EL DIÁLOGO Y LA LITERATURA DE MATRIMONIO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI Alejandro Caamaño Tomás* Sea más o menos certera la afirmación te a lengua, literatura y educación, entre de Avalle-Arce de que “…en España no otros aspectos. hay ni clara ni tajante separación entre Por eso, tanto la antigüedad greco- Edad Media y Renacimiento”1, desde rromana como lo italiano recorrerán la li- finales del siglo XV se aprecia ya un ansia teratura del Renacimiento español3 y, en de reformas que se extiende a muchos muchos casos, lo clásico y lo italiano se ámbitos de la vida española. mostrarán de manera conjunta; o dicho La renovación de los estudios univer- de otra forma, los españoles accederán al sitarios2, iniciada en los últimos decenios conocimiento de los clásicos a través de del siglo XV, impulsará la llegada a España los modelos italianos que les son pre- de humanistas italianos para enseñar en sentados, asimilados en unas formas lite- estos centros, y en poco tiempo surgirá en rarias romances. Igualmente, el contacto España una corriente de humanistas, en la con los clásicos y su presencia en la cultura que destacarán autores como Nebrija, Vi- del Renacimiento, como elemento verte- ves o Juan de Valdés, que encabezará el brador de la misma, explicarían el gusto movimiento reformista en lo concernien- por determinados temas, formas y concep- tos en el terreno literario. Como ejemplo, ya en el siglo XV nos * Departamento de Humanidades, UAM-A. podemos encontrar con autores como el 1 Historia de la literatura española (hasta el siglo XVI) (1975) Madrid, Guadiana de Publicaciones, p. 464. Marqués de Santillana, un esforzado pro- 2 Universidades como las de Salamanca y Alcalá de motor de las traducciones de las obras Henares, y estudiosos como Arias Barbosa o An- clásicas o de las obras de Boccaccio, o Juan tonio de Nebrija favorecieron con sus trabajos el desarrollo del Humanismo en España. Incluso de Mena, cuyo Laberinto de Fortuna mues- personajes desde dentro de la Iglesia católica, en tra una erudición de indudable influencia su labor de reforma religiosa, impulsaron la de Dante y posee un lenguaje latinizante reforma de la educación. Tal es el caso del Car- denal Cisneros, cuyo trabajo promovió la crea- e hiperculto enormemente influido por la ción de la Universidad de Alcalá de Henares retórica latina. (1499), la cual poco después se convertiría en el centro renovador de los estudios lingüísticos y 3 Me referiré al Renacimiento literario español co- bíblicos que darían como resultado la espléndi- mo el periodo comprendido entre los años 1500 da Biblia Políglota Complutense. y 1600. [145] ALEJANDRO CAAMAÑO TOMÁS Hablando ya del diálogo como género, entretener y a la vez criticar, crítica en la es bastante común atribuir su “invención” que asoma un doloroso desprecio a la vi- a Erasmo de Rotterdam, en el siglo XVI, da y una burla cruel y, en ocasiones, grose- refiriéndose a “invención” como “redes- ra de lo atacado. cubrimiento” y, sobre todo, como impulso Pero, además de los escritos platónicos, de un género que llevaba bastante tiem- los diálogos participan también de ele- po abandonado o, más bien, desampa- mentos de la comedia, que aportaban rado4. Sin embargo, no se podría afirmar ironía, mordacidad y crítica, pero con una la invención como creación originaria, ya finalidad moralizante; como es el caso de que, siendo indudable la aportación de Aristófanes, en el que la sátira estaba en Erasmo al género dialogal, su inspiración función, contrariamente a Luciano, de un es la misma que la de muchos escritores a sistema de sólidas creencias, con un ideal lo largo de la historia: las fuentes de la y una doctrina firmemente asentados. Antigüedad, y más concretamente de los Las influencias ciceronianas radican, de- diálogos platónicos, de la comedia, de Lu- bido a la preocupación de Cicerón por la ciano y de Cicerón. Sobre esto comenta formación del orador, en el aumento de Jesús Gómez: “El diálogo per se no es un la dimensión de los parlamentos de los género propio del Humanismo o del Re- interlocutores en el diálogo, los cuales a nacimiento, ya que existen diferentes veces se acercan más a la forma de un modelos dialógicos que se suceden en el discurso, con un trasfondo filosófico. tiempo, y que pueden coexistir en deter- Más adelante, se encontrará este géne- minadas épocas”5. ro en escritores cristianos como san Agus- Y así es, la invención de diálogos sa- tín, en el siglo IV-V (Contra Academicos, tíricos es considerada una creación origi- Soliloquia, De ordine, Beata vita); San Gre- nal de Luciano de Samosata (S. II d.C.), gorio, en el siglo VI (Dialogi), o Boecio, otro quien, basándose en la filosofía vulgar escritor del siglo VI, que tendrá, con su obra cínica, empleaba elementos del diálogo De consolatione philosophiae, una enor- socrático-platónico en el cual participaban me influencia en escritores humanistas personajes que discutían sobre una pre- italianos, como Petrarca, padre del huma- gunta y uno de ellos cargaba con el peso nismo renacentista. de las conclusiones, ya fuera porque las Si en el Renacimiento