UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA, Unidad Azcapotzalco DIVISIÓN DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES Maestría en Planeación y Políticas Metropolitanas MEMORIA, IDENTIDAD Y PARTICIPACIÓN DE LOS JÓVENES DE LA COOPERATIVA DE VIVIENDA PALO ALTO, CIUDAD DE MÉXICO Moisés Alejandro Quiroz Mendoza Tesis para optar por el Grado de Maestro en Planeación y Políticas Metropolitanas Miembros del Jurado: Dra. María Cristina Sánchez-Mejorada Fernández Landeros Directora de Tesis Dr. Héctor Quiroz Rothe Dr. Jerónimo Díaz Marielle México, Ciudad de México, junio, 2019 “Esta tesis fue elaborada con el apoyo económico de Conacyt”. 1 Resumen: Esta investigación aborda las formas de reproducción y apropiación de la memoria, la identidad con los valores cooperativistas y las estrategias de participación de los jóvenes que habitan la cooperativa de vivienda Palo Alto. La cooperativa está ubicada en la Alcaldía de Cuajimalpa en la ciudad de México, a un costado del conjunto Arcos Bosques y se constituyó en 1972 para construir vivienda de tenencia colectiva en ese lugar donde habían vivido y trabajado como mineros desde la década de 1940. La reproducción de la memoria es un ejercicio de apropiación de acciones pasadas y enseñanza de valores que le dan identidad al grupo e implican acciones deseables a toda persona que se identifique con el grupo. La participación tiene diversas motivaciones desde la integración a un grupo hasta la obtención de vivienda y sus niveles van desde el nivel más básico de informa- ción hasta la participación comprometida en proyectos. Ser joven implica además participar bajo la expectativa de los adultos y al mismo tiempo desde la posición de personas jóvenes en un contexto de ciudadanía diversa. La primera generación participó para satisfacer su necesidad de vivienda y logró la consolida- ción de la cooperativa, la construcción de la gran mayoría de viviendas actuales y la creación de los valores y de las memorias cooperativas. La segunda generación participó por la defensa de la cooperativa y se enfrentó a un contexto político y económico poco favorable para la coopera- tiva. Los jóvenes de la tercera generación han adquirido memorias de la cooperativa que los vincu- lan por vía familiar a la lucha por el derecho a la vivienda. Su participación en actividades co- lectivas desde niños les ha permitido asimilar valores cooperativos y participar con acciones de rescate de la memoria. Pero la inexistencia legal de la cooperativa y la falta de mecanismos de integración para jóvenes ha impedido que gran parte de ellos participen de forma más compro- metida e incluso ha generado críticas a la cooperativa y la Asamblea de socios. Palabras clave: Juventud, Participación, Memoria, Identidad, Cooperativas de vivienda. 2 A la memoria de Hermelindo Mendoza Flores. Gracias por enseñarme las cosas importantes de la vida, por enseñarme a bus- car mis sueños y por enseñarme a trabajar con las manos. Gracias por luchar, siempre. A la memoria de Luz Arias Nieto. Gracias por enseñarme a luchar por mi espacio, por enseñarme a no temer al fuego y por decirme siempre la neta cuando más lo necesitaba. Gracias por su amor. 3 ÍNDICE Introducción .......................................................................................................................... 6 Memoria, identidad y participación de los jóvenes ......................................................... 13 Identidad y memoria ......................................................................................................... 13 La juventud y la pluralidad democrática........................................................................... 19 Ciudadanía y participación ............................................................................................... 24 Producción social del hábitat y Cooperativas de vivienda ............................................... 30 La lucha militante, la formación de la cooperativa Palo Alto, 1940-1985 ..................... 37 La ciudad industrial y el crecimiento urbano de la ciudad de México ............................. 38 La política de la modernidad, corporaciones oficiales y organizaciones independientes en el acceso al suelo urbano para vivienda .................................................................................. 41 Las corrientes de izquierda confluyen en la mina de arena Palo Alto .............................. 49 De la Unión de Vecinos del km 14 al 15 a la Cooperativa de Vivienda Palo Alto .......... 56 La construcción de un proyecto autogestivo..................................................................... 62 Continuidad y disidencia de la organización Cooperativa ............................................. 71 El fin del modelo de sustitución de importaciones y el nacimiento de la ciudad postindustrial .......................................................................................................................... 72 La transformación del espacio en el poniente de la ciudad de México ............................ 74 Apertura democrática e institucionalización de los movimientos urbanos ....................... 77 El retraimiento del compromiso cooperativo.................................................................... 83 La disidencia y el fin formal de la organización cooperativa en Palo Alto ...................... 90 Tercera generación, de la lucha militante a la participación democrática ................. 102 El boom del poniente, la transformación urbana ............................................................ 103 Los problemas sensibles de la comunidad ...................................................................... 107 La memoria adquirida y la identidad de los jóvenes de la cooperativa .......................... 116 El Derecho a la Ciudad ................................................................................................... 126 La participación de los jóvenes ....................................................................................... 130 Espacios de participación ............................................................................................... 133 Canales de participación ................................................................................................. 135 Estrategias de participación ............................................................................................ 138 Restauración de murales ............................................................................................. 139 Taller de intervención comunitaria ―Mejorando mis vinculaciones afectivas en mi interacción familiar‖ ......................................................................................................... 142 4 Video documental ―Cooperativa Palo Alto El Documental‖ ...................................... 145 Censo de Actividades irregulares................................................................................ 149 Aprendizajes vitales ........................................................................................................ 152 ¿Qué es Palo Alto? .......................................................................................................... 157 Colofón............................................................................................................................... 163 El papel de los jóvenes en dos experiencias cooperativas autogestivas ......................... 166 ¿Transformación o continuidad de Palo Alto? ............................................................... 173 Bibliografía ........................................................................................................................ 177 Índice de Imágenes ........................................................................................................... 184 Índice de Tablas ................................................................................................................ 185 Índice de Mapas ................................................................................................................ 186 Anexo Metodológico ......................................................................................................... 187 Descripción de la Encuesta y su aplicación .................................................................... 187 Descripción de las entrevistas y su aplicación ................................................................ 188 Encuesta .......................................................................................................................... 188 Guion de la entrevista ..................................................................................................... 191 5 Introducción Este trabajo pretende discutir el papel de la memoria, la identidad y la participación juvenil en el caso de la Cooperativa Palo Alto, cooperativa de vivienda pionera en la ciudad que Méxi- co que a más de 45 años de su fundación sigue siendo un referente para otros movimientos ur- banos populares y un caso importante de estudio sobre la autogestión urbana. La opción habitacional de vivienda en cooperativa no ha sido una solución cuantitativa- mente notable en México. Solo el Fondo Nacional de Habitaciones Populares (FONHAPO) financió numerosos proyectos de vivienda cooperativa entre 1981 y 1986, 27 proyectos con 2,082 acciones de vivienda que resultaron insuficientes para cubrir la demanda (Coulomb, 2018: 30). Sin embargo, las cooperativas de vivienda forman parte del conjunto de procesos ajenos al mercado inmobiliario regular de vivienda denominada vivienda popular o informal, que se calcula alcanza hasta el 60% de la producción habitacional en la ciudad de México. La diversidad y amplitud de estas formas de autoconstrucción es enorme y han llamado la atención de numerosas investigaciones sociales que han resaltado sus dinámicas de participación y la construcción de identidades y memorias colectivas. Siguiendo esta tónica el conocido caso de la cooperativa de vivienda Palo Alto se revela como una oportunidad para estudiar la memoria, identidad y participación de un grupo que sue- le estar excluido: la juventud. Esta investigación explora la forma en la que los jóvenes de entre 18 y 35 años han adquirido la memoria de la comunidad, las identidades que existen con la cooperativa y los mecanismos de participación para integrarse a ella. A más de 45 años de su fundación los jóvenes que no vivieron el nacimiento de la organización ni la construcción de las viviendas, pero que habitan en ella, tienen retos y expectativas muy diferentes a la de los fun- dadores. Estos cambios son apreciables en la transformación del entorno urbano, en cambios en la organización cooperativa y en la modificación de las estrategias y aspiraciones de participa- ción política. Hoy en día llegar a Palo Alto no representa un viaje a las afueras de la ciudad sino un viaje a uno de los múltiples centros que forman la metrópoli. La colonia se encuentra en una de las zonas de mayor desarrollo urbano y enfrenta una presión inmobiliaria asfixiante rodeada de edificios departamentales y corporativos que contrastan con su aspecto popular. El conjunto Arcos Bosques, Live Aqua Resort y el proyecto Residencial Agwa Bosques, que se construye sobre la carretera México-Toluca han rodeado poco a poco a la colonia modificando su entorno y amenazando su estilo de vida. La organización cooperativa dejó de existir legalmente después de un proceso de liquida- ción y expulsión de 40 familias de socios ―disidentes‖ y a pesar de ello los ―socios‖ que aún sobreviven y algunos de sus hijos se siguen organizando y celebrando asambleas propias de una cooperativa formalmente constituida. Sin embargo, la continuidad en la organización popular 6 no ha permitido el incremento del número de socios y muchos jóvenes que participan activa- mente en las asambleas no son reconocidos como pares por los socios más veteranos. Mapa 1. Ubicación de la Cooperativa Palo Alto Finalmente, las aspiraciones políticas de la lucha por el derecho a la vivienda que motivaron la creación de la cooperativa en la década de 1970 se han transformado. Actualmente los jóve- nes viven en una colonia en la que la necesidad de vivienda no es tan apremiante, por lo que hoy la lucha es por la mejora de los espacios públicos y por el derecho a participar de la vida comunitaria y a ser tomados en cuenta en la comunidad. Las generaciones sucesivas a la gene- ración fundadora se cuestionan las estrategias de participación reservadas a los socios, el objeto de la cooperativa limitada a la construcción de vivienda y plantean nuevas formas y espacios de participación que apuntan no solamente a la construcción de vivienda sino también al fortale- cimiento de lazos comunitarios, incluido el rescate de la memoria colectiva. Estos cambios profundos en las condiciones internas y externas de la cooperativa represen- tan una oportunidad innovadora de investigación sobre las cooperativas de vivienda desde una perspectiva histórica y generacional donde la memoria juega un papel importante. Estos aspec- tos han sido incluidos en algunas investigaciones sobre experiencias populares de producción del hábitat, aunque siempre de forma secundaria, mientras que el foco se ha concentrando en la generación de comunidad y en las estrategias de participación política de estos grupos. Palo Alto es un referente ampliamente conocido entre las organizaciones urbanas populares de Mé- xico y de América Latina por lo que está presente en numerosos estudios con dicho enfoque que en algunos casos han incluido observaciones sobre los jóvenes y la transición generacional. Bea Varnai estudió 7 cooperativas de vivienda en México, entre ellas Palo Alto, y menciona que los participantes de estas experiencias se ―transforman a sí mismos y su realidad social a través de un compromiso con un proyecto común y de interacciones cotidianas sin, sin embar- go, escapar de tendencias contradictorias de lucha social y autonomía, y manipulación política y prácticas clientelares‖ (Varnai, 2015: 77). Reconoce que existen relaciones desiguales de 7 poder, por las cuales los jóvenes son negados como miembros oficiales de la cooperativa, están restringidos de las discusiones y toma de decisiones y ha desgastado el interés de muchos so- cios y jóvenes (Varnai, 2015: 54). Varnai hace especial énfasis en las dinámicas de participación y en el empoderamiento in- dividual de los participantes, pero no omite los aspectos conflictivos de dichas experiencias. Entre esos el de la propiedad es quizás el más polémico por la dificultad que existe para que sea asimilada y aceptada por los miembros. Pierre Arnold también sostiene la idea del desarrollo de conciencia política y ciudadana en- tre los participantes de esas experiencias. Las cooperativas de vivienda inducen en sus partici- pantes el desarrollo ―de capacidades que permiten la libre determinación y, finalmente, la emancipación de la gente. Este es el modo de acción que garantiza la mayor satisfacción, ya que refuerza al colectivo valorando el aporte individual‖ (Arnold, 2017: 112). A pesar de resal- tar estos aspectos positivos, Arnold reconoce que estos procesos requieren un trabajo constante para evitar la pérdida del espíritu colectivo: ―los cambios progresivos en la composición del grupo, las transferencias de la vivienda a las generaciones siguientes y la progresiva ‗decolora- ción‘ de la ideología original, son elementos que pueden debilitar el espíritu colectivo y refor- zar el individualismo‖ (Arnold, 2017: 113). La experiencia de Palo Alto también se encuentra contenida como ejemplo de resistencia, lucha y organización en las producciones bibliográficas de Habitat International Coalition, cuyo director Enrique Ortiz colaboró con la cooperativa en el diseño de la colonia: Palo Alto es actualmente el hogar de 1,458 personas. En las últimas décadas se ha tenido que enfren- tar a varios intentos por dividir a la comunidad y hacerse de su tierra. Ante las presiones inmobiliarias descomunales que se dan en esta zona —definida como centro financiero del país a partir de los años noventa—, las y los socios se encuentran gestionando vivienda para alojar a su juventud, darle vida al proceso colectivo y mantener la cooperativa como única poseedora del terreno. (Habitat International Coalition, 2018: 28) Virginia Negro estudiosa de los movimientos urbanos populares en la ciudad de México, considera a Palo Alto como un excelente ejemplo de resistencia a la presión inmobiliaria. Sobre Palo Alto ha publicado notas periodísticas que abordan diversos aspectos de la cooperativa, especialmente el del empoderamiento de la mujer: Las mujeres, las amas de casas, se convirtieron en activistas políticas, luchando por el derecho a una vivienda digna, e hicieron de esta batalla una más integral, con la intención de un mejoramiento ho- lístico de la calidad de vida, encontrando soluciones que el modelo moderno de urbe no había logrado encontrar... Las mujeres de Palo Alto participan en la administración pública, se reconocen como usuarias del espacio común, y deconstruyen el modelo de varón-ciudadano universal, proponiendo otros modelos de ciudadanía donde se ponen en valor las labores de cuidado. (Negro, 2016) Elisabeth Malkin comparte este punto sobre el empoderamiento de la mujer, el desarrollo de capacidades de gestión y la revalorización personal a partir de la solución colectiva de una ne- cesidad sentida. En la cooperativa Palo Alto ―las mujeres tenían pocos derechos legales, y todos excepto unos cuantos de los 247 fundadores eran hombres‖ (Malkin, 2017). 8 La transición generacional aún no ha sido abordada en el caso de Palo Alto, hasta ahora, pe- ro es posible encontrarlo en estudios sobre otros movimientos como el del Movimiento Popular de Pueblos y Colonias del Sur (MPPCS) de Tlalpan, el movimiento de la ―emergencia india‖ de los pueblos zapotecos de la Sierra de Juárez y el movimiento del Ejército Zapatista de Libera- ción Nacional (EZLN) en Chiapas. Rosalinda Arau, en un ejercicio de historia oral, explora tres momentos del desarrollo del MPPCS. El primer momento se dio a raíz de la expropiación de tierra en julio de 1974 para la construcción del Heroico Colegio Militar. En este primer momento se organizó una Asamblea y aunque los pueblos perdieron sus tierras, se percibió como un por la apertura de un espacio de organización. En este momento su identidad como ―pueblo organizado resaltan una serie de valores que asumen como propios como es su dignidad y su espíritu de lucha‖ (Arau, 1987: 40). El segundo momento incorporó nuevos actores, en particular habitantes de colonias popula- res que se integraron gracias a un problema común, la falta de agua: El cambio de nombre de ―Campesinos Unidos‖ al de ―Lucha Popular‖ fue expresión de un cambio radical en su composición social, pasando a estar integrada principalmente por obreros y empleados. También se manifiesta un desplazamiento de la trama del conflicto que, dejando atrás su base campe- sina, pasa a ser urbano-espacial. (Arau, 1987: 45) Hacia 1980, último periodo del movimiento que estudia Arau, las demandas se ampliaron a los siguientes temas: agua, drenaje, regularización de la tenencia de la tierra, impuestos, alum- brado, transporte, caminos, limpia y protección de los bosques. El trabajo de estas demandas no se hubiera podido dar sin la integración y comunicación con otros movimientos urbanos popu- lares. Así la organización diversificó su acción hasta tocar el tema de la planeación y la demo- cracia en la ciudad: ―las prácticas democráticas de la organización popular empiezan a adquirir un sentido más amplio en términos de representar una forma de participación directa en la or- ganización de la vida en la ciudad‖ (Arau, 1987: 94). La última etapa revela la necesidad de integrar a los jóvenes con la esperanza de continui- dad, estos jóvenes si bien no se habían integrado formalmente con el movimiento sí encontra- ron otras formas de organización, participación y colaboración con el movimiento mediante las comunidades eclesiales de base y las pandillas urbanas: ―Efectivamente, constituye un reto cuando de hecho las nuevas generaciones significan hasta cierto punto, la continuidad de su lucha, pero también, en la misma existencia de las bandas está una crítica a la sociedad‖ (Arau, 1987: 85). El trabajo de Rocío Martínez Guzmán y Mario Camarena Ocampo sobre el mismo caso re- salta la importancia de las mujeres y su emancipación en el movimiento. Al tiempo que estas mujeres luchaban por servicios y por la tierra ―libraron otra batalla, esta contra toda una tradi- ción cultural: tomaron consciencia de que podían y tenían derecho a ser sujetos políticos‖ (Mar- tínez y Camarena, 2015: 150). La integración de las mujeres, la inclusión de voces diversas interesadas en la comunidad ampliaron los alcances y la visión del movimiento: ―pasó de ser un 9 movimiento por los servicios a ser una lucha por los derechos ciudadanos. La transformación de la posición de las mujeres en las luchas de los pueblos y colonias condujo a una nueva forma de hacer política‖ (Martínez y Camarena, 2015: 152). Es importante señalar el aporte de Martínez y Camarena que consiste en apuntar la impor- tancia de la memoria en el proceso de lucha y en la forma en la que la memoria del movimiento pone las pautas para valorar el ahora: ―En este proceso, la memoria juega un papel fundamen- tal, ya que siempre está presente el contraste entre cómo era antes y como es ahora, mostrándo- nos la diversidad que existe bajo la idea de lo público‖ (Martínez y Camarena, 2015: 12). El segundo caso es el de la experiencia de los jóvenes de los movimientos zapotecos y del EZLN publicados en el trabajo de Alejandra Aquino Moreschi De las luchas indias al sueño americano. Experiencias migratorias de jóvenes zapotecos y tojolabales en Estados Unidos (2012). El movimiento indígena zapoteco que Aquino estudia en Yalalag, un pueblo de la Sie- rra de Juárez, se suscribe en la llamada ―emergencia india‖, movimiento que protagonizaron diversas organizaciones civiles, cooperativas, asociaciones, frentes y otros modelos de organi- zación social. Estos movimientos se desarrollaron a mediados de la década de 1970 por la in- fluencia de los sacerdotes de la teología de la liberación. Su lucha combatió el cacicazgo e impulsó la autonomía de los pueblos con resultados que remarcan la diferencia entre el antes y el después: hoy las preocupaciones de los jóvenes tienen más que ver con la redistribución que con el reconoci- miento; posiblemente porque no vivieron, de forma tan brutal como sus padres la experiencia del ra- cismo, ni crecieron bajo un gobierno caciquil y priísta. En cambio, sí vivieron el desmantelamiento de la vía campesina de desarrollo, y la experiencia de ser parte de una sociedad global y de consumo sin poder ser consumidores y sin acceso a la libre circulación. (Aquino, 2014: 129) Aquino explora en su trabajo la posición de jóvenes indígenas frente a un movimiento so- cial que brindó a sus padres y abuelos la posibilidad de reivindicar dignidades, identidades y demandas democráticas en sus territorios que son ajenos a una realidad globalizada: El cambio de los jóvenes zapotecos ilustra los cambios de tres generaciones, la de la ―emergencia in- dígena‖, firme opositora de la migración; la de sus hijos —que migraron a finales de la década de 1980—, y la de los jóvenes que emigraron en la primera década del siglo XX (Aquino, 2014: 21) Para el caso zapatista, más reciente que el de los zapotecos, Aquino trabaja con dos genera- ciones: la generación de la lucha armada, militante e incluso clandestina y la generación de la lucha civil, sociocultural y con alcance internacional. Entre ambas generaciones existen dife- rencias fundamentales. Es una generación que nació dentro del zapatismo, de tal forma que su participación en el movimien- to no es, en principio, producto de una decisión personal; es una adscripción heredada de sus padres y reforzada por un entorno familiar y comunitario en el que todos son zapatistas [...] A todos ellos les tocó vivir un zapatismo civil, en el que la vía armada dejó de ser el camino para la lucha. (Aquino, 2014: 137) 10 Estos casos tienen puntos de encuentro y desencuentro para pensar la integración de los jó- venes en la cooperativa Palo Alto y su identidad y consecuente compromiso con el movimiento. Así, como con los jóvenes zapotecos y tojolabales, algunos ancianos de Palo Alto depositan en los jóvenes la esperanza de continuidad de su movimiento mientras que otros ven en ellos apa- tía y falta de compromiso con la cooperativa. Así la valoración de los jóvenes fluctúa entre la aceptación y la estigmatización sin que ambas perspectivas consideren la visión propia de los jóvenes y su sentir sobre el pasado y la actualidad de la cooperativa. Las generaciones actuales de estos movimientos urbanos mencionados han transitado de la lucha por derecho a la vivienda a la lucha por el reconocimiento al interior del propio grupo. Se puede decir que, así como la mujer adquirió un espacio particular en el universo de la democra- cia, los jóvenes también buscan obtener el suyo y tomar parte en la vida pública de su comuni- dad, de su cooperativa, aunque para ello se enfrenten a varios retos. Entre ellos el de la aceptación y respeto por parte de los socios y por el otro lado la aceptación y el reconocimiento por parte de ellos mismos como seres políticos con capacidad de participar. Es en este punto donde la perspectiva de la memoria y la transición generacional de los ca- sos zapotecos y tojolabales adquiere importancia. Ninguno de estos jóvenes tojolabales, zapote- cos, o paloaltenses eligieron adherirse a sus respectivas comunidades y movimientos, y su identificación con ello se ha adquirido por la transmisión de las memorias de los grandes en los más pequeños. Por ese y otras actividades sociales como las asambleas y las fiestas de la coope- rativa, los niños (hoy jóvenes) aprendieron la historia de la cooperativa, participaron de su lu- cha y asimilaron los valores e ideales de cooperación de su comunidad. La asimilación de su historia, aun cuando no sean socios de la cooperativa, sí implica la pertenencia a una comuni- dad con una fuerte identidad ligada a la lucha y la organización social que marca las identida- des individuales de los jóvenes y con ello se aprecia un sentido de continuidad del movimiento. Para poder comprender la transición generacional que experimenta la cooperativa y las perspectivas de los jóvenes es necesario hacer una revisión de la historia de la cooperativa para delinear las condiciones de desarrollo de las tres generaciones. Solo así podremos entender la posición desde la cual hablan y participan los jóvenes. Pero para poder abordar esa vía, es nece- sario realizar una revisión a los conceptos que se señalan en el título del trabajo: la memoria, la identidad y la participación. Posteriormente se presentan tres capítulos correspondientes a cada una de las generaciones, la de la fundación, la de la ruptura y la actual de los jóvenes, en cada uno de ellos se explora las condiciones espaciales, políticas y la construcción de la memoria colectiva que modelaron la experiencia de cada generación. En esta investigación se hizo uso de fuentes de información muy diversas, se revisaron los testimonios escritos de la comunidad, las tesis producidas por miembros de la comunidad y tesis sobre la cooperativa, videos, imágenes fotográficas, se trabajaron fuentes hemerográficas, datos espaciales y se aplicó una encuesta en la comunidad a 115 individuos de diversas edades. Pero sin duda la principal fuente de información provino de platicas informales, de observación directa y de entrevistas semiestructuradas con jóvenes y socios de la cooperativa que amable- 11 mente me abrieron las puertas de sus casas y me compartieron sus palabras, en total se realiza- ron 7 entrevistas a 9 jóvenes de entre 18 y 35 años de edad (Ver Anexo Metodológico). A todas y todos ellos expreso mi más profundo agradecimiento. Quiero reconocer espe- cialmente a dos mujeres increíbles, Estrella Ángeles y Lupita Cabrera, por la ayuda y amistad que me brindaron. Sus historias de vida demuestran que efectivamente otro mundo es posible. Además de los jóvenes paloaltenses pude conocer otras personas que me compartieron sus experiencias y con ello guiaron el desarrollo de mi investigación. Mi total agradecimiento a Luz Lozoya, Enrique Ortiz y Jorge Andrade, quienes colaboraron en algún momento con la Coope- rativa Palo Alto y que fueron personajes clave de su desarrollo. Gracias también a mis colegas del seminario ―Espacio urbano y memoria‖ de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia especialmente a Mariana Portal, Mario Camarena, Angela Giglia y Rocío Martínez. Gracias a los jóvenes de la cooperativa Yelitza, especialmente a Za- bad Ramírez Alcántara y a Úrsula Raviela Alcántara; y a Álvaro Aguilar Ayón, Albano Chávez Osorio y Viviana Vázquez Cabrera de la Unión de Cooperativas Tosepan de Cuetzalan, Puebla. Aunque este trabajo no presenta una perspectiva comparativa, conocer otras experiencias cooperativas me hizo reflexionar sobre el caso de Palo Alto. Gracias a la UAM Azcapotzalco una excelente institución donde encontré un camino que buscaba hace tiempo. Gracias a mis maestras y maestros por transmitirme sus experiencias y conocimientos. Gracias a mis compañeros y amigos de la MPPM, especialmente a Jennifer Diana Hernández González por ser mi coach. Gracias también a la atenta lectura, orientación y apoyo de Jerónimo Díaz y Héctor Quiroz. Por supuesto agradezco a mi profesora y directora de tesis Cristina Sánchez-Mejorada, gracias por la atenta orientación y por brindarme un abrazo solidario en los momentos más difíciles de la vida. Gracias a Daniela Olivares por avanzar juntos, por compartir este crecimiento constante y personal llamada la vida. Aunque la responsabilidad de lo expresado en estas líneas es absolutamente mía, sin ayuda de estas personas fabulosas esta investigación no hubiera podido ser realizada. Finalmente agradezco a mi familia porque mi historia de vida extiende sus raíces a sus lu- chas pasadas. Gracias a mi abuelito Hermelindo Mendoza Flores por mirar desde la sierra Mix- teca hacia la ciudad de México, por emprender la búsqueda por una vida buena, por atreverse a leer y a escribir a pesar de las prohibiciones que tuvo que enfrentar y por ser el mejor abuelo que cualquier persona podría tener. Gracias a su sueño y a su lucha fue que yo tuve la oportuni- dad de tener una educación universitaria y la fortuna de vivir y amar la ciudad de México. 12 Capítulo I Memoria, identidad y participación de los jóvenes En este apartado realizaremos un recorrido por los principales conceptos que componen esta investigación. Tenemos al menos cinco conceptos importantes que vale la pena esclarecer: la identidad, la memoria, la participación, la juventud y la cooperativa. Estos conceptos guiarán los capítulos siguientes y cobran importancia en la medida en que buscan articular de forma coherente la posición de los jóvenes en su espacio social, la importancia del pasado de la cooperativa en su formación identitaria y su derivación en un compromiso con una organiza- ción cooperativa. Este capítulo está dividido en cuatro partes. Primero abordamos la idea de memoria y su re- lación con la identidad; en la segunda parte se expone la idea de juventud y su pertinencia en la diversidad; en la tercera parte hablamos de ciudadanía y participación; y finalmente hablaremos de la cooperativa como forma de producción social del hábitat. Identidad y memoria La identidad es un concepto que ha tomado mucha importancia en las ciencias sociales de- bido a que se ha considerado que en la base de todo conflicto está un principio de defensa de la identidad (Melucci, 1999: 70). La defensa de un territorio tiene una parte sustancial de identi- dad, la exigencia de derechos de grupos vulnerables también tiene una dimensión identitaria, incluso la asociación entre personas para cualquier emprendimiento, especialmente de econo- mía solidaria, requiere de identidad entre los miembros. La teoría de la identidad permite entender la acción y la interacción social, se asume así que la identidad permite a los actores ordenar sus preferencias y escoger alternativas de acción, esto es la función selectiva de la identidad. En Factores y actores para la renovación urbana del hábitat popular en barrios céntricos de la ciudad de México 1985-2006, Anavel Monterrubio se pregunta ―¿en qué medida tanto la identidad como la actividad colectiva vinculada con un territorio constituyen instrumentos para desarrollar lógicas de acción de las clases populares en la producción del hábitat popular urbano?‖ (Monterrubio, 2014: 271). Esta misma pregunta es pertinente para esta investigación, ¿en qué medida la identidad de los jóvenes basada en la me- moria de la cooperativa constituye lógicas de participación en la cooperativa? La dimensión identitaria ha formado parte de una intensa discusión en el ámbito académico que no ha consensuado claramente qué es identidad. La identidad es un aspecto de la vida per- sonal y social que integra y convive con muchos otros conceptos importantes como pertenencia social, interacción social, representación, colectividad, sentido de pertenencia, arraigo y memo- ria, entre otros. El principal estudioso en México sobre la identidad es Gilberto Giménez quien 13 ha recogido y protagonizado muchas de las discusiones científicas en torno a la identidad. Co- mo una primer definición Giménez dice que la identidad es la representación que tienen los agentes de su posición en el espacio social, y de su relación con otros agentes que ocupan la misma posición o posiciones diferenciadas en el mimo espacio. Por eso el con- junto de representaciones que, a través de las relaciones de pertenencia, definen la identidad de un de- terminado agente, nunca desborda o transgrede los límites de compatibilidad definidos por el lugar que ocupa en el espacio social. (Giménez, 2009: 47) Siguiendo a Giménez, la identidad como cooperativista implica que se asuma un conjunto de representaciones sociales que ―sirven como marcos de percepción y de interpretación de la realidad, y también como guías de comportamiento y prácticas de agentes sociales‖ (Giménez, 2009: 33). Estas representaciones suelen ser idealizaciones, compatibles con el espacio social en su conjunto, es decir valores, memorias, ideales, etcétera. Las representaciones sociales son un referente común al conjunto de las personas que se identifican con la colectividad. Para el autor la pertenencia social implica la inclusión de la personalidad individual en una colectividad hacia la cual se experimenta un senti- miento de lealtad. Esa inclusión se realiza generalmente mediante la asunción de un rol dentro de la colectividad considerada, pero sobre todo mediante la apropiación e interiorización al menos parcial del complejo simbólico cultural que funge como emblema de la colectividad. (Giménez, 2009: 31). Para Giménez el sentido de pertenencia es un tema simbólico-cultural de interacciones so- ciales, pero al igual que la identidad, el sentido de pertenencia es gradual. La pertenencia posee diversos grados que pueden ir de la pertenencia meramente nominal e ir aumentando a la perte- nencia periférica, conformista o militante. La diferencia entre estos grados de pertenencia no excluye que exista el disenso respecto a la colectividad, es decir se puede ser conformista o militante y criticar aspectos de la colectividad. La identidad no apunta solamente hacia el grupo social, aunque está estrechamente ligada a los demás, tiene una profunda dimensión individual, personal e íntima. Esta dimensión suele revelarse en relatos biográficos: cosas que uno hizo o ideas que aportó a la colectividad y que lo posicionan como individuo respecto a los demás. Esta relación progresa desde ámbitos superfi- ciales hasta relaciones íntimas y revela cualidades de las que las personas se sienten profunda- mente orgullosas, ―yo hice tal cosa en la cooperativa‖, ―yo construí esta cooperativa‖, y suele ir ligada a la legitimación o justificación de conductas o posiciones personales presentes. Esta narrativa reconfigura una serie de actos y trayectorias personales para darle sentido al lugar que ocupa en el espacio social, así la imagen que tenemos de nosotros mismos siempre va ligada a la de los otros y a un contexto colectivo creado de experiencias pasadas personales y colectivas. En esta identidad individual se pueden identificar una red de pertenencias sociales, una serie de atributos y una narrativa personal, en todos los casos las representaciones sociales desempeñan un papel estratégico y definitorio por lo que podríamos de- finir también la identidad personal como la representación que tienen las personas de sus círculos de pertenencia. (Giménez, 2009: 37) 14 Para poner un punto de discusión Giménez propone una serie de axiomas en torno a las identidades colectivas que se resumen aquí: 1) una condición de posibilidad es la proximidad de los agentes individuales en el espacio social. 2) Su formación no implica que se vinculen a la existencia de un grupo organizado. 3) La identidad colectiva no es sinónimo de actor social ya que la identidad colectiva es la expresión subjetiva de los actores colectivos. 4) No todos los sujetos de una acción colectiva comparten unívocamente y en el mismo grado las representa- ciones sociales que definen la identidad colectiva. 5) Frecuentemente las identidades colectivas constituyen uno de los requisitos de acción colectiva, pero no toda identidad colectiva genera siempre una acción colectiva, ni tiene siempre por fuente una identidad colectiva. 6) La identi- dad colectiva no necesariamente uniforma y despersonaliza a los individuos (Giménez, 2009: 39-40). Tomando como punto de partida estos axiomas podemos decir que la identidad tiene múlti- ples dimensiones y expresiones. En primer lugar, se trata de un asunto personal e íntimo, pero también colectivo y social. La identidad propia como joven cooperativista siempre irá en sinto- nía con lo que el grupo espera de un socio cooperativista. Junto a ello están una serie de ritua- les, símbolos y prácticas que se asumen como deseables: ―un buen cooperativista no deja de ir a las asambleas‖, ―los jóvenes deberían respetar nuestro legado‖. Giménez considera necesario distinguir entre identidad individual y colectiva: Podemos definir también la identidad como la percepción colectiva de un ―nosotros‖ relativamente homogéneo y estabilizado en el tiempo, por oposición a ―los otros‖, en función del reconocimiento de valores, proyectos y orientaciones comunes, así como de una memoria colectiva supuestamente com- partida. (Giménez, 2009: 54) Si bien la identidad individual no es suprimida en su totalidad, sí convive con una identidad colectiva en el cual la memoria juega un papel crucial, pues define muchos de los deberes ser de todo cooperativista que es encarnado por los socios fundadores. Para Alain Touraine (2014) la identidad con un grupo podría ser contraproducente y suprimir la libertad subjetiva: La comunidad con la cual se identifica un individuo, lejos de ser una figura del Sujeto, lo encadena a una ley, unas costumbres, unas representaciones, unas formas transitorias de poder y organización social que resultan por ello sacralizadas y ocultan por esa misma razón la distancia de todo Sujeto con respecto a la realidad social […]. El Sujeto personal solo puede formarse apartándose de las co- munidades demasiado concretas, demasiado holistas, que impone una identidad fundada sobre debe- res más que sobre hechos, sobre la pertenencia y no sobre la libertad. (Touraine, 2014: 64-5) Touraine critica las identidades que suprimen todo rastro subjetivo, que llama comunitaris- mos, grupos con reglas de adhesión demasiado estrictas que podríamos calificar de totalitarias. Aunque es importante la advertencia de Touraine, vale la pena reconocer que no todas las iden- tidades conllevan esto. El pertenecer y adherirse a un grupo social y asumir esa identidad no borra necesariamente las experiencias que el individuo tiene en su historia de vida. Identificarse como joven cooperativista no conduce a que se asuman automáticamente los roles y los símbo- 15 los propios de la cooperativa, como veremos los jóvenes tienen críticas propias sobre la coope- rativa y algunos piensan su papel en ella. La memoria tiende a concentrarse en determinados puntos de referencia del pasado que aún tienen relevancia o un significado profundo para el presente. Estos puntos sirven de anclaje para estabilizar y estimular la memoria (Rinke, 2011: 392). Estos eventos o hitos importantes del pasado son reproducidos, alentados y conmemorados de múltiples formas y en múltiples lugares. Los espacios tienen un significado social de referencia al pasado, es lo que ha denomi- nado el espacio de la memoria. Sobre los espacios de la memoria en la ciudad dice Maurice Halbwachs, pionero en el estudio de la memoria: ―En la ciudad moderna encontramos las parti- cularidades de la ciudad antigua, porque tenemos ojos y pensamientos para ésta. Así, cuando en una sociedad que se ha transformado sigue habiendo vestigios de lo que era su forma primitiva, quienes la conocieron entonces pueden fijarse en los rasgos antiguos que les conducen a otro tiempo y a otro pasado‖ (Halbwachs, 2004: 162). Los monumentos, las plazas, las esculturas e incluso los grafitis son mecanismos de consolidación de la memoria colectiva, importante para la transmisión de la memoria y el fomento de la identidad. Toda memoria también tiene una contraparte, el olvido. Giménez apunta que existen tres motivos por los cuales puede olvidarse: ―porque se abandonan los centros mnemónicos institu- cionales, espaciales y temporales, porque dichos centros fueron totalmente borrados o destrui- dos o porque fue alterada con el tiempo, por efecto del proceso de transformación social‖ (Giménez, 2009: 60). Además de dichos motivos el proceso de rememoración también modifi- ca inevitablemente el recuerdo y el relato original ya sea profunda o ligeramente, con lo que rememoración y olvido están en interacción continua. Las memorias del grupo son selectivas, se recuerdan unas y se olvidan otras lo que conduce a una disparidad al interior respecto a la memoria y sus significados. En esta lucha existen posi- ciones dominantes y dominadas; los dominantes pugnan por imponer una definición de identi- dad que se presenta como la legítima, mientras que los que ocupan posiciones dominadas tienen dos posibilidades: La aceptación de la definición dominante de su identidad, que frecuentemente va unida a la búsqueda afanosa de la asimilación a la identidad legitima o a la subversión de la relación de fuerza simbólica, no tanto para negar los rasgos estigmatizados o descalificados, sino para invertir la escala de valores. (Giménez, 2009: 57). En el último caso no se trata de negar la identidad o suprimirla sino de reapropiarse, cons- truir y sostener la identidad personal. La dominancia de tal o cual posición dominante respecto a la memoria y la identidad se da en funciones del presente, es decir el contexto material y sim- bólico presente determina la relación con el pasado, incluso: Se puede dar un paso más y añadir que el pasado no se reconstruye sólo en función de las necesida- des del presente, sino también en función de la ideación del porvenir conforme al conocido estereoti- po ideológico que convive el pasado como germen y garantía del futuro o de un destino. (Giménez, 2009: 64). 16 En tiempos de crisis el pasado es especialmente importante para la identidad individual y social. La relación con el pasado se encuentra desde el núcleo familiar hasta la identidad de una nación. México cimentó su identidad nacional a partir de una narrativa histórica que buscó crear identidad y unión entre los mexicanos en un momento de profunda crisis política a me- diados del siglo XIX, especialmente después de la derrota mexicana frente a Estados Unidos en 1847. La memoria, que forma parte de esa relación con el pasado, alcanzó un desarrollo importan- te dentro de la sociología a partir de la obra póstuma de Maurice Halbwachs La memoria colec- tiva (1950), que ha servido de referencia para muchos estudios sobre memoria. En el caso latinoamericano la memoria comenzó a adquirir mucha presencia en los estudios académicos en la década de 1980 tras el fin de muchos de los regímenes dictatoriales de Sudamérica que esti- muló la revisión del pasado con el fin de apoyar procesos de paz y reconciliación. Según Stefan Rinke (2011) la memoria es hoy un paradigma en estudios culturales que vinculan diferentes campos de investigación interdisciplinarios. En el siglo XX se introdujo al debate respecto a la conciencia histórica haciendo inteligible el pasado al presente, la reconstrucción del pasado quedó ligada a la experiencia presente y a las expectativas a futuro. Las prioridades actuales de las comunidades exigen la selección, reinterpretación y rescate de su memoria. Los jóvenes de la cooperativa han realizado actividades que recuperan y reproducen la me- moria de hechos que no vivieron pero que les fueron enseñados, ese proceso implica la apro- piación y reelaboración del relato. Los murales, las obras de teatro, los documentales y otras actividades impulsadas por jóvenes son parte del proceso de recuperación, olvido y reinterpre- tación de la memoria colectiva. Al igual que con la identidad, la memoria tiene referentes sociales sin los cuales es imposi- ble que subsistan. Cada recuerdo, por muy personal que sea, existe en relación con un conjunto de nociones compartidas con otras personas, lugares y acciones. No existen aisladamente sino en relación con otros recuerdos, lo que se ha llamado memoria colectiva o social y que sostiene parte de la identidad colectiva e individual. De este modo el ejercicio de la memoria tiene una dimensión social que consolida un relato común y dominante pero también fomenta la convi- vencia con muchos otros relatos de memoria personal. En cuanto a la relación entre memoria e historia, se distinguen por la predominancia subje- tiva en la primera en contraste con un discurso que homogeniza y suprime la diversidad de rela- tos que se presentan como uno en forma de historia. Por otro lado, tiene que ver con la sucesión de los grupos que vivieron el pasado y los grupos que han consignado esa historia en textos inamovibles (Halbwachs, 2004: 79-88). Rinke, por su parte, apunta que el desarrollo de la historia social y la cultura en la segunda mitad del siglo XX tuvo el acierto de construir una historia desde abajo que es capaz de recono- cer la diversidad de voces involucradas en un momento histórico determinado y ha sido capaz de reconocer significados diversos de esos momentos para los diversos grupos sociales, esta transformación ha reducido su distancia respecto a la memoria. Para Rinke la diferencia fun- 17 damental es ―que las memorias resultan del nivel de experiencias de un individuo, mientras que la conciencia histórica refleja un pasado que puede encontrarse o darse temporalmente fuera de un lapso vital‖ (Rinke, 2011: 391). La memoria corresponde, desde esta perspectiva, a quienes experimentaron los hechos que se vivieron mientras que las generaciones posteriores asimilaron esas narrativas mediante narra- tivas y rituales de conmemoración. Esto no marca solo la diferencia entre historia y memoria sino entre generaciones: la generación de los socios fundadores, la generación de la ruptura y la generación de jóvenes que actualmente están formando su propia experiencia. Mientras los socios fundadores han vivido todas las experiencias, los jóvenes han tenido que acercarse de otra forma para aprender las experiencias de los mayores. Esto nos introduce a una perspectiva desde el estudio de las generaciones, para lo cual es necesario considerar ―tanto las diferencias ‗intergeneracionales‘, derivadas de las variaciones temporales en las formas sociales y materiales de producción de los individuos, como las dife- rencias ‗intrageneracionales‘, derivadas de las posiciones sociales que ocupan los miembros de una generación cronológica determinada‖ (Ignasi y Pizzi, 2013: 26). La edad no es suficiente para determinar la generación, hay diferencias etarias, educativas, laborales, políticas, tecnoló- gicas y en la forma de participar. Por eso es necesario tomar en cuenta el contexto histórico de Palo Alto que marcó la perspectiva de cada generación. Podemos comprender que la memoria está en un constante proceso de transformación y ol- vido, la memoria se acumula y consolida como patrimonio común que alimenta la identidad y se transmite de generación en generación al tiempo que las personas que conservan esa memo- ria se pierden con el paso del tiempo y otras versiones y soportes de conservación de la memo- ria aparecen. Esto no quiere decir que cada generación viva con una memoria exclusiva y aislada, al contrario, el que coexistan diversas versiones e interpretaciones del pasado vincula a las generaciones en un intercambio de historias en el momento en que los abuelos de cada fami- lia platican a los niños los orígenes de su colonia y los jóvenes presentan en video sus investi- gaciones e interpretaciones del pasado. Esto nos introduce al tema de la memoria como herramienta de acción, la memoria selec- ciona los valores que vale la pena mantener siempre en relación con un grupo y a unas expecta- tivas a futuro. En este sentido el rescate, la reproducción de la memoria y la transmisión entre las generaciones sigue un objetivo concreto: la reproducción de la identidad y de los valores e ideales cooperativos. La memoria que se conserva y transmite tiene un carácter ejemplar (Gi- ménez: 60). ¿Qué efecto tiene una historia dorada como la de la fundación de la cooperativa en las perspectivas de futuro para los jóvenes? No son sólo los hechos, sino también formas de ser y de pensar de antaño lo que se fija mediante la memoria (Halbwachs, 2004: 66). Una aproximación crítica al pasado conlleva cuestionamientos sobre nuestra realidad que son respondidas con narrativas de los socios fundadores sobre la lucha por un hogar. La narra- tiva se concibe como ―una forma de representar el mundo en que vivimos, de comprender nues- 18 tros actos cotidianos y darles significado de dar forma a nuestra realidad social‖ (Salazar, 2006: 177). Al narrar la historia de la cooperativa a los jóvenes y niños no solo se les enseña valores y formas de conducirse sino múltiples explicaciones del presente y se promueve la actitud creati- va de múltiples mundos posibles. Este ejercicio de conservar la memoria mediante su enseñan- za produce más que una identidad de grupo, produce una reflexión sobre el papel de la persona en sí misma y sus capacidades, según Touraine: La rememoración transforma en memoria lo distante en el tiempo o el espacio, de modo que tal o cual mito griego o tal o cual catedral gótica, un arrozal o una mina de carbón pasan a formar parte de mi experiencia […]. Y quienes viven, hablan y escuchan, pueden hallar en la vida y el pensamiento de los desaparecidos correspondencias con sus propias reflexiones. Todos los personajes del pasado pertenecen también a la modernidad, y quienes vivan en una sociedad moderna solo serán Sujetos con la condición de recordar las culturas pasadas o distantes y encauzar su simpatía hacia ellas. La recomposición de mundo erradica la historia y la transforma en memoria. (Touraine, 2014: 188) La relación con el pasado en un entorno urbano es estrecha y cotidiana, la ciudad es una construcción histórica que pervive en el tiempo e influye su futuro. Esto sucede con cualquier espacio urbano en la forma de sus casas, en el trazo y nombre de las calles, en las fiestas e in- cluso en la música es posible percibir vestigios de mundos pasados que tenían contextos dife- rentes y que pasaron a formar parte del presente. Los jóvenes de la cooperativa Palo Alto no decidieron nunca la sociedad cooperativa ni la forma de las casas ni su ubicación, ellos se en- frentan a decisiones tomadas en el pasado que influyen su presente: La naturaleza más esencial de la historia es la inteligibilidad de la realidad ya sea pasada o presente, mediante un discurso coherente que dé cuenta de la multiplicidad de construcciones narrativas […]. No es fácil explicarse el mundo donde uno está parado, y es precisamente el razonamiento histórico una forma de aproximarnos a esta reflexión, de señalarnos que la historia no es el pasado que ya mu- rió sino lo más cercano a lo que vivimos. (Salazar, 2006: 177) ¿Por qué el lugar donde vivo está rodeado de taludes?, ¿por qué mi familia no tiene título de propiedad de la casa?, ¿por qué mis padres o abuelos se reúnen con los demás cada quince días?, ¿por qué todas las casas tienen la misma forma? o ¿por qué hay casas resguardadas? Son preguntas sobre lo que vivimos en el presente cuya respuesta se encuentra en decisiones pasa- das y conforman la historia de la mina, la cooperativa y los conflictos de la colonia. Cuando los jóvenes hacen esas preguntas y los padres responden con relatos del pasado adquieren una me- moria no experimentada por ellos, pero común a todos los habitantes de la colonia que conduce a una identidad con el grupo y con el espacio. ¿Quiénes son estas personas a los cuales se ha referido constantemente como jóvenes? La juventud y la pluralidad democrática En mayo de 2012 durante las campañas presidenciales de México el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), acudió a la Universidad Iberoamericana. Durante su visita, 19 algunos jóvenes cuestionaron el uso de la fuerza pública que el entonces gobernador usó para terminar con los bloqueos que pobladores de San Salvador Atenco realizaron en noviembre de 2006 contra la construcción del aeropuerto de la Zona Metropolitana del Valle de México. Este episodio tuvo repercusiones notables, de ello surgió el movimiento #YoSoy132 que entre otras cosas cuestionó una afirmación que parecía no tener discusión: los jóvenes son apáticos y no participan de los asuntos públicos. Según Gabriel Medina, ―las narrativas mediáticas, partidos políticos y funcionarios de gobierno han instalado —en la opinión pública— la imagen de ‗apa- tía política‘ como la principal característica de las nuevas generaciones‖ (2013:174). La irrup- ción del #YoSoy132 representó para algunos jóvenes el cuestionamiento efectivo a esto y ―una bocanada de aire fresco y esperanza en el momento más estresante‖ (Rivero y González, 2015: 94). ¿Por qué #YoSoy132 tiene relevancia para abrir la discusión sobre juventud y participación democrática seis años después de dicho evento y doce después de Atenco? Como se mencionó en el apartado anterior las condiciones del presente solo toman sentido a partir de las decisiones y explicaciones del pasado colectivo. Este movimiento dio pie a discutir lo que significa ser joven y lo que significa serlo en una democracia, lo que entendemos por juventud y participa- ción se ha nutrido de movimientos pasados. Los movimientos estudiantiles y sociales previos permitieron que estos jóvenes estudiantes de universidades públicas y privadas pudieran con- verger en un movimiento como ese. ¿Qué significa ser joven y qué importancia tiene en una democracia? En torno a los jóvenes se ha tejido una serie de preconcepciones consolidadas, al mismo tiempo los estudios sobre este tema son muy numerosos y tienen una diversidad de enfoques muy amplia. Aquí es pertinente abordar dos asuntos: el de la conceptualización de la juventud y el de su participación política, este último tema va de la mano con la identidad, ya que para algunos autores la identidad es un elemento importante para el compromiso de actores con cier- tas causas (Monterrubio, 2014: 271) y si los jóvenes no se identifican con sus pares difícilmente podrán tejer una red de cooperación para participar como grupo en los asuntos públicos de la ciudad. La forma convencional de señalar a la juventud son los rangos de edad, se ha utilizado la franja etaria entre 15 y 29 años, dividiéndose a su vez en tres subtramos: de 15 a 19 años, de 20 a 24 años y de 25 a 29 años. En América Latina cada país ha designado un rango para el diseño de políticas públicas para la juventud: en Colombia la juventud se considera de los 12 a 26 años; entre los 14 y 30 en Argentina; entre los 15 y 24 en Bolivia, Ecuador, Perú y República Dominicana; entre los 15 y 25 en Guatemala y Portugal; entre los 15 y 29 en Chile, Cuba, Es- paña, Panamá y Paraguay; entre los 18 y 30 en Nicaragua; en Brasil el tramo va de los 15 a 24 años de edad, Costa Rica posee el rango más amplio entre los 12 y 35años; y México entre 12 y 29 años (Dávila, 2004: 90). La adolescencia se constituyó como campo de estudio para la psicología hacia finales del siglo XIX y con mayor fuerza a principios del siglo XX. Como el nombre lo indica la adoles- 20 cencia es una etapa de la infancia a la adultez lleno de dolencias físicas y emocionales, que fortalecerán a la persona, formarán una identidad sólida y adquirirán objetivos, valores y accio- nes, normalmente asociados al mundo adulto (Dávila, 2004: 87). Este primer concepto heredó al de la juventud las mismas características, de acuerdo con este planteamiento una persona finaliza la transición entre juventud y adultez cuando posee autonomía económica y social, creando un entorno independiente de la familia de origen con responsabilidades propias. Dicho planteamiento pierde cada vez más validez ante la diversidad de nuestra realidad: ―El eje cronológico tradicional que presupone una evolución entroncada por la educación, el traba- jo, el establecimiento de una pareja estable y el matrimonio es una guía que ha dejado de ser válida para describir la trayectoria de muchos jóvenes‖ (Francés, 2008: 38). La diversidad de familias, trabajos y de posibilidades que ofrece la ciudad han diversificado las trayectorias de vida de los jóvenes y han puesto en entredicho la concepción de lo que significa juventud. Una variante de la juventud como etapa formativa es la juventud rebelde o la juventud pro- blema y responde a la diferencia de valores y acciones entre adultos y jóvenes: ―los mundos juveniles por lo común construyen otro tipo de normas y de valores que ya no son los que per- viven en el imaginario de los mundos adultos por lo que se da una inevitable confrontación‖ (Nateras, 2013: 152). Esta perspectiva es similar a la anterior ya que en esa etapa de transición los jóvenes son susceptibles a la rebeldía por lo que requieren de la dirección y corrección por parte de los adultos que han superado esa etapa. Parte de esa rebeldía será encauzada cuando los jóvenes aprendan a convivir en sociedad y a seguir las reglas del mundo adulto, cuando los jóvenes aprendan a conducirse de esa forma estarán capacitados para convivir con sus pares y convertirse en ciudadanos plenos. La juventud es una etapa que tiene correspondencia en la política: los jóvenes dejarán de serlo hasta convertirse en adultos idealmente participativos. Mientras esa formación no se com- plete la integración de los jóvenes al mundo adulto, público y político será limitada. La única forma en que se les incluye es mediante la continuidad de los proyectos de generaciones pre- vias: Dirigentes y funcionarios adultos hablan a –y acerca de– los jóvenes exaltando la importancia de la participación, el compromiso y la militancia. Para ello se sostiene que es preciso ―dar lugar‖ a la ju- ventud. De esta manera se construye una mirada adultocéntrica que consagra una manera específica de entender el compromiso de la juventud en el campo político cuya referencia resulta normativa. (Melina, 2013: 4) Es decir, se espera que al final de la etapa transitoria de la juventud, los individuos actúen de cierta forma, de la forma que esperan los adultos y retribuyan a la sociedad de la forma que se espera que un adulto aporte a sus pares siempre bajo las normas preestablecidas por los adul- tos. La forma de conceptualizar a la juventud como etapa transitoria, en la que los jóvenes deben prepararse para después participar dificulta el ejercicio de sus derechos, invisibiliza sus aportes a la vida pública y dificulta su integración social. 21 Con más años de escolaridad formal que las generaciones precedentes, duplican o triplican el índice de desempleo respecto de esas generaciones. En otras palabras, están más incorporados en los proce- sos consagrados de adquisición de conocimientos y formación de capital humano, pero más excluidos de los espacios en que dicho capital humano puede realizarse. (Hopenhayn, 2007: 180) Otra perspectiva es la de la juventud como agente de cambio y de reproducción social. La reproducción social requiere de la aportación de ideas de nuevas generaciones que sustituyan a las anteriores, los adultos mediante mecanismos sociales se han de encargar de socializar y de introducir en esa estructura y a esos valores a sus futuros integrantes. Desde esta perspectiva ―los jóvenes son protagonistas tanto de la reproducción como de la transformación social y se convierten en un sujeto histórico con entidad propia, una especie de ‗minoría activa‘ que va ejerciendo su influencia en los diferentes ámbitos sociales‖ (Revilla, 2001: 109). Aunque esta perspectiva reconoce a la juventud un lugar en la sociedad, es un papel impuesto por el mundo adultocréntrico. Depositar en la juventud la posibilidad del cambio social tiene dos consecuen- cias: Por un lado, se exige a la juventud que cumpla el papel de innovadora, transgresora. Pero la innova- ción no debe cuestionar el sistema en su conjunto, ha de ser un cambio ―incruento‖ […] lo que se es- pera de los jóvenes es una conformidad divergente, una desviación en la dirección adecuada. Por otro lado, el mundo adulto elude así la responsabilidad por la mejora de la sociedad que recae exclusiva- mente sobre la juventud. (Revilla, 2001: 109). La perspectiva de la juventud como agente de cambio es importante para la investigación ya que cuestiona aspiraciones, objetivos y estrategias del grupo, es decir su continuidad, pero tam- bién las nuevas aspiraciones, objetivos y estrategias, es decir su transformación. Alejandra Aquino señala que en las comunidades indígenas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, los jóvenes migraron de su comunidad debido a ―la aparición de nuevas aspiraciones y necesi- dades entre algunos jóvenes‖, la cual ―ha obligado al movimiento a reflexionar sobre problemas de fondo, tales como, ¿qué tipo de vida se aspira alcanzar con la lucha?‖ (Aquino, 2002: 120). En una encrucijada similar se encuentra la cooperativa al incluir a sus jóvenes y depositar en ellos la esperanza de continuidad, pero conscientes también de que no comparten contextos ni aspiraciones, depositan en ellos el potencial de transformación y en el peor de los casos la per- dida de sus ideales originales como cooperativa. Una variante de esta perspectiva es la valoración apática de los jóvenes en la política, la cual ha sido una crítica común en las épocas recientes de México y no fue hasta #YoSoy132 que se puso en duda el axioma de la juventud apática. Lo cierto es que la crítica trascendió y las acciones de los jóvenes lograron alcanzar reconocimiento frente a canales tradicionales que les eran negados. En estas acciones ―importa la solidaridad y la cohesión grupal, se hace visible el peculiar sentido político de acciones que no persiguen la satisfacción literal de demandas ni réditos mercantiles, sino que reivindican el sentido de ciertos modos de vida‖ (García Canclini, 2004: 52), contrastan con las acciones tradicionales del mundo adulto y proponen, en un plano de participación cultural, la integración de los jóvenes a la política. 