... " (Loe. cit.) En resumen, a lo que el sacerdote alude con "tus deberes" es a los de esposa, el matrimonio es un vínculo que - como todo lo sagrado-- pro- duce sentimientos de miedo y respeto: no tiene salida. Y si a esto añadimos la actitud machista tan propia de la época y, so- bre todo, en la provincia, Luisa está en completa desventaja frente al ahora marido, pues bien sabido es que el hombre de la casa es quien tiene en sus manos el poder. La respuesta que el sacerdote da a Luisa refuerza esta ideología cuando aconseja a la joven que regrese junto a su esposo, Fues de no hacerlo sería tanto como matarlo, es decir, ella debe seguir sometida al yugo matri- monial. Por otra parte, cuando le dice: "[ .. .] procura no dar oca- sión [ .. .j", de alguna manera está responsabilizándola de la lu- juria de Apolonio, cuando si algo no desea Luisa es la cercanía erótica. Es justamente ese rechazo, su recato lo que enciende la pasión del viejo, aunque esta mi sma actitud de ella era la que mantenía a di stancia a otros posibles pretendientes. Pues bien , cuando Luisa regresa forzada por el consejo de su confesor a la casa de su marido, éste revive otra vez. Vida Valero y Alejandro Herrero 39 Toda narración relata un conflicto de la índole que sea, la resolución, para bien o para mal , del problema necesariamente producirá un cambio, una transformación, ya sea en los perso- najes o en las situaciones. En "La Sunamita", el cambio opera sobre todo en los protagonistas, Apolonio pasa de un estado moribundo a otro saludable, y de tío complaciente a marido lu- jurioso. Lui sa pasa de ser una figura virginal a la más completa abyección, según ella como si fuese la peor de las suripantas. El lector, sin embargo, puede llegar a desconfiar de la versión que ofrece la narradora de sí misma, ya se sabe que la primera voz es siempre parcial y subjetiva, y aún más porque al inicio del cuento, Luisa se autodescribe como un ser capaz " [. .. ] de dome- ñar las pasiones, de purificarlo todo en el aire encendido que me cercaba y no me consumía." (Ibid., p. 88) Pero, como se ha visto a lo largo del texto, no ha sido así; al contrario desata los deseos y las pasiones a tal grado que, casi al final de la historia, dice de sí mi sma y de su entorno: "Ahora la vileza y la malicia brillan en los ojos de los hombres que me miran y yo me siento ocasión de pecado para todos [ .. .]" (Ibid., p. 96) De este modo, la prota- gonista asume que su vida se transformó después del matrimo- nio, y así confiesa: "[ .. .] yo no pude volver a ser la que fui ." (Loe. cit.) Luisa cambia , efectivamente su virtud ha sido mancillada, pero la perspectiva desde la que ella se miraba y veía su entorno, es completamente subj etiva, pues antes se sen- tía capaz de dominar los instintos de los hombres, y no pudo hacerlo, el tío la sometió a su lujuria ; ahora se siente que todos los hombres ven en ella un objeto de deseo camal , pero esta percepción es tan arbitraria como la primera, es ella la que se persigue, la que se castiga, pues en realidad no cambia la rigi- dez de su espíritu y sus valores religiosos y morales se mantie- nen intactos. En este cuento de Inés Arredondo, lo que presencia el lector es el desvanecimiento de la personalidad de Luisa, una persona- lidad sostenida débilmente por los valores de la fe católica, que son para ella lo único de lo que pudo apropiarse dada su preca- 40 Temo y variaciones 22 ria situación infantil ; la religión es su refugio, su puerto seguro. No obstante su desintegración se debe a que esos valores reli- giosos, no pueden ser el único sustento de una vida, y de ahi la significación del cuento. No se trata de una tesis de la autora, sino de una posible lectura que surge a partir del propio texto. Para Luisa el principio fundamental que rige su vida es la pure- za, la virginidad, por eso concibe a la lujuria como el peor de los pecados, mantenerla es su orgullo, motivo que la llena de sober- bia. Su ceguera le impide cuestionarse sobre su propio proce- der, le impide, también, defenderse, pues el tío dependía abso- lutamente de ella, sin embargo, ella se somete, porque su fob ia la rebasa. La protagonista es castigada duramente, pues el casti- go está dentro de ella, por eso no tiene escapatoria. Puede inferirse, entonces, que no es válido mantener como eje de la vida un solo valor, pues existen otros que redimen al ser huma- no y penniten que su vida se dé a través de otras opciones éti- cas, tanto afectivas como existenci ales. La posibilidad de darle significación a un tema, y así propo- ner en un texto diversas lecturas, diferentes interpretaciones, nuevos descubrimientos de la condición humana, hace de Inés Arredondo la gran cuentista que muestra en cada uno de sus relatos el domi nio nada fácil del ofic io de escritor. BIBLIOGRAfíA Directa ARREDONDO, Inés, " La Sunamita, en Obras completas, 3a. edición, México, Siglo XX I, 1998, pp. 88-96. (Los once rios) In directa ANÓNIMO, La dallza de la lIluerte, edición de F. A. de Icaza, Madrid, Códice del Escorial, 1920. Vida Valero y Alejandra Herrera 41 A VENDAÑO-CHEN, Esther, Diálogo de voces en la narrativa de Inés Andando, México, Universidad de Occidente, 2000. 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