el diálogo tenía formulaba o porque las inducía. En la Eu- ya dos mil años de vida, será entonces ropa del Renacimiento, este autor tuvo un cuando su redescubrimiento y desarrollo gran reconocimiento y fue imitado por su alcancen sus más altos niveles. Y ahora es elegante estilo y por su capacidad para cuando se hace necesario volver a Erasmo de Rotterdam para darle la razón a M. Bataillon cuando afirma que es Erasmo el 4 Atribución que nace en el mismo Renacimiento que crea, a partir de esos modelos, el diá- pero que cobrará más fuerza a raíz de los trabajos 6 de Marcel Bataillon sobre el holandés en su obra logo moderno , y de ahí su merecido títu- Erasmo y España (1937), aunque algunos de esos lo, si no de “inventor” stricto sensu, de estudios serían revisados e, incluso, reconsi- derados en su obra Erasmo y el erasmismo (1977). 5 Jesús Gómez Gómez (2000) El diálogo rena- 6 Marcel Bataillon (1998) Erasmo y España, Madrid, centista, Madrid, Ediciones del Laberinto, p. 39. FCE-España, p. 644. 146 FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA EL DIÁLOGO Y LA LITERATURA DE MATRIMONIO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI “redescubridor” y de “maestro”. ¿Qué hay presentan, con dosis de ironía, cuestiones de especial en el diálogo erasmiano? Sus religiosas y morales. Colloquia7 influyeron determinantemente López Estrada explica, en relación a en la espiritualidad de los españoles, acer- estas dos formas, que el término diálogo cándoles aspectos de la Reforma religiosa, es más general y relacionado a la tradición tan temida y, a la vez, tan supuestamente de Platón y Cicerón; mientras que el de alejada de la península; aunque es inne- coloquio es más moderno por su relación gable que ideas como el desarrollo de la con los Colloquia, los diálogos de Erasmo9. espiritualidad interior o el rechazo de los Pero parece que, en definitiva, el trabajo ritos o las manifestaciones externas de la de intentar definirlos no lleva a ningún re- religión ya circulaban por Europa y eran sultado práctico; aunque también la difi- objeto de discusión, incluso dentro de la cultad para la definición exacta del diálogo Iglesia, bastante tiempo antes de que Lu- vendría por esa combinación de géneros tero publicara sus tesis. Pero también sus que se puede apreciar en ciertas obras (por Colloquia imprimieron agilidad y expre- ejemplo, miscelánea y diálogo en Pedro sividad al discurso, una sutil pero directa de Mejía y Antonio de Torquemada, o ironía al lenguaje, sin perder su didactismo diálogo y sátira en Villalón y Torquemada) y verosimilitud, e incorporaron la novedad que eliminaría un carácter “único” y de- de una mayor participación de la figura finitorio del género. femenina como interlocutora. En el XVI, el diálogo es sobre todo un Los coloquios8 son considerados un pa- instrumento didáctico, situado entre la riente muy cercano de estos diálogos y, literatura de ficción y el tratado científico, tanto unos como otros, en el siglo XVI vi- pero muy relacionado con otros géneros nieron a ser el modo más ameno de expo- como la epístola, el ensayo o el discurso. ner la doctrina frente a la aridez del trata- Los escritores de diálogos, de diversas do. Son éstos piezas pequeñas en las que condiciones sociales, comparten con el se desarrollan conversaciones en donde se Humanismo su afán pedagógico, su interés divulgativo, y su aplicación a la vida prác- tica, frente a la especialización técnica de 7 Colloquia (Coloquios) son una colección de diálogos publicados entre los años 1516 y 1536, la escolástica, fundamentalmente dirigi- cuya finalidad, en principio, era facilitar el da a los especialistas de cada disciplina. aprendizaje del latín a los estudiantes. Sin em- El diálogo, en tanto que mímesis de una bargo, la defensa de propuestas como la necesi- dad de la reforma del clero o la crítica de las au- conversación, está a medio camino entre toridades eclesiásticas le hizo pasar a engrosar las la información y la ficción o, de manera listas de sospechosos de herejía, a medida que el más general, entre el “docere” y el “lu- protestantismo se extendía por Europa, y en Es- paña fueron finalmente prohibidos en 1535. dere”. De ahí nace una tensión que se re- 8 La definición que se puede encontrar en los fleja en su propia forma literaria, donde diccionarios, tanto para los coloquios como para confluyen la lógica o la dialéctica (en los diálogos hace referencia a una conversación entre dos o más personas y también a una obra cuanto a imitación conversacional entre literaria, en prosa o en verso, en la que se da una plática entre dos o más personajes. Pero siempre se refieren estas definiciones al coloquio como 9 Francisco López Estrada (1988) “El diálogo pasto- proveniente del diálogo, pues sería éste un ele- ril en los Siglos de Oro”, Anales de Literatura mento conformador esencial de aquél. Española, 6, p. 340. FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA 147 ALEJANDRO CAAMAÑO TOMÁS –al menos– dos personajes). Y, como apun- miento, y todo esto en beneficio de una ta López Estrada, parece ser la prosa el mejor transmisión de la doctrina; si