22 Frente a esta perspectiva, el enfoque de derechos abandona el énfasis estigmatizante y re- duccionista de la juventud problema y lo integra como como actor estratégico mediante el pa- radigma de la juventud ciudadana (Krauskopf, 1998). Este paradigma permite reconocer su valor como sector abierto a los cambios y a la innovación y le reconoce capacidades y derechos para intervenir en su presente, construir democracia, participar en la mejora de la calidad de vida y aportar al desarrollo colectivo. Esta valoración positiva de la juventud requiere del reco- nocimiento de la juventud como tal, no como etapa de transición, sino como personas con pro- puestas, identidades y lenguajes propios, es decir reconocer la validez de su lugar en la sociedad. Por eso es necesario ―no inducir a los y las adolescentes a pseudovisibilizarse adop- tando formatos adultistas que suponen tendrán un reconocimiento positivo de los adultos, ni promover sólo modalidades representativas de participación‖ sino incluir sus propias formas de expresión (Krauskopf, 1998: 123). La perspectiva de la juventud ciudadana y el reconocimiento al derecho a tomar parte en la vida pública de la comunidad está emparentada con la lucha de otros grupos vulnerables en los cuales la identidad juega un papel fundamental. Podemos pensar en las luchas por el reconoci- miento y los derechos de las comunidades LGBTTTI, feministas y migrantes entre otras. En particular vale la pena resaltar la similitud con la lucha de las mujeres en movimientos urbanos populares que lograron mediante su participación no solo la creación de ciudad sino también la visibilidad y reivindicación como mujeres (Camarena: 2015). Los jóvenes también han tenido la capacidad de crear espacios urbanos mediante su participación y han luchado también por el reconocimiento de su identidad y su pertenencia y participación en sus comunidades. En sintonía con esta visión se han explorado ejercicios de integración juvenil: Un enfoque de intervención social relacionado con la recuperación de la memoria, que rescata ele- mentos de la identidad anterior de la ciudad desde la antropología, la historia, la arquitectura y el ur- banismo, especialmente, que han probado ser potentes herramientas metodológicas y pedagógicas para facilitar la inclusión social de los individuos en las comunidades con las que se relacionan. (Ho- yos, 2002: 78) Esta forma de integración juvenil a la comunidad mediante el rescate de la memoria tiene resultados interesantes. José Machado señala que ―el futuro se vuelve más sombrío para aque- llos cuyo presente está marcado por un atrofiamiento de sus memorias sociales que recurrente- mente entran en un círculo vicioso de desvalorización o represión por parte del sistema formal de enseñanza‖ (Machado, 2004: 75). Este era el caso de los jóvenes caboverdinos en Lisboa que adquirieron mejores perspectivas de futuro con actividades de rescate de la tradición del baile Batoto Yetu y su adaptación a estilos, vestimentas e instrumentos contemporáneos. Esta tradición de rememoración es un elemento fuerte en la cooperativa Palo Alto, que me- diante una fuerte socialización de la historia han cultivado su identidad en muchos jóvenes, los cuales la reelaboran y toman su propia perspectiva frente a ella. El documental Cooperativa Palo Alto. Una historia viva (2016), es un ejercicio de recuperación de la memoria colectiva por parte de los jóvenes que mediante entrevistas lograron hacer un rescate propositivo de la 23 memoria. La historia de la cooperativa es un suelo firme para ―la identidad y para la motivación personal, fomenta el clima propositivo y reactiva el tejido social como espacio de encuentro de saberes y pareceres‖ especialmente de los jóvenes (Hoyos, 2002: 78). A pesar de no formar parte de la estructura formal de la cooperativa, ya que no son socios, la perspectiva de derechos nos permite observar que los jóvenes de Palo Alto no se encuentran en una etapa de transición para convertirse en socios-adultos, sino que desde su propia condi- ción dentro de la comunidad y dentro de las relaciones intergeneracionales buscan incidir en el desarrollo del hábitat, de la colonia y de su comunidad, mediante acciones culturales e incluso académicas. Esta es una característica muy afortunada ya que se considera que el espacio de lo local es el ideal para: identificar, apoyar y promover a grupos de jóvenes que se asocian en torno a la realización de activi- dades que por desarrollarse en un radio de acción más reducido no tienen visibilidad pública, pero son nuevas expresiones que contribuyen a renovar el llamado tejido asociativo, y posibilitan un ma- yor abanico de opciones a los jóvenes que buscan canalizar sus intereses a través de apuestas colecti- vas. Son éstos —espacios donde se debate, elabora y actúa en torno a un proyecto común, y desde donde se puede apoyar el reconocimiento de los derechos y responsabilidades— donde se puede tam- bién reforzar una actitud de conciencia comunitaria y ciudadana. (Bango, 1999: 5) Bajo esta perspectiva los jóvenes son ciudadanos de las propias comunidades donde se desenvuelven lo cual implica también que se interesen y participen en la vida pública de su comunidad, pero ¿a qué nos referimos con participación de los jóvenes desde esta perspectiva de derechos? Ciudadanía y participación Democracia y ciudadanía son conceptos ligados al de participación. La participación ciuda- dana en los asuntos de interés público es necesaria para cumplir con los supuestos de la demo- cracia y asegurar el pleno ejercicio de derechos. En México, la construcción de la democracia es reciente, es un ejercicio que algunos politólogos atribuyen no más de 20 años (Woldemberg, 2017: 25). La joven democracia mexicana, como toda democracia, tiene la necesidad de la exis- tencia de la ciudadanía y, más recientemente, de su participación como ejes fundamentales para su funcionamiento. Sabemos que la historia reciente de México se ha caracterizado por un fuer- te presidencialismo y paternalismo, por este motivo es fácil entender que la participación es un tema pendiente en la agenda pública y en la vida cotidiana de la sociedad mexicana. La cultura de la participación en México es parte de la historia política mexicana caracteri- zada por un modelo corporativista que se concretó en acciones verticales, clientelares y de con- trol social, características que el Estado mexicano adquirió como parte de su consolidación como Estado moderno. La forma más efectiva en que la participación rendía frutos era median- te la incorporación personal al partido o a algún sindicato, o beneficiándose de algún programa asistencialistas a cambio de apoyo político. El control social y la ausencia de formas democráti- cas de participación fomentaron ―una cultura de participación corporativista-clientelar que poco 24 a poco fue incorporando a los sectores organizados y a los integrantes de la población, y que a la fecha continúa predominando en este país‖ (Chávez y Castro, 2009: 6). En los últimos años en México y en otros países, el Estado se ha retraído y dejado espacios que han sido cubiertos por la sociedad civil. A pesar de la creciente organización de la sociedad civil y su empoderamiento en muchos espacios, no ha sido suficiente para cubrir los retos que plantea la democracia en términos de participación. Woldemberg lo llama déficit de ciudadanía: No obstante la inmensa mayoría de la población no participa en los asuntos públicos (que presunta- mente son de todos). Y ya se sabe, o debería de saberse, que la calidad de la política depende no solo de lo que hagan o dejen de hacer los políticos profesionales sino del contexto de exigencia (o no) en el que se despliegan sus iniciativas. (Woldemberg, 2017: 54) A pesar de este déficit México ha experimentado la ampliación de la participación y una mayor socialización de la idea de ciudadanía. La ciudadanía se ha transformado junto al desarrollo de tres tipos de derechos, estos son ci- viles, políticos y sociales. Los derechos civiles son los que aseguran al ciudadano protección frente al Estado y lo alejan de espacios de la ciudadanía (libertad de expresión, de pensamiento, de religión), estos derechos nacieron con el liberalismo del siglo XVIII que sustrajo aspectos civiles del control del Estado. Los derechos políticos procuran libertad a los ciudadanos para intervenir en asuntos públicos (organización, capacidad de votar y de ser votado), este tipo de derechos nació de movimientos que lucharon por el derecho al voto durante el siglo XIX y par- te del XX. Los derechos sociales construyen satisfactores materiales y culturales tendientes a la igualdad entre las personas (educación, salud, vivienda, etc.), estos derechos se desarrollaron en el siglo XX, en particular después de la Segunda Guerra Mundial que estimuló la discusión de la función del Estado para satisfacer necesidades básicas (Woldemberg, 2017: 35). Otra forma de conceptualizar los derechos de los ciudadanos asume los dos primeros, civiles y políticos, como derechos de primera generación, mientras que los derechos económicos, sociales y cultu- rales (DESC) se asumen como derechos de segunda generación (Hopenhayn, 2007: 169). No se quiere decir que ambos tipos de derecho sean independientes, todo lo contrario, entre ambos existe interdependencia, el respeto a los derechos civiles y políticos coadyuva en el ac- ceso a derechos y satisfactores sociales económicos y culturales que ayudarán a consolidar lo que se ha denominado ciudadanía social. En la medida que los DESC prescriben, como deber de los Estados, promover mayor integración al trabajo, a la educación, a la información y el conocimiento, y a las redes de protección e interacción sociales, permiten mejorar las capacidades de los ciudadanos para la participación en instituciones políticas, el ejercicio positivo de la libertad, y la presencia en el diálogo público, en asociaciones civi- les y en el intercambio cultural. E inversamente, a mayor libertad de expresión y asociación, y mayor igualdad en el ejercicio de derechos políticos y de ciudadanía en sentido republicano (como injeren- cia de los ciudadanos en los asuntos públicos), más presencia de los grupos excluidos en decisiones que inciden en políticas distributivas; y por tanto, mayores condiciones de traducir ciudadanía políti- ca en ciudadanía social. (Hopenhayn, 2007: 169-170) 25 La ciudadanía no solo busca participar en una democracia sino también satisfacer necesida- des sociales, culturales y económicas que muchas veces son el motivo de su participación. Des- pués de una revisión del concepto, Chávez y Castro desprenden cinco elementos para una noción integral de ciudadanía: 1. Pertenencia a un espacio social común, 2. La condición de ciudadanos que los hace portadores de derechos y obligaciones, 3. La interrelación entre el Es- tado y los individuos, en el marco de la democracia, 4. La participación social y su contribución en la vida pública y 5. El ejercicio de un conjunto de prácticas sociales en la vida pública ten- dientes a general cambios sociales (Chávez y Castro, 2009: 30). Además de identificar estas características los autores resaltan el papel de la participación en las organizaciones de la socie- dad civil en la construcción de ciudadanía desde abajo, mediante prácticas consecuentes con el ideario democrático: diversidad, participación, pertenencia y ejercicio de derechos. Como podemos ver, en el contexto actual, la ciudanía ha ampliado sus capacidades, presen- cia y acciones en el espacio de lo público, pero no solo en torno a los derechos políticos y civi- les sino también en demandas de carácter social, económico y cultural de interés común. Ante esta connotación de ciudadanía, es preciso ampliar el espectro de análisis para comprender de qué manera participan los ciudadanos a través de las organizaciones sociales, políticas, sindicales, la comunidad y las instituciones de la esfera pública en la construcción cotidiana de la ciudadanía, así como en la generación de condiciones para su ejercicio. (Chávez y Castro, 2009: 3) En 1969 se estableció en México que la ciudadanía se otorga a las personas que cumplen la mayoría de edad y que tengan una forma honesta de vivir (art. 34 Constitucional), esa mayoría de edad se fijó en 18 años. Es decir, a partir de esa edad se puede considerar a una persona le- galmente ciudadana con todas las responsabilidades y derechos que conlleva. Sin embargo, si recordamos que el enfoque de derechos visualiza al sujeto como ciudadano, el rango etario para la concepción de la ciudadanía se vuele relativa ya que el ejercicio de derechos y la participa- ción en la vida pública de la comunidad no comienza después de dicha edad. Así, entendemos la ciudadanía como una práctica, más que como condición otorgada por el Estado. La ciudadanía como práctica se comienza a forjar entonces en grupos sociales como la familia, la escuela, la colonia, con los amigos. La democracia se desplaza hacia abajo: de la relación entre el Estado y el sistema político, hacia la re- lación del sistema político y los actores sociales… hoy defiende la diversidad de los actores, las cul- turas, las asociaciones, las minorías y de manera más central, la libertad que, en una sociedad diversa y cambiante, se asocia en el reconocimiento del otro como Sujeto. (Touraine: 249) El retraimiento del Estado ha permitido ver a los ciudadanos entre ellos y ha orillado a que se piensen en formas de relacionarse, respetarse y reconocerse directamente. El ejercicio democrático exige el respeto a los derechos ―para conjugar conjuntamente ac- ciones que permitan el ejercicio real de la ciudadanía y los planteamientos democráticas se conviertan en formas de vida propias de las ciudades modernas‖ (Chávez y Castro, 2009: 6). Esto supone que los individuos conocen sus derechos y ejercen su ciudadanía, pero requieren que exista representación y reconocimiento de la diversidad en el espacio público. Esto se ve en 26 la representación ciudadana tradicional, en la pertenencia y formación de partidos políticos, organizaciones civiles y populares. Estos elementos están presenten en la realidad mexicana a pesar de la aparente apatía que suele señalarse en la ausencia de voto y en la desconfianza a los gobiernos y sus instituciones. La participación es resultado del devenir histórico-social del hombre, en donde la relación de los sujetos les ha permitido subsistir y vivir en sociedad. A través del tiempo se ha converti- do en eje fundamental para transformar la realidad y cuando se convierte en una parte esencial de la vida cotidiana de los sujetos, trasciende a conformar lo que se denomina cultura de parti- cipación y cultura política. La participación social se considera como una de las dimensiones de la acción social que define una potencialidad para consolidar y fortalecer los procesos de construcción y ejercicio de la ciudadanía. Por su parte, la cultura de participación y la cultura política son dos procesos, en los que los sujetos adquieren una identidad propia y colectiva, donde surge la pertenencia y el reconocimiento por medio de la socialización, lo que constituye un proceso de aprendizaje que se genera a partir de la interac- ción e interrelación con los otros. (Chávez y Castro, 2009: 35) La participación es entonces un proceso cultural que inserta al sujeto a su sociedad para ha- cerlo parte de los valores y actitudes dominantes, lo identifica con la comunidad y socializa la necesidad de mejorar las condiciones de vida. Por eso la dinámica de la cooperativa, el ejercicio de asambleas y comisiones ha dado a los jóvenes, a pesar de no pertenecer formalmente a ella, la oportunidad de participar en el trabajo colectivo de la cooperativa que es una base sólida para una cultura de participación. ¿Qué lleva entonces a una persona a tomar parte, a participar? Julio Bango identifica cuatro motivaciones básicas: 1. Para mejorar su acceso a bienes y servicios. 2. Para integrarse a proce- sos en la sociedad. 3. Para mejorar sus oportunidades de concretar su proyecto de vida. Y 4. Para sentirse protagonistas, construir deliberadamente su futuro y reforzar su autoestima. (Ban- go, 1999: 1-2) Para Woldemberg: El premio no es (o no solo es) el logro del fin proclamado (un aumento salarial, la construcción de una escuela, la preservación de un área verde, etc.), se vive intensamente, se valoran las causas, per- sonas, instituciones. El involucrarse en la vida pública tiene en sí una recompensa; el ser parte de un colectivo, con lo cual la vida se hace más interesante. (Woldemberg, 2017: 20) En este sentido es de esperar que las personas que participan en la cooperativa valoren algo más que la obtención de vivienda. No todos buscan lo mismo y no todos tienen la misma forma de participar, la diversidad es un capital que debe ser cuidado y al cual se debe procurar canales adecuados para su expresión, el parte del reconocimiento propio y por la comunidad. No hay democracia sin reconocimiento de la diversidad entre las culturas y las relaciones de domina- ción que existen entre ellas. Estos dos elementos son igualmente importantes: hay que reconocer la diversidad de culturas, pero también la existencia de una dominación cultural. (Touraine, 2014: 203) Así como una democracia necesita valorar la diversidad de actores e intereses, también es necesario reconocer que hay una diversidad de participaciones. No todos tienen las mismas 27 capacidades y los mismos intereses para participar de la misma forma, aunque también se asu- me que hay intereses y formas de participación dominantes o legítimos. Dina Krauskopf identifica 8 grados en una escala de participación de niños y jóvenes en la que pueden reconocerse dos dimensiones: la participación aparente y la participación efectiva. En la primera sólo hay presencia desde una orientación adultocéntrica. Se distinguen tres gra- dos: 1. manipulación, 2. decoración, y 3. participación simbólica. 4. los niños y jóvenes solo son informados y asignados a las actividades. Los grados siguientes corresponden a niveles crecientes de participación efectiva y también a un compromiso mayor con el grupo: 5. son informados y consultados; 6. la participación es iniciada por adultos y las decisiones compartidas por niños y jóvenes; 7. la participación es iniciada por niños y jóvenes y dirigida por adultos; 8. la participación es iniciada por niños y jóvenes y comparten las decisiones con los adultos (Krauskopf, 1998: 127). Esta escala creciente de participación está acompañada de otro proceso, porque como men- cionamos anteriormente la participación te integra a una comunidad y en ese sentido produce también empoderamiento, esta también es escalar. Junto a la participación y el compromiso puede comenzar el empoderamiento de los jóvenes y la comunidad cuando toman decisiones y son consultados para establecer, priorizar y definir objetivos. ―Cabe agregar al esquema anali- zado un último nivel que podríamos llamar autonomía y empoderamiento, pues cada vez más, los jóvenes desarrollan proyectos y propuestas propias, fijan objetivos, metodologías, códigos innovadores y buscan apoyos y asesorías cuando lo requieren‖ (Krauskopf, 1998: 128). ¿En dónde está entonces la participación de los jóvenes?, ¿es necesario que la participación se dé siempre en grupos organizados, partidos, asociaciones civiles, organizaciones de la socie- dad civil u otros para que cumpla efectivamente con la procuración de derechos?, ¿es este el único lugar desde el cual los jóvenes están legitimados a participar? La respuesta es no, la participación en lo político y en lo social se ha desplazado de las ideologías duras, de la militancia partidista y del ejercicio del voto (la democracia electoral), hacia lo emergente, es decir, en los terri- torios de lo cultural. Justamente, es ahí donde están las nuevas y renovadas claves de la organización social, de las acciones colectivas, de las rutas y de las trayectorias en la edificación de las ciudadanías juveniles. (Nateras, 2013: 149-50) Por eso la participación de la juventud es tan importante como la de las mujeres o la de los migrantes. Para Touraine es igualmente importante que participen con las formas que como sujetos les son afines, que no se entreguen a una participación impersonal o ciega a los ideales de grupo: El actor más visible es el de la juventud que, apartada en gran parte del trabajo, se repliega en su vida personal, en la afirmación de sí como Sujeto. En el pasado, las agencias de socialización ejercieron a menudo una acción conformista, acentuada por la esperanza de que un esfuerzo prolongado acarrea- ría el éxito. La pérdida de la esperanza y la ausencia de militancia política no encerraron a la juventud en el hedonismo. Su cultura es en gran medida musical, pero también se manifiesta en la participa- ción en acciones humanitarias y campañas ecologistas; está animada por un deseo de ser Sujeto que asume directamente la forma de un deseo de vida y en primer lugar de defensa de una identidad per- 28 sonal amenazada por la fragmentación de la experiencia profesional y social. Esta juventud está pre- parada por necesidad a reemplazar la defensa de la sociedad ideal por la adhesión a ese principio no social de acción social que es la defensa de la vida personal, que la mayor parte nos reduce a una vo- racidad de consumo o una demanda de asistencia. (Touraine, 2014: 303) Los aportes de los jóvenes como pintas, obras de teatro o documentales son una expresión profunda de subjetividad en tanto medios artísticos. No se quedan solamente en la expresión y consumo hedonista, sus preocupaciones son sociales, sus temas son sociales, su exhibición es social. Estas actividades personales son, efectivamente, formas de participar y de defender des- de una perspectiva personal a la sociedad. Si bien no es la forma tradicional de participación al interior de la cooperativa, sí coadyuvan en la discusión de los asuntos públicos y en la creación de hábitat que da ―vida cotidianamente a las dinámicas de imaginación colectiva, reflexión y creación‖ (Aquino, 2012: 126). Asistimos a una serie de cambios en las distintas dimensiones de la participación juvenil que hay que tener en cuenta para la comprensión de la realidad existente. En este sentido quizás lo más llamativo es que la participación juvenil parece ir desplazándose hacia contextos infor- males, ajenos a espacios diseñados institucionalmente, y donde cada vez más los vínculos vi- venciales y existenciales de los Sujetos se configuran como el verdadero motor de la acción social. Mientras que en el pasado las identidades colectivas se construían en torno a códigos socioeconómi- cos e ideológico-políticos, ahora se construyen alrededor de espacios de acción relacionados con la vida cotidiana. La calle y el lenguaje cotidiano, los valores que circulan por la red social, y los símbo- los de una comunidad, aparecen como elementos significativos en la articulación de los jóvenes, sus problemas y sus inquietudes. Se desdibujan las grandes metas utópicas a largo plazo, y los escenarios de las prácticas se vinculan primordialmente a la consecución de metas a más inmediatas, realizables y alcanzables. Además, las estructuras de los colectivos juveniles tienden a abandonar los marcos ins- titucionales excesivamente rígidos en favor de redes horizontales que posibilitan la comunicación en- tre los distintos campos de actuación. Y en estos trazos de diagnóstico, finalmente parece que la necesidad de permanencia de la acción y de las estructuras de participación no supone un rasgo defi- nitorio. Al contrario, se registra un aumento creciente del mecanismo de activaciones y desactivacio- nes puntuales, en muchas ocasiones con carácter multitemático, en el que los jóvenes entran y salen continuamente de unos procesos de participación caracterizados cada vez más por la flexibilidad y la transitoriedad de la acción. (Frances, 2008, 39) Es en este punto vuelvo a retomar la pregunta de Monterrubio: ―¿en qué medida tato la identidad como la actividad colectiva vinculada con un territorio constituyen instrumentos para desarrollar lógicas de acción de las clases populares en la producción del hábitat popular ur- bano?‖ (Monterrubio, 2014: 271). La pregunta siegue siendo pertinente para el caso de Palo Alto, particularmente a partir de dos aspectos que observamos en la discusión sobre participa- ción. El primero es que las actividades culturales responden a una forma de acción o participa- ción juvenil que no es la misma forma de acción de la de las generaciones anteriores. La otra es que esta forma de participar mediante actividades culturales es capaz de producir hábitat, el cual no se limita a la producción de espacios físicos, también implica la construcción de comu- 29 nidad. ¿A qué se refiere esa comunidad en la que los jóvenes han participado rescatando la memoria colectiva y a la cual hemos llamado cooperativa? Producción social del hábitat y Cooperativas de vivienda La producción material de vivienda en los países latinoamericanos ha sido compartida por tres sectores. Hacia la mitad del siglo XX, cuando comenzó el crecimiento acelerado de la re- gión, la producción de vivienda estaba controlada por la iniciativa estatal, hacia finales de siglo y principalmente en el siglo XXI la producción material de vivienda está controlada por la ini- ciativa privada bajo cobijo del Estado. A pesar de los esfuerzos y proyectos emblemáticos que han visibilizado la acción del Estado y el capital en la producción de vivienda, en ningún país ha sido suficiente para satisfacer la demanda de vivienda. Entre estos dos sectores ha pervivido la producción social de vivienda, que con los medios materiales de que disponen los individuos y grupos han intentado satisfacer su propia demanda. La percepción sobre la vivienda parece dividirse en dos visiones: la formal y la informal. En términos generales el mercado y la producción Estatal de vivienda parecen tener la legitimidad de la producción habitacional, con lo cual también se les identifica como urbanismo formal, mercado habitacional y se autoatribuyen el calificativo de vivienda de calidad. Por el otro lado la producción social que ha sido llamada informal y se asocia a colonias populares, barrios marginales o periféricos, a una mala calidad e incluso inmoralidad y que, a pesar de ello, com- prende el grueso de las opciones habitacionales en las ciudades latinoamericanas. Como men- ciona Sergio Miranda: Es ya un hecho reconocido en nuestros días que, más que un proceso irregular y marginal, el urba- nismo popular ha sido el proceso fundamental por el cual —en términos cualitativos y cuantitati- vos— las ciudades y los órdenes urbanos de gran número de países en el mundo entero han adquirido los rasgos fundamentales de su identidad socio espacial y de los usos y prácticas en su espacio ur- bano, en oposición a los ideales de la ciudad central postulados por la ortodoxia del diseño y del ur- banismo formal o académico. (Miranda, 2016: 15) Efectivamente la construcción de ciudad no solo en México sino en la región latinoameri- cana es radicalmente diferente a las propuestas formales de producción de ciudad. Esta opción habitacional es una alternativa a las formas ideales de hacer ciudad que son inaccesibles o in- compatibles con países que viven en una profunda pobreza y desigualdad social, es una forma otra de hacer ciudad. Así, múltiples conceptos pueden hacer referencia a su aspecto físico (ba- rrio de chavolas, insalubres, precarios, tugurios, villas miseria), a su falta de reconocimiento legal (asentamientos informales, irregulares, clandestinos, piratas), a su falta de integración urbana (barrios deficitarios, periféricos, marginales), a su nivel de consolidación (invasiones, campamentos, ocupaciones, pueblos jóvenes, barriadas, villas de emergencia) y menos usual- mente a su modo de gestión (espontáneos, autoproducidos, autogestionados) (Arnold y Lema- rié, 2017: 21). 30 Lo cierto es que ante la magnitud de casos es muy difícil definir lo que es urbanismo popu- lar, se trata de formas y procesos indefinidos con precisión, con patrones disímiles entre momentos y territorios, con actores que van y viene, con mezcla de conflicto y esperanza; es el caso del hábitat popular que, pa- radójicamente, presenta elementos cercanos a la denominada vía formal como procesos de mercado y actores intermediarios. Es decir, un tipo de producción y desarrollo de hábitat que surge y depende del desenvolvimiento de la pobreza urbana, lo que implica la construcción de mecanismos y estrate- gias de respuesta tanto del sector formal como del informal, sin que ninguna de ellas logre contrarres- tar la marginalidad y su crecimiento. (Torre, 2016: 28) La diversidad de estudios sobre el hábitat popular en México y América Latina es enorme y a ello se debe su falta de precisión conceptual y la enorme variedad de tipos y conceptos para hacerle referencia. Este universo de investigación nos ha permitido observar la diversidad de estrategias usadas en colonias populares para la construcción de hábitat. De entre los miles de experiencias que han tratado de explicarse en diversos conceptos, la producción social el hábi- tat es una propuesta que cuenta con reconocimiento. El concepto desprende a las colonias populares del estigma de la irregularidad y la falta de organización y resalta el papel protagónico de la sociedad organizada y del apoyo entre otros grupos institucionales y no gubernamentales. Este concepto cuyo principal promotor es el ar- quitecto Enrique Ortiz señala que la producción social del hábitat es: aquella que se apoya en procesos autogestionarios colectivos, por implicar capacitación, participación responsable, organización y la solidaridad activa de los pobladores, contribuye a fortalecer las prácti- cas comunitarias, el ejercicio directo de la democracia, la autoestima de los participantes y una con- vivencia social más vigorosa. (Ortiz, 2012: 75) Como podemos observar el concepto abarca aspectos incluso de desarrollo personal como la autoestima, esto apunta a una noción de hábitat que va más allá de la producción material de la vivienda y se expande a procesos de gestión autónoma, respecto a la gestión y la organiza- ción. Ortiz añade que son: procesos generadores de espacios habitables, componentes urbanos y viviendas que se realizan bajo el control de autoproductores y otros agentes sociales que operan sin fines de lucro [… ] pueden tener origen en las propias familias actuando individualmente, en grupos organizados informales, en em- presas sociales como las cooperativas y asociaciones de vivienda, o en las ONG, los gremios profe- sionales e incluso las instituciones de beneficencia que atienden emergencias y grupos vulnerables... incluyen desde la autoproducción individual espontánea de vivienda hasta la colectiva que implica un alto nivel organizativo de las y los participantes y, en muchos casos, procesos complejos de produc- ción y gestión de otros componentes del hábitat (Ortiz, 2012: 73) La cooperativa de vivienda Palo Alto forma parte de esa historia del urbanismo popular, de la producción social del hábitat y de esos estudios que han investigado formas otras de hacer ciudad. Sin profundizar mucho en la experiencia de Palo Alto, que es materia de los dos capítu- los siguientes, es necesario reconocer que la experiencia sirvió de modelo para la creación del mismo concepto, es decir práctica y teoría van de la mano en la construcción de la producción 31 social del hábitat. Es así como llegamos al tema del cooperativismo, forma de organización que construyó la colonia cooperativa Palo Alto. La primera cooperativa que existió fue la Rochdale Pionners Equitable Society que se fun- dó en el pueblo de Rochdale, Inglaterra, en 1844. Como sucedió en muchas otras ciudades in- dustriales de la época, la división del trabajo y la automatización de las líneas de producción llevó a la pauperización de los obreros. Engels en su texto La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845) menciona a Rochdale como una de las ciudades circundantes a Manchester donde la automatización afectaba las condiciones de vida de los trabajadores: ―solamente en Rochdale hay más telares mecánicos que manuales en el tejido de la franela y otros paños‖ (Engels, 2006: 100). Engels mencionaba que en Ashton, Oldham y Rochdale la falta de vivien- da y el control de la vivienda en alquiler por parte de los patrones obligaba a los trabajadores a aceptar los costos del monopolio de arrendamiento y subordinarse a los caprichos burgueses. ¡Y qué poderío confiere al industrial el sistema de cottages cuando surgen discordias entre él y sus obreros! ¿Que ellos paran el trabajo? Le basta ponerlos a la puerta de su vivienda y el aviso previo no pasa de una semana; transcurre este plazo, y los obreros no solamente se hallan sin trabajo, sino sin techo, se convierten en vagabundos. (Engels, 206: 129) Debido a este contexto un grupo de tejedores de franela de Rochdale decidieron organizar una cooperativa de consumo para mejorar el poder de compra de sus salarios. Esta primera cooperativa contó originalmente con 28 trabajadores y consistía en un almacén para alimentos. Esta primera experiencia fue orientada por Charles Howarth y George Jacob Holyoake, ambos discípulos de Robert Owen (Inostroza, 1989: 23). Más allá de ser la primera cooperativa, su gran aporte consistió en que Holyoake y Howarth elaboraron los primeros principios cooperati- vistas. Con el paso del tiempo el cooperativismo se fortaleció y creó su propia Alianza Cooperativa Internacional que se enfoca en la defensa y divulgación de los principios cooperativistas, así como en el apoyo al desarrollo de proyectos cooperativos. En 1937 un comité especial presentó en el congreso de la Alianza en Paris un estudio donde se planteó la necesidad de ―reivindicar el hecho histórico de los pioneros de Rochdale en 1844‖ y la ―necesidad de contar con princi- pios guías‖ (Inostroza, 1989: 50). La Alianza se asumió como la defensora del legado de Roch- dale, es decir en el movimiento cooperativista la memoria de lo que fue la primera cooperativa le da identidad y sirve como modelo de partida para que las cooperativas adopten los principios que fueron sistematizados de la siguiente manera: 1. Adhesión libre de nuevos socios 2. Control democrático de la empresa 3. Retorno de los excedentes en proporción con el monto de las operaciones 4. Pago de interés limitado al capital 5. Ventas al contado 6. Educación cooperativa 7. Neutralidad política y religiosa 32 Esos principios cooperativistas subsisten con ligeras transformaciones hasta la fecha, quizás la adición más importante es la cooperación entre cooperativas. Como tal ese primer experi- mento y la idea de la cooperativa se siguió nutriendo de diversas tradiciones, aquí se señalan tres: socialista, cristiana y la economía solidaria. La tradición socialista puede remontar sus antecedentes al pensamiento y obras que Saint- Simon, Robert Owen y Charles Fourier realizaron en el siglo XVIII y XIX. Saint-Simon aportó la base de la dirección centralizada y la planificación de la producción, así como la apropiación del producto generado por la sociedad. Owen por su parte se refirió a la necesidad de reorgani- zar a la sociedad sobre principios de trabajo colectivo y propiedad social mediante comunida- des autónomas de trabajadores. Fourier aportó el modelo del falansterio que era una sociedad utópica donde el hombre se desarrollaría libremente y podría satisfacer sus necesidades me- diante el trabajo asociado. Estas ideas fueron llevadas a cabo por Owen en las colonias de New Harmony en Indiana, Estados Unidos (Inostroza, 1989: 16-17). Vale la pena hacer énfasis en que, aunque la cooperativa se conciba como una empresa asociativa, el origen utopista de la cooperativa contempla no solo el trabajo sino también la creación de comunidades que influye- ron en utopías urbanas. La visión social de la Iglesia Católica se desprende de tres encíclicas papales: la Rerum No- varum (1891), Cuadragesimo Anno (1931) y Mater et Magistra (1961). De manera general podemos decir que las tres instan a los Estados a evitar conflictos sociales, antagonismos de clase e injusticias para lograr una convivencia entre los hombres y procurar satisfacer necesida- des básicas en el trabajo y la vida cotidiana (Inostroza, 1989: 46). En las tres se hace un llamado a la cooperación, aunque su sentido es diferente en cada uno. En Rerum Novarum se identifica un sesgo paternalista con en el que se pide al Estado brindar servicios a aquellos cuyo trabajo beneficia a la colectividad: ―que las autoridades públicas pro- diguen sus cuidados al proletario para que éste reciba algo de lo que aporta al bien común, co- mo la casa, el vestido y el poder sobrellevar la vida con mayor facilidad‖ (León XIII, 1891: 25). Cuadragesimo Anno hace énfasis en evitar, mediante la cooperación, la lucha de clases que: “siempre que se abstenga de enemistades y de odio mutuo […] se convierte en una honesta discusión, fundada en el amor a la justicia, que, si no es aquella dichosa paz social que todos anhelamos, puede y debe ser el principio por donde se llegue a la mutua cooperación ‗profesio- nal‘‖ (Pío XI, 1931: 114). Estas dos primeras encíclicas responden a una época en que el socia- lismo tomó fuerza en Europa y parecía amenazar a las naciones europeas. Finalmente, Mater et Magistra habla explícitamente de cooperativismo como forma de me- jorar las condiciones de vida de los trabajadores, señala la responsabilidad del Estado pero da mayor protagonismo a los trabajadores, por ello incluye una invitación: A nuestros queridísimos hijos del artesanado y del cooperativismo, […] a que sientan la nobilísima función social que se les ha confiado en la sociedad, ya que con su trabajo pueden despertar cada día más en todas las clases sociales el sentido de la responsabilidad y el espíritu de activa colaboración y 33 encender en todos el entusiasmo por la originalidad, la elegancia y la perfección del trabajo. (Juan XXIII, 1961: 89-90) Estos planteamientos han sido adoptados por partidos democratacristianos europeos que han apoyado el desarrollo de empresas cooperativas en sus programas y acuerdos partidarios (Inos- troza: 49). Esta visión es particularmente interesante para el caso de Palo Alto ya que uno de los personajes más importantes de su historia fue el sacerdote Rodolfo Escamilla que desde los planteamientos sociales del catolicismo impulsó el desarrollo de una forma de vida cooperativa entre los pobladores de la mina de Palo Alto. La última de las tradiciones parte de lo que se ha llamado la Economía Social, Solidaria o del Bien común que no plantea un antagonismo con las propuestas de la tradición liberal pero sí busca priorizar el bienestar de la colectividad antes que el incremento de la ganancia. De esta postura se busca dar preferencia a las relaciones de confianza más que a las relaciones labora- les, la contribución y la cooperación sobre fines de lucro. Se puede decir que es una forma de hacer negocios basados en dignidad humana, solidaridad, cooperación, responsabilidad ecoló- gica y en empatía. Esta perspectiva busca dar mayor competitividad a las empresas sociales y transformarlas en una opción redituable en términos económicos, pero sobre todo en términos sociales, políticos y ambientales frente a un capitalismo que no ha logrado retribuir bienestar a la sociedad. Esta perspectiva también pretende superar el protagonismo de la lucha de clases y recono- cer que las víctimas del capitalismo son más que obreros enfrentados a la burguesía. Se encuen- tran cercanos a aspectos de emprendimiento, economía y administración que se comparten con aspectos de la lucha de clases. A diferencia de la perspectiva socialista que señala profunda- mente la emancipación del obrero, en la Economía Solidaria ―se pasa del enfrentamiento de las demandas del trabajo en contra de las demandas del capital, al enfrentamiento de los seres hu- manos en contra el capitalismo‖ (Coraggio, 2011: 22). Estas tres tradiciones hacen que las sociedades cooperativas tengan matices que las diferen- cian y las asemejan. Es posible mencionar que la socialización del trabajo, la propiedad social, la libre adhesión y la gestión democrática de una empresa cooperativista mediante asambleas y comisiones son los aspectos más importantes que buscan crear una empresa rentable, así como fomentar solidaridad, capacidades democráticas y en general una nueva forma de vida. La idea de que las sociedades no pueden ser guiadas solo sobre sus valores materiales —abundancia, eficacia, racionalidad— sino también sobre una serie de valores no materiales —éticos, morales, afectivos y lúdico— han movilizado la atención de muchos autores. Tal idea se fundamenta en el re- conocimiento del derecho a la participación activa y de intervención de los diversos actores sociales en el destino de la comunidad. Se evidencia con eso la creación de una nueva forma de subjetividad que amplía la noción de necesidad más allá de la esfera productiva […]. Las cooperativas por su na- turaleza democrática en la conducción de las actividades, por la primacía de las personas sobre el tra- bajo o sobre el capital, por su autonomía en relación al Estado son identificadas como portadoras de un ideal social enfocado al bien común y, como tal, ganan respaldo en las concepciones de la econo- mía social. (Lins y Pires, 2006: 28-29) 34 Es así como el cooperativismo se presenta como un proyecto que va más allá de lo econó- mico, sus aspiraciones son sociales, políticas y culturales. Quizás uno de los elementos cooperativistas que influyen en la identidad de los jóvenes es el de la propiedad. A diferencia de otras colonias populares donde se ha observado una intensa movilidad residencial, en la colonia cooperativa esta movilidad está restringida por la imposibi- lidad de arrendar y vender la casa que el socio ocupa. Aunque la adhesión a la cooperativa es libre en los hechos es muy difícil renunciar a ella debido a los altos costos del suelo en la Ciu- dad de México y a que la cooperativa no tiene la solvencia para liquidar fácilmente a quienes decidan renunciar o incumplan con los reglamentos. Esta estabilidad residencial ha provocado también que la memoria sea transmitida de una forma mucho más íntima de generación en ge- neración ya que los abuelos, tíos o padres son los fundadores y socios de la cooperativa, es una historia familiar, aspecto que refuerza el fin humano de la cooperativa. Otro aspecto que atañe estrechamente a los jóvenes es la cuestión de la educación coopera- tiva. La educación cooperativa tiene el fin de enseñar entre los socios las responsabilidades, ideales, retos y beneficios de una forma de vida cooperativa. Como menciona Rojas, su impor- tancia reside en que es la única posibilidad de lograr que los socios se apeguen a los ideales cooperativos: ―en ello está cifrada la unidad de largo plazo, pero se requiere una fuerte inver- sión en educación cooperativa y en fortalecimiento de la vida asociativa para alcanzar los con- sensos necesarios‖ (Rojas, 2014: 46). Pero ¿qué sucede con la educación de aquellos que no son socios? Los jóvenes no forman parte de la estructura formal de la cooperativa y por lo tanto la educación cooperativa como formación del socio no puede pensarse para ellos. Sin embargo, la cooperativa de vivienda realiza diversas actividades festivas y cotidiana que inevitablemente contribuyen en un proceso de educación cooperativa en sus habitantes, aun sin ser socios, aún sin asistir a la Asamblea. Así llegamos al tercer aspecto: la participación. Un concepto básico en el cooperativismo es la solidaridad, que también suele ser nombrado mutualismo, cooperación, trabajo común o apo- yo mutuo. Este concepto es similar al de participación en democracia, en el sentido de que es indispensable la solidaridad de los socios para que funcione la cooperativa, así como la demo- cracia necesita de ciudadanos participativos para que funcione. Como mencionan Maria Luiza Lins y Silvia Pires la solidaridad es entendida como: un intercambio indisociable de las relaciones humanas y fuente de sociabilidad que se traduce en un sentimiento no solo de pertenencia a la humanidad, y en una deuda con relación a las sociedades pa- sadas y un compromiso en relación a las generaciones futuras. Así, la idea de legado a las generacio- nes futuras está tan presente en el tema de sustentabilidad como en el de solidaridad. (Lins y Pires, 2006: 14-15) La necesidad de ser solidaridad con las generaciones futuras es realmente importante para las cooperativas de vivienda, así como lo puede la participación de los jóvenes ser para la de- mocracia. Una cooperativa de vivienda no es una cooperativa cualquiera, una cooperativa de consumo puede ampliar el número de socios conforme crece el trabajo, en la cooperativa de 35 vivienda es difícil hacer lo mismo si no se cuenta con suelo para ampliar el número de vivien- das y de socios. El consumo de vivienda es además complejo, una cooperativa adquiere o pro- duce algo y lo consume o intercambia, en el caso de la cooperativa de vivienda ¿dónde termina el proceso de consumo o producción de vivienda? y por lo tanto ¿dónde comienza y termina la solidaridad entre socios? La gestión de la colonia mediante la cooperativa plantea grandes retos ya que, si bien la cooperativa fue una herramienta importante para la construcción de vivienda, se creó un grupo reducido en el que solo los socios discuten los asuntos de interés público, ¿qué sucede con otros habitantes de la colonia, como los jóvenes, que no tienen el estatus de socio pero que igualmente se benefician de la cooperativa?, ¿son freeriders o están marginados de la participación en la cooperativa? Más allá de ser un mecanismo de acceso a la vivienda, con el desarrollo de la colonia quedó demostrado que las consecuencias de la cooperativa ampliaron su campo de influencia mucho más allá de la habitación. La organización política y social al interior de la cooperativa marca diferencias sustanciales con otro tipo de colonias populares, como la existencia de una Asam- blea en la que al menos un miembro de cada una de las casas está obligado a asistir. Esto no quiere decir que en la cooperativa no existan personas que se nieguen a participar, pero la dis- cusión de los asuntos públicos es mucho más amplia que en cualquier otra colonia popular. A pesar de esta enorme socialización de lo público, existen grados muy marcados al interior de la cooperativa: los jóvenes no tienen la misma posibilidad de tomar parte en las decisiones que afectan su comunidad como la que tienen los socios. Así podemos decir que los jóvenes de Palo Alto han aprehendido una identidad cooperativa basada en las memorias de los ancianos que han sido ampliamente difundidas, sin embargo son las memorias de un grupo al cual no pertenecen y que se encuentra cerrada en la Asamblea de socios al cual tienen acceso solo de forma marginal. Del otro lado los jóvenes son vistos un poco como personas apáticas y en el mejor de los casos como socios en formación cuyos apor- tes no cuentan con la legitimidad de los socios formales. El cómo se llegó al contexto de estos jóvenes es materia de los dos siguientes capítulos que corresponden a las dos generaciones de la fundación y la ruptura de la cooperativa. 36 Capítulo II La lucha militante, la formación de la cooperativa Palo Alto, 1940-1985 Siempre me habían hablado de lugares en los cuales vi- vimos, de guarderías a las cuales fui, de personas que conocí, pero en realidad yo no tengo ningún recuerdo de ellos y a pesar de todo son parte de mi historia, son parte de mi memoria. Esos recuerdos que no son míos han formado la persona que soy. Augusto César Díaz, Territorio liberado, min. 05:40 Este segundo capítulo aborda la primera de las tres etapas en las que propongo dividir la historia de la cooperativa, cada una protagonizada por una generación. Abarca del inicio de la migración en 1940 al término de las fases constructivas de la cooperativa en 1985 cuando se introdujeron lo servicios y se construyeron las últimas viviendas. Esta primera generación se desarrolló en el contexto de una ciudad que crecía rápidamente, alentada por olas migratorias que se asentaron en la periferia. Durante este periodo el derecho a una vivienda fue la principal demanda de los grupos urbanos populares a un Estado del que se esperaba lo satisficiera y que otras veces se interpretaba como una gracia concedida. Debido al contexto político en el cual las organizaciones urbanas populares adquirieron una influencia notable y a la inexistencia de la democracia real en México, esta primera etapa está marcada por un fuerte corporativismo controlado por el PRI. Las organizaciones priistas se convirtieron en un lastre para el desarrollo de la democracia en la ciudad, mientras que los mo- vimientos urbanos populares se convirtieron en el principal canal independiente de lucha por el derecho a la vivienda. A pesar del contexto la comunidad logró experimentar un proceso de toma de conciencia y articular una organización con notable autonomía respecto a las autorida- des. Estos movimientos contaron con el importante respaldo de la corriente social de la Iglesia Católica. La comunidad de Palo Alto recibió apoyo de monjas ursulinas y de los sacerdotes Carlos de Anta y Rodolfo Escamilla del Secretariado Social Mexicano, una organización cató- lica con la convicción de que apoyar a los pobres en la lucha por la liberación de sus opresiones era una tarea pastoral y un ejercicio de liberación espiritual. En el trabajo realizado entre la comunidad de Palo Alto y ―El Maestro‖ Escamilla, Luz Lozoya y Graciela Martínez se gestó la idea de la creación de la cooperativa. 37 En este contexto de organización popular fue que los jóvenes de ese entonces lograron con- solidar su lucha en la cooperativa Palo Alto y superaron problemas de deshumanidad en los que vivían gracias a un proceso de construcción autogestivo. Así, se forjó una identidad como cooperativistas y socios fundadores marcados por una cultura de participación militante que exigía un compromiso pleno. Esta es la historia más conocida de la Cooperativa que se ha en- señado, de diversas formas, a las otras generaciones. Es también la que se ha difundido más al exterior en encuentros académicos y de organizaciones, en artículos periodísticos, en fichas técnicas e incluso en la Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia 2016. La mayoría de los testimonios usados en este primer apartado fueron recogidos en trabajos realizados hacia el final del periodo y como veremos fueron hechos con el fin de consolidar la memoria y la iden- tidad cooperativa. La ciudad industrial y el crecimiento urbano de la ciudad de México La ciudad de México ha tenido diversas etapas de crecimiento, la de 1940 no fue la primera, pero es notable por crecimiento acelerado impulsado por los esfuerzos de industrialización y por la configuración de la periferia popular de la ciudad. La política económica se orientó a la sustitución de importaciones y a una rápida industrialización concentrada en las ciudades prin- cipales como Monterrey, Guadalajara, Puebla y sobre todo en la ciudad de México, especial- mente a partir de la participación mexicana en la Segunda Guerra Mundial en 1942. La ciudad de México ya era la ciudad más grande del país y adquirió aún más relevancia por la acumula- ción de infraestructura y mano de obra para las actividades industriales que se multiplicaron en la capital desde el gobierno de Manuel Ávila Camacho (1940-1946). Según Gustavo Garza la industrialización por medio de la sustitución de importaciones tiene dos periodos, la primera de 1930 a 1950 que se caracteriza por la sustitución de importación de bienes de consumo inme- diatos y la segunda de 1950 a 1970 que sustituye la importación de bienes de consumo durade- ros e intermedios (Garza, 1985: 146-147). Eso fue posible gracias a medidas arancelarias, fiscales y crediticias y al desarrollo de infraestructura y de empresas privadas y estatales. Este proyecto requería que el espacio urbano se adecuara a las actividades económicas in- dustriales mediante la zonificación. El objetivo era separar las actividades industriales de la vivienda y de los servicios por cuestiones de higiene y eficiencia y conectadas por vías rápidas. Esta configuración económica y espacial continuó con algunas modificaciones hasta la década de 1980 que se realizaron importantes esfuerzos por descentralizar la industria a otras entidades y el cambio de orientación económica de industrialización a tercerización que acompañó esta transformación modificó de forma profunda a la ciudad de México. El caso del poniente del Distrito Federal es un caso remarcable por la construcción de fraccionamientos residenciales que desplazaron las actividades mineras e industriales, algunas de las cuales existían desde el siglo XIX, este fue el caso del fraccionamiento Bosques de las Lomas. La zona se encuentra al pie de una serie de volcanes más o menos alineados de norte a sur y paralelos a ellos se extienden pequeños valles profundos y escalonados, estas formaciones per- 38 tenecen a la Sierra de las Cruces que flanquea al Valle de México por el poniente. El clima de la zona es templado y frío-húmedo con temperatura media anual de 10 C° a 12 C° y precipita- ción pluvial de 1,200 a 1,500 mm anuales. Su suelo está formado por rocas de origen ígneo y existen depósitos de material originados por una erupción volcánica o suelos generalmente fir- mes que fueron depositados fuera del ambiente lacustre del Valle, pero en los que existen mate- riales arenosos (Programa Delegacional de Desarrollo Urbano Cuajimalpa [PDDU-C], 1997). Su formación geológica resultó adecuada para la minería de arena y otros materiales rocosos para la construcción como una de las industrias más importantes de la zona. Actualmente es frecuente la presencia de oquedades, cavernas y túneles que fueron excavados para extraer di- chos materiales. Tabla 1. Población absoluta y densidad habitacional 1940 y 1960 Demarcación 1940 1960 Álvaro Obregón Habitantes 32,318 220,011 2 Densidad h/km 375 2,492.76 Cuajimalpa Habitantes 6,005 19,199 2 Densidad h/km 87 263.43 Ciudad de México Habitantes 1,464,556 2,832,133 2 Densidad h/km 10,930 20,559.95 Distrito Federal Habitantes 1,448,422 4,870,876 Fuente: INEGI Censos de población y vivienda 1940 y 1960. Tanto la delegación Álvaro Obregón como Cuajimalpa eran eminentemente rurales en esa época1. Su importancia residía en ser proveedora de madera, arena, papel, carbón y agua a la ciudad de México y la de Toluca. Si bien las poblaciones de Cuajimalpa y Villa Álvaro Obre- gón crecieron más rápidamente de 1940 a 1960 (68.7% y 85.3% respectivamente) que la pobla- ción de la ciudad de México (48.2%) la densidad poblacional nos señala que ambas delegaciones eran muchísimo menos habitadas que la ciudad (Tabla 1). A pesar del impresio- nante crecimiento urbano, las minas de Palo Alto se ubicaban en una zona periférica, primor- dialmente rural, donde la actividad política de los movimientos urbanos populares fue menor en comparación con la periferia oriental. El crecimiento demográfico de la delegación se disparó después de 1970. Esto debido qui- zás a dos cuestiones: al aumento de los nuevos asentamientos después de la regencia de Ernesto P. Uruchurtu (1964) quien había mantenido una política de prohibición a nuevos asentamientos 1 En 1928 se suprimió el ayuntamiento de la Ciudad de México y en su lugar se constituyó el Departa- mento del Distrito Federal (DDF). De esa reforma política se suprimieron las municipalidades y el Ayunta- miento del Distrito Federal y de dividió al territorio en 11 delegaciones y un Departamento Central (también llamada Ciudad de México), según esa división para 1940 la mina de Palo Alto se ubicaba en Álvaro Obre- gón. Con la modificación de la Ley Orgánica del Distrito Federal en 1970 las delegaciones existentes cambia- ron su delimitación y a partir de ello la mina de Palo Alto pasó a depender de la delegación Cuajimalpa. 39 en el Distrito Federal y también al desarrollo de la colonia residencial Bosques de las Lomas. Este fraccionamiento fue una especie de continuación residencial para clases altas que había comenzado en Bosques de Chapultepec en la década de 1930 y que en esta época continuaba su expansión al poniente con Bosques de las Lomas. La fraccionadora constituida como empresa en noviembre de 1967 comenzó a adquirir terrenos de Bosques del Chamizal, en ese entonces propiedad colectiva de trabajadores de la industria militar, para la proyección del fracciona- miento de lujo (Hinojosa, Proceso, 3, VII, 1982). Esta urbanización residencial fue quizás uno de los detonantes del crecimiento poblacional en la zona que se integraron a los trabajos deri- vados del fraccionamiento. Tabla 2. Población absoluta y densidad poblacional 1970 y 1980 Demarcación 1970 1980 Cuajimalpa Habitantes 36,200 91,200 2 Densidad h/km 496.71 1,251.37 Ciudad de México Habitantes 2,902,969 2,595,823* 2 Densidad h/km 21,118.65 18,884.21 Distrito Federal Habitantes 6,874,165 8,831,079 *De la suma de las delegaciones centrales Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza. Fuente: INEGI Censos de población y vivienda 1970 y 1980. La delegación Cuajimalpa de Morelos era la menos poblada en 1940 y cuatro décadas des- pués, en 1980 aumentó su población quince veces llegando a 91 mil habitantes (Tabla 2). El crecimiento de la delegación también se debió al desarrollo de vivienda residencial y media en torno a la cabecera delegacional, como Contadero y el fraccionamiento Vista Hermosa, así co- mo el establecimiento de algunos asentamientos irregulares en algunas laderas de los cerros y barrancas (PDDU-C). La convivencia de estas dos tipologías habitacionales en un espacio tan reducido como la zona urbana de la delegación Cuajimalpa se volvió problemática por la ca- rencia de suelo debido a las características geográficas y de zonificación primaria de la zona. Estas condiciones hicieron que el suelo fuera, hasta hoy día, muy codiciado, a pesar de ser uno de los suelos con más riesgos por la presencia de ríos, túneles de minas y barrancas y de repre- sentar solamente el 20% del Suelo Urbano de la delegación. Varios factores han promovido el desarrollo de la zona, tanto su ubicación, como sus carac- terísticas geográficas privilegiadas rodeadas de ambientes naturales y su escasa contaminación, la convirtieron en un lugar ideal para el desarrollo de importantes proyectos de habitación resi- dencial y de descanso desde el siglo XIX (Miranda, 2014). Con el desarrollo de zonas de ofici- nas en la década de 1980 y 1990 también se aumentó su atracción inmobiliaria. Este desarrollo presionaba el desplazamiento de población de ingresos bajos y medios, que comenzaron a ocu- par el Suelo de Conservación. 40 La política de la modernidad, corporaciones oficiales y organizaciones inde- pendientes en el acceso al suelo urbano para vivienda La época también es importante porque sentó las bases del manejo político del Distrito Fe- deral subordinado al poder Ejecutivo Federal y a una fuerte dinámica corporativista. Los presi- dentes Manuel Ávila Camacho (1940-1946) y Miguel Alemán Valdés (1946-1952) consolidaron a la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) nacida en 1942 como organización de alcance nacional y con gran presencia en las zonas urbanas, espe- cialmente en la ciudad de México. Esta confederación se convirtió en pieza clave del priísmo, sobre todo con los gobiernos civiles a partir de Alemán Valdés que orientaron sus alianzas polí- ticas con las clases medias y urbanas populares. La importancia de las clases medias y urbanas populares se revela en el poder que alcanzó la CNOP que llegó a opacar a las otras dos corpo- raciones importantes del PRI: la Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM). En marzo de 1943 se firmó la Declaración de Principios de la CNOP, uno de sus puntos fundamentales buscaba proporcionar a las masas urbanas vivienda digna, defender los intereses de los inquilinos y canalizar créditos para la construcción de vivienda. De esta forma una de las tareas de la CNOP era capitalizar la demanda de vivienda, particularmente popular, para acre- centar el poder político del PRI. Imagen 1. Organizaciones vecinales adscritas a la CNOP del PRI Fuente: Archivo Gráfico de El Nacional, Fondo Temático, sobre 110, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. s.a. 41 La CNOP jugó un papel importante en la consolidación del PRI, pero también en la confi- guración urbana de la ciudad de México. Asociaciones de vecinos, de colonos, de inquilinos, solicitantes de tierras y de vivienda acudían a engrosar sus filas en busca de apoyo para la reso- lución de sus demandas, que iban desde el control de rentas, la dotación de servicios, la regula- ción de la tenencia entre otros. Las colonias periféricas construidas con esfuerzo propio pero con apoyo de la CNOP debían pagar el beneficio de la regularización, tolerancia a la invasión o venta de terreno del gobierno con fidelidad política. La corporación logró servir de intermedia- rio en las negociaciones entre los colonos y las autoridades con lo que se convirtieron en impor- tantes actores de la política urbana y en un pilar importante para el clientelismo y corporativismo que marcaron estos años. Según Cristina Sánchez-Mejorada la CNOP y el Jefe del DDF solían establecer alianzas pa- ra apuntalar su prestigio político aún a costa de otorgar permisos de asentamiento o servicios que el mismo DDF no podía sostener. Así, una buena parte de las colonias de origen informal y sin servicios fueron toleradas por las autoridades a cambio de fidelidades políticas. La población no tenía claro el juego de ―toma y daca‖, no consideraba ni ubicaba sus demandas como un derecho que el Estado tenía la obligación constitucional de atender, sino que lo tomaba como un gesto ―generoso‖ de las autoridades, como una dádiva que había que agradecerles con un homenaje en su honor, una estatua, o el bautizo de una calle o colonia con el nombre del funcionario benefactor o el de su esposa. (Sánchez-Mejorada, 2005: 246). De esta forma, la lucha por el derecho a la vivienda no debe ser entendida en su totalidad como la lucha por la reivindicación de un derecho, sino también como la lucha por ganar el favor político de las autoridades administrativas y políticas o como una estrategia para hacer valer su derecho a la vivienda. En 1940, al Distrito Federal, la entidad con el mayor promedio de ingreso mensual familiar ($1,282), le correspondían también las cifras más inequitativas de distribución; el 3% de las familias, las más ricas, absorbían el 21% del ingreso total en el Distrito Federal, y el 10% de familias con altos ingresos absorbían el 40% (Martínez de Navarrete, 1960: 21-22). El déficit cualitativo y cuantitativo de la vivienda en la ciudad de México se debió principalmente a 1) la insuficiencia de lotes urbanizados, 2) alto costo del suelo, inaccesible para la mayoría de las personas, 3) carestía en general de la vida, impulsada por la inflación relacionada con la Segun- da Guerra Mundial, y el aumento de los alquileres que obligaba a destinar mayor parte del in- greso a cubrir dicha necesidad; 4) alto costo de materiales de construcción; 5) aumento de costo de los servicios urbanos y el aumento a los impuestos onerosos para la propiedad privada; 6) poca inversión en vivienda social; 7) intervenciones estatales jurídicas como el abuso de la Ley de Expropiación, el Decreto de Rentas Congeladas, Ley de Planificación y; 8) el encarecimien- to de los créditos (Sánchez-Mejorada, 2005: 176). 42 Imagen 2. Cartel partidista en la colonia Jesús Romero Flores Fuente: Archivo Gráfico de El Nacional, Fondo Temático, sobre 110, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. s.a. Las condiciones políticas y económicas de la ciudad de México estimularon el crecimiento de la periferia urbana, toda esa zona habitada lejana a los centros más desarrollados, particu- larmente al norte y oriente. El bajo costo del suelo en la periferia permitía que la mayor parte la población demandante de vivienda tuviera mejores oportunidades de adquirir suelo lejos de la ciudad ya fuera por esfuerzo propio o por dádivas de las autoridades. Además del bajo costo del suelo en la periferia, existían zonas con enormes extensiones de tierras ejidales que muchas veces sirvieron como reserva para usos urbanos. La difícil condición económica de gran parte de población reducía su acceso regular al suelo urbano y fomentaba la ocupación irregular de dichos suelos, especialmente por la población migrante que no tenía las posibilidades para ocu- par una vivienda regular en la zona central de la ciudad de México. En ese entonces Cuajimalpa y Álvaro Obregón eran delegaciones periféricas y rurales ubi- cadas al poniente de la ciudad. La presencia de asentamientos irregulares y colonias populares fue menor que en otros territorios, pero Palo Alto forma parte de esa reducida pero notoria his- toria de ocupación popular del territorio en el poniente: Yo llegué a los 17 años del Estado de Querétaro de Villa de Cortés, Querétaro, Saldarriaga. Cuando yo llegué que me trajo mi esposo llegué a la carretera que era una carretera que nada más pasaba uno para allá y otro para acá pero en el mismo carril. Me dijo mi esposo, pues ya llegamos a México. 43 Dios mío ¿esto es México? pues yo vi puro cerro, puro monte, puros árboles que les decían el chapo- pote (Imelda Reséndiz Hernández, Cooperativa Palo Alto, El documental, 2017) El kilómetro 14 ½ de la carretera México-Toluca marca la zona donde se encontraba la mi- na de arena de Palo Alto, la cual había sido explotada desde la década de 1940 y era propiedad de Efrén Ledezma, producía arena, confitillo y grava y era trabajada por migrantes que cons- truían ahí mismo sus casas. La mayor parte de las personas de Palo Alto eran originarias de Contepec, Michoacán, aunque no era el único estado de donde habían migrado (Tabla 3). Tabla 3. Entidad de origen de jefes de familia de la mina Palo Alto, 1978 Lugar de nacimiento Porcentaje Contepec, Michoacán 43.11% Distrito Federal 21.58% Hidalgo 7.78% Querétaro 5.99% Puebla 4.16% TOTAL 100% Fuente: María Luz Lozoya. El trabajo social en una experiencia cooperativa en Palo Alto, D.F. Tesis de licenciatura en Trabajo Social, UNAM, 1978. En uno de los estudios clásicos de la época, Larissa de Lomnitz (1975) estudiaba la Cerrada del Condor, una comunidad ubicada también al poniente del Distrito Federal. Esta comunidad era además parecida a la de Palo Alto porque ambas eran asentamientos populares que se ha- bían conformado por migración y desarrollado por la actividad minera. Respecto al patrón de migración, Lomnitz asegura que el habitante regular: migra en grupo familiar en su mayoría de baja edad. Llega del campo directamente a casa de parien- tes en la ciudad, quienes le dan alojamiento y le ayudan a establecerse en el Distrito Federal. Una vez establecido, trae a otros parientes del campo, incluyendo a sus padres o abuelos y a sus parientes sol- teros. (Lomnitz, 1975: 63) Según testimonios, además de las redes de migración de las familias el mismo patrón, Efrén Ledezma, iba a Contepec a ofrecer trabajo y un pedazo de suelo a quien quisiera ir a trabajar la mina. Este esquema de migración, basado en la recomendación, en la red de migrantes y en el apoyo para conseguir un espacio en el lugar de destino fue el que operó en Palo Alto. Como que se le mete a uno la idea de que en la ciudad se vive mejor, de que en la ciudad le pagan a uno mejor por su trabajo. A uno le prometían que aquí en México se ganaba dinero y es mentira […] La gente de Contepec, que ya estaba aquí trabajando en las minas de arena iba al pueblo y nos ani- maba para que nos viniéramos a México y así fuimos llegando uno tras otro, hasta que se pobló todo esto. (Lombera y Páez, 1975: 9) Al llegar a la ciudad muchas familias migrantes comenzaban obteniendo su ingreso por me- dio de actividades económicas inestables, informales y con bajos rendimientos, difícilmente 44 podían obtener empleos industriales bien remunerados. Otro aspecto que los hacía especialmen- te vulnerables a este tipo de explotación era el bajo nivel educativo de los migrantes que dismi- nuía su capacidad de defenderse por el desconocimiento de sus derechos laborales (Tabla 4). En Palo Alto hacia 1970 más de la mitad (74.06 %) de los jefes de familia tenían estudios nulos o de primaria incompletos: Tabla 4. Grado escolar de jefes de familia de la mina Palo Alto, 1978 Grado Porcentaje Sin estudios 39.92% 1° a 3° de primaria 34.14% 4° a 6° de primaria 19.76% Secundaria incompleta 1.20% Secundaria completa 2.40% Escuela Técnica 2.70% Preparatoria 0.88% Profesional 0% Total 100% Fuente: María Luz Lozoya. El trabajo social en una experiencia cooperativa en Palo Alto, D.F. Tesis de licenciatura en Trabajo Social, UNAM, 1978. Solo después de un tiempo estas familias iban acomodándose en trabajos fabriles o asala- riados. La proletarización de las familias migrantes implicó dos procesos: el primero la multi- plicación de los miembros trabajadores, como la participación de niños y mujeres en actividades económicas; y el segundo la mayor dependencia al ingreso salarial con lo que se consumaba la transición de familias marginales sin ingresos fijos a una familia típicamente proletaria, como consecuencia las familias trabajaban mucho por poco dinero (Thompson, 1991: 421-428). Empezábamos a trabajar desde las tres de la mañana y con el canasto al hombro a cargar la arena de abajo para arriba. A las nueve de la mañana salimos a almorzar y luego a continuar trabajando hasta las siete de la noche. Nos entraban ganas de trabajar más para ganar unos cuantos pesos más, pero era mucho el esfuerzo. (Lombera y Páez, 1987: 9) Una gran desventaja es que casi nadie conocía nada en cuanto a los derechos de los trabajadores, cuestión aprovechada al máximo por el patrón que a costillas del trabajo de los mineros comenzó a amasar una cuantiosa fortuna. Todo aquel que entraba a trabajar en las minas recibía menos del sala- rio mínimo establecido en aquellos años, a veces nos pagaba con maíz y frijol. ¡Que 8 horas de traba- jo ni que nada! Eran más de diez, y ni que pensar en alguna prestación social, o en la indemnización a los familiares por la muerte de un trabajador dentro de las minas; y vaya que los accidentes y enfer- medades estaban a la orden del día. (Grupo Rodolfo Escamilla Solidario [GRES], 1985: 4) Este tipo de trabajos no requería mano de obra calificada pero por su exigencia dificultaba que las personas que ejercieran otro tipo de trabajos. Esta situación de dependencia aumentaba sus necesidades de supervivencia y los sujetaba a una mayor explotación a favor del patrón. 45 Muchas gentes con todo y sus familias comenzaron a llegar a estos lugares, que eran puras lomas lle- nas de alcanfores había muchos árboles aunque todo eso se fue acabando poco a poco por los mismos trabajos de las minas y las exploraciones, pues no sólo se sacaba arena, también grava y confitillo pe- ro puede decirse que aquél fue el origen de numerosas colonias como la Santa Lucía, Barrio Norte, Colonia Piloto, la Adolfo López Mateos, Las Golondrinas, Los Pirules, La Arbide, Lomas de Becerra y la nuestra, Palto Alto. Las necesidades de la gente eran grandes y el hecho de tener un modesto in- greso para sostener a nuestras familias pues representaba un inmenso esfuerzo (GRES, 1985: 4). En estas condiciones tan precarias de explotación de los migrantes fue que se comenzó a conformar el asentamiento popular en los mismos terrenos de las minas. Dos aspectos intere- santes de este fragmento testimonial es el reconocimiento de una historia sobre el origen mine- ro de las colonias de la zona y el reconocimiento de la situación de opresión y explotación laboral de que eran víctimas y que en ese momento no reconocían. Los testimonios fueron re- cogidos en 1986, 15 años después de ser fundada la cooperativa y después de un proceso de reconocimiento sobre sus condiciones de vida. Sus condiciones laborales, familiares y del en- torno cobraron sentido cuando su permanencia en el lugar fue amenazada y cuando comenzaron a trabajar en el desarrollo de su organización para defender el lugar que ya consideraban su hogar. Antes de ese proceso sus condiciones de vida fueron recordadas en los términos siguien- tes: Según Ledezma, como benefactor de sus trabajadores, a cada uno le rentaba un retazo de terreno en 8 o hasta en 20 pesos semanales, con la condición de que lo cuidaran pero ¡ay! de aquel que no pagara a tiempo o no quisiera seguir trabajando con el patrón, porque era despojado de los pocos materiales de construcción que con esfuerzo había obtenido para darle un techo a sus hijos. En toda esa parte de terreno —542,842 metros cuadrados— que correspondía a la zona de Palo Alto, Ledezma rentó para la explotación de las minas y a nosotros para nuestras viviendas. Entre barrancas, escombros y basu- reros, se encontraban dispersas nuestras casuchas; bueno de aquellos que llegamos a tenerlas, porque había gente que habitaba en las cuevas de las minas donde se trasminaba el agua. (GRES, 1985: 5) Las condiciones materiales en que vivían eran sumamente precarias, casas pequeñas hechas con materiales perecederos y endebles. El término casuchas, que se ocupa en la descripción es revelador tanto del estado material como del estado de deshumanidad en que los trabajadores se desenvolvían. Además de las condiciones materiales, los trabajadores carecían de certeza sobre su permanencia en el lugar ya que era un suelo rentado y eran amenazados constantemente por los pistoleros del patrón que les despojaba de sus casas y materiales si se retrasaban con el pago de la renta. Igualmente sucedía con los nulos servicios del asentamiento. Todos aquellos años vivimos aislados, solo existía un camino de terracería, pero era para uso exclusi- vo del patrón. Para salir a buscar agua o los alimentos había que madrugar y caminar lejos, más de 5 kilómetros por veredas, para poder conseguirlos. De hecho, ya éramos muchos y ni qué pensar que el patrón promoviera cualquier tipo de servicio: luz, drenaje, agua potable… ni menos escuela; muchos de nosotros no supimos leer y escribir, pero lo mismo sucedió con nuestros hijos. (GRES, 1985: 6) La precariedad del asentamiento también fue acompañada de una precariedad en el desarro- llo familiar ya que no existían condiciones para mejorar el asentamiento ni para superar la ca- rencia de educación. Existía además una relación interpersonal marcada por el machismo y por 46 un alcoholismo que hoy en día se reconoce aún como problema y que afectaba principalmente a las mujeres: La carga de todos estos problemas pos recaía más en las mujeres, porque los hombres casi vivían dentro de las minas y pa‘ rematar le entraban duro al trago, con aquellas famosas canelas que eran pu- ro alcohol del 96. Así vivimos durante muchos años. (GRES, 1985: 6) Entre hombres y mujeres existía casi paridad numérica, las mujeres representaban el 49.35% de la población mientras que los hombres el restante 50.65%, el promedio de hijos era de 6.25 y la mayoría de los jefes de familia eran hombres (86.23%) (Lozoya, 1978). Estos jefes de familia eran personas jóvenes que llevaban varios años residiendo en la mina, algunos de ellos incluso habían nacido ahí. 64.67% tenía más de 21 años de residencia en el Distrito Federal y casi un tercio de los jefes de familia tenían entre 21 y 30 años (29.43%) (Ta- bla 5 y Tabla 6). Estos padres y madres, jefes de familia jóvenes, que habían experimentado desde niños la forma de vida de las minas, fueron los protagonistas de la lucha por el derecho a la vivienda. Fueron jóvenes quienes decidieron cambiar sus condiciones de vida y las de su familia y enfrentaron la amenaza de desalojo que detonó su proceso organizativo. Tabla 5. Rango de edad de jefes de familia de la mina Palo Alto, 1978 Rango de edad Porcentaje Entre 15 y 20 años 2.99% Entre 21 y 30 años 29.43% Entre 31 y 40 años 26.35% Entre 41 y 50 años 19.76% Entre 51 y 60 años 11.98% Más de 60 años 9.49% TOTAL 100% Fuente: María Luz Lozoya. ―El trabajo social en una experiencia cooperativa en Palo Alto, D.F‖ Trabajo terminal de licenciatura en Trabajo Social, Universidad Nacional Autónoma de México, 1978. Tabla 6. Tiempo de residencia en el DF de jefes de familia de la mina Palo Alto, 1978 Tiempo de residencia en el DF Porcentaje De 0 a 5 años 1.8% De 6 a 10 años 10.18% De 11 a 15 años 10.18% De 16 a 20 años 13.17% De 21 a 30 años 24.55% Más de 30 años 18.56% Toda su vida 21.56% TOTAL 100% 47 Fuente: María Luz Lozoya. ―El trabajo social en una experiencia cooperativa en Palo Alto, D.F‖ Trabajo terminal de licenciatura en Trabajo Social, Universidad Nacional Autónoma de México, 1978. Como se mencionó, esta zona había sido predominantemente rural hasta la década de 1970 en que comenzó a acelerarse su poblamiento y la construcción de conjuntos residenciales. Ha- cia 1969 un nuevo desarrollo residencial, Bosques de las Lomas, se estaba desarrollando al norte de la mina. Bajo estas condiciones la comunidad se enfrentó a una amenaza que fue el detonante para identificar condiciones comunes y crear un objetivo común. Por 1969, el dueño y sus hijos nos querían hacer firmar un nuevo contrato para sacarnos. El terreno valía mucho y nosotros para el dueño no valíamos nada. Nos pidió el Ledezma que desocupáramos el terreno pa‘ poderlo vender a los ricos. (GRES, 1985: 6) Estábamos muy presionados por unos fraccionamientos muy importantes por la mancha que tenían junto; había que desalojarla… El trabajo de tomar conciencia fue muy difícil; después de ser explota- dos por generaciones la gente no tenía fe y no pensábamos que se fuera a lograr nada. (Lombera y Páez, 1987: 23) Esta situación fomentó que los habitantes comenzaran a identificar problemas en común, con esos problemas compartidos comenzó a gestarse también una identidad y una organización para su defensa ante la amenaza de desplazamiento. De esta forma comenzaron las tareas gru- pales en defensa de la comunidad Lo primero sería luchar por dar solución al problema del terreno ante la amenaza de desalojo por par- te del dueño. Así comenzamos a reunirnos varios en la casa del señor Román, luego, como ya éramos más nos íbamos a un arbolito, y después a un lugar que ya fue nuestro salón de asambleas. En esas reuniones acordamos acudir a la delegación para iniciar los trámites legales, en lo que es la Oficina de Colonias. Formábamos comisiones y la mera verdá es que muchos seguíamos con miedo, porque siempre alguno le iba con el chisme al Ledezma y ya sabíamos cómo se las gastaba. (GRES, 1985: 6) La gente se fue sumando a las reuniones conforme se identificaban entre sí y reconocían en ellos una amenaza e intereses comunes. Sin embargo, esta identificación y agrupación no fue sencilla ni automática, tomó mucho esfuerzo y tiempo. Además del miedo, producido por años de explotación y amenazas del patrón, es posible observar la influencia del contexto de corpora- tivismo que existía en la época y de cómo influía en los procesos organizativos populares. En una ocasión uno de los parientes del patrón se presentó a una de nuestras asambleas que hacíamos bajo el árbol; muchos nos escondimos para que no nos viera. Llegó ahí alegando que nos iba a defen- der porque decía que unos grupos del CNC querían invadir el terreno. Lo que pasa es que querían en- frentarnos con esos; pero no caímos en su juego, pos qué casualidad que decía ―váyanse a defender el terreno que les pertenece a ustedes‖. A los de la CNC los llevó uno de la colonia que era del PRI, el cual se enojó porque no lo aceptamos como líder. (GRES, 1985: 6) Esto era, por supuesto, un factor para que la gente no se animara a integrarse a las pláticas sobre los problemas en común, muchas veces por miedo y otras por desconocimiento. Por ese tiempo aún entre la gente no tomaba conciencia de cómo estábamos viviendo, pero como la situación se hacía más difícil por la inseguridad en el empleo y sobre todo del donde vivíamos, por 48 eso nos fue obligado a tomar esa conciencia de luchar por una mejor manera de vivir. (GRES, 1985: 7) En este contexto fue que diversos actores externos llegaron a apoyar, mediante asistencia técnica, el proceso de organización que se comenzó a gestar entre la gente. La cultura social y política con la que llegaron estas personas es fundamental para comprender la orientación que tomó la comunidad. Las corrientes de izquierda confluyen en la mina de arena Palo Alto Inspirado en la Encíclica Rerum Novarum (1891), el catolicismo buscó la forma de reducir la desigualdad entre las clases sociales. Justicia y caridad se convirtieron en los ejes principales de la Iglesia, justicia para que cada uno obtenga lo que le corresponde y caridad para ayudar al más desprotegido. Para este catolicismo social, la pobreza era el mal original que hacía perder dignidad a los hombres y los convertía en meros instrumentos del capitalismo. Sin embargo, la Iglesia no tenía una visión radical, buscaba reducir los efectos negativos del capitalismo y evi- tar el crecimiento del socialismo y del anarquismo. Así fue como la Iglesia comenzó a trabajar en organizaciones que iban más allá del ámbito estrictamente religioso, esto es sindicatos, par- tidos, prensa y fortaleció las organizaciones escolares, caritativas y hospitalarias con las que ya tenía una amplia experiencia. Así, en México se formó una corriente de izquierda alimentada por el socialcristianismo que se consolidó en 1908 con la creación de la Unión Católica Obrera que alentó sindicatos, organizaciones civiles e incluso, décadas después apoyó grupos guerrille- ros (Illades, 2018: 51). Para la segunda mitad del siglo XX las corrientes de izquierda que se gestaron desde finales del XIX encontraron un contexto propicio para hacer valer muchas de sus propuestas. El Epis- copado Mexicano reanimó la labor social de la Iglesia después de la Revolución Mexicana con la fundación en 1920 del Secretariado Social Mexicano, que se encargaría de ejecutar diversas estrategias desde la caridad hasta la formación de Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), grupos de discusión y trabajo que apoyaban la formación de organizaciones populares, sociales y sindicalistas. Con este fin social, en 1951 el Secretariado comenzó a fundar cajas de ahorro en la ciudad de México para los pequeños productores y en 1964 aglutinó varias cajas en la Con- federación Mexicana de Cajas Populares de alcance nacional, crearon además la Escuela de Periodismo Carlos Septién García (1950), el Frente Auténtico del Trabajo (FAT, 1960), la Es- cuela de Trabajo Social Vasco de Quiroga (1962) y el Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS, 1964) (Illades, 2018: 108). La influencia de la Iglesia católica en las acciones de los grupos urbanos populares no debe ser minimizada, para Carlos Illades, la corriente socialcristiana es una de las tres corrientes que conformaron la tradición política de izquierda en México junto a las corrientes socialista y na- cionalista (Illades, 2018: 52) y las tres tuvieron un amplio espectro de influencia en grupos y asentamientos urbanos. Los sacerdotes integrantes de esta tradición, también llamada Cristia- nismo Popular de América Latina, buscaban en un principio vivir con la jerarquía eclesiástica 49 para construir otro tipo de iglesia y posteriormente rompieron con ella y fueron protagonistas de la lucha contrahegemónica entre las décadas de 1960 y 1980 que tuvo en las zonas urbanas populares uno de sus hábitats naturales de desarrollo, se trata de una forma distinta de hacer cristianismo: a partir del punto de vista y de la práctica de las clases oprimidas fijándose como objetivo ideal una liberación que se pretende integral, ya que no solo busca el cambio en las estructuras socioeconómi- cas y políticas opresivas, sino también religiosas y culturales. Estamos delante de un cambio revolu- cionario en el interior de la Iglesia cristiana en la forma misma de concebir la fe cristiana, pero estamos también delante de un cambio profundo en la manera de hacer política […] los encontramos tanto en el campo como en la ciudad. En ambos lugares trabajan particularmente bajo la forma de las llamadas ―comunidades eclesiales de base‖ y bajo ese modelo de organización participan con diver- sos niveles de compromiso y métodos de trabajo en las luchas y movimientos sociales. (Núñez, 1990: 158) Hay que tomar en cuenta que esta corriente católica es de una riqueza y diversidad impre- sionante, existen múltiples grupos y orientaciones que multiplican los contenidos ideológicos. Entre estos grupos hubo algunos que se caracterizaron por su trabajo en comunidades urbanas desde la década de 1920 creando los primeros sindicatos de inquilinos, con fuerte presencia en Jalisco, y apoyando la creación de organizaciones populares urbanas que impulsaron la apertura democrática en la ciudad de México. Estas acciones estaban protagonizadas por sacerdotes jó- venes que buscaban un tipo de trabajo, más allá de la pastoral, y que coincidió con la explosión contracultural de los sesenta que es un punto de referencia para las luchas de izquierda, inclu- yendo al catolicismo social. En palabra de Carlos Illades Jóvenes y mujeres citadinos, junto con los campesinos en los países periféricos, fueron protagonistas de las luchas más relevantes del periodo. La rebelión juvenil, auspiciada por una generación mucho mejor provista material y culturalmente que las precedentes, no demandaban pan y trabajo para sí, an- tes bien querían acrecentar las libertades personal y púbica, aspirando a un futuro mejor que el pre- sente estancado y conformista administrado por una generación envejecida [...] En ese tiempo, las claves del futuro parecían estar en el Tercer Mundo. (Illades, 2018: 102). Justamente el surgimiento de la Teología de la Liberación fue vista como un verdadero aporte teológico de la región latinoamericana, del Tercer Mundo, apuntando su acción como la ―opción de los pobres‖. Esta visión teológica no fue ajena a los procesos sociales latinoameri- canos, antes bien apoyó y formó auténticos movimientos sociales que articularon a los jóvenes, a los universitarios y a los obreros y transformaron la historia de la región. Latinoamérica había aportado su versión teológica del cristianismo empapado de luchas sociales y suscrito en la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín (CELAM) celebrada entre el 26 de agosto y el 8 de septiembre de 1968. Entre los temas que se discutieron estaba el de la Educación. El documento de Medellín se- ñala la necesidad de reconocer un sector humano marginado de la cultura, analfabeta e ignoran- te que lo hacía proclive a la servidumbre inhumana. La Iglesia asumía como responsabilidad eclesiástica y latinoamericana la liberación de estas personas de complejos, inhibiciones, des- 50 confianza, temor y pasividad con que vivían. Sin embargo, esta posición no debe ser interpreta- da como una tarea evangelizadora o adoctrinadora: La tarea de educación de estos hermanos nuestros no consiste propiamente en incorporarlos a las es- tructuras culturales que existen en torno a ellos, y que pueden ser también opresoras, sino en algo mucho más profundo. Consiste en capacitarlos para que ellos mismo, como autores de su propio pro- greso, desarrollen de una manera creativa y original un mundo cultural, acorde con su propia riqueza y que sea fruto de sus propios esfuerzos. (CELAM, 1968: 4.I.3) Este tipo de educación no veía en el otro a un ente vacío al cual llenar con la doctrina ver- dadera, sino una persona que es en esencia autor de su propio progreso. Con esta perspectiva la Iglesia buscaba la liberación del nuevo hombre latinoamericano, base de toda su reflexión teo- lógica. Esta liberación consiste en reconocer al educando como Sujeto de su propio desarrollo, para esta tarea la educación era entendida no como proceso escolar, sino como tarea cotidiana que afecta todo el ser humano: Para ello, la educación en todos sus niveles debe llegar a ser creadora, pues ha de anticipar el nuevo tipo de sociedad que buscamos en América Latina; debe basar sus esfuerzos en la personalización de las nuevas generaciones, profundizando la conciencia de su dignidad humana, favoreciendo su libre autodeterminación y promoviendo su sentido comunitario. (CELAM, 1968: 4.II.8) Un aspecto muy importante de esta época contracultural es el reconocimiento del valor de la juventud en el proceso de recomposición social, llevada al máximo en la frase ―ser joven y no ser revolucionario es una contradicción‖ pronunciada por Salvador Allende en la Universidad de Guadalajara en 1972. En el texto de CELAM se aprecia no una reconciliación entre clases sino una reconciliación entre generaciones, entre jóvenes y adultos reconociendo en los prime- ros valores para el futuro y en los segundos ejemplo y enseñanza. Estos nuevos valores no aspi- raban a ser perenes, por el contrario, también se reconoce la necesidad de la educación para el cambio permanente, proceso en el cual nuevos jóvenes tomarán la estafeta. Debe ser abierta al diálogo, para enriquecerse con los valores que la juventud intuye y descubre como valederos para el futuro y así promover la comprensión de los jóvenes, entre sí y con los adultos. Esto permitirá a los jóvenes ―lo mejor del ejemplo y de las enseñanzas de sus padres y maestros y formar la sociedad del mañana‖. Debe, además, la educación afirmar con sincero aprecio, las peculiaridades locales y nacionales e integrarlas en la unidad pluralista del continente y del mundo. Debe, finalmen- te, capacitar a las nuevas generaciones para el cambio permanente y orgánico que implica el desarro- llo. Esta es la educación liberadora que América Latina necesita para redimirse de las servidumbres injustas y, antes que nada, de nuestro propio egoísmo. (CELAM, 1968: 4.II.8) Esta visión católica de la educación se desarrolló a la par de y en sintonía con una propuesta pedagógica igualmente liberadora. En 1968 fue publicado La pedagogía del oprimido de Paulo Freire. Freire logró influir con su propuesta a toda una generación de educadores latinoameri- canos que veían en su tarea una actividad liberadora en un mundo dominado por la opresión del fuerte sobre el débil. Al igual que la Teología de la Liberación, la Pedagogía del oprimido con- sideraba que la educación iba más allá de las actividades escolares. La educación era una tarea 51 cotidiana que debía buscar la superación de la opresión, del ser reducidos a cosas, y el autore- conocimiento como persona, el protagonista de la liberación era el propio oprimido. Los oprimidos deben luchar como hombres que son y no como ―objetos‖. Es precisamente porque han sido reducidos al estado de ―objetos‖, […] que se encuentran destruidos. Para reconstruirse es importante que sobrepasen el estado de ―objetos‖. No pueden comparecer a la lucha como ―cosas‖ para transformarse después en hombres. Esta exigencia es radical […] La lucha por esta reconstruc- ción se inicia con su autorreconocimiento como hombres destruidos. (Freire, 2017: 72) Este primer momento en el reconocimiento de las condiciones de opresión en que viven es crucial desde la pedagogía del oprimido para trabajar a partir de ahí en la restauración de la humanidad en las personas. Vimos en los testimonios anteriores que muchos de los habitantes de las minas no reconocían la explotación de la que eran víctimas o actuaban con temor o no tomaban conciencia. Después de generaciones de vivir en esas condiciones actitudes y miedos de oprimidos suelen normalizarse en nuestro actuar cotidiano. Para Freire esta toma de cons- ciencia del oprimido era indispensable para transformar su realidad, sin embargo, el reconoci- miento de esta condición era solo el primer paso en la tarea de liberación. La pedagogía del oprimido, como pedagogía humanista liberadora, tendrá pues, dos momentos distin- tos, aunque interrelacionados. El primero, en el cual los oprimidos van descubriendo el mundo de la opresión y se van comprometiendo, en la praxis, con su transformación y, el segundo en que una vez transformada la realidad opresora, esta pedagogía deja de ser el oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación. (Freire, 2017: 55) Después de generaciones de vivir en condiciones deshumanas, la lucha por la liberación de la humanidad era abismal, la exigencia del trabajo requería una participación militante, suma- mente comprometida y responsable. Freire lo resume en los siguientes términos: Desde los comienzos de la lucha por la liberación, por la superación de la contradicción opresor- oprimidos, es necesario que estos se vayan convenciendo que esta lucha exige de ellos, a partir del momento en que la aceptan, su total responsabilidad […]. De este modo, la presencia de los oprimi- dos en la búsqueda de su liberación, más que seudoparticipación, es lo que debe realmente ser: com- promiso. (Freire, 2017: 72-74). En este trabajo de liberación constante es muy importante que exista un involucramiento real, requería la asimilación profunda de un reconocimiento como oprimido para participar en la transformación de sus condiciones. Otro aspecto más de este movimiento contracultural fue el de las universidades públicas, en el caso de Palo Alto es particularmente importante el de la Facultad de Arquitectura. En 1968 la idea de acompañar procesos organizativos de las comunidades más vulnerables comenzó a to- mar mayor fuerza de la que ya tenía. Existe una similitud con las corrientes anteriores que he- mos mencionado sobre la necesidad de que los sujetos sean quienes reescriban su historia, desde la arquitectura se pensaba que el arquitecto dejara de ser esa figura que dictara las reglas del buen habitar. El arquitecto, por el contrario, debía escuchar las necesidades y las condicio- 52 nes de los sujetos para producir un hábitat adecuado para ese sujeto. El testimonio del arquitec- to Enrique Ortiz menciona que poco después de volverse profesor de arquitectura en 1965 empezó el movimiento del 68. En la vida hay momentos muy críticos, que te guían y te abren nuevas oportunidades de seguir haciendo cosas. Como éste. Hubo una reunión de profesores de arquitectura en la que se decidió formar un grupo de enlace con el movimiento estudiantil; algunos profesores es- taban furiosos, otros proponían acercarse al movimiento […] Fue un momento muy duro, difícil, pero hizo que una escuela generalmente dormida y poco politizada se volviera, con el movimiento, una de las más participativas […] El 68 fue un hito en la vida del país. Se luchaba por las libertades demo- cráticas, ese era el fundamento. Hay un antes y un después. Luego vino el periodo de guerra sucia. Mucha gente se fue a la clandestinidad, incluso algunos de escuelas privadas se metieron a la guerri- lla. (Ortiz, 2016, 76-77) Entre los arquitectos el ambiente de imaginación política influyó en sus prácticas profesio- nales y en sus trayectorias personales. Al igual que con los educadores, la imaginación y crea- ción de nuevos mundos exigía compromiso. Esta idea se formalizó con el Autogobierno de la Escuela Nacional de Arquitectura en 1972 que buscó una forma de creación colectiva, producto del debate, la crítica y la participación libre e imaginativa en procesos de arquitectura popular (Arias Montes, 2012: 58). Para Ortiz los aprendizajes del 68 ―fortalecieron mucho nuestros planteamientos y nuestra práctica en Copevi, lo que nos permitió abordar con mayor claridad y confianza otra etapa de trabajo en la periferia de la Ciudad de México en dos casos muy importantes, casi simultáneos‖ (Ortiz, 2016: 83), la cooperativa La Romana en Tlalnepantla y la Cooperativa de Vivienda Palo Alto en Cuajimalpa. Por su alcance y repercusión el movimiento del 68, que no se circunscribe solo a ese año cúspide, representa la articulación de la insatisfacción de la década de 1950 con la contracultura emergente de los sesenta, contracultura que fue protagonizada por la rebelión juvenil. Esta generación, inició su batida contra las jerarquías heredadas (burocráticas, de clase, familiares, escolares, corporativas), reinventaron el lenguaje cotidiano, emplearon estilos de acción innovadores (coreográficos, irreve- rentes, festivos), abandonaron el minimalismo socialdemócrata como horizonte de lo posible y rein- ventaron el espontaneísmo, la democracia directa, la organización horizontal y la fraternidad en el sentido más comprehensivo (social, étnica, grupal, de genero). (Illades, 2018: 109) Esta reinvención de la praxis y la teoría tuvo como foco natural de desarrollo a las universi- dades, donde la juventud, con mayores herramientas formativas que las generaciones pasadas, imaginaron nuevos mundos y nuevas formas de llegar a él. La juventud, formada en universi- dades públicas gracias al trabajo de sus padres y abuelos, se convirtió en el principal actor de esta época. El 4 de febrero de 1970 José Revueltas escribía en la revista Siempre!: la juventud del 68 —y también, por fortuna, la juventud de esta nueva década— quiere responder a sus propias preguntas con su propia acción, porque en tales preguntas se cifra toda la vida y todo el porvenir [...] Es una juventud que ya no acude a nadie en busca de respuestas. Es la juventud ―sin maestros‖: los maestros han desaparecido furtivamente de sobre la superficie de la tierra… En la lu- 53 cha contra el sistema —lucha por demás legítima, de nuestra naturaleza esencialmente democrática— , la juventud ocupa el puesto de vanguardia. (Revueltas, 2018: 183) Con este bagaje e impulso contracultural fue que llegaron personajes clave de la historia de la Cooperativa a la mina Palo Alto, entre ellos el profesor Rodolfo Escamilla. Según la biogra- fía póstuma que le fue escrita después de su asesinato, Escamilla nació en Maravatío, Michoa- cán en 1920, se ordenó sacerdote en 1944 y ese mismo año realizó estudios de Ciencias Sociales y Cooperativismo por correspondencia (Corriente Rodolfo Escamilla Lucha por la Liberación [CRELL], 1987: 9). En sus primeras dos parroquias, Tlalpujahua y Zacapu, existían problemas laborales de obreros mineros e industriales a los cuales apoya brindando capacita- ción laboral, organización sindical y organizando también cooperativas textiles para reducir su dependencia laboral de los patrones. Para este entonces Rodolfo Escamilla ya participaba en la organización Juventud Obrera Cristiana (JOC) en Zacapu donde se realizó el primer Congreso Nacional de la organización en 1952. Según un testimonio de lo ocurrido en ese lugar (segura- mente de un sacerdote) es posible observar las características de integración de jóvenes median- te acciones, dinámicas y fines poco convencionales: Los muchachos obreros me parecieron rudos y mal educados, no me servían a la mesa y me pusieron a lavar platos. Ahora comprendo que allí empezó mi reeducación […] Los Jocistas [de la Juventud Obrera Cristiana] presentaron un sociodrama en el que entrelazaban hechos de la vida de los barrios y de las fábricas con textos del evangelio. ―Cristo vive en su cuerpo místico‖, decían y mostraban esa vida en los actos de solidaridad obrera popular, así como su muerte en la opresión, la mentira y la in- justicia. (CRELL, 1987: 10) 54 Imagen 3. Rodolfo Escamilla en el 2º consejo mundial de las Juventudes Obreras Cristianas, 1967 Fuente: Corriente Rodolfo Escamilla Lucha por la Liberación [CRELL], Rodolfo Escamilla Signo de Liberación, 1987: 11 Estas primeras experiencias ayudaron a forjar una relación ríspida con sus superiores hasta que vieron la posibilidad de alejarlo de la arquidiócesis de Morelia cuando se le ofreció inte- grarse al Secretariado en la Ciudad de México en 1952. En la capital, Escamilla encontró un lugar para seguir impulsando la JOC en un contexto urbano en las colonias Buenos Aires, San Ángel, La Malinche, Arenal y Progreso Nacional y organizando encuentros en Zacapu, Salva- tierra, León, Fresnillo, Querétaro, Saltillo, Guadalajara y la ciudad de México, así como en Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Puerto Rico y Canadá (CRELL, 1987: 12). A la vez impulsó también las organizaciones Juventud Agraria Cristiana y Acción Cristiana Obrera que después serían integradas junto a la JOC en el Movimiento de Trabajadores Cristia- nos. Debido a su participación en la fundación de estas organizaciones, la jerarquía eclesiástica y Escamilla comenzaron a tener dificultades por lo que en 1964 terminó su participación como sacerdote dentro de la Iglesia. En 1968 el Episcopado desconoce a la JOC por su radicalidad, pero lejos de detener la lucha, Escamilla participó en la fundación de algunas organizaciones clave para algunos de los movimientos urbanos populares más notables de la capital. Así se funda el Frente Auténtico del Trabajo (FAT), el Instituto Mexicano de Estudios Sociales (IMES), Promoción del Desarrollo Popular (PDP) y el Centro Operacional de Vivienda y Po- 55 blamiento (Copevi) (CRELL, 1987: 14), este último aún en existencia y una de las organizacio- nes clave en el desarrollo de asentamientos populares rurales y urbanos en el país, incluido el de la Cooperativa Palo Alto. Este mítico personaje merece esta reseña de su vida y explicación de su contexto ya que sin su presencia la historia de la mina habría tomado un desarrollo muy diferente. Escamilla, quien seguramente conoció la pedagogía del oprimido llegó como profesor, no como sacerdote. Bajo el lema de ―Ver, juzgar, actuar‖ Escamilla comenzó su trabajo en las minas ayudando al proce- so de toma de conciencia: Nos abrió los ojos, nos dijo que éramos explotados y el por qué estábamos así […] todavía nosotros pensábamos que la gente pudiente, la de dinero como Ledezma, era buena. A lo mejor pensábamos así por la influencia de la Iglesia, pero Escamilla nos orientó mucho y era una necesidad organizar- nos. Nos decía: Hagan de cuenta que este es un tren y el que no se sube, se queda. (GRES, 1985: 8) Escamilla es importante no solo por su participación en la organización, sino por su presen- cia en las memorias de los socios fundadores y en la admiración que despierta en muchos de los jóvenes hoy en día. Según un testimonio: En 1969 esta era una ciudad perdida, que ya estaba condenada a desaparecer, pero en 1970 conoci- mos al gran maestro y fue que, con sus consejos, nos hizo ver que también somos seres humanos y mexicanos que teníamos derecho a un pedazo de tierra donde vivir y teníamos que organizarnos. Ro- dolfo Escamilla no solamente trabaja para los pobres, no solamente trabajaba con obreros, campesi- nos, con los marginados, sino que también a un grupo de profesionistas en el año de 1970 nos hizo sensibles a esa realidad, nos dio los elementos, nos dio su experiencia. (CRELL, 1987: 27) De la Unión de Vecinos del km 14 al 15 a la Cooperativa de Vivienda Palo Alto Cuando Efrén Ledezma, el dueño de las minas, comenzó a presionar a los trabajadores y habitantes para desalojar el terreno, estos comenzaron a dialogar entre ellos y a gestar la orga- nización que posteriormente conformaría la cooperativa. Un grupo de vecinos que tenía contac- to con el colegio Merici, un colegio católico privado cercano, obtuvieron la atención de las monjas ursulinas del colegio y de algunos padres de familia que formaron un grupo para aten- der algunos de los problemas de la comunidad. Este grupo se llamó grupo de la Amistad Ser- vian, conformado por el padre Carlos de Anta, monjas y padres de familia que posteriormente conformarían el grupo auxiliar: Era un grupo de padres de familia que querían ayudar a la comunidad, junto con la monjita nos daban medicamentos para cuando nos enfermáramos, fue cuando ya nos habían contactado con el equipo del Secretariado Social Mexicano y se habían comenzado a hacer las reuniones en el km 15 en un sa- lón de allá porque se pretendía que no fuéramos solo nosotros los de la cooperativa los de la parte del asentamiento, sino que fueran todos desde el kilómetro 14 al 15 (María Paula Hernández Ángeles, Cooperativa Palo Alto. El documental, 2017) Así nació la primera forma de organización, la ―Unión de Vecinos del km 14 al 15, Carrete- ra México-Toluca D.F‖. 56 Imagen 4. Tarjeta de acreditación de socios de la Unión de Vecinos del Km. 14 al 15 El Asunto Urbano. Cooperativa Palo Alto, Cooperativistas, Copevi, Habitat Participativo http://elasuntourbano.mx/cooperativa-palo-alto-cooperativistas-copevi-habitat-participativo/ publicado el 31 de mayo de 2016. Consultado el 25 de marzo de 2017. En esta primera etapa de organización la asistencia del colegio, de las monjas y del padre Carlos apuntaba a la atención de los problemas de salubridad del asentamiento. Pero el grupo de trabajo social comenzó a discutir el origen de los problemas de salud con la comunidad y se comenzó a gestar la idea de que el problema de la vivienda y el problema de la tenencia origi- naba en la comunidad condiciones de hacinamiento y de falta de servicios que derivaban en los problemas de salubridad que se pretendían atender en un primer momento. Para ampliar la or- ganización y trabajar en el objetivo de mejores condiciones de habitabilidad se buscó invitar a familia por familia. Para lograrlo, se exhortaba a los asistentes a las juntas a invitar a otros ve- cinos y amigos. Uno de los habitantes, Reyes Cordero, que vivió esa organización da su testi- monio en los siguientes términos al ser invitado a ―una fiesta‖ a casa de una de las vecinas: En un cuarto que estaba ahí estaba el que llamaron grupo auxiliar que era María de la Luz, Chela y el profesor Escamilla. Siéntese ¿ya sabes a qué viniste? Me dijeron que a una fiesta. Sí es una fiesta di- ce, ahorita empezamos vas a ver. Se sentaron ellos … mira ¿cuánto pagas ahí de renta? 8 pesos ¿qué clase tienes de servicios? Ninguno. Y la casa ¿quién la hizo? Nosotros con piedra y cartones. ¿Y no te gustaría una casa más digna para vivir mejor por ejemplo tu cuarto, un bañito, cocina, una recamari- ta? Pues eso cualquiera lo desea. ¿Pues como ves que venimos a eso? Los vamos a sacar de este loda- zal… Ellos son tus amigos, ¿no los conoces? Sí pues somos amigos de chavos jugábamos juntos. Pues ellos son los que empezaron esto y te trajeron a ti ahora tú vas a invitar a otros amigos… vamos armando un grupito (Reyes Cordero Alcántara, Cooperativa Palo Alto. El documental, 2017). La larga convivencia que por años había acercado a los trabajadores e hijos de trabajadores fue una de las condiciones que facilitaron el trabajo en equipo y la consolidación de la organi- zación. Podemos observar en el testimonio que muchos de ellos se conocían, las reuniones a veces eran en las casas de gente vecina, de amigos y los asistentes también eran personas que 57 habían crecido juntas, trabajando en las minas, jugando en los campos y a veces emparentados. Compartir las mismas condiciones de vida no era suficiente, la convivencia cotidiana, las rela- ciones familiares y de amistad fueron necesarias para que el trabajo de concientización de los trabajadores sociales pudiera derivar en la identificación de clase. Sólo así el lenguaje de lucha y organización comenzó a aterrizar en una organización. ―Posteriormente Rodolfo y el equipo auxiliar se entera que estábamos dispuestos a hacer la lucha, empezamos a hacer reuniones los domingos donde ya teníamos gente que estaba dispuesta a hacer la lucha y dispuestos a que se enterara Ledezma‖ (María del Carmen Morales Jiménez, Cooperativa Palo Alto. El documen- tal, 2017). Cuando se comenzó a plantear la posibilidad de que el trabajo de apoyo derivara en la ob- tención de vivienda digna las autoridades les propusieron darles viviendas en la unidad San Juan de Aragón, construida en 1964 al nororiente de la ciudad, sin embargo, los colonos no aceptaron porque ―esta tierra ya tenía mucha vida nuestra por tanto de vivir ahí y sangre de nuestros padres trabajadores de las minas de arena‖ (Cabrera, 1998: 23). Cuando la demanda de la vivienda se combinó con la demanda de obtenerla ahí, derivó en la demanda de tierra y co- menzaron a surgir diferencias entre el grupo auxiliar y entre la gente: Las madres no estaban de acuerdo porque decían que cómo se iba a tocar la propiedad privada de unas personas, la idea en un principio era llegar a un acuerdo con los propietarios de que vendieran y que el equipo auxiliar pudiera conseguir un financiamiento con préstamo para comprar esa tierra… luego vino el problema de convencer a la gente, ese fue el problema más fuerte, la gente estaba con- vencida de que no debía ser porque los dueños eran personas muy buenas con ellos, los habían ido a buscar a su tierra y los habían traído para darles trabajo… les prestaban el pedazo de tierra para cons- truir su cuartito… ¿cómo ellos iban a hora a pelear? (Luz Lozoya, Cooperativa Palo Alto. El docu- mental, 2017) La disyuntiva entre la demanda de vivienda y el obtenerla en el lugar en el que habían cre- cido y sus familiares habían muerto los enfrentó a la necesidad de romper sus esquemas tradi- cionales de pensamiento. Según Oscar Núñez una familia migrante al llegar a la ciudad comenzaba a desarrollar procesos de organización para satisfacer sus necesidades, casi de in- mediato, por cercanía con grupos organizados o por las mismas necesidades cotidianas. Así se imponen a toda la familia y al barrio ciertas necesidades, algunas nuevas, como la obtención de vivienda, bienes durables, escolaridad de los hijos, actividades religiosas participación en la construcción del barrio, movilidad, o la promoción profesional, deben ser resueltas con creati- vidad y muchas veces en conjunto debido a la falta de recursos. Adquirir los bienes que son la infraestructura de esas necesidades requieren combinaciones variadas en la forma de allegar o ahorrar recursos, de organizar el tiempo, que constituyen otras tantas estrate- gias familiares, que van cambiando a lo largo del ciclo familiar y que son de gran importancia para la creación de contenidos éticos nuevos. (Núñez: 1990, 40) Esta necesidad de resolver con creatividad aspectos prácticos de la vida cotidiana era regla en todas las colonias populares y en muchos casos derivaron en estrategias colectivas de solu- ción. En el caso de Palo Alto, el proceso derivó en una estrategia colectiva que no había sido 58 practicada: una cooperativa para la obtención del suelo y la autogestión de la vivienda. Esta organización exigía contenidos éticos nuevos que debieron romper con ideas profundamente arraigadas. Así como entre las autoridades y la población existía una relación de paternalismo, entre la gente de Palo Alto y Efrén Ledezma se había creado una relación de dependencia tras años de vivir en condiciones de marginalidad urbana y opresión, en términos de Freire. Muchas perso- nas sintieron incorrecta la demanda de la tierra, ante la falta de correspondencia en sus formas de pensar, el tramo de la carretera se dividió en tres procesos diferentes. El kilómetro 14, el 14 y medio (el de Palo Alto) y el kilómetro 15 tienen en la actualidad nombres y formas de organi- zación distintas, esas diferencias habían existido con anterioridad por diferencias sociales al interior de la mina. El grupo de la Cooperativa Palo Alto fue el grupo más numeroso que tenía peores condicio- nes de vida y cuyo proceso de organización contó con mayor acompañamiento y orientación de las trabajadoras sociales y Rodolfo Escamilla. De los otros dos procesos el kilómetro 14 se convirtió en una colonia y el 15 se conformó también como cooperativa aunque en la actualidad ya no funcione como tal. En el 14 y medio la gente discutió con orientación de Luz y Graciela la posibilidad de organizarse como cooperativa. Esto además fue una estrategia para adquirir colectivamente la tierra y en julio de 1971 ―se logró firmar un convenio entre los Ledezma y Nuestra Unión, en la Delegación Álvaro Obregón, con la participación de INDECO [Instituto Nacional para el Desarrollo Comunitario] quien determinó el terreno, y Nacional Financiera, que fijó el precio a seis pesos el metro cuadrado‖ (GRES, 1985: 13). La cooperativa era una forma de brindar personalidad jurídica al grupo para realizar la adquisición, colectiva, de la tierra. La propiedad colectiva de la tierra fue uno de los aspectos más difíciles de asimilar por los motivos anteriormente señalados. Sin embargo, los testimonios consultados señalan que la gen- te comprendió y aceptó organizarse para luchar por una propiedad colectiva y en formar una Cooperativa para satisfacer sus necesidades colectivas. Según el testimonio recogido en 1985 la organización cooperativa surgió con el siguiente entendimiento: Mientras tanto, en nuestras asambleas veíamos como una necesidad de legalizar nuestra organización y así que en 1972 nos constituimos en Cooperativa de vivienda, por cierto una de las primeras que se formaron en México. EL TERRENO SERIA DE TODOS. En ese tiempo nuestra Unión estaba ya con más fuerza y aunque no entendíamos mucho legalmente lo que era cooperativa sí entendíamos que el terreno sería de todos y cada quien ocuparía una vivienda que haríamos con el esfuerzo de to- dos, pero nadie podría venderla por su cuenta, enriqueciéndose con el trabajo de todos y metiendo a la colonia cualquier gente, que no entendiera de la unión y la lucha con otros, y que sólo le importara lo suyo y acumular cosas. (GRES, 1985: 13-14) Según el testimonio de Ortiz la propuesta de la propiedad comunitaria también tenía otra fuente, la que aportó Carlos ―Tito‖ Acuña, arquitecto uruguayo que participó en el proceso constructivo y que la enriqueció aportando la experiencia uruguaya. 59 Para evitar cualquier otro intento de desalojar a la comunidad de Palo Alto se requería alguna forma de propiedad que lo impidiera. Tito propuso el modelo de uso y goce, experimentado ya en las coope- rativas uruguayas, en el que la propiedad absoluta la tiene la cooperativa, pero el uso es otorgado a los socios, quienes incluso pueden heredarla, pero están imposibilitados para venderla o rentarla di- rectamente a terceros. Además de impedirse así el lucro individual a costa del esfuerzo colectivo, desalienta las presiones externas que siempre han tenido, por estar ubicados en uno de los lugares más ricos de la ciudad- (Ortiz, 2016, 86) Por su parte Escamilla los orientó para tomar conciencia de su derecho a permanecer donde llevaban viviendo más de 30 años, a organizarse en asamblea permanente como instrumento central en la toma de decisiones y en la conducción del proceso, a registrarse en cooperativa como instrumento operati- vo de la asamblea. (Ortiz, 2016, 84) Sin dejar de reconocer la similitud con el caso de las cooperativas de vivienda uruguayas, en Palo Alto se mezclaron diversas experiencias latinoamericanas que buscaban el desarrollo de los asentamientos pobres. En México, existía ya una amplia experiencia en el desarrollo de cooperativas, aunque Palo Alto fue la primera cooperativa de vivienda. Para 1972, año en que se constituyó la Sociedad Cooperativa de Vivienda Unión de Palo Alto, no existía aún una sola cooperativa de vivienda. Las primeras organizaciones mutualistas en México se dieron al arranque mismo de la industrialización en América Latina hacia la se- gunda mitad del siglo XIX. Así, la Sociedad de los Artesanos de la Paz (1852), La Sociedad Tipográfica de Santiago (1853) y la Sociedad Particular de Socorros Mutuos de la Ciudad de México (1853) fueron las primeras asociaciones mutualistas del subcontinente (Illades, 2018: 73). En 1889 se comenzaron a regular dentro del capítulo III, título II, Libro II del Código de Comercio. Con el empuje ideológico de la Revolución, se impulsó la creación de cooperativas, particularmente en ámbitos obreros y sobre todo campesinos2. La primer Ley General de Sociedades Cooperativas, publicada el 23 de febrero de 1927 consideraba tres tipos de cooperativas, las industriales, las agrícolas y las de consumo (Art. 1). Las dos primeras podían realizar actividades de crédito, producción, trabajo, seguros, construc- ción, transportes, venta y compra en común, mientras que la de consumo podían realizar crédi- tos, compra y venta en común (Art. 7, 13 y 19). Esta ley no establecía la organización por comisiones más que la de Administración y Vigilancia y reconocía a la Asamblea como máxi- mo órgano de gobierno. Esta ley se dio en un contexto posrevolucionario de amplia política social, pero con un excesivo control político debido al acomodo de bandos y a la falta de expe- riencia de fomento cooperativo. La Ley decía que una cooperativa debe tener un alcance limi- tado, exclusivamente local. Y solo reconocía que las Cooperativas industriales podrían ejecutar 2 Rubén Jaramillo Méndez, nombre de gran presencia pues fue adoptado por muchas organizaciones po- pulares, fue un capitán zapatista y militante del Partido Comunista Mexicano que consideraba que la Revolu- ción de 1910 se había descompuesto, se levantó tres veces en armas (1943, 1946 y 1952) en defensa del ejido que veía amenazado por fraccionadores que acaparaban la propiedad rural para convertirla en residencias campestres. Para fortalecer al ejido y evitar la urbanización de las tierras productivas, Jaramillo impulsó el Partido Agrario Obrero Morelense y organizó cooperativas de trabajadores cañeros en Morelos (Illades, 2018: 91) 60 ―la construcción de edificios sociales, casas habitación o cualquier otra construcción que se relacione con la finalidad de la sociedad‖ (Art. 43). Posteriormente el general Lázaro Cárdenas, en su periodo presidencial 1936-1942, impulsó una nueva Ley General de Sociedades Cooperativas publicada el 15 de febrero de 1938, esta tiene diferencias sustanciales con la anterior. Si bien la de 1927 contemplaba dos ámbitos pri- mordiales de acción (industrial y agrícola), la ley del 38 consideraba que la cooperativa es una figura exclusiva de la clase trabajadora sin fines de lucro y con dos cambios de acción primor- diales: consumo y producción. Con una ideología socialista, el gobierno cardenista impulsó una ley que tenía como inspiración al koljós (cooperativas agrícolas soviéticas) y se encontraba más cercano a los principios cooperativistas derivados de la experiencia de Rochdale y sistematiza- dos en la Alianza Cooperativista Mundial. Así se definían como individuos de la clase trabaja- dora organizados sobre principios de igualdad sin fines de lucro y con el objetivo de mejorar social y económicamente mediante la acción conjunta sobre una obra colectiva. Definía organi- zaciones no menores a 10 integrantes, con capital variable y con repartición de rendimientos en función del tiempo trabajado por cada integrante (Art. 1) y rechazaba los privilegios de socios antiguos sobre recientes (Art. 3). Esta Ley también estipulaba algunas características de su organización. Reconocía en la Asamblea General a la autoridad suprema (art. 22) y reconocía al menos dos consejos, el de Administración, y el de Vigilancia, más las comisiones que decidiera la asamblea (art. 21). Re- conoce que la asamblea se conforma por socios, en la cual cada socio tiene un voto, y cada so- cio lo será cada vez que tenga un certificado de aportación que podría hacerse en efectivo, bienes, derechos o trabajo (art. 35). Prohíbe también, salvo casos excepcionales de obras de- terminadas, trabajos eventuales y circunstancias extraordinarias o que requieran conocimientos especializaos, la contratación de asalariados (art. 62). Finalmente, también fomentaba la crea- ción de Federaciones de Cooperativas y establecía la creación de una Confederación Nacional Cooperativa (art. 72). Con esta perspectiva el gobierno federal comenzó a impulsar la creación de cooperativas con participación estatal y a fomentar la asociación libre de la clase trabajadora en sociedades cooperativas. Con el impulso ideológico de la generación del 68, muchas cooperativas comenzaron a ser fundadas en la década de 1970, la cooperativa Palo Alto se estableció en 1972 como una Socie- dad Cooperativa de Consumo, la cual se definía como aquella en cuyos miembros se asocian con el objeto de tener en común bienes y servicios para ellos, sus hogares, o sus actividades de producción. El objetivo era satisfacer de forma colectiva una necesidad de vivienda colectiva mediante la producción autogestionada de vivienda para el consumo propio. La Cooperativa Palo Alto se convirtió en el medio con el que la Asamblea buscó satisfacer su demanda de vi- vienda. Las tres principales características, la propiedad comunitaria de la tierra, la producción mutualista y el combate a actitudes individualistas fueron los pilares del proceso autogestivo de Palo Alto. 61 La construcción de un proyecto autogestivo Respecto a la experiencia autogestiva de muchas colonias populares de la ciudad de México es importante señalar la increíble diversidad de estrategias desarrolladas. Dentro de esta diver- sidad tan amplia es posible identificar una característica fundamental: ―el control social de parte o totalidad del proceso de producción o mejoramiento del hábitat popular y de su entorno ba- rrial‖ (Coulomb, año: 16). Esto incluye la vivienda, la infraestructura, los servicios, el equipa- miento y la seguridad del entorno mediante procesos autónomos, democráticos, con recursos autogestionados (propios o externos) y con fuerte y clara inscripción territorial y base social. Con el objetivo de continuar delimitando la experiencia de la primera generación es importante identificar las estrategias autogestivas que ejerció la Cooperativa a lo largo del proceso cons- tructivo del asentamiento. Según el testimonio que se ha expuesto a lo largo del camino: Para la lucha de la colonia se formó 3 equipos: uno con los de aquí de los que jalaban más de los jó- venes inquietos, este era el ―equipo de base‖; otro era el ―equipo auxiliar‖ de los señores ricos que con sus conocimientos y sus relaciones nos auxiliaban, el otro era el ―equipo de trabajo social‖ donde él [Escamilla] participaba como una persona más aunque él era el de más experiencia y conocimien- tos, los equipos se reunían para discutir, ¡ah! Pero eso sí en la asamblea de todos se tomaban las deci- siones. (GRES, 1985: 10) Es importante remarcar la identificación del equipo base como el de los jóvenes inquietos que brindaron el trabajo y la disposición al trabajo en equipo. La Cooperativa Palo Alto contó con el apoyo de un equipo auxiliar que en este testimonio se identifica como el de los señores ricos y que en realidad no tuvieron contacto directo con la población. Este equipo estaba inicialmente formado por las monjas ursulinas que despues discreparon por la demanda de la tierra, también se encontraban entre estos padres de familia del colegio Merici que fueron de gran importancia por la tarea de vinculación que ejercieron con las autoridades. Este apoyo fue clave pues otras experiencias como La Romana, carecía de este apoyo y no logró sobrevivir. Según el arquitecto Enrique Ortiz Flores, que llegó a trabajar por parte de Copevi y con invitación del Secretariado Social Mexicano, los equipos estaban conformados de la siguente forma: El proceso lo llevó Rodolfo Escamilla, con apoyo de Graciela Martínez y Luz Lozoya. Él era sacer- dote, pero prefirió no presentarse como tal para no crear dependencias, y ellas eran trabajadoras so- ciales muy jóvenes. Las monjas también lograron que algunos padres de sus alumnos se involucraran, ya que muchas mujeres de Palo Alto trabajaban con ellos. Constituyeron un grupo auxiliar solidario que contribuyó mucho al proceso. Entre ellos estaba Jorge Aranda, amigo de Octavio Sentíes, regente de la ciudad en ese momento, a quien le solicitó apoyo para evitar el desalojo de las 237 familias es- tablecidas en el predio. (Ortiz, 2016: 88) Ya constituidos como cooperativa, listos para adquirir el predio y según el convenio firmado un año antes (julio de 1971), se estipulaba que si los Ledezma no asistían a la firma de venta del terreno, este pasaría en forma gratuita a los pobladores: ―los Ledezma fueron los que fallaron al convenio al no presentarse a firmar las ecrituras el día estipulado por el notario; fue 62 el 2 de mayo de 1972 por lo que el terreno ya nos pertenecía sólo faltaba la sentencia del juez a nuestro favor‖ (GRES, 1985: 14). La esperada sentencia se retrasó más de un año, complicó el proceso de adquisición de la tierra y puso en riesgo el impulso de la organización que hasta el momento se había mantenido alto. Por este motivo los socios tomaron una dicisión radical y acordaron ocupar el terreno y construir chozas provisionales para las cuales una comisión especial se encargó de conseguir láminas de cartón. El 31 de julio de 1973, ya con el material dispuesto, se decidió tomar el terreno con el fin de asegurar su posesión y presionar la resolución judicial. Así se empezó a correr la voz entre los vecinos: y fuimos tocando de puerta en puerta al grito de ―¡hoy tomaremos la decisión!‖. A buena hora de ese día nos empezamos a reunir en el 15, para esto ya teníamos láminas, madera, herramienta. A pesar de que procuramos hacer las cosas con cuidado, no hacer ruido, no despertar sospechas, pos alguien se dio cuenta del movimiento por la ladradera de los perros. (GRES, 1985: 14) El acceso al terreno fue por el kilómetro 15, lejos de la casa de los Ledezma, pero fueron alertados por lo que pidieron el apoyo de granaderos. Cuando levantaban las casitas provisionales llegó Antonio Ledezma, hijo de Efrén. Y con gritos nos dijo: ―¿Qué es lo que hacen aquí? Están ustedes pendejos‖ Los compañeros les contestan ―pos vamos a tomar posesión del terreno‖ y dice ―nombre, el metro cuesta 500 pesos, ustedes con qué van a pagarlo‖, ―no te vamos a comprar y no nos vamos‖. (GRES, 1985: 16) A su vez los cooperativistas advirieron con chiflidos ―de arriero‖ que los camiones de granaderos se acercaban al terreno ―por medio de los altavoces comenzaron a decirnos ‗Queremos hablar con el lider de esto‘ y todos gritábamos ‗¡Aquí no hay ningún lider, todos somos una sola persona!‖ (GRES, 1985: 16). La polícía comenzó a hostigar a la población que ahí se encontraba, aunque se reconoce que no hubo enfrentamientos violentos, sí hubo algunas personas zarandeadas y sobre todo los granaderos iban recogiendo las herramientas de las personas que se dejaban e impidiendo la salida y entrada de las personas. ―Así pasamos toda la noche, sin salirnos, y al otro día, temprano los compañeros plantaron dos palos a la entrada con una manta. ‗AQUÍ SE CONSTRUYE LA COLONIA COOPERATIVA DE VIVIENDA UNIÓN DE PALO ALTO D.F.‘‖(GRES, 1985: 17). Al día siguiente, y con engaños asegurando que eran representantes de INDECO, unos agentes judiciales se llevaron a dos de los socios. Ante la desaparición de los compañeros, el resto se reunió para discutir las acciones a tomar en el caso, asumiendo que iban a usar la vida de los compañeros como moneda de cambio en las negociaciones con las autoridades. Y esto lo discutimos pues teníamos que estar preparados para lo que fuera porque ya se había corrido la voz que las autoridades de la delegación se iban a presentar para tener una reunión con nosotros. Y así fue. Al poco rato comenzaron a llegar, venía el delegado de Cuajimalpa, unos licenciados que eran los representantes de Ledezma. De nuestra parte, de nuestro grupo también estaban los licencia- dos del equipo auxiliar. (GRES, 1985: 18) 63 El resultado de la negociación fue la aparición de los compañeros detenidos, el respetar los linderos marcados por INDECO y la agilización del proceso judicial para otorgar el terreno. Además de estos acuerdos operativos, también se logró el reconocimiento de las autoridades a la colonia que acababa de nacer y la primer gran victoria de la Cooperativa por permanecer en ese suelo. Pero el producto principal de la Toma de la Tierra fue la mejora en la autoestima de los socios y su cohesión unión como grupo, esta acción se convirtió en el momento de mayor rememoración del proceso colectivo y en la fiesta colectiva que más identifica a la cooperativa. El enfrentamiento con los Ledezma y con los granaderos, como que nos identificó y encontramos nuestro sello de clase y así a algunos nos quedó claro quiénes eran nuestros enemigos. Por eso en ese tiempo nos acercamos más a los de nuestra misma clase. (GRES, 1985: 18). Así, los cooperativistas de Palo Alto comenzaron a brindar asistencia a los mineros de Santa Fe, los obreros de Alumex y a tomar formación ideológica en sindicatos y otras organizaciones obreras. Sin embargo, lo más importante a resaltar quizás sea la cohesión que se formó al inte- rior del grupo. Este episodio de su historia es rememorado año con año en la Fiesta de la Toma de la Tierra y es quizás una de las memorias más difundidas y el punto máximo de muestra de dignidad en los relatos de los socios. En ese evento se vieron identificados valores como la va- lentía, la dignidad y la solidaridad que los cohesionaron en un solo grupo, también fue un mo- mento para poner en prueba el compromiso de los socios y además de una fuerte identidad en ese momento se formó una de las memorias colectivas más importantes de su identidad como cooperativista. Tras otro problema legal en el cual los Ledezma hipotecaron el terreno, volvieron a nego- ciar y por fin el 11 de marzo de 1974 se acordó pagar 200 mil pesos a los Ledezma por un te- rreno de 46, 414 metros por lo que el metro costó 4 pesos aproximadamente. Hasta ese momento comenzaron los trabajos de construcción: ―así comenzamos a ver nacer nuestra nueva colonia. Pero sabíamos que, como todo nacimiento, iba a ser difícil y quizás doloroso‖ (GRES, 1985: 21). Cuando tuvieron los papeles en mano, se volvió urgente construir viviendas lo más rápido y en la forma más consolidada posible, para evitar las presiones del dueño de las minas y de los intereses inmobiliarios. Debía evitarse además que la construcción fuera un lugar de paso. Carlos Oyarzaún, arquitecto y buen amigo chileno que trabajaba en Copevi, realizó un proyecto adecuado a este propó- sito. Lo primero que se hizo fue acondicionar el terreno, pues como era campo minero sólo había agujeros, cuevas y desniveles; había que nivelar el suelo al tiempo que se iniciaba la construcción de las casas. (Ortiz, 2016, 85-6) Una vez iniciadas las obras de nivelación del terreno también se idearon unas casitas provi- sionales de dos aguas fáciles de armar y fáciles de remover para mantener el terreno constante- mente ocupado por los socios. Para la construcción del asentamiento se buscaron formas para financiar el proyecto: 64 Nos dimos a la búsqueda de créditos para la construcción de las viviendas y estábamos en esta tarea cuando una institución, no lucrativa llamada Fomento de la Vivienda en Coordinación Popular, A.C., FONVICOOP, nos ofreció crédito con un interés muy bajo. (GRES, 1985: 22) Este primer crédito constituyó un primer fondo para la adquisición de material de construc- ción, sin embargo, los recursos limitados exigieron de los arquitectos inventiva y de los socios voluntad de trabajo. En la parte técnica y financiera hubo también aprendizajes porque no había manera de acceder a cré- ditos para ese tipo de experiencias. Se consiguió un pequeño fondo para material de construcción y fue todo. Se requirió trabajo voluntario los domingos. Tito les propuso fabricar componentes de techo mediante la técnica de cerámica armada; las mujeres y los niños podían ayudarles a fabricar tabletas en el suelo, además de que su colocación les permitía ahorrarse la cimbra (Ortiz, 2016, 86) Imagen 5. Niños trabajando en la fabricación de tabletas de cerámica armada Fuente: Habitat International Coalition (HIC), Bertha Turner (ed.) Building Community. A Third World Case Book from Habitat International Coalition. Londres: Habitat International Coalition, 1988: 141. Copevi realizó un estudio para conocer las necesidades de la población, de ese estudio se realizó un proyecto de vivienda tipo, que debía ser igual para todos, esto fue ampliamente dis- cutido ―porque salía mucho nuestro individualismo tan marcado que tenemos‖ (GRES, 1985: 22). Cada socio quería construir su casa a su manera, pero la Asamblea decidió que fuera una casa tipo para todos los socios, con el fin de reducir intereses individualistas. La construcción de la casa tipo se realizó para que la gente experimentara el trabajo mutualista, base de la pro- ducción de las viviendas, pero también para que vieran la propuesta materializada. Ambos tu- vieron comentarios, desde la forma de construcción, poco habitual para los albañiles acostumbrados a la cimbra, como la casa tipo que despertó comentarios necesarios para que los 65 arquitectos afinaran el proyecto. Se decidió que esa primer casa tipo se destinaría a las oficinas de la cooperativa. Recuerdo cómo para probar si servían los prefabricados nos subimos a la planta alta y brincamos; ¡pero no se cayó!… También acordamos que en la primer etapa de construcción se construyera sólo el pie de casa, esto es lo principal de la casa, después cada quién haría la ampliación. (GRES, 1985: 23) Tito desarrolló el proyecto consultando a la comunidad, y sugirió construir la casa tipo que, por su- puesto, tuvo observaciones: pidieron incluir un espacio amplio y abierto en el segundo piso, que ellos adaptarían según sus necesidades. En esta experiencia aprendimos que la flexibilidad es fundamental. Nada de hacer mínimos que se vuelven máximos… se dejó la posibilidad para una construcción futu- ra, con lo cual, al final podían tener al menos tres recámaras, un baño abajo, otro arriba, sala-comedor de buen tamaño, la cocina y un vestíbulo. (Ortiz, 2016, 88) La casa tipo consistió en un pie de casa de 52 m2 en terrenos de 108 m2, dichas casas eran progresivas, es decir, estaban pensadas para que los ocupantes con sus propios recursos y nece- sidades pudieran ampliar la casa hasta un máximo de 102 m2 y dos plantas. Imagen 6. Plano del pie de casa Habitat International Coalition (HIC), Bertha Turner (ed.) Building Community. A Third World Case Book from Habitat International Coalition. Londres: Habitat International Coalition, 1988: 142. La carencia de recursos obligaba a la inventiva y a la organización para poder aprovechar al máximo los recursos de los que disponían, en este aspecto la colaboración entre arquitectos y socios fue fundamental. Ortiz recuerda el dilema al que se enfrentaban: Había muchos recursos: ¿cómo echarlos andar? Vimos que ellos podían construir, así que trajimos la máquina bloquera, la que habíamos usado en el Mezquital; el ingeniero Lainé, del grupo auxiliar, les donó un silo para que pudieran almacenar cemento comprado a granel, más barato, y se organizó un grupo para producir tabicones de arena y cemento para los muros pagado gracias al fondo. Parte del dinero se utilizó también para pagar los gastos de la brigada encargada de producir puertas y venta- 66 nas. Aunque la mano de obra la pondrían los albañiles de la propia cooperativa, los costos debían ser pagados a través de cuotas que, eso definieron, serían iguales para todos. Discutieron y se organiza- ron hasta establecer tiempos diferentes para cubrir las cuotas, de acuerdo a la posibilidad de cada fa- milia. Esto permitió integrar dos brigadas constructoras e iniciar las obras. (Ortiz, 2016, 87) Imagen 7. Recibo de Trabajos Comunales de la Sociedad Cooperativa de la Vivienda Unión de Palo Alto El Asunto Urbano. Cooperativa Palo Alto, Cooperativistas, Copevi, Habitat Participativo http://elasuntourbano.mx/cooperativa-palo-alto-cooperativistas-copevi-habitat-participativo/ publicado el 31 de mayo de 2016. Consultado el 25 de marzo de 2017. Las obligaciones de las familias de los socios era la de jornadas de trabajo obligatorias de 8 horas, esquemas de trabajo conformado por grupos con un coordinador, cada grupo de entre 8 y 15 socios debía contratar a un albañil, el trabajo de los coordinadores era mediar el trabajo de los albañiles y su equipo y encargarse de recoger cuotas para el pago del personal especializado y la vigilancia del buen manejo de los materiales. Cada equipo participaba en la construcción de las casas sin saber cuál sería la vivienda que le correspondería, de esta forma se buscaba asegurar que todos trabajaran lo mismo y que las casas se hicieran de la misma forma y con la misma calidad. El sorteo de las primeras casas fue tabulado según el compromiso, las horas de trabajo y el cumplimiento de las cuotas que se habían acordado. De esta forma los socios más cumplidos satisficieron su necesidad de vivienda sin menguar en su compromiso para sacar las demás viviendas. Con este esquema la cooperativa tuvo diversas etapas constructivas entre 1976 y 1980. En la primera fueron construidas 75 pies de casas entre 1976 y 1978. Entre 1978 y 1979 se cons- truyeron otras 57 casas gracias a un crédito de FOMVICOOP suficiente para la construcción de 38 casas y el resto con autofinanciamiento. Finalmente se construyeron 34 en 1980 gracias a un crédito más de FONVICOOP para 4 casas y de INDECO para 30. Para finales de 1985 se ha- 67 bían construido un total de 189 casas que satisfacían el 80 por ciento de las 237 familias socias (Habitat International Coalition, 1988: 140). Imagen 8. Vista panorámica de la construcción de las primeras casas de la Cooperativa Habitat International Coalition (HIC), Bertha Turner (ed.) Building Community. A Third World Case Book from Habitat International Coalition. Londres: Habitat International Coalition, 1988: 139. En medio del proceso constructivo, el 27 de abril de 1977, el maestro Rodolfo Escamilla fue asesinado a tiros en su oficina de la calle de Monterrey, colonia Roma, en la ciudad de Mé- xico. Entre abril de 1977 y abril de 1978 fueron publicados cinco editoriales en el semanario Proceso (7 de mayo, dos el 14 de mayo, el 9 de julio de 1977 y 29 de abril de 1978) comentan- do el caso del asesinato de Escamilla. En ellos se menciona que las trabajadoras sociales fueron detenidas por supuestas contradicciones en las primeras declaraciones, que, según las autorida- des, Escamilla estaba relacionado con la Liga 23 de Septiembre y también se denunciaba que el móvil del asesinato fue político ya que también se dio en el contexto de asesinatos de sacerdo- tes de izquierda como el de Rodolfo Aguilar en Chihuahua un mes antes y el de un sacerdote acompañante del Obispo de Tehuantepec Arturo Lona dos días antes. Todos ellos sacerdotes que no limitaban sus acciones a la celebración pastoral regular, sino que denunciaban la agre- sión a los indígenas y pobres y actuaban en consecuencia. El asesinato de Escamilla mermó en el ánimo de los socios de Palo Alto y obligó a las tra- bajadoras sociales Luz y Graciela a ausentarse un tiempo del proceso de la cooperativa. Según los testimonios hubo quienes aprovecharon su muerte para poner en duda la legitimidad de la propiedad cooperativa (GRES, 1985: 25). Aun así, la organización cooperativa continuó y Es- 68 camilla se convirtió en un símbolo de lucha para la Cooperativa y en el personaje más recono- cido por la memoria de la comunidad: ―Todos toditos decimos, ya no debemos llorar, honrare- mos su memoria, luchando sin descansar‖ (CRELL, 1987: 30). Durante estos años también se gestionó la introducción de servicios con las autoridades. El servicio de energía eléctrica que se había gestionado con la Compañía de Luz no había sido instalado a pesar de haber pagado ya 84 mil para su instalación, por lo que se aprovechó una visita del regente de la ciudad, Octavio Sentíes, para presionar a las autoridades y finalmente fue instalada en 1976. (GRES, 1985: 24). Hasta 1982 fue que se logró instalar el servicio públi- co de drenaje (GRES, 1985: 26). De esta forma se logró construir las bases y la mayor parte del entorno físico del cual goza hoy la colonia. Existió otro proyecto que no fue terminado y es el de la construcción de vivien- das para los hijos de socios. En 1986 se gestionó con el Fondo Nacional de Habitaciones Popu- lares (Fonhapo) un crédito para la construcción se viviendas de hijos de socios. Se reservó una porción de 5,184 m2 (11.21%) para la construcción de 24 edificios con 144 viviendas. Cada edificio tendría tres tipos de vivienda, A con 45.58 m2, B con 48.97 m2 y C con 55.45 m2 (Ca- brera, 1998: 55). El conjunto estaba pensado para construirse en 4 etapas iniciándose la primera etapa con 32 viviendas que sí fueron construidas. Esta experiencia y el largo proceso de autogestión de la colonia derivó en diversos aprendi- zajes más allá de la producción de un entorno material. Uno de los planteamientos y aprendiza- jes más reconocidos fue el reconocimiento a las mujeres: Ellas fueron las que más lucharon y había que reconocerles ese papel. A las asambleas llegaban prin- cipalmente las mujeres, eran quienes tenían la información y llevaban procesos, pero cuando había que tomar decisiones llegaban los hombres, muchas veces borrachos, sin saber nada. A mí me daba mucha rabia. Fue un aprendizaje en directo sobre la desigualdad de género. Sin embargo, poco a poco se fueron dando cuenta y les fueron dando su lugar. (Ortiz, 2016, 85) El papel de la mujer en las experiencias urbanas populares no es menor, la misma estructura laboral y cultural de la ciudad reducía las expectativas de trabajo de la mujer. La permanencia de la mujer en la casa tiene una consecuencia importante para las movilizaciones po- pulares: es la principal protagonista de las luchas por su participación en las organizaciones y tareas de barrio. Se abre así, para un grupo más reducido, un nuevo campo de acción y de cambios cultura- les; posibilidades de liderazgo, relaciones democráticas que contrastan con las del hogar, informacio- nes técnicas y política importante, métodos de lucha, etcétera (Núñez, 1990: 39) De esta forma la mujer logró experimentar aprendizajes democráticos, producto de la orga- nización social en sus propios hogares y darle un matiz más cotidiano al trabajo autogestivo de la cooperativa. Las consecuencias conductuales, como la del empoderamiento de las mujeres no fue exclusividad de los socios, para el arquitecto Enrique Ortiz, su participación en el proyecto de construcción de la cooperativa también representó una experiencia profunda: ―fueron seis años de trabajo intenso en Palo Alto y, como decía, fue para mi una escuela; el posgrado infor- mal donde cambió profundamente mi perspectiva sobre el quehacer profesional y sobre mi pro- 69 yecto de vida‖ (Ortiz, 2016: 89). Este es el camino a la liberación colectiva, en los términos enunciados por Freire, ya que ningún oprimido puede liberarse solo, tiene que hacerlo en colec- tividad. Está primer experiencia tiene variantes, cada una de las versiones varían en pequeños deta- lles que se han entretejido para crear una memoria que brinda a quienes tomaron parte en estos eventos una identidad común y un lugar en el espacio social del grupo. Este primer momento de la cooperativa es recordado con alegría por los socios fundadores, es motivo de orgullo, de cohesión, de identidad y les otorga legitimidad como poseedores de los valores que les permi- tieron obtener una victoria frente al poder hegemónico. Esta victoria se dio además en un am- biente en el cual las opciones para satisfacer las necesidades de vivienda parecían reducirse al esfuerzo individual, la afiliación a una organización corporativa o mediante la lucha organizada independiente. La última opción, tomada por la Cooperativa, estaba además investida de un aura de dignidad y reivindicación con el que muchos participantes se empoderaron y cambiaron sus condiciones y perspectivas de vida. Por estos motivos esta historia es enseñada a los jóve- nes de hoy y aunque no son socios de la cooperativa ni vivieron esos hechos, explica el surgi- miento de su colonia, de su comunidad, de sus familias y fundamenta parte de su identidad. Es importante tomar en cuenta que quienes hicieron este trabajo en ese entonces eran jóve- nes que decidieron emprender un camino diferente a la forma de vida que tenían sus padres y la coyuntura política y social les permitió contar con el apoyo acertado para lograrlo. Sin embar- go, al final de esta primera etapa, las condiciones comenzaban a transformarse, surgieron otro tipo de retos y los socios de la cooperativa adquirieron un nuevo lugar al interior de la comuni- dad. Con el paso del tiempo los socios de mayor edad comenzaron a ceder a los hijos las deci- siones de sus familias y en muchos casos esos jóvenes habían sido ajenos al proceso de organización cooperativa. Para finalizar este capítulo se recogen las palabras de José Alvarado, quien tras la masacre de Tlatelolco pronosticaba en su columna de la revista Siempre! del 16 de octubre de 1968 que la memoria mantendría vivos los sueños de una generación por construir un mundo, estos serían otros jóvenes que seguirían con el trabajo de los anteriores. No son ciertamente, páginas de gloria las escritas esa noche, pero no podrán ser olvidadas nunca por quienes jóvenes hoy, harán mañana la crónica de estos días nefastos. Entonces, tal vez, será realidad el sueño de los muchachos muertos, de esa bella muchacha, estudiante de primer año de medicina y edecán de la olimpiada, caída ante las balas, con los ojos inmóviles y el silencio en sus labios que ha- blaban cuatro idiomas. Algún día una lámpara votiva se levantará en la plaza de las Tres Culturas en memoria de todos ellos. Otros jóvenes la conservarán encendida. (citado en Monsiváis, 2016: 297-8) Igualmente, en Palo Alto la memoria fue un mecanismo indispensable para encaminar a los nuevos jóvenes a continuar el trabajo de liberación de los jóvenes socios fundadores. 