bien, vehículo más adecuado para los fines del en ciertos contextos, es la posición social género, aunque es cierto que la aportación o política de los interlocutores la que re- de poetas en el siglo XVI es fundamental fuerza su autoridad. en el diálogo10. La forma básica del diálogo en el Re- El número de personajes en estas obras nacimiento, heredada de la tradición me- no está determinado por ninguna regla, dieval, es el debate, llamado también pero lo más común, en el diálogo en el disputatio12, artificio retórico del que tam- siglo XVI, es que se dé entre dos interlo- bién nos habla J. Gómez. Explica que este cutores, siguiendo el esquema de maestro- debate no se da solamente en el diálogo alumno, en el que uno pregunta y otro res- literario, sino que es un sistema de ense- ponde; o el de los diálogos del tipo ñanza básico en la educación escolástica ciceroniano en que el alumno simplemen- y que como forma literaria también se te escucha sin cuestionar las enseñanzas puede encontrar el debate en verso o co- de su maestro, que son el punto de vis- mo un juego de preguntas y respuestas13; ta del autor11. Sin embargo, se pueden en- aunque es importante señalar que, junto contrar en este período obras en las que a la disputatio, otra de las herencias me- intervienen tres, cuatro, cinco y hasta sie- dievales que recogerá el diálogo renacen- te interlocutores. Y lo que sí parece rele- tista será el esquema catequístico, propio vante y común en todas las obras son los de las obras con un tema religioso. rasgos que caracterizan a los personajes, La participación de la mujer en las obras como poseedores de condiciones perso- del género va a ser muy pequeña en com- nales comunes que los hace pertenecientes paración con la del hombre. De hecho, la a una clase social en particular, a un mismo obra de Pedro de Luján, Coloquios ma- sexo, con una edad similar, etcétera. Por trimoniales, que será uno de los ejemplos tanto, sería esta igualdad entre los perso- más representativos de los diálogos de najes una condición indispensable para el matrimonio en el siglo XVI, se puede con- desarrollo del diálogo; entre ellos se esta- siderar como un caso bastante aislado en blece una armonía que emana de esa igual- un panorama dominado por los personajes dad, que contribuye a un buen entendi- masculinos, si bien la influencia de Erasmo abriría las puertas a una mayor participa- ción femenina, como ya se ha comentado. 10 “…el género del diálogo renacentista, en sus obras El espacio en el que se desarrolla el diá- más características, discurre por el cauce de una logo en las obras es tanto en el exterior prosa que resulta adecuada para su fin como consecuencia de los recursos de una poética que como en el interior de las viviendas (en apenas llegó a formularse, pero que existía por un muchas obras se alternan los exteriores y acuerdo que se había establecido entre los autores los interiores), aunque también se suele y los lectores de estos diálogos”. Ibid, p. 339. 11 Jesús Gómez nos habla de los diálogos polémicos, que son un grupo pequeño dentro de los diálogos 12 Las disputationes formaban parte de la tradición del siglo XVI en los que, después de la doctrina literaria medieval cuyo origen se remonta a la lite- que el maestro inculca al discípulo, no se llega a ratura latina, con la obra de M. Tulio Cicerón Dis- una solución final del problema debatido. Jesús putationes tusculanae como principal referente. Gómez Gómez, op. cit., p. 27. 13 Jesús Gómez Gómez, op. cit., p. 41. 148 FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA EL DIÁLOGO Y LA LITERATURA DE MATRIMONIO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI adaptar al carácter del diálogo, a la mate- en gran medida las fuentes de estos escri- ria tratada (por ejemplo, en los de tema tores renacentistas; y, en segundo lugar, la religioso el espacio puede ser una iglesia, imitación de la realidad15. Estas obras un convento o un lugar sagrado) y a la re- literarias, con su carácter artificioso, reco- lación que exista entre los dialogantes: un gerán elementos del habla coloquial y diálogo entre un hombre y una mujer que popular (refranes, facecias, leyendas, no son esposos se desarrollará, en la ma- etcétera), que habían sido materia co- yoría de los ocasiones, en el exterior, a la rriente en la literatura medieval (no hay vista de todos para prevenir las murmu- que olvidar que la literatura medieval pe- raciones; mientras que cuando traten un ninsular se desarrolla a partir de la literatura tema íntimo o delicado ese diálogo tiende clerical y los géneros literarios populares), a ser ubicado por el autor en el interior14. y a su carácter didáctico se agregará la Es algo común que la acción discurra amenidad (esto es mencionado por mu- en lugares en donde no se perciben ele- chos autores en sus prólogos). Pero además mentos perturbadores, y aun habiéndolos la temática, con su amplia variedad, será (como ruidos de la vida cotidiana en la también un elemento que se aleje de la calle, o en una casa: charlas, risas, gritos, ficción tan característica en otro tipo de etcétera), los interlocutores muchas veces géneros, como la novela. parecen estar situados por el autor como Precisamente, la amenidad es una ca- dentro de una “burbuja”, pues nada de racterística distintiva del diálogo renacen- esto interfiere en su conversación ni en la tista, que pone espacio entre este género exposición de los argumentos. y el tratado, cuya pesadez y, en muchos La temporalización también tiene im- casos, rigidez lo hacían cada vez menos portancia en el diálogo, aunque en autores atractivo a los lectores y oyentes. de mayor influencia erasmista tanto ésta En el legado de la antigüedad clásica se como la espacialización van perdiendo destaca, por un lado, la abundancia de trascendencia como elementos dramati- textos canónicos recomendables para la zantes. El tiempo se distribuye en las obras imitación –Platón, Cicerón, Luciano y San de distintas maneras: el autor puede dividir Agustín son los clásicos cuyas obras más el transcurso en jornadas, o va manifes- influyeron en el desarrollo del diálogo tando períodos más amplios en los que se renacentista, junto con la Biblia–, pero, por vea cómo la doctrina se va asimilando. el otro, sorprende la escasez de precep- Uno de los aspectos más definitorios del tos poéticos que los teóricos italianos de diálogo renacentista, sin lugar a dudas, es la segunda mitad del siglo XVI tuvieron que la imitatio, que se produce a dos niveles: deducir laboriosamente de las alusiones primeramente, la imitación de los antiguos, pasajeras encontradas en la Poética aristo- latinos y griegos, que servirán para surtir télica o en la República de Platón, por 16 Esta temática de la imitación de la realidad es 14 A. Rallo comenta que la correspondencia entre la también de la tradición clásica. Así, podemos materia coloquial y los espacios está asumida por encontrar este tópico del Speculum vitae en los la mayoría de los autores de diálogos. Pedro de seis libros de De rerum natura del poeta latino Luján (1990) Coloquios matrimoniales del li- Lucrecio, que servirá de gran inspiración a muchos cenciado Pedro de Luján, Madrid, Anejos del escritores posteriores, especialmente de la Edad Boletín de la Real Academia Española, núm. 32. Media y del Renacimiento. FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA 149 ALEJANDRO CAAMAÑO TOMÁS supuesto sin que se tuviera en cuenta la El diálogo no progresa por el intercambio complejidad real de los diálogos ya exis- lógico de preguntas y respuestas sino por tentes por aquel entonces. acumulación de testimonios17. La imitatio de los clásicos se reconoce en el uso de los exempla. Éstos son artificios Tanto el diálogo como el coloquio del Re- del discurso de la retórica clásica, pero no nacimiento transmitirán todo tipo de con- pertenecen sólo a la tradición greco-latina, tenidos –cuyo carácter didáctico y refor- sino también a la judaico-cristiana y a la mador estará presente en la gran mayoría tradición medieval; aunque si quisiéramos de estas obras18–, y esta diversidad podía echar un vistazo a la literatura universal, someterse a discusión y ponerse en esce- se puede comprobar que estos recursos na de maneras muy diversas: desde el son utilizados también por los literatos de amor de Dios o las perfecciones del hom- todas las épocas en todos los rincones bre hasta el amor platónico o los placeres del mundo. más bien carnales, la moral o la retórica, En el siglo XVI estos autores de diálogos el comportamiento en la corte del prínci- conocen el poder del exemplum y su efi- pe o en la vida cotidiana, los colores de cacia en el discurso ideológico y didác- la pintura o el mal de dientes, el juego tico-moral16. Y una de sus particularidades de naipes o la juventud, la arquitectura o más sobresalientes es que en la historio- la cosmología. grafía o literatura clásicas, en autores cris- Así, tendríamos obras sobre temas re- tianos como San Jerónimo o San Agustín, ligiosos, como el Diálogo de Lactancio y la figura femenina es enaltecida y sus vir- un arcediano(1527) de Alfonso de Valdés tudes, sobre todo la castidad, fortaleza y y el Diálogo de doctrina cristiana (1529) amor al marido, son elogiadas. Y justa- de Juan de Valdés, que plantean y propug- mente serán éstas las condiciones ideales nan el reformismo religioso; el Diálogo de de la mujer cristiana. Mercurio y Carón (1530?), también de Al- Pero también en los diálogos renacen- fonso de Valdés, que es una obra con pro- tistas hay otra serie de elementos retóricos: puestas sociales y políticas, y definida por Bataillon como “…alegato diplomático, En los diálogos analizados es posible utopía política, llamamiento lanzado a la descubrir una serie de procedimientos humanidad para que, cansada por fin de retóricos acumulativos basados en la auctoritas como las sententiae, los exem- pla, los refranes, los apotegmas y las ci- 17 Jesús Gómez Gómez, op. cit., p. 31. 