70 Capítulo III Continuidad y disidencia de la organización Cooperativa Cambia lo superficial Cambia también lo profundo Cambia el modo de pensar Cambia todo en este mundo Julio Numhauser, Todo cambia La generación de socios fundadores experimentó un proceso de liberación, en los términos planteados por Freire, al consolidar una organización exitosa en un proceso autogestivo de construcción de vivienda, de gestión de servicios y de trabajo comunitario. Sus condiciones de opresión fueron reconocidas y se ejercieron acciones organizativas para liberarse en conjunto de la opresión. La satisfacción colectiva de una necesidad colectiva, mediante un esfuerzo co- lectivo para construir vivienda los había cohesionado. Más allá de la ayuda mutua al interior del grupo, compartieron experiencias y apoyaron a otros grupos. De esta forma se acercaron a gru- pos populares, urbanos y rurales, y se vincularon con organizaciones como el Movimiento Ur- bano Popular Cuajimalpa y la Coordinadora Nacional de Movimientos Urbanos Populares (CONAMUP). Esta etapa sumergida en un contexto en que la ciudad paulatinamente transformó su voca- ción de industrial a postindustrial, enfocada a los servicios y actividades financieras. Esto influ- yó directamente en la transformación del entorno con la construcción del proyecto de Santa Fe que impuso nuevos retos al poniente y aceleró la urbanización de lujo en Cuajimalpa. A la par de esta transformación urbana las demandas democráticas comenzaron a tener mayor fuerza y junto a ello la idea del Estado de Bienestar se debilitó y abandonó en la década de 1990 a la par que diversos movimientos urbanos se institucionalizaron en el Partido de la Revolución Demo- crática para contender en las primeras elecciones democráticas del DF. La segunda generación de la cooperativa experimentó la última etapa constructiva, la vincu- lación con otros movimientos y el fin legal de la cooperativa, debido a un problema interno. Este problema planteó dos caminos: el continuar con la organización militante y con la propie- dad colectiva o el dar fin a la organización y vivir en propiedad privada. Ante la falta de con- senso la cooperativa se dividió en dos grupos principales que protagonizaron un largo conflicto con el que también inició un proceso legal que perdura hasta hoy. Gran parte de la reconstruc- ción de este conflicto se logró gracias al testimonio escrito por Guadalupe Cabrera Ojeda, so- brina de una socia fundadora que llegó de niña a vivir en la cooperativa. El informe titulado ―Un reto a la vida que no claudica con el dolor de una derrota. Memorias de la Cooperativa de 71 Vivienda Palo Alto‖ fue presentado para obtener el título de Técnica en Trabajo Social en la Escuela de Trabajo Social ―Vasco de Quiroga‖ de Comala, Colima, una de las escuelas funda- das por Escamilla, y recoge una presentación de los proyectos de la cooperativa, su experiencia de organización y un resumen de los hechos ocurridos en los años de conflicto con la parte di- sidente. El fin del modelo de sustitución de importaciones y el nacimiento de la ciu- dad postindustrial En 1983 la inflación en México parecía incontrolable, ese año terminó con un índice del 80.8%, se trató de la primera fase recesiva desde 1953. La crisis económica fue interpretada como el fracaso de la política de sustitución de importaciones que había mostrado signos de debilidad desde la década anterior. Este problema económico y su interpretación derivó en una mayor presión empresarial para abrir la participación privada, nacional y extranjera, a las acti- vidades en que el Estado mantenía el control, entre ellos la construcción de vivienda social. En el nuevo modelo se propuso otorgar un papel protagónico al mercado en la asignación de los re- cursos, incrementar la participación de los agentes privados en las decisiones económicas e incorpo- rarse a la creciente integración económica mundial, con el propósito de mejorar la eficiencia y competitividad de la planta productiva nacional. (Monserrat y Chávez, 2003: 65) Este nuevo modelo neoliberal se formalizó a través de la incorporación de México en 1986 al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, existente desde 1947) bajo el go- bierno de Miguel de la Madrid (1982-1988) y posteriormente con la firma en 1993 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) bajo el gobierno de Carlos Salinas, con el cual se reforzó el proceso de integración de México en la globalización de la mano de Estados Unidos y Canadá. El cambio de orientación económica estuvo acompañado necesariamente de una transfor- mación en el sistema productivo de las ciudades. Se hicieron grandes esfuerzos por la desindus- trialización relativa y absoluta de la ciudad de México y su zona Metropolitana (ZMVM) entre 1980 y 1998. En ese periodo la presencia de la industria y su ocupación de mano de obra res- pecto a otras regiones y al total nacional descendió notablemente. Muchas opciones laborales de tipo industrial migraron a otras ciudades norteñas con capacidades industriales más reduci- das, pero más cercanas a la frontera norte, puerta del principal mercado de exportaciones del país. En 1961 el Gobierno creó el Programa Nacional Fronterizo; posteriormente, mediante el Programa Nacional de la Frontera Norte, se establecieron incentivos que tuvieron un éxito aceptable en lograr la instalación de maquiladoras norteamericanas en el lado mexicano. Desde entonces y hasta ahora la política gubernamental ha sido de otorgar facilidades y estímulos a la industria maquiladora de expor- tación en la Frontera Norte, particularmente desde la entrada en vigor del TLCAN lo cual ha sido un incentivo para la relocalización de las industrias del ZMVM y otras metrópolis del interior en las ciu- dades fronterizas con Estados Unidos. Un ejemplo de ello es la salida de las empresas ensambladoras 72 automotrices del DF y la región centro para relocalizarse en ciudades cercanas a la frontera, como Hermosillo, Saltillo-Ramos Arizpe, Chihuahua, Aguascalientes o la Comarca Lagunera. Este movi- miento significa desindustrialización de las ciudades de origen e industrialización de las ciudades de destino de las plantas. (Márquez, 2005: 97) Hacia estos años se inició también la política de planificación territorial, entre sus objetivos estaba la descentralización de las actividades industriales en la ciudad de México. Lo que había parecido una buena estrategia acabó desequilibrando las capacidades regionales por lo que la migración se convirtió en uno de los mayores problemas. Al final de la década de 1970 fue elaborado el Primer Plan Nacional de Desarrollo (1977-1982), el cual buscaba desestimular el crecimiento de la ZMVM, demasiado congestionada, y proponía el desarrollo de otras ciudades y regiones. Con este propósito se diseñaron diversos programas de Parques y Puertos Industria- les, se otorgaron exenciones fiscales, se donaron terrenos para nuevas industrias y se impulsa- ron otras actividades terciarias como el turismo. Los parques industriales se construyeron en ciudades desarrolladas en las cercanías de la ZMVM como Toluca, Tepeji, San Juan del Río, Pachuca, Ciudad Sahagún, Puebla y Cuernava- ca. Así comenzó la política de descentralización de la capital que ―junto con las deseconomías asociadas a la congestión o los problemas urbanísticos a los que ya se enfrentaba la gran urbe, forzaron el traslado de algunas empresas hacia espacios de baja densidad y más o menos lejanos. La tendencia se acentuaba ante las facilidades ofrecidas por la mejora de las comunicaciones y la importancia de la descentralización‖. (Márquez, 2005: 65). Así, gracias también al desarrollo de las vías de comunicación, se comenzaron a trasladar trabajos a otros estados, algunos cercanos, y las diferencias de concentración entre las zonas industriales del Estado de México y las zonas industriales de la ciudad de México comenzaron a reducirse (Tabla 7). Tabla 7. Personal ocupado del sector manufacturero 1980 1988 1993 1998 Tasa 1980-1993 Nacional 2,1461620 2,640,472 3,246,042 4,232,322 3.8 Distrito Federal 597,936 499,791 500,742 498,005 -1.00 Municipios ZMVM 303,130 309,979 337,601 378,645 1.23 Fuente: ―La desindustrialización del Área Metropolitana de la Ciudad de México‖. Márquez, 2005: 145. Esto no significa que la capital perdiera su predominancia económica, antes bien se fortale- ció en otro sector: el sector financiero y de servicios. Ante la pérdida de actividades industriales las oportunidades para el desarrollo de actividades terciarias comenzaron a multiplicarse. Entre 1980 y 2001 el sector terciario aumentó su participación en el Producto Interno Bruto de 66% a 76%, de ellos los subsectores más notables fueron ―los servicios financieros, seguros y bienes inmuebles, del 8.38% al 21% y los servicios de consumo colectivo, sociales y personales, del 25.98 al 29.10%; mientras el de comercio, restaurantes y hoteles perdía peso relativo, al pasar de 25.67% al 21%‖ (Márquez, 2005: 180). 73 El cambio de orientación económica impactó, por supuesto en su sistema productivo y en su forma. La desindustrialización y la terciarización han tenido como causa, y al mismo tiempo consecuencia, un significativo cambio en los usos del suelo y los inmuebles industriales deriva- do de su abandono, conversión en bodegas, demolición y reconstrucción para dar paso a usos de suelo más rentables como los comerciales o habitacionales de lujo. Incluso existen casos de refuncionalización y reconversión de espacios que antiguamente sirvieron de asiento a comple- jos industriales, para transformarlos en megaproyectos comerciales. Esta tendencia no era nue- va en la zona poniente de la capital y ya había sido observada en la reconversión de las minas en zonas residenciales que fue comentada en el capítulo anterior. Con el cambio de vocación económica de la ciudad de México la Cooperativa Palo Alto también se enfrentó a nuevos retos que transformaron el territorio aledaño a la colonia. La transformación del espacio en el poniente de la ciudad de México Desde la década de 1980, la evolución física de la metrópoli se ha llevado a cabo bajo las determinaciones impuestas por la inserción de la economía nacional en la globalización, atrás quedaba el proyecto de la capital industrial. Esta transformación se acompañó de una política de especialización terciaria, y una mayor presencia de inversiones de capital privado nacional y extranjero que requería grandes transformaciones urbanas. Esta política vio su mayor fomento en 1994 con la entrada en vigor del TLCAN que abrió la puerta a la libre circulación de capita- les internacionales en el país impulsando el desarrollo terciario en la metrópoli mediante pro- yectos urbanos de renovación y modernización (Márquez, 2005: 180). En esta nueva modernidad urbana se construyeron múltiples megaproyectos como centros comerciales y complejos corporativos de empresas trasnacionales y nacionales, que aceleraron la formación de corredores terciarios ligados a los ejes de flujo vehicular. Según Márquez el acelerado crecimiento de la metrópoli y el aumento de las distancias originaron a partir de los años setenta la formación de subcentros comerciales y de servicios en distintos puntos de la metrópoli y más tarde la proliferación de desarrollos comerciales modernos, tiendas de autoser- vicio y centros departamentales que ―actuaron como nodos e inductores de nuevos emplaza- mientos terciarios, llevando a la conformación de la trama de corredores terciarios que absorbieron a los subcentros y cambiaron la lógica de estructuración urbana‖ (Márquez, 2005: 183). El desarrollo de estos nodos derivó en una trama de corredores urbanos terciarios de activi- dades económicas, políticas y culturales. La distribución del comercio llevó a que la ciudad, que contaba prácticamente con un gran corredor en el viejo Centro Histórico se diversificara en un número creciente de zonas económicas con capacidad de atracción de capitales constructi- vos fuera del DF. En la década de 1960 las actividades económicas de servicios en la ZMVM se concentraban con 99% en el DF, mientras que los municipios conurbados apenas alcanzaban el 1%. En la década siguiente esa disparidad se redujo con 83% en el DF, aún muy dispar y a pesar de la crisis de 1980, sólo hasta la recuperación económica de 1988-1993 se redujo la dis- 74 paridad. Hacia 2004 se reconocían ya 26 ejes de alcance metropolitano y 25 de alcance urbano más limitado que conforman la trama de la actividad terciaria en la metrópoli (Márquez, 2005: 183-184). Se reconocen como corredores terciarios de gran importancia: Reforma que concentra ofi- cinas financieras, bancos, casas de cambio, casas de bolsa, aseguradoras y hoteles. Polanco, con dos ejes Presidente Masarik, como corredor financiero y comercial, y Campos Elíseos con ser- vicios turísticos importantes (hoteles de lujo como Nikko, hoy Hyatt, Marriot y Presidente). Insurgentes como el corredor más extenso y con distintos grados de consolidación, en el sur con servicios profesionales, financieros, restaurantes y centros comerciales, y en el cruce con Periférico centros comerciales, de recreación y restaurantes. Finalmente, pertinentes para esta investigación, al poniente se extienden los corredores Bosques de Reforma, Bosques de las Lomas y Palmas, los cuales representan una zona de sedes corporativas que conectan con Santa Fe uno de los corredores de servicios terciarios más importantes del país (Márquez, 2005: 184). De este modo el desarrollo del sector terciario de la ciudad recibió un fuerte impulso del ca- pital inmobiliario que fomentó grandes proyectos en las zonas mejor dotadas de servicios y con infraestructura con las cuales potenciar y diversificar los rendimientos de sus inversiones. Estas tuvieron efectos sociales y territoriales importantes como el incremento del desempleo, la relo- calización de mercados laborales, el incremento de la informalidad laboral, la modificación de patrones de consumo, la reducción de espacios públicos, el predominio de flujos vehiculares motorizados y la especulación del suelo para usos comerciales y habitacionales. Por supuesto, otra de las transformaciones más importantes ligadas al desarrollo económico terciario es el crecimiento demográfico de la zona, especialmente a partir de la constitución de la Zona Espe- cial de Desarrollo Controlado Santa Fe en 1987. Esta explosión demográfica incentivó también la demanda por los servicios, comunicacio- nes, transportes y vivienda modificando aún más el paisaje urbano de la zona y alentando el crecimiento demográfico, tan solo entre 1980 y 1995 la delegación Cuajimalpa aumentó su población en 50.08%. Tabla 8. Población absoluta y densidad poblacional 1980, 1990 y 1995 Demarcación 1980 1990 1995 Habitantes 91,200 119,009 136,873 Cuajimalpa 2 Densidad h/km 1,251.37 1,632.94 1,878.14 Delegaciones Cen- Habitantes 2,595,823* 1,930,267 1,760,359 2 trales Densidad h/km 18,884.21 14,043.41 12,807.26 Distrito Federal Habitantes 8,831,079 8,235,744 8,489,007 *De la suma de las delegaciones centrales Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza. Fuente: INEGI Censos y Conteos de población y vivienda 1980, 1990 y 1995. De esta forma la construcción habitacional de lujo y la construcción de un nodo financiero en el poniente de la ciudad de México fueron los dos factores que transformaron el paisaje del 75 poniente, encareciendo el suelo, acrecentando la especulación y aumentando la presión sobre el suelo de conservación y sobre los asentamientos populares. La primera generación de la Coope- rativa Palo Alto se enfrentó a una amenaza en el proyecto de Bosques de las Lomas que detonó la primera organización, años después la segunda generación se enfrentó a otra amenaza inmo- biliaria. El proyecto de Arcos Bosques Corporativo, mejor conocido como ―El Pantalón‖ co- menzó el 28 de agosto de 1980 cuando se otorgó el uso de suelo para construir edificios de oficinas en los terrenos de la Sección XVIII de Bosques de las Lomas. El proyecto fue convo- cado mediante concurso por grupo Dine en 1990 con la idea de desarrollar un proyecto que incluyera todos los servicios en un mismo espacio de oficinas. El proyecto ganador fue el pre- sentado por los arquitectos Francisco Serano, Carlos Tejeda y Teodoro González de León. Los objetivos fueron aprovechar los recursos sin perder la calidad del diseño ni de su cons- trucción, cuidar el medio ambiente y evitar problemas de vialidad. Por su magnitud, para la construcción de Arcos Bosques fue necesario seguir un Plan Maestro, diseñado por González de León, que se dividió en varias etapas. La construcción inició con el Edificio Oriente, con un total de 27,000 m2 de oficinas, el cual fue terminado en agosto de 1993. En la segunda etapa de construcción, Arcos Torre 1, sumó 60,000 m2, un helipuerto y fue inaugurada en junio de 1996. Posteriormente se continuó con el Edificio Norte con 60,000 m2 de oficinas divididas en cuatro secciones. Finalmente, en 2005 se comenzó la construcción de Torre Arcos Bosques II que incluye un hotel de cinco estrellas, un centro comercial y cada planta cuenta con una superficie promedio de 1,600 a 1,655 m², libre de columnas y con una altura libre de cada piso de 3,82 m. En total, los estacionamientos tienen capacidad para recibir 10,740 automóviles y el espacio de oficinas es aproximadamente de 250,000 m2 (Arquinetwork, 2009). Este impresionante conjunto arquitectónico, aplaudido por ser el primer edificio ―inteligen- te‖ en la ciudad y por sus materiales e ingeniería ―cien por ciento mexicanos‖, se construyó en un predio colindante a la cooperativa y según algunos cooperativistas la maqueta original con- templa la construcción sobre el área de Palo Alto. A diferencia de las condiciones con las que se enfrentó la primera generación, el predio de la Cooperativa ya estaba consolidado, la organi- zación conformada, tenían servicios básicos completos y había planes de ampliar el número de vivienda. Sin embargo, el contexto político estaba en transición y las autoridades apoyaban este tipo de proyectos, el capital inmobiliario ejercía cada vez más presión para apoderarse del suelo, mientras que los MUP estaban experimentando una vía alterna a la organización independiente en su participación en las contiendas electorales. Este contexto político es importante ya que la transición de la apertura democrática influyó para que los movimientos populares en general perdieran la fuerza militante que los caracterizó en las dos décadas anteriores, esto agudizó sus fracturas internas y acentuó su ineficacia para enfrentar ciertos problemas como la especulación urbana. 76 Apertura democrática e institucionalización de los movimientos urbanos En el plano político la presión de los movimientos populares obligó a la reforma que pre- tendió ampliar el espectro democrático dando apertura a las expresiones de izquierda. Esta transformación política comenzó en 1977 y tuvo su mayor alcance en 1997 cuando se celebra- ron por vez primera elecciones de gobierno para el DF y que decididamente ganó una coalición de izquierda. Si bien muchos movimientos tenían como objetivo la satisfacción de necesidades puntuales como la vivienda, la evolución propia de los movimientos, el empoderamiento de las organizaciones y el desgaste del Estado de Bienestar y del PRI estimularon el desarrollo de demandas democráticas. Una vez obtenidos los satisfactores básicos, la gestión de la ciudad en su conjunto (suelo, servicios, seguridad, gobierno) se convirtió en la demanda de los movimientos por lo que se replanteó la ideología de masas que rechazaba la participación electoral, de esta transformación se produjo la institucionalización de la izquierda. En 1976 las elecciones presidenciales dieron el triunfo al candidato único José López Portillo con 91.9% de votos, pero la crisis de legitimi- dad evidenciada en la popularidad del candidato sin registro Valentín Campa del Partido Co- munista Mexicano, obligó al replanteamiento del sistema democrático. El presidente López impulsó la Reforma Política que, entre otras cosas, brindó mayor presencia electoral a los parti- dos de oposición. Entre los cambios promovidos por esta Reforma está la Ley Federal de Organizaciones Po- líticas y Procesos Electorales y la reforma a la Comisión Federal Electoral que hasta ese enton- ces dependía directamente de la Secretaría de Gobernación. Esta Reforma ofreció a los partidos de oposición la posibilidad de participar en las elecciones de 1979. Las nuevas reglas de juego electoral para los partidos de la oposición aún permanecían bajo dominio del partido dominante PRI, sin embargo, la Reforma ofreció los primeros espacios reconocidos de oposición, con lo que algunas de las facciones más críticas del PRI tuvieron la posibilidad de escindir del partido. Pero la transición democrática no fue tersa, una diferencia entre los partidos políticos de la oposición y los MUP fue que, tras la reforma electoral de 1977, los partidos de la oposición operaban en un ambiente controlado por el partido dominante, pero se inscribieron a los proce- sos, mientras que los MUP defendían su autonomía y rechazaban su participación electoral. A pesar de la Reforma política, la tendencia era la del dominio del PRI y la desconfianza de parti- dos y movimientos de oposición. La existencia continuada de los MUP era inaceptable para un régimen que buscaba formas de absor- ber, manipular, derrocar o controlar a todos sus rivales. A finales de los años 70, la única respuesta considerada posible por el régimen era la represión y la cooptación. (Bennett, 1994: 92) Y ante la represión de facto los MUP no se abrieron tan fácilmente a la participación electo- ral. Aun así, la participación electoral era una posibilidad que comenzaba a tomar fuerza entre las dirigencias de los MUP. En su segundo Congreso Nacional celebrado en Durango en abril 77 de 1981 asistieron aproximadamente 2,000 delegados de sesenta organizaciones de catorce estados. El mayor logro de este congreso fue la creación de una coordinación nacional, la CONAMUP. Esta Coordinadora se formó con la ideología de masas y lucha de clase. Su fun- ción fue mediar las relaciones entre autoridades y movimientos, apoyar el desarrollo de estrate- gias autogestivas, organizar reuniones anuales para el intercambio de información y realizar estudios y publicarlos. El plan de acción de la CONAMUP se concentró en dos áreas: el mejoramiento de condi- ciones de vida y el trabajo hacia una sociedad más democrática. La cuestión democrática fue uno de los puntos de mayor discusión y sobre todo la participación electoral de la CONAMPUP. El principal argumento a favor decía que era una táctica válida para tener mayor comunicación con un mayor número de habitantes. Mientras que el argumento en contra decía que las elecciones estaban diseñadas para legitimar el control del partido único, algunos grupos incluso negaban la votación. Al final se decidió ―que cada uno decidiría por sí mismo el alcance de su participación electoral y que la CONAMUP, como organización, no participaría‖ (Ben- nett, 1994: 93). En 1985 la repuesta negligente de las autoridades ante los sismos de septiembre fomentó la proliferación de nuevos movimientos. Decenas de miles de personas se encontraron sin hogar y sin empleo, ya que tanto las casas como los lugares de trabajo resultaron destruidos mientras que, los esfuerzos del gobierno por proporcionar ayuda fueron lentos, insensibles e ineficaces. Cuando el gobierno no proporcionó ni liderazgo, ni apoyo moral, ni consejos, la gente se dirigió entre sí. Una nueva fuerza nació a raíz de las actividades inmediatas de buscar entre los escombros y pro- porcionar alojamiento para los damnificados; una nueva conciencia de lo que se podría conseguir sin usar los medios del gobierno. (Bennett, 1994: 94) Si a esto agregamos que muchos asentamientos de clase popular tenían estrategias autoges- tivas y actividades colectivas como un estilo de la vida cotidiano podemos entender que mu- chas organizaciones fueron aceptadas como una forma de solucionar problemas colectivos ante la emergencia. Muchas de estas organizaciones se aglutinaron en la Coordinadora Única de Damnificados (CUD), la cual exigió al gobierno que se le reconociera como espacio de enlace legítimo y presionó en el respeto a la permanencia de los damnificados en sus barrios. Pero la CUD estaba concentrada en la solución de la emergencia, mientras que muchos de sus integran- tes buscaron la oportunidad de potenciar la coyuntura e incidir en otros aspectos de la vida pú- blica. Estos últimos argumentaban que las oportunidades políticas trabajadas desde la CONAMUP se encontraban maduras para movilizar una fuerza mayor de lo que los líderes de la CUD podían imaginar, de esta escisión surgió la Asamblea de Barrios (AB). La AB agrupó a movimientos preexistentes y fomentó el surgimiento de otros, pero a dife- rencia de la CONAMUP en la AB las organizaciones fundadoras tenían un mayor equilibrio. En opinión de Paul Haber, no es que las organizaciones tuvieran el mismo peso sobre las deci- siones calve pero el equilibrio de poder era más igualitario debido a su composición: 78 Los niveles educativos y de posición social relativamente más altos dentro de la AB también contri- buyeron de manera general […] a darle un mayor nivel a la participación. Esto era más perceptible en los activistas de nivel medio, o cuadros. De esta forma, las dinámicas de poder entre cuadros y líde- res eran más igualitarias que en otras organizaciones. (Haber, 2009: 226) De esta forma con la presencia de clases medias la AB impulsó la demanda por reformas democráticas en el DF. Así desde 1986 se impulsaron reformas que marcaron una nueva etapa de relación entre los gobiernos y las organizaciones, en este sentido los MUP jugaron un papel importante en la restauración democrática en la ciudad. Uno de los mayores logros fue la crea- ción de la Asamblea de Representantes del Distrito Federal (ARDF) en el año de 1987 con lo que ―se inicia un proceso de cambio político en el ámbito del DF que fue ampliando los espa- cios de participación y modificó las relaciones políticas entre los diferentes actores sociales‖ (Frutos, 2005: 93). La reforma política era ineludible en el país y en el gobierno de De la Madrid la crisis eco- nómica y la crisis de los damnificados crearon el clima perfecto para que las autoridades cedie- ran en la creación de la ARDF en agosto y en su reforma, meses después, para ser elegida cada tres años (ALDF, El Universal, Miranda, 2017: 125). En 1988 se celebraron las primeras elec- ciones para representantes de la ARDF y se celebraron también unas de las elecciones presi- denciales más controversiales de la historia política reciente del país. Ante la popularidad de Cuauhtémoc Cárdenas entre los MUP, algunos cuadros se integraron a las candidaturas de los partidos que conformaban la coalición logrando 71 candidaturas para elecciones de ese año. Se trataba de un cambio que no sólo estaba relacionado con la política electoral, sino también con los extendidos movimientos populares que tradicionalmente habían rechazado los procesos electorales. Los resultados de las elecciones presidenciales de 1988 constituyen un cambio evidente en las rela- ciones entre la sociedad civil y el sistema político en México. (Bennett, 1993, 89) Cárdenas fue candidato presidencial por el Frente Democrático Nacional (FDN), compuesto por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN), el Partido Social Demócrata (PSD) y el Partido Popular Socialista (PPS) y ganó en la capital con 49% de votos contra 27% del candidato oficial Carlos Salinas de Gortari. Al igual que en la elección presidencial de 1942, la derrota del PRI en la capital condujo a la continuidad de la Reforma Política. A pesar del apoyo popular, Carlos Salinas de Gortari ganó con 48.93% de votación frente a Cárdenas con 29.94% y 16.20% del panista Manuel Clouthier. La victoria fue una muestra de que el poder del PRI aún podía fingir la famosa ―caída del sistema‖ sin que hubiera consecuen- cias. Por otro lado, evidenció una profunda crisis de legitimidad frente a una sociedad agravia- da y ampliamente movilizada en protesta por los resultados. En la manifestación del 19 de septiembre de 1988, a 3 años del terremoto, todo giraba en torno a la resistencia contra el frau- de, si bien el motivo era un asunto urbano, las demandas democráticas superaban a las prime- ras. 79 La lucha por la ciudad daba condiciones para consolidar la mayoría que en lo electoral se había gana- do y la unidad de las luchas no sólo en lo urbano, sino en los otros sectores. Era entonces necesario demostrar que se era una gran fuerza con proyecto de ciudad. En noviembre se instala la Convención del Anáhuac a la que concurren más de 100 organizaciones urbanas, estudiantiles, sindicales, ambien- talistas, de mujeres, etc. [...]. Se planteaban reformas constitucionales que redefinieran el pacto fede- ral y generaran nuevas formas de gobierno, de democracia directa y popular, de dar atención las viejas demandas nunca resueltas y aterrizar los programas políticos del movimiento. (Bautista, 2015: 31) El Programa de la Convención del Anáhuac buscaba otorgar al DF autonomía del poder fe- deral y restituir a sus habitantes sus derechos políticos. En febrero de 1989, ante el proceso para renovar el Consejo Consultivo que iniciaba con la elección de los Jefes de Manzana se convoca con el lema ―Saca al gusano de tu manzana‖ a la participación en las elecciones vecinales. Otro de los cambios significativos fue la incorporación al Partido de la Revolución Democrática (PRD) de antiguos priístas de la Corriente Democrática, partidos de izquierda y dirigentes de algunos MUP como la AB y CONAMUP. La participación de integrantes de MUP en las siguientes elecciones no cesó y demuestra la incorporación de nuevos caminos a las estrategias de las organizaciones. El MUP era además ampliamente conocido, particularmente entre las clases populares urbanas, la gente participaba en uno, conocían a alguien que lo hacía, habían oído de alguna organización por boca de otros o por los medios de comunicación, habían ganado un espacio en el debate público. Por tanto, entre 1968 y 1988, una diferencia que cabe destacar es que en 1988 los pobres urbanos ya tenían sus propios movimientos. Existían nuevos modos para expresar los problemas cotidianos de la pobreza. Veinte años de organización habían cambiado la sociedad civil en México. (Bennett, 1994: 95). Tras dos décadas de intenso trabajo de las organizaciones de izquierda las demandas demo- cráticas comenzaban a dar los primeros resultados que, sin embargo, no fueron valoradas de igual forma por las organizaciones de izquierda, especialmente tras las reacciones de muchos MUP a las políticas públicas salinistas. Durante el gobierno de Salinas, se redujeron las instituciones que apoyaron la consolidación de asentamientos populares. El Fonhapo, institución pública que había apoyado a la Cooperati- va Palo Alto dejó atrás su capacidad de otorgar créditos a grupos populares organizados. En su lugar el Fondo de Operación y Financiamiento Bancario a la Vivienda (FOVI) operado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) asumió el otorgamiento de créditos a la po- blación vulnerable que por sus nuevas reglas dejaba afuera aproximadamente al 70% de la po- blación solicitante. Para sectores no atendidos por la banca se crearon las Sociedades Financieras de Objeto Limitado (Sofoles) reguladas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) que funcionaban como intermediarios entre los solicitantes de vivienda y las empresas constructoras y operaban créditos aportados por el FOVI (Bautista, 2015: 41). El programa más importante de Salinas fue el Programa Nacional de Solidaridad (Prona- sol). Dicho programa abarcaba tres frentes: desarrollo regional, producción y bienestar social. 80 Entre sus acciones se la construcción de infraestructura, el mejoramiento en servicio urbanos y la mejora en la calidad de vivienda entre otras. Pronasol sirvió en muchos casos para acrecentar la dependencia de las organizaciones populares a los aportes federales como parte de una estra- tegia de ―divide y vencerás‖. Y a pesar de la crítica de la AB contra Pronasol existe evidencia de que algunos proyectos (Proyecto Ticomán, Aeropuerto Arenal, Comité de Defensa del Ba- rrio Emiliano Zapata y Barrio Nuevo Tultitlán, entre otros) fueron financiados por Pronasol, especialmente en la segunda mitad del sexenio cuando la posición del PRD con Salinas se sua- vizó (Haber, 2009: 231). La posición de la AB la hizo incapaz de acceder a cantidades signifi- cativas, pero sucumbió ante la necesidad de financiación para proyectos en un sistema dependiente de fondos federales, especialmente cuando gran parte era canalizado por Pronasol. Al igual que el CDP, la AB luchó por mantener su identidad como movimiento, pero cuan- do el liderazgo del movimiento se trasladó a posiciones de dirección en el partido se agudizó la crisis identitaria. ―Este problema se volvió todavía más agudo cuando el liderazgo del movi- miento social fue incapaz de descentralizar el proceso de toma de decisiones, o no estuvo dis- puesto a hacerlo, para incorporar cuadros o nuevos líderes‖ (Haber, 2009: 233). La AB no desapareció con la entrada a la estrategia partidista, pero se convirtió en una sombra de lo que fue. La no generación de cuadros de líderes jóvenes fue fundamental en la discontinuidad de los MUP, si bien Haber lo interpreta como ausencia de nuevos cuadros, otras interpretaciones atri- buyen a los nuevos cuadros incapacidad de manejo: Estos liderazgos emergentes, no mantuvieron en el corto plazo, el nivel político y de iniciativa que sostuviera el avance del movimiento urbano […]. Ante este golpe de timón de la política pública [de vivienda], el MUP no muestra capacidad de respuesta. La desarticulación del movimiento, el escaso análisis de los nuevos liderazgos sobre esta situación y el canto de las sirenas de la concertación, en- tre otras cosas, permitieron al régimen de Salinas golpear la lucha popular por la vivienda. (Bautista, 2015: 41) La crítica a la producción de liderazgos depende de la organización que se observe, pero es un hecho que en general no hubo un relevo generacional que diera continuidad a los movimien- tos. Aun así, es imposible negar el aporte de los MUP a la transición democrática en la capital. En 1994 se dio otro paso más al aprobarse el Estatuto de Gobierno del Distrito pero fue hasta la Reforma Política de 1996 cuando se consiguió el establecimiento de la Asamblea Legislativa (ALDF, todavía sin los derechos plenos de un Congreso Estatal), la creación del Tribunal Supe- rior de Justicia del Distrito Federal y la elección de la Jefatura de Gobierno. Un año después Cuauhtémoc Cárdenas contendió en las elecciones, pero esta vez para el gobierno de la capital. En las elecciones intermedias de 1988, 1991 y 1994 el PRI obtuvo siempre mayoría con 25.72%, 43.78% y 40.56% respectivamente, pero en 1997 la votación se revirtió en su contra. Con 48.09% de votos Cuauhtémoc Cárdenas ganó las elecciones contra Alfredo del Mazo Gon- zález del PRI con 25.60% y Carlos Castillo Peraza del PAN con 15.58%. De ser una fuerza menor en muchos estados, el PRD pasó a gobernar la ciudad más poblada y la capital del país. Además ganó 38 diputados de mayoría contra 11 de representación proporcional del PRI de un 81 total de 66 diputados de la ALDF. El triunfo electoral del PRD en 1997 le dio un vuelco com- pleto a la correlación de fuerzas en la ciudad de México con la jefatura de gobierno, una mayo- ría absoluta en la Asamblea y un amplio respaldo popular aún sostenido por los MUP. Pero el triunfo electoral no aseguró prácticas democráticas al interior del partido ni el cre- cimiento de los MUP que comenzaron a resentir la politización del movimiento: Sus mejores cuadros ―copan‖ la dirigencia del partido, muchos militantes se incorporan a diferentes puestos en la administración de la ciudad, se pierde presencia en las bases, territorialmente pierden espacios en la participación vecinal y se agudizan las disputas internas por los cargos de representa- ción. (Frutos, 2005: 101) La nueva posición de los MUP a finales de los 90 planteó el reto de recuperar la influencia en las bases y el desarrollo de nuevos métodos de organización diferentes a las estrategias auto- gestivas y de presión colectiva de la década de 1970. Las reivindicaciones colectivas, superideologizadas en la línea de masas, trascendieron los límites de las demandas puntuales como la vivienda o servicios con la que nacieron los MUP. En esa primera lógica, la demanda democrática estaba subordinada a las demandas puntuales y a la lucha de clases. Ante la negligente reacción de las autoridades en la crisis económica de 1982 y ante la crisis urbana de 1985 nuevos movimientos enriquecieron al MUP que le aporta- ron reconocimiento gubernamental y asumió una postura diferente frente a las demandas demo- cráticas tomando iniciativas y realizando propuestas concretas ―Protesta con Propuesta‖. Así muchos MUP cambiaron sus estrategias políticas para lograr una mejor posición en las nuevas relaciones de poder creadas a partir de las Reformas Políticas. Con estos cambios sensibles, los MUP pudieron cuestionar la exclusión política de la que eran objeto los habitantes del DF, sin interpretarlo bajo la estrechada visión de lucha de clases que desechaba las demandas democráticas. Los derechos políticos de la capital estaban restrin- gidos con argumentos tan insostenibles como que los capitalinos no estaban preparados para la democracia o que elegían a sus gobernantes al elegir al presidente. Como fue mencionado esta coyuntura fue valorada de forma muy diversa. De forma sim- plista y dicotómica, por un lado está la cuestión de la traición a los movimientos (vista desde la ideología de línea de masas), y por otro lado está la apertura de nuevos espacios a las reivindi- caciones sociales (visto desde la defensa de los derechos políticos). Sin embargo, algo que pa- rece fuera de discusión es la trasformación de estos movimientos y con ello la transición de una lucha de clase a una democrática. Si bien muchas organizaciones desaparecieron otras mutaron a una forma partidista, algunas veces de existencia efímera, de igual forma el surgimiento de movimientos no cesó y en la actualidad aún florecen bajo condiciones muy diferentes. Esta transición democrática no es ajena a la Cooperativa Palo Alto. En la década de 1990 importantes transformaciones en la estructura de gobierno en el Distrito Federal influyeron en la toma de decisiones que se llevaron a cabo al interior de la cooperativa. Las autoridades dele- gacionales jugaron un papel más activo en la negociación del conflicto e incluso hay señala- mientos que apuntan a la colaboración con los disidentes. La segunda generación confrontó no 82 solo la aparente infiltración de intereses inmobiliarios al interior de la cooperativa sino también el desgaste del compromiso en los socios y la falta de generación de nuevos cuadros compro- metidos y capacitados. El cambio en la orientación económica de la capital también difundió nuevas formas de habitar y nuevas formas de consumo que minaron ideales originales de pro- piedad colectiva. Ante esta nueva crisis la memoria fue una de las herramientas con que la se- gunda generación buscó reafirmar el compromiso y la ideología cooperativista. El retraimiento del compromiso cooperativo Bajo el contexto de transición política y nuevas embestidas del capital inmobiliario, la expe- riencia de la segunda generación quedó inmersa entre la lucha de clases al lado de otras organi- zaciones y el debilitamiento del compromiso comunitario que llegó al rechazo a la forma de vida cooperativa. El deterioro de la identidad cooperativa dio pie a una supuesta cooptación de una parte importante de socios que buscaban desintegrar la escritura única y vender el terreno al proyecto de Arcos Bosques. Este episodio de la historia de Palo Alto ha generado muchas se- cuelas que serán abordadas en el capítulo siguiente pero también es uno de los episodios más oscuros para la comunidad. A pesar de ello existieron algunos ejercicios de memoria que res- guardaron algunos de los acontecimientos que marcaron a esta generación y que hoy nos permi- ten explorar su desarrollo. Para muchos niños la experiencia de organización cooperativa y lucha por la tierra implicó el reconocimiento de sus condiciones de vida y su identidad con otras personas de condiciones similares con la que establecieron lazos solidarios. Lejos de aislarse y de menguar tras el asesi- nato de Escamilla, los jóvenes de la cooperativa apoyaron a otras colonias populares como La Primera Victoria, La Romana (experiencia trunca que también contó con orientación de Esca- milla y de Copevi), Golondrinas, San Bernabé, Martín Carrera y la Unión de Solicitantes y Cooperativistas de Vivienda de Iztapalapa en el predio El Molino (USCOVI). También brinda- ron ayuda a sindicatos y obreros como los trabajadores de Alumex y de Spicer, a los cuales apoyaron, junto a otras organizaciones como la Unión de Colonos de San Miguel Teotongo, con despensas, apoyo en sus comités e incluso con apoyo en la toma de las oficinas de la Secre- taría del Trabajo (GRES, 1985: 24). Además, apoyaron también a grupos rurales como a los campesinos de San José Bojay, Hidalgo, en 1981 (quienes también habían recibido orientación de Escamilla), junto a ellos surgió un compromiso que se llamó Corriente Rodolfo Escamilla Lucha por la Liberación (CRELL, 1987:) para unir en la lucha a todos los que somos ―las ramas del mismo árbol‖, que estamos en diferentes lados y que seguimos sus enseñanzas; esto es seguir luchando no solo por lo de cada quien, sino alcanzar la liberación de nuestra clase, es decir que se acabe la explotación, nos unimos no en una organización sino en un compromiso unido de darnos fuerza… con CRELL buscamos que no se nos olvide como el maestro fue y nos enseñó a ser revoltosos si a eso se le llama no ser pasivos y luchar, pues gracias a eso tene- mos casa con todo. (GRES, 1985: 32). 83 En Julio de 1983 la Cooperativa se integró a la CONAMUP pues ya pertenecía a la Coordi- nadora de Cuajimalpa con la cual organizaron marchas al Zócalo para exigir mejoras en el cos- to y servicio de transporte. Junto a la CONAMUP asistieron a los Encuentros Nacionales de Organizaciones Populares y ayudaron en tareas de solidaridad con Nicaragua. Su relación con otras organizaciones también fue de apoyo, por ejemplo, con la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, organización campesina, y con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educa- ción. El 19 de noviembre de 1984, el día de la explosión de San Juanico, los cooperativistas asistieron en un camión lleno de jóvenes y adultos para entregar ayuda alimentaria y brindar asistencia a San Juan Ixhuatepec. Además del grupo CRELL, en diciembre de 1984 se formó el Grupo Rodolfo Escamilla Pa- lo Alto (GRES-PA), que era un equipo de trabajo formado por jóvenes y socios adultos: nos comprometimos con la CONAMUP y demás organizaciones, asumiendo la responsabilidad que se tenía como cooperativa. Nuestro grupo lleva el nombre de Escamilla porque es nuestro ejemplo junto con otros mártires de la lucha de los proletarios y queremos que su nombre no sólo sea dicho cuando vemos el mural que los jóvenes hicieron de él, o cuando mencionamos la calle principal de nuestra colonia que lleva su nombre también. Llevamos el nombre de Palo Alto para que nuestra co- lonia esté presente en las luchas de nuestra clase y no al lado de la burguesía y su gobierno. Nuestro grupo es solidario porque busca ayudarnos mutuamente con los de nuestra clase, pero no somos gue- rrilleros, ni buscamos la violencia como otros la han utilizado para atacarnos y que dejemos de ser ―revoltosos‖, pero eso sí no vamos a dejar de serlo si es que a eso se le llama luchar por otros y por lo nuestro; por eso escribimos nuestra historia para recordarla y continuarla. (GRES, 1985: 34) Este fragmento es muy rico ya que define la identidad y el objetivo del GRES-PA, así como su conformación multigeneracional. Es posible observar actitudes como el sentido de pertenen- cia a una comunidad y a un equipo de trabajo comprometido con un ideal de lucha de clase. Si tomamos en cuenta la cantidad de acciones de solidaridad que el grupo ejerció con otras orga- nizaciones campesinas, obreras, magisteriales y urbanas es fácil apreciar la fortaleza de los mo- vimientos populares en la época y el alcance de Palo Alto. La cooperativa no solo había diversificado sus alianzas estratégicas con otras organizaciones, las había consolidado mediante su integración a la CONAMUP, de alcance nacional. Es posible apreciar un esfuerzo por la formación de nuevos cuadros. Los jóvenes, niños en el momento de la primera generación, se habían integrado a las dinámicas cooperativas y apo- yaban a las demás organizaciones junto a los adultos socios, estos niños se habían convertido en jóvenes y habían asimilado el espíritu cooperativista de ayuda mutua. El ideal de la lucha de clase y la colaboración solidaria con sus pares demuestra también una identificación de clase, en la que algunos grupos y personajes jugaron un papel importante como el propio ―mártir‖ Rodolfo Escamilla. Con un toque de humor también eran conscientes de que sus actividades solidarias con otros movimientos ―revoltosos‖ estaban fuera de un ideal ―burgués‖ ajeno a su estilo de vida. Finalmente habla de la escritura de la historia para ―recordarla y continuarla‖. Como comu- nidad habían desarrollado el asentamiento colectivo y de ello surgió también una memoria co- 84 lectiva: ―De ser una ciudad perdida de minas de arena en una colonia urbanizada, con habitan- tes en su mayoría con una historia, colectiva y una conciencia de clase potencial de lucha‖ (GRES, 1985: 38). Pero esta memoria colectiva, originalmente oral, sería objeto de una impor- tante transformación con la segunda generación y la escritura de la historia. Si recordamos que en la primera generación el nivel de escolaridad era bajísimo y el nivel de analfabetismo altísi- mo este indicio nos demuestra dos cosas. Por un lado, el nivel de analfabetismo había reducido y por el otro una nueva generación, con mejores condiciones educativas, había hecho suya una tecnología innovadora en la comunidad y escrito las memorias de la lucha de la cooperativa. La escritura como tecnología, estudiada por Walter Ong, es un sistema artificial que exige conocimientos y habilidades técnicas, se requiere el dominio del uso del alfabeto, fonemas, reglas gramaticales y sintácticas, entre otras. La escritura del pasado de la cooperativa implica- ba un proceso de pensamiento reflexivo y selectivo al momento de transformar la información oral en escrita. Este proceso de escritura: tiene un valor inestimable y de hecho esencial para la realización de aptitudes humanas más plenas, interiores. Las tecnologías no son sólo recursos externos, sino también transformaciones interiores de la conciencia, y mucho más cuando afectan la palabra. Tales transformaciones pueden resultar esti- mulantes. La escritura da vigor a la palabra. (Ong, 1997: 85) Mediante el proceso de escritura, los jóvenes que participaron del grupo GRES-PA pudie- ron pensar su propia posición respecto a la historia que escribieron, de esta forma su identidad se asimiló a la de los padres en la lucha por la vivienda y tomaron parte de la narrativa de lucha cooperativa. Para esta generación escribir los testimonios fue una forma de integrarse, recono- cer su contexto y hacer notar sus aportes al movimiento. Ong continúa apuntando que uno de los aspectos que estimula el proceso de escritura es el cambio de perspectiva. Al escribir se piensa lo que se escribe, se selecciona, filtra, ordena y transforma, poniendo al propio escritor fuera de sí: La alienación de un medio natural puede beneficiarnos y, de hecho, en muchos sentidos resulta esen- cial para una vida humana plena. Para vivir y comprender totalmente no necesitamos sólo la proximi- dad, sino también la distancia. Y esto es lo que la escritura aporta a la conciencia como nada más puede hacerlo. (Ong, 1997: 85) La escritura de las memorias de niños y jóvenes que participaron en el primer proceso eran vistas por veinte años de distancia y el pensar las palabras para escribirlas desarrolló también un proceso de crítica del otro y crítica de sí mismos. Así es como reconocen que el tiempo que les tocó es muy diferente al de la generación anterior pero reconocen que también forman parte del proceso: Vemos en nuestro proceso 4 etapas las 3 primeras aproximadamente de 5 años cada una: la primera de 1970 a 1975 luchamos por la tierra y fuimos despertando; la segunda hasta 1980 fue de construir la mayoría de las viviendas e ir luchando más contra el individualismo, la tercera otros 5 años más hasta 1985 fueron de introducción de los servicios y de comprometernos con la lucha más organiza- 85 da, a pesar de la oposición. La cuarta etapa apenas se inicia, es de consolidación, no sabemos cuándo terminará. (GRES, 1985: 45) Pero las memorias hechas por GRES-PA no es un registro de hechos notables de la coope- rativa, es una narrativa que buscaba reproducir los ideales y valores cooperativos, la memoria como objeto de acción (Giménez, 2009: 60). Un aspecto importante de la memoria escrita ha sido identificado en algunos trabajos como una forma de establecer una versión legítima. En su investigación Florencia Rivaud identificó que la memoria escrita del pueblo de San José Lagu- nas, Guerrero, brinda legitimidad a la existencia del pueblo y es una herramienta que ―confron- ta con las mismas armas a aquellos documentos que la contradecían‖ (Rivaud, 2010: 150). No es que las demás carezcan de verdad o que la veracidad del escrito sea mayor, pero cuando uno expresa memorias verbalizadas la interacción con el oyente puede modificar el sentido. En cambio, la memoria escrita dificulta la modificación del sentido a pesar, incluso, del cambio de lector. Esto no quiere decir que no haya una interpretación que dependa del contexto del lector, pero el texto tiene la intención de hacer perdurar el sentido de las palabras. La importancia de escribir una memoria escrita deriva también de la percepción atinada de una mengua en la participación y el compromiso con la comunidad, de ahí la necesidad de ―continuarla‖ y reproducir los valores de esa historia. A través de la escritura se construye una especie de historia oficial, con carga de legitimidad, y que permite su inamovilidad y transmi- sión en la organización. La escritura es un medio de tomar el poder sobre la palabra, porque le da un sentido distinto a lo na- rrado, al volverlo más verás, que permite construir un camino distinto para introducirse en la ideolo- gía […] constituye una de las armas más poderosas para construir una identidad sólida y unificada que enfrente a la inevitable diversidad de grupos humanos al sustentar una representación colectiva de un nosotros, establecida por la diferenciación del otro —el extranjero, los enemigos de guerra— y por la memoria de un pasado común, cuyo eje fundamental son los orígenes. (Rivaud, 2010: 148) Si bien los testimonios citados podrían hacernos ver que los jóvenes eran participativos y conscientes de su clase y de la lucha, es necesario reconocer que ellos y los socios que los acompañaban representaban solo un sector. Así como sucedió con muchos de los MUP, el im- pulso inicial que había cohesionado a los socios se vio menguado una vez satisfecha la necesi- dad de vivienda y solo con la incorporación de nuevas demandas se logró la continuidad de los movimientos. En los años ochenta existía un profundo pesimismo ante los efectos de la crisis económica, el desmantelamiento del Estado de Bienestar y la cerrazón democrática. Este espíri- tu pesimista era compartido por toda la generación postsesestayocho, como apunta elocuente- mente una columna de José Joaquín Blanco de febrero de 1986, se sentía un ambiente derrotista: No nos inventemos paraísos perdidos: nunca existieron, sino en ese estado de ánimo, en ese espíritu generacional y en muchas y desiguales manifestaciones intelectuales y artísticas. Lo de siempre en México ha sido la cultura pública de las cavernas que una y otra vez deja colgadas de la brocha a las iniciativas minoritarias de modernización, democratización y justicia. Pero sí duele el pasmo — pasmo provocado por el miedo y también por la ineficiencia de aquella opción cultural contestata- 86 ria—, prevaleciente ahora frente al revival de las cavernas. Antes había grupitos locos o desmadro- sos; ahora una intimidada y medrosa generalidad. Quizás las universidades no fueron maravilla algu- na, pero no eran las escuelotas espesas con cierto tufillo a reformatorio que empiezan a ser. Y había entusiasmos e iras, había causas y polémicas, y gente con muchas ganas de luchar y hasta de "avan- zar" en la cultura social de México. Los ochenta, en cambio, ofrecen el espectro del catastrofismo, del ¿qué le vamos a hacer?, de ¡ahora sí nos chupó la bruja!, de ―no somos nada‖, de ¿para qué entusias- marse con cualquier cosa? Sobrevivir como estamos, o hasta peor de lo que estamos, pero sobrevivir, ya es un premio mayor de la lotería. (Blanco, 1990: 187) La Cooperativa Palo Alto no fue ajena a este sentimiento, existió un franco retraimiento en la participación cooperativa. Esto no quiere decir que las asambleas dejaran de celebrarse o que dejaran de buscar soluciones colectivas a sus necesidades comunes, simplemente el entusiasmo había disminuido en varios de los socios y muchos de los hijos tampoco habían sido inducidos a integrarse a las dinámicas colectivas. Por los testimonios escritos en 1985 podemos entrever que esta baja en el compromiso comenzó por esos años. Como evidencian los testimonios escri- tos, existió una autocrítica en que se reconoce que ―también hemos tenido varios errores‖. Mu- chos de estos errores se identificaban como la ausencia de actitudes y valores cooperativos que comenzaban a afectar el funcionamiento de la organización. Uno de los problemas en ser reconocidos es la actitud paternalista que se tenía con el go- bierno y con los ricos. Este problema era uno de los aspectos importantes abordados en la pe- dagogía de Freire, la condición de opresión implica la falta de reconocimiento de la autoridad personal y la dependencia de los opresores. Así existía una actitud de subordinación y petición a las autoridades similar a la que existía con Ledezma. En algunas gentes faltó más claridad en que lo legal es sólo una forma de lucha y que cuando se agota se necesita presión tal como lo hicimos con marchas, plantones, toma del terreno, etc. También faltó lograr que la mayoría de la colonia reconociera quiénes son los verdaderos amigos y enemigos de nuestra clase. En nuestra colonia lograr toda esa claridad es muy difícil por estar rodeados de burgue- sía desde ahí se quedó la costumbre de pedir y recibir caridad y a esperar nos den a pesar de que to- dos nos dimos una lucha. (GRES, 1985: 43) Otro de los puntos que también se reconoció, que es propio de la izquierda, fue la falta de puentes al exterior del grupo que consolidara un frente único de apoyo mutuo constante. Al interior del grupo tampoco se desarrolló una actitud autónoma respecto a la reproducción de la liberación de los sujetos. Con Freire la lucha por la liberación era continua, no terminaba son la liberación de un individuo sino con la reproducción de la lucha, esta carencia se vio reflejada en una cierta dependencia de los cooperativistas al grupo asesor, que se vio en la necesidad de ausentarse del proceso de la cooperativa con el asesinato de Escamilla. el hecho de que también no estábamos acostumbrados a luchar y participar hizo que se diera cierta dependencia de nuestra parte a las personas y grupos que nos apoyaron y de algunos de ellos aun in- voluntariamente se dio algún paternalismo. Por otro lado faltó que existiera un movimiento de colo- nos que nos permitiera tener apoyo más estructurados con gente de nuestra situación, para ligarnos más a nuestros hermanos y amigos de clase y comprender más lo difícil que es lograr triunfos y así 87 también nos permitiera desde un principio comprometernos más formalmente con nuestra clase y dar la lucha por lo de todos y no cada quien resolviera lo suyo con algunos apoyos. (GRES, 1985: 44) Otro más fue la falta de evolución en las demandas y necesidades que aglutinaron a la pri- mera generación, la vivienda. Hubo una ausencia de resultados en el desarrollo de nuevas nece- sidades, siguiendo la evolución de muchos MUP, la cuestión democrática. La vivienda y aun la demanda de servicios fue un motivo poderoso para el compromiso y el desarrollo de conciencia de clase, pero no fue suficiente para permitir: que se comprendiera la necesidad de luchar al mismo tiempo por transformar esta sociedad de explo- tación o sea dar una lucha de conciencia política de clase contra la burguesía y su estado burgués. Comprender esto, solo se logra por medio de la educación política. Con el tiempo los que dirigimos este proceso comprendimos esto, pero la lucha reivindicativa nos absorbió mucho. (GRES, 1985: 44) Solo una facción de los socios cooperativistas adquirió una formación política que les per- mitió ver la necesidad de ampliar las demandas. La cuestión democrática no parece haber sido una de las demandas de la organización, aunque sí hubo algunas ganancias políticas importan- tes éstas parecieron ser insuficientes para trascender el movimiento. En la auto identificada tercera etapa del movimiento (1980-1985) se intensificó la forma- ción por medio de la participación en luchas más avanzadas dentro y fuera del país como las magisteriales, campesinas, obreras y urbanas pero también en el apoyo al Paro Cívico Nacional de 1983 (una protesta social en respuesta a la crisis económica de 1982), y el apoyo a delegados revolucionarios salvadoreños y nicaragüenses entre otras, así como su integración a la CONAMUP. Sin embargo, toda esta actividad política no fue suficientemente socializada entre los socios, aparentemente algunos incluso se oponían a la participación en estas actividades debido a la acusada actitud paternalista, y tampoco dio para trascender la lucha de clases: la gente avanza pero los enemigos de clase la confunde, atemoriza y adormece con servicios y dádi- vas. Los dirigentes de la base no tuvimos la preparación ni capacidad necesaria para impulsar lo sufi- cientemente a la gente quien sin oponerse a la lucha frenó y se entró en una fase de estancamiento por el momento. […] En esta etapa también por falta de capacidad los dirigentes no atendimos suficien- temente las nuevas necesidades reivindicativas. (GRES, 1985: 45) Así también se reconoce la existencia de un grupo de ―dirigentes‖ y la ausencia de sensibi- lidad para leer las demandas democráticas y la coyuntura a la que se aproximaba con las elec- ciones de 1988. Este grupo tendrá una participación importante en el conflicto que se desatará años después debido a que estos dirigentes monopolizaron los puestos de administración y blo- quearon las experiencias de otros socios en su camino por desarrollar capacidades de adminis- tración cooperativa. También hay un reconocimiento de la falta de disciplina, aunque esta se atribuye a personas con las que no se comparte identidad, son los otros, los que carecen de va- lores cooperativos, carecen de memorias de lucha, de clase y no pertenecen a la historia común: desde un principio faltó más disciplina y respetar más todos los acuerdos como el de excluir de la cooperativa a quienes se aprovecharon de ella para beneficiar sus intereses personales a ese germen negativo que se dejó se le unieron otros como algunos que no vivieron el proceso de lucha y los que 88 tienen un marcado individualismo y quienes diciéndose conscientes traicionaron la lucha todos ellos se han aliado al gobierno burgués contra los intereses de la clase a la que pertenecen y obstaculizan los intentos de lucha de La cooperativa a la que quieren reconocerla sólo como una organización eco- nómica, sin participación política con su clase. (GRES, 1985: 43) Estas ―gentes que no son de la colonia ni de la misma clase‖ (GRES, 1985: 45) ejercieron una influencia perniciosa en otras personas para que redujeran su compromiso y frenaran el movimiento. Finalmente, en el aspecto de los jóvenes también se reconoce la falta de sensibilidad para integrarlos a las tareas cooperativas. ―Otra falla más es que no hemos encontrado la forma más adecuada para incorporar a la mayoría de la juventud en actividades que les hagan más capaces y conscientes respetando sus inquietudes‖ (GRES, 1985: 46). Este fue un problema inherente de todos los MUP que experimentaron la dificultad de formar cuadros jóvenes y tuvieron que desarrollar estrategias innovadoras como las del MPPCS de Tlalpan que establecieron relacio- nes con pandillas juveniles urbanas y grupos religiosos a quienes les habían reconocido gran ―capacidad de organización y de disciplina de los jóvenes‖ (Arau, 1987: 85). Felizmente tam- bién se reconoce en ellos la capacidad de ser personas, es decir con inquietudes propias, esta actitud sorpresivamente abierta en el equipo GRES-PA se deba quizás, una vez más, al trabajo de liberación continua de este grupo. El estrecho trabajo con los jóvenes y la apertura a dominar la tecnología de la escritura en un proyecto común debió tender puentes para superar prejuicios y encontrar apoyo en socios adultos y propuestas innovadoras en jóvenes. Estas actitudes no fueron experimentadas por todos los jóvenes de la cooperativa. A pesar de estas fuertes autocríticas el texto termina con una gran demostración de confian- za en el futuro donde se reconocen logros y carencias en el aspecto político: Hasta el momento la mayoría no ha rebasado la lucha reivindicativa, la cooperativa jugó un papel importante en el desarrollo de la conciencia de clase, pero no tienen que ser un freno para la educa- ción y para la lucha política. En nuestra lucha se dio un cierto avance ideológico, esto es tener más claras las ideas que nos corresponden a los intereses de nuestra clase trabajadora o proletaria y no a los de la clase burguesa. (GRES, 1985: 45) Se reconoce el desarrollo de una identidad de lucha solidaria con cultura propia falta mucho por avanzar en esto y en ampliar nuestra propia cultura proletaria con nuestras ideas. Creando nuestro arte, teatro, música, etc., así como en desarrollar nuestra conciencia política al com- prender que la lucha no es sólo por un lugar donde vivir, sino es dar una lucha permanente por trans- formar toda forma de vida de opresión en la familia, trabajo, en toda la sociedad. (GRES, 1985: 45) Y la existencia de un movimiento previo que les da soporte y confianza respecto a los retos a vencer: Sabemos, tenemos muchas limitaciones y muchos pleitos, pero ya hay una experiencia y un potencial entre nosotros y también sabemos que el tren sigue su marcha... Esta ha sido parte de nuestra histo- ria... pero no hemos terminado conquistamos la tierra y la vivienda con la unidad y la lucha pero po- demos perderlos y con esta crisis y miseria aún nos queda mucho porque pelear y tanto que 89 conquistar. La solución no es trabajar más para que nos exploten más sino el que no nos exploten (GRES, 1985: 46). Esta experiencia previa no implica solo el desarrollo de un sentimiento de pertenencia sino algo más, el desarrollo de confianza, incluso una actitud de resiliencia: Así como en "Palo Alto" una vez perdimos el miedo y nos atrevimos a luchar todos, así volveremos a hacerlo, todos unidos con otros, por las necesidades de la colonia y por otras necesidades como: por mejor salario, transporte eficiente y barato, contra el alza de precios, contra la utilización y opresión de la mujer, contra la represión, la explotación, porque las decisiones las tomemos los trabajadores que somos la mayoría, etc. etc. Al dar esta lucha nos vamos transformando y construyendo nuestra nueva sociedad que será con vida digna para todos. Sabemos indudablemente que volveremos a ven- cer. (GRES, 1985: 46) La necesidad por explotar su sentido de pertenencia, desarrollar su confianza y echar mano de la memoria para defender lo logrado por sus padres la experimentó la segunda generación diez años después de escritas las memorias del grupo GRES-PA. La disidencia y el fin formal de la organización cooperativa en Palo Alto En la década de 1990 la cooperativa había experimentado una agudización de los problemas que se alcanzaban a entrever en las memorias escritas por GRES-PA. La evolución de los MUP y el avance del capital inmobiliario en la delegación Cuajimalpa tampoco aportaban condicio- nes favorables para la supervivencia de la cooperativa. Y la misma cooperativa carecía de las estrategias necesarias para lograr la ampliación del número de socios ni una transición genera- cional tersa. Con el fortalecimiento de políticas neoliberales en nuestro país, muchas cooperati- vas, cajas de ahorro, grupos comuneros y otras organizaciones alternas vivían un ambiente hostil que era percibido como una etapa de sobrevivencia en que hemos vivido los cooperativistas en estos últimos años, donde el Tratado de Li- bre Comercio provocó el cierre o liquidación de tantas cooperativas… la practica nos ha enseñado lo difícil que es ser asociación porque ese proceso es muy frágil y difícil de destruir. Hemos conocido asociaciones que han sido destruidas casi en su totalidad dejando en la gente amargas experiencias. (Cabrera, 1998: 51) En la década de 1990 el clima al interior de la cooperativa se distinguía por la fragilidad y la destrucción del tejido social, de las prácticas de ayuda mutua y del sentido de la cooperativa en una buena parte de los socios. Tomando como punto de partida las condiciones de precariedad del primer asentamiento, para la década de 1990 la cooperativa había alcanzado seguridad de vivienda y todos los servicios básicos más otro tipo de equipamientos de bien común. Se tienen todas las comodidades de una clase media que los hijos de socio por ya tenerlos y no haber sentido las carencias, no prestamos ninguna importancia a estos beneficios, esta falta de valoración ha sido una de las causas de división interna que dio paso a un desgajamiento haciendo con esto una ex- periencia excesivamente fuerte para los hijos de socios. Hoy en día tenemos que entender que el ser parte de un bien común es el que nos ha fortalecido para no perder lo que tenemos, conservarlo y me- jorarlo. (Cabrera, 1998: 46) 90 Es importante diferenciar la valoración del trabajo y compromiso con la cooperativa. En esa época los socios se podían dividir en dos corrientes según su actitud ante los hijos: la que apo- yaba la integración de los hijos a la Asamblea y los que cuestionaban e impedían su integra- ción. Los primeros ―son compañeros que tienen muy arraigado el símbolo de la cooperación que con pequeños retrocesos en el ayer recuerdan sus logros en las instituciones y dicen que todo se puede lograr‖. Los segundos, en cambio: bloquean cualquier actividad que los hijos de socio propongan, aún a pesar de las discusiones fuertes, no dejan el avance del hijo del socio, esperando una equivocación en cualquier actividad para echarla en cara en Asamblea y ridiculizar a la persona y el trabajo. Estos socios han sido reelegidos varias veces en los diferentes cargos. (Cabrera, 1998: 52) En este testimonio podemos observar que los socios se habían dividido en dos grandes blo- ques respecto a la sucesión de los hijos: su integración y su rechazo. El rechazo de la renova- ción de los socios se debía a cuestiones familiares de violencia y sobreprotección pero también a la convicción de que los socios fundadores eran los únicos capacitados para conducir la cooperativa. El procedimiento que los compañeros comisionados hacían para espantar a los que querían tomar cargos era: proponer compañeros de diferentes edades en las mesas de comisionados y entre ellos los que casi siempre se reelegían, estos que ya eran viejos y sabían el manejo dejaban solos a los nuevos que querían que las cosas cambiaran en algunos aspectos como por ejemplo en mayor apertura con otras organizaciones, el estudio interno sobre el cooperativismo, actividades con los jóvenes, etc. Después de algún tiempo se incorporaba a su cargo no para hacer equipo sino para manipular reali- zando los trabajos según su punto de vista con lo cual quedaban bloqueadas las propuestas de los compañeros. (Cabrera, 1998: 68) De esta forma bloquearon a socios e hijos de socios que querían asumir cargos en la coope- rativa. Esto provocaba descontento entre los jóvenes inexpertos que solían abandonar los cargos dejando al antiguo socio en el puesto. La situación era más grave debido a la falta de educación cooperativa entre socios e hijos de socios que los había llevado a desconocer acuerdos, permitir violaciones al reglamento y fomentar la impunidad de los infractores (muchas veces por la im- potencia de sancionar a un familiar). Esta inconsistencia fomentó la baja en el compromiso: ha hecho que en algunas etapas de la cooperativa haya habido apatía en cuanto a la participación de los socios y que esto a su vez fomentara la formación del grupo disidente, quienes se han apoyado en estos actos de poco criterio para formarse y luchar por disolver la cooperativa. (Cabrera, 1998: 59) El proceso de liberación que indujeron los trabajadores sociales en los primeros socios tenía que comenzar de cero para muchos de los hijos pero para otros no era nuevo. Muchos jóvenes, niños entre el momento de la primera y la segunda generación, ya habían participado en diná- micas comunitarias. A los hijos más inquietos les era permitido participar en actividades cultu- rales como la pinta de los murales y en las obras de teatro ―Techos de Cartón‖, ―Los Pescadores‖ (presentada en San José Bojay y en La Romana), ―Los pequeños actores‖ (a finales 91 de los 80) y ―Arcam‖ (ya en los 90), entre otras. A pesar de estas experiencias su participación más comprometida, en otras tareas se condicionó mientras los socios no se habían dado cuenta que ya habíamos crecido, que sus hijos eran capaces de opinar, participar y pensar... comenzamos a abrirnos camino, a participar aunque no lo permitieran… nos hacíamos notar como hijos de socio creíamos que nuestra participación era im- portante pues nosotros vivimos aquí. (Cabrera, 1998: 60) Estos jóvenes de la segunda generación jugaron un papel muy importante en la continua- ción de la cooperativa. Para 1990, algunos hijos de socio con más experiencia se habían integrado con calidad de socios, llamados ―de la cuarta etapa‖, y trabajaron en la construcción de los condominios y en consejos de administración. Según el testimonio del arquitecto Jorge Andrade, quien trabajó en la cooperativa entre 1985 y 1989 en el desarrollo de los departamentos para hijos de los socios, existía ya una división en la cooperativa originada por la falta de consenso sobre la propiedad para las nuevas viviendas. Esto estaba potenciado por las reglas del Fideicomiso de Vivienda para el Desarrollo Urbano (Fividesu), órgano que originalmente financiaría las viviendas, que tenía preferencia por la propiedad privada. El proceso implicó una evaluación y un diseño par- ticipativo en que se hicieron evidentes las diferencias entre la primera y la segunda generación. Según Andrade muchos hijos tenían un mayor nivel de vida, eran profesionistas y la experien- cia de lucha les era ajena. Para reincorporarlos al espíritu cooperativista se ideó una dinámica en que se recopilaron testimonios que eran leídos en las asambleas en