18 tas eruditas, que configuran una imagen Pero no se debe pensar en la forma dialógica conuna finalidad puramente didáctica o incluso del diálogo didáctico como sustancial- epistemológica. El dialogar, en una conversación, mente opuesta a la del diálogo platónico. también fomenta y estiliza formas de sociabili- dad. Domingo Ynduráin dice: “En general, el diá- logo renacentista les permite a sus lectores explo- rar y experimentar la tensión entre la diversidad y 16 Es interesante el artículo del profesor Sánchez la unidad que caracteriza la condición humana”. sobre el uso de la similitudo y el exemplum en la Domingo Ynduráin (1999) El cortesano como literatura renacentista española. Manuel Ambro- diálogo renacentista, el arte de la prosa y la poesía sio Sánchez (1993) “La similitudo en la literatura II: el género dialógico renacentista, http:// española: de la Edad Media al Renacimiento”, www3.usal.es/~semyr/reuniones-actas-98-99- Revista Criticón, núm. 58, 1993, p. 169-183. 8.htm (8 de abril de 2006). 150 FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA EL DIÁLOGO Y LA LITERATURA DE MATRIMONIO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI jugar al cristianismo, oiga la voz de Cristo lados Jardín de flores curiosas, donde se y acuda a ella…”19; o el tratado de de- comentan fenómenos sobrenaturales y voción, Diálogo espiritual (1548?), de Jor- monstruosos; demonios, brujas y fantas- ge de Montemayor, que busca solución a mas, hados y fortuna. O los Coloquios de los problemas dogmáticos que pudieran Pedro Mejía, en los que se habla de la acuciar a un cristiano nuevo del siglo XVI ciencia médica frente a curación “por uso e ilustra nuevos datos para el conocimien- y experiencia”, las vicisitudes del sol, el ad- to de la espiritualidad en la época refor- mirable equilibrio del hombre sobre una mista, y que es heredero de la forma del tierra redonda, la proximidad del fuego al catecismo de tradición medieval (la pre- cielo de la luna, o incluso de un elogio del ferida por los diálogos de tema religioso). asno. Y, por supuesto, el tema del matri- También encontraremos la reflexión hu- monio y la educación de los hijos. manista sobre el currículum de estudios, Del tema de matrimonio, afirma la pro- como en El Scholastico (1538) de Cristó- fesora A. Rallo que “...es uno de los prefe- bal de Villalón; o la doctrina profemenina ridos tanto por los escritores como por los de raigambre medieval, aderezada ahora humanistas del siglo XVI”20. Es en este siglo con la creencia humanista en la dignidad cuando las reformas sobre el matrimonio del ser humano del Diálogo en laude de y el papel de la mujer en él se hacen pa- las mujeres (1580) de Juan de Espinosa; tentes: ésta va a adoptar una posición acti- pasando por los híbridos entre el relato de va en lo que se refiere al ámbito domésti- viajes, la autobiografía ficticia y la sátira co y a la crianza de los hijos. Y no sólo en moralizante que son el Viaje de Turquía el espacio matrimonial, sino en el contexto (1557) o El crotalón(1553?) de Cristóbal de la sociedad. Como nos dice J. Huizinga, de Villalón. Igualmente caben la sátira referido a Erasmo, su posición sobre el ma- social (Coloquios satíricos de Antonio de trimonio es “higiénica y social”; es decir, Torquemada); la defensa de la lengua vul- los padres deben dar buen ejemplo en el gar castellana que se da en Diálogo de la hogar y engendrar hijos para Cristo y para lengua (1535), también de Juan de Val- la sociedad21. dés; o incluso temas tan curiosos como la Pero ¿se podría hablar de un tipo de corrupción en la vida militar de los Diálo- literatura en sí, como subgénero narrati- gos de la vida del soldado (1552), de Diego vo plenamente identificado y configurado, Núñez de Alba; la vida en el campo, como o simplemente de un conjunto de obras vida cristiana perfecta, en contraste con la que se agrupan alrededor de una temáti- de la corte de Diálogos de la diferencia que ca que sería la que categóricamente daría hay de la vida rústica a la noble (1567), de cohesión a ese corpus?22 Pedro de Navarra, en el tópico horaciano y muy usual en la literatura renacentista del “menosprecio de corte y alabanza de 20 Asunción Rallo Gruss (2003) Erasmo y la prosa aldea”; los seis tratados en forma de diá- renacentista española, Madrid, Ediciones del La- berinto, p. 186. logo pertenecientes al género de la misce- 21 Erasmo de Rotterdam (2002) Elogio de la locura. lánea, de Antonio de Torquemada, titu- Coloquios, México, Porrúa, p. XC. 22 Por lo estéril que puede ser el debate, dejaré a un lado las dudas que autores tan cualificados sobre 19 Marcel Bataillon, op. cit., p. 402. este tema, como Tobias Brandenberger, tienen FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA 151 ALEJANDRO CAAMAÑO TOMÁS La respuesta no es fácil, pero parece ser dácticos habría que distinguir la perspec- la coincidencia temática la característica tiva sobre la que se trata el tema: religiosa, definitoria para encuadrar estas obras en jurídica, social, económica, erótica, o una un subgénero que se ha denominado “li- mezcla de cada una de ellas en una misma teratura de matrimonio” y en el que po- obra; estas perspectivas o enfoques, des- dríamos clasificar un conjunto de textos de los que el autor plantea su obra, de- que desde el S. XIV al S. XVI aparecen en terminarán la adscripción de los escritos a la literatura occidental y cuyo eje temáti- un tipo u otro (por ejemplo, el enfoque de co es un discurso sobre el matrimonio y tipo religioso es frecuente en los sermo- los papeles de los sexos, con una amplia nes)24, aunque también es muy usual la variedad de subtemas: la elección del aparición de varias perspectivas en un cónyuge, el cuidado, educación y deberes mismo discurso. de los hijos, las obligaciones de los esposos, Decía, que este siglo XVI es una época etc. Aunque también otra particularidad, de cambios, y tanto la institución matri- como ya comenté más arriba, sería rele- monial como la literatura dedicada a ella vante para la definición de esta literatura: no podían quedar al margen de estos la variedad de formas en la que desarrollan cambios. Es más, no se podría explicar la estos temas: tratados, piezas breves, na- literatura de matrimonio en este siglo sin rrativas, poemas didácticos, diálogos o acudir a hechos como la Reforma lutera- misceláneas. na y el Concilio de Trento, o las influencias Pero cabe preguntarse otra cosa. Ade- humanistas. más de la ya comentada finalidad doctrinal Ciertamente, los escritores de diálogos y moralizante, ¿se podría encontrar algún matrimoniales destacarán por su carácter tipo de pretensión por parte de los autores reformista; la mayoría son religiosos y su que vaya más allá del mero didactismo? concepto renovado del matrimonio se de- T. Brandenberger nos habla de textos sarrollará en sus obras junto a otras matrimoniales con dos tipos de funciones cuestiones como la petición de una vuelta y hace énfasis en la predominancia de de- al cristianismo primitivo, la defensa de la terminadas funciones en determinados religiosidad interior o la crítica a la co- textos. En un tipo de textos habría una fun- rrupción eclesiástica del clero. ción preponderantemente estético-re- Por otro lado, la sacralización del con- creativa y en otros la función sería predo- cepto del matrimonio25 supondrá el mane- minantemente pragmática o didáctica23, jo por parte de la Iglesia de la ordenación dirigida a la puesta en práctica por los de las vidas de los cónyuges, antes, durante lectores. Pero aún dentro de los textos di- y después del matrimonio, acercándolos al Dios de amor buscado por los huma- nistas, y que se alejaba de esa imagen de sobre la conveniencia o no de esta denomina- ción de “literatura de matrimonio”. Véase Tobias Brandenberger (1996) Literatura de matrimonio 24 Ibid, p. 32. (Península Ibérica, S. XIV-XVI), Lausame, (Sociedad 25 No será hasta el Concilio de Trento, en 1563, Suiza de Estudios Hispánicos). cuando la iglesia católica cuente al matrimonio 23 Tobias Brandenberger (1996) Literatura de matri- oficialmente como uno de los siete sacramentos e monio (Península Ibérica, S.XIV-XVI), Lausame, So- insista en la perpetuidad e indisolubilidad del la- ciedad Suiza de Estudios Hispánicos, p. 25. zo matrimonial. 152 FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA EL DIÁLOGO Y LA LITERATURA DE MATRIMONIO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI Dios terrible, divulgada desde los púlpitos del matrimonio predominantemente re- medievales. Y en esta coyuntura el diálo- productor (los hijos y su educación serán go se convertirá en la herramienta predi- el gran objetivo de su unión; su sexualidad lecta para adoctrinar al pueblo sobre cues- estará dirigida a complacer al hombre, tiones religiosas y, más particularmente, so- como uno más de sus deberes, pero con bre matrimonio, por su manejo ágil de la una clara finalidad reproductora), a la vez acción, el planteamiento de ideas por me- que protector, con su comportamiento ho- dio del coloquio entre sus personajes y el nesto y vergonzoso, del buen nombre de carácter práctico que de ellos emana, en su esposo, del suyo propio y de la buena contraste con los pesados y tediosos tra- consideración de su matrimonio. tados medievales26. En cuanto al tema matrimonial cabría La mujer será ensalzada por la mayoría una última observación referida al carácter de los escritores humanistas, los cuales se religioso o seglar de estos escritores. Si bien apartarán, también en su mayor parte, de la difusión de la doctrina sobre el matri- esa misoginia que caracterizaba la litera- monio había estado en manos de la Igle- tura matrimonial de épocas anteriores27, sia en la mayoría de los casos, los cambios aunque no concederán a la mujer un papel que se van a impulsar con los movimientos activo fuera del matrimonio. Su función en reformistas iniciados en la baja Edad Me- el matrimonio seguirá siendo de depen- dia propiciarán la extensión a los laicos de dencia del marido y de sumisión; y ya no la preocupación por los deberes de los di- sólo estará esto exigido por la sociedad y versos estados y la formación de la mujer. la costumbre, sino también ahora institu- Melquíades Andrés explica que muchos de cionalizado por la religión y el deber hacia los libros de esta época expresan una preo- Dios. Pero debe quedar claro que, aun con cupación y un esfuerzo de esta espiritua- todos los cambios que se van produciendo, lidad por salir de los monasterios y conven- la mujer sigue teniendo un papel dentro tos y hacerse accesible a los seglares; gran parte de los tratados fueron escritos por los religiosos y dirigidos a los laicos, y una 26 Sin embargo, no sólo en el marco de los diálogos de sus preocupaciones era que el llamado se desenvuelve este tema matrimonial. Entre una extensa bibliografía no dialogal dedicada al a la perfección que contenían sus obras matrimonio, a la mujer y su educación, hay obras (también por supuesto extensivo al matri- tan importantes como La perfecta casada (1583) monio y a la formación femenina) llegara de Fray Luis de León o De institutione feminae 28 christianae de Luis Vives (1524). a todos los cristianos . 