presencia de los socios ―de la cuarta etapa‖. En esa época se integraron alrededor de 38 aspirantes a socios ―de la quinta etapa‖, estos jóvenes que aún no tenían el estatus de socio apoyaban en actividades para la convivencia y el fomento de la cultura e identidad cooperativa tales como las fiestas de la ―Toma de la Tierra‖, Fiestas patrias, el convivio en honor a Rodolfo Escamilla donde se invitaban a otras organiza- ciones que fundó o que lo conocieron (Cabrera, 1998: 58). También se intentó integrar a alre- dedor de 90 jóvenes que buscaron su participación en las asambleas en conjunto con sus padres. Sin embargo, muchos socios dejaban en sus hijos la responsabilidad plena ―ya que por falta de estudio los socios prefieren que sus hijos sean quienes tomen las decisiones‖ (Cabrera, 1998: 58). Esta falta de colaboración dejaba al hijo sin la guía para adquirir conocimientos y habilida- des necesarias para la cooperación: ―la falta de estudios sobre cooperativismo hace que los hi- jos de socio entren en confrontaciones constantemente con las mesas directivas y hasta a veces se distorsionan acuerdos y decisiones‖ (Cabrera, 1998: 58). Muchos de estos jóvenes no experimentaron el proceso de formación y lucha de la coopera- tiva, en cambio algunos de ellos tenían mejores condiciones de vida y contaban con carreras profesionales. Esto podría parecer benéfico para la innovación de la cooperativa y la creación de cuadros mejor preparados, pero no era de tal modo ya que muchos no compartían los ideales de lucha cooperativa que experimentó la primera generación. Su integración fue, en muchos casos negativa, al proceso de la cooperativa: 92 Si la experiencia de unos y la teoría de otros se pusiera en juego para bien de la cooperativa sería fa- buloso, en la realidad se ha dado lucha de poder. Los primeros no quieren dejar los cargos que por años han tenido y los segundos si no son aceptados se retiran y desde ahí hacen su juego. (Cabrera, 1998: 61) Se identificaba a tres tipos de hijos de socio en la cooperativa. Los primeros eran los jóve- nes afines al cooperativismo que participaban activamente y tenían un fuerte sentido de lo co- lectivo, ayudaban a solventar los compromisos de la cooperativa y asistían a la Asamblea a pesar de que se les negaba su participación. Los segundos eran los hijos sobreprotegidos o de- sinteresados que hacían todo lo que le pidieran sus protectores ―no piensan, no deciden y no opinan en los debates o cuando lo hacen repiten la postura de sus protectores sin analizar ni entender nada‖ (Cabrera, 1998: 61). Finalmente, el tercer grupo prefería no participar para no sentirse rechazados o simplemente porque no tenían tiempo por el estudio o el trabajo. Según Cabrera entre estos últimos jóvenes había quienes se envalentonaban y se burlaban de otros compañeros o tomaban en las calles sin temor a ser reprendidos porque ―sus papás son de la mesa directiva, o con tanta discusión sienten que pasan desapercibidos‖. (Cabrera, 1998: 62) En la delimitación de los tres grupos de jóvenes y socios también podemos apreciar tres ti- pos de actitudes frente al cooperativismo. Están aquellos que tienen pleno desarrollo de su iden- tidad cooperativa y que incluso como demostración de rebeldía y reafirmación de su pertenencia a la cooperativa ignoran las críticas de su presencia en las asambleas. El segundo grupo refleja la falta de continuidad en la formación cooperativa al interior de la familia, tam- bién revela la falta de autoestima de los jóvenes al estar a la sombra de los tutores, en ellos el compromiso cooperativo aún no estaba formado. En el tercer grupo había una actitud de abierto rechazo al cooperativismo, pero también actitudes ventajosas respecto a la influencia de sus padres en la cooperativa. Las actitudes y la participación de los jóvenes fueron fundamentales para la vida de la cooperativa y para el desarrollo del conflicto con el grupo disidente. Los jóvenes más entusias- tas con el cooperativismo, los que se solidarizaron con otras organizaciones, defendieron la cooperativa ―a viento y marea‖. Gracias a su participación, el grupo disidente es minoritario y no ha logrado avanzar en las demandas que han realizado, lejos de perjudicar a la cooperativa estas han hecho que los socios y sus hijos se unan más cada día, que los compañeros se preocupen por estudiar y avanzar conjuntamente. (Cabrera, 1998: 59) Los jóvenes que rechazaban abiertamente el cooperativismo influyeron la decisión de los socios disidentes de terminar con la sociedad y con la propiedad cooperativas. Finalmente, los jóvenes pasivos jugaron un papel importante en el estancamiento de la rotación de cargos en la cooperativa. Algunos jóvenes aún no lograban generar una experiencia propia ya que solo unos pocos habían logrado incorporarse a actividades más comprometidas que los hicieran crecer como socios. No dimensionaban la experiencia de sus padres y el alcance de la organización coopera- 93 tiva, por ello fueron manipulados por socios para asumir cargos para los que aún no tenían ca- pacidad y ―para hacerlos dependientes de ellos con lo cual además de hacerlos sentirse mal por su incapacidad, los ridiculizan antes sus compañeros, orillándolos a pensar que es mejor termi- nar la cooperativa pues así tendrían menos problemas‖ (Cabrera, 1998: 66). Debido a la presión inmobiliaria, intereses particulares comenzaron a ser estimulados en la cooperativa. Esta situación no fue propia de Palo Alto, fue una constante en muchas organiza- ciones. El poniente era una zona de gran valor que se insertó de lleno en una economía tercia- ria, global, con centros comerciales, oficinas corporativas y zonas residenciales. Muchas colonias populares fueron presionadas para liberar el suelo al mercado. La organización de Lomas del Chamizal, colonia vecina habitada por aproximadamente mil trescientas familias, representa un caso de comparación. Dichos terrenos fueron adquiridos originalmente por trabajadores de la Dirección de Mate- riales de Guerra y habían perdido ya gran parte del suelo en favor de otros desarrollos. En 1995 luchaban por conservar un predio denominado La Cuchilla habitado por 20 familias desde 10 años atrás. Este predio era reclamado por Héctor Hinojosa Sosaya como de su propiedad y jun- to a Oscar Moreno Sánchez y José Antonio Moreno Sánchez, empresarios inmobiliarios, hosti- gaban a los vecinos. En este caso también se denunció la complicidad de las autoridades, particularmente de la delegada priísta María Elena Martínez Carranza (1994-1997) que conti- nuó apoyando a las inmobiliarias al igual que su predecesora Margarita Peimbert (1991-1994), tolerando el hostigamiento y obstaculizando las demandas de las organizaciones (Posada, 22, I, 1996).Uno de los dirigentes, Lauro Godínez, fue agredido a raíz de su participación como candidato perredista a la ARDF, el 5 de mayo de 1991, el subdelega- do jurídico de gobierno de la delegación Cuajimalpa, José Martínez Zorrilla, y el presidente del PRI, Jorge Gamiño orientaron a seudosocios y compradores para levantar denuncias penales en contra de Lauro Godínez. (Posada, 22, I, 1995). Esto demuestra que la institucionalización de la izquierda no siempre derivó en canales de negociación, muchas veces expuso a sus miembros a agresiones de los grupos políticos más poderosos. La presión inmobiliaria imponía duras condiciones a las organizaciones populares del poniente que tenían pocas posibilidades de defenderse: ―en Cuajimalpa aún hay decenas de proyectos que desarrollar; por eso, las colonias proletarias no estarán seguras si las propias au- toridades continúan violentando la ley‖ (Posada, 22, I, 1996). En Palo Alto el conflicto se desarrolló de forma similar. Se gestó un grupo que buscaba la liquidación de la cooperativa y la escrituración individual de los predios. Este grupo era lidera- do por Rosa María Ortega Escobar, socia, y su pareja Pedro Galicia Sánchez, agente del Minis- terio Público. Estas personas comenzaron a difundir entre otros socios e hijos de socio la idea de escriturar las viviendas con el argumento de que la cooperativa ya había cumplido su objeto. Supuestamente a estas personas se les ofreció una fuerte suma de dinero y en contubernio con las autoridades de la Dirección General de Fomento Cooperativo (DGFC), las autoridades dele- gacionales, el diputado priísta Oscar Levin Coppel y la asambleísta priísta Esther Kolteniuk 94 Toyber de Césarman buscaron dar cauce a la liquidación de la cooperativa (Posada, 23, I, 1996). Ambos personajes impulsaron una solicitud de disolución ante la DGFC respaldada por la firma de 30 socios disidentes, mientras que Eleonora Murillo Castro y Vicente Martínez So- riano, directora y subdirector de Vigilancia de la DGFC respectivamente, tuvieron a bien cance- lar el registro de la cooperativa el 16 de noviembre de 1994 a pesar de que la Ley General de Sociedad Cooperativas de 1938, vigente para ese entonces, señalaba que para su disolución se requería el consentimiento de dos terceras partes de los socios (art.. 46, I). La situación de la cooperativa era delicada ya que hasta ese momento carecían de eficacia en sus procesos admi- nistrativos como las auditorías de la DGFC. Existía, carencias en el registro de los libros de la cooperativa y algunos de ellos habían sido desaparecidos por uno de los tesoreros pertenecien- tes al grupo disidente (Cabrera, 1998: 71). Tras la disolución de la cooperativa el resto de los socios interpusieron un recurso de amparo el 6 de diciembre de 1994, recurso que ganaron e invalidó la disposición de la DGFC (Cuevas, 1995). Sin embargo, los disidentes volvieron a apelar ante el Segundo Tribunal Colegiado en materia administrativa en 1995 el cual fue turna- do nuevamente al Tercer Tribunal Colegiado en materia administrativa (Posada, 23, I, 1996). Además de estos procesos, los disidentes también levantaron demandas penales contra el resto de los socios, algunas de ellas desde 1989, que apoyados por la influencia de Galicia Gó- mez dieron curso. Los disidentes también presionaban a las familias de los socios hostigando a los hijos en sus escuelas o en sus trabajos y saboteaban las convocatorias para la realización de Asambleas. Ante la presión de los disidentes y por las ordenes de aprehensión giradas contra algunos de los socios, estos decidieron aceptar la pérdida del registro original de la cooperativa y reabrir una nueva cooperativa en la que no aparecen los disidentes en el padrón de socios. (Cabrera, 1998: 71-72). Los choques tensaron la convivencia entre familias y derivaron en brotes de violencia. El 4 de febrero de 1995 el coche en el que iba Galicia Gómez, denunciado por agresiones y amena- zas, fue apedreado por otros socios al ingresar a la colonia acompañado de policías. Los socios habían decidido no dejar entrar a Galicia por las amenazas contra otros habitantes presumiendo de su poder en el Ministerio Público y en la Policía Judicial. Dos días después un grupo de 100 socios realizaron un plantón en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal para exigir resultados en las averiguaciones contra Galicia (Cuevas y Vicenteño, 1995). En otro en- frentamiento entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre de 1995 se acusó a los socios de agredir y secuestrar a las familias de los disidentes. Entonces las autoridades delegacionales sentaron a negociación a ambas partes, pero ante la ausencia de la delegada en la mesa, los so- cios decidieron abandonar la reunión. A unos metros de la delegación el contingente fue repri- mido por un grupo de granaderos (Posada, 23, I, 1996). En medio de este conflicto se gestaron tres grupos de socios. El primero era el de socios que querían negociar a puertas cerradas, estaba compuesto por los socios que habían mantenido sus puestos por años. El segundo grupo proponía alianzas con organizaciones independientes y 95 negociaciones abiertas, eran los socios comprometidos con otras luchas. El tercer grupo eran los socios que pedían la escrituración individual y la liquidación de la cooperativa (Cabrera, 1998: 78). El segundo grupo era el grupo mayoritario y no tenía contacto directo con las autori- dades como sí lo tenían los otros dos. Este grupo decidió en Asamblea impedir la entrada al tercer grupo, montar vigilancia y denunciar las provocaciones. Los grupos de vigilancia consis- tían en 10 socios, según la lista, y empezaría a las 12 de la noche hasta las 12 del día y la guar- dia siguiente cubriría las horas siguientes. Posteriormente se redujeron las jornadas de 5 de la mañana a 12 del día y de 4 a 12 de la noche. Esta actividad reforzó algunos lazos de solidaridad pues las cuadrillas de vigilancia se vol- vieron algo cotidiano y fue valorada en los siguientes términos: Esta actividad propició mayor acercamiento y convivencia pues aunque unos eran los del compromi- so de la guardia, los otros estaban al tanto y pasaban a sus trabajos o a visitarlos y con ellos compar- tían la cena, almuerzo, etc. Esto fue reforzando el sentido de cooperación que se había perdido durante años de peleas internas. Cada noche nos reuníamos para informarnos de los acontecimientos del día. (Cabrera,1998: 79) También tendió a reforzar lazos de identidad en algunos de los miembros que veían remar- cada su pertenencia o simpatía con los socios que realizaban tareas para proteger a la comuni- dad. Algunos grupos con los que la Cooperativa trabajó años atrás mostraron solidaridad y ha- cían hincapié en los intereses que pasaban sobre la comunidad e inducían su descomposición. Este fragmento de una carta firmada por la Mesa Obrera Sindical del Movimiento Cristiano Comprometido en las Luchas Populares (MCCLP), demuestra la solidaridad que aún existía entre organizaciones y alentaba la memoria para revalorizar un proyecto que ofrecía alternati- vas de vivienda en un contexto en que el suelo urbano era codiciado para proyectos residencia- les: El surgimiento de un pequeño grupo disidente que desea la propiedad privada de las mismas atenta contra la supervivencia de un proyecto de tantos años. Quisiéramos preguntar: ¿Qué intereses existen detrás de la disidencia?, ¿Tendrán que ver con el surgimiento de los nuevos fraccionamientos (Bos- ques de las Lomas, Lomas de Vista Hermosa y otros)?… La Mesa Obrera Sindical, desde su surgi- miento, ha estado muy cerca de esta organización y desea manifestar su apoyo a su lucha por un proyecto alternativo de vivienda digna para los más desposeídos de México. Ojalá que todos sus so- cios, sin influencias externas, revaloren lo que ha significado este proyecto. Y esperamos que la Asamblea General de la Sociedad Cooperativa de Vivienda unión Palo Alto decida sobre la solución de este conflicto en beneficio de sus socios. (La Jornada, 6 de febrero 1995) Sin embargo, este apoyo también revela la debilidad de la estructura del CONAMUP y de otros MUP que no estuvieron presentes en el momento de mayor tensión en la Cooperativa Palo Alto. Esto por un lado se debe al propio debilitamiento del MUP y a su transición a una lucha por canales institucionales y su pérdida de contacto con los movimientos y sus bases. Por otro lado, se debe a que la cooperativa estuvo más ligada a movimientos rurales, sindicales y católi- 96 cos pertenecientes al campo de acción del padre Escamilla, con quienes sí mantuvieron lazos más estrechos. En el momento de mayor tensión una acción negligente de las autoridades desencadenó más violencia: Las autoridades notificaron al grupo 3 que las negociaciones habían avanzado a su favor, que sí les darían escrituras y un lugar para ellos dentro de la cooperativa ... Eso los enaltece, se sienten con de- recho de insultarnos y decir que nuestra organización no sirvió y se mofan de la cooperativa. (Cabre- ra, 1998: 82) Los socios del grupo dos no solo vieron amenazado su patrimonio, sino que también vieron ofendida su identidad cooperativa. Realizaron una asamblea independiente que decidió respon- der a las agresiones en conjunto y usar la campana de la Iglesia como señal de alarma. El tercer grupo siguió agrediéndonos con más fuerza, pero esta vez sí hubo respuesta, ya no importa- ba nada, habíamos aguantado demasiado, fue el primer día del enfrentamiento con el grupo 3, al ver la autodefensa quisieron negociar pero ya era tarde… se les pidió que si no estaban de acuerdo con la cooperativa, se fueran a sus casas. (Cabrera, 1998: 82) El 14 de enero de 1996 comenzó una serie de enfrentamientos que duraron varios días. El primer hecho se dio cuando un grupo de disidentes agredió al socio Héctor Ortega e intentó atropellar a Rosalío Valdespino. Cuando un grupo se dirigió al domicilio de la familia Valdes- pino Ríos, familiares de los agresores, fueron recibidos por una lluvia de bombas molotov, bo- tellas vacías y gasolina. Resultaron con lesiones, además de los mencionados, José Carmen Valdespino y Enrique Rangel. Al día siguiente un grupo de socios fue a dar parte a las autori- dades solo para descubrir que tenían levantadas actas por secuestro, lesiones y daños a propie- dad ajena (Posada, 23, I, 1996). Tras este último brote de violencia, las autoridades decidieron inducir un acuerdo. Producto de esta negociación se firmaron las Bases de Entendimiento que comprometían a las partes a solucionar el conflicto. Los disidentes renunciaron a su parte social de la cooperativa, es decir a las viviendas, y el grupo mayoritario se comprometió a liquidar a los disidentes. Por su parte, las autoridades se comprometieron a resguardar las viviendas de los disidentes, mismas que fueron inventariadas, selladas y soldadas en puertas y ventanas. De esta forma si bien la coope- rativa Palo Alto perdió formalmente el registro, también logró defender la continuidad de la comunidad. Sin embargo, la expulsión de la disidencia no fue motivo de orgullo ni fue interpre- tada como una victoria, con ello se desgarraron familias y amistades de muchos años. Cuando se dio el desalojo de los disidentes nosotros no podíamos creer que fuera verdad teníamos miedo de que se fueran pero también de que se quedaran, sabíamos que ya no podíamos convivir jun- tos. Eran muchas familias las que vivían con cada uno de los socios por tanto fue un número conside- rable de las familias el que tuvo que salir. Fueron momentos de dolor, dejaban parte de su familia y de compañeros de lucha con quienes habían trabajado por la cooperativa, partían dejando a la abuela, al tío, un hermano, un primo, etc. Los que teníamos conciencia de ese momento comprendimos que su salida era la conclusión de una pesadilla. Les habían propuesto millones en dólares a condición de dejar el predio y ahora, sin esos dólares tienen que salir dejando aquello que durante años adquirieron 97 y cuidaron pero por haberse deslumbrado pensando que tendrían una vida mejor, quedaron a la deri- va. (Cabrera, 1998: 84) Y efectivamente quedaron a la deriva, ya que los apoyos que supuestamente recibían de parte de los desarrolladores y de los políticos dejaron de fluir. El dolor de la pérdida de la co- munidad fue compartido por la comunidad misma: Las personas que fuimos comisionadas en la Asamblea para verificar la salida de los disidentes, tra- tamos, sin ponernos de acuerdo, de respetar su salida y aunque recibimos insultos, no respondimos a ninguno porque sabíamos que sentían dolor como cada uno de nosotros, su dolor era más fuerte. A los pocos días de desalojarlos, de la colonia donde fueron instalados, los vecinos los corrieron por desconfianza. La Delegación de Cuajimalpa les ofreció un terreno que no aceptaron por no tener los servicios elementales. Regresaron a exponer su necesidad y la Oficialía Mayor los apoyó durante seis meses con la cantidad de $1,500 por socio desalojado para que pagaran la renta donde vivían mien- tras se resolvía su problema. A la fecha no han tenido respuesta alguna de parte de las autoridades; más bien les van dando largas. (Cabrera, 1998: 85) Dos años después la parte disidente intentó desconocer e invalidar las Bases de Entendi- miento mediante un juicio de amparo, pero fue desechado. Este momento de mucha tensión y violencia ha sido uno de los hechos más oscuros, por la falta de documentación y testimonios escritos pero también por el propio dolor que provocó en muchas de las familias. La memoria escrita por Guadalupe Cabrera es en sí misma es una memoria personal de un miembro muy activo de la cooperativa que buscó la revalorización del proyecto cooperativo, tarea que echó mano de la memoria como herramienta para despertar conciencias: En este contexto de conflicto es que el trabajo de la memoria entra en acción. Uno de los objetivos de este trabajo es rescatar la historia de la lucha de una comunidad al derecho de tener un lugar digno para vivir, como le corresponde por el hecho de ser humano, para así poder de alguna manera difun- dirla, analizarla, evaluarla y sacar de parte de las distintas organizaciones populares, todo el provecho posible para el mejor impulso de sus luchas, pero también para que apoye el trabajo de concientiza- ción de las clases trabajadoras en general. (Cabrera, 1998: 2) A pesar de no ser un trabajo colectivo como las memorias del grupo GRES-PA, este trabajo tiene un gran valor y relevancia por su asimilación al movimiento y a su comunidad recono- ciendo también su aporte individual, el cual consiste en su decisión personal de estudiar Traba- jo Social y continuar con el trabajo de intervención en la mejora de la comunidad. Haciendo análisis de la historia de la cooperativa, de su nacimiento como un proyecto sacado de una realidad, fichada y analizada por trabajadores sociales que fueron capaces de respetar la vida diaria del objeto de trabajo, de las personas, de su cultura, de su vida, pero ayudando a un seguimiento de una necesidad surge la cooperativa Palo Alto y en su desarrollo da la satisfacción de haber construido una colonia capaz de resolver su problemática interna y externa. Por eso nace en mí, hija de socio, el interés por seguir el trabajo de los trabajadores sociales que habían intervenido en el proceso de na- cimiento de la cooperativa Palo Alto en el cual el estudio como trabajadora social me ha ayudado. (Cabrera, 1998: 42) Como podemos observar en estos dos últimos fragmentos, el proceso de memoria tiene un papel muy importante en la valorización del proyecto cooperativo y también marca un peso 98 importante en la elección de un proyecto personal de vida, como el estudiar determinada carre- ra. Desde esta perspectiva, el peso del pasado es el fundamento para la toma de acciones que aseguren la continuidad de un proyecto alternativo. Como sucedió con muchas otras organiza- ciones populares, la década de 1990 planteó nuevos retos a los cuales no pudieron sobrevivir pues el impulso del neoliberalismo en nuestro país fomentó nuevas aspiraciones e ideales aje- nos al movimiento cooperativos, ideales adoptados por algunos habitantes y socios que acusa- ban a la cooperativa de ser incluso un grupo subversivo: Durante más de ocho años los socios de la cooperativa hemos sido acusados ante todas las dependen- cias oficiales y en todos los lugares a los que acuden; las acusaciones van desde amenazas, agresio- nes, ser gente de izquierda, comunistas, pertenecer a partidos en los que nunca hemos militado, de pertenecer a grupos subversivos, de agitadores, de recibir ayuda del sacerdote Caros de Anta para formar un grupo armado, de despojarlos de sus casas. (Cabrera, 1998: 74) La estigmatización de la comunidad no hacía otra cosa que recalcar su diferencia con un en- torno que se transformaba rápidamente y que era profundamente hostil a grupos con aspiracio- nes comunitarias. Esta gran amenaza requirió la defensa de la propiedad cooperativa: Nosotros sabemos que si escrituramos poco a poco podemos ir siendo despojados, puesto que la gen- te que nos rodea tiene mucho […] y con algunos que vendieran nuestro terreno pasaría a ser parte del consorcio residencial pero también tendríamos otro problema, que los hijos podrían despojar a los padres de su casa, porque pusieran las escrituras a nombre del hijo más vicioso o ambicioso o mueren intestados, por todo esto, se ha quedado que se siga con una escritura global, aunque con los años esta forma de pensar tienda a cambiar. (Cabrera, 1998: 76) La inconformidad creciente con la propiedad colectiva tenía varios motivos entre ellos el de la adopción de nuevas aspiraciones nuevas formas de consumo que eran ajenos al de los ideales con los que se había desarrollado la cooperativa. Alrededor nuevos espacios comenzaban a proliferar como centros comerciales, universidades privadas, oficinas corporativas y desarrollos residenciales que hacían más evidente el contraste entre la cooperativa y una ideología de con- sumo fuertemente estimulada por el entorno. Por ese motivo era importante volver a la raíz de la cooperativa al apoyo mutuo: Todos de una manera u otra hemos encontrado en el compartir el común de las cosas, formando una comunidad unida para ayudarnos a avanzar conjuntamente. Sólo cuando algunos compañeros han caído en el egoísmo del poder, hemos tenido grandes problemas pero aun así, con diferencias hemos salido adelante […]. Como organizaciones nacidas para pelear, las cooperativas son una respuesta a las necesidades de organización de los seres humanos y devuelven a los marginados la convicción de que la dignidad humana nunca se pierde y es posible seguir adelante, tal como se ve en el caso de la Cooperativa Palo Alto. (Cabrera, 1998: 17) Como Alejandro Suarez Pareyón apunta en un artículo, para esta época las cooperativas formaban parte ya de una política de vivienda que había sido sustituida por otra visión de ciu- dad y otra perspectiva del papel del Estado en la procuración de vivienda social. Las cooperati- vas habían no solo sido relegadas, sino que eran constantemente limitadas pues no eran compatibles con un modelo de libre mercado. Dentro de este tránsito se encontraban ambos 99 bandos de la cooperativa, aquél que buscaba su propiedad individual aun a costa de la comuni- dad y aquellos que defendían la propiedad colectiva a pesar del entorno adverso en que se desa- rrollaban. En apariencia se dirimen posiciones antagónicas de dos grupos: uno que sostiene la validez de una forma de organización y propiedad colectiva de un conjunto de viviendas y el otro, que reclama la anulación de la sociedad cooperativa para poseer y disponer plenamente de la propiedad de las mis- mas. Las partes se acusan mutuamente de irregularidades y exigen rectificación de procedimientos legales interpuestos [...] ¿Qué valores o intereses están en juego que pueden motivar tal encono entre los integrantes de la agrupación? En mi opinión, el conflicto de la cooperativa Palo Alto, indepen- dientemente de los problemas particulares de la propia historia del grupo, es reflejo de un conflicto ideológico más profundo de la sociedad, donde chocan dos formas distintas de concebir la solución habitacional de los sectores de la población con menor capacidad económica […]. Las cooperativas de vivienda fueron un modelo para las políticas de vivienda social de la década anterior; ahora, cuan- do la política la marca el libre juego del mercado, a las cooperativas se les considera un obstáculo. (Suárez Pareyón, 1995) Para Suárez el dilema de la propiedad privada estaba por debajo de las acciones colectivas que habían producido resultado en la cooperativa. Una vez más la experiencia pasada era la que definía el valor y prevalencia de la cooperativa. Sus resultados no se limitaban solo a la crea- ción de vivienda sino también a la estimulación de una comunidad, en conjunto habían logrado sobrevivir a la presión del capital inmobiliario. La cooperativa fue el resultado de un trabajo de organización social que permitió la propia transfor- mación del grupo, pasando de un asentamiento irregular, a una colonia popular totalmente legalizada […]. Tal vez los disidentes de la Unión de Palo Alto tengan razón en querer sus escrituras individua- les, pero fue el trabajo colectivo el que les permitió conseguir esa vivienda y el que defendió ese co- diciado predio de los embates del capital inmobiliario; por esos simples hechos, la cooperativa de Palo Alto merece seguir viviendo. (Suárez Pareyón, 1995) La experiencia de esta segunda generación quedó enmarcada en una época en que la ciudad se transformó aceleradamente. El embate neoliberal dio fin a muchas políticas públicas que habían permitido a los MUP gestionar recursos para emprender proyectos autogestivos. En el caso de Palo Alto no solo perdieron esos apoyos, sino que también fueron testigos de una rápi- da transformación urbana en la que pasaron de una mina, prácticamente aislada del resto de la ciudad, a compartir lindero con uno de los proyectos urbanos más importantes de la zona. El proyecto de Arcos Bosques representa el fuerte cambio en la orientación económica de la capi- tal y el nuevo estilo de consumo que se desarrolló en la zona. Por otro lado, el tránsito económico no pudo lograrse sin abrir nuevos caminos democráti- cos impulsados además por los MUP que lograron evolucionar las demandas viviendistas a demandas democráticas. Sin embargo, la apertura de nuevas formas de participación paradóji- camente debilitó su fuerza de base al no pasar la estafeta a una generación más joven, innova- dora y que permitiera la continuidad de los movimientos y su adaptación a una nueva realidad. Como comenta Paul Haber ―el liderazgo secundario no estuvo implicado en una estrategia efec- 100 tiva de transición para preservar el movimiento. Lo que era crucial, y no se hizo, era entregar las riendas del poder a un nuevo liderazgo‖ (Haber, 2009: 215). En el caso de Palo Alto podemos ver una situación similar a la de los MUP, aunque no se integró explícitamente a una lucha de partido careció de demandas democráticas y de genera- ción de cuadros jóvenes. Aquellos con formación y una identidad fuerte con la cooperativa difí- cilmente tenían apertura en la estructura formal de la misma. Por otro lado, había muchos jóvenes que por ausencia de formación e integración a las actividades carecían de identidad cooperativa e incluso rechazaban abiertamente a la organización. A ellos y a personas que lle- garon a vivir a los hogares de los socios sin formación previa, se les acusa de inducir la ruptura con los socios disidentes. La difícil experiencia de la disolución y la expulsión de la disidencia es uno de los hechos menos documentados de la vida de la cooperativa. Es un proceso vivo que hasta la fecha es objeto de procesos jurídicos y que sigue influyendo en el ánimo cotidiano de la cooperativa, a muchos de los habitantes actuales aún les causa incomodidad platicar al respecto. Por ese moti- vo los testimonios que existen son muy disímiles y no han sido objeto de una narrativa colecti- va que derive en una identidad de ―defensores‖ o ―continuadores‖ como sucedió con la primera experiencia y la identidad de los ―socios fundadores‖. Por ello, esta experiencia ha marcado muchos de los problemas y puntos de discusión de las generaciones actuales respecto a la cooperativa. 101 Capítulo IV Tercera generación, de la lucha militante a la participación democrática Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el re- torno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver. Juan Rulfo, Pedro Páramo Después de presentar un panorama de las condiciones y experiencias de las dos generacio- nes pasadas es momento de abordar a la generación joven de hoy. Las experiencias pasadas conformaron las condiciones de desarrollo para la actualidad y sustentaron las aspiraciones de la cooperativa como movimiento, pero también produjeron algunos de los principales temas que se discuten hoy: la propiedad, el proceso de liquidación de los disidentes, la estructura or- ganizacional reservada a los socios, los negocios particulares, etc. Por este motivo resultaba tan importante una presentación de las acciones de generaciones precedentes. En el plano urbano la zona poniente experimenta un crecimiento que ha intensificado la presión inmobiliaria en Palo Alto. Esta amenaza fue uno de los detonantes de la organización cooperativa y uno de los factores para su desintegración, a dos décadas de este evento la pre- sión inmobiliaria sigue amenazando la pervivencia de la cooperativa y transformando su vida cotidiana. Esta transformación es experimentada de forma diferente según la generación, los más ancianos han vivido una transformación más radical al ver una zona rural y minera conver- tida en un importante centro urbano. Por otro lado, los jóvenes han vivido gran parte de su vida en un entorno de múltiples edificios residenciales y la construcción de nuevos edificios en los márgenes de la cooperativa es algo que los ha acompañado desde sus infancias, cada vez menos jóvenes vivieron en sus infancias espacios rurales y actividades de campo, la aceleración de la urbanización en la zona es parte del contexto actual de los jóvenes de Palo Alto. La generación actual tiene tras de sí todo un bagaje sociocultural que integra los valores cooperativistas como uno de los pilares de identificación con la comunidad de Palo Alto. Pero las aspiraciones individuales y colectivas de la generación actual también presentan un cambio notorio en el cual la propiedad privada y el éxito individual parecen ganar terreno frente a los ideales de trabajo conjunto y propiedad colectiva. Frente a esto algunas reglas de la cooperativa 102 parecieran ir en contra de sus estrategias y expectativas, una de ellas es la imposibilidad que tienen por establecer negocios en sus viviendas, una de las reglas incumplidas que se adoptaron en la formación de la cooperativa y que han generado insatisfacción y malestar. La transformación política también ha modificado profundamente las capacidades y herra- mientas que posee la comunidad para atender sus necesidades. Si bien las instituciones guber- namentales de asistencia a clases populares de esa época han desaparecido o se han transformado, el avance democrático ha abierto nuevas posibilidades: los presupuestos partici- pativos, los programas de mejoramiento barrial y los programas de apoyo a la creación artística y cultural han abonado a las estrategias de financiación de los proyectos más recientes. Particu- larmente los presupuestos del gobierno federal y local para proyectos artísticos y culturales han representado para algunos jóvenes una oportunidad de realizar actividades que les ayudan a tener mayor visibilidad frente la Asamblea de socios. Influido también por el avance democrático, el Derecho a la Ciudad se enarbola ahora como un nuevo ideal, más amplio que el Derecho a la Vivienda, que podría resumirse como un dere- cho colectivo que aglutina otros derechos que aseguran el acceso a la toma de decisiones que transforman el espacio. Derivado de esto se plantea entre los jóvenes la pregunta de ¿por qué no se les permite tomar decisiones en la cooperativa si habitan en ella? Para esta tercera generación las condiciones e ideales en los que se desenvuelven forman parte de su identidad con la cooperativa pero sus expectativas actuales chocan con las condi- ciones que se desarrollaron en el pasado. Es así como la memoria forma parte fundamental de sus actividades culturales, de su comunidad y su familia pero también de sus críticas a la coope- rativa como estructura. Su memoria colectiva de la primera generación tiende a fomentar en ellos identidad, orgullo y un sentido de pertenencia, pero al mismo tiempo son aspiraciones de un contexto que ya no es el suyo y su incapacidad de acceder a la organización cooperativa, reservada a los socios, ha motivado críticas y la búsqueda por nuevas estrategias para su parti- cipación. Este capítulo está estructurado de la siguiente forma: se presentan primero las condiciones urbanas que rodean a la cooperativa, se aborda después la forma en la que los jóvenes se posi- cionan respecto a su pasado, posteriormente se aborda el problema de la participación de los jóvenes, se hace una reflexión sobre los problemas que más aquejan a la cooperativa y la forma en la que los jóvenes e han involucrado en ellos y finalmente se reflexiona en el significado de la cooperativa para ellos y sus expectativas al respecto de la misma. Como en los capítulos an- teriores, en éste los testimonios y opiniones presentados corresponden a los jóvenes de esta tercera generación. El boom del poniente, la transformación urbana Como se mencionó en el capítulo anterior, la desindustrialización de la ciudad de México derivó en el desarrollo de corredores terciarios en diversas zonas de la ciudad. Algunos de esos proyectos incluso aprovecharon y aún buscan reutilizar la antigua infraestructura industrial en 103 el desarrollo de dichos corredores mientras que otros proyectos se han planteado como edificios nuevos. Como resultado la ciudad exhibe edificios modernos, llamativos, de exteriores cristali- nos y grandes alturas que aseguran la utilización máxima para usos habitacionales y de oficinas, que ofrecen amplia capacidad para almacenar automóviles y ubicaciones favorables al despla- zamiento automotriz. Cabe resaltar que el gobierno del DF jugó un papel fundamental en la consolidación de al- gunos de los corredores que han sido mencionados, particularmente en dos: el del Centro Histó- rico-Alameda y el de Santa Fe. Con el estímulo a la inversión mediante instrumentos de fomento como la transferencia de potencialidades, aceleraron la construcción de megaproyectos que buscaron dinamizar los capitales invertidos. Además de los instrumentos de fomento el gobierno ha colaborado también con la generación de suelo para actividades financieras, co- merciales y de servicios para sectores socioeconómicos medios y altos mediante la modifica- ción del uso de suelo y otros instrumentos de fomento. Con la promoción de dichos proyectos se incentivó la participación del capital privado que ha impactado la transformación de la ciu- dad (Márquez, 2005: 185). El poniente de la ciudad ha sido escenario de una acelerada construcción de edificios corpo- rativos y residenciales para clases medias y altas que ha derivado en un importante crecimiento demográfico. La delegación Cuajimalpa creció 23.25% de 2000 a 2010, es un crecimiento im- portante relacionado con el boom de la construcción en esa zona y con la ocupación irregular de Áreas de Valor Ambiental. La delegación Álvaro Obregón, por su parte creció 5.82% en el mismo periodo. Mientras que el Distrito Federal en su conjunto creció 2.85% en el mismo pe- riodo). Tabla 9. Población absoluta y densidad poblacional 2000, 2005 y 2010 Demarcación 2000 2005 2010 Habitantes 151,222 173,625 186,391 Cuajimalpa 2 Densidad h/km 2,074.94 2,382.34 2,557.5 Habitantes 687,020 706,567 727,034 Álvaro Obregón 2 Densidad h/km 7,104.65 7,306.79 7,518.44 Distrito Federal Habitantes 8,605,239 8,720,916 8,851,080 INEGI Censos y Conteos de población y vivienda 2000, 2005 y 2010. Este crecimiento demográfico y el aumento de servicios en la zona no se ha visto reflejado necesariamente en la calidad de vida de las personas. Gran parte del crecimiento, como se ha mencionado corresponde a la construcción de viviendas y servicios para clases altas y medias lo que ha producido no un desarrollo de las familias pobres sino segregación y fragmentación. Según las mediciones del GDF para el Índice de Desarrollo Social 2010 la zona donde se ubica Palo Alto presenta una fuerte fragmentación urbana. Zonas de vivienda de ―Muy baja calidad‖ 104 se encuentran conviviendo a unos cuantos metros de casas de ―Alta calidad‖ y entre las cuales las condiciones socioeconómicas son amplias. Mapa 2. Índice de Desarrollo Social a escala de la colonia Fuente: Índice de Desarrollo Social, Evalúa D.F. Disponible en http://www.sideso.cdmx.gob.mx/documentos/2010/indice_desarrollo_social/Indice_Desarrollo_Social_ Manzana.xls. Consultado el 17 de junio 2019. La zona de ―Alta calidad‖ y ―Media calidad‖ se encuentra limitada al sur, norte y norpo- niente por zonas de ―Baja calidad y ―Muy baja calidad‖. Esta isla residencial integrada por co- lonias como Bosques de las Lomas, Lomas de Bezares, Real de las Lomas y Lomas de Reforma. Palo Alto se encuentra ubicada justo en el límite sur de dicha zona residencial exten- diéndose esta zona precaria al sur integrando al pueblo de Santa Fe y al poniente Granjas Palo Alto y Campestre Palo Alto. Esta condición ha hecho que los desarrolladores inmobiliarios sigan implementando estrategias para adquirir el suelo de las colonias más pobres y desarrollar en ellos viviendas y oficinas para ampliar sus ganancias. En la colonia Campestre Palo Alto, por ejemplo, se han identificado proyectos inmobiliarios que han abusado de la Norma 26 de construcción de vivienda social, desarrollando departamentos residenciales disfrazados de vi- vienda social (El Heraldo de México, 17 de julio 2017). Esta transformación ha modificado profundamente el entorno que es percibido en los jóve- nes en la gran afluencia automotriz en las vialidades de la zona. 105 Ya todo está cercado y concesionado y hay mucha gente, antes nunca había visto tráfico aquí arriba ahora a partir de que aperturaron este edificio y el otro edificio pues ya es una locura los lunes ya son muchas cosas extremas… la verdad es que sí noto la diferencia de cuando no estaban los edificios y ahora que están los edificios antes era más tranquilo no había mucho ruido y no había muchos autos, todavía podías ir por zarzamoras silvestres. (E.A., femenino, 29 años, marzo 2018) La transformación en el espacio también es notoria en el perfil urbano que ha sido modifi- cado rápidamente por nuevos desarrollos, ya no solo por el ―Pantalón‖: Es una contaminación visual muy fea ya ni vas a poder ver salir el sol, ya todo cambia o sea desde que era pequeño yo recuerdo que nos íbamos a jugar ahí atrás y no estaban esos edificios era ir a ver, asomarnos ir a jugar e igual en la cancha ahorita ya es un cambio muy drástico… se siente hasta en el ambiente, la gente ya no está tan a gusto, tan conforme, tan feliz como era antes, segura diríamos por ahí. (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018) Imagen 9. Los lujosos y enormes edificios contrastan fuertemente con el perfil de la cooperativa Foto: Moisés Quiroz. Agosto 2018. Ambas cuestiones, la de mayor flujo de tráfico y la del cambio en el perfil urbano, han mo- dificado la relación de los jóvenes de Palo Alto con el entorno, que han cambiado sus espacios de esparcimiento del monte por el centro comercial y han modificado también sus estrategias de movilidad al tener que salir más temprano a sus trabajos para evitar retrasos. Estos cambios no solo tienen efectos espaciales, la percepción que tienen del espacio ha influido también en su ánimo por el evidente contraste del nivel económico: a mí sí me pasó de sentirme así como pobre o tener que competir con una residencia de Bosques de las Lomas […]. El choque mental es muy fuerte porque aquí somos cooperativa y allá es el mil del capitalismo […], aquí puedes andar con la ropa y la pijama que quieras pero vete al Pantalón y no es agradable ir con tus fachas porque allá todos van de muy fresas pero exagerado […]. Mi experiencia 106 fue entender estas cosas hasta que llegué a la universidad y vi que había personas que se parecían a mi porque yo sentía y veía ese desfaz bien extremo entonces también hay como mucha violencia en cuanto a discriminación […]. Aquí es un choque mental y cultural y eso creo que trae muchos pro- blemas. (E.A., femenino, 29 años, marzo 2018) La transformación del entorno también ha influido en un área más, la económica. Para los abuelos las principales fuentes de trabajo eran el servicio doméstico y obrero en la zona, pero los adultos de la generación de la ruptura y jóvenes de la actualidad tienen muchas opciones más. El desarrollo de los corredores terciarios de la zona provee de fuentes de trabajo especiali- zado a contadores, administradores, diseñadores o abogados y demanda servicios de comida, transporte, mensajería entre otros. Gracias a ese contexto algunas familias han abierto cocinas económicas en sus casas para mejorar sus ingresos y algunos jóvenes con estudios profesiona- les han podido obtener trabajos en la zona y un estilo de vida muy distante a la de los abuelos. Este mismo contexto vuelve aún más distante la aspiración de muchos jóvenes que no encuen- tran un estímulo favorable para una concepción colectiva del trabajo y la vivienda fuera de la Cooperativa. Los problemas sensibles de la comunidad La percepción que se tiene al interior de la cooperativa también ha sido modificada por la transformación urbana del entorno: el aumento de automóviles, la ubicación de trabajos espe- cializados, el desarrollo de actividades nocivas como el alcoholismo y la drogadicción y el desarrollo de tecnologías digitales ha impactado en los problemas que se perciben en la coope- rativa y en la forma en la que su propio espacio es percibido. A partir de una encuesta en que se pidió ordenar los problemas de la colonia del 1 al 8 se calificaron cada uno de ellos para obtener un promedio. De esto se pudo deducir que la especu- lación inmobiliaria y la venta de droga y alcohol ocupan los primeros lugares con un promedio de 5.17, 5.17 y 4.78, mientras que el promedio más bajo es el de la delincuencia que tiene un promedio de 3.52. Tabla 10. Calificación promedio de los principales problemas de la colonia por tipo y por generación. Ordene del 1 al 8 los principales problemas Generaciones Total de la colonia. (Promedio de calificación) Fundadores Ruptura Jóvenes Especulación inmobiliaria 5.17 5.3 5.03 5.17 Venta de droga 5.24 4.82 5.44 5.17 Venta de alcohol 4.66 4.7 4.97 4.78 Ausencia de reglamento 4.41 4.7 4.11 4.41 Exceso de automóviles 4.10 4.52 4.61 4.41 Litigio 4.14 4.34 4.58 4.35 107 Falta de participación 4.07 4.2 3.86 4.04 Delincuencia 3.76 3.26 3.56 3.52 Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. El problema de la especulación inmobiliaria ha sido abordado en el apartado anterior así que en este apartado nos enfocaremos en su dimensión comunitaria. Habíamos comentado que el desarrollo de la urbanización residencial en las inmediaciones de la cooperativa los había puesto en contacto con un intenso estilo de vida consumista. Este mismo cambio de mentalidad se refleja en la inconformidad que existe sobre el tipo de tenencia de la cooperativa. Así, cuando se compara esta información, las ventajas y desventajas de vivir en la coopera- tiva aparece, aunque sea muy discreto, que el tipo de tenencia es un inconveniente. Esta pre- gunta fue abierta y se clasificaron según el contenido de sus respuestas. Sobre el tema de la tenencia se dice por ejemplo: ―Que no tienes ninguna seguridad patrimonial‖, ―Que no hay un documento oficial en donde indique que soy propietario de mi casa‖, ―El que no tenemos escri- turas particulares‖. Algo interesante de este tipo de respuestas es que solamente representan una desventaja para un caso de la generación de ruptura (2%) y en tres de los jóvenes (3.8%). Aun- que es un porcentaje mínimo, 3.5% global, es revelador que su presencia aumenta en las gene- raciones más jóvenes, producto quizás de la influencia consumista e individualista. Tabla 11. Desventajas de vivir en la colonia por tipo y por generación. Generaciones ¿Cuál es la desventaja de vivir aquí? Total Fundadores Ruptura Jóvenes 6 6 4 16 No sabe / No contestó 20.7% 12.0% 11.1% 13.9% 0 1 1 2 Inseguridad 0.0% 2.0% 2.8% 1.7% 3 3 3 9 Drogadicción / Alcoholismo 10.3% 6.0% 8.3% 7.8% 6 17 11 34 Ninguna 20.7% 34.0% 30.6% 29.6% 0 6 2 8 Especulación inmobiliaria 0.0% 12.0% 5.6% 7.0% 0 1 3 4 Tipo de propiedad 0.0% 2.0% 8.3% 3.5% 2 2 2 6 Urbanización aledaña 6.9% 4.0% 5.6% 5.2% 8 14 7 29 Organización cooperativa 27.6% 28.0% 19.4% 25.2% 4 0 3 7 Otro 13.8% 0.0% 8.3% 6.1% 29 50 36 115 Total 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 108 Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. La Urbanización aledaña es una desventaja, con respuestas como ―Estamos rodeados de tantos consorcios, muchos autos y el acceso es difícil‖ o ―Que los edificios nos están ocultando poco a poco‖, tiene un 5.2% global sin diferencias de absolutos entre generaciones. Mientras que Especulación inmobiliaria es un inconveniente con respuestas como ―Los problemas de ambición por algunos que no aprecian lo que es la cooperativa‖, ―Que todos quieren este te- rreno y por lo mismo hay peleas y conflictos‖, ―Ubicación geográfica la vuelve un territorio codiciado y su origen humilde la vuelve vulnerable‖, aparece de forma más notoria en las gene- raciones jóvenes particularmente en la de ruptura (12%) y nuevamente está ausente de las gene- raciones fundadoras. Sin embargo, el entorno urbanizado de la cooperativa también puede significar una ventaja relativa, a pesar del aumento de tráfico y otros problemas. Así, la ubicación de la cooperativa representa, con 28.7% global y sin diferencias sustanciales entre las generaciones, la segunda mayor ventaja para vivir en la cooperativa, justo después de la seguridad con 38.3% global. Tabla 12. Ventajas de vivir en la colonia por tipo y por generación. Generaciones ¿Cuál es la ventaja de vivir aquí? Total Fundadores Ruptura Jóvenes 1 3 2 6 No sabe / No contestó 3.4% 6.0% 5.6% 5.2% 1 8 5 14 Vecinos / Familia 3.4% 16% 13.9% 12.2% 14 14 16 44 Tranquilidad / Seguridad 48.3% 28% 44.4% 38.3% 9 14 10 33 Ubicación 31% 28% 27.8% 28.7% 1 4 1 6 Servicios 3.4% 8% 2.8% 5.2% 2 2 0 4 Organización Cooperativa 6.9% 4.0% 0.0% 3.5% 1 5 2 8 Otra 3.4% 10% 5.6% 7.0% 29 50 36 115 Total 100% 100% 100% 100% Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. Los resultados visibles en la Tabla 11 confirman que la seguridad es el menor problema de la cooperativa. Y que la transformación en el entorno también ha jugado un cambio en la per- cepción del espacio ya que se percibe que la cooperativa es un lugar que por su ubicación es 109 codiciado y amenazado por la especulación inmobiliaria pero también es una ventaja por la cercanía con importantes centros de trabajo. La encuesta arrojó un cierto número de respuestas que señalaron a la Organización coopera- tiva como desventaja y ventaja. En cuanto a la desventaja es notable el alto porcentaje que al- canzó entre la primera y segunda generación 27.6% y 28% respectivamente, mientras que para la tercera generación el porcentaje aún se mantiene alto con 19.4%. Sin embargo, las respuestas apuntan a problemas inherentes a la propia dinámica de la cooperativa y que no tocan otras esferas de la vida: ―En que solo algunos participan y otros solo se benefician‖, ―Las personas no se logran poner de acuerdo‖, ―Desunión, cada quien ve su bienestar, hay envidias‖, ―Los desacuerdos que se dan entre socios‖, es decir los inconvenientes están relacionados con aspec- tos de la participación. Mientras que las ventajas que representa esta forma de habitar son menores, tan solo 4 ca- sos, dos en la primera generación (6.9%) y dos en la segunda (4.0%) y ninguna mención por parte de los jóvenes. Esta diferencia entre generaciones se puede explicar por la cercanía que tienen los mayores respecto a las dinámicas de la cooperativa de la cual algunos son socios o representantes de socio o han tenido algún cargo en ella, mientras que los jóvenes se encuentran al margen de la organización. El problema del alcohol y la droga apenas figuró como una des- ventaja de vivir en la cooperativa por el 7.8% de los encuestados con tres casos en cada genera- ción. Este último problema no se ve reflejado en esta medición como un problema grave, sin embargo sí se le puede identificar en otra de las preguntas de la encuesta que es la de los luga- res con mayor o menos aprecio por la comunidad. Tabla 13. Lugares de mayor aprecio por lugar y por generación. ¿Cuál es el lugar al que le tiene mayor Generaciones Total aprecio? Fundadores Ruptura Jóvenes 1 4 5 10 No sabe / No contestó 3.4% 8.0% 13.9% 8.7% 12 19 7 38 Casa propia 41.4% 38.0% 19.4% 33.0% 2 11 14 27 Cancha / Juegos 6.9% 22.0% 38.9% 23.5% 5 3 1 9 Iglesia 17.2% 6.0% 2.8% 7.8% 2 5 5 12 Plaza / Quiosco 6.9% 10.0% 13.9% 10.4% 4 0 0 4 Salón de Asambleas 13.8% 0.0% 0.0% 3.5% 2 4 1 7 Otros 6.9% 8.0% 2.8% 6.1% Todo 1 4 3 8 110 3.4% 8.0% 8.3% 7.0% 29 50 36 115 Total 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. Imagen 10. Fernando Muñoz Cabrera jugando en los juegos de la plaza cívica Foto: Néstor Muñoz Cabrera. Agosto 2018. Un tercio de los encuestados mencionan que el lugar al que le tienen más aprecio es a la Ca- sa propia y es notablemente mayor en la generación fundadora (41.4%) que en la generación joven (19.4%) con respuestas como: ―Mi vivienda porque en ella he crecido y convivo con mi familia‖, ―La casa porque gracias a la cooperativa tenemos casa‖ o ―Mi casa porque mis padres la dieron con su vida‖. Los otros dos espacios significativos para la comunidad son las Canchas y juegos infantiles (23.5% global) (Imagen 10) y el espacio de la Plaza cívica y el Quiosco (10.4% global) con respuestas como: ―La cancha porque ahí es la vida social de la cooperati- va‖, ―Juegos deportivos porque paso tiempo con mi familia‖ o ―Plaza cívica porque estoy con la gente y platico‖ (Imagen 11). Es notable que en este rubro sí existen diferencias generacionales en particular respecto a las canchas con 6.9% para la generación fundadora, 22% para la generación de la ruptura y 38.9% para la generación joven. Este resultado es comprensible ya que quienes pueden hacer uso de ese espacio son las personas con mayor capacidad física, es decir los jóvenes, mientras que los ancianos de la generación fundadora han visto limitada su capacidad motora. 111 Imagen 11. Niño jugando en la plaza cívica Foto: Néstor Muñoz Cabrera. Agosto 2018. Otra clasificación importante es la de Salón de Asambleas, la cual contiene respuestas como ―El salón de Asambleas porque es el lugar donde se toman los acuerdos y se convive‖ o ―Salón de asambleas porque nos informamos de lo que pasa‖. Este lugar es apreciado únicamente por personas de la generación de socios fundadores, aunque su proporción (13.8%) es baja respecto a su propio grupo. El que este lugar solo haya sido mencionado por personas de la primera ge- neración tiene relación con el uso que se le da al espacio, donde se reúnen las personas con estatus de socio para celebrar las Asambleas quincenales, reuniones a las que son ajenos mu- chas de las personas de las otras generaciones. Entre las respuestas de Otros hubo una gran diversidad de espacios que son valorados por múltiples motivos, entre ellos por su significado histórico para la comunidad o por su valor para las personas mayores: ―La casa tipo y el mural del padre Escamilla nos recuerda quienes so- mos‖ (Imagen 12), ―Casa del adulto mayor porque convivo con la gente‖ y ―La casa tipo por- que es la casa que inicio un sueño para mi padre‖. De esta forma la Cancha y Juegos es el espacio con mayor aprecio por su convivencia, pero también es el espacio que más desagrado genera entre la mayor parte de las personas. Si bien un tercio de los encuestados no identifica ningún lugar desagradable, no sabe o no contestó, el otro tercio se concentró básicamente en una sola respuesta. 112 Imagen 12. Mural de Rodolfo Escamilla ubicado frente a la tortillería. Foto: Moisés Quiroz. Abril 2018. Tabla 14. Lugares de menor agrado por lugar y por generación. ¿Cuál es el lugar que menos le agra- Generaciones Total da? Fundadores Ruptura Jóvenes 5 6 2 13 No sabe / No contestó 17.2% 12.0% 5.6% 11.3% 7 8 9 24 Ninguno 24.1% 16.0% 25.0% 20.9% 5 13 13 31 Canchas 17.2% 26.0% 36.1% 27.0% 2 4 6 12 Casas abandonadas / Lotes vacíos 6.9% 8.0% 16.7% 10.4% 2 8 0 10 Barrio negro / Subida de burros 6.9% 16.0% 0.0% 8.7% 5 5 3 13 Lugares donde la gente toma y se droga 17.2% 10.0% 8.3% 11.3% 3 6 3 12 Otros 10.3% 12.0% 8.3% 10.4% 113 29 50 36 115 Total 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. Con 27% global las canchas son identificadas como un lugar desagradable por los siguien- tes motivos: ―La cancha de futbol rápido porque está muy sucia y la utilizan los que se drogan y beben alcohol‖, ―Los juegos infantiles ya que están llenos de jóvenes drogadictos y alcohóli- cos‖, ―El área de juegos infantiles porque no está iluminado y crea un espacio para reunión de drogadictos‖. Aquí también existen diferencias generacionales para los fundadores 17.3%, para la generación de la ruptura 26% y 36.1% para los jóvenes. Estas diferencias están relacionadas igualmente con la intensidad del uso que los jóvenes le dan a ese espacio para reunirse y, plati- car, pintar, hacer deporte, beber o consumir sustancias psicoactivas. Imagen 13. Las canchas deportivas con espacios apropiados por los jóvenes Foto: Moisés Quiroz. Abril 2018. Aunque las desventajas de las Canchas son percibidas mayoritariamente por los jóvenes, los principales usuarios, también están relacionados con las personas que usan ese espacio para beber y consumir sustancias psicoactivas. Especialmente en una de las lomas cercanas al talud que delimita la cooperativa, donde se encuentran unas pequeñas gradas, un grupo de jóvenes suele reunirse incluso a la luz de día con la libertad de fumar mariguana tranquilamente. A decir de estos jóvenes, el consumo de drogas no es el problema ya que no genera delin- cuencia: Es mal juzgado el que tu tomes, si tomas bien si no también. Si te das un toque como ahorita bien, si no también pero que te estés fumando un toque de mota no quiere decir que te vas a parar y te vas a ir 114 a robar, el que te estés tomando una cerveza no quiere decir que vas a andar faltando el respeto. (D.C., 34 años, masculino, junio 2018) Otro aspecto es que el consumo en la cooperativa es menos riesgoso que en otras colonias: Si vas a otras colonias ya te están esperando a que salgas para darte en la madre con la carterita, con el celular. Aquí vas a salir sin ningún problema, vas a llegar a tu destino, entras a la cooperativa y se respira otro ambiente. (D.C., 34 años, Jmasculino, junio 2018) Esto refuerza que a pesar de estos problemas de consumo de sustancias psicoactivas la de- lincuencia es el menor problema percibido por los encuestados. Sin embargo, la imagen des- agradable que motiva el consumo sí ha generado tensión entre algunos jóvenes y los socios, quienes los acusan de que la venta de dichas sustancias genera un argumento para que las auto- ridades y disidentes acaben con la cooperativa y logren vender el terreno a desarrolladores in- mobiliarios. Para otros el aumento del consumo de sustancias psicoactivas tiene que ver precisamente con el cambio en el entorno y a la frustración que genera el no poder acceder al estilo de vida que los está rodeando. Yo creo que por eso también muchos chicos se drogan, porque es mantener un estatus que se parece a Bosques de las Lomas. Y más si tus padres te dicen tienes que ser mejor que yo, y si ellos ya estuvie- ron mejor con esto pues lo mejor que tienes es Bosques de las Lomas. ¿Entonces que haces? Copiar cosas así o intentar tenerlo, hay discriminación al no aceptarte a ti. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) Su doble condición de jóvenes y consumidores los coloca en el centro de las críticas y resta el valor que en conjunto podría percibirse de los jóvenes. Incluso esto puede tocar temas de participación ya que para algunos adultos los jóvenes además de consumidores no participan y para algunos jóvenes su consumo hace que sean desplazados de las actividades de la cooperati- va: Siento que nosotros pertenecemos a dos grupos marginados de la sociedad: los drogadictos y a los jó- venes. Siento que como jóvenes que consumimos sustancias, en la cooperativa hay una tradición muy religiosa entonces no nos echan a la tira, pero sí le dicen al Ruvalcaba [delegado de Cuajimalpa 2012- 2015] ―ay es que los que se juntan allá fuman‖ y así… Por ser jóvenes a veces no nos ponen tanta atención porque yo he ido a las juntas y los eventos, pues nos hemos encontrado ahí ¿no?, pues de la junta solo uno es joven […] y si les interesara no nos vieran tan mal por consumir podríamos trabajar en equipo. (K.H., 21 años, femenino, junio 2018) El problema del consumo está fuertemente ligado a una percepción de la juventud que la considera especialmente vulnerables a desarrollar dependencia de las sustancias. Su consumo efectivo refuerza esta percepción adultocentrista de la juventud y la liga a una percepción de juventud inmadura para participar de la cooperativa y de la vida pública de su comunidad. Por este motivo su participación queda desvalorizada y la distancia respecto a su participación en la cooperativa crece. Por este mismo motivo el uso que los jóvenes hacen del espacio público es reprobado por muchos de los socios. 115 Las percepciones sobre la organización cooperativa como ventaja y desventaja de vivir en Palo Alto les son ajenas a los jóvenes, así como les son ajenos espacios como el salón de Asambleas. Pero esto no sucede así con problemas y espacios más cotidianos como las canchas y el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas. Esto es un punto importante pues revela mucho sobre la posición de los jóvenes en el espacio social y comienza a revelar diferencias entre la cooperativa como organización y la cooperativa como espacio y comunidad. Pero antes de llegar a ese punto es necesario explorar cómo los jóvenes se posicionan no respecto al espa- cio sino respecto al tiempo, respecto al pasado de la cooperativa. La memoria adquirida y la identidad de los jóvenes de la cooperativa La transformación urbana de la zona también ha tenido un impacto en el sentimiento de identidad y pertenencia con la cooperativa. Para algunos jóvenes, adultos y socios el objetivo de la cooperativa ya fue cumplido y no debería seguir existiendo. Otros consideran que la cooperativa dejó de existir en 1994 y carece de sentido seguir reuniéndose. Otros más conside- ran que la inexistencia legal de la cooperativa no impide que se continúe con los ejercicios de organización cooperativa, pero también hay voces que cuestionan formas que consideran insos- tenibles y creen que se debería aprovechar las oportunidades económicas que les ofrece su en- torno. Para muchos jóvenes la identidad con la cooperativa ha sido adquirida gracias a las ense- ñanzas de los adultos que los involucraron desde niños e inculcaron en ellos un amor por las obras de sus abuelos y padres, pero en el fondo también tienen conciencia de que existen dife- rencias respecto a ese pasado. ¿Cómo se mide el conocimiento y la identidad que existe del pasado? En este estudio se intentó hacer una medición preguntando por el nivel de conocimien- to que los encuestados consideran tener sobre la historia de la cooperativa. Para comprobarlo se enlistaron siete personajes importantes del momento de la fundación, se eligió este momento porque es el momento que le da identidad a la comunidad, no así el conflicto de los noventa. Como era de esperarse el grueso de la generación de Fundadores (82.8%), es decir los protago- nistas de ese momento, dijeron conocer a detalle su historia. Conforme las generaciones se ale- jan de ese momento su conocimiento se reduce, así el 48% de la generación de la Ruptura dijo conocerla a detalle mientras que solo el 19.4% de los Jóvenes contemporáneos consideró cono- cerla con dicho nivel. Tabla 15. Autovaloración del conocimiento de la historia de la cooperativa por generación ¿Qué tal conoce la historia de Palo Generaciones Total Alto? Fundadores Ruptura Jóvenes 1 0 1 2 No sabe / No contestó 3.4% 0.0% 2.8% 1.7% 0 1 1 2 Nada 0.0% 2.0% 2.8% 1.7% Poco 4 25 27 56 116 13.8% 50.0% 75.0% 48.7% 24 24 7 55 A detalle 82.8% 48.0% 19.4% 47.8% 29 50 36 115 Total 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. Al momento de corroborar su percepción sobre el conocimiento de su pasado con algunos de los personajes más renombrados de su historia también encontramos aspectos predecibles. Rodolfo Escamilla es por mucho el más conocido tanto de forma global (94.8%) como en cada una de las tres generaciones. Esto es fácilmente explicable por la cantidad de referentes espa- ciales que hay sobre su persona: un mural en la plazoleta, un mural más antiguo y descuidado en la ladera del campo de futbol, la calle principal lleva su nombre, la mesa principal del salón de Asambleas está flanqueada por un retrato suyo y otro de Carlos de Anta y por la celebración de su aniversario luctuoso. Tabla 16. Reconocimiento de personajes importantes en la historia de Palo Alto por generación ¿Reconoce al siguiente Generaciones personaje de la historia Total Fundadores Ruptura Jóvenes de Palo Alto? Sí 29 100% 49 98% 31 86.1% 109 94.8% Rodolfo Escamilla No 0 0% 1 2% 4 11.1% 5 4.3% Sí 29 100% 39 78% 16 44.4% 84 73.0% Carlos de Anta No 0 0% 11 22% 19 52.8% 30 26.1% Sí 25 86.2% 32 64% 12 33.3% 69 60.0% Efrén Ledezma No 4 13.8% 18 36% 23 63.9% 44 39.1% Sí 22 75.9% 22 44% 5 13.9% 49 42.6% Enrique Ortiz No 7 24.1% 28 56% 30 83.3% 65 56.5% Sí 27 93.1% 41 82% 13 37.2% 80 70.2% Graciela Martínez No 2 6.9% 9 18% 22 62.8% 33 28.9% Sí 25 86.2% 29 58% 5 13.9% 59 51.3% Luz Lozoya No 4 13.8% 21 42% 30 83.3% 55 47.8% Sí 23 79.3% 28 56% 5 13.9% 56 48.7% Copevi No 6 20.7% 22 44% 30 83.3% 58 50.4% Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. Escamilla comparte con el padre de Anta y Efrén Ledezma los niveles más altos de recono- cimiento global, estos son además personajes ―centrales‖ de la historia del proceso de organiza- ción. Es notable que Ledezma tiene un nivel más bajo pero es posible explicarlo porque muchas veces cuando se explica la historia de Palo Alto, Ledezma se le incluye en un grupo al que se hace referencia como ―los ricos‖ o ―los patrones‖. También es notable que observando el nivel 117 de las generaciones tanto de Anta como Ledezma tienen un reconocimiento menor al 50% entre la generación de Jóvenes contemporáneos, incluso entre ellos un 11.1% dijo desconocer a Es- camilla. ―El Maestro‖ o ―El Gordo‖ Escamilla es uno de los personajes que más admiración despier- tan por los jóvenes, algunos lo consideran incluso adelantado a su época y esto lo aprendieron de la misma admiración que muchos de los socios fundadores le tienen: ―Pues por lo que sé Rodolfo Escamilla fue muy importante para todos porque él ayudó a todos y sin pedir nada a cambio, lo hizo por buena voluntad entonces para mí es algo muy respetable y admirable de ese señor (I.B., 21 años, femenino, abril 2018)‖. A él se le atribuye la propiedad cooperativa como una forma de proteger a la comunidad: Bueno ese padre se adelantó como 300 años, es a lo que me refiero, es una persona que está prote- giéndote 300 o 400 años antes, digo esos güeyes avanzaron [señalando al ―Pantalón‖] pero él estaba más avanzado que ellos para evitar todos esos problemas, es lo que dijo ―los hombres lo van a cam- biar por un cartón de cervezas‖, el hombre se ve ambicioso y es fácil de comprar y él vio como cerrar ese círculo, entonces yo creo que por eso es ese respeto. (P.V., 35 años, masculino, junio 2018) Y también se le atribuye gran parte del proceso de organización de la comunidad, se reco- noce la forma en la que llegó a trabajar e incluso se reconoce que con su muerte ese proceso quedó de alguna forma trunca: Pienso que mucho de lo que marcó fue que Rodolfo Escamilla viniera y dijera ―lo que ellos no nece- sitan es aprender a bañarse, lo que necesitan es un lugar donde bañarse, necesitan una casa‖ […] es como si yo por tener maestría y doctorado y mucha experiencia sé qué necesita tu colonia sin antes escuchar a nadie más que al que según lleva la onda. Rodolfo Escamilla no vino así ―yo no sé nada, tengo un equipo de trabajo, hagamos comunidad‖ y entonces se involucró de esa manera, yo no lo conocí ni conocí su forma de trabajo pero sí conocí a sus personas cercanas y a quienes continuaron con esa parte […] lleva un proceso, lleva una sistematización pero se corta cuando matan a Rodolfo. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) De esta forma tanto por su importancia en el proceso y en la memoria, como por su presen- cia en el espacio, Escamilla es el personaje más conocido. El desconocimiento se acrecienta cuando observamos el resto de los personajes que conformaron el Equipo Auxiliar de la organi- zación de la cooperativa. Estos son las trabajadoras sociales Luz Lozoya y Graciela Martínez, el arquitecto Enrique Ortiz y el Centro Operacional de Poblamiento y Vivienda (Copevi) que fue incluido como personaje en la encuesta. Como era de esperarse estos personajes ―secunda- rios‖ de la historia de la cooperativa tienen un nivel menor de reconocimiento incluso en el grupo de la generación de Fundadores. Esto a pesar de que tanto Luz y Graciela como Enrique han visitado la cooperativa en algunas de sus celebraciones, particularmente la del día de la Toma de la Tierra. Entre los jóvenes resalta el desconocimiento que existe en torno a estos personajes el cual llega a alcanzar 83.3% de desconocimiento en los casos de Ortiz, Luz Lozo- ya y del Copevi. A nivel global solo el arquitecto Ortiz y el Copevi rebasan el 50% de descono- cimiento. 118 Este ejercicio refleja el conocimiento general del pasado de la cooperativa, que podemos decir que es bastante alto. Por un lado, demuestra la importancia del pasado entre los habitantes de la cooperativa y que en general suele ser un pasado bastante conocido, en parte gracias a los múltiples referentes cotidianos en el espacio. Por otro lado, demuestra también que conforme las generaciones se van sucediendo parte de ese reconocimiento se diluye, al menos el conoci- miento puntual de los personajes y quizás acciones puntuales que fueron realizadas en la con- formación de la cooperativa. Sin embargo, esto no revela una crisis identitaria, el conocimiento del pasado es necesario para fortalecer el sentido de pertenencia, pero no es el elemento más importante. Aunque Es- camilla fue el gran personaje del proceso, para estos jóvenes que comienzan a ver el pasado de su comunidad de otra forma el grupo comunitario es en realidad el personaje principal: Creo que todos, como seres humanos queremos que llegue, lo que le llaman ahorita con lo de las elecciones, que llegue un mesías que te diga qué hacer y cómo hacerlo y que las cosas sucedan y pum ya así. Y de repente pesaba que eso sucedió en Palo Alto, una persona que llegó y dirigió e hizo y después con el tiempo y con la poca experiencia que tengo te das cuenta de que no, que realmente si las cosas funcionan es porque muchas personas decidieron que funcionara o que se realizara. Yo creo que hace poco tiempo te hubiera dicho ah fue Rodolfo Escamilla y de ahí fue el que detonó y ahora me doy cuenta de que no, que yo creo que hay más personas atrás que hicieron cosas para que las co- sas se desarrollaran. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) El elemento comunitario es además fortalecido por la participación de los padres o abuelos en la experiencia colectiva de la formación de la cooperativa. Esto baja los valores grupales a un nivel más familiar que es más cercano a los jóvenes: Yo por eso valoro la lucha de mi mamá, fue por lo que luchó, por su casa y por tener una comunidad hasta cierto punto unida en ese tiempo, porque te digo se partió. Sí se debe valorar la colonia y man- tenerla y que siga para muchos más años […]. Te digo que mi jefa es fundadora, la neta sí nos cuenta cómo se tenía que escapar luego hasta del marido que era celoso para tener su espacio y por lo que lucharon y cómo lucharon hasta que lo lograron [...]. Nosotros en mi familia sí valoramos que mi mamá batalló para tener su espacio. (D.C., 34 años, masculino, junio 2018) La cercanía familiar no se encuentra solamente en el protagonismo que los padres y abuelos tuvieron en ese momento fundacional, el proceso mismo de adquisición de esas historias está fuertemente marcado por una dinámica familiar muy estrecha y por una admiración al oír el relato de sus propios protagonistas: Está muy padre el recordar como dicen, recordar es volver a vivir, es padre ver a las personas que vi- vieron momentos difíciles de la cooperativa y que te cuenten. Oorque podrías escucharlo de tu her- mano de tu edad, pero no va a ser lo mismo a que te lo cuente el señor que estuvo velando. (I.B., 21 años, femenino, abril 2018) El oír directamente el relato de los protagonistas revela una dimensión más del valor de esa experiencia, de lo comunitario a lo familiar y de lo familiar a lo individual. Así la experiencia de formación de la cooperativa tiene no solo una memoria comunitaria y una familiar sino tam- 119 bién experiencias personales que han posicionado a los individuos respecto a su comunidad y les han otorgado un espacio en la misma. La otra creo que puede ser la parte de la comunión de saber que entre todos pudieron desarrollar pues cada uno sus historias porque más que una casa cada quien hizo una historia y se entrelazaron esas historias. Luego los oyes y para bien y para mal te platican de esos sentimientos que se quedan en ellos de ―ah yo me acuerdo con mi comadre y tal hicimos tal‖ o de que ―ah yo no creía que eso era posible y sí se pudo y ella fue la que me dijo‖ y así. O hasta los malos de ―yo me acuerdo que el me gritaba y me dijo y por su culpa y se creía dueño de la colonia‖ y cosas así. Al final eso también es muy rico, ver que hay una historia en cada uno de ellos y tienen ese sentido de arraigo a la comuni- dad a pesar de que sean buenos o malos. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Así el protagonismo de los familiares más cercanos también es ampliamente reconocido. Aunque el actuar de Escamilla, Luz, Graciela y Enrique es digno de reconocimiento y admira- ción, es la participación de los familiares lo que hace que los jóvenes se sientan orgullosos de su comunidad. Además de estar presente en el espacio familiar y de ser un elemento de identi- dad con ese grupo, para la cooperativa como comunidad y movimiento era muy importante la divulgación de su historia para la creación de una identidad colectiva, como menciona René Coulomb: Los proyectos culturales de las organizaciones sociales jugaban, en este proceso de identificación de la organización social con el territorio, un papel muy relevante. Se proponían rescatar la historia del barrio o de la colonia, o del ―movimiento‖, cuando se trataba de un asentamiento nuevo; escribirla y difundirla. (Coulomb, 2018: 36) La primera generación sentó así las bases de la identidad de Palo Alto con su lucha que es la que valoran y respetan los jóvenes. Estas memorias comunitarias son además memorias fami- liares no muy lejanas en el tiempo que han permitido que los protagonistas sean quienes cuen- ten la historia y apuntalen los valores positivos como cooperación y lucha. No sucede así con los eventos de la disolución, el cual no generó valores identitarios fuertes y tampoco valores positivos, aunque sí tiene cierta relevancia, la cual reside en la defensa de la cooperativa: Sé que se puso fuerte el conflicto y creo que duró algo de tiempo […]. Yo nací en 96 entonces mi mamá me dice ―yo estaba embarazada contigo adentro‖. Y digo wow es difícil que las personas ten- gan que llegar a esos extremos de defender lo que les pertenece no importando si las mujeres están embarazadas o si hay niños. Eso es impactante. (I.B., 21 años, femenino, abril 2018) Aunque se dice que defendieron la cooperativa y eso es algo positivo, tuvo secuelas negati- vas en el espacio como un número considerable de casas abandonadas, y también tuvo secuelas sociales como la expulsión de familiares cercanos de la cooperativa. Para algunos de los jóve- nes más grandes esta situación fue vivida en sus infancias por lo que el recuerdo es vago y obliga a un proceso de investigación para conocer las condiciones de desarrollo del conflicto: Lo único que recuerdo fue nada más a mis padres platicar y decir que nos encerráramos en un cuarto porque las cosas se iban a poner difíciles. Como a los dos o tres días estaba con mi abuelita y estaba viendo la tele y salió un helicóptero que estaba sobrevolando y estaba captando las imágenes de los coches volteados y cosas así. Pero era más como la adrenalina como niño ¿no? Así como ―ah que pa- 120 dre una guerrita‖ […]. Se me hacía como algo que era problema pero era algo divertido lo veía como niño ―ah sí nos estamos defendiendo‖ […]. Ya con el tiempo te vas dando cuenta y dices híjole pues creo que hay mucho que saber y que no sé y que nos daría una mejor noción de lo que sucedió y por qué sucedió y por qué sucedió de esa forma. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Para otros la explicación es claramente atribuible al poder corruptor del dinero. Los hijos que no vivieron el proceso de organización no valoraron el trabajo de la cooperativa y alentaron ideas disidentes en muchos de los socios fundadores: Esos cuates no lo valoraron y se dejaron guiar y terminaron por corromperlos y al final de cuentas como era un grupo pequeño los demás resistieron y terminaron así desalojándolos de sus casas […]. Gente que se dejaron guiar por sus hijos porque si tú le preguntas a una gente mayor de los que se fueron sí volverían a regresar. Ellos volverían encantados pero los hijos ya no los dejan, ya son los hi- jos los que no quieren. Nuestros viejos lucharon por ello y aunque tú seas de otro bando tú me ayu- daste y no te puedo dejar a la deriva, si tú me ayudaste yo también te ayudo... en ese caso nuestros viejos porque nosotros pues ya crecimos con otra idea. Esa gente se dejó llevar por el dinero y otras por el sentimiento. Si tú le preguntas por el sentimiento que a cierta persona le produce estar aquí créeme que los que si pelearon por eso les va a doler y los que se fueron les dolió haberse ido. (D.C., 34 años, masculino, junio 2018) Para unos más la explicación es más compleja ya que no solo fue ambición por la venta de los terrenos sino también ambición de los socios que manejaban la administración de la coope- rativa por mantener sus posiciones de privilegio dentro de la cooperativa: Después vieron el dinero, el dinero lo corrompe todo: había tiendas, y todo lo desfalcaron, la tortille- ría todavía sigue, pero también la tabiquera vieron beneficio y se robaron el dinero. Cuando hubo ese show del otro grupo fue porque se decía que ellos querían cuentas, era una cooperativa entonces tenía que haber rendición de cuentas. Entonces ahí va el chisme, la explosión de calentar a la gente, ese güey te dijo eso, calientas, expulsas y luego investigas. Eso fue parte también de ese, no sé si com- plot, pero sí de expulsar a gente sin deberla ni temerla […]. En 1994 les daban 10 millones a cada uno de los que se separaban, entonces la gente se vio codiciosa y se dieron cuenta de quién era y hu- bo esa pelea de despojarlos de sus casas, de sacarla [...]. Yo iba en la secundaria, hubo una Asamblea General y dijeron que tenían que sacar a esas personas porque ya había un roce y se quitó el registro. Yo creo que fue lo que más dolió a la colonia, lo del registro de la primera cooperativa en Latinoamé- rica de vivienda, ese fue el coraje. (P.V., 35 años, masculino, junio 2018) Este episodio de la historia de Palo Alto cuenta con versiones que tienen pequeños detalles encontrados y que muchas veces responden al papel que las familias tuvieron en el enfrenta- miento o al parentesco que guardan con las familias expulsadas. También existe la convicción entre algunas personas de la generación de la Ruptura que algunas de las familias expulsadas no traicionaban los ideales cooperativos y algunas de las familias que viven en la colonia no com- parten esos ideales. Los resultados de este conflicto fueron múltiples y van desde el fin legal de la organización cooperativa, hasta problemas familiares presentes incluso entre familias que lograron permanecer en la cooperativa: Aquí la mayoría son familia entonces sí hubo personas que se fueron pero parte de sus familias se quedaron. Entonces yo pienso como familiar de alguien que se fue pues sí me siento triste o enojado 121 porque esa persona se fue y por así decirlo nos traicionó pero al mismo tiempo es mi familia. (I.B., 21 años, femenino, abril 2018) En la actualidad los problemas derivados del conflicto con los disidentes tienen un proceso jurídico muy largo y su resolución es complicada pero es uno de los problemas que también obligan a los socios a conversar y a mantener reuniones formales, informales o cotidianas. Para los jóvenes de hoy es un problema lejano porque no vivieron el conflicto o porque sus padres asumen la responsabilidad de las reuniones. Sin embargo, sí reconocen su importancia y algu- nos consideran que es necesaria la reconciliación o al menos la apertura al diálogo con los disi- dentes para saber más de cómo sucedió: Sería bueno escuchar algún día la otra parte de la historia porque ahorita estamos escuchando la parte histórica de la comunidad, pero estaría bien escuchar a los que se fueron […] Saber qué sucedió por- que en su momento. Yo creo que hubo cosas malas aquí y quizás por eso ellos se quisieron salir, o a lo mejor ellos mismos crearon telarañas y de repente se equivocaron en sus decisiones. Sería bueno tener conocimiento de las dos partes no cerrarte y decir nosotros somos los buenos y para allá afuera son los malos ¿no? Quiero conocer, saber, yo como joven sé que eres el malo, pero no conozco real- mente lo que sucedió. Tal vez si en algún momento jóvenes de la disidencia quisieran platicar eso, se- ría como muy padre, sería muy rico. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Esta actitud de investigación sobre su pasado los coloca en una posición ajena conforme aumenta su conocimiento y reconocen su distancia respecto a la primera y la segunda genera- ción. Esta diferencia se hace más plausible al reconocer que sus condiciones de vida muy dife- rentes a aquellas que conocen de las narraciones de los abuelos y padres. A esto se refiere Alain Touraine con el fortalecimiento del Sujeto sobre la identidad comunitaria que se abordó en el primer capítulo. Los jóvenes de Palo Alto han ido encontrando su propia singularidad conforme reconocen su entorno y se reconocen como personas (Sujetos en términos de Touraine) a pesar de una fuerte cultura identitaria que puede posarse pesadamente sobre sus aspiraciones indivi- duales. Los primeros años de mi vida lloraba porque como había sido reciente todo los abuelitos que ahorita ya muchos murieron […] hacían las fiestas muy granes, se invitaban a personas de movimientos que en ese momento también estaban más activos. Entonces era como mucho sentimiento de permanencia y llorar de que los abuelos habían vivido en las cuevas en casitas de cartón. Hasta ponen luego la canción de ―Qué triste se oye la lluvia‖ y todos lloran con esa canción. Entonces antes era esa parte de llorar mucho como que era sentimiento de todos de que ―ahh por fin tenemos una casa‖. Luego tu- ve un periodo de que ―espera, esto está raro, ni siquiera yo vivo en una casa de cartón‖. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) Esta diferencia se hace evidente en la forma en que el trabajo se concibió y se concibe ac- tualmente, en particular el discurso de la primera generación, de su movimiento como lucha o de la segunda generación como defensa: Yo cuando me dices ―lucha de socios fundadores‖ recuerdo a mi tía Lupita que ya murió sí y llega- mos a vivir y no nos sacaron y estaban los granaderos y bla, bla, bla. Pero no, yo cuando hablan de eso pienso en mi abuelita Lupita, ni siquiera pienso mucho en mis papas […]. Entonces así que yo 122 diga ―ah sí yo defendí la colonia y eso y porque estuve allí sin dormir‖ y cosas así extremas y porque ―yo construí una casa y porque estuve luchando‖ pues no me identifico con esa palabra. Quizás ac- tualmente sí esté la palabra de luchador social y quizás ahí sí me identifique, pero la verdad es que tampoco me identifico con luchar o ayudar al otro porque yo pienso que por ahí no va la situación. Es más bien que tú tienes una inquietud un proyecto y si te gusta lo armas y si gusta a más personas lo arman eso puede impactar a más gente porque quizás les guste pero ya no en esta onda de luchar o también de ―ay te voy a ayudar en esto o lo otro‖, desde mi punto de vista es cooperar o armar algo para que todos estemos bien en conjunto. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) Aunque parezca contradictorio este mismo reconocimiento de las diferencias entre pasado y presente también produce en muchos jóvenes una cercanía con esas generaciones de las que se diferencian al reconocerse como partes distintas de un mismo proceso. Para algunos es evidente que sus condiciones fueron producto del esfuerzo de sus abuelos y de sus padres pero sus lo- gros sirven de motivación para buscar logros propios: Alguna vez mi papá me decía si yo no pude estudiar después de la secundaria pues tú sí estudia más. Eso a mí me daba como ese empujón de decir igual que estaría padre ir a lo siguiente y para ir a lo si- guiente necesitas referentes. Al ver tu historia te das cuenta que esos referentes existen y que si con- trastamos lo de ahorita a cómo empezó en 1935 pues avanzamos demasiado. Es un logro que yo creo que a muchas personas nos hubiera gustado tener […]. Es cuando te das cuenta del valor que tiene y eso te hace sentir bien porque te da tanto el sentido de pertenencia como saber que hay personas que ya lo hicieron. A lo mejor lo hicieron a su alcance y un alcance que nosotros lo vemos porque ya su- cedió pero antes que sucediera yo creo que muchos hubieran dicho lo mismo ―estás loco eso no va a suceder‖ y cuando hicieron que sucediera pues ―ya viste, sí se puede‖. Todos hemos subido escalones y hemos subido escalones gracias al que esta atrás, al que nos empujó para que hiciéramos lo siguien- te y lo siguiente. Ahora por lo que hice me tocó empujar al otro y el otro apenas va a salir no sé va a ser algo así y poco a poco estamos subiendo y yo creo que es lo que ha funcionado en esta comuni- dad. Por eso digo que el valor es más comunitario todos estamos haciendo parte de este trabajo y so- mos parte de lo que somos ahorita tanto de lo bueno y de lo malo. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) En este sentido es importante una de las preguntas de la encuesta en que se pidió que res- pondieran a una serie de afirmaciones sobre la cooperativa. Una de esas afirmaciones decía ―Me siento parte de la historia de Palo Alto‖. Como podemos observar en la Tabla 17 la gene- ración de Fundadores y de Ruptura se sienten ampliamente parte de su historia porque son pro- tagonistas de las historias que les han contado a los jóvenes. Sin embargo, estos jóvenes contemporáneos que no han protagonizado esas memorias no se sienten del todo ajeno a ellas. El 58.3% afirmó sentirse de acuerdo con la afirmación, es decir, el pasado de la cooperativa no les es ajeno y se sienten participes de él gracias a las memorias que les han sido transmitidas por sus padres y abuelos. En este sentido los jóvenes además de desarrollar un sentido de pertenencia, una identidad y de realizar labores de indagación sobre su pasado también son conscientes de la utilidad de las memorias de la cooperativa para generar cosas positivas como autoestima, motivación e incluso participación al valorar el trabajo de los padres y abuelos. Muchos jóvenes que comparten ese 123 mismo pasado no viven actualmente en la cooperativa, aunque lo visiten constantemente para visitar a sus familiares: Pues no vivo aquí, pero desde muy pequeña me trajeron, mi mamá sí creció y nació aquí y mi abueli- ta me contaba. Cuando estaba muy chiquita no me daba cuenta de la riqueza cultural que había en la cooperativa, pero cuando fui creciendo y fui adquiriendo conocimiento me di cuenta que había tradi- ciones que eran propias de la cooperativa y que había mucho folclor y que había una historia que re- presentaba resistencia en contra de los corporativos. Entonces creo que es un tema para estudiar y para compartir y difundir porque hay pocos espacios como estos y sobre todo en la ciudad y creo que pues básicamente me interesó la historia de la cooperativa por eso y también por el mural que hay en la tortillería porque de chiquita me gustaba. (K.H., 19 años, femenino, junio 2018) Tabla 17. Autopercepción de formar parte de la historia de Palo Alto por generación Me siento parte de la historia de Palo Generaciones Total Alto Fundadores Ruptura Jóvenes 3 4 2 9 No sabe / No contestó 10.3% 8.0% 5.6% 7.8% De Acuerdo 25 39 21 85 86.2% 78.0% 58.3% 73.9% Ligeramente desacuerdo 0 3 6 9 0.0% 6.0% 16.7% 7.8% Desacuerdo 1 4 7 12 3.4% 8.0% 19.4% 10.4% 29 50 36 115 Total 100% 100% 100% 100% Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. El reconocimiento de la participación familiar en el proceso de formación de la coopera- tiva es un elemento que hace valorar a los jóvenes las memorias de sus abuelos. Además, esta valoración positiva del pasado no está limitadas al espacio social de la cooperativa. Algunos jóvenes reconocen la importancia que tiene la cooperativa para otros individuos y grupos sociales. Tal vez es un poco contradictorio porque yo no sé muchísimo pero sí, creo que es importante porque uno tiene que saber pues eso, sus raíces tienen que saber de dónde viene o como tienen lo que tienen. Aunque como ya dije yo no pasé por todas las peripecias que se vivieron, pero pues sí el saberlas me hace valorarlo, lo que ahorita veo y pues sí creo que es importante que sepamos nuestra historia […] Tanto para nosotros como para cualquier persona que desee informarse. A nosotros nos da como re- conocimiento más allá de nuestro lugar y para aquellas personas podría ser inspirador de que pues sí se puede mientras se quiera obtener algo. (I.B., 21 años, femenino, abril 2018) A partir del recorrido que hemos hecho por los testimonios de los jóvenes contemporáneos podemos reconocer que en general falta un conocimiento de algunos de los detalles de la histo- ria de Palo Alto. Muchos no conocen algunos de los personajes y menos las condiciones en las que los sacerdotes o las trabajadoras sociales o los arquitectos llegaron a colaborar con su pro- 124 yecto comunitario. Esto no debe ser interpretado como desinterés por su historia ya que el inte- rés existe y es muy fuerte, pero está centrado en el esfuerzo de sus abuelos y padres. Para los jóvenes sus familias son las auténticas protagonistas y valoran que el trabajo en equipo de sus abuelos les permitió gozar de mejores condiciones de vida. También se reconoce que es impor- tante para la comunidad como para personas externas que pueden encontrar en su historia moti- vación y modelos para personas y grupos similares. Otro de los elementos importantes es que conforme el entorno y los problemas se transfor- man los jóvenes adquieren conciencia de su valor como personas y reconocen así sus diferen- cias respecto a los mayores. Nuevamente esto no puede interpretarse como un rechazo a la memoria y a la identidad comunitaria, porque incluso se sienten integrados a esa historia por su cercanía familiar y por la motivación que les brinda a muchos de ellos. Los jóvenes reconocen que viven en su propio espacio y tiempo, pero hay un sentido fuerte de pertenencia a esas me- morias. La identificación de las diferencias los ha colocado ineludiblemente en un proceso de inda- gación sobre más detalles del pasado y ha derivado también en una crítica que puede tomar dimensiones mayores. Particularmente el conflicto con los disidentes ha derivado en una serie de problemas para los cuales aún no hay solución y que les ha impedido actuar de forma eficaz frente a nuevos problemas. Es por eso que el pasado también es mirado con recelo por las deci- siones tomadas, pero también se ha convertido en un pasado dorado, perdido e incluso las me- morias que les han sido transmitidas parecen de una grandeza tal que parece imposible igualarlas: Alguna vez alguien nos decía, cuando hicimos el video, sería bueno que fueran y expusieran la histo- ria de la cooperativa Palo Alto. Está padre, pero también es triste saber que les voy a llevar una histo- ria de vida muy bonita, pero también que en el presente no está tan bien. Es como mentir de alguna forma porque es como decirles qué creen sí se puede, pero qué creen que no podemos nosotros o sea dices no manches o sea ¿se puede o no se puede? Entonces son esos sentimientos encontrados donde dices se pudo antes, pero parece que ahorita no estamos pudiendo. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Como toda memoria, la de la cooperativa Palo Alto es selectiva, se reproducen aquellos epi- sodios que denotan valores deseables para la comunidad. Pero en esa selección se olvidan tam- bién otros aspectos que intencionalmente quieren ser omitidos por diversos motivos. Tal es el caso del conflicto con los disientes que no se encuentra representado en los murales, en los do- cumentales ni en las fichas técnicas que abordan Palo Alto como caso de producción social del hábitat. Dentro de la comunidad la división y pleitos entre familias, el paisaje salpicado de ca- sas abandonadas y los terrenos de reserva ocupados para fines diversos hacen evidente que las memorias de la cooperativa no son tan doradas como se piensa y sus problemas se le atribuyen a decisiones e ideales tomados en el pasado, un pasado que no parece compatible con el presen- te: 125 Es como no conocer todo, es como decirte nada más conóceme el lado bueno, no conoces mi lado feo, no conoces qué soy o qué voy a hacer o qué hice, tienes que conocer otros puntos de vista y ya sabrá la gente qué es en realidad. Es lo que te digo, todos te hablan del romanticismo de ―ah sufrie- ron‖ ah sí ¿y los problemas que se quedaron, para dónde crecimos entonces? Claro, hicieron un buen trabajo, pero hay que cambiar todo. Ya hay un cambio de ideas, las mismas prioridades que tenía en 1960 o 1950 al 2018 ya cambió, es abismal todo el cambio, es todo un cambio, necesitamos cambiar nosotros, necesitamos crecer como cooperativa, necesitamos crecer, a eso me refiero a una evolución que necesitamos. Sirve que crearan la cooperativa, hicieron el tejido social que ha durado, lo demás para mí ya no funciona. (P.V., 35 años, masculino, junio 2018) Los niños que en la época de la disidencia vivían ―preguntando a sus abuelos y abuelas, a sus papás y a los vecinos por qué somos cooperativa y tienen la confusión de las cooperativas escolares. Siempre preguntan cuándo hay algún aniversario y siempre están dispuestos a parti- cipar en todos los eventos o festividades de la cooperativa‖ (Cabrera, 1998: 62). Los mismos niños se posicionan actualmente frente a un pasado anecdótico en el que las memorias que les fueron transmitidas por los ancianos sirven de identidad y motivación pero también se colocan frente a un pasado que originó características de la cooperativa con las que ya no se identifican o ya no están de acuerdo. A pesar de ello forman parte de su historia y de su comunidad, ¿es esto motivo suficiente para participar en su comunidad? El Derecho a la Ciudad En la actualidad el desarrollo democrático no se expresa solamente en la exigencia por el cubrimiento de necesidades puntuales como el derecho a la vivienda o el a los servicios bási- cos. El debate democrático actual está enfocado en la participación en los procesos de toma de decisiones que gobiernan esta ciudad, desde la planeación, ejecución y evaluación de las políti- cas públicas a formas de democracia representativas más amplias y formas de participación directa más variadas. Existen incluso algunos primeros intentos de planeación participativa en el país (Sánchez-Mejorada, 2010). Este debate democrático toma como bandera nuevas genera- ciones de derechos humanos que se encuentran en la base de la política, esta lucha por nuevos derechos no está exenta de crítica, como David Harvey menciona: Vivimos en una época en la que los derechos humanos se han situado en primer plano como modelo político y ético. Se dedica mucha energía a su promoción, protección y articulación como pilares para la construcción de un mundo mejor, pero acostumbran a formular en términos individualistas y basa- dos en la propiedad, y como tales no cuestionan la lógica de mercado liberal y neoliberal hegemónica ni los tipos liberales de legalidad y de acción estatal. Después de todo, vivimos en un mundo en el que la propiedad privada y la tasa de ganancia prevalecen sobre todos los demás derechos en los que uno pueda pensar; pero hay ocasiones en las que el ideal de los derechos humanos adopta un aspecto colectivo. (Harvey, 2012, 19) El debate sobre los derechos colectivos y la pertinencia de la participación ciudadana en las decisiones de gobierno está abierto. Pero la concepción colectiva de los derechos es algo cada vez más común en el espacio público, tal es el caso del llamado Derecho a la Ciudad, el cual 126 podría resumirse como un derecho colectivo que aglutina otros derechos que aseguran el acceso a la toma de decisiones que transforman el espacio, nuestra ciudad, nuestros barrios. El Dere- cho a la Ciudad comenzó a articularse en los importantes trabajos pioneros del sociólogo fran- cés Henri Lefebvre en la década de 1960 y su desarrollo ha continuado hasta el punto de ser reconocido por gobiernos nacionales y organismos internacionales en sus programas de go- bierno y en concilios internacionales. En 2004 diversas organizaciones civiles firmaron en el Foro Social Mundial en Porto Ale- gre la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad. Este documento buscaba orientar los esfuer- zos que organizaciones y gobiernos tendrían que hacer para procurar el derecho a la ciudad impulsando mecanismos de gobernanza democrática, participación ciudadana y producción social del hábitat dentro de sus contenidos fundamentales. Seis años más tarde organizaciones civiles mexicanas y el Jefe de Gobierno Marcelo Ebrad firmaron la Carta de la Ciudad de Mé- xico por el Derecho a la Ciudad. En sintonía con la Carta Mundial, reconoce la necesidad de la participación ciudadana en todos los espacios de formulación, implementación, seguimiento y evaluación de las políticas públicas y de la planeación urbana. Considera necesario generar y fortalecer la construcción de ciudadanía desde edades tempranas y promover la participación ciudadana desde una perspectiva educativa, en espacios formales y no formales (Art. 3.5.3) y fomentar el diálogo entre generaciones, como fórmula de convivencia y como búsqueda de proyectos comunes entre personas de diferentes edades (Art. 3.9.6) que permitan generar una nueva cultura participativa. Incluso los compromisos internacionales más recientes firmados por México abordan el De- recho a la Ciudad como uno de sus componentes esenciales. En la Nueva Agenda Urbana (NAU), derivada de la última Conferencia sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible Hábitat III celebrada en Quito en 2016 se reconocen expresiones esenciales del Derecho a la Ciudad. Reconoce la importancia de la participación ciudadana, la diversidad cultural como elemento de desarrollo sostenible y busca promover soluciones cooperativas de tenencia colec- tiva. El Derecho a la Ciudad ha sido incluso integrado a la nueva Constitución Política de la Ciu- dad de México en su artículo 12. La Constitución de la Ciudad reconoce también el derecho a la ciudad de las personas jóvenes, las cuáles ―son titulares de derechos y tendrán la protección de la ley para participar en la vida pública y en la planeación y desarrollo de la Ciudad. Las autoridades adoptarán medidas para garantizar el pleno ejercicio de sus derechos, en particular a la identidad individual y colectiva, al libre desarrollo de su personalidad, a la autonomía, in- dependencia y emancipación‖ (art. 11) Una propuesta interesante de esta Constitución es su definición de ciudadanía como ―un vínculo existente entre las personas y la comunidad a la que pertenecen‖ (Art. 24). Incluso los deberes de los ciudadanos contemplan también la participa- ción en la vida política, cívica y comunitaria y la promoción de valores comunitarios (Art. 23). Esta perspectiva ―baja‖ la participación democrática a un plano cotidiano que se encuentra pre- sente en espacios como la escuela, la colonia y en grupos como los amigos, la familia o el tra- 127 bajo, espacios donde se realizan actividades cotidianas que requieren de habilidades de escu- cha, respeto y toma de decisiones. Esta perspectiva es sustentada en los estudios sobre capacidades ciudadanas, definidas co- mo ―el conjunto de capacidades y habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas — integradas— relacionadas con conocimientos básicos (contenidos, procedimientos, mecanis- mos) que orientan moral y políticamente nuestra acción ciudadana‖ (Ruiz Silva y Chaux, 2005: 32). Desde esta perspectiva el ejercicio ciudadano va más allá de la arena pública y se inserta al ámbito comunitario y familiar y en ámbitos cotidianos como la escuela. La formación ciudada- na comienza en el niño mediante el desarrollo de capacidades que permitan el dialogo, la toma de acuerdos y la tolerancia a la diversidad desde espacios cotidianos, idealmente la escuela, su colonia y su casa. Esto es importante para el desarrollo de la cooperativa pues esta es idealmente una ―escuela de vida‖ (Cabrera, 1998: 11) e impacta en la forma en que los sujetos involucrados se perciben a ellos mismos y a los otros, parte fundamental de la idea de liberación de Freire que ha sido comentada. Por eso la formación cooperativa es tan importante en este aspecto ya que ―para llevar a cabo una acción ciudadana es importante tener dominio sobre ciertos conocimientos, haber desarrollado ciertas competencias básicas y estar en un ambiente que favorezca la puesta en práctica de estas competencias‖ (Ruiz Silva y Chaux, 2005: 32). También es importante para el Derecho a la Ciudad en tanto que en ―las competencias ciu- dadanas se evidencian en la práctica, en el ejercicio de la ciudadanía. La acción ciudadana (ejercida de manera autónoma y no por imposición de otros) es el objetivo fundamental de la formación ciudadana‖ (Ruiz Silva y Chaux, 2005: 32). Desde esta perspectiva el desarrollo de actividades cooperativas podría abonar a la formación de ciudadanos interesados en la toma de decisiones sobre su ciudad y aplicando ―esa cotidianidad su verdadero sentido democrático y su consecuencia con las metas de comportamiento ciudadano esperadas‖ (Murillo y Castañeda, 2007 :14). El Derecho a la ciudad es así un compromiso abordado por los ciudadanos y los gobiernos que idealmente es: mucho más que el derecho de acceso individual o colectivo a los recursos que esa almacena o prote- ge; es un derecho a cambiar y reinventar la ciudad de acuerdo con nuestros deseos. Es, además, un derecho más colectivo que individual, ya que la reinvención de la ciudad depende inevitablemente del ejercicio de un poder colectivo sobre el proceso de urbanización. La libertad para hacer y rehacernos a nosotros mismos y a nuestras ciudades es uno de los más preciosos, pero más descuidados de nues- tros derechos humanos. (Harvey, 2013: 20) Como podemos observar el Derecho a la ciudad plantea un nuevo ejercicio democrático que se ha construido a lo largo de una larga trayectoria en términos de buenas intenciones y firma de compromisos internacionales, nacionales y locales. Incluso en El Derecho a la Ciudad en la Constitución de la Ciudad de México. Una propuesta de interpretación del Instituto de Investi- gaciones Parlamentarias de la ALDF publicada en diciembre de 2017 se plantea que el Dere- 128 chos a la Ciudad comparte la crítica a la perspectiva individualista de habitar la Ciudad. Esta postura se encuentra, según sus autores, en tres puntos: 1) La crítica a la concepción liberal de propiedad y la relevancia del rescate de la función social del suelo. 2) La gestión urbana como construcción colectiva para el uso y usufructo de todos los habitantes de la ciudad. 3) Y el rescate del ideal de fraternidad. El primer punto está vinculado al caso de Palo Alto por la propiedad colectiva de la colonia a nombre de la cooperativa, los habitantes solo tienen tenencia de sus casas mediante el socio, jefe de familia, que posee una parte social de la cooperativa, no así su casa. En el caso del pun- to dos, la gestión de la colonia también está estrechamente ligada a la organización cooperativa, esta vez relacionada con la Asamblea de socios donde cada uno de ellos tiene un voto y voz en la discusión de los problemas que más aquejan a la comunidad. La novedad de este estudio parlamentario reside en el tercer aspecto, la idea de fraternidad para el Derecho a la Ciudad. La idea de fraternidad se rescata como dimensión afectiva no jurídica que se acerca a iden- tidad ya que la mueve aquello que nos une y nos separa. La fraternidad está en constante ten- sión con el individualismo, el privilegio de los derechos de libertad e igualdad han relegado el derecho a la fraternidad que tiene un vínculo social incompatible con la sociedad individualista. La fraternidad tiene una dimensión afectiva y una carga personal que la hace cercana a las rela- ciones afectivas no políticas (Anduaga, 2017: 24-25). Pero al igual que la identidad, la fraterni- dad es una condición de las relaciones personales que permiten el ejercicio político. La dimensión utópica del Derecho a la Ciudad, evidenciado por el concepto de fraternidad ha sido uno de sus principales atractivos pero también de sus retos mayores. Como señala Víc- tor Delgadillo la ambigüedad que encarna el Derecho a la Ciudad ha derivado en la apropiación discursiva de dicha reivindicación por las autoridades para domesticarlo y anular las exigencias, particularmente democráticas, que enarbola. Lo que ha derivado en la firma de diversos conve- nios y cartas en que las autoridades capitalinas reconocen el Derecho a la Ciudad pero que no se ha reflejado en su respeto y ejercicio (Delgadillo, 2012: 122). Por el contrario, ha servido para ofrecer una ciudad más ―humana y ambiental‖ en el discurso pero inmersa igualmente en el mundo del capitalismo, es decir en la prevalencia de decisiones económicas para asegurar la ganancia sobre decisiones sociales que buscarían asegurar el bienestar. Delgadillo identifica dos posiciones de interpretación del Derecho a la ciudad en la Ciudad de México: la legista y la utópica. Por un lado, la legista ve en la firma de la CCMDC un avance para exigir jurídicamen- te el cumplimiento del derecho. Por el otro lado la utópica ve en dicha Carta una aspiración y un instrumento de lucha (Delgadillo, 2012: 123). Como se mencionó la evolución de las demandas en los MUP derivó en la elaboración de demandas democráticas y posteriormente en reconocimiento jurídico del Derecho a la Ciudad. Sin embargo, según Delgadillo, este logro también ha servido como obstáculo para la autocríti- ca y en la aceptación de un ejercicio parcial del Derecho a la Ciudad que culmina siento una lista de buenos deseos. El MUP no suele reclamar el cumplimiento de derechos pues ve en el gobierno capitalino de ―izquierda‖ un logro propio, por lo que criticarlo sería criticar a antiguos 129 miembros del MUP o representa el riesgo a desacreditar las acciones que llevaron a la elección de un gobierno de ―izquierda‖ o incluso podría significar hacerle el juego a la ―derecha‖ (Del- gadillo, 2012: 134). Al mismo tiempo se ha abierto una nueva perspectiva a nuevos movimien- tos que han desarrollado estrategias y planteamientos diferentes en el cual el Derecho a la Ciudad es piedra angular de su articulación. Para el ejercicio democrático del Derecho a la ciudad es necesario el respeto a la diversidad especialmente de las personas más vulnerables como los jóvenes. También se reconoce en va- rios de estos documentos a la ciudad como una construcción histórica por lo que la herencia, el patrimonio y la memoria de la ciudad (física y cultural) es necesaria para la participación. En ese último sentido parte de la diversidad se asegura mediante la convivencia entre jóvenes y ancianos que puede ser enriquecida mediante el diálogo y la transmisión ese patrimonio como la memoria y la herencia histórica y comunitaria. Los jóvenes en Palo Alto son en principio una población vulnerable que convive con otras generaciones con experiencias muy distintas respecto a sus intereses y a sus formas de partici- par, han aprehendido una serie de referentes patrimoniales de su comunidad que ha desarrolla- do arraigo con su grupo y su territorio pero también se reconocen por su diferencia respecto a esos ideales heredados. A pesar de su interés por su comunidad carecen de ese sentido jurídico de participación e integración a la organización cooperativa o al espacio creado de discusión pública que es la Asamblea de socios. Para estos jóvenes no existe el referente directo del De- recho a la Ciudad, pero a pesar de ello muchos están inconformes por su imposibilidad de parti- cipar a la par que los socios. Visto desde esta perspectiva, ¿ha sido restringido su derecho a la ciudad?, ¿sus intentos por participar quedarán en una buena intención como muchos de los me- canismos que protegen el Derecho a la ciudad? La participación de los jóvenes ¿En qué pensamos cuando hablamos de participación juvenil en la Cooperativa Palo Alto?, ¿qué compromiso se espera de los jóvenes con la cooperativa?, ¿cuáles son sus estrategias?, ¿cuáles sus intereses? Como se mencionó en el primer capítulo la participación es resultado del devenir histórico de la sociedad, en muchos sentidos es una práctica cultural y no siempre se da en el marco de un grupo organizado. Diversos autores han identificado niveles de participación, que van de una participación simbólica a una iniciativa. Han identificado también varios moti- vos por los cuales la gente participa, los cuales pueden ir de un beneficio directo a sus condi- ciones materiales de vida hasta ganancias simbólicas en su autoestima o en su integración a un grupo. La primera generación participó en una cooperativa bajo un contexto de un Estado vertical y mediante procesos autogestivos buscaron satisfacer su derecho a la vivienda. La segunda ge- neración vivió una época en que las condiciones de desarrollo democrático debilitaron las orga- nizaciones populares como Palo Alto y participaron en la continuidad de ese proyecto. La generación actual vive en condiciones políticas diferentes, pero forman parte de un mismo 130 desarrollo democrático cuya novedad es el Derecho a la Ciudad, gracias al cual, por el hecho de habitar ese espacio y pertenecer a él, les permite tener voz y voto en las decisiones que lo trans- forman. ¿Cómo participan los jóvenes en su comunidad? Tabla 18. Percepción sobre la participación de los jóvenes por generación ¿Los jóvenes de la cooperativa son Generaciones Total participativos? Fundadores Ruptura Jóvenes 5 7 8 20 De Acuerdo 17.2% 14.0% 22.2% 17.4% 10 23 18 51 Ligeramente desacuerdo 34.5% 46.0% 50.0% 44.3% 13 18 10 41 Desacuerdo 44.8% 36.0% 27.8% 35.7% 1 2 0 3 No contestó 3.4% 4.0% 0.0% 2.6% 29 50 36 115 Total 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. La encuesta que se realizó en la comunidad nos puede acercar a diversos aspectos de la par- ticipación de los jóvenes. En primer lugar, los jóvenes son percibidos en general como poco participativos. Globalmente el 35.7% considera que los jóvenes son poco participativos, sólo 17.4% considera que sí participan. Si observamos las diferencias generacionales la mayoría de los socios fundadores (44.8%) considera que los jóvenes no participan, mientras que en la se- gunda generación la mayoría (46%) los considera participativos con alguna reserva. Esto mismo sucede con la percepción de los jóvenes sobre sí mismos, el 27.8% considera que no lo son en absoluto, mientras el grueso (50%) se considera participativo con alguna re- serva. Globalmente la opción ―Ligeramente desacuerdo‖ también contiene la mayoría con 44.3%, esta es una respuesta que merece una exploración más profunda del tipo de participa- ción que ejercen los jóvenes. A decir de algunos jóvenes, preguntar por la participación de los jóvenes en conjunto pro- duce reacciones negativas: Cuando te ven como joven es como de ―todos los jóvenes, todos son malos, todos no trabajan‖. Cuando ya lo ven individual dicen ―ah bueno el muchacho tal trabajó o la muchacha tal ha hecho co- sas siempre ha hecho cosas‖. Entonces lo valoran muy individualmente. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Algunos jóvenes opinan que efectivamente en general son apáticos y no se interesan por los asuntos de una colonia que les proporciona beneficios: Sí, la mayoría lo somos, a veces porque es como te digo muchos dicen como que ―ah no me corres- ponde ahorita porque mis papás son los que están yendo a las juntas o mis papás son los encargados‖ o ―¿yo por qué? si yo estoy yendo a la escuela o estoy trabajando‖ […] Pero cuando viene el benefi- 131 cio tú te beneficias porque tú también eres el hijo, deberíamos ser más conscientes de que somos par- te de, así como yo me considero parte de. (I.B., 21 años, femenino, abril 2018) También existe la percepción de que los jóvenes tienen algún interés por participar, pero no siempre tienen la mejor forma de hacerlo ni consideran que la participación deba de repercutir al conjunto: Ha faltado darse cuenta que hay cosas muy simples, muy sencillas, que se podrían hacer y dejar algo significativo para la comunidad. Lamentablemente como jóvenes no hemos encontrado esos caminos y a veces esos caminos han sido los más simples. Tenemos ganas de hacer un torneo sí pero bueno el torneo es más para ti no para la comunidad, por qué no hacer algo que beneficie a la comunidad y a veces como joven no quieres hacerlo. Yo lo veo con mis compañeros ―¿yo que voy a estar recogiendo [basura]?, que recojan los que la tiran‖. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Otros más consideran que los jóvenes tienen ganas de participar de forma más propositiva, pero no tienen la oportunidad de hacerlo directamente ni sus palabras son siempre bienvenidas por el grupo de socios que controlan la Asamblea de la cooperativa. Sus aportaciones solo son bienvenidas mediante un socio intermediario que tenga presencia: Pues es que los jóvenes quieren participar pero no, pues no les dan viada. Yo siento que no les dan la pauta para que ellos aporten. A parte como te digo la cooperativa es muy cerrada, si tú como joven tienes unas ideas pero eres nieto entonces primero le debes compartir a tu abuelo tus ideas y que te diga ah no pues a toda madre vamos porque te voy a ceder los derechos para que participes pero no vas a poder hacerlo tampoco si no estás en ese círculo de los que más mueven aquí. (D.C., 34 años, masculino, junio 2018) Esta percepción de la cerrazón del grupo de socios de la Asamblea no fue percibida única- mente por los jóvenes de esta generación. Los jóvenes de la segunda generación experimenta- ron profundamente la marginación del grupo de socios. Existe entre algunos adultos de esa generación el recuerdo de que no se les permitía su participación, e incluso algunos socios les llamaban ―asoleados‖ a los jóvenes que aparentemente no participaban y sólo iban a tomar el sol. Algunos jóvenes contemporáneos son conscientes de los estigmas que pesaban sobre sus padres en su juventud y aunque hoy hay mayor apertura a la participación juvenil que en años pasados, la diferencia entre las generaciones y entre los estatus de socio y no socio se perciben aún como obstáculos a la participación juvenil: Cuando no tenemos la capacidad de comprender las cosas, a veces la respuesta es la represión. Es como si no te entiendo tus ideas y siento que estás mal te voy a reprimir porque tú estás mal. A veces necesitamos tener esa madurez de saber que no puedes hacer eso, no puedes reprimir a las personas, y creo que eso sucedió mucho. A lo mejor por su poca visión los socios reprimían a los jóvenes porque no los entendían. ―Tú me quieres cambiar mi idea por eso cállate y tú no eres socio‖. Entonces yo creo que ahí entró también la parte del miedo, del miedo a lo diferente, del miedo a lo mejor a esta parte de las jerarquías, yo soy el que sé, tú no sabes nada. No sé, ahí influyeron muchas cosas. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Como podemos observar en estos testimonios, aparentemente los jóvenes no tienen una par- ticipación efectiva por diversos motivos: no les interesa, no saben cómo o no cuentan con los 132 canales para hacerlo. ¿Cómo podemos analizar las diversas formas de participar de los jóvenes y cómo se relacionan con la cooperativa? Hay tres aspectos fundamentales sobre la participa- ción de los jóvenes que debemos profundizar, la primera es en dónde se participa que se refiere al espacio social y político, la otra es cómo se participa que tiene que ver con los canales pro- pios de la participación y finalmente con qué, es decir las acciones que se ejercen y consideran como participación. Espacios de participación Para unos jóvenes es claro que están al margen de la participación en la cooperativa en tanto no cuentan con el estatus de socio, mientras que para otros su participación es efectiva en tanto participan en los eventos de la comunidad. Si los jóvenes no han tenido gran oportunidad de participar en la cooperativa, entonces ¿dónde han tenido espacios más o menos efectivos de participación? Algunos espacios han sido desarrollados al margen de la cooperativa como or- ganización y se acercan más al espacio comunitario como la Iglesia: Alguna vez hicimos algo con un grupo de la Iglesia y fue muy padre porque yo la verdad no creí que iba a tener ese impacto. Bueno se formó un grupo de jóvenes de la iglesia, en ese momento buscamos una forma de repercutir en la comunidad y salió una idea de que pues hiciéramos cosas de predicar con el ejemplo entonces empezamos con lo de la basura. En ese momento fue muy padre. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Incluso se han podido formar grupos espontáneos de jóvenes que han hecho proyecto con tecnologías digitales: Llegó un momento en que me interesó poder juntarme o apoyar a personas que tenían que hacer algo aquí porque sabía que si entre más personas podíamos aportar algo a la comunidad iba a tener un ma- yor impacto. Y fue lo que hice, encontré de repente que alguien estaba haciendo una fan page, una página de Facebook para la comunidad y pues sabía que yo tenía esta parte de la imagen y yo decía oye vamos a jalarle y dijo sí vente, en ese momento era la apertura para trabajar en la comunidad me junté con ese grupo, estuve con ellos un buen rato e hicieron cosas buenas. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Ambos casos, aunque se generaron al margen de la cooperativa fueron después integrados y se presentaron resultados ante los socios que le dieron continuidad a algunos de los proyectos. Sin embargo, esto no ha sido regla y ha generado confrontación en algunos casos ya que algu- nos jóvenes consideran que no se les permite formar sus propios grupos: ―Cuando se arma un grupo por fuera se le acusa de ser insubordinado, qué quieres hacer de la colonia, ya eres sepa- ratista, ya quieres vender, ya perteneces del lado de las escrituras‖ (P.V., 35 años, masculino, junio 2018). Sobre esta misma percepción también se dice que: Desafortunadamente no se puede hacer eso porque si la gente se entera que la gente está haciendo una cooperativa aparte de esta lo toman a mal. Aunque sea una cooperativa de cultura o no la gente aquí lo toma mal porque siente que lo estás traicionando de alguna u otra forma porque ya no quieres estar con ellos, porque quieres un bien propio. (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018) 133 A decir de una de las jóvenes este sentimiento de confrontación con la cooperativa está re- lacionado con un sentimiento de hastío, con una franca pérdida de prestigio de la cooperativa como espacio de organización y al tedio que puede producir en algunos el realizar actividades al cobijo de la cooperativa: Se dice la cooperativa está organizando tal y que un chico escuche la cooperativa está organizando es ―ah entonces no‖ y si dicen ―ah fulanito de tal‖ o sea sin decir por parte de la cooperativa se está or- ganizando tal actividad o tal viaje o tal convivencia entonces ahí sí ―¿dónde me apunto?‖ y eso me conflictúa porque digo qué onda, sí vives aquí pero no y sí quieres hacer la actividad pero como es por parte de la cooperativa entonces no, eso no está bien. (I.B., 21 años, femenino, abril 2018) De esta forma el espacio en el cual se desenvuelve su participación ejerce influencia en sus estrategias y en su motivación para participar. La cooperativa, como grupo, representa un espa- cio cerrado y un espacio más adultocéntrico que juvenil y como tal se espera que su participa- ción tenga ciertas características acordes con el ideal de adulto: Yo creo que los adultos piensan que vamos a seguir sus pasos, de alguna manera depende de cada adulto, pero la mayoría piensa que vamos a luchar por tener una casa o por tener algo estable y así. Siento que en ese aspecto yo los decepciono porque no quiero tener una casa ni coche ni nada. (K.H., 19 años, femenino, junio 2018) Estas exigencias no siempre son asumidas por los jóvenes que llegan a percibir estas exi- gencias como presión: Pues ahorita siento que hay mucha responsabilidad sobre los jóvenes, en mi caso lo siento porque soy hija de socio. No soy tan grande como otros hijos de socio que son beneficiarios que ya tienen como 35 o 40 hasta 50 algunos, pero sí siento que tengo esa responsabilidad […]. No es nada más como de mi casa o de mí sino de todos y a veces lo ignoro, pero aun así se siente la energía como que esperan algo entonces igual ya es cuestión de uno tomarlo o no pero de que se siente se siente. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) Otro aspecto es que la Asamblea se compone de personas mayores y adultos maduros que tienen la categoría de socio o que representan al socio por ausencia o falta de salud del socio. Los pocos jóvenes que llegan a estar presentes en las Asambleas son jóvenes que acompañan a sus padres o que han trabajado en algunos proyectos notables y han ganado así presencia ante otros socios. Sin embargo, estos jóvenes también suelen ser una reducida minoría, en general la Asamblea no se ha abierto a la participación de los jóvenes ni los socios han generado en mu- chos de sus hijos estrategias para integrarlos. Aunque existen expectativas de continuar con el trabajo de la organización, la Asamblea de socios es un espacio al cual muchos jóvenes son ajenos y los que llegan a ir, además de ser pocos casos, rara vez toman la palabra y nunca tie- nen voto. Debido al cambio en generaciones es claro para algunos que esta responsabilidad tiene que delegarse poco a poco a nuevas generaciones, cuestión que también es comprendida por los jóvenes: 134 Creo que los más adultos ya están muy cansados, los que iniciaron [...] Pero los adultos de mediana edad pues ellos son los que están ahí y como ellos están ahorita digamos con la responsabilidad en los hombros pues esperan que la nueva generación hagamos lo mismo. (I.B., 21 años, femenino, abril 2018) La necesidad de renovar filas para continuar el trabajo de la organización también ha gene- rado en el grupo de socios preocupación y por ello se plantearon estrategias como el Grupo de Continuidad para integrar a jóvenes que eventualmente serían socios. Este grupo se integró por un amplio número de jóvenes (contó en un principio con ciento veinte jóvenes según algunos comentarios) con el fin de llevar un proceso de educación cooperativa para construir más vi- viendas. Ese grupo no pudo concretar su finalidad debido a la imposibilidad de construcción mientras no se regularice la situación de la cooperativa y a la baja participación que fue expe- rimentando el grupo con el tiempo: Estaba en el equipo de continuación de la cooperativa que estaba viendo un proyecto para desarrollar departamentos en terrenos baldíos. Pero igual por el desánimo de personas o de los mismos del grupo ya no se concluyó, dejaron de asistir a las asambleas, dejaban de participar, dejaban de opinar, se hi- cieron acuerdos de hacer depósitos, nadie depositaba, entonces quieras o no poco a poco se fue ca- yendo el grupo. Yo era de los que más apoyaba iba para acá iba para allá, estaba con Luis apoyando, salíamos a ver si hacíamos esto o lo otro, pero cuando ya ves a las otras personas que nomás quieren recibir y no quieren dar nada pues sí te desanima. (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018) A pesar de este intento, el Grupo de Continuidad fracasó y solo un reducido número de jó- venes continuó realizando trabajos en la cooperativa y gracias a su participación ganaron un espacio y reconocimiento ante la Asamblea de socios. Aun así, ninguno de ellos logró obtener el estatus de socio ya que no lograron construir viviendas. Este ha sido el intento más serio por integrar a los jóvenes a la cooperativa, pero como hemos visto, aunque siempre hay algún vínculo con ella, la sociedad cooperativa no es el único espacio en el cual los jóvenes buscan participar, sus aportes apuntan más a la participación en un espacio comunitario que a un espa- cio organizativo como la cooperativa y su motivación para participar es en muchos casos pen- sando en el beneficio para la comunidad, no en beneficio de la organización. Canales de participación Para muchos jóvenes la participación, por su cercanía con el espacio comunitario, tiene que ver más con actividades culturales como fiestas, teatro, pintas o videos que con tareas de vi- vienda, la cual solo fue experimentada por el Grupo de Continuidad sin lograr consolidarla. Para algunos jóvenes el asistir a las fiestas, asistir a la escuela o el hecho de saber lo que sucede es participar en tanto forman parte de la comunidad. Otros jóvenes con niveles mayores de par- ticipación han desarrollado proyectos culturales exitosos, no siempre reconocidos, mientras que otros han intentado sin éxito que sus propuestas sean escuchadas. Para muchos la idea de parti- cipación no es reciente en sus vidas, muchos reconocen que de niños participaban: 135 No en las Asambleas no, era muy serio, no te dejan entrar, fiestas solo en Semana Santa en la repre- sentación de Cristo, era la única obra que podía hacer en la colonia y sí participé como diez o nueve años, porque me gustaba, hay que hacerlo y lo hacía, hay muchas cosas por hacer, pero se van per- diendo las tradiciones. En la Toma de la Tierra ya no, participábamos más de niño, porque se hacía en la calle principal y traían grupos, bailes folclóricos y había danzas y la comida, todas las familias hacían un guisado. (P.V., 35 años, masculino, junio 2018) Así mismo la forma e integrarse a los grupos era también muy cotidiana por medio de ami- gos y vecinos que invitaban a organizar fiestas y otras actividades culturales, mientras que los canales de integración por parte de la cooperativa suelen ser menos efectivos: Pues a través de mis amigos me decían oye que tranza vamos a hacer esto y esto y cámara vamos a hacer esto. El Halloween cuando se organizaba también, Día de Muertos y así y tú aportabas unas ideas, vamos a hacer esto vamos a decorar con esto vamos a poner esto y sí se hacía y se veía muy chingón. Es que está también el Comité de Cultura y Deporte que es lo que más organiza cosas en la cooperativa y hay varios comités y quisiera participar en todo, pero no te dejan, simplemente no te dejan porque te ven diferente. (D.C., 34 años, masculino, junio 2018) Para muchos de los jóvenes entrevistados este tipo de actividades son referidas como acti- vidades en las que participan en la comunidad, pero en muchos casos se refieren solo a la asis- tencia como forma de participación. Este primer aprendizaje en algunos casos podía adquirir dimensiones más amplias hasta alcanzar, normalmente en edades más avanzadas, un nivel de compromiso mayor, con manejo y gestión de recursos, planeación y rendición de resultados frente a la Asamblea, siempre al cobijo de un socio. Desde que era pequeña cuando habían grupos culturales yo participaba, alguien estaba armando el grupo de teatro entonces yo participaba en la obra de teatro, que había un grupo de danza pues yo participaba en el grupo de danza. Cuando ya tenía de 15 a 18 años que ya no había quien diera las clases de danza entonces otra compañera dijo ―hay que darlas nosotras‖ y yo dije ―ay sí yo nomás te apoyo‖. Después de eso aumentó a ―hay que meter proyecto a Secretaría de Cultura‖ entonces pues estuvimos más en contacto con la administración de ese entonces. Me dieron permiso de colaborar porque mi papá pues es el socio y entonces él tenía la responsabilidad y además él me dijo que sí. En- tonces con el aval de mi padre pues lo hice, estuve bajando recursos de Secretaría de Cultura con esta compañera y otros compañeritos. Después de ahí le dije a mi papá que yo quería participar en educa- ción cooperativa, le dije que se metiera como a la mesa administrativa en esa área, no quería, pero yo lo obligué casi, entonces él estaba allí pero quién iba a la juntas era yo y quién tenía que estar en los proyectos y toda la responsabilidad era yo pero si algo no salía bien era contra mi papá y si todo salía bien era igual con mi papá y mi mamá. Entonces fue mucha responsabilidad que al final era como de los responsables son mis padres pero pues yo estaba haciendo el trabajo. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) En este testimonio podemos apreciar que el proceso de involucramiento de algunos jóvenes tiene que pasar necesariamente por el aval de alguno de los socios que acepta asumir la respon- sabilidad frente a la Asamblea. Actualmente más socios se prestan a este tipo de dinámicas, pero para la generación anterior este tipo de apertura no existía, la organización cooperativa estaba mucho más cerrada. A pesar de ello se reconoce que su trabajo fue parte de un desarrollo 136 al cual pertenecen y que sin esa cerrazón y apoyo los jóvenes contemporáneos no podrían parti- cipar de la forma en la que actualmente lo hacen: Mi mamá no quería mucho porque cuando ella quiso hacer proyectos pues nunca hubo el aval de su padre y los compañeros no la dejaban. A partir de que a mí me empezaron a apoyar ellos, varios compañeros dijeron ―vamos a hacer esto juntos‖. Sabían que el aval de todo el grupo eran mis padres entonces ya nos dejaban hacerlo. La única condición de mis padres era que, ―aunque tú ya no quieras estar con ellos pues acabas hasta el final y bien porque pues estamos todos involucrados aunque yo no vaya allá pues es mi palabra‖ […] A mí quienes me ayudaban a trabajar en equipo y no rajarme eran mis papas y pues a ellos les enseñaban las personas que estaban antes por ejemplo Luz, Graciela, otras personas, entonces como que se fue haciendo la cadenita. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) Este tipo de dinámicas podría interpretarse como un aspecto positivo de la formación de nuevos cuadros en el sentido de que los socios guían a los niños y adolescentes en actividades culturales y recreativas donde tienen sus primeras experiencias de organización horizontal, de adquisición de capacidades ciudadanas y sus primeros acercamientos con la organización cooperativa y efectivamente al menos en parte sí. Sin embargo, este tipo de experiencias no es común para muchos de los jóvenes, por motivos de violencia intrafamiliar o por sobreprotec- ción muchos de los socios no han respaldado a sus hijos en sus inquietudes por participar ni han fomentado en ellos una participación más activa: Los que tú ves en los eventos y eso son los abuelitos o los padres pero nunca van a obligar al hijo a ir al evento o a hacerse responsable de algo. Yo creo que como 20 por ciento de la población sí hace eso pero el resto no. En mi caso pues yo siento que voy porque tengo como esta cultura de mis papás porque son como muy unidos no sé les gustan estas cosas. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) Podemos observar que la participación más comprometida es efectivamente un hábito coti- diano y que ha sido aprendido en el seno de las familias, estas brindan el canal de participación por medio de las cuales los jóvenes han logrado aproximarse más a la organización cooperativa. Por eso el espacio familiar juega un papel fundamental en la cooperativa como organización. Derivado del conflicto de la segunda generación algunas familias fueron separadas y algu- nas otras guardaron resentimientos hasta el punto de rechazar todo contacto con la cooperativa, esto ha afectado el desarrollo de la cooperativa y sus actividades. En ese mismo sentido algunos adultos que ocupan casas en la cooperativa no tienen claro quién es el sucesor del socio por lo que no son reconocidos formalmente como tales. Incluso hay casos en los que los jóvenes están francamente marginados no porque no cuenten con el apoyo de sus padres, sino porque el padre no tiene estatus de socio o no es aceptado por el resto. No puedes decir que yo no creo en la cooperativa porque yo no nací en esa realidad. Es lo que te digo que estás cerrado, estás culpando al niño que va a nacer y no sabe de este mundo y cómo está y te pones en ese plan. Los problemas son a parte de mi papá y yo soy otra persona, yo soy otro ser, en- tonces ahí se va perdiendo. Es como si dices tú no ayudaste en esto y esto y esto entonces tú no opi- nas de lo que se hace aquí, te van desgastando, ya no vas, ya no te dan ganas de opinar […] No hay 137 una convivencia. Los niños absorbieron los pleitos entre los adultos, vas creyendo el interés de la fa- milia. (P.V., 35 años, masculino, junio 2018) Este tipo de resentimientos ha permeado también en el hastío que se siente en torno a la Asamblea por su incapacidad de llegar a acuerdos o por la sensación que tienen algunas fami- lias de ser excluidas por pertenecer ―al bando de las escrituras‖. Por este motivo la experiencia de la generación de la Ruptura fue tan importante porque llegó a poner en duda la validez los canales de una organización que en el momento de crisis negociaba a puerta cerrada con los disidentes y las autoridades. La cooperativa tampoco ha logrado recuperar su prestigio como espacio de organización de la comunidad a pesar del interés que ha puesto en integrar a los jó- venes mediante el Grupo de Continuidad. Este impedimento ha hecho que muchos jóvenes ten- gan que buscar realizar proyectos por sí mismos sin un socio que los respalde y también ha impedido a muchos experimentar una participación más comprometida más allá de eventos espontáneos y festivos o deportivos. A pesar de ello, es innegable que las reuniones quincenales de la Asamblea se siguen reali- zando con regularidad, e incluso con mayor frecuencia en caso de eventos extraordinarios y que la Asamblea sigue siendo el espacio que se usa para discutir los problemas de la comunidad. La inexistencia de la cooperativa formal no ha impedido que se sigan realizando discusiones públi- cas en torno a temas comunitarios como las festividades, la discusión del proceso de liquida- ción de los disidentes y algunos temas de interés público como la sensación de inseguridad debido al tema de consumo de venta y consumo de alcohol y drogas en las calles. Este ambien- te abre un pequeño espacio en el cual los jóvenes han podido realizar aportes que han sido aceptados y cobijados por la cooperativa y en los cuales los jóvenes han podido no solo aportar a la comunidad, sino que también han podido experimentar sus propias inquietudes individuales al margen de una identidad cooperativa que a veces se siente abrumadora. Estrategias de participación En este apartado se abordan algunos proyectos que han sido impulsados por jóvenes de la cooperativa, tres de los cuales están relacionados con la memoria de la Cooperativa y develan estrategias de participación juvenil en la cooperativa. Cada uno de estos ha tenido un objetivo y desarrollo particulares y ha contado con niveles diferenciados de aceptación por parte del grupo de socios de la Asamblea. A algunos jóvenes les ha permitido explorar algunas de sus inquietu- des personales y profesionales al tiempo que buscaron aportar algo a la comunidad, mientras que para otros la experiencia ha tenido sinsabores. En cada una de estas experiencias hay un planteamiento de sí frente a la comunidad y frente a su historia que los hace partícipes de una comunidad y de una organización cooperativa con la que necesariamente han tenido algún tipo de acercamiento. Sobre este último aspecto los jóvenes han tenido experiencias diversas de acercamiento a la cooperativa, algunos tienen experiencias cercanas tanto de parte de su familia como de actividades que realizaron en su infancia, mientras que otros han tenido un referente 138 negativo de la cooperativa desde su seno familiar. Esto los coloca en posiciones diferentes res- pecto a la cooperativa, sus canales, herramientas y procedimientos. Restauración de murales El mural que se encuentra sobre la tortillería es un mural muy importante para la comunidad ya que narra la historia de la cooperativa Palo Alto. Es una memoria gráfica de las experiencias de la primera generación desde su vida en el campo hasta la construcción de las casas. En él se retratan la migración, la explotación y abusos de los patrones, el proceso de liberación, de alfa- betización y formación del grupo, la lucha popular, la lucha con los granaderos y el trabajo comunitario que implicó la fabricación de tabiques y la construcción de las casas. Es uno de los puntos principales del espacio comunitario porque también se encuentra a un costado del acce- so al salón de Asambleas, frente a la biblioteca y frente mural del padre Escamilla, sobre la tortillería y el velatorio de la cooperativa y a un lado del gimnasio y el salón de cómputo. Cuando alguno de los compañeros acepta dar una explicación de la historia de la cooperativa este mural es paso obligado y ayuda a articular una narrativa del proceso de lucha. Como men- ciona una joven, el mural atrapaba su atención cuando era niña y le sirvió para conocer la histo- ria de la cooperativa: Cuando empecé a verlo más fue que me empezó a interesar más la historia y que estaba divertida, que estaba entretenida, y vi de qué trataba cada mural y me di cuenta de varios autores intelectuales de la cooperativa y me di cuenta que tiene mucha cultura y que espacios como estos son los que tenemos que defender. (K.H., 19 años, femenino, junio 2018) Imagen 14 Aspecto actual del mural sobre la historia de la Cooperativa (detalle) Foto: Moisés Quiroz. Abril 2018. 