27 La literatura misógina de la alta Edad Media (el Deseo ahora referirme a la obra de uno producto de autores eclesiásticos) condena a la de los mayores pensadores europeos, jun- mujer como compendio de todo lo que es mate- rial y efímero, ya que su corporeidad es símbolo to con Erasmo, y que, sin cultivar el género de cualquier sexualidad, y ésta es detestada por del diálogo, es de capital importancia para todos los defensores de la castidad y continencia. el tema matrimonial. Éste es Luis Vives, Pero la literatura misógina, o antifeminista, de la literatura hispánica en el siglo XV, además de su autor que supo captar el significado de las fundamento cristiano, tiene un estrecho vínculo con el amor cortés, puesto que surgió en buena parte como reacción a la idealización de la mu- jer y los excesos del sincretismo del erotismo y 28 Melquíades Andrés (1976) La teología española la religión. en el siglo XVI, Madrid, Edica, p. 402. FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA 153 ALEJANDRO CAAMAÑO TOMÁS nuevas corrientes y que adoptó una perso- con el tema matrimonial. Sin embargo, es nalísima consideración pedagógica de la obligado también mencionar a Pedro de literatura (reprobaba la literatura que no Luján y su obra Coloquios matrimoniales tuviera una finalidad docente) que desa- del licenciado Pedro de Luján, publicada rrolló en obras de diversa base conceptual, en 1550, por el grado de popularidad que ya sea crítica, moral, sapiencial o teológica. la obra alcanzó en la segunda mitad del Su contribución a la pedagogía y referi- siglo XVI –se conocen once ediciones entre da al tema matrimonial se registra en el 1550 y 1589, una traducción temprana al tratado De institutione feminae christianae italiano, en 1575–, y su difusión fue tan (1524), que significa una reivindicación de extendida que incluso Pedro de Luján fue la pedagogía femenina, dirigida a las mu- incluido como personaje en la obra de jeres, en la que la virtud cristiana y la cul- Edmund Tilney, Flowers of friendschippe, tura intelectual se apoyan mutuamente en de 156830. la educación femenina. En la obra se pue- Cristóbal de Castillejo (1480/1490?- den ver recomendaciones del autor a la 1550), clérigo poeta, en el que se pueden mujer casada: castidad y devoción por el encontrar afinidades espirituales con esposo, a quien debe estar sometida –par- Erasmo, es un hombre netamente del Re- ticularidad muy común en las obras de nacimiento, si bien es cierto que sus poe- muchos autores del XVI– y su concepción sías religiosas no se salen de los temas del amor, que está relacionada con la tradicionales. Entre su producción debe- elevación femenina –como también es mos destacar su Diálogo de mujeres (1540), característico de la tradición de la época-, en el que se observa la afinidad de Cas- en oposición a los posicionamientos mi- tillejo con los Coloquios de Erasmo. Esta sóginos medievales; no obstante, en mu- obra es una sátira antifeminista, en verso y chos aspectos, Vives es más puritano y de carácter expositivo, de larga tradición rígido que Erasmo, aunque “demostraba medieval, dotada de naturalidad y un con ellas una comprensión humana, que elegante empleo de la anécdota y del le había dado el éxito de los Colloquia a refrán, que se aleja de las discusiones a fa- Erasmo ante el público femenino”29, ele- vor y en contra de las mujeres tan caracte- vándolas a un nivel de igualdad intelectual rísticas de la Edad Media; aunque no se con los hombres. puede negar que el tratamiento de ciertos De la relación de escritores del tema de temas, como por ejemplo el de la relación matrimonio del siglo XVI quiero destacar, del pecado original y las mujeres, rezuma por un lado, a Cristóbal de Castillejo, por un puro sabor medieval. la utilización del verso en lugar de la ha- Francisco de Osuna (1492?-1540?) es bitual prosa en la forma dialogal; y, por un escritor franciscano (el autor espiritual otro, a Francisco de Osuna, por sus cua- castellano más editado entre 1527 y 1556), lidades para plasmar las diferentes formas de extraordinario influjo en la mística es- del género dialogado y por su importancia pañola del siglo XVI y de cuya producción para el desarrollo del diálogo en relación literaria, que es de carácter religioso y en 29 Marcel Bataillon, op. cit., p. 634. 30 Asunción Rallo Gruss, op. cit., p. 193. 