139 Imagen 15 Aspecto actual del mural sobre la historia de la Cooperativa (detalle) Foto: Moisés Quiroz. Abril 2018. No hay consenso en el año exacto en que se pintó este mural y los dos murales del padre Escamilla, el de la cancha de futbol que está oculto por unos árboles y el de la plazoleta. El mural de la tortillería debió ser pintado antes de 1985 ya que aparece en las fotos de la publica- ción del 15 aniversario de la cooperativa citado ampliamente en los capítulos anteriores. Este mural es uno de los espacios de memoria más importantes de la cooperativa ya que suele moti- var en los niños preguntas sobre su significado, preguntas que estimulan el diálogo entre las generaciones, entre quienes no vivieron y quienes sí vivieron ese proceso y facilita la transmi- sión de la memoria y los valores de esa primera generación a los más pequeños. Así para J.C. el mural era un referente importante en su infancia: La verdad desde que estoy pequeño tengo esa imagen en la cabeza de ese mural, así como el que está frente a la tortillería del padre Escamilla. Esas imágenes las tengo muy grabadas en mi mente, des- afortunadamente no tuve la oportunidad de ver cuando trabajaron. (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018) La observación cotidiana de un mural como este con un significado histórico tan profundo para la comunidad fue un estímulo para su pertenencia e identidad con la cooperativa, pero no sólo eso, también ayudó a estimular sus intereses personales e incluso alentó su participación en la cooperativa: Desde pequeño me gusta mucho pintar y dibujar entonces dije pues algún día me van a dar chance de hacer un mural, no he tenido la suerte, no he podido concretar nada pero pues yo no pierdo la espe- ranza que me dejen pintar el salón […]. Me acuerdo que una vez en lugar de que pintaran [el salón de fiestas] con logotipos de la delegación priísta de Cuajimalpa] dije hay que hacer un mural alrededor del salón, darle continuidad al mural que está allá y la gente dijo no, para qué. (J.C., 29 años, mascu- lino, agosto 2018) La oportunidad para J.C. surgió cuando fue necesario retocar el mural que había sido dete- riorado por el sol a pesar de los esfuerzos que otros jóvenes ya habían hecho para protegerlo. Este proyecto sirvió para poder experimentar una inquietud personal y poder dar un aporte a la comunidad. A pesar de la buena experiencia individual, esta acción no contó con el agrado de muchos de los socios de la cooperativa. Según el testimonio de J.C.: 140 Cuando yo hice el mural tuve bastantes disgustos con algunos vecinos que porque no era así, que de dónde me habían pagado, de dónde salió el dinero de la pintura. Se ponen a ver otras cosas en lugar de ver lo que en realidad se está haciendo, se preocupan por dinero siendo que ellos no pusieron dine- ro, se preocupan por tiempo siendo que no es tiempo de ellos, se preocupan por cosas que no tienen importancia, yo lo hice para que lo apreciaran. (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018) Este tipo de interacciones entre las generaciones revelan discrepancias respecto a la forma en la que los trabajos son realizados. Procesos como la rendición de cuentas de los proyectos, los tiempos, las personas involucradas y recursos no son aspectos que al parecer de los jóvenes sean relevantes para el trabajo comunitario. Por parte de la Asamblea de socios y a la luz de las experiencias negativas que han tenido con administraciones anteriores, este tipo de procesos deben ser parte fundamental de los proyectos. Esto no apunta a que exista inexperiencia de los jóvenes y experiencia de los adultos, no todos los adultos socios comprenden la necesidad de incluir estos aspectos en sus proyectos porque no todos han tenido la experiencia de planear o ejecutar proyectos ni de asumir cargos de administración en la cooperativa. No es una cuestión de edad, aunque las percepciones individuales apunten a eso, así para J.C. el conflicto se debe a la diferencia generacional, en la que por ser jóvenes quedan automáticamente descalificados en sus propuestas y al margen del grupo de la cooperativa: En realidad, es cosa de participación. Siempre nos han, no discriminado, pero sí nos han etiquetado de que somos unos huevones que no queremos apoyar que no sé qué pero ¿cómo apoyamos si cuando llevamos una propuesta la Asamblea no te da el cien por ciento del apoyo? o queda la duda de que se va a robar dinero o para qué lo quiere hacer o si es un bien propio. Yo sé que somos generaciones di- ferentes, pero a fin de cuentas todos vivimos aquí yo creo que nadie va a hacer algo, o bueno si habrá alguien, pero en este caso no va a haber algo que perjudique a la cooperativa. (J.C., 29 años, mascu- lino, agosto 2018) Esta percepción negativa de la juventud se acentúa por los evidentes problemas de droga- dicción, en los cuales los jóvenes son los actores más estigmatizados. Según la experiencia de J.C.: Piensan que todo es vandalismo, todo es drogadicción o alcoholismo. Y la neta no te voy a negar que sí estábamos tomando cuando pintábamos, pero nunca detuvimos el trabajo por estar echando coto- rreo. Esa es una cosa que tengo siempre en la cabeza, soy una persona que cuando estoy trabajando soy profesional, me gusta hacer las cosas bien. Entonces no quiero, no me gusta irme por otro lado cuando tengo una responsabilidad a mi cargo. (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018) Este tipo de cuestiones negativas en la experiencia de J.C. al retocar los murales de la cooperativa permearon en su motivación para continuar con el proyecto: ¿Para qué me meto en problemas por hacer lo que me gusta? La verdad sí me desanimé. Hasta la fe- cha lo veo y me gusta cómo se ve, pero sí me desanima el hecho de pensar que hay gente que tiene la idea de que me hice rico siendo que no. No me pagaron nada al contrario yo perdí tiempo, perdí tra- bajo, perdí cosas por apoyar, pero bueno, es lo que no ven. (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018) Esta experiencia tiene como motivación realizar un proyecto de interés personal y obtener el reconocimiento del resto de la comunidad: ―Fue para restaurarlo, para dejar una marca en la 141 cooperativa, para que dijeran ese chavo drogadicto o borracho o como lo quieran ver por lo menos hizo algo ¿no? No estaba todo el día ahí sentado‖ (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018). Pero además de la necesidad de reconocimiento individual se reconoce un impacto co- munitario que puede llegar a otros jóvenes y ser valorado en términos positivos: ―Cuando he- mos hecho murales todos los jóvenes se acercan ya sea para estar viendo, para ayudar para ver si les podemos enseñar a hacer algo, sí les llama la atención‖ (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018). Hoy en día muchos jóvenes hacen grafitis en la colonia pero esta tradición no es nueva, Pa- lo Alto tiene una buena tradición gráfica que fue necesaria para que la primer generación pudie- ra plasmar su memoria y facilitar su enseñanza a nuevas generaciones. El interés de los jóvenes de hoy por la pintura surgió justo de ver día a día los murales de la historia de la cooperativa y en algunos casos de ver cómo se trabajaron otros murales. Imagen 16. Otro de los murales de la cooperativa que retrata los juegos tradicionales Foto: Moisés Quiroz. Abril 2018. Taller comunitario “Mejorando mis vinculaciones afectivas en mi interacción familiar” Este taller fue propuesto por una joven estudiante de psicología para presentar su tesis de li- cenciatura. Constó de 14 horas en 7 sesiones a lo largo de 8 semanas y tenía contenidos temáti- cos sobre la familia, el rol de los padres, la sexualidad y el ciclo vital de las personas. El objetivo de dicho taller era mejorar la forma en la que los integrantes de las familias convivían y se comunicaban entre ellos y se dio a partir de un diagnóstico que incluyó la observación par- ticipante de la autora. Además, este proyecto estuvo respaldado por la Asamblea de socios que le solicitaron a la autora una serie de intervenciones para acercarse y tratar el tema de la droga- dicción en los jóvenes, para lo cual conto con el apoyo de la Comisión de Cultura y Deporte en 2012. Producto de esta colaboración se celebró un cine debate y un año después se presentó el proyecto del Taller ―Mejorando mis vinculaciones afectivas en mi interacción familiar‖ que fue aprobado por la Asamblea. Entre algunos de los resultados obtenidos del diagnóstico se identi- 142 ficó una relación entre los problemas de los jóvenes y su apatía respecto a la cooperativa que se expresa en las siguientes líneas: Estos jóvenes mostraban una forma de comunicarse a través de gritos y groserías. En momentos de toma de decisiones para acordar trabajos con respecto a la asamblea general, no controlaban su enojo, llegaron a hacer berrinche y no sabían negociar. Querían arreglar los planes de trabajo gritando para que aceptaran su propuesta, a veces se molestaban o querían alejarse y dejar de hacer el proyecto. Al final se sintieron integrados, algunos aprendieron a llegar a acuerdos a escuchar y a aportar al trabajo. Al final mencionaron que antes, no se acercaban a participar en la cooperativa porque no se sentían integrados. (Ángeles, 2014: 95) De esta forma podemos ver que parte de las observaciones y parte de la misma dinámica de la cooperativa desborda los límites formales de la cooperativa como organización y se integra a problemas comunitarios y familiares. Los jóvenes que no tenían una buena relación con sus padres en sus familias eran más propensos a presentar conductas nocivas y a engancharse más fácilmente en el consumo de drogas y alcohol. Al nivel comunitario y de la organización cooperativa estos jóvenes tendían a ser apáticos con la cooperativa y si buscaban su integración, sus problemas impedían que desarrollaran capacidades necesarias para la toma de decisiones y concertación de acuerdos. De esta observación la psicóloga Estrella Ángeles diseñó su taller para mejorar las relacio- nes familiares de los jóvenes y tutores que estuvieran interesados en ello. Los resultados de su trabajo fueron múltiples pero aquí se rescatan tres: 1) Aunque la participación fue reducida y decayó conforme las sesiones avanzaron, se logró la mejora en las relaciones familiares de al menos dos participantes en los talleres. 2) La iniciativa de otros grupos organizados de la cooperativa para impulsar talleres con objetivos similares con apoyo de la Iglesia y de la Uni- versidad West Hill. Y 3) La elaboración de un proyecto en el cual la autora pudo implementar un taller surgido de la comunidad, para la comunidad y en colaboración con la misma, además de una tesis de licenciatura con la que la autora pudo realizar su aspiración personal de titularse como psicóloga. A decir de los dos primeros puntos, Ángeles reconoce que la iniciativa y los resultados ob- tenidos por algunos de los ―compañeros‖ de la cooperativa podrían motivar a otros a integrarse a las actividades o a impulsar otros proyectos. De este modo, aunque la participación fue real- mente baja, el surgimiento de otros talleres a partir del suyo fue un resultado positivo para la autora. Respecto al tercer punto es importante hacer notar que una de las observaciones del diagnóstico es que muchos de los proyectos que se realizaban venían de iniciativas de afuera y se señalaba la falta de iniciativa de muchos de los habitantes, acostumbrados a recibir este tipo de atenciones. Para Ángeles la situación actualmente es diferente ya que muchos de los habitantes cuentan ya con estudios profesionales, entre ellos ella, razón por la cual decidió aportar con un proyecto propio de su área de estudio: 143 A nivel organización, en la Cooperativa de Vivienda Palo Alto, también hubo aprendizajes y resulta- dos. A lo largo de la historia de la cooperativa, muchos agentes externos de la comunidad, como pro- fesionistas, empresas, asociaciones civiles y grupos religiosos, han realizado intervenciones en el ámbito cultural, en el área de infraestructura de la colonia y en aspectos en el área de la salud y se les ha permitido esto, dado que la colonia va solventando poco a poco las necesidades que surgen, y so- bre todo porque en sus inicios la mayoría de los colonos no contaban con estudios. Ahora, gracias a que varios compañeros han cursado niveles superiores de educación, ya se va solventando las nuevas necesidades que surgen en la comunidad, pero por parte de los mimos colonos. Uno de estos casos es el resultado de este trabajo, que además de ser un proyecto que surgió de la comunidad, fue realizad para la comunidad y en colaboración de la misma. (Ángeles, 2014: 124) Algo interesante de la valoración positiva de este proyecto se da porque la propuesta para trabajar el problema de los jóvenes provino de dentro de la comunidad, y provino además de una joven que estaba en un proceso personal de formación académica. Esto abonó en su autoes- tima y en el aporte que hizo a la comunidad gracias al cual también ganó visibilidad por ―el trabajo profesional y de calidad en el área de psicología que puede aportar una hija de socio, teniendo como resultado el reconocimiento del trabajo que se realizó en Asamblea general‖ (Ángeles, 2014: 125). En sus estudios sobre identidad, Touraine menciona que en la actualidad las personas están inmersas entre una identidad opresora y una identidad hedonista, para él la vía de salvación de estas identidades es la realización como Sujetos. Es decir que mediante el reconocimiento indi- vidual una persona se dé valía frente a la sociedad. Esto no quiere decir que el reconocimiento individual sea la piedra angular, es importante, pero también lo es que mediante su realización se encuentre una forma de incidir en la sociedad. Así, a consideración de la psicóloga Ángeles, el reconocimiento de ella como persona quizás no sea lo más importante pero sí es importante que mediante su intervención otros socios buscaran alternativas similares y produjeran talleres similares con apoyo de la Iglesia: ―De alguna manera se movilizó algo quizás no están de acuerdo en mi trabajo, no necesariamente están de acuerdo contigo o no, pero hace que se mue- va algo‖ (Estrella Ángeles, 29 años, femenino, marzo 2018). Finalmente, la motivación por realizar este tipo de trabajos también desborda el interés de realización personal y se conecta con la historia de su grupo social, de su comunidad y con la ayuda que sus padres y abuelos recibieron de personas que impartieron los talleres que ella misma impartió: Mi mamá siempre y también mi papá, aunque no lo reconozcan, tienen una cultura muy distinta por el lugar del que vienen los abuelos. A los abuelos les tocó mucha violencia de la Revolución Mexica- na a la par de la movilización de la colonia y movilizaciones en otros lugares. Ellos fueron de los ni- ños que no tenían nada y cuando alguien se acercó y les dio un taller desinteresadamente aprendieron que debían lavarse los dientes o aprendieron que eran buenos recortando algo. Entonces siempre que yo hago algo de este tipo de cosas lo hago porque sé que quizás yo sí tengo una casa, sí tengo recur- sos, no muchos, pero lo poco que puedo aportar puede cambiar la vida de un niño que tenga menos cosas que yo entonces eso me ha motivado mucho. 144 De esta forma la vinculación que su familia tiene respecto a las actividades de la cooperati- va es un rasgo importante que Ángeles aprovechó para involucrarse ella misma con la coopera- tiva. No solo le brindó parte de la motivación para realizar su proyecto, también le brindó la experiencia de sus padres en proyectos similares en la cooperativa. Su familia fue un soporte fundamental para encontrar los canales correctos de participación para que su taller no se reali- zara al margen del grupo de la Asamblea, de la cual recibió apoyo y su formación y motivacio- nes personales le ayudaron a encontrar las estrategias adecuadas para tratar un tema social importante para su comunidad. Video documental “Cooperativa Palo Alto El Documental” En 2016 se estrenó un video documental titulado ―Cooperativa Palo Alto. El Documental. Una historia viva‖ en este video documental de 2:26:45 de duración se explora, mediante entre- vistas a 22 socios, la historia de la cooperativa Palo Alto dividida en 12 etapas y temas. En sep- tiembre de 2017 se presentó a la comunidad el video realizado por un grupo de seis personas, algunos jóvenes, entre ellos R. Este equipo contó con la asesoría de Graciela García de la Unión de Solicitantes y Colonos de Vivienda Popular (Uscovi) quien les sugirió la elaboración del video como una forma de integrar a las nuevas generaciones en la continuidad de la coope- rativa y de ―sacudir‖ a los socios que más resistencia ponían a la integración de los jóvenes. Entre este equipo de trabajo colaboró R. de 32 años y diseñador gráfico de profesión. Este proyecto fue logrado por medio de un financiamiento del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyM) de la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal en el cual Víctor Altamirano Sánchez, el párroco de la iglesia fue el aval. Este grupo trabajó de forma coordinada elaborando entrevistas y recopilando material fotográfico para la edición del video, la cual estuvo a cargo de R. En cuanto a su participación, reconoce que lo que lo motivó fueron varios aspectos tanto a nivel comunitario como nivel personal: Pues el documental fueron varias, la principal que como grupo y yo individualmente vi que era de va- lor era una forma de sensibilizar a los socios para mostrar que necesitamos dar el siguiente paso. Es como te agradezco, te lo muestro y ojalá que pueda haber como una retroalimentación en donde me puedas apoyar para que ahora nos toque a nosotros hacer lo siguiente, esa era una de las tiradas, como sensibilízalo y muéstrale que tú también quieres trabajar, esa era una de las principales. Otra era la parte de los jóvenes decir, bueno en su momento vas a dejar ese legado y a lo mejor va a llegar otra persona que a lo mejor quiera hacer algo distinto o a lo mejor eso mismo le va a servir para hacer otras cosas, es como dejar tu aporte y como que siga lo siguiente. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) 145 Imagen 17. Cartel oficial del documental Cooperativa Palo Alto Fuente: Facebook ―Cooperativa Palo Alto Oficial‖ en https://www.facebook.com/CooperativaPaloAltoPaginaOficial/photos/a.436942273059491/1456899174 397124/?type=3&theater Consultado el 17 de junio de 2019. Es importante mencionar que este documental no fue la primera experiencia que tuvo res- pecto al pasado de la cooperativa y respecto a la elaboración de videos. Ya anteriormente había colaborado en la creación de un video formativo para jóvenes con el fin de interesarlos en la memoria e identidad de la cooperativa. El video titulado ―Socios fundadores (Parte 1)‖ disponi- ble en el canal de YouTube de la cooperativa retrata a un joven que se dirige a su hogar en la cooperativa y en el camino conoce a un visitante que también se dirige a la cooperativa. Este personaje, misterioso para el joven, es Rodolfo ―El Gordo‖ Escamilla quien le platica la historia de la cooperativa y el esfuerzo que hicieron los mayores para obtener un hogar. El joven queda sorprendido de que Escamilla conozca mejor que él la historia del lugar donde vive a lo cual le responde que se debe a que los socios no se han interesado en contarles a los más jóvenes la historia de la cooperativa o a que los jóvenes no han sabido escuchar o investigar sus raíces. Tras las historias de la cooperativa que le cuenta esta figura icónica el joven tiene una especie de revelación, conocer el sacrificio y el esfuerzo de los padres y abuelos lo hace revalorar su cooperativa: Lo primero que haré será llegar a mi casa y darle las gracias a mis abuelos y papás por su esfuerzo, después seguiré su ejemplo de trabajo en equipo para el bienestar en común, después escucharé, me 146 prepararé, propondré, compartiré y lo más importante haré para que este lugar siga siendo un buen lugar para vivir (―Socios fundadores (Parte 1)‖: 8:50). Imagen 18. Detalle de Socios fundadores en el que se observa a un joven platicando con Rodolfo Esca- milla sobre el pasado de la cooperativa que desconoce Fuente: YouTube ―CooperativaPaloAlto‖ en https://www.youtube.com/watch?v=roDw8MCnT68 Con- sultado el 17 de junio de 2019 Algo importante de ambos proyectos es la forma en la que los intereses personales de la profesión de R. se encuentran con la identidad adquirida de cooperativista y en particular con la memoria de los socios fundadores que sirve de base para la identidad y el compromiso de los jóvenes. En ambos videos la juventud juega un papel importante en tanto público objetivo que carece del conocimiento de la historia de Palo Alto que les impide valorarlo. En el video de Socios Fundadores, el otro personaje importante, Escamilla, en realidad es un recordatorio para los padres y abuelos para que no olviden el compromiso que adquirieron, por eso uno de los motivos del desconocimiento de los jóvenes sobre su pasado es la negligencia que los adultos han tenido en su propio compromiso con la cooperativa. De esto se parte que la relación con el pasado es imprescindible para el compromiso de las nuevas generaciones que están ausentes de la cooperativa, pero es igualmente importante que los mayores tengan interés en inculcar los valores e ideales cooperativos. La necesidad de co- nocer una historia común está claramente plasmada en la invitación impresa que se hizo para conocer el documental y en la sinopsis impresa en la contraportada de la caja del DVD: Se dice que la historia se repite, deterioro social está a flor de piel, la falta de oportunidades, el bajo poder adquisitivo y la demagogia que caracteriza a nuestro país nos hace regresar a nuestro origen: la organización. Estamos seguros de que seguir en unidad nos hará libres, pero te invito a escuchar esta mágica historia, mi historia, tu historia, nuestra historia. La última sección del documental titulada ―Continuidad 2015 – 20…‖ es precisamente una serie de testimonios que apuntan a la continuidad de la cooperativa, la recuperación de su me- 147 moria y el fortalecimiento de los valores cooperativos frente al consumismo individual. Estos testimonios van dirigidos a los jóvenes, recomendándoles hacerse responsables del lugar donde viven, que lo valoren por su ubicación y equipamiento, que valoren el trabajo en equipo, la identidad cooperativistas y que valoren y respeten el trabajo de los ancianos: ―Aquí está lo que sus padres trabajaron no desechen lo que a uno tanto trabajo le costó, ustedes síganle‖ (Caritina García Martínez, ―Cooperativa Palo Alto El Documental‖). Al tiempo que también se reconoce que los adultos tienen un papel fundamental en la integración de los jóvenes: Debido a la cerrazón que hubo en la cooperativa no hay los cuadros suficientes para seguir mante- niendo ese proyecto. Lo que le pido a los padres que permitan que sus hijos participen, que se involu- cren y que se les dé esa confianza y a los jóvenes que quieran a su comunidad que quieran la forma en la que sus padres decidieron organizarse. Si ellos no defienden o cuidan lo que sus papás hicieron por ellos va a ser muy difícil que se sostenga aquí el mensaje es directo, involúcrate, participa para que eso se mantenga. (Vicente Arredondo Suárez, ―Cooperativa Palo Alto El Documental‖) Más allá del compromiso comunitario y la identidad cooperativa las historias individuales son igualmente importantes. Al igual que para Estrella, para R. el desarrollo de sus inquietudes personales tiene la doble función de desarrollar sus habilidades profesionales, pero también de generar un movimiento en el resto de los jóvenes y socios de Palo Alto: En mi caso profesional también me motivaba porque decía qué padre hacer un documental y algún día tener ese material y decir mira yo pude aportar en eso, entonces era esa parte profesional. Y en la parte de la comunidad veíamos como para que nos expusiéramos era mostrar tanto a Palo Alto como a sus jóvenes, pues miren, se está haciendo algo. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Es importante señalar que así como la segunda generación tuvo un avance notable en el dominio de la tecnología de la escritura para elaborar unas memorias escritas de la cooperativa, los jóvenes de la actualidad experimentaron igualmente con una tecnología novedosa, en este caso el video, con los mismos fines: elaborar una versión audiovisual de las memoria de la cooperativa. ¿Es posible interpretar esto como una forma de aprehender las memorias de la primera generación, reescribirlas, repensarlas y de integrarse a esa misma historia? En el caso de la segunda generación, ellos pudieron hacer constar por escrito el compromiso que adquirieron con otras organizaciones populares en las memorias escritas por el GRES. En el caso de la tercera generación su presencia en el documental aparece únicamente en esa últi- ma sección de ―Continuidad 2015-20…‖ que está conformada por consejos que los socios dan a los jóvenes. Es importante considerar dos cosas: el documental está realizado por jóvenes que han adquirido una identidad cooperativa muy profunda relacionada con la memoria y han inten- tado integrarse de varias formas a las actividades propias de la cooperativa. Estos jóvenes tie- nen un respeto profundo por las memorias de la primera generación, pero falta aún el reconocimiento de sus logros y aportes que no se han integrado a la historia de Palo Alto, aun- que la propia producción del video documental demuestre que sí existen aportes valiosos. Este documental es ahora un motivo de orgullo para algunas personas de la primera generación ya que pueden ver, como en el caso del mural y de las memorias escritas, la preservación de sus 148 experiencias. El documental es ahora proyectado en las fiestas de la cooperativa, como en el aniversario de la Toma de la Tierra Imagen 19. El documental Cooperativa Palo Alto fue proyectado en el Aniversario de la Toma de la Tierra 2018 Foto: Moisés Quiroz. Agosto 2018. Censo de Actividades irregulares Actualmente existe un proceso de refundación de la cooperativa en la que se busca renovar el espíritu cooperativo de ayuda mutua y refundar legalmente la Cooperativa pero corrigiendo decisiones del pasado que se juzga no se tomaron de la mejor manera. Uno de esos aspectos, y quizás el más importante, es la ausencia de un reglamento o su nula ejecución. En ese contexto uno de los aportes más interesantes de los jóvenes es la discusión en torno a las reglas y los censos que han realizado para medir las actividades irregulares de la cooperativa. La lista de las actividades censadas es la siguiente: Negocios dentro de las viviendas, en los lotes baldíos y en las calles, renta, venta de alcohol, obstrucción por automóviles, obstrucción por tendederos y basura, bodegas en lotes baldíos, construcción de tercer nivel, construcciones ilegales dentro del lote y construcciones ilegales en lotes aledaños. 149 Imagen 20. Mapa de la ubicación de comercios y oficios del Censo de actividades irregulares he- cho por R.T. Elaboró Rodrigo Téllez Durante la presentación del estudio en Asamblea R. mencionó que más del 80% de los ho- gares tenían algún tipo de irregularidad, entre las cuales la tenencia de un negocio familiar es la más común. Este tipo de conductas hacen evidente que no se están cumpliendo las reglas origi- nales de la cooperativa. Una de las cuales establecía que no se podían crear negocios en las viviendas con el fin de evitar que los socios se beneficiaran individualmente y con el fin tam- bién de proteger los negocios de la cooperativa como la tortillería, la tiendita y la tabiquería. Actualmente esta situación hace evidente que en muchos sentidos la cooperativa como colonia ha tenido un desarrollo similar a muchas otras colonias populares en donde la casa también ha servido de espacio de actividades económicas para ampliar el ingreso familiar mediante la crea- ción de pequeños negocios como papelerías, tienditas o cocinas económicas. Pero por el origen cooperativista y la propiedad cooperativa este tipo de negocios se convierten en asuntos públi- cos que son discutidos por los socios en la Asamblea. Este tipo de transformaciones no les es ajena a los jóvenes que muchas veces encuentran en negocios familiares parte de sus ingresos o el apoyo necesario para realizar sus propios proyec- tos profesionales. Por un lado, la instalación de negocios en las viviendas es percibida como una actividad legítima y cotidiana y les permite acrecentar sus ingresos o desarrollar su carrera de forma independiente, pero también ha generado tensión y confrontación por la transgresión a la regla. Tal es el caso del propio R. quien puso su negocio de diseño en la vivienda de sus pa- dres. Por el otro lado se cuestiona la negativa de la Asamblea a aprovechar la ubicación espa- cial de la colonia que la hace especialmente sensible a las externalidades económicas del corredor terciario de Bosques de las Lomas. Muchos de los negocios irregulares de la cooperativa son negocios de comida a los cuales acuden de los trabajadores de oficinas cercanas. A decir de algunos de los jóvenes, es inevitable 150 que la cooperativa se aproveche de la economía de alrededor, aspecto que conduce una con- frontación con el grupo de socios: La gente se queja de los negocios pero vivimos en una economía, en una globalización. La gente grande, los socios, quieren que sea nomas un dormitorio, eso ya no existe en esta sociedad que se mueve dinero, economías, todo. Tenemos más de 30 mil o 20 mil gentes que pasan alrededor en ese trayecto, no puedes quedarte fuera de esa economía, tienes que atraer para nosotros. Es generar dine- ro, pero la gente lo ve mal, no piensa que hay desempleo […] hay muchas cosas que podemos apro- vechar y la gente no le gusta. (P.V., 35 años, masculino, junio 2018) Para otros jóvenes más cercanos a la Asamblea de socios es posible beneficiarse de la eco- nomía terciaria de la zona sin trasgredir el espíritu cooperativista. En el Grupo de Continuidad esta fue una de las discusiones que existieron y que es inevitable ante la proliferación de nego- cios particulares en la mayoría de las viviendas. Para beneficiar al conjunto se planteó la posibi- lidad de permitir la creación de negocios para todas las familias y a través de un proceso en el que se lleguen a acuerdos sobre las reglas que deban existir en la cooperativa: Que cada casa tuviera una accesoria para que pudiera vender lo que quisiera y eso sería muy bueno, entendiendo la necesidad económica que hay. El lugar en el que estamos podemos explotarlo para nuestro bien y para nuestro beneficio económico de cada familia creo que sería muy bueno. Siempre y cuando hubiera reglas. Lamentablemente una cosa conlleva a la otra y si una de esas cosas no fun- ciona empezarías a tener problemas, si todos tienen su negocio pero no quieren tener reglas pues ya se empieza a desmoronar todo porque hay como una anarquía. Cada quien va a querer hacer lo que quiera yo voy a tener un puesto y me voy a querer alargar a la mitad de la calle y eso no se puede ha- cer […] A lo mejor comienza a haber cosas que no tenías contemplado que también serían un pro- blema como el estacionamiento, por decir vienen a comprar pero no hay estacionamientos, habría un montón de cosas que analizar para que funcione. Creo que necesitarías tener un buen equipo de per- sonas que sepan aportar de lo que sabemos o de lo que saben para que funcione. (R.T., 32 años, mas- culino, abril 2018) La participación de los jóvenes en esta discusión es fundamental ya que ellos han aportado con conocimientos particulares de sus formaciones profesionales, en los casos que cuentan con ello, y con sus habilidades manuales en el caso de posibles proyectos en los cuales podrían y les gustaría participar: ―Respecto a las casas que están abandonadas pues yo pensaba que se podía hacer una panadería pero siento que en ese tipo de aspectos están como muy cerrados‖ (D.D., 20 años, masculino, junio 2018). Los jóvenes han aportado a la discusión con censos como el que se presentó R. y que brin- dan información adecuada para elaborar un diagnóstico del cual partir para discutir las reglas que podrían integrarse a la refundación de la cooperativa. Como hemos observado, al igual que en las otras actividades, el pasado juega un papel fundamental en tanto las decisiones que fue- ron tomadas estaban influidas por un contexto que hoy es diferente y al cual algunos consideran deberían adaptarse las nuevas reglas. La cuestión de los negocios particulares es una de ellas y toma mayor relevancia en tanto muchos de los jóvenes se encuentran en un proceso de finaliza- ción de sus estudios y están buscando opciones laborales propias en algunos casos y trabajo en 151 el caso de los jóvenes que no están cursando estudios o buscan opciones laborales más allá de lo que les pudiera brindar su carrera. Más allá del acercamiento al núcleo de organización de la cooperativa que han aportado es- tas experiencias de participación juvenil, han desarrollado en los jóvenes una serie de aprendi- zajes que desbordan estos proyectos. Estos aprendizajes obtenidos por los jóvenes en sus intentos por participar en la cooperativa han abonado a su formación personal y les han brinda- do capacidades de trabajo que podrían ser importantes en su desenvolvimiento laboral, persona, sentimental, comunitario y ciudadano. Aprendizajes vitales Cuando se discutió en el primer capítulo los motivos por los cuales la gente tomaba parte en los asuntos de la comunidad se mencionaron aspectos como la pertenencia, el interés por mejo- rar condiciones de vida o incluso, en sintonía con Woldemberg, se mencionó que la participa- ción en sí es una ganancia al integrar a las personas a un grupo social. En este apartado es importante explorar, no los motivos que han sido abordados en el apartado anterior, sino los aprendizajes vitales que los jóvenes han adquirido con su participación en la cooperativa. Esto por supuesto tiene también diversos niveles de integración como fue mencionado en el primer capítulo, es decir, para algunos su participación ha sido únicamente en las festividades o eventos culturales y deportivos de la colonia, que ya cuenta como participación, mientras que otros han desarrollado proyectos como los que se acaban de mencionar que exigen una partici- pación más comprometida y con mayores responsabilidades. Esta diferencia de niveles de par- ticipación ha derivado en aprendizajes diferenciados, especialmente porque las experiencias han sido muy diferentes y han respondido también a los intereses personales de los jóvenes. A decir de una de las entrevistadas, la experiencia de vivir en la cooperativa es muy diferen- te a vivir en otras colonias porque la comunidad funciona como una familia extensa en la cual es muy fácil encontrar apoyos que no siempre están disponibles en otros espacios sociales: Siento que muchos de los que hemos vivido acá de alguna manera fuimos por ejemplo a un taller de danza y aunque no hayamos parado una vez más en la colonia o en la Asamblea ni nada somos per- sonas distintas porque aquí pudimos hacer lo que queríamos […]. Había unos niños que no pudieron estar en la escolta en la escuela pero acá colaboraban en danza y ponían adornos y entonces les tocó salir en la escolta. Son esas cosas de sentir que puedes hacer cosas distintas y que los niños por ejem- plo cuando hay talleres saben a quién pedírselo y además si el otro dice que sí aunque no haya cosas con qué hacerlo los niños van y lo juntan. Te haces autosustentable de alguna manera para hacer al- gunas cosas. Sí te cambia mucho estar acá, no muchos lo ven así, pero desde mi punto de vista o por- que yo trabajo con grupos o en psicoterapia, noto esos cambios, sí hay violencia y todo pero sí es distinto (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) El simple hecho de vivir en una colonia cooperativa ha puesto en contacto a los niños y jó- venes con dinámicas poco comunes respecto a otras colonias del resto de la ciudad y que los integran a una dinámica con relaciones estrechas entre los vecinos. La participación de estos niños en estas actividades los acerca a espacios de oportunidades mayores que otros ambientes 152 cotidianos donde la competencia reduce sus espacios de oportunidad, como la escuela tradicio- nal. Participaciones en actividades como los de la ceremonia cívica son muy importantes y la cooperativa goza además de actividades culturales como obras teatrales o de eventos deportivos comunitarios que amplía su acceso al consumo cultural y deportivo. Este tipo de oportunidades comunitarias ha brindado la posibilidad de adquirir aprendizajes de cooperación en actividades cotidianas desde edades muy tempranas. Tal es el caso de un grupo de niñas que tomaban cla- ses veraniegas de manualidades con la maestra Marce, encargada de la biblioteca quien falleció en el proceso: Cuando murió Marce [las niñas dijeron] ―queremos seguir haciendo esto para los otros niños‖. En- tonces le pusieron Marce a su curso de verano. Son niñitas como de secundaria o menos que dan ta- lleres de manualidades a los niñitos y por ahí fueron solitas a pedir en la Asamblea que les dieran permiso. Como no había un adulto responsable pues no se los iban a dar, hasta que alguien se apiadó de ellas, de los que sí han trabajado, y dijo ―pues yo me hago responsable y vengo a revisar que ellas estén bien‖. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) Imagen 21. Cartel publicitario del taller infantil Creciendo sin basura elaborado por R.T. Fuente: Facebook ―Cooperativa Palo Alto Oficial‖ en https://www.facebook.com/CooperativaPaloAltoPaginaOficial/photos/a.436942273059491/8921123608 75811/?type=3&theater Consultado el 17 de junio de 2019 La experiencia de estas niñas revela la relación entre las actividades culturales y el desarro- llo de la identidad. Las actividades culturales y recreativas de la cooperativa representan en 153 realidad una Educación cooperativista temprana con que los niños se integran a la comunidad y en muchos casos adquieren un fortalecimiento de la identidad, la memoria y los valores coope- rativos. Como estos eventos, los talleres que se imparten a niños son bastante comunes y de temas muy variados desde manualidades, talleres de baile o artes marciales hasta talleres de cultura de no basura (Imagen 21). De esta forma desde niños hay mecanismos, como las actividades culturales, que integran a los niños a la comunidad y derivan en aprendizajes útiles para la convivencia comunitaria: Cuando uno tiene cultura es diferente, se relacionan diferente con las personas, actúan diferente y el hecho de que haya cultura aquí nos motiva a ser más sensibles. La mayoría actúa nomas por impulsos sin pensar las cosas, a veces actúan solamente en su beneficio y hacen algo que me está perjudicando y lo sabe pero no le importa entonces si ese mismo vecino está conmigo en alguna actividad cultural [puede decir] ―ah me cae bien, no me ha hecho nada, somos cuates no lo voy a molestar‖ si él me di- ce ―¿sabes qué? me estás molestando con esto o lo otro‖ lo voy a reflexionar en lugar de ignorar y no lo voy a enfrentar de una forma desagradable. (I.B., 21 años, femenino, abril 2018) Esta opinión apunta a que la experiencia de las actividades culturales puede generar empatía en las personas y una comunicación asertiva. Quienes han tenido participaciones más compro- metidas y cercanas al grupo de la Asamblea han experimentado otro tipo de aprendizajes. En el caso de R., su motivación comenzó siendo de curiosidad, después, al participar en más comprometidas el motivo fue el interés por integrarse. Su experiencia resultó muy rica en términos de los aprendizajes que obtuvo: Antes de lo de la cooperativa era como muy nervioso y no me gustaba exponer pero cuando iba a las Asambleas dentro de mi decía algún día me gustaría agarrar un papel y exponer una idea. Y decía, es- tá complicado, si yo ni voy a leer y ya estoy nervioso, no tengo nada que dar y no me sentía capaz de hacerlo. Hasta que llegó un momento que quería meterme a una comisión y me metí y me di cuenta de que todos estábamos igual. Había señoras que de repente hasta de broma me decían ―tú explícalo‖, me animaban. A lo mejor eso me empujó. Y de repente te dabas cuenta que es como una escuela vi- vencial, ibas exponías a veces era el nervio, el enojo y lo sacabas y a lo mejor después me empezó a gustar porque era una forma de quitarme esos miedos. Llegó un momento en que me gustó pero por- que empecé a darme cuenta que sí podía. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Este tipo de aprendizajes son aprendizajes vitales, en el sentido de que la confianza en la palabra propia y capacidades como la discusión en público y en grupo son capacidades que pueden usarse en múltiples actividades de la vida cotidiana como los aprendizajes antes men- cionados. Sin embargo, la experiencia de trabajo en la cooperativa permite también obtener aprendizajes estratégicos relacionados con la planeación de proyectos, el trabajo el equipo y la comunicación de resultados. Igualmente, en el caso de R., tras cinco años de realizar proyectos en conjunto con la cooperativa, obtuvo algunos aprendizajes estratégicos que incluso podrían considerarse políticos: Creo que es como comprender cómo está, qué es lo que quieres hacer y cómo lo vas a desarrollar y eso a mí en estos cinco años me dio eso la cooperativa, demostrar y saber cómo iban los pasos y co- mo de repente lo que decían planificar, ser más estratega, no lo voy a plantear de esta forma porque 154 sé que si lo planteo de esta otra forma no lo van a aceptar. No sé si eso se llame formación política a esa forma en la que ves la manera de solucionar las cosas. (R.T., 32 años, masculino, abril 2018) Este tipo de aprendizajes no solo pueden ser aplicados a la vida cotidiana, sino que también son útiles en cierto tipo de espacios organizacionales. En particular para una cooperativa como Palo Alto este tipo de capacidades, útiles para la planeación estratégica y de proyectos, son fundamentales para asegurar el desarrollo de la cooperativa. Por supuesto estas experiencias no han sido exitosas en todos los casos, existen casos en los que la colaboración entre jóvenes y la cooperativa no ha sido tersa. En particular para P. su experiencia fue ríspida debido a un proce- so en el cual no se rindieron cuentas de un Proyecto Comunitario de Mejoramiento Barrial que no fue lo suficientemente socializado. De parte de los socios de la Asamblea quedó la duda del destino de los recursos y por el lado de P., quien fue el responsable del proyecto, una sensación de molestia por lo que consideró como falta de apoyo e interés de los socios: Ahí están todas las cuentas, ellos quieren que les de cuentas a ellos, a la cooperativa, a la Asamblea, yo le di cuentas al gobierno, es que la cooperativa nada más es la unión, la Asamblea, pero la colonia no dio el dinero, el gobierno es el que te da el dinero. Mi papá y yo fuimos los únicos, lo metimos en- tre yo y él nos aventamos todo el esquema y todo, lo había empezado otra persona que empezó se llamaba Ramón, fue el primero que metió Mejoramiento Barrial, alumbrado, algunas cosas, este quiosco, fue el segundo el de nosotros. Pero ya empezaron a molestar y dije voy a entregar cuentas hasta el último, si es por molestar vamos a molestar. Quieren que les rindiera cuentas ¿para qué? Na- die se apuntó, les avisábamos y todo y nadie quiso trabajar, hasta hay actas que estábamos con el ar- quitecto para ordenar los trabajos y todo y nadie iba, como dices papel habla, está la fecha, el sello y todo de la gente que estamos esperando y nada. Ellos no metieron el proyecto y no apoyaron, no me- recen nada ¿por qué, por el representante? Para mí no merecen eso, no te apoyan. (P.V., 35 años, masculino, junio 2018) En este caso la falta de experiencia de P. sobre los procesos de un proyecto en la cooperati- va en el cual debe haber rendición de cuentas está marcada por la experiencia familiar previa de P. de estar al margen de las familias reconocidas como socias: Sí, mi papa también tiene ese problema, vivimos en casa de mi abuelo y se quedó intestado… enton- ces ahí nos quedamos y no nos quieren, bueno no lo quieren reconocer como socio, entonces no te- nemos opinión en la Asamblea […]. No tenemos ni el voto de exclamar y nos acusan de separatistas y nos acusan de muchas cosas‖. (P.V., 35 años, masculino, junio 2018) Esta experiencia familiar previa es importante para el funcionamiento de la organización como cooperativa porque anula las capacidades de diálogo y concertación necesarias para la correcta planeación, ejecución y evaluación de los proyectos. Uno de los motivos de la descon- fianza de P. hacia la cooperativa se debe conflictos que le atañen por sus vínculos familiares y ha impedido que su experiencia en la cooperativa consolide aprendizajes como en otros casos. Visto desde la perspectiva de las capacidades ciudadanas que mencionamos anteriormente la dinámica de la colonia en cooperativa ha acercado a las personas a un tipo de cultura útil para el desarrollo de capacidades que guían a la concertación. Este es uno de los grandes apor- tes de la forma cooperativa de vivienda, porque hace inevitable el diálogo entre los habitantes y 155 produce espacios de diálogo y socialización poco comunes, aunque también tiene límites. En el caso de Palo Alto la discusión pública de los asuntos comunes está limitada por la pertenencia al grupo de socios, por la falta de claridad en la sucesión de los socios y por los resentimientos que generó el conflicto con los disidentes. Los problemas familiares dentro de la comunidad han evitado que los aprendizajes que los jóvenes han adquirido desde niños en su comunidad se reintegren al sano desarrollo de Palo Alto como organización cooperativa. Según la considera- ción de R.: Tendría que haber personas formándose porque son ellos los que van a entrar a lo que viene. Lamen- tablemente cada vez hay más problemas y tendrán que entender que las decisiones se toman en con- junto. Cuando toda esa estructura, toda esa base, toda esa formación no la tienes, vas a llegar en cero, vas a llegar a una Asamblea donde tienes que resolver cosas y no sabes ni pedir la palabra y quieres gritar y no se va a poder. Y eso es a lo que vamos, a esa Asamblea donde la gente llegue a lo mejor a la ley del más fuerte ¿no? ―Yo sé más, yo soy el que hablo‖ o ―Mi familia es la que es más grande, nosotros somos los que ponemos‖. Si no hacemos esa formación vamos a llegar a eso, a esa barbarie de no tener un control […] Tenemos que estar formados para comprender que eso no funciona y que tendría que ser de otra forma y creo que esa formación no se está desarrollando aquí en la cooperativa y creo que sería uno de los primeros pasos para que esto mejore. (R.T. 32 años, masculino, abril 2018) Si bien estos jóvenes están adquiriendo esas capacidades útiles para una organización cooperativa desde su participación en actividades comunitarias, culturales, cívicas, religiosas o deportivas y en algunos casos en actividades cooperativas, esto no se está traduciendo en la generación de nuevos cuadros para la administración de la cooperativa. Aunque es imposible que todos los jóvenes tengan un lugar en la cooperativa, sería deseable que aquellos que traen observaciones, ideas e intenciones por aprender pudieran integrase a la administración de la cooperativa. Para otros jóvenes cuyas elecciones e intereses de vida los han alejado de la ciudad de México de forma temporal o permanente, este tipo de aprendizajes es útil pues los prepara para insertarse en una dinámica de trabajo en equipo y los hace más familiares a organizaciones horizontales. Ya no tengo remordimiento por irme porque además es gracioso pero siento que a donde he ido suelo estar en grupos similares. Más bien es como que me formé en una cooperativa de vivienda y eso es lo que soy. A donde voy es lo mismo, quizás no se llame Palo Alto pero al final acaba siendo algo simi- lar, ósea, convivo con personas que trabajan en equipo, que se quieren poner de acuerdo y que buscan algo similar y que funciona similar. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) Esta ―fuga de cerebros‖ que no encuentran cabida en la cooperativa o que por cuestiones personales han migrado a otros lugares no siempre ven la cooperativa como opción de vivienda. Si observamos nuevamente los resultados de la encuesta sobre los motivos por los que se es feliz en la cooperativa, solo 9.6% de los encuestados atribuyeron esa felicidad a la propia cooperativa como organización. Esta categoría cuenta con respuestas como ―El cooperativismo genera otra visión de vida donde se busca el bien común‖, ―Sí por mis compañeros y compañe- ras fundadoras a quienes aprecio mucho y no porque no vivimos con la tranquilidad por la que 156 luchamos toda la vida‖ y por los ―Beneficios que se obtienen de vivir en la cooperativa‖. Cabe señalar que en esta pregunta uno de los motivos por los cuales se es feliz, aunque con pocos casos, es el relacionado con el legado y pasado de la cooperativa, clasificado en la opción Otras con respuestas como ―Porque fue parte del legado de mi abuelo‖ o ―Me agrada el lugar y su historia‖. Tabla 19. Motivos por los que es feliz viviendo en la Cooperativa Generaciones ¿Por qué es feliz viviendo aquí? Total Fundadores Ruptura Jóvenes 5 12 5 22 No contestó / No sabe 17.2% 24.0% 13.9% 19.1% 5 8 2 15 Familia / Vecinos 17.2% 16.0% 5.6% 13.0% 9 15 13 37 Seguridad / Tranquilidad 31.0% 30.0% 36.1% 32.2% 3 3 4 10 Ubicación / Servicios 10.3% 6.0% 11.1% 8.7% 3 3 5 11 Organización cooperativa 10.3% 6.0% 13.9% 9.6% 3 6 3 12 Ha vivido ahí toda su vida 10.3% 12.0% 8.3% 10.4% 1 3 4 8 Otra 3.4% 6.0% 11.1% 7.0% 29 50 36 115 Total 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. Después de observar los aprendizajes vitales que los jóvenes han obtenido por su simple crecimiento en la cooperativa y por sus acciones dentro de la organización, se ha hecho eviden- te un aspecto dual de la cooperativa, en sus testimonios es posible apreciar a Palo Alto como cooperativa y también como comunidad. Las personas pueden adquirir aprendizajes efectivos en el espacio comunitario particularmente jóvenes y niños. En el espacio de la organización cooperativa, reservada a los socios, no se están aprovechando esas nuevas capacidades en la generación de más cuadros mejor preparados. Es importante profundizar sobre la relación entre comunidad y cooperativa. ¿Qué es Palo Alto? En el artículo 1.4 de la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad se habla de las 2 acepcio- nes de ciudad, la ciudad física y la ciudad política: Por su carácter físico, la ciudad es toda metrópoli, urbe, villa o poblado que esté organizado institu- cionalmente como unidad local de gobierno de carácter municipal o metropolitano. Incluye tanto el 157 espacio urbano como el entorno rural o semirural que forma parte de su territorio. Como espacio polí- tico, la ciudad es el conjunto de instituciones y actores que intervienen en su gestión, como las auto- ridades gubernamentales, los cuerpos legislativo y judicial, las instancias de participación social institucionalizada, los movimientos y organizaciones sociales y la comunidad en general. Esta misma doble cualidad física y política de la ciudad es también apreciable en los térmi- nos latinos civitas y urbis. De estos términos latinos evolucionaron dos palabras de la lengua hispana que usamos hoy: ciudadanía y urbe. Ambas resaltan ideas distintas pero ligadas estre- chamente al concepto de ciudad. Ciudadanía, que comparte raíz con la palabra ciudad, hace un especial énfasis en la dimensión política y social de la ciudad, un ciudadano es aquel que ejerce sus derechos y toma parte de la vida pública de la comunidad. Mientras que la palabra urbe resalta la dimensión material, urbana y constructiva de una ciudad creada por personas, la di- mensión material tampoco está escindida de la social. José Luis Ramírez aborda esta cuestión en su trabajo ―Los dos significados de ciudad‖ (1998). En este trabajo analiza ambos conceptos y menciona que el concepto y la realidad ma- terial a la que hace referencia cambian con ritmos distintos: Las transformaciones en las formas de vida conducen a menudo a transformaciones en el vocabula- rio, pero conducen sobre todo y con mayor rapidez a transformaciones en el uso conceptual de pala- bras que siguen teniendo la misma configuración literal o fonética. Es decir que la transformación conceptual se produce ya antes de que la propia imagen de la palabra se haya comenzado a transfor- mar. Pues las transformaciones de lo material son por lo general más lentas que las de su sentido, lo cual nos hace ciegos ante otras formas de vida y otras formas de pensamiento que aquellas en las cua- les nos encontramos inmersos. (Ramírez, 1998) Esta idea del cambio del contenido conceptual de la palabra es claramente apreciable en la evolución de la cooperativa como concepto para los habitantes de Palo Alto. La realidad mate- rial, demográfica, urbana, del asentamiento se ha transformado de forma muy acelerada, mien- tras que los mecanismos de participación, algo que nos liga más a lo ciudadano, no se han transformado ni diversificado y pone en evidencia diferencias sustanciales entre las primeras generaciones y las más actuales. Ambas cuestiones, la urbana y la ciudadana, tendrían que for- mar parte de un mismo proyecto, Harvey menciona que: La cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede separarse del tipo de personas que queremos ser, el tipo de relaciones sociales que pretendemos, las relaciones con la naturaleza que apreciamos, el estilo de vida que deseamos y los valores estéticos que respetamos. (Harvey, 2013: 20) En este mismo sentido vale la pena preguntarse qué pensamos cuando hablamos de Palo Al- to. ¿Qué es Palo Alto? ¿Fue un movimiento social, fue una experiencia, es una colonia, es una comunidad, es una cooperativa, es la memoria de quienes vivieron su fundación, o es una aspi- ración de lo que puede hacerse como grupo organizado en torno a la obtención de una vivien- da? Esta discusión no es banal. La múltiple forma de contar la historia de Palo Alto revela una diversidad enorme de dimensiones que componen a Palo Alto como los valores cooperativistas, la identidad de clase, la organización comunitaria, la organización cooperativa, o la historia de un territorio que van y vienen entre su dimensión material y social. 158 Simplemente abordar Palo Alto como cooperativa abre un mundo de dimensiones muy am- plias, como Guadalupe Cabrera menciona en su tesis: ―las cooperativas comprenden cuatro aspectos; el comunitario, como fermento de cambio social; el social, como grupo democrático; el económico, como empresa y, por último; el educativo, como escuela de vida‖ (Cabrera, 11). Por lo tanto, la cooperativa como figura jurídica y como modelo económico tiende a desbordar- se sobre cuestiones sociales e individuales: ―la cooperativa no tendría sentido si no se proyecta- ra a la comunidad, porque de este modo nunca podría cambiar a la sociedad. Los socios deben estar conscientes de que la ayuda mutua es también el mejoramiento de su comunidad y la lu- cha para defender los derechos de los demás‖ (Cabrera, 1998: 11). Esto puede ser observado en la diferencia de matices sobre lo que algunos habitantes de la cooperativa reconocen como ―cooperativa‖. Derivada de la misma encuesta que se aplicó en la comunidad podemos observar algunas diferencias sobre lo que los habitantes y socios conside- ran como cooperativa. Tabla 20. Significado de la cooperativa por clasificación y por generación Generaciones ¿Qué es cooperativa? Total Fundadores Ruptura Jóvenes 8 11 3 22 Territorio Vivienda 27.6% 22.0% 8.3% 19.1% 0 4 0 4 Jurídico 0.0% 8.0% 0.0% 3.5% 12 17 13 42 Trabajo Común 41.4% 34.0% 36.1% 36.5% 2 12 9 23 Convivencia cotidiana 6.9% 24.0% 25.0% 20.0% 4 2 5 11 Igualdad 13.8% 4.0% 13.9% 9.6% 3 4 6 13 No sabe / No contestó 10.3% 8.0% 16.7% 11.3% 29 50 36 115 Total 100% 100% 100% 100% Fuente: Encuesta propia. Levantada en febrero de 2018. Las respuestas, codificadas en 6 categorías, revelan que el grueso de las respuestas (56.5%) se ubican en Trabajo Común y Convivencia cotidiana, algunas de las respuestas d ellos encues- tados fueron: ―Es una organización vecinal que busca bienestar, convivencia y zona segura‖ o ―Es una asociación de clase media con el beneficio de adquirir la vivienda‖. Algo notorio es la diferencia de respuestas que existen dependiendo de la generación a la cual pertenecen. Como podemos observar cuando extraemos el conjunto de Jóvenes del conjunto general es posible apreciar diferencias respecto al resto de los encuestados. La principal es que la categoría de Territorio y Vivienda (donde encontramos respuestas como: ―Una organización para los terre- 159 nos para construir casas iguales y tenga mismos derechos para todos‖ o ―Es un lugar común en la que los pobladores tienen que perseguir beneficios para todos‖) pierde peso frente a otras categorías, incluso frente a las otras dos generaciones el porcentaje es mínimo y los casos se reducen a 3 frente a 19 casos de las dos. Otra categoría interesante para el caso de los jóvenes es la categoría Convivencia cotidiana donde hay respuestas como: ―Es el conjunto de gente que hace las cosas en unión o cooperan- do‖, ―Grupo de personas las cuáles hay apoyo convivencia y solidaridad‖, ―Participar y coope- rar con todo lo que se diga‖ o ―Es llevarse bien con todos‖. Esta categoría es superior en porcentaje a la primera generación y similar en la segunda. Mientras que la categoría Igualdad donde hay respuestas como: ―El conjunto de personas para crear un bien y que no haya jerar- quías‖, ―Individuos que se asocian en igualdad de condiciones para lograr un objetivo‖ o ―Un grupo de personas con un ideal y fin común con los mismos derechos y obligaciones‖, es simi- lar en porcentaje a la primera generación, pero superior respecto a la generación de la Ruptura. Para muchos jóvenes la experiencia de vivir en una cooperativa tiene menos relación con la lucha por una vivienda que con la Convivencia cotidiana o el Trabajo común que no siempre se asocia a la vivienda sino a otros espacios públicos de la colonia o a actividades de manteni- miento y gestión de nuevos espacios como la Casa del Adulto Mayor, el Gimnasio o a la ges- tión de actividades culturales. Esto refleja un interés por vivir la cooperativa de otras formas, mediante un trabajo y una participación que se encuentran desligados del proceso de lucha y organización por una vivien- da y más cercanos a la convivencia cotidiana y creación de espacios y actividades culturales y comunitarias. En cambio, la concepción Jurídica de la cooperativa, con respuestas como: ―Es una forma jurídica donde todos los integrantes son los dueños de los activos fijos de la coopera- tiva‖ o ―Es una organización propiedad de todos los socios y están controladas y administradas por ellos‖, se encuentra totalmente ausente de la Tercera generación y privilegia la forma de tenencia de las casas y la cooperativa como estrategia económica. La generación de la Ruptura es la única que tiene entradas en esa categoría, lo que revela su cercanía con el proceso de li- quidación, pero quizás también esté relacionado con la mejora en sus condiciones de vida res- pecto a la generación de los Fundadores o con sus experiencias laborales. La Tercera generación se encuentra ausente de esta concepción quizás por su inexperiencia laboral o aca- démica y a la falta de experiencia de los más jóvenes con responsabilidades mayores en activi- dades y proyectos cercanos al núcleo de organización de la cooperativa, es decir a la Asamblea. La categoría más numerosa y en la que se mantiene más o menos sostenida en las tres gene- raciones es la del Trabajo común con respuestas como: ―Conjunto de personas que luchan por un bien común‖, ―Estar unidos para trabajar‖, ―Es una sociedad formada por comunistas con un fin en común‖ o ―Es en donde todos los miembros de ella son unidos y producen bienestar para todos‖. Esta categoría refleja que independientemente del fin para el que se constituyó la cooperativa se reconoce que partió de un objetivo común y que más allá de la vivienda se reco- 160 noce que son de interés común tareas cotidianas como la limpieza de los lotes baldíos o de la plaza. De este modo la cooperativa que nació como una forma de organización de una comunidad para autogestionar la tierra y recursos sin que ninguno de sus miembros se aprovechara del res- to se fue enriqueciendo y en la actualidad representa para los jóvenes una organización para la obtención de servicios urbanos o culturales, ellos viven la cooperativa de forma distinta. Para los jóvenes, la cooperativa tiene significados más allá de la autogestión de una colonia, tan am- plía que puede perder todo significado ―Pues un pequeño sector de la sociedad organizada, así lo definiría en pocas palabras‖ (D.U., 19 años, masculino, junio 2018). La cooperativa como grupo organizado, incluso como movimiento, es algo ajeno para los jóvenes de hoy. Imagen 22. Hip hop en el Aniversario de la Toma de la Tierra 2018 Foto: Moisés Quiroz. Agosto 2018. Debido a que pocas familias nuevas han llegado a la cooperativa, los lazos de parentesco también han sido muy fuertes y han influido en la concepción de la cooperativa: es un lugar donde muchas personas tiene conexión o familias, conocidos quizás, como un grupo, una unión, pero grande. (D.D. 20 años, masculino, junio 2018). Para J.C. esta unión familiar tam- bién derivó en los valores propios del cooperativismo: Como diría el nombre, cooperativismo, que todos nos ayudamos, en pocas palabras todos nos cono- cemos. Entre familia se ha ligado y ya es una sola familia aquí, uno ya es pariente del otro, nos queda comunidad, solidaridad, apoyo mutuo, aunque haya disgustos entre familias siempre hay apoyo como cooperativa. Eso es para mí lo que significa la cooperativa. (J.C., 29 años, masculino, agosto 2018) Incluso la pervivencia de las relaciones estrechas entre familias también ha desarrollado en los jóvenes una asociación con sus memorias y sus festividades: ―Yo siento que es un espacio 161 con memoria histórica que además tiene tradiciones y representa como el trabajo comunitario y la convivencia entre los lazos entre familiares y entre personas‖ (K.H., 19 años, femenino, junio 2018). La asociación entre el espacio y el grupo social comienza a estrecharse debido a la per- manencia de las familias en el territorio, aspecto que motivó a la generación de la Fundación su lucha por este territorio pues en ella ya había sangre de sus antecesores. Así la concepción de la cooperativa en su dimensión territorial es algo que los jóvenes han aprendido de los ancianos y gracias a lo cual, dado que el espacio aún subsiste, la cooperativa como organización también: Siempre me educaron de que la cooperativa era el lugar y sigue siendo el lugar pues para mi sigue siendo cooperativa, no se ha terminado. Cuando últimamente he escuchado en las juntas que legal- mente ya no somos cooperativa, se me hace como más bien situación burocrática. Porque al final la ―Toma de la Tierra‖ no es que tuvieras el papel, les valió y vinieron a hacer casas a la gente. Para mi legalmente no significa que seas o no cooperativa, para mí ser cooperativa es de que esté el lugar y que esté la organización y que esté funcionando aunque sean cinco personas que estén allí. (E.A., 29 años, femenino, marzo 2018) De esta forma la concepción de la cooperativa Palo Alto está ligada al territorio de una for- ma muy estrecha, sin que eso excluya el aspecto social y sin que excluya necesariamente el aspecto organizacional de la cooperativa: Yo lo considero como el hecho de que todas las personas que forman parte de ella deben saber qué está pasando en ella porque es una sociedad. Por lo tanto, tienes que participar de ella porque vives dentro del territorio de ella, digámoslo así entonces sí tienes que saber qué pasa en ella, por qué pasa y participar en lo que pasa, eso es ser parte de una cooperativa. La cooperativa como nombre es como la estructura en la que está formada de que hay una mesa que dirige, de ahí se desprenden las comi- siones, de las comisiones hay otras personas involucradas y así. (I.B., 21 años, femenino, abril 2018) Esta reflexión sobre la dimensión social y urbana de la cooperativa y su dimensión comuni- taria y organizacional es importante debido a la intención de un grupo de personas por refundar la cooperativa y en el cual están participando socios y no socios de la cooperativa existente. Para los jóvenes el participar en la cooperativa es una forma de participar en la comunidad y aunque buscan el reconocimiento y apoyo del grupo de la Asamblea, su objetivo de participa- ción no es la vivienda, objetivo de la primera generación, sino la gestión de recursos para pro- yectos culturales que abundan en su memoria, como ―Palo Alto. El Documental‖, o para proyectos de mejora de los espacios públicos que están más ligados a un ámbito comunitario. 162 Colofón A lo largo de esta investigación fue posible explorar las dimensiones identitarias, de memo- ria y participación de los jóvenes en la cooperativa Palo Alto. Para ello fue necesario dar ele- mentos de las experiencias de las generaciones pasadas, abuelos, padres y en algunos casos bisabuelos de los jóvenes de entre 18 y 35 años que actualmente viven en la cooperativa. Estas experiencias previas formaron el espacio urbano en el cual hoy habitan y crearon también el espacio social en el cual los jóvenes se desenvuelven. Por ese motivo fue imposible abordar a los jóvenes de forma aislada porque su identidad se genera a partir de las memorias de los abue- los y padres que experimentaron la lucha por la tierra en la década de 1970 y que generaron valores e ideales cooperativos que aún perviven y que se espera sean asimilados por los miem- bros de la comunidad. En el caso de la memoria observamos cómo a los jóvenes se les ha inculcado el pasado de la cooperativa en una diversidad impresionante de medios, desde la comunicación oral familiar, como los videos informativos distribuidos en internet o los referentes gráficos en los murales de la cooperativa. Además de este tipo de referencias que narran la historia de la cooperativa, tam- bién hay múltiples elementos que despiertan curiosidad en los jóvenes por conocer, por ejem- plo, la causa de que haya múltiples viviendas abandonadas o la conservación de la primer vivienda tipo que actualmente se usa como bodega y a veces como despacho o consultorio. A ello hay que agregar las festividades celebradas por la comunidad como la Fiesta de la Toma de la Tierra o el Aniversario Luctuoso de Rodolfo Escamilla y los talleres infantiles y obras de teatro que abordan el pasado de la cooperativa y en las que niños y adolescentes toman parte. Estas memorias que se inculcan en los niños y jóvenes son memorias filtradas, selectivas de los aspectos más importantes del pasado y que representan ideales para la comunidad, son me- morias aleccionadoras que hablan de la cohesión de un grupo, del trabajo en equipo y ejemplo de lo que se puede lograr a pesar de la escasez de recursos. Pero más allá de ello, los jóvenes han desarrollado una actitud crítica que cuestiona los aspectos que no funcionaron o que les son ajenos. Esto es importante ya que la crítica de lo que se hizo en el pasado les ha permitido pro- poner y vislumbrar nuevos horizontes para mejorar la organización y la comunidad. En el aspecto de la identidad, la memoria que los abuelos y padres transmiten a los jóvenes inculca en los niños un sentido de pertenencia a su familia y a su comunidad. Las historias que retratan a los abuelos en lucha contra los granaderos y a los padres ayudando en la fabricación de tabiques y en algunos casos defendiendo a la cooperativa de los ―disidentes‖ son motivo de orgullo para los jóvenes que comienzan a identificarse con ciertos valores comunitarios prove- nientes de su familia. Aunque estas memorias son historias para los jóvenes, ya que no las vi- vieron, su cercanía familiar y la presencia que tiene en la colonia las hace realmente cotidianas y son las memorias que han hilado a las tres generaciones en un vínculo estrecho de identidad con la comunidad y estimula un sentido de pertenencia y arraigo al territorio. 163 Sin embargo, es importante identificar que en el aspecto organizacional de la cooperativa la identidad está limitada ya que la pertenencia se limita a los socios. Incluso algunos hijos de socios que han trascendido de esta vida y que participan en la Asamblea tampoco tienen certeza sobre su estatus dentro de la organización porque no existían lineamientos claros de sucesión. Esto último ha provocado que a pesar de que en la Asamblea se discuten los problemas de la comunidad, la organización ha perdido legitimidad entre algunas familias y algunos jóvenes no solo no se sienten identificados con la organización, sino que incluso llegan a rechazar sus acti- vidades y su participación en la organización cooperativa. Entre otras familias, la identidad con la cooperativa no se ha perdido, ya que si bien algunos jóvenes no tienen estatus de socios en la cooperativa se refieren a los demás como ―compañeros‖ y no como ―vecinos‖, esto demuestra que las dinámicas cooperativistas a las que se incorporaron como participantes desde niños sí ha generado en ellos identidad con la cooperativa y algunos incluso buscan participar con ayu- da de la Asamblea, aunque no pertenezcan formalmente a la organización. Es importante reconocer también que estas diferencias respecto a la cercanía o lejanía con la organización también se deriva de las experiencias que los padres y abuelos han tenido al inte- rior de la organización. Esto nos lleva al tercer aspecto de la investigación, el de la participa- ción de los jóvenes. La participación juvenil en la comunidad tiene diversas etapas según el desarrollo de los individuos y diversos grados de compromiso según la cercanía que los jóvenes tienen con el grupo de la Asamblea de socios. Los niños han participado y actualmente partici- pan en proyectos eminentemente culturales y comunitarios relacionados con el fomento de re- glas de convivencia, con actividades manuales y artísticas que tienen por objetivo la enseñanza de un ideal y valores a través de la memoria. Este nivel de participación es básico en el sentido de que toman parte en proyectos impulsados por los mayores, pero es un nivel de participación importante en años formativos para inculcar sentido de pertenencia e identidad con un proyecto cooperativo. La participación es, además, una de las expectativas más importantes sobre los jóvenes, los cuales son percibidos como apáticos en general, aunque se ha demostrado que hay casos en los que su participación es relevante. Con el desarrollo de los individuos y la adquisición de mayo- res capacidades los jóvenes han desarrollado inquietudes que buscan cobijo en del grupo de socios de la Asamblea. Estas participaciones tienen un nivel de compromiso mayor pero no siempre han tenido la capacidad de desarrollarse por ser ajenos a las dinámicas, procesos, me- canismos y canales de participación existentes y en parte a que la cooperativa tampoco cuenta con las capacidades para atender intereses tan diversos como de los jóvenes. Muchas de las actividades con que los jóvenes están participando en su comunidad están re- lacionados profundamente con la memoria de la primera generación, esta historia de lucha y apoyo mutuo es uno de los elementos más rescatados por los jóvenes y que buscan ser retoma- dos en sus actividades. Al mismo tiempo existe la sensación de que ese pasado dorado se ha perdido, que es imposible superarlo o que no es exactamente lo que se necesita en la actualidad. Esto se refleja en que para los jóvenes la experiencia de los abuelos y padres es relatada como 164 un legado del cual se han beneficiado pero que no es exactamente el que ellos necesitan para sus inquietudes y condiciones actuales. Cada generación ha tenido un reto y experiencias diferentes, la primera se enfrentó a la lu- cha por la vivienda, la segunda se enfrentó a la supervivencia de la cooperativa y la defensa de la propiedad cooperativa, mientras que la tercera ha luchado por obtener mayor participación. En este sentido y partiendo de las diferencias entre historia y memoria que se mencionaron en el primer capítulo, la experiencia de la fundación es historia para ellos porque se encuentra más lejana a sus propias experiencias, mientras que sus memorias propias se componen de expe- riencias en proyectos culturales que buscan un mayor espacio de participación en la cooperativa y en ese sentido son memorias que se están construyendo. Sin embargo, la cercanía de la histo- ria de la fundación, por el estrecho vínculo familiar y por el nivel cotidiano con que se vive, hacen que estas memorias se reproduzcan a través de la interacción cotidiana de los sujetos preservándolas, enriqueciéndolas, reinterpretándolas y apropiándolas de formas diferentes, lo que ha sido llamado memoria intersubjetiva (Rivaud, 2010: 108). En ese sentido no son tan ajenas a la experiencia de los jóvenes y sirven como piso seguro para emprender sus propias luchas personales o sociales. Es así como esta relación con el pasado se ha insertado en su acción. Como reflexiona Syd- ney Tharrow sobre los motivos de las acciones colectivas, estas se originan no en el cerebro de las organizaciones, sino que se origina principalmente de una serie de convenciones que perte- necen a una cultura pública transmitida de generación en generación. Lo cual confirma a las familias de la cooperativa como el primer grupo de afiliación identitaria, en ella es posible ad- quirir tanto identidad cooperativa como las primeras estrategias de participación, que puede comenzar en un nivel simbólico, pero que pueden derivar en estrategias más comprometidas de participación: Cada grupo tiene una historia —y una memoria— propia de la acción colectiva. Los trabajadores sa- ben cómo hacer huelga porque generaciones de trabajadores la han hecho antes que ellos; los pari- sienses construyen barricadas porque las barricadas están inscritas en la historia de las revueltas de esta ciudad; los campesinos se apropian de la tierra enarbolando los símbolos que sus padres y abue- los usaron antes que ellos (Tarrow, 1997: 51). Las estrategias de participación responden al contexto en el cual cada generación se desa- rrolló. Si la primera generación se organizó para satisfacer su demanda de vivienda, en la actua- lidad las demandas viviendistas están acompañadas de demandas democráticas. Si bien en Palo Alto no se ha solucionado el problema de la vivienda, el problema de la participación y la de- mocracia al interior del grupo tiene gran presencia. Como se recoge en el trabajo ―Autogestión, democracia y territorio: Ciudad de México, 1968-2018. Una retrospectiva‖ de René Coulomb. Los proyectos autogestionarios de la década de 1980, de la cual la experiencia de Palo Alto es pionera, lograron dar pie a demandas sociales y democráticas que han derivado en el ideal del Derecho a la Ciudad. 