154 FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA EL DIÁLOGO Y LA LITERATURA DE MATRIMONIO EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI prosa, debemos destacar Norte de los discutir ni que refutar: todo se limita a un Estados (1531)31, que será de gran impor- trasvase de conocimientos en un marco tancia, por su temática del matrimonio, en temporal indeterminado y un lugar no pre- la literatura española de este siglo XVI, y cisado, aunque como defensor que fue que debo reseñar, no sólo por ser el diálogo Osuna en sus obras de la doctrina del el marco formal en el que se desarrolla, si- recogimiento, sería muy posible poder no por ser la primera obra en castellano com- localizar la acción en el retiro de alguno plementaria a las propuestas de Erasmo32. de los recolectorios que tanto abundaban Lo que motiva la originalidad de la obra en la España de los siglos XV y XVI. Esta no es el tratamiento del tema del matri- economía en cuanto a la caracterización monio, ya que muchas obras con esta te- del espacio, tiempo y personajes es tam- mática eran comunes en este siglo, tal es bién algo característico en la obra de Eras- el caso de obras de Erasmo, Guevara o mo y se apreciará de igual modo en los Luján, sino más bien su forma: el autor Coloquios matrimoniales de Luján. hace que dentro del diálogo se concrete El “auctor” y Villaseñor serán los dos dia- una doctrina que, siendo explicada con logantes de la obra, pero también se debe carácter general y de modo ensayístico, considerar a otros personajes que podrían pueda ser aplicable a las circunstancias definirse como interlocutores ausentes, y personales de cualquier lector/oyente. uno de ellos en particular tendrá una im- Esta doctrina se muestra en un marco portancia que podría ser semejante a la religioso en donde el autodenominado del propio Villaseñor: su mujer. Ésta no “auctor” enseña la doctrina sobre matri- aparece en las conversaciones que man- monio a un discípulo, explicándosela en tienen estos dos personajes, pero a ella los tres “estados” en los que un cristiano van destinadas las reglas que debe cumplir puede estar: soltería, matrimonio y viudez. en sus diferentes “estados”: cuando es Tanto uno como el otro saben cuál es su doncella, cuando se va a casar y cuando papel en la obra, y precisamente en el co- es viuda. nocimiento de estas funciones se basa el En todas estas normas aparecen las ca- diálogo que mantendrán. racterísticas propias de la función femeni- Ambos, el “auctor”, al que se puede na de otras obras contemporáneas y de identificar con el propio Osuna, y su alum- obras de épocas anteriores: la mujer debe no, Villaseñor, mantienen una relación de ser sumisa, cuidar su apariencia de cara al parentesco y el tipo de diálogo que sos- exterior, debe ser humilde, madre en el tendrán no dará pie a ningún tipo de con- matrimonio y casta en el estado de viudez. troversia entre ellos (algo característico del Esto es, para Osuna, el camino a seguir diálogo ciceroniano). Saben perfectamente por la mujer cristiana y el hombre sería que la labor de uno es enseñar y la del el puente entre la doctrina descrita por el otro aprender; uno asume el papel de guía autor y su receptora ausente. y el otro se deja guiar. No hay nada que Hay un aspecto muy interesante de la obra que se señala en el artículo “Os de- veres do marido”, y es la insistencia de 31 Francisco de Osuna (1531) Norte de los Estados, Sevilla, (CD-ROM). Osuna en que los maridos deben tener 21 Asunción Rallo Gruss, op. cit., p. 189. unas responsabilidades que vayan más allá FUENTES HUMANÍSTICAS 35 LITERATURA 155 ALEJANDRO CAAMAÑO TOMÁS del mero sustento material y físico33. Efec- Díez Bohorque, Madrid, Guadiana de tivamente, en el siglo XVI se hace cada vez Publicaciones. más notoria una mayor preocupación en- López Estrada, Francisco (1988) “El diálogo tre los religiosos y humanistas por la vida pastoril en los Siglos de Oro”, Anales de conyugal, y también por lo que es la sepa- Literatura Española, 6, Biblioteca Virtual ración de las atribuciones profesionales y Miguel de Cervantes, (recuperado el 8 sociales de lo que son los deberes del ma- de abril de 2006). rido. No sólo lo material entrará dentro de Luján, Pedro de (1990) Coloquios matri- su cometido, sino también las labores moniales del licenciado Pedro de Luján, de tipo moral y espiritual ed. de A. Rallo Gruss, Madrid, Anejos del Boletín de la Real Academia Es- pañola (Anejo XLVIII). “Os deveres do marido”, Revista de la BIBLIOGRAFÍA Facultad de Letras de Porto, 79, http:// ler.letras.up.pt/revistas/documentos/ Andrés, Melquíades (1976) La teología revista_79/artigo9681.PDF (1 de española en el siglo XVI, Tomos I y II, diciembre de 2005). Madrid, Edica (Biblioteca de autores Osuna, Francisco de (1531) Norte de los cristianos). Estados, Sevilla (CD-ROM). Brandenberger, Tobias (1996) Literatura de Rallo Gruss, Asunción (2003) Erasmo y la matrimonio (Península Ibérica, S. XIV- prosa renacentista española, Colec- XVI), Lausame (Sociedad Suiza de Es- ción Arcadia de las Letras, 22, Madrid, tudios Hispánicos). Ediciones del Laberinto. Bataillon, Marcel (1998) Erasmo y España, Rotterdam, Erasmo de (2002) Elogio de la Madrid, FCE-España. locura. 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