165 Entre las tres generaciones hay diferencias sustanciales y que nos hacen preguntarnos sobre el futuro de la cooperativa. Son múltiples los retos que enfrenta Palo Alto y muy rico el capital cultural que poseen, ¿qué opciones tenemos en el futuro, transformación o continuidad de Palo Alto? Surgen más preguntas que no pueden ser concluidas. Por ese motivo esta investigación cierra con un colofón. Son más las preguntas que se abren que las que se contestan y es necesa- rio continuar investigando para ofrecer una mejor comprensión y propuestas de trabajo para que la cooperativa pueda decidir el futuro que quiere tener. Observar otras experiencias podría ser un primer buen paso para ello. A lo largo de esta investigación me fue posible conocer otras experiencias de organización en cooperativa que se plantean retos similares, me refiero a la cooperativa Yelitza‘a de la Ciu- dad de México y la Unión de Cooperativas Tosepan de Cuetzalan, Puebla. Como el fin de este trabajo no era comparativo no fueron integradas en el desarrollo de éste, pero me parece impor- tante rescatarlas en este colofón como un punto de reflexión sobre el futuro de Palo Alto. Antes de continuar con los resultados de esta investigación abro un paréntesis sobre estas dos coope- rativas. El papel de los jóvenes en dos experiencias cooperativas autogestivas Yelitza‘a es una cooperativa de vivienda de reciente creación cuyo objetivo es la construc- ción de un hábitat digno para las familias socias. Esta cooperativa aún no ha consolidado la construcción de la vivienda, en la actualidad se encuentra en proceso de consolidación y educa- ción cooperativa y entre sus socios se encuentran numerosos jóvenes con formaciones profe- sionales o en un proceso de formación profesional que buscan mejores alternativas al mercado de vivienda de la Ciudad de México. Yelitza‘a cuenta con el apoyo y orientación de agrupacio- nes cooperativistas nacionales e internacionales como la Coordinadora Centroamericana Auto- gestionaria de Vivienda Solidaria (Coceavis), de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda de Apoyo Mutuo (FUCVAM) y de Habitat International Coalition (HIC) entre otras organizaciones. Yelitza‘a también forma parte de la Coordinadora de Cooperativas de la Ciu- dad de México ―Chicoace Calli‖ junto a otras cooperativas de vivienda de la capital como Palo Alto, Tochan, Tollan, Guendaliza‘a y Buenavista. La cooperativa Yelitza‘a se planteó como un segundo intento de Guendaliza‘a, esta coope- rativa logró construir un conjunto de vivienda en la colonia Arenal al nororiente, en las cerca- nías del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Esta experiencia se juzgó fallida por impulsar la propiedad colectiva sin tener previamente una asimilación de la propiedad colectiva entre los socios, esto provocó que el grupo se fracturara y no concretaran la propiedad colecti- va. El grupo convencido de la propiedad cooperativa está planteando en Yelitza‘a un nuevo proyecto que aprovecha de forma crítica las enseñanzas de sus errores propios y de las expe- riencias de otras cooperativas con el objeto de construir un hábitat, un proyecto que no se limita a la producción de vivienda. Incluso ellos mismos se plantean como una cooperativa inspirada en el Derecho a la Ciudad y no en el Derecho a la Vivienda como Palo Alto. Así, buscan obje- 166 tivos como la reconstrucción de tejido social, la creación de comunidad y experiencias enrique- cedoras para sus habilidades sociales y laborales: No es tanto la vivienda sino la comunidad que se logra con eso, yo vengo de un pueblo donde todo mundo conoce a todo el mundo, hablas con tus vecinos tienes amigos enfrente, atrás, y todos se co- nocen. La idea de reconstruir la idea de sociedad, que es básicamente la ayuda mutua entre todos los ciudadanos, es muy padre. (Entrevista colectiva con integrantes jóvenes de Yelitza‘a). Según otro de sus miembros, psicólogo de formación, su interés por participar en la coope- rativa no es la obtención de vivienda sino el desarrollo de sus inquietudes profesionales, en particular el desarrollo de un espíritu crítico en las comunidades de adolescentes conocidas como Tutelar para Menores donde trabaja. El espíritu crítico Es por lo que me llama muchísimo la atención la cooperativa. Este eje rector que lo remarco mucho porque me agrada bastante, en el ámbito laboral lo trato de llevar a los chicos de allá. No los voy a sacar de su entorno ni nada de eso, pero tratamos de darles herramientas. (Entrevista colectiva con in- tegrantes jóvenes de Yelitza‘a) Los aspectos personales de su desarrollo, como la vivienda y su carrera profesional, están ligados a aspectos comunitarios de su entorno cercano y amplio. Este interés es similar al de los jóvenes de Palo Alto que han trabajado sus proyectos personales en acompañamiento con un ideal de ayudar en sus comunidades. Esta misma dualidad del ser individual y el ser social que componen al Sujeto está presente en la cooperativa. Cuando les cuestioné la pertinencia de trabajar con jóvenes, la respuesta re- veló que existen dos motivos poderosos para hacerlo. El primer motivo es que para los jóvenes es importante pertenecer a este tipo de proyectos comunitarios para su desarrollo personal: Cuando eres joven buscas pertenecer a un lugar y tener redes de apoyo, en general siempre lo haces, pero en ese momento es más significativo. Entras en un proceso individual de aprender lo que te gus- ta y no te gusta, empiezas a desarrollar habilidades para convivir con las demás personas y a entender por qué es importante pertenecer a un grupo. Además, es el momento ideal para esa configuración de pensamiento crítico, ser crítico siempre es complicado y más cuando eres joven porque quieres saber todo, aprender de todo, todo te interesa y a la vez nada te gusta. (Entrevista colectiva con integrantes jóvenes de Yelitza‘a) El segundo motivo es que para la organización es importante la participación de los jóvenes para asegurar la reproducción de un proyecto social como la cooperativa: Pensando en la permanencia de la cooperativa si uno no trabaja con esos jóvenes termina pasando como en otras cooperativas, no entienden este proceso porque no lo viven de la misma manera, cuan- do no sientes algo, no lo valoras, no le das continuidad a cierto tipo de trabajo. En este momento el aquí y ahora son los socios, pero la naturalidad es que los socios se vayan, se va reestructurando la cooperativa y si queremos rescatar eso vamos a tener que relegar y dejar en manos de otras personas la continuidad de la cooperativa y es en eso donde se termina rompiendo. (Entrevista colectiva con integrantes jóvenes de Yelitza‘a) De esta forma es importante que los jóvenes adquieran ciertas experiencias y vivencias per- sonales de trabajo con la cooperativa para que desarrollen un sentimiento de permanencia e 167 identidad con la misma. A pesar de la importancia de generar en futuros socios ese ideal, las personas con las que platiqué no buscan que todos los niños y jóvenes adquirirán ese sentimien- to y si lo hacen no necesariamente derivará en la colaboración con la organización: No podemos engañarnos y decir ―si tenemos cien niños y a los cien les enseñamos el estilo coopera- tivo los cien lo van a repetir‖. No es cierto. Ellos tomarán su decisión cuando sean grandes, al menos una parte lo va a entender y le va a gustar y lo van a seguir a lo mejor no igual o a lo mejor sí, a lo mejor mucho mejor pero intentamos asegurar que no se pierda, que entiendan cuál es el objetivo de esto, que entiendan por qué lo estamos haciendo ahora, por qué se hizo antes y por qué queremos que se siga haciendo. (Entrevista colectiva con integrantes jóvenes de Yelitza‘a) El punto mencionado es realmente importante pues no deposita en los jóvenes la esperanza de continuidad del proyecto. No todos van a repetir el modelo cooperativo de vida, pero sí se espe- ra que al menos se comprenda. Y cuando se espera que se comprenda, se pide que se entienda por qué se hizo, por qué se hace y por lo tanto, por qué se espera que se haga en el futuro. Esto es un llamado implícito a la memoria de hechos del pasado que hacen legítimas acciones pre- sentes y hacen deseables acciones en el futuro. Finalmente, la participación juvenil también es relevante por ser un proceso pedagógico que podría beneficiar y aportar una visión comunitaria su desarrollo individual en el mundo exterior: También un proceso educativo que les va a dar herramientas, si no lo aplican aquí lo van a aplicar afuera independientemente de lo que se dediquen. Que tengan valores para decidir qué es lo que quie- ren y lo que no les gustaría seguir reproduciendo y que tengan esta visión social de qué es una comu- nidad. (Entrevista colectiva con integrantes jóvenes de Yelitza‘a) El caso de Tosepan también resulta interesante para Palo Alto. Tosepan es actualmente una unión de ocho cooperativas, dos A.C. y una Fundación con múltiples actividades económicas, como la construcción de vivienda, servicios de ecoturismo y servicios de ahorro y préstamo entre otras, todas ellas encaminadas a la construcción de una Vida Buena. Esta cooperativa tiene presencia en más de 25 municipios de la región de la Sierra Norte de Puebla, particular- mente en el municipio de Cuetzalan del Progreso, cuna de la cooperativa. Los socios de las ocho cooperativas se calculan en más de 30 mil y son mayoritariamente mujeres y mayorita- riamente indígenas, particularmente totonacas y nahuas. Actualmente también enfrentan pre- siones territoriales muy fuertes por las actividades mineras y eléctricas que amenazan con la sobreexplotación de los recursos y la contaminación de los suelos y aguas de la región. Palo Alto y Tosepan comparten diferencias y similitudes y por el tiempo que llevan de exis- tencia, ambas han experimentado el tránsito generacional de sus socios. El movimiento social de cooperativistas indígenas en la región comenzó en la segunda mitad de la década de 1970 y para 1980 Tosepan se constituyó oficialmente como cooperativa. Aunque Palo Alto es unos años más antigua, ambas cooperativas comparten vínculos desde esos años formativos. De he- cho, un grupo de Palo Alto solía visitar Tosepan para intercambiar experiencias y ambos casos han sido recogidos como ejemplo de producción social del hábitat y defensa del territorio por HIC. 168 Para compararlas es importante reconocer las diferencias fundamentales de ambas coopera- tivas, las dos más importantes son: el tipo de propiedad de la tierra y las actividades que reali- zan. Mientras Palo Alto es una cooperativa urbana de vivienda de propiedad cooperativa, Tosepan es una cooperativa rural con diversas actividades de consumo, producción y ahorro para producción de vivienda, educación, salud, servicios turísticos, producción agrícola y aho- rro y préstamo entre otras en las que cada socio es propietario de su parcela y vivienda, por lo que nuevos socios pueden integrarse a diversas y dejar la cooperativa no implica poner en ries- go su patrimonio personal y familiar ni el patrimonio de la cooperativa, lo cual es un punto central en el proceso de liquidación de la cooperativa Palo Alto. Esto implica que la continuidad familiar en la cooperativa se da en términos diferentes a la de Palo Alto donde las familias han compartido el mismo espacio por años. En la experiencia de Tosepan la vinculación no es territorial sino por la participación individual que cada miem- bro de la familia ha tenido en la cooperativa. Según el testimonio de Albano, arquitecto que se asoció a la cooperativa cuando comenzó a trabajar para ella: Yo no estaba tan metido en lo de la cooperativa, mi mamá me platicaba mucho porque mi abuelo fue de los que iniciaron la cooperativa. De los retos que tuvieron, yo era niño y no ponía mucha atención, me contaban tu abuelo iba a esto iba a reuniones capacitaciones y me mostraban fotos. Ya más in- formación de esto fue una ocasión que fuimos con el ingeniero Álvaro en el viaje en la carretera me empezó a decir mira yo me acuerdo de esto de tu abuelo de cómo pasamos todos esos procesos y em- pezamos a trabajar más y de todos esos años, es así como yo he oído de la cooperativa de esos años. (Albano, arquitecto, 31 años, cooperativa Tosepan, julio 2018) A pesar de que existe una especie de discontinuidad familiar, la cooperativa ha logrado dar continuidad a sus proyectos gracias a que ha logrado brindar a los hijos de socios oportunidades formativas, educativas, académicas y hasta laborales muy diversas que han sido aprovechadas al interior de la organización. Hoy los jóvenes nietos e hijos de los socios fundadores tienen la oportunidad de trabajar dentro de la cooperativa por lo que quienes han estudiado carreras uni- versitarias como ingeniería, comunicación, arquitectura o medicina han podido volverse socios de la cooperativa; mientras que los socios que desarrollan sus oficios de albañiles, cafetaleros o maestros pueden profesionalizar sus actividades: Los hijos de los supervisores y algunos socios que conozco sí, desde pequeñitos eran muy activos en las asambleas locales. A mí me tocó trabajar con personas mayores como supervisores y ahora sus hi- jos también ya son supervisores de vivienda y conocen toda esa vida cooperativa y están interesados en crecer más en la construcción. Hay quienes están practicando aquí para poder desarrollar su carre- ra o quienes quieren aprender sobre la marcha. (Viviana Vázquez, arquitecta, 29 años, cooperativa Tosepan, julio 2018) Según Viviana Vázquez, arquitecta de formación, la posibilidad de trabajar en empresas privadas es una segunda opción en tanto el trabajo en un ambiente social y comunitario brinda satisfacciones mayores que un mejor salario. La cooperativa como espacio laboral brinda cre- cimientos personales que difícilmente se encontrarán en empresas privadas: 169 No vas a ganar esas riquezas que la palabra arquitecto engloba en la forma de ver que tienen las per- sonas, pues no, pero la satisfacción que encuentras o el desarrollo personal que encuentras o las pau- tas que tú puedes abrir en la sociedad pues son bastante amplias dentro de la cooperativa, cosa que del lado comercial no tienes. Es una parte que se siente bonito, que puedas ver esos frutos que cuando empezaste no los notaste pero que ahora ya están haciendo camino y brecha en la región y en la cooperativa. (Viviana Vázquez, arquitecta, 29 años, cooperativa Tosepan, julio 2018) Para Albano esto mismo ha arrojado resultados positivos para su experiencia propia: Hasta ahora me siento muy contento, muy feliz que todos esos apoyos son beneficiosos para las per- sonas. Hay quienes tienen necesidad y es un cambio ver una vivienda precaria a una muy segura y es una satisfacción que yo tengo de saber que pude ayudar un poco en esos procesos. (Albano, arquitec- to, 31 años, cooperativa Tosepan, julio 2018) Esto no solo les ha dado la oportunidad de realizar sus aspiraciones profesionales, también ha permitido a la cooperativa profesionalizar sus cuadros de administración, diversificar y me- jorar sus proyectos y atender las necesidades de sus socios de forma más eficaz. Algunas expe- riencias de trabajo directo con los jóvenes han dado resultados interesantes y novedosos que han enriquecido a la cooperativa: La cooperativa de comunicaciones fue con muchachos que vinieron a hacer sus prácticas profesiona- les y hubo un taller primero de imagen y comunicación. De ahí los chavos se quedaron, se creó la ra- dio y hasta el momento sigue funcionando, socios que aprendieron a manejar todos esos sistemas son los que llevan ahorita la cabeza de la radio. (Viviana Vázquez, arquitecta, 29 años, cooperativa Tose- pan, julio 2018) En Tosepan también existe un tema de diferencias generacionales, las diferencias entre jó- venes y adultos son evidentes, pero no han causado algún signo de alerta sobre la asimilación de un espíritu cooperativista: Hay muchas diferencias entre las generaciones que venimos con las generaciones fundadoras, hay otro sentir de servicio. Quieras o no el celular, la tecnología, la televisión ha hecho generaciones más sedentarias, la ventaja es que hay más contacto con el exterior y antes no lo tenían. Ese cambio no lo veo malo, pero no lo veo igual, creo que va evolucionando. Hasta ahora los socios pequeñitos que se van integrando a la vida cooperativa van por buen camino, los jóvenes con los que he tenido contacto en las cooperativas locales en las que he participado no están alejados del pensamiento central, están alejados de las actividades de los socios grandes pero la filosofía como tal la van entendiendo. Creo que puede darse una buena transición. (Viviana Vázquez, arquitecta, 29 años, cooperativa Tosepan, julio 2018) A pesar de las diferencias generacionales que son profundas, comenzando por la escolari- dad de algunos de los hijos de socio, esto no ha roto la integración a la cooperativa, antes bien esas diferencias han sido explotadas en diversos ámbitos. En la cooperativa Tosepan se decidió crear otra cooperativa y una fundación para la educación de los niños en el cooperativismo co- mo una forma de planear la continuidad del proyecto cooperativo: Cuando los asesores y el consejo de administración comenzaron a planear los siguientes 30 años de la cooperativa, empezaron a ver qué va a pasar cuando los que somos activos y responsables de la cooperativa comiencen a pasar nuestra generación. Con toda la tecnología hay que preocuparse por 170 formar a los que vienen después porque esto tiene que vivir muchos años. En ese entonces comenza- ron a pensar en la escuela, ya se graduó la primera generación, niños que vienen desde el Montessori. (Viviana Vázquez, arquitecta, 29 años, cooperativa Tosepan, julio 2018) Las estrategias para integrar a los niños y jóvenes en el cooperativismo no son solamente formativas. Según Álvaro Aguilar, uno de los asesores de la cooperativa Tosepan, la creación de la cooperativa de ecoturismo Tosepan Kali, se planeó e impulsó con el objetivo de retener a los jóvenes que comenzaban a migrar a otras ciudades e incluso a otros países. El ecoturismo fue una actividad cercana a los jóvenes y que por lo tanto asumieron de forma sencilla. Muchos de ellos no tenían la posibilidad de estudiar una carrera universitaria, pero tenían conocimientos que podrían aprovecharse. Así se buscó la forma de crear un espacio para ellos, se les brindó capacitación por cerca de un año y de tres jóvenes que comenzaron ahora son aproximadamente 28 socios trabajadores: ―Creímos que a través del ecoturismo los jóvenes podrían mostrar que son capaces de dirigir y administrar una cooperativa y que esto pudiera ser como una muestra para otros jóvenes‖ (Álvaro Aguilar Ayón, asesor de la cooperativa Tosepan, julio 2018). Otra de las diferencias entre Tosepan y Palo Alto tiene que ver con la concepción de la cooperativa. Palo Alto nació con el objetivo de la construcción de vivienda y gran parte de la estructura tiene que ver con la construcción y gestión del espacio doméstico en la cooperativa. Mientras que la cooperativa Tosepan surgió de la necesidad de abaratar los costos del azúcar, pimienta y café, pero con el tiempo su misión se amplió a otros aspectos, incluida la vivienda, hasta conformar una unión de ocho cooperativas, dos asociaciones civiles y una fundación que buscan satisfacer diversas necesidades de los socios para alcanzar una ―Vida Buena‖: Ahora se ha tomado como que la organización es la base para mejorar la calidad de vida, no para re- cibir los servicios institucionales, sino para mejorar la calidad de vida con la intención de alcanzar un proyecto de vida buena, aquí hay una palabra que se llama ―Yeknemilis‖ que es la ―Vida Buena‖. Eso es a lo que se aspira a llegar a través de la organización. Para ello nos hemos planteado objetivos es- tratégicos el primero es el de la vivienda, que es lograr que los socios tengan un hogar sustentable y que satisfagan sus necesidades nutrimentales consumiendo alimentos sanos (Álvaro Aguilar Ayón, asesor de la cooperativa Tosepan, julio 2018). De este modo el apoyo para ampliación, construcción y mejoramiento de vivienda, uno de los programas pilares de Tosepan, sostiene y se liga a otras actividades como la educación, ser- vicios, la producción de café, miel, bambú y otros, su procesamiento y comercialización. Tose- pan también ha tejido alianzas estratégicas con la ―Red de Productores Sociales de Vivienda‖, encargada de impulsar la incidencia de estas organizaciones en la elaboración de políticas y leyes adecuadas a la producción social de vivienda, y con ―La Colmena Milenaria. Red de or- ganizaciones de Ahorro y Crédito con Procesos Educativos‖ encargada de fortalecer lazos entre cooperativas y otras figuras sociales de ahorro y crédito e impulsar su alcance y reproducción. La preocupación por los jóvenes y el tránsito generacional que ellos encarnan es una preo- cupación compartida de las experiencias de las cooperativas Yelitza‘a, Tosepan y Palo Alto. Desde los jóvenes es evidente que sus acciones por acercarse a la vida cooperativa están moti- vadas por intereses personales, particularmente de desarrollo profesional y académico, y por 171 intereses sociales, la mejora de sus comunidades o el desarrollo de tejido social o como una forma de impactar positivamente a sus pares. En el caso de Yelitza‘a, una cooperativa que re- cién está arrancando, hay muchos jóvenes que están impulsando actividades y caminos creati- vos para fortalecer la organización. En Tosepan se planeó diversificar las acciones de la cooperativa para integrar a los jóvenes y asegurar la reproducción del modelo cooperativista en las nuevas generaciones. Y en el caso de Palo Alto los jóvenes han intentado integrarse a las actividades propias de la cooperativa y han buscado un reconocimiento como socios, aunque no lo han logrado. El problema de la continuidad de la cooperativa y la participación de los jóvenes en Palo Alto es importante para las tres generaciones porque si bien tienen diferencias fundamentales, también comparten un mismo espacio y son parte de un mismo proyecto que ha moldeado un espacio único en la ciudad que no ha dejado de estar amenazado. Como menciona Enrique Or- tiz, los retos y el trabajo de la cooperativa no han hecho otra cosa sino aumentar. La gran victo- ria de la primera generación no implica que no hayan surgido nuevos retos, aunque sí demuestra que es posible realizar grandes acciones a pesar del clima adverso y la escasez de recursos: Para los pobladores de Palo Alto fueron, y siguen siendo, años de lucha permanente por defender lo suyo, lo que sin duda es su lugar en el mundo. Fue también un impulso vigoroso a su crecimiento personal, principalmente al de las mujeres y de los hombres que se comprometieron en la lucha de la construcción y gestión de su cooperativa. Pero esta historia no termina ahí, la cooperativa ha tenido que enfrentar nuevos desafíos, presiones y amenazas, así como emprender nuevas acciones para me- jorar sus condiciones de vida. Hoy constituyen un caso emblemático de lo que las comunidades po- bres de nuestras ciudades pueden lograr si se organizan y cuentan con los apoyos necesarios — solidarios, técnicos e institucionales—, pero principalmente si luchan unidos y se la juegan en serio (Ortiz, 2016, 90). La nueva generación y la intención por fundar una nueva cooperativa se enfrenta a grandes retos: a la creciente apatía por formar parte de una cooperativa, a la falta de certeza legal y a la ambición por los terrenos de la cooperativa, incluso a una ley surgida en la época de auge neo- liberal en las políticas públicas en México. El 3 de agosto de 1994 se publicó en el Diario Ofi- cial de la Nación la Ley General de Sociedades Cooperativas. Esta nueva ley suprime el objeto social de la cooperativa y la integra a una visión mercantilizada. Algunas diferencias notables son la eliminación del Registro Cooperativo Nacional y el registro de las cooperativas en el Registro Público de Comercio (Art. 13), un registro de actas similar a las sociedades mercanti- les y la aplicación de la Ley de Concursos Mercantiles en caso de quiebra o suspensión (Art. 72). El enfoque cambia de un lenguaje que hacía explícita la relación entre la clase trabajadora y las cooperativas por una visión económica que sustituye la visión de clase. Esta nueva ley también ha sido modificada para regular las actividades de ahorro y préstamo y les ha permitido contratar empleados sin la necesidad de asociarlos. Así la Ley General de Sociedades Coopera- tivas de 1994 ha olvidado el motivo social que dio origen a las cooperativas, desde Rochdale 172 hasta Palo Alto, cuyo fin no fue mercantil sino social y ha colocado a las cooperativas a la mer- ced de intereses individualistas. A pesar del clima adverso Tosepan brinda un ejemplo interesante de supervivencia y adap- tación a los cambios que amenazaron sus tareas como organismo de apoyo técnico para la cons- trucción de vivienda popular. Dentro de los programas de la Comisión Nacional de Vivienda existía la figura de desarrollador de vivienda que poseían muchas organizaciones civiles, en 2012 se reformó debido a que se argumentaba que los organismos civiles no aprovechaban el dinero tan eficientemente como las empresas constructoras. Así se crearon dos figuras: una Entidad Ejecutora (EE) y un Organismo Ejecutor de Obra (OEO). La EE gestionaba el recurso y debían ser entes partícipes de créditos regulados por la Comisión Nacional Bancaria y de Va- lores, mientras que las OEO pasaron a ser solamente acompañamiento constructivo de la obra. Muchas organizaciones sociales que apoyaban la construcción de vivienda no tenían ambas cualidades y desaparecieron del catálogo de la Comisión. Como Tosepan tiene una cooperativa enfocada en el ahorro y préstamo, Tosepan Tomin, tuvo la posibilidad de conservar ambas figu- ras: Como la Tosepan tenía esas dos posibilidades se quedó con los dos registros y ayudó a abarcar a esos desarrolladores y a respaldarlos como Entidad Ejecutora, ahora Tosepan Tomin como OEO, trabaja con Pobladores de Veracruz, con Copevi de la Ciudad de México, con Deniza de Morelos. Cuando sucedió todo esto muchas de estas organizaciones sociales que eran desarrolladores vinieron a capaci- tarse aquí como OEO. (Viviana Vázquez, arquitecta, 29 años, cooperativa Tosepan, julio 2018) Gracias a su diversidad de acciones Tosepan ha logrado sobrevivir a climas adversos, la clave su éxito es, según Álvaro Aguilar, la atención a las necesidades sentidas. En un principio la necesidad sentida era la compra de azúcar, pimienta y café, esta primera necesidad y su aten- ción permitió que otras necesidades sentidas pudieran ser integradas y trabajadas por la coope- rativa. Para identificar y atender las necesidades es necesario no desplazar nuevas inquietudes sino atenderlas y organizarse para atenderlas, la continua discusión y análisis de los problemas, poner al servicio de la comunidad la Asamblea de la cooperativa, tener continuidad en las reuniones, en la capacitación y en la búsqueda por aprender nuevas cosas de la comunidad misma y de otros. Estas acciones permiten que la organización se mantenga viva al plantearse nuevas necesidades, nuevos objetivos y al integrar a más personas. A nivel de la organización es importante impedir que la cooperativa sea vista como un botín al servicio de unos cuantos, asegurar la autonomía de la Asamblea, renovar directivos y respetar el periodo para el cual han sido electos. Y por supuesto integrar a los jóvenes a los círculos de administración, de otra for- ma no se podrían atender nuevas necesidades (Álvaro Aguilar Ayón, asesor de la cooperativa Tosepan, julio 2018). ¿Transformación o continuidad de Palo Alto? Tanto Palo Alto como Tosepan y Yelitza‘a tienen diferencias sustanciales, pero las tres per- siguen la realización de una vida buena con una estrategia que toma a la vivienda como uno de 173 sus pilares fundamentales y las tres enfrentan el reto de la inclusión de los jóvenes a su proyec- to. Por la gran atomización de las demandas e identidades de los jóvenes, Palo Alto enfrenta un reto que parece insuperable pero también tienen una gran oportunidad porque la construcción de un poder ciudadano puede desarrollarse fértilmente en el espacio de lo local, en el barrio, donde el ejercicio de la memoria influye en la participación comprometida de muchos jóvenes: ―Un espacio en donde se puede ir construyendo este poder ciudadano es la planeación partici- pativa y democrática del territorio, a nivel local, del barrio‖ (Coulomb, 2018: 35). Esto exige por supuesto que las minorías excluidas ejerzan sus derechos a la ciudad y que las autoridades, incluidas las comunitarias, amplíen las voces que escuchan y los canales de participación: No puede haber en la gran ciudad un orden social incluyente, o menos excluyente, sin que se esté dando una nueva forma de hacer política, basada sobre la transformación de las mayorías (excluidas) en sujetos y actores políticos, a partir de su inclusión en los procesos de diseño, operación y evalua- ción de las obras, programas y proyectos que afectan sus territorios. (Coulomb, 2018: 40) Como bien menciona una joven de la segunda generación de Palo Alto: ―Como hijos de so- cio creíamos que nuestra participación era importante pues nosotros vivimos aquí‖ (Cabrera, 1998: 60), reivindicando su posición desde un grupo excluido y haciendo valer su opinión sobre el territorio que habita. Una de las cuestiones finales de este trabajo y que se fue haciendo evidente conforme avan- zaba el trabajo de campo es la concepción de la cooperativa como espacio y organización. Si bien se perdió el registro formal de la cooperativa, la propiedad no ha podido ser privatizada y esto ha ayudado a que en las dinámicas familiares y vecinales aún perviva la forma de organi- zación cooperativa. A pesar de ello, desde el lado de la organización es evidente que la Asam- blea perdió legitimidad frente a muchas familias y esto se ha visto reflejado en la participación que es numéricamente menor que hace años en las fiestas de la cooperativa, en la asistencia a las Asambleas y en que a pesar de que individualmente muchos hijos y nietos de socios se han preparado con carreras universitarias la organización cooperativa no ha profesionalizado ni ampliado sus cuadros de administración. Siguiendo la hipótesis que sugiere que ―la cultura de la autogestión puede colaborar a cons- truir una cultura urbana democrática, que busque la universalidad en la diferencia y no en la uniformidad impuesta por la hegemonía‖ (Coulomb, 2018: 37), es evidente que la experiencia de la producción social del hábitat arrojó a las primeras generaciones enseñanzas enriquecedo- ras como grupo y como individuos. Sin embargo, esta experiencia ha sido limitada para la se- gunda y la tercera generación y si bien son beneficiarios de un hábitat excepcional construido por sus padres y abuelos, ellos como jóvenes no han experimentado trabajos que les permitan liberarse como grupo. Algunos jóvenes han llegado a experimentar participaciones muy com- prometidas que les han brindado aprendizajes vitales para su desarrollo personal y con las cua- les podrían retroalimentar a la cooperativa como organización, pero son casos contados, ninguno ha logrado obtener un espacio formal en la organización cooperativa y para muchos de 174 ellos su vida y decisiones personales hacen una opción más cercana el buscar un hogar en otro lugar. Como hemos observado las condiciones del entorno se han transformado de forma radical, las aspiraciones y formaciones de los jóvenes se han modificado de forma profunda, el acceso a las tecnologías digitales los acerca a un torrente de información del cual también han tomado parte mediante la difusión de su historia en soportes digitales. Hemos visto también que la con- cepción de la propia cooperativa tiene diferentes matices entre las generaciones y que la dife- rencia de experiencias respecto a aquella les ha arrojado aprendizajes útiles para la vida cotidiana y para el trabajo en grupo. Palo Alto se encuentra en un espacio ampliamente diverso al interior y altamente contrastante al exterior, donde la amenaza inmobiliaria es cada vez ma- yor. Jóvenes, adultos y ancianos han intentado abonar mediante sus estrategias de participación a la transformación interna de Palo Alto, pero lo han hecho desde posiciones sociales distintas e incluso desiguales. ¿Cómo imaginamos el futuro de Palo Alto? La observación de otros casos cooperativos brinda la posibilidad de pensar opciones para su desarrollo, pero no ofrece una respuesta, la información presentada y el análisis que se hizo del caso de los jóvenes en Palo Alto tampoco da respuestas concluyentes. Esto no hace sino abrir nuevas preguntas, importantes para la toma de decisiones en la cooperativa: ¿es la diversifica- ción una opción para la participación de los jóvenes en la cooperativa, la transición generacio- nal y la formación de nuevos cuadros?, ¿las propuestas de algunos jóvenes por aprovechar la economía terciaria del entorno son una vía para asegurar la permanencia del asentamiento?, ¿la participación de la cooperativa en otras actividades económicas es una traición a los principios cooperativos?, ¿es la transición generacional necesaria para la continuidad de la organización?, ¿es la continuidad de la organización necesaria para la continuidad del asentamiento en un am- biente tan hostil de depredación inmobiliaria?, ¿qué sentido tienen los valores y memorias de la cooperativa?, ¿es el ejercicio de la memoria lo que mantiene vivos los ideales y estrategias au- togestivas de la cooperativa?, ¿puede ser la memoria un motor para la revitalización de Palo Alto? Es necesario no olvidar el origen de las cooperativas, estas nacieron de una necesidad eco- nómica sino social, que coloca en primer lugar a la persona y después al dinero: ―el cooperati- vismo nació como una forma de vida para contrarrestar los abusos del capitalismo, el poner primero al dinero y no a la persona‖ (Álvaro Aguilar Ayón, asesor de la cooperativa Tosepan, julio 2018). Si pensamos que su origen determina su razón de ser, se debe entender que el capi- talismo y la opresión operan de forma diferente, la cooperativa Palo Alto puede y debe mejorar sus procesos administrativos y generar mejores economías, pero siempre para atender las nece- sidades sentidas de la comunidad y sus miembros. Para lograrlo, es indispensable integrar a los jóvenes para conocer sus necesidades sentidas y para impulsarlos a solucionarlas mediante un trabajo de apoyo mutuo. Los jóvenes ejercen su derecho a tomar parte de las decisiones que afectan su comunidad, y el ejercicio de sus derechos es una enseñanza de su vida en la coopera- tiva. La cooperativa no puede tener un futuro si la planeación de ese futuro no cuenta con los 175 jóvenes de hoy. Solo así podrá cobrar sentido la cooperativa en todas sus dimensiones, no solo en su objetivo de proporcionar vivienda a sus socios, sino en su misión de alcanzar una mejor vida, una vida buena: La cooperativa no tendría sentido si no se interesara o se proyectara a la comunidad, porque de este modo nunca podría cambiar a la sociedad. Los socios deben estar conscientes de que la ayuda mutua es también el mejoramiento de su comunidad y la lucha para defender los derechos de los demás. Por este motivo buscarán incrementar siempre el número de socios de su cooperativa y tratarán de que se establezcan nuevas cooperativas en la región. Las cooperativas comprenden cuatro aspectos: el co- munitario, como fermento de cambio social; el social, como grupo democrático; el económico, como empresa y, por último; el educativo, como escuela de vida. (Cabrera, 1998: 11). 176 Bibliografía ―Acusan a un grupo de obstaculizar a una cooperativa‖ en La Jornada 24 de octubre 1994. ―Revalorar el proyecto de la cooperativa Palo Alto, pide Mesa Obrera Sindical‖ en La Jornada 6 de febrero 1995. Anduaga, Emanuel. El Derecho a la Ciudad en la Constitución de la Ciudad de México. Una propuesta de interpretación. México: Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Aquino Moreschi, Alejandra. De las luchas indias al sueño americano. Experiencias migrato- rias de jóvenes zapotecos y tojolabales en Estados Unidos. México: Centro de Investiga- ciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, 2012. Arau Chavarría, Rosalinda. Historia de una organización urbano-popular en el valle de Méxi- co. México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología social, Secre- taría de Educación Pública, Cuadernos de la Casa Chata, 1987. Arias Montes, Victor. ―Arquitectura Autogobierno 40 años‖ en Archipielago. Revista cultural de nuestra América vol. 20, no. 76, 2012. México: Universidad Nacional Autónoma de Mé- xico. Arnold, Pierre y Charléne Lemarié. Hábitat en movimiento. Viaje al encuentro del hábitat pu- pular en América del Sur. México: Habitat International Coalition, La casa del hijo del Ahuizote, 2017 Arquinetwork ―Arcos Bosques – Teodoro González de León‖ en Arquitour, 2009. Disponible en línea http://www.arquitour.com/arcos-bosques-teodoro-gonzalez-de-leon/2009/07/. Con- sultado el 15 de agosto 2019. Bango, Julio ―Participación Juvenil E Institucionalidad Publica De Juventud: Al Rescate De La Diversidad‖ en Última Década, no. 10, mayo 1999, Valparaíso: CIDPA. Bautista González, Raúl. Movimiento Urbano Popular. Bitácora de Lucha. 1968- 2011. Méxi- co: Casa y Ciudad, 2015. Bennett, Vivienne. ―La evolución de los Movimientos Urbanos Populares en México entre 1968 y 1988‖ en América Latina Hoy, vol. 7, 1994. Salamanca: Universidad de Salamanca. Blanco, José Joaquín. Un chavo bien helado. Crónicas de los años ochenta. México: Era, 1990. Cabrera Ojeda, Guadalupe. ―Un reto a la vida que no claudica con el dolor de una derrota. Me- morias de la Cooperativa de Vivienda Palo Alto‖. Trabajo terminal de la carrera técnica en Trabajo Social. Comala: Escuela de Trabajo Social ―Vasco de Quiroga‖, 1998. 177 Camarena Ocampo, Mario y María Ana Portal. Controversias sobre el espacio público en la ciudad de México. México: Universidad Autónoma Metropolitana, Juan Pablos, 2015. Canclini García, Néstor. ―Culturas juveniles en una época sin respuesta‖ en Revista JOVENes año 8 no. 20, enero junio 2004, México: Instituto Mexicano de la Juventud, Centro de In- vestigación y Estudios sobre la Juventud. Chávez Capia, Julia del Carmen y Martín Castro Guzmán. Cultura de la participación y cons- trucción de ciudadanía. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Miguel Án- gel Porrúa, 2009. Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). ―Documento de Medellín. Segunda Conferen- cia General del Episcopado Latinoamericano‖. Disponible en http://www.diocese- braga.pt/catequese/sim/biblioteca/publicacoes_online/91/medellin.pdf. Revisado el 15 de agosto de 2018. Coraggio, José Luis. Economía social y solidaria. El trabajo antes que el capital. Quito: Facul- tad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Abya-Yala, Rosa Luxemburg Stiftung, 2011. Coulomb, René. ―Autogestión, democracia y territorio: ciudad de México, 1968-2018. Una Retrospectiva‖, México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2018. Conferencia magis- tral presentada el 30 de mayo de 2018 en la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Azcapotzalco. Versión en línea disponible en https://www.youtube.com/watch?v=W3MaPYs0_Bo. Consultada el 10 de diciembre de 2018. Cuevas, Karina y David Vicenteño. ―Protestan vecinos en la PGJDF‖ en Reforma martes 7 de febrero 1995. Cuevas, Karina. ―Conceden amparo a cooperativa Palo Alto‖ en Reforma 10 de febrero 1995. Dávila León, Oscar ―Adolescencia Y Juventud: De Las Nociones A Los Abordajes‖ en Ultima Década núm. 21, Diciembre 2004, Valparaíso: CIDPA, pp. 83-104. Delgadillo Polanco, Víctor Manuel. ―El Derecho a la Ciudad en la Ciudad de México. ¿Una retórica progresista para una gestión urbana neoliberal?‖ en Andamios, vol. 9, no. 18, enero- abril, 2012. México: Universidad Autónoma de la Ciudad de México. pp. 117-139. El Heraldo de México. ―Cuajimalpa: Duplican colonia con obra irregular‖ en El Heraldo de México, lunes 17 de julio 2017. En línea https://heraldodemexico.com.mx/cdmx/cuajimalpa-duplican-colonia-con-obra-irregular/. Consultado el 17 de agosto de 2018. Engels, Frederich. La situación de la clase obrera en Inglaterra. Joan Serrallonga (trad.). Bar- celona: Universitat Autonoma de Barcelona, 2006. Disponible en 178 https://ddd.uab.cat/pub/recdoc/2005/81260/engels_serrallonga_a1845.pdf consultado el 15 de agosto 2018. Francés García, Francisco José ―El laberinto de la participación juvenil: estrategias de implica- ción ciudadana en la juventud‖ en Revista OBETS no. 2, 2008. Alicante: Universidad de Alicante, Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz. pp. 35-55. Freire, Paulo. Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI, 2017. Frutos Cortés, Moisés. ―La participación electoral del Movimiento Urbano Popular y su contri- bución al cambio político en el Distrito Federal (1988-2003)‖ en Estudios políticos, no. 5, octava época, mayo-agosto, 2005. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Garza, Gustavo. El proceso de industrialización de la ciudad de México, 1821-1970. México: El Colegio de México, 1985. Giménez, Gilberto. Identidades Sociales. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Mexiquense de Cultura, 2009. Haber, Paul. ―La migración del Movimiento Urbano Popular a la política de partido en el Mé- xico contemporáneo‖ en Revista Mexicana de Sociología, vol. 71, no. 2, abril-junio, 2009. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales. Habitat International Coalition (HIC), Bertha Turner (ed.) Building Community. A Third World Case Book from Habitat International Coalition. Londres: Habitat International Coalition, 1988. Habitat International Coalition. Utopías en construcción. Experiencias latinoamericanas de producción social del hábitat. México: Misereor, Rosa Luxemburg Stiftung, 2017. Halbwachs, Maurice. La memoria colectiva. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004. Harvey, David. Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Madrid: Akal, 2013. Hinojosa, Oscar. ―Bosques de las Lomas invade predios populares‖ en Proceso, 3 de julio 1982, México: Proceso. Hopenhayn, Martin ―La dimensión cultural de la ciudadanía social‖ en Ciudadanía y desarrollo humano en América Latina. Cuadernos de gobernabilidad democrática. Fernando Calderón (coord.) Buenos Aires: Siglo XXI, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 2007. Hoyos Agudelo, Mauricio ―Ciudadanía y Participación: Más fantasmas para la juventud‖ en Ultima Década no. 19, noviembre 2002, Valparaíso: CIDPA. Ignasi, Brunet y Alejandro Pizzi ―La Delimitación Sociológica de la Juventud‖ en Ultima Dé- cada, no. 38, Julio 2013, Valparaíso: CIDPA, pp. 11-36. 179 Illades, Carlos. El futuro es nuestro. Historia de la izquierda en México. México: Oceano, 2018. Inostroza Fernández, Luis. Movimiento cooperativista internacional. Cooperativismo y sector social en México. México: Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, 1989. Krauskopf, Dina. ―Dimensiones críticas en la participación social de las juventudes‖ en La par- ticipación social y política de los jóvenes en el horizonte del nuevo siglo. San José: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, 1998. Labarthe, Jorge u Bruno Parmentier. Cooperativas para el cambio social. Manual del promo- tor. México, e.s.: 1977 Lins, Maria Luiza y Silva Pires. ―O cooperativismo para além do mercado e do estado: a solida- ridade em debate‖ en Associativismo e desenvolvimento local Maria Salett Tauk Santos y Angelo Fernandes Callou (coord.). Recife: Bagaço, 2006. pp. 11-32. Lombera, Rocío y Leonardo Páez. Palo Alto, esfuerzo colectivo y organizado. México: Centro Operacional de vivienda y Poblamiento, Habitat International Coalition, 1987. Lomnitz, Larissa A. de. Cómo sobreviven los marginados. México: Siglo XXI, 1975. Lozoya, María Luz. ―El trabajo social en una experiencia cooperativa en Palo Alto, D.F‖ Tra- bajo terminal de licenciatura en Trabajo Social, Universidad Nacional Autónoma de Méxi- co, 1978. Machado Pais, José. ―Los bailes de la memoria: cuando el futuro es incierto‖ en Revista JO- VENes año 8 no. 20, enero junio 2004, México: Instituto Mexicano de la Juventud, Centro de Investigación y Estudios sobre la Juventud. Malkin, Elisabeth. ―Palo Alto, la comunidad mexicana que se resiste a los corporativos‖ en The New York Times, 13 de junio de 2017. https://www.nytimes.com/es/2017/06/13/cooperativa-palo-alto-ciudad-mexico/. Consultada el 10 de diciembre de 2018. Márquez López, Lisett. ―La desindustrialización del Área Metropolitana de la Ciudad de Méxi- co. 1980-2004‖ Trabajo terminal de la Maestría en Estudios Regionales del Instituto de In- vestigaciones Dr. José María Luis Mora, 2005. Martínez de Navarrete, Ifigenia. La distribución del ingreso y el desarrollo económico de Mé- xico. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1960. Medina Carrasco, Gabriel ―Movilizaciones juveniles en contexto: intermitencia y contunden- cia‖ en La ciudad de México y los retos legislativos actuales. Jorge Mercado Mondragón y Karina Ochoa Muñoz (coords.), Tomo 1. México: Asamblea Legislativa del Distrito Fede- ral, 2013. 180 Melina Vázquez ―En torno a la construcción de la juventud como causa pública durante el kir- chnerismo: principios de adhesión, participación y reconocimiento‖ Revista Argentina de Estudios de Juventud no.7, La Plata: Universidad Nacional de la Plata, 2013. Melucci, Alberto. Acción colectiva, vida cotidiana y democracia. México: El Colegio de Méxi- co, 1999. Miranda Pacheco, Sergio. Tacubaya. De suburbio veraniego a ciudad. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2014. Miranda Pacheco, Sergio. ―Introducción‖ en Aproximaciones a la historia del urbanismo popu- lar. Experiencias en ciudades mexicanas. México: Universidad Nacional Autónoma de Mé- xico, 2016. Monserrat Huerta, Heliana y María Flor Chávez Presa. ―Tres modelos de política económica en México durante los últimos sesenta años‖ en Análisis económico, vol. XVIII, no. 39, primer semestre, 2003. México: Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. pp. 55-80. Monsiváis, Carlos. A ustedes les consta. Antología de la crónica en la ciudad de México. Méxi- co: Era, 2016. Monterrubio, Anavel. Factores y actores para la renovación urbana del hábitat popular de la ciudad de México 1985-2006. México: Centro de Estudios Sociales y de la Opinión Pública, 2014. Murillo Castaño, Gabriel y Nathalia Castañeda Aponte. ―Competencias ciudadanas y construc- ción de ciudadanía juvenil‖ en Revista del CLAD Reforma y Democracia, no. 37, febrero 2007. Caracas: Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo. pp. 1-17. Nateras Domínguez, Alfredo ―Ser jóvenes en México (Distrito Federal): ¿exclusión, violencia y precariedad; los signos de la desesperanza?‖ en La ciudad de México y los retos legislativos actuales. Jorge Mercado Mondragón y Karina Ochoa Muñoz (coords.), Tomo 1. México: Asamblea Legislativa del Distrito Federal, 2013. Negro, Virginia. ―Los muros de México. ¿Habitar o separar: cuál es la receta para una ciudad más segura?‖ en Nexos, 25 de julio 2017. https://labrujula.nexos.com.mx/?p=1423. Consul- tada el 10 de diciembre de 2018. Negro, Virginia. ―Palo Alto, una cooperativa mexicana a la Bienal de Arquitectura‖ en Milenio, 28 de febrero 2016. En línea https://www.milenio.com/estados/palo-alto-cooperativa- mexicana-bienal-arquitectura. Consultada el 10 de diciembre de 2018. Nuñez, Oscar. Innovaciones democrático culturales del Movimiento Urbano Popular: ¿Hacia nuevas culturas locales? México: Universidad Autónoma Metropolitana, 1990. Olayo, Ricardo. ―Apegarse a derecho, demandan a la Judicial cooperativistas de Palo Alto‖ en La Jornada 7 de febrero de 1995. 181 Ong, Walter. Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra. México: Fondo de Cultura Eco- nómica, 1997. Ortiz Flore, Enrique. Hacia un hábitat para el buen vivir. Andanzas compartidas de un caracol peregrino. México: Habitat International Coalition, Rosa Luxemburg Stiftung, 2016. Ortiz Flores, Enrique. Producción social del hábitat. Bases conceptuales y correlación con los procesos habitacionales. México: Habitat International Coalition, 2012. Posada García, Miriam. ―Cuajimalpa: a 800 pesos m2, lo que ejidatarios vendieron a 12‖ en La Jornada, lunes 22 de enero 1996. Posada García, Miriam. ―En peligro, el patrimonio de 500 familias por un fallo de los tribunales que disolvió una cooperativa‖ en La Jornada, martes 23 de enero 1996. Ramírez González, José Luis. ―Los dos significados de la ciudad o la construcción de la ciudad como lógica y como retórica‖ en Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, vol. II, no. 27, octubre 1998. Barcelona: Universitat de Barcelona. Disponible en línea http://revistes.ub.edu/index.php/ScriptaNova/article/view/74/53. Consultado el 20 de septiembre de 2018. Revilla Castro, Juan Carlos ―La construcción discursiva de la juventud: lo general y lo particu- lar‖ en Papers. Revista de sociología. Vol. 63, Barcelona: Universitat Autonoma de Barce- lona, 2001. Revueltas, José. México 68. Juventud y revolución. México: Era, 2018. Rinke, Stefan. ―La memoria en el nuevo discurso histórico‖ en Metrópolis desbordadas. Poder, memoria y culturas en el espacio urbano. México: Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Freie Universität Berlin, Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología, 2011. Rivaud Delgado, Florencia. El hacer cotidiano sobre el pasado. La construcción de la memoria intersubjetiva en San José Lagunas. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2010. Rivero Villaverde, Polette y Ángel González Granados. ―Juventud y organización social. ¿Qué nos deja el movimiento #YoSoy132?‖ en Historia Agenda, no. 32, octubre 2015 - abril 2016. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Rojas Herrera, Juan José. La formación del movimiento cooperativo en México: antecedentes organizacionales y momento constitutivo. México: Universidad Autónoma de Chapingo, Juan Pablos, 2014. Ruiz Silva, Alexander y Enrique Chaux Torres. La formación de competencias ciudadanas. Bogotá: Asociación Colombiana de Facultades de la Educación, 2005. 182 Salazar Sotelo, Julia. Narrar y aprender historia. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2006. Sánchez-Mejorada Fernández, Cristina. Rezagos de la modernidad. Memorias de una ciudad presente. México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2005. Suárez Pareyón, Alejandro. ―Cooperativas de vivienda, caso: Palo Alto‖ en Reforma 4 de febre- ro 1995. Thompson, Lanny. ―The structures and vicissitudes of Reproduction. Households in Mexico, 1876-1970‖ en Review Fernand Braudel Center, vol. XIV, no. 3, Verano 1991, Nueva York: State University of New York. Torre Galindo, Francisco Javier de la. ―Acercamiento a la producción de lo público en el hábi- tat popular‖ en Aproximaciones a la historia del urbanismo popular. Experiencias en ciu- dades mexicanas. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2016. Touraine, Alain. ¿Podremos vivir juntos? México: Fondo del Cultura Económica, 2014. Woldenberg, José. Cartas a una joven desencantada con la democracia. México: Sexto Piso, 2017. 183 Índice de Imágenes Imagen 1. Organizaciones vecinales adscritas a la CNOP del PRI .......................................... 41 Imagen 10. Niño jugando en los juegos cercanos a la plaza cívica ......................................... 110 Imagen 11. Niños jugando en la plaza cívica ........................................................................... 111 Imagen 12. Mural de Rodolfo Escamilla ubicado frente a la tortillería .................................. 112 Imagen 13. Las canchas deportivas con espacios apropiados por los jóvenes ....................... 113 Imagen 14 Aspecto actual del mural sobre la historia de la Cooperativa (detalle) ................ 138 Imagen 15 Aspecto actual del mural sobre la historia de la Cooperativa (detalle) ................ 138 Imagen 16. Otro de los murales de la cooperativa que retrata los juegos tradicionales ........ 140 Imagen 17. Cartel oficial del documental Cooperativa Palo Alto ........................................... 144 Imagen 18. Detalle de Socios fundadores en el que se observa a un joven platicando con Ro- dolfo Escamilla sobre el pasado de la cooperativa que desconoce ......................................... 145 Imagen 19. El documental Cooperativa Palo Alto fue proyectado en el Aniversario de la Toma de la Tierra 2018 ...................................................................................................................... 147 Imagen 2. Cartel partidista en la colonia Jesús Romero Flores ................................................ 43 Imagen 20. Mapa de la ubicación de comercios y oficios del Censo de actividades irregulares hecho por R.T. .......................................................................................................................... 148 Imagen 21. Cartel publicitario del taller infantil Creciendo sin basura elaborado por R.T. .. 151 Imagen 22. Hip hop en el Aniversario de la Toma de la Tierra 2018, había pocos rostros jóve- nes presentes en el convivio ..................................................................................................... 159 Imagen 3. Rodolfo Escamilla en el 2º consejo mundial de las Juventudes Obreras Cristianas, 1967 ............................................................................................................................................ 54 Imagen 4. Tarjeta de acreditación de socios de la Unión de Vecinos del Km. 14 al 15 ............ 56 Imagen 5. Recibo de Trabajos Comunales de la Sociedad Cooperativa de la Vivienda Unión de Palo Alto ..................................................................................................................................... 66 Imagen 6. Niños trabajando en la fabricación de tabletas de cerámica armada ...................... 64 Imagen 7. Plano del pie de casa ................................................................................................. 65 Imagen 8. Vista panorámica de la construcción de las primeras casas de la Cooperativa ...... 67 Imagen 9. Los lujosos y enormes edificios contrastan fuertemente con el entorno de la coopera- tiva ............................................................................................................................................ 105 184 Índice de Tablas Tabla 1. Población absoluta y densidad habitacional 1940 y 1960 .......................................... 39 Tabla 2. Población absoluta y densidad poblacional 1970 y 1980 ........................................... 40 Tabla 3. Entidad de origen de jefes de familia de la mina Palo Alto, 1978 ............................... 44 Tabla 4. Grado escolar de jefes de familia de la mina Palo Alto, 1978 .................................... 45 Tabla 5. Rango de edad de jefes de familia de la mina Palo Alto, 1978.................................... 47 Tabla 6. Tiempo de residencia en el DF de jefes de familia de la mina Palo Alto, 1978 .......... 47 Tabla 7. Personal ocupado del sector manufacturero ............................................................... 73 Tabla 8. Población absoluta y densidad poblacional 1980, 1990 y 1995.................................. 75 Tabla 9. Población absoluta y densidad poblacional 2000, 2005 y 2010................................ 104 Tabla 10. Calificación promedio de los principales problemas de la colonia por tipo y por generación. ............................................................................................................................... 107 Tabla 11. Desventajas de vivir en la colonia por tipo y por generación. ................................ 108 Tabla 12. Ventajas de vivir en la colonia por tipo y por generación. ...................................... 109 Tabla 13. Lugares de mayor aprecio por lugar y por generación. .......................................... 110 Tabla 14. Lugares de menor agrado por lugar y por generación. ........................................... 113 Tabla 15. Autovaloración del conocimiento de la historia de la cooperativa por generación 116 Tabla 16. Reconocimiento de personajes importantes en la historia de Palo Alto por generación ................................................................................................................................ 117 Tabla 17. Autopercepción de formar parte de la historia de Palo Alto por generación ......... 124 Tabla 18. Percepción sobre la participación de los jóvenes por generación .......................... 131 Tabla 19. Motivos por los que es feliz viviendo en la Cooperativa.......................................... 157 Tabla 20. Significado de la cooperativa por clasificación y por generación .......................... 159 185 Índice de Mapas Mapa 1. Ubicación de la Cooperativa Palo Al- to…………………………………...…………………..7 Mapa 2. Índice de Desarrollo Social a escala de la colo- nia…………………….………………….104 186 Anexo Metodológico Descripción de la Encuesta y su aplicación La encuesta se diseñó con cinco ejes temáticos que correspondían a las líneas de investiga- ción de la tesis y como acuerdo con Guadalupe Cabrera y otros socios también se incluyeron algunas preguntas especiales a socios que no se usaron en este estudio. La encuesta fue levan- tada por mi y por compañeros de la Cooperativa en un lapso aproximado de tres semanas en febrero de 2018 y se lograron levantar un total de 115 encuestas válidas, se entrevistaron 40 socios (34.8% de los encuestados), 40 adultos con categoría de beneficiarios (34.8%) y 35 jó- venes de hasta 35 años (30.4%). La idea original era tener estos datos y presentarlos para inicios del año por lo que el diseño de la encuesta solo pudo contar con una prueba piloto. En el levantamiento de la encuesta pos- teriormente se notaron algunos problemas en el diseño, como la complejidad de algunas de las preguntas para el encuestado y el encuestador o la falta de opciones menos rígidas y ambiguas como en la pregunta 16 donde solo se ofrecieron las opciones Desacuerdo, Ligeramente Desacuerdo y De acuerdo. Sobre la aplicación de la encuesta fue notorio que varios vecinos no quieren contestar la en- cuesta, uno d ellos motivos más usados era que ya habían hecho una encuesta pocos meses atrás que aparentemente no fue muy bien recibida por la parcialidad del diseño con que fue hecha. Algunos vecinos se sentían juzgados y preferían evitar la encuesta o intentaban contestar con respuestas complacientes, en dos casos prefirieron no contestar la encuesta porque dijeron no querer nada con la cooperativa. El objetivo de la encuesta fue levantar al menos 200 encuestas en los hogares y entrevistar a un socio, un beneficiario y un joven, este objetivo no fue cumpli- do y por la presión de tiempo con que se realizó el ejercicio algunas encuestas fueron dejadas en el domicilio y contestadas sin ayuda de un encuestador, no se notaron graves dificultades en su llenado pues en casi todos los caos el joven o beneficiario ayudaron con la tarea de llenado. Las dificultados observadas en el diseño y aplicación de la no impidieron aprovechar la in- formación recopilada, aunque fue necesario descartar algunos cuestionaros dejando un total de 115 encuestas referidas. En general también fue necesaria una codificación muy exhaustiva ya que muchas de las preguntas del cuestionario fueron abiertas. Reitero mi gratitud al grupo de socios y compañeros que me brindaron ayuda en esta tarea especialmente a Guadalupe Cabrera. 187 Descripción de las entrevistas y su aplicación Se realizaron en total 7 entrevistas a 9 jóvenes habitantes de la cooperativa Palo Alto, ex- cepto por una joven que no era avecindada en la cooperativa, pero la conocía muy bien por tener familiares y amigos en ella. Se procuró que las personas entrevistadas fuera tanto jóvenes con reconocimiento positivo por parte de los socios, como jóvenes problemáticos y jóvenes que no tenían mucho contacto con la Asamblea de socios. Cada entrevista tuvo una duración apro- ximada de hora y media, excepto una entrevista individual y la entrevista colectiva con tres jóvenes reunidos en las canchas de futbol que por disponibilidad de los encuestados duraron poco menos de una hora cada una. El diseño del guion fue semiestructurado según las líneas de investigación de la tesis, pero el guion también fue ligeramente modificado según las actividades conocidas de las personas a quienes entrevistaba, especialmente con el fin de añadir preguntas propias de sus actividades profesionales y de sus acciones en la cooperativa. El objetivo general de las entrevistas era obtener información cualitativa para esta investi- gación, pero como objetivo añadido se pensó en la posibilidad de grabar las entrevistas y con ellas hacer una capsula que complementara con los testimonios jóvenes el documental Coope- rativa Palo Alto pero debido a falta de equipo adecuado este objetivo no pudo cumplirse. De igual forma que con las encuestas, estas dificultades en las entrevistas no impidieron que las charlas fueran amenas y muy provechosas. Nuevamente reitero mi gratitud a las personas que me brindaron sus palabras. Encuesta Datos generales de quien responde: 4. Sexo 5. Edad 6. ¿Cuál es su estado civil? Soltero Casado/Unión Libre Divorciado Viudo 7. ¿Cuántos hijos tiene? 8. ¿Es beneficiario de alguna institución de seguridad social? Sí No ¿Cuál? 9. ¿Cuál es su principal ocupación? 10. ¿Cuál es el último grado escolar que concluyó? 11. ¿Tiene carrera técnica, universitaria o posgrado terminado? Sí No ¿Cuál? 12. Si ha vivido en algún lugar fuera de la cooperativa indique los siguientes datos Lugar Edad Tiempo de residencia 188 Sección de identidad: 13. ¿Qué tal conoce la historia de Palo Alto? Nada Poco A detalle 14. Señale si conoce a los siguientes personajes de la historia de Palo Alto Personaje Sí No Rodolfo Escamilla Carlos de Anta Efrén Ledezma Enrique Ortiz Graciela Martínez Luz Lozoya Copevi (Centro Operacional de Poblamiento y Vivienda) 15. ¿Qué se celebra el día de la Toma de la Tierra? 16. Responda si está De acuerdo, Ligeramente en desacuerdo o en Desacuerdo con las siguientes afirmaciones Afirmación De acuerdo Ligeramente Desacuerdo desacuerdo a. Los jóvenes que habitan la Cooperativa son muy activos en las actividades comunitarias b. Habitar en Cooperativa nos enseña a trabajar en equipo c. Pienso seguir habitando en una cooperativa aun cuando ya no sea en Palo Alto d. Soy parte de la historia de Palo Alto e. Tengo buenos recuerdos de mi vida en la cooperativa f. Si no tuviera las obligaciones del trabajo cooperativo aprovecharía mejor mi tiempo g. Vivir en una cooperativa me ha permitido desarrollar habilidades útiles en mi trabajo h. Palo Alto es un ejemplo de organización vecinal para otras colonias i. Siento orgullo de vivir en Palo Alto j. El objetivo de la cooperativa fue la construcción de vi- vienda 17. Elija las 2 festividades más importantes y diga por qué Día de la Virgen Toma de la Tierra Luctuoso de Rodolfo Escamilla Semana Santa 16 de septiembre Sección de los problemas de la cooperativa: 18. Enuncie las 3 cosas que más le gusten de la cooperativa 19. Enuncie las 3 cosas que más le desagraden de la cooperativa 20. Enuncie 3 cosas que la cooperativa ha aportado a su vida 21. Enuncie las 3 cosas que usted le ha aportado a la cooperativa 189 22. Ordene los siguientes problemas del 1 al 8 donde 1 es el menos grave y 8 el más grave: a) Alcoholismo b) Venta de droga c) Exceso de automóviles estacionados d) Delincuencia e) Falta de participación en las tareas comunitarias f) Litigio con los excooperativistas g) Ausencia de reglamento h) Ambición por los terrenos de la Cooperativa Participación: 23. ¿Podría decirnos qué es una Cooperativa? 24. ¿Conoce la página de Facebook de la Cooperativa? Sí No 25. ¿Usted participa en las actividades comunitarias? Casi no A veces Frecuentemente ¿De qué forma? 26. ¿En qué comisiones ha participado en los últimos 6 años? 27. ¿Está satisfecho con las tareas que han realizado las comisiones en el último año? Insatisfecho Poco Satisfecho Muy Satisfecho 28. ¿Considera que la cooperativa ha funcionado bien en los últimos 10 años? Sí No ¿Por qué? 29. Responda si está De acuerdo, Ligeramente en desacuerdo o en Desacuerdo con las siguientes acciones Acción De Ligeramente Desacuerdo acuerdo desacuerdo i) M anejar un negocio u oficinas en la vivienda a cambio de una cuota j) A sistir a la asamblea es la actividad más importante de un cooperativista k) Pa rticipar en las actividades comunitarias es la actividad más importante de la Cooperativa l) Re dactar un reglamento interno para regular la convivencia m) Co operar en especie o trabajo cuando no tengo dinero para las cooperaciones n) In tegrar comisiones sólo con socios que paguen sus cuotas y participen en asamblea o) Cr ear mecanismos para sancionar a quienes no han cumplido con sus cuotas p) Es tacionar los automóviles en los lotes baldíos a cambio de una cuota q) Co nstruir bodegas en los lotes vacíos a cambio de una cuota r) Te nder la ropa en los lotes vacíos a cambio de una cuota s) Pa gar el abogado es la cuota más importante en la actualidad 190 Identificación territorial: 30. ¿Cuánto tiempo pasa con sus conocidos en los siguientes lugares? Lugar Nada Poco Algo Mucho a) Q uiosco b) C ancha de futbol c) C asa del Adulto Mayor d) P uestos de comida e) G imnasio f) L otes baldíos g) I nterior de la vivienda h) J uegos infantiles 31. ¿Cuál es el lugar al que le tiene mayor aprecio y ¿por qué? 32. ¿Cuál es el lugar que menos le agrada? ¿Por qué? 33. ¿Cuál es la principal ventaja de vivir en la Cooperativa Palo Alto? 34. ¿Cuál es la principal desventaja de vivir en la Cooperativa Palo Alto? 35. ¿Es feliz viviendo en cooperativa? Sí No ¿Por qué? 36. ¿Si pudiera vivir en el lugar que fuera en dónde viviría? 37. ¿Qué futuro desea para la Cooperativa? Guion de la entrevista Perfil ¿Cómo te llamas?, ¿Cuántos años tienes?, ¿A qué te dedicas?, ¿Por qué te dedicas a/estudias eso? Identidad ¿Cuál es tu papel en la cooperativa? ¿Como es vivir en una cooperativa? ¿Qué sentimientos te produce la historia de tu colonia? Memoria Háblame de la historia de Palo Alto ¿Cuáles consideras, son los eventos más importantes? ¿Cómo vivió tu familia la ruptura de 1993? Y ¿cuáles consideras, fueron los efectos de estos eventos al día de hoy? Relaciones inter-generacionales ¿Cuál es la expectativa que tienen los adultos sobre los jóvenes de la cooperativa? ¿Los socios fundadores y los adultos valoran la participación de los jóvenes? ¿Consideras que los socios fundadores, así como la segunda generación de socios han realizado un buen traba- jo? ¿Por qué? ¿Cuáles son las diferencias entre las acciones realizadas por los socios fundadores, la segunda generación de socios y los jóvenes? ¿Cuál es el principal problema de los jóvenes en la cooperativa? 191 Participación ¿Tus padres, amigos o vecinos te impulsaban a integrarte a las actividades de la colonia o tomar parte en alguna comisión? ¿Cuáles han sido tus motivaciones para realizar las actividades que has hecho? ¿Cuál es el aporte de tu generación a la Cooperativa? ¿Cómo se podría mejorar la participación de los jóvenes en la colonia? Expectativas ¿Has pensado en seguir viviendo aquí? Finalmente, dime ¿Cuáles son las ventajas de vivir